El problema de la gradación de las ilusiones: compaginar lo político y la metafísica que reconoce que Dios es real pero no tiene nada que ver con este mundo   Leave a comment

Quiero contar un contraste, una disonancia que se puede dar en la vida, ya que la metafísica que ahora pretendo asumir, dejar que me asuma…, que es la del Curso, podríamos decir que en general puede enmarcar, no necesariamente deshacer, el resto de “luchas” más o menos cotidianas que en su caso llevéis, ya que se trata de dejarnos guiar por Algo que está “más allá” aunque siempre estuvo “aquí”…, y que de cierto modo y de todas maneras puede usar todo aquello en lo que estemos —todo asunto, actividad, situación, cuerpo…, lo que sea…— para favorecernos a “todos”.

Progresivamente, desde un tiempo atrás, he mirado y entendido algunas cosas de nuestro mundo desde el punto de vista de su “cambio”, a veces radical, ya que uno se puede dar cuenta, casi “desde casa”, de cómo este mundo es drásticamente “mejorable” —aunque de todas maneras, ahora, en el otro plano, el del Curso, más amplio, ya sabemos que “este mundo” está fundado en una “locura”, intrínseca al mismo.

Esta tarea ahora con internet parece algo de moda y que se ve facilitada por toda la información que existe sobre los intríngulis del “sistema” y de lo que éste ha dejado fuera e insiste en dejar ahí.

Por ejemplo en el campo de la salud —el de nuestra mínima comprensión de la salud y la enfermedad— y sin salir de “occidente”, existen descubrimientos suprimidos en el asunto de la medicina convencional. Y por ejemplo con ellos hemos alcanzado (aunque aún no oficialmente) una cierta comprensión global de las enfermedades vistas como parte de programas con sentido biológico. Podemos pues tomar dicha “mayor comprensión” pero aún dentro del “mundo”, para lo que sigue o como ejemplo para lo que sigue. Podríamos elegir otro plano de comprensión del cuerpo o la salud, otro plano “revolucionario”, pero elijamos solamente el de Hamer y su descubrimiento acerca de los programas bifásicos en los que encaja toda enfermedad.

Ahora…, la cuestión.

Como dijimos, usemos el ejemplo de la salud para contarnos qué “dos planos” existen.

Por otro lado, pues, una vez conoces y empiezas a intentar “practicar el Curso”, se hace imposible no dejar de “mirar para dentro”, y de intentar “perdonar”, perdonarse a uno mismo, reírse de uno mismo por observar “la danza del ego”…, y permitir que actúe poco a poco lo Otro…, y, como sabemos, todo esto, con el nuevo sentido de perdón…, el que reconoce que “no hay nada afuera”, que no lo hubo nunca, y que nunca lo habrá en realidad (y ello para de este modo poder responsabilizarnos de nuestra parte realmente enganchada, de esa parte que tenemos ahí “arriba”: por un lado tanto del lado de la mente separada global, del ego-global (enganche éste ilusorio, pero un enganche, al fin y al cabo…), como del lado de aquello que apunta a —o prácticamente “es”— esa Fuente que se llama ‘Dios’, para los amigos).

El primer plano, más mundano, del que ya hemos comentado algo, es, pues, aquel que diríamos conlleva una especie de política en sentido más clásico (emanciparnos de lo establecido para refundar mundos aquí).

Es decir, y a lo que vamos: hay dos planos de “acción”, y de “acción” en sentido amplio…, pues…, tachán…, aquí está el problema:

ambos parecen compartir rasgos “interiores” y “exteriores” (en realidad se trata de una remodelación de la relación entre interior y exterior):

