Badiou y «Jesús» (de cómo la verdad no es de este mundo)   Leave a comment

«Por consiguiente, esta personalidad romperá por primera vez con los conceptos terrenales sobre la personalidad y liberará a ésta. Tendrá la capacidad de mostrar estos distintos efectos cuando lo crea conveniente. Habrá muchos que sentirán miedo de aceptar la naturaleza de su propia realidad, o de que se les muestren las dimensiones de su verdadera identidad.» (Habla Seth II)

[En algunos de los artículos posteriores también hemos hablado de Badiou; este de aquí sería un comienzo de las notas sobre el tema.]
[Este texto, introductorio, en cierto modo sirve de continuación (hacia “lo filosófico”, como algunos otros por aquí sobre la muerte, la ética, etc.), continuación para el otro texto titulado «Desprogramando Matrix… acto final». Y el discurso sobre el tema continúa en el texto posterior titulado: «La verdad como vector de exilio del mundo. La verdad del despertar.» ]

«… Pero antes de que te diviertas con el juego de la ilusión, habrá quienes al ver esto de esta manera sentirán una profunda sensación de soledad, porque por primera vez llegan a ser conscientes de una forma muy clara y profunda que en este mundo no hay nadie y jamás hubo nadie. Pero esa sensación pasará rápidamente y no te confundirá más.

» Quienes creen existir comenzarán a percibir en ti algo diferente aunque te manifiestes igual que antes. Pero algo habrá cambiado. Caminará contigo Aquello que te recuerda que no estás solo y sin amigos —como menciona el Curso al final del Manual para el Maestro. Y esa Compañía será todo lo que necesites, porque te recordará cada día que no perteneces a este mundo.»

[de un mensaje del Administrador de www.uncursodemilagros.com.es; los enlaces en el texto fueron añadidos por mí]

Lo que se llama filosofía, en plan más académico, a veces se entiende casi como sinónimo de arrogancia, aunque esto ocurre quizá más bien por estar en el mundo, como todas las cosas…, pues la filosofía comparte con todo lo demás un marco donde por defecto lo que tenemos es “ego” y más ego0.

[Hablo de “filosofía” porque aquí vamos a comentar sobre alguien aún llamado “filósofo”, Badiou, en Francia, un país donde quizá, y visto desde aquí…, nos parecería que no es un lugar donde les dé tanta vergüenza hablar de “filósofos”.]

Para mucha gente quizá, el tema de “la filosofía” —y ya sea que se den o no se den cuenta de ello “los profesionales”, y ya sean éstos más o menos “alternativos”, igualitarios, etc., etc., da igual—, el tema habría adquirido en general esos tintes de representar por antonomasia “la arrogancia”.

Es decir, es redundancia decir “filósofo arrogante”.

Es viejo ya el tema de lo distorsionado que estaría el sentido de “sabio” en ese tal “amor a la sabiduría” que se querría significar con filo-sofía. Aquí en el mundo del ego todo es distorsionado para convertirse en una jungla aparentemente muy compleja, que paradójicamente solo sirve para hacernos insensatos (en el fondo, y realmente, ningún concepto puede decirnos nada, pero no porque las “cosas prácticas” sean mejores o más prácticas (por ejemplo “la informática”), más comestibles, más útiles…, y tendrían pues más “significado”…, sino porque en todo lo que tenemos delante en realidad no hay significado).

El mundo del ego es y quiere ser “complejo”; “la complejidad” es sinónimo de imperio del ego, lo cual es otra “redundancia”. Hacer filosofía parece a veces por defecto algo arrogante desde hace mucho tiempo. Pero entiéndase que, a estas alturas, y si a continuación va a parecer que “juzgamos”, de una forma tan “tonta”…, será solo porque lo parezca, ya que todo en el universo es ilusión —ya que éste es una ilusión.

Pero las cosas que escribió y vio el —por tanto— arrogante filósofo1 Alain Badiou son un posible paso, o bien digamos que son una herramienta para llegar a la Verdad. Así de tonto, como suena. Pero llegar a la verdad no tiene por qué suponer el “entenderla”. Aquí, en este mundo, la verdad —que es de otro plano que no tiene nada que ver con este mundo (podríamos decir: del plano del espíritu)— se refleja, y hablaremos por tanto de qué supone acercarse a analizar ese reflejo, con Badiou.

