El amor: la “espada” que transforma en conciencia a la consciencia (sobre la elección y los milagros)   1 comment

imagen corazón en círculo

Las situaciones se nos ofrecen o no como elecciones: O una cosa, o la otra *.

Más bien: nosotros permitimos, o no permitimos, que las situaciones se presenten claramente como elecciones entre dos cosas… o por el contrario, permitimos hacer de todo una especie de confusa indiferenciación… —a menudo expresado en “esto no va con nosotros”… “no tiene nada que ver con nosotros”.

Pero antes de nada, en ese nivel de la elección, está lo que elegimos sentir, no lo que elegimos hacer. Ya sabemos que “lo importante” es irse enfocando en esta pregunta clave:

¿qué elegimos pensar y sentir sobre esto que se nos presenta?

A menudo simplemente reprimimos el sentir; en vez de darnos tiempo, lo que hacemos es, rápidamente, precisamente, ponernos en el nivel del “hacer” (cuerpo-comportamiento).

Automáticamente entonces actuaremos según patrones, según el pasado, según nuestra personalidad inercial.

Quizá haciendo esto nos haya dado tiempo a ver cómo en la mente hemos anticipado, quizá con agobio… y siempre de forma ilusoria… todas aquellas cosas que “tendríamos que hacer” para “solucionar” la situación en cuestión —que es ahora vista a distancia, como algo “exterior” a nosotros que nos afecta, que nos hace sentir algo.

Reprimimos pues el sentir para no darnos cuenta de que surge de nosotros y no de fuera; parece que también es como un miedo a lo que “tendríamos que hacer”; un miedo, pues, relativo al “deber”…, y a la comunicación… un miedo a nuestras propias ideas… esas ideas que en realidad hemos aceptado “acríticamente”, sin interiorizarlas desde el corazón (en eso que algunos creo que llamarían “superyo”).

Y, como sabemos, al final terminamos agudizando los “problemas”… al reforzar la actitud interior de “darles realidad”; y así, otorgando con nuestra poderosa mente realidad a lo de fuera…, al final todo va a peor.

Volviendo al “O bien esto… o bien lo otro…”:

A veces, en vez de querer ver que se nos está presentando una situación en la que se nos pide que elijamos entre “o esto, o lo otro”… utilizamos forzadamente las situaciones para aplicar lo contrario en una especie de retirada: esta cosa, y también la otra… y también esta otra (es decir, a menudo ocurre que al final, no estamos en nada).

Así, a veces nos vamos como deshaciendo**.

Es decir, nos podemos deshacer si no aprendemos a sentir esto… a sentir-nos… es decir, a elegir-nos en tanto que “algo más grande”… y casi a cada paso.

¿Cómo que a “elegir-nos”?

El que las situaciones nos presenten opciones nos permite elegirnos. Y en realidad son solo para eso. Es decir, la experiencia está solo para eso.

“Vivir” nos permite, pues, hacer otro proceso de elección, más allá del mundano.

Es decir, nosotros nos permitimos el acto de elegir nuestro “verdadero ser” cuando convertimos las elecciones mundanas en una elección digamos que “más interior”, más sentida…: entre amor, o miedo (por ejemplo: o bien “perdonamos”…, o bien seguimos intelectualizando nuestros juicios contra alguien… seguimos analizando, etc.).

Lo que puede convertir toda situación mundana en “trascendente”… en una elección entre dos cosas, y solo dos cosas…, es decir, el hecho de que al final solo existen dos opciones “interiores”: o amor, o miedo.

Y claro, ¿qué tenemos en el lado del amor? Tenemos todas esas “cualidades” que solo están ahí porque son lo que “tendencialmente” al final nos permitirá expresar realmente el Amor aquí… al irnos “acercando al amor”… es decir, a esa paz que es la condición del amor… a esa paz que un día nos permitirá reunirnos con el amor: “verdad”, “honestidad”, “responsabilidad”, “confianza”…

Esto quizá se puede traducir en que, cuando tenemos a mano una elección entre una cosa o la otra… entonces, más o menos intensamente, pero claramente, podemos sentir siempre cuál de las dos es la opción por el miedo, y cuál lo es por el amor —o, traducido todavía más mundanamente, y que ya nos puede llevar a confusión…: ¿cuál conlleva aparentemente más miedo y cuál no?

