De la ética como componenda…, y de una religión que no se puede instituir   6 comments

 «Pero al hombre le han enseñado a aceptar sólo la información procedente del mundo exterior, y a levantar barreras contra el conocimiento interno. 
» Esta situación despoja al individuo de todo su vigor, y lo aísla -conscientemente- de las fuentes importantes de su ser. Esto inhibe la expresión creativa en particular, e impide que el ser consciente tenga acceso a las revelaciones e intuiciones que surgen continuamente del ser interior y que podrían estar a su disposición» (Habla Seth III)

Con lo que sigue vamos a empezar a decir cómo la ética y la filosofía (“ascensos” en la abstracción de las componendas…) son magia.

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De la “ética” como componenda…, y de una “religión” que no se puede instituir
…si no hay componendas no hay magia, pero la magia en general “contamina” la Vida con lo muerto

Existe una especie de vía de “cuidarse”, la de la “ética” (que se diría “práctica” por definición).
Hablamos de la ética estilo amoral (no inmoral, sino amoral). Trata el asunto de “cuidarse la alegría”…, la propia; el problema de un cierto observarse a sí mismo, de observar lo que a uno le hace o no le hace poder ser más o menos “feliz”…, estar más o menos alegre, y, por tanto, en principio, lo que nos hace o no poder siquiera ponernos a elegir mover fichas coherentemente. Las condiciones de la felicidad.
En relación a esta “vía”, que digamos es…, “en plan Spinoza”1…, preguntemos esto: ¿sería “necesaria” mientras nos instauramos en otra metafísica más clara “sin componendas”? ¿A quién se referiría el anterior “sería” necesaria? 2
Así, mucha gente ya elige y eligió construir liberaciones “racionales”, “intermedias”, es decir, digamos que con componendas3 (son más o menos ilustradas conceptualmente…, o bien a veces se quieren ver como algo muy directamente solo “experiencial”).
Algo sin componendas solo sería posible en un sistema que rechazara todo elemento que no fuera “obvio”. No tenemos por qué aceptar lo que nos disgusta. Nos parece demasiado arrogante decir esto, o demasiado iluso, demasiado general. Pero por ejemplo es obvio que el “hecho” de la muerte —y en general la destrucción— es algo que nos disgusta, y que, por tanto, “invalida” sin más este universo, por entero (nos da una pista sencilla sobre su esencial falsedad).
La magia, en un sentido amplio —como cuenta J. en el Curso0— es lo que intenta reconciliar lo irreconciliable (por ejemplo: tiempo con eternidad, muerte con vida). Así que la filosofía podría ser para muchos “la última magia”, previa al despertar…, o la penúltima… :).
La filosofía es magia por ejemplo porque es definida a veces de forma sencilla como “pensar la eternidad en la existencia” (un caso de intentar reconciliar lo irreconciliable). Así que, como vemos, se trata de pensar la “eternidad”…, mezclada; es decir, de pensar con conceptos que —como también ocurriría con el de “igualdad”, etc.— son en realidad más bien “del otro plano”, del plano de la Verdad; son de ese otro plano que no tiene nada que ver con “este mundo”, aunque, como “ilusión última”, nos parezca que aquí, en este mundo, hay cosas que “dejan una huella más verdadera”. Dicha ilusión última lo sería porque aplica la graduación-evaluación, que es algo muy querido para el ego (“más” verdadera), y lo aplica a asuntos o conbien conceptos que en realidad, en el límite, no son del ego: los peliagudos asuntos de la eternidad, la verdad, etc. Y decimos, entonces, “una ilusión última” por ser, diríamos, una última “contaminación” entre esferas separadas.
El despertar tiene que ver entonces con reconocer aquello que está también en “primer” lugar:
«la experiencia (el ser)».
Digamos que esto podría ser lo que se vendría a decir en aquello de Parménides, que podríamos traer aquí ya que quizá sea el sitio más indicado del mundo para hacerlo:
«lo mismo es pensar y ser».