Decimos “arrogante”, pero, en realidad, este “filósofo” lo sería ¡como todo el mundo! Aunque cada cual lo sea a su manera, de acuerdo: unos lo son de una forma más o menos exagerada-consciente…, otros lo son más o menos “por profesión” (“filósofo”)…, etc.

Pero compartimos el problema; es decir, que cuando proyectamos arrogancia significa que nosotros somos arrogancia. ¿Por qué? Porque todos somos uno. No hay nadie “fuera”. Y si no “fuéramos” también “arrogantes”…, ni siquiera lo percibiríamos. La labor es por tanto común: deshacer el ego global y conectar con lo único real, pues lo único que es arrogante es el ego, y nosotros solo “somos” arrogantes por creer en el ego.

¿Y por qué casi todo el mundo “es” arrogante? Pues bien, ya dijimos: se debe a que el sistema de pensamiento del ego-miedo es algo subyacente a todo lo que vemos, pensamos y hacemos en este mundo que es en realidad: ¡un sueño! Y, como es una ilusión, es entonces ridículo intentar hacer de dicho sueño algo todavía más “real”; es ridículo otorgarle más realidad a la ilusión (cuando no es real en absoluto), con más y más miedo…, bien sea culpando…, bien sea castigando…, o con cualquier tipo de “violencia”, que siempre es “falta de perdón” (empezando por las “violencias internas”, ese auto-ataque en que consiste la culpa, que tan difícil parece a veces de disolver).

En Badiou ya se da pues un cierto sentido absoluto para la “Verdad”: como proceso que, digamos, “abre brecha”, y en cierto modo permite “rehacer desde la nada“, que hace que se tambaleen las coordenadas de “lo normal”; y frente a las formas de la apariencia: la lógica de los mundos.

Y hemos dicho tanta “tontería” sobre la arrogancia precisamente para dejar claro que el tema de la Verdad, con mayúsculas, no es algo arrogante. Y mismamente en Badiou, en los textos donde habla de ello, se entiende por qué no es un tema arrogante. Habría que distinguir entre nuestra percepción o proyección de la arrogancia, y aquello hacia lo que se proyecta. Alguien perfectamente arrogantepara nuestra proyección puede estar hablando de forma arroganteen nuestra proyección-percepción de un tema que en esencia no es nada arrogante.

El tema de “la verdad absoluta” es uno de los rasgos que nos aproximan a lo que encontramos en el Curso que empezó a impartir nada más y nada menos que el que nuestra tradición llamó «Jesús»2 (a partir de ahora llamado J., y también a veces percibido como arrogante, aunque “no lo era” 🙂 ).

En este Curso el hecho de que la verdad no sea algo relativo a la arrogancia nos puede quedar si cabe más claro aún que en Badiou. El curso reconoce lo que le falta por reconocer a Badiou: la realidad de una instancia que nuestra tradición llama “superior” y que todos llevamos dentro (es en realidad lo único que compartimos, porque nada de lo de ahí fuera es lo que realmente se comparte, pues nada de eso existe realmente); es decir, esa instancia es una con la que todos estamos conectados; a esa instancia le sucede como a la verdad, que no es algo de este mundo; en realidad es impensable, y solo se refleja; esos reflejos son los que vemos “pensados” en la filosofía a veces, y con una mayor o menor arrogancia, pues a veces creemos haber comprendido lo que es la verdad, la igualdad, la libertad, la eternidad, la perfección, la infinitud, etc. En este mundo no se puede comprender nada, y el proceso del verdadero conocimiento es realmente un disolver este mundo.

Dicho Curso fue dictado interiormente por J., y lo hizo allá por los años 1960, de una forma poco convencional: lo impartió trascendiendo, eliminando, de un plumazo, todos nuestros arrogantes problemas con la “función autor”, es decir, mediante un dictado interno.

La “autora”, a través de la cual habló «la Voz», se llamaba Helen Schucman. Con ‘la Voz’ nos referimos a esa Voz que media entre lo único real —es decir, lo llamado “Cielo”…— y nuestro mundo ilusorio: la proyección ilusoria o aquella Caverna platónica, si queremos decirlo así…, o bien la Matrix.