Con ese abrirnos al sentir “aprendemos”, pues, a dejarnos descubrir por el Amor.

Esa Presencia en las situaciones… la presencia que nos llama a “elegir de verdad”… es decir, esa presencia de la verdad en las situaciones… de la verdad que interiormente nos “habla” para convertir toda elección mundana en una elección entre miedo o amor… esa sería la espada del Amor… esa espada que es quizá la referida por Jesús, si es que realmente dijo algo sobre ello (cuando decía que venía a traer la espada).

La espada del Amor sería esa capacidad de mirada, de perspectiva, con la que podemos aprender a aceptar al Amor, descubriéndolo… permitiendo que se quite el velo de las ilusiones.

Y a veces permitimos tal “espada” solo con el mero poder sostener la mirada de alguien —sobre todo cuando ese alguien está “iluminado”, como Jesús cuando se iluminara.

Es decir, la espada es el proceso de aceptarNOS… en tanto que el Amor hace que las situaciones nos inviten a aceptarnos como seres teniendo que realizar una especie de constante elección: la elección por Nosotros Mismos***…, que debe ser una que cada vez nos cueste menos esfuerzo.

Ese “elegir” es en realidad un crecer en perspectiva hacia la perspectiva de la conciencia sin “s”, la que “juzga” todo ya solo en función de “amor/miedo”, en una especie de ampliación de la percepción o “expansión de la consciencia” —una consciencia que quizá podríamos decir que consigue convertir dicha “consciencia” con “s” en conciencia sin “s”.

“Elegir” es siquiera admitir que “hay perspectiva”… que no siempre da igual… y que solo hay dos opciones, claramente.

O “elegir” es incluso estar dispuestos a ver que es hacia eso hacia lo que vamos… con esa “espada” que nos permite discernir que siempre solo hay dos opciones: amor o miedo, opciones en el nivel del corazón… que a su vez se ven reflejadas en cada elección “mundana”… pues de cierto modo necesitamos verlas manifestadas ahí “fuera”.

Se requiere entonces una especie de poder que hoy se problematiza como algo que está siendo “atacado culturalmente” por nuestro tipo de “sociedad”: y se habla de nihilismo, de posmodernismo, etc.

Así, en cierto sentido, podríamos decir que las elecciones en realidad solo servirían para permitimos darnos cuenta de lo que es el Amor… ese amor que al final nada tiene que ver con este mundo.

Es decir, solo sirven para que el Amor se elija a sí mismo a través nuestro… con su mirada igualadora… y solo si conseguimos una especie de “alegre renuncia”… una renuncia a nuestro “ego” (pero solo porque nuestro ego es un sistema de pensamiento coherente, que fabrica realidad, es decir, experiencia. Ese sistema articula todas esas creencias que terminan deshaciéndonos: escasez…).

En cada elección podemos decidir no tener la razón, y sí ser felices, con mayúsculas (y no “felices” según las inercias y programas del pasado… fuertemente instalados en lo que hemos hecho “inconsciente”).

Con cada decisión, abriéndonos sin miedo a sentir el campo que nos presenta cada situación… por tanto…, podemos darnos más y mejor cuenta de esa voz insidiosa del ego… esa que es nuestra “pequeña razón”… esa razón que nos hace más pequeños, que quiere alejarnos del centro y vernos pequeños… y literalmente matar —esa “voz” que todo el mundo conoce porque necesita muchas justificaciones… un esfuerzo para justificarse.

Cuanto más dispuestos estemos a soltar el juicio propio, en el mal sentido de “juicio” y de “propio”… es decir, a soltar la necesidad de justificarnos y de que sea la mente analítica quien controle al corazón (en un sentido no pasional de “corazón”)… entonces, más y más podremos abrirnos a saber qué es realmente “la verdad”.