— por un lado está el de la intervención en el mundo, en plan “clásico”; es decir: percibiendo de repente que existe una “teoría mejor” (Ryke Geerd Hamer); con ello, entonces, podemos ver “la equivocación” ahí fuera, en el exterior, en el mundo…; pero, curiosamente, también estaba o está en nuestro interior, en cierto modo, ya que nosotros, por nuestra parte, también habíamos interiorizado tal equivocación sobre los temas de salud, creyéndonos en masa “la versión oficial de la enfermedad”. Por cierto, no solo en la salud ocurre —este solo es nuestro ejemplo ahora— sino que como imaginaréis o sabréis son varias las sacudidas posibles que nuestro “interior” mundano puede sufrir (y a veces gustosamente), ya que nos podemos dar cuenta de —y nos podemos ver sacudidos por— “iluminaciones” al respecto del “mundo”: de lo “mal” que está…, o de lo “retrasado” o “feo” que “es”. Hemos comentado sobre el tema de la salud…, pero también tenemos el de la energía…, cuyo uso, cuyo uso conceptual clásico de la energía…, vehicula una concepción digamos que “retrasada” de nuestro mundo físico (una concepción decimonónica, destructiva, por así decirlo).

— por otro lado tenemos el Curso, por el cual sabemos que el fundamento real del “error” del mundo no está afuera, y sentimos todo el rato que es importante no olvidarse de algo tan esencial. Entonces, ahora, acabando de ver y de empezar a interiorizar la metafísica del Curso…, la pregunta es acerca de dónde queda eso que podríamos llamar “espíritu proselitista”…, pues entiendo que de todas maneras no está de más estar “informado” en ambos lados, o trabajar ambos lados, si eso es lo que ya se hace o si eso es a lo que uno se ve “llamado” (?): de todas maneras estamos en el mundo y seguimos haciendo cosas, obviamente…, y todo depende de la actitud.

Así que podemos tener una especie de conclusión, casi obvia: la de que los dos “planos” se potenciarían…, y, quizá, debido a que la metafísica del Curso puede dar —o podemos hacer que nos dé— más perspectiva o más tranquilidad a la hora de cuidar ese nerviosismo que era inevitable en cuanto a todo el asunto de “cambiar el mundo”.

En el caso de la salud, y ya para terminar, no puedo dejar de pensar que la concepción de Hamer nos acerca mucho más a Dios…, y que tal facilidad de acercamiento sería también muy “importante”; otras concepciones más orientales también ayudan en ese acercamiento, ayudando, diríamos, a desidentificarnos con respecto al cuerpo “material”, lo que para mí ha supuesto un paso previo “necesario” para llegar al Curso.

Entonces, y aunque Dios no tenga nada que ver con este mundo…, lo cual es la clave o una de las claves principales para empezar a aclararse aquí…, la siguiente pregunta debería poder expresar o querría poder expresar más concretamente —o digamos que “definitivamente”— este “problema” (y ahí está, hemos cazado a ese ego, el ego de siempre…, al que tanto le gustan los problemas, plantear problemas no resolubles… 🙂 ) :

¿qué pasa pues con el grado, en cuestiones de intención…, el grado, la evaluación que trabajaría a fondo en nuestra percepción…, una percepción que se diría “más o menos” “revolucionaria” con respecto a las cosas mundanas? ¿Y qué pasa en el trabajo sobre “cómo” mirar a los cuerpos o al mundo exterior? ¿Qué pasa con esto y su intrínseca no-relación con Dios?

Bien, sabemos que el Espíritu Santo (canal nunca perdido con la Fuente y que nos permite disolver esta irrealidad de universo) está para “usar” todo, y que no hay milagros “pequeños” (no hay grados de dificultad en los milagros). Así pues, lo más importante quizá sería en realidad dejar cualquier “engalane” del ego, que a veces se siente muy bien ahí “cambiando mundos”, o bien…, no sé.

Bien, me callo, el silencio nos llama… 🙂 , pues una vez que conozco algo el Curso…, creo que podría decir que estas preguntas “son para el Espíritu Santo”, y que me serán contestadas si se lo permito, y si trabajo…, si asumimos el ego despegándonos de él…, riéndonos de él…, riéndonos cada vez más del ego acompañados, en buena lógica, del Espíritu Santo.

Publicado 2 julio, 2011 por qadistu en discernimiento, verdad

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