Helen era muy consciente de lo que se le iba diciendo y lo apuntaba tal cual le venía. De hecho al principio al parecer tuvo que “dialogar” bastante con la Voz, e incluso discutir con ella, pues para empezar, ella no estaba nada convencida de tener que transcribir durante tanto tiempo eso que al final supuso unos 7 años y alrededor de 1300 páginas. Helen era investigadora en una universidad, en Nueva York, y ya tenía por tanto mucho trabajo que hacer como para poder ponerse así como así a transcribir extensos mensajes de vocecitas eternas, por inspiradas que estén.

Badiou usó los fundamentos de las matemáticas; éstos nos sirven para quitarle peso a las «palabras», si tal cosa necesitamos, o bien si es que nos vemos abocados a ello. Otra gente habrá echado mano de otras experiencias para salir del mundo en general o, digamos, del de las palabras: se puede “usar” la política emancipatoria…, arte…, hasta incluso “drogas”, etc.; aquí vale casi cualquier cosa, aunque la historia de cómo nos encauzamos a nosotros mismos, con mayor o menor sensación de “facilidad”, en una especie de «dirección verdadera»…, es otro cantar.

“Desgraciadamente”, diríamos, el campo social se manifiesta cada vez más caótico (estrés, competencia, etc.); y aquel ‘desgraciadamente’ va con muchas comillas pues es otra oportunidad descomunal para “perdonar”, una más; una oportunidad enorme que se presenta para la “mente colectiva”…, porque ahí tenemos, por ejemplo, ese gran “mito” de la “muerte de Dios”…, y demás pamplinas que simbolizan a niveles colosales la a su vez colosal-“universal” proyección de la mente-ego (proyección de culpabilidad inconsciente).

Siempre tenemos que hacer uso, pues, para bien y para mal, de aquello que queremos evitar, o de lo que nos querríamos escapar, pero debemos dejar claro que las palabras son símbolos de símbolos, y por tanto a veces nos pueden llevar “doblemente” por el camino del error (ego-miedo).

Las palabras son tales símbolos de símbolos porque los cuerpos son de por sí ya símbolos —por más que esto nos pueda a veces resultar disonante.

Los cuerpos y en general todo el Universo —como aprendemos por el curso que impartió J— simbolizan, es decir, simplemente representan perceptiblemente una idea: la idea de una primera separación ilusoria con respecto a la Mente global; esa separación está ahora aparentemente dispersa en mil hilos conformando el sueño-Universo (el universo falso, no el real de la Mente). Y dicha separación ilusoria se da con respecto a lo que es en realidad nuestra Fuente, una Fuente que sería lo único real, y que nuestra tradición llama ‘Dios’ (y que recordemos, no tiene nada que ver con este universo, con el ilusorio). Traguemos saliva si tenemos “problemas patriarcales” y/o con “lo religioso”; yo hasta hace poco los tenía con la palabra “Dios”, pero puedo ir “perdonando” para ir disipando tal disonancia cognitiva. Así que todo es “mente”…, pero…, no lo resumamos más aquí: ya nos lo hemos empezado a explicar en el anterior artículo sobre el Curso —para quien quiera ver esa introducción al Curso, aunque hay muchas posibilidades para leer en este sentido.

Sin embargo, con las matemáticas podemos “demostrar” cosas a nuestro ego, y eso a veces a él le gusta mucho, aunque a veces a lo que puede contribuir enormemente en realidad es también a ayudar a deshacerlo (tarea que no realizamos nosotros sino que se nos realiza con la ayuda de nuestra conexión con la Fuente). Así que podemos demostrarle cosas a esa parte del ego que a veces anda necesitado de tal cosa, de demostraciones.

Las matemáticas demuestran por ejemplo cómo la lógica formal, vista al estilo “palabras”, se ve superada por el mundo de la imaginación matemática y sus problemas (la revolución de la lógica matemática ha venido por los problemas de la localización (topología) de estructuras (algebraica)). Y de esto trata en parte la divulgación en que consiste el texto de Badiou Lógicas de los mundos, del cual hablábamos en nuestra anterior web, ahora fosilizada en la caché de google y/o en un archivo que se puede encontrar enlazado por aquí.