Esto tendría entonces el sentido de alertarnos con respecto a que, a veces, o normalmente, privilegiamos el pensar. Pero…, decimos ¿pensar? Vamos a definir ‘pensar’ de forma simple: privilegiar esos “símbolos de símbolos” que son, al final, las palabras (en un sentido muy general que si queréis tendríamos que explicitar un poco más para incluir a gusto el trabajo matemático).
Expliquemos un poco por qué las palabras más corrientes son símbolos de símbolos: en general los cuerpos (con sus aventuras y devenires) en este universo son ya símbolos: símbolos de una separación con respecto a una Mente que hemos negado, pero a la que no podemos renunciar. Así, las palabras suponen a menudo una especie de “última trampa del ego”, tal y como vemos en aquella “definición”: “pensar la eternidad en la existencia”.
Entonces…, decíamos: se trata de un alertarnos contra el privilegiar de tal manera más y más “cuerpos”. Al final, como decíamos, también las palabras son “cuerpos”: se construyen sobre y con los “cuerpos”, y, en general, están enredadas en historias de cuerpos, en este universo de la ilusión —e incluso ocurre así con las matemáticas, pues hablamos de un nivel muy general de la ilusión.
Este privilegiar, entonces, sería un truco más que intenta que no nos demos cuenta de que es lo mismo el ser —la experiencia— que el pensar. De tal modo, andamos dando vueltas y revueltas a este universo del miedo-ego-muerte-destrucción, recreándolo con la proyección de nuestras mentes (pues todo aquí es mente, ilusión, en lo que aparentan ser diversos niveles de “olvido”).
Esto de pensar = ser…, podríamos verlo pues como “el último anti-intelectualismo”, una especie de anti-intelectualismo (aunque esto del “anti” no vale para nada y se trata siempre de algo amoroso…, y hablar de “intelectualismo” es paradójico…, pero aún así…)…, uno que, a la gente que no nos ganamos la vida con esto, nos podría venir bien. A quienes se la puedan o quieran ganar con esto no sé si les vendrá tan bien, en el sentido mundano de los planes de vida, pues ahí, en el mundo, hay ciertas jerarquías y tradiciones, exámenes, ritos, a respetar, hay nombres a respetar, lugares, etc. Resulta que en el mundo tenemos el lógico caos del universo de la ilusión, concretado en esta tarea de algo que, bueno, sí, es un poco más “abstracto”, más “mental”: la “filosofía”, el pensamiento en general, pero que sigue siendo magia, como ya dijimos.
El despertar, decíamos, la iluminación, tendría que ver con alcanzar o con seguir “la otra vía”, con empezar a actuar (más o menos “conscientemente”) siguiendo la otra vía o intentándolo: la vía de una amorosa no-reconciliación, una vía que sería muy vieja, en realidad, y que podría tener que ver con eso tan famoso y aparentemente simple que Parménides quizá parecía decir: «¡eh! No os lieis, que simplemente ocurre que: el no-ser, no es».
Así que tenemos la vía del no admitir en la mente lo inadmisible, pues en realidad hay que ir reconociendo que tal cosa no es posible. Vamos, que es preciso reconocer poco a poco que lo imposible no es posible; podíamos decir que, en realidad, y bien entendido, esto es la vía de la “religión”, como J. mismo sugiere en el Curso. Y la religión nunca le habría hecho realmente “frente” a la “magia” en ninguna institución, porque sencillamente la religión no puede existir en este mundo, ya que la “religión” es, más bien, el modo de escaparse del mismo, del universo, ya que la religión no se puede instituir: esta “irreconciliación” solo la puede construir cada cual interiormente para escaparse-disolver-desvanecer el sistema del ego-miedo y con ello el universo (o multiverso, que para gustos colores).
Quizá así contada nos resulte “muy difícil” dicha “otra vía”… Pero dicha “dificultad” sería otro truco del ego, ese que tan a gusto vive en su tiempo lineal y que solo vive por la proyección de una mente que también contiene en realidad “otra salida” o “la salida” (apuntando a nuestra realidad inmortal). Y parecería “difícil” porque vivimos todo el rato haciendo —o pareciendo que hacemos— la reconciliación “posible”, la reconciliación entre lo irreconciliable…, en nuestras mentes, divididas por definición..
Volviendo a “lo ético”.
Tenemos un problema agudo en la convivencia con gente, porque desde la vía de la “no-magia”, la única manera de “solucionar problemas” es…: reconociendo su fuente; y digamos que tal fuente depende en general de que sean magia, de que sean una muestra más de ese intentar reconciliar lo que no se puede reconciliar (es decir, el problema contiene su solución: que es más de lo mismo, pues como se dice en el Curso, en este mundo todas las preguntas contienen su respuesta, que, en general, es de nuevo “este mismo mundo”). La única manera de “solucionar” algo es, por tanto, aquella donde los que conviven quieren a la vez asumir el propósito unificador de la alegría-amor…, que en realidad “no es de este mundo”…, pero necesariamente siguiendo “juntos” (quizá obligados por “motivos de trabajo”, por ejemplo: como pasó con el caso de Helen Schucman, la escriba del Curso del que hablamos…, y a su compañero de trabajo Bill Thetford).
Así, en realidad, una unificación de propósitos más “rápida” solo se podría conseguir con cosas o con “caminos” como el que se propone en el Curso, que, al final —y desde el principio— lo que hacen es negar el mundo en su raíz. Y lo niegan sencillamente porque negarlo es lo natural, ya que este mundo no tiene consistencia, pues es a su vez una negación, es ilusorio (es la negación de lo único real).
Quizá Spinoza, aunque no niegue el mundo desde el principio…, puede servir y sirve a mucha gente como paso intermedio. Es claro que lo que hay al principio de su libro fundamental de ética…, que atribuye a Dios atributos en realidad “inatribuibles”…, es incompatible con lo que se entiende que es la verdad desde el Curso, que pretende ir de manera incluso más directa hacia la experiencia, puesto que ésta es más universal todavía que lo que podría extraerse del devenir “paralelo” de los cuerpos y las mentes en la ética de Spinoza. No parece entonces que su ética sea interpretable como no-dualista pura… (como lo es el Curso), sino más bien como semidualista.
Dicha unificación, entonces, no se podría conseguir tan rápido con vías de este estilo “ético” (aunque será muy difícil deslindar según qué casos): esas vías que nos dicen que…: «venga, id eligiendo…, aquí y allá…, según aumente la alegría…, eligiendo entre las diferencias del mundo…, y vayamos entonces creando o eligiendo “ambientes”…, que, diríamos, son quizá “más propicios” para mayores saltos en alegría-amor» (aquí vemos quizá el “vector componenda”, que puede dar mil vueltas).
De todas maneras el tema de los “ambientes” sería “importante” en muchos tramos de muchas vidas.
Parecería que, esta historia “a lo ética”…, pero que obviamente no es en plan “catecismo”…, supone también, en realidad y en un principio algo así como un quitarle peso a las cosas; pero sería un “quitarle peso” que se situaría a gusto en y desde el sistema del mundo-ego-miedo (salvándolo en realidad, pues salva el mundo…), es decir, que partiría de ahí, de dicho sistema, no queriendo entonces quizá trabajar desde el principio el “hecho” de que todo esto es “irreal”. Ese “hecho” va entre comillas porque en realidad tal cosa no sería un hecho, sino quizá más bien el último de los no-hechos en esta “realidad” falsa repleta de tales no-hechos, de ilusiones que componen esta irrealidad que normalmente llamamos realidad.
De todas maneras parece que “por algo hay que empezar”, y que hay mil caminos donde quizá “todo” truco valga. De ahí que pronto aquí escribiremos, para ver más caminos…, escribiremos algo sobre la sistematización de la lógica de los mundos, como la que hace Badiou: un “mapeo” de los mundos, de las existencias, en esta ilusión de mundo…, con una versión mucho más profunda de la lógica que la usual hasta ahora…, para plantear la “conexión imposible”, mágica, con el otro plano (Verdad). Y todo, claro, desde la misma perspectiva: vivimos en una ilusión de mundo, una Matrix cósmica.
Es decir, la vía del cuidarse “ético” también iría quitando peso; y por ejemplo lo hace utilizando “decisiones”…, abandonando así…, o pensando…, con ellas, las infinitas y caóticas estrategias de la “lógica del mundo”…, para irnos quizá poniendo (?) en el “plano real”, ese plano del, por ejemplo…:
— ¡Eh! Que “nos lo estamos buscando todo”, en plan mártir…; ¡eh! ¡Que todo nos lo hacemos a nosotros mismos!
Claro que todo esto es “relativo”…, relativo a la lógica de los mundos, donde por defecto no hay Verdad; entonces, lo de Badiou, por cierto, sería un paso liberador por su claridad —pues por ejemplo él hace y formaliza un primer “despeje” del mundo como un bloque—…, pero por otro lado, lo de Spinoza también sería un paso, y lo es, para mucha gente; serían…: “cosas prácticas”. Pero, para no liarse, es preciso ver que siguen siendo “magia”, tal y como acabamos de definirla.
Decía arriba…: donde “por defecto no hay Verdad”… O bien: donde no se mira con esos ojos, los de la Verdad, que preludian al llamado “Espíritu Santo” (E.S.), en el “sistema de escapada” del Curso (más abarcador por ir hasta el final en lo que es obvio…, que intenta a su vez llevarnos hacia la experiencia real rápida y amorosamente).
Entonces, preguntémonos de todas maneras: ¿podría ser útil pensar que, este previo a la escapada a veces sería “necesario”? ¿Este preludio de aquel “cuidarse la alegría”, de forma muy básica, sería a veces impepinable, y como trabajo constante y también “antes de seguir”?
Preguntemos lo anterior teniendo en cuenta que en la magia (es decir: la reconciliación de lo irreconciliable: mente con cuerpo, vida con muerte, eternidad con tiempo…) siempre quedan residuos digamos que “moralistas”, en sentido amplio. Ahí siempre quedaría algo del…: “es que hay que arreglar el mundo”…, “porque esto (de “ahí fuera”) es así o asá”…, quedando siempre algo de “trascendencia”…, para poder entonces volver a este mundo y así poder “salvar” sus supuestas “bellezas”…, “alegrías”…, atribuyéndolas al lugar donde precisamente no están, pues nunca estuvieron fuera de nuestra mente… (mente que como está dividida siempre guarda el aspecto de conexión con la Fuente, el llamado Espíritu Santo).
Así pues, como ya hemos dicho, tenemos éticas digamos que “intermedias”…, o digamos: “semidualistas”, que obviamente no son “catecismos” porque se te dan como sistemas “últimos” para analizar el mundo desde cierta polaridad básica (alegría – tristeza), que no guiarían por tanto muy directa y cansinamente cosas como la conducta. Pero sí que serían en el fondo sistemas todavía “mágicos” por su afán de hacer componendas, es decir, por ese afán de salvar “el mundo” —ese supuesto mundo de “ahí fuera” (hay en general por ejemplo, parece, un “Dios es amor”, en Spinoza, y sin embargo, para nosotros, Dios, lo único real, no tiene nada que ver con este mundo). Entonces, por ser mágicos, en realidad en un sentido amplio sí que estarían también dando pie más o menos directamente a una quizá “sutil forma de catecismo”, —aunque por supuesto no sean tan “robotizantes” como obviamente resulta ser un catecismo.
Y, al final, desde esta “vía de la ética”, es decir, desde todo esto que parece salir más bien desde un lenguaje del ego —aunque muy “de sentido común”—, desde aquí podríamos decir que a menudo quizá se podría llegar o se llegaría a algo similar a lo que se llegaría con el Curso (la iluminación), pues, suponemos que “el cuerpo” (más bien el espíritu) nos pediría finalmente “abandonar” cada vez más “en bloque” esta ilusión de mundo.
Es decir, que una vez que las vías más “a lo catecismo”, esas vías del “hay que” ser así o asá (alegres, amorosos…), nos ayuden a unificar propósitos, como sabemos por el Curso, cada vez seremos menos nosotros, el ego, quien lleve la batuta (siempre conduciendo por lo bajo, desde la inconsciencia del afán de reconocimiento, del afán de ser especiales, de las diferencias del mundo y sus lógicas infernales).
Y tal y como se divulga, esta “ética” amoral también sería un “unificar propósitos”, ya que se insiste mucho en una “reducción” que sería parecida a la propuesta en el Curso; pero en vez de reducir todo al amor-miedo, se llamaría en principio alegría-tristeza; aunque ya vimos: en dichas éticas semidualistas todo estaría aún bañado por el semidualismo (Dios es amor), y no por el no-dualismo puro del Curso (Dios es amor perfecto, y no tiene nada que ver con este universo de la separación), un no-dualismo puro que desea conducirnos rápida y amorosamente hacia la única experiencia posible, dando la mínima importancia al universo (universo que es nuestro sueño).
Estas éticas son en el fondo claramente algo que parece más bien “acomodado al ego” muy en general, ya que en el fondo terminan “salvando el mundo”…, salvando al héroe (cuerpo) del mundo —eso parece ser al menos tal y como se divulgan, o tal y como parece que se aprenden “normalmente” tales éticas. Pero también tengamos en cuenta que a la vez esa alegría también es “el tema”, un temazo, esa alegría que está tras el análisis “en abstracto”…, que es una cuestión por supuesto no zanjable.

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0. «El Curso»
Con esta palabra nos referimos a «Un curso de milagros», del que hemos hablado algo en este enlace sobre “desprogramar Matrix”.
1. Spinoza:
Spinoza es increíblemente “crístico”.
Pero las componendas en Spinoza —por lo que parece cuando lo empezamos a hojear, en el libro V de la Ética— son las que no terminarían de separar quizá bien el mundo de la Verdad —del amor perfecto de Dios, etc.— con respecto al mundo físico —por tanto, al del cuerpo, ese gran protagonista del sistema del miedo-ego, de la separación.
Esto a bote pronto se ve bien en la proposición XXXIX de tal libro («Quien tiene un cuerpo apto para muchas cosas, tiene un alma cuya parte mayor es eterna»), que hace que algo que tiene que ver con la eternidad dependa del cuerpo (vemos aquí la definición parcial que pondremos en el texto, arriba, de ‘filosofía’, en tanto que algo que piensa la eternidad en la existencia).
Pero “el cuerpo” es algo que en principio no es causa de nada (es parte de la ilusión, de la proyección desde otro nivel de la mente). Habría que ver lo que Spinoza, con su concepción sobre los “cuerpos”, consigue o no “salir” —empieza o no a intentar salir— de “lo físico”.
Las causas “de verdad” están siempre en un nivel mental “ampliado”, y el cuerpo solo “causa” aparentemente, ya que nosotros creemos que es causa; todo nos lo buscamos y nos lo hacemos desde la mente en otro nivel de la mente; y por eso es que todo es “curable”, aunque la curación no dependerá de nosotros, sino de la verdadera naturaleza, que tiene que ver con nuestra naturaleza en Dios, aunque no reconocida (el proceso de reconocimiento, de acordarse, es el de la iluminación, que digamos que quizá esté así como dibujado en el libro V de la Ética de Spinoza).
Pese a que esto parece ser así (es decir, que Spinoza se lastra con, por decirlo simplemente y en plan moderno: el equilibrio “cuerpo-mente”), y por lo que podemos hojear en su libro V…, ahí sí que se podría casi decir que se esboza una “salida crística”…, y, por tanto, digamos que sería “traducible” al sistema del Curso, o que nos podría servir así como de preludio al Curso (existe esta divulgación de Spinoza, por Deleuze, que sirve a mucha gente, claro, y es lo que conocemos más).
Spinoza sería menos claro y práctico sobre todo por ser, como dijimos en el texto arriba, semidualista; y también por ser, digamos, más “intelectualista”: con esa especie de “neurosis academizante”, que parece hacernos pedazos, hacer estragos, aunque a