“La verdad” es la apertura a que entre esa espada que nos sube en la “perspectiva del Amor”, en esa perspectiva que tiende a permitirnos mirar a todos y a todo así como desde otro nivel, un nivel donde solo hay “dos opciones”: miedo, amor.

La verdad es pues el permiso para que entre la espada que en este mundo se muestra como “una sola perspectiva” ante todo: o bien miedo, o bien amor… una espada que anhela por tanto que con ella permitamos que aquí entre el “verdadero bien” —en ese sentido superior de “bien”.

¿Y los milagros? Sabemos que los milagros son interpersonales, nos recuerdan que somos uno como soñador de este sueño… nos hacen sentir eso, ver que somos “los soñadores del sueño” y en unidad. Y diríamos que nos hacen sentir que todo esto lo estamos soñando para aprender a elegirNOS… a elegir a ese nuestro “ser superior”…, ese que realmente es conexión, unidad… que está en conexión con todo y con todos… que ve en el fondo siempre “lo mismo”, lo igual… en un sentido superior de Igualdad.

El proceso de convertir la consciencia en conciencia sin “s” sería ese cierto “fundirse” con nuestro “yo superior”… con ese “yo” que tiene la perspectiva simple de todo… que entra con la espada a fundirse con nosotros en una fusión donde no perdemos nada, al colapsar este tiempo lineal que en el fondo ya no deseamos.

Lo que sucede, claro está, es que nos perdemos en las diferencias del mundo… mezcladas con nuestra confusión mental, inercial… con nuestra forma de pensar confusa.

Así, no podemos ser ese cristal que discierne con cada vez menor dificultad “qué hacer” para poder una vez más “dejarnos elegir” por el Amor… es decir, para dejar que este se elija a sí mismo a través nuestro… expresando aquí en el mundo esa “reunión esencial” que venimos aquí de cierto modo a reflejar.

Es en este sentido que la vida es un regalo trascendente. Y, como sabemos, lo único que evita que ahora la veamos así sería nuestro “ego”, definido como nuestras propias barreras, las que tienen que ver con nuestra densa y larga aceptación inconsciente del miedo en nuestra mente (de esa especie de “miedo metafísico” fundador…, más allá del miedo “inocentemente práctico”)… con nuestra larga aceptación de esa especie de miedo relativo al error original de percepción… ese que consistió en creer que la separación con respecto a nuestro verdadero Creador fue algo real.

Podríamos decir que la palabra “consciencia”, con “s”, remite a una mera neutralidad ilusoria: la de ser simplemente conscientes de algo, la del percatarse o darse cuenta.

Pero, hemos visto que las situaciones siempre nos llaman a una elección: a realizar o llevar a cabo nuestro verdadero ser… ese que “quiere” que el Amor se exprese aquí, en esa “elección de sí mismo”, a través de nuestra renuncia esencial a vernos como seres realmente separados.

Las situaciones, con más o menos patrones repetitivos…, y quizá más a menudo de lo que nos parece… siempre nos parecen estar preguntando, es decir, nosotros en realidad nos hemos preguntado a nosotros mismos, y con todo lo que hemos vivido…: ¿qué eliges ser, cómo eliges verte? ¿Qué eliges tú sentir y pensar acerca de esto, ahora… con esto que te presento en este contexto tan concreto en nuestras vidas siempre tan particulares? ¿Qué eliges ser respecto a esto… pero solo en función de ti, de tu sentir verdadero, o tu corazón… ahora?

A través de elecciones particulares parece como si aprendiéramos a elegir una especie de “yo superior”. Nos hacemos pues apropiados para nuestro verdadero ser, para ese ser ya “elevado”… en el único y mejor futuro para nosotros… y nos “elevamos”, pues, apropiándonos en esta tierra de ese “Cielo” que somos… y elevando así literalmente las formas.

Ese ser, en ese “cielo”, posee una perspectiva que, además, nos hará cada vez más fácil realizar las elecciones dentro de la ilusión… hasta llegar a “la iluminación” (o “beatitud”, tal y como creo que la llamaba Spinoza).

Así, “iluminados” :) , y a menudo sin que se note demasiado… llegaremos a ser plena certeza.

Nuestra identificación ya estará plenamente en nuestro “ser real”… y todo lo plenamente que pueda estarlo aquí, teniendo un cuerpo, tras estas vidas de tiempo lineal en cuerpos tan sometidos, tan vapuleados por nuestras creencias devastadoras (creencia en la escasez, deterioro, ataque…).

Pero, por ejemplo, si somos “buenistas”, es decir, si queremos “hacer el bien” como un ideal atenazante, que nos ciega ante las elecciones… que nos hace elegir de forma predeterminada… que no nos permite “mirar en nuestro interior” para realmente sentir el despliegue interior de la situación como “llamada a la Elección”… es decir… si somos buenistas en el sentido de hacerlo todo por unos “imperativos” de los que somos más o menos conscientes… y que nos indican por ejemplo que “siempre hemos de ayudar”, de “ser buenos” (en un sentido torcido de “bondad”)… continuaremos en esa especie de sacrificio que todos realizamos de un modo u otro, por defecto****, con nuestras vidas… y que al final termina resultando en “lo que era peor para todos”.

Cuanto más abiertos al amor, por tanto… y en cada situación… más clara se nos presentará cuál es la elección… cuál es la “opción de la conciencia” (sin “s”). Es decir, más claro veríamos en cada situación qué es lo que nos dice realmente esa “voz de la conciencia” :) , para así poder “crecer” en ella… en esa conciencia que engloba a la consciencia con “s”… permitiendo así que el corazón eterno del ser Original tome las riendas de ese océano convulso de pasado y de juicios inerciales que nos desintegran… permitiendo así que el Original deshaga los efectos de esas creencias con las cuales hemos fabricado hasta ahora nuestra experiencia de la realidad, desde el estado inercial de miedo y confusión.

______
* Este tema de la elección lo tratamos aquí, como se ve, de refilón, con cierta inspiración en la inspirada “filosofía” de ese filósofo “tan espiritual” que es Kierkegaard :) … y eso gracias a conocer lo que en parte me llevó a todo esto: Alain Badiou, con su tema esencial de la elección respecto a la relación, etc. (esto fue lo que me llevó a abrirme por ejemplo a “la espiritualidad“, o en general a abrirme a lo Abierto :) ).

** Hay una muy famosa “imagen pop” de este deshacimiento en la célebre película Amélie, donde literalmente deshacen la imagen del cuerpo de la protagonista cuando ella no se atreve a seguir su deseo más profundo (habría que hablarlo :) ).

*** en un cierto sentido, claro está, “no egoico”, de “nosotros mismos”.

**** “por defecto”… es decir, en ese defecto de fábrica que sería el “padre” de todas las distorsiones…: el llamado “pecado” original, como mero error de percepción, de percepción de nuestro Ser creador.

Una respuesta a “El amor: la “espada” que transforma en conciencia a la consciencia (sobre la elección y los milagros)

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  1. Comentarios de Jose Luis Almarza:

    «¿Qué temes perder si lo que buscabas te ha sabido encontrar?
    «El miedo que tenemos a perder las cosas se debe solo a que creemos que las hemos conseguido.
    » Si crees que has conseguido a la persona que quieres, cualquier persona puede ser una amenaza, te vuelves celoso de la noche a la mañana.
    » Pero, ¿por qué temes perder a quien te ha sabido encontrar?
    » El único modo de que la vida dure, de que vaya a más… el único modo o motivo de que otro te ciña porque te quiere más que tú mismo… es que en el inicio, en la verdad de tu vida, hay OTRO. Solo eso.»

    «Un niño no quiere “entretenerse”; lo que quiere es no jugar solo. ¿Por qué no quiere jugar solo? Porque quiere que alguien le prometa que la vida no es aburrida. Por lo tanto el juego no es una ocupación, es una implicación.

    » Yo necesito saber que el paso del tiempo no le ha quitado a mi padre el gusto por vivir.»

    Mirar los maravillosos significados de “ceñir” :

    http://lema.rae.es/drae/?val=ce%C3%B1ir

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