Y entonces no solo en cierto modo liquidamos a nuestras amigas las palabras —que también son buenas herramientas —parecen imprescindibles— para salir del sistema del ego…, como nos demuestra el Curso (UCDM), debido a la importancia de “lo mental”…— sino que también nos cargamos “la lógica”. ¿Y cómo así? Porque la lógica de las verdades, que es la de cierta construcción subjetiva (lo cual ya nos lleva por “el buen camino” pues en realidad no hay nada ahí fuera…, no hay más que “mente”…), la lógica de las verdades, decíamos, es algo que, en parte, consigue “sobreponerse” a la maraña de lógicas de los mundos (la apariencia), ayudando a “reformar” dichos mundos.

Así que la palabra ‘lógica’ va a tener por tanto varios significados —como todo en este mundo de caos, regido como está por el sistema de pensamiento del ego-miedo en un Universo que simboliza nuestra separación ilusoria (solo pensada, imaginada, “desde otro nivel de la mente” (el ego)), y siendo un Universo al que damos “vida” (vida ilusoria, irreal, pues nada real puede ser amenazado) con nuestra mera existencia. Esto es lo que hacemos todos los seres, en general, todos los que seguimos rodando, en ciclos de reencarnaciones (más “ilusiones”) que prorrogan el sueño-ilusión…, y alrededor de tal primer hilo. Y ello se hace inconscientemente, desde el primer miedo, terror, que nos causó precisamente esa mera idea de la separación, y el posible “castigo” subsiguiente (este fue “el cuento del ego”, y era y es un castigo también ilusorio, pues si Dios ni siquiera puede ver esta realidad de destrucción que es nuestro sueño-universo, tampoco puede condenar nada aquí). A partir de ahí, todo esto que vemos está montado en el mismo esquema: exteriorización y reciclado de la culpabilidad inconsciente de ese primer sueño; nada de “lo de fuera” salió jamás de su fuente en tanto que idea: la idea de la separación.

En Badiou, y ya que hablábamos de vida, también vemos un juego sobre qué es la vida en relación a la inmortalidad; lo que pasa es que observamos ahí el chantaje de la tradición y “la academia”…, pues reza así de caricaturesco el rótulo que Badiou quiso poner a su “método”: dialéctica materialista. Con ello vemos aparecer las cargas, el lastre, el chantaje de “la tradición” académica…, y debido al pobre y triste chantaje de “la materia”…, ese que interrumpe el pensamiento y el acceso a lo real: lo único real es la Fuente que, además, no es fuente de nada, aquí en nuestra realidad, porque “Dios” no creó el Universo (éste es “nuestro” sueño, toda “la materia” lo es).

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[Continuará y se remodelará lo escrito]
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0. y, por lo tratado ya en varios artículos en el blog…, para salir de este infierno del ego no habría que hacer distinciones en su mundo, en el mundo que por defecto es del ego: no hay jerarquía en las ilusiones que este universo dispone “delante”, nos presenta: son todas pensamiento de separación, y que además es “nuestro”, y con el propósito de un cierto volvernos insensatos, sin mente.

1. Supongo que a Platón (al que conocemos de los diálogos) se le podría haber dicho “arrogante” de otra manera, pues daba en el clavo de muchas cosas, parcialmente, como tantos filósofos; aunque todo discurso aquí parece “relativo”, pues “daba en el clavo” en la forma del diálogo. Quizá Sócrates fuera la “anti-arrogancia” en persona (el último —aparentemente— arrogante)…; así que quizá Platón empezaría a ser declaradamente arrogante pero como de una forma más pura o ¿todavía más “crística” en muchos elementos?

2. Jesús entre comillas porque el cristianismo en general ha distorsionado casi por completo el mensaje que está detrás de esa voz y esa persona de hace 2000 años (tanto como para llegar a eliminar o arrasar con los testigos más directos y/o los testimonios más fidedignos en su propia lengua, el arameo). Así, si queremos llamar a este texto de este blog, el de arriba por ejemplo, “cristiano”, debemos añadir “anticristiano”: “cristiano anti-cristiano”, ya que “cristiano” tendría varios significados incompatibles —como todo lo tiene de hecho aquí, en el mundo regido por el sistema del ego.

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Publicado 27 junio, 2011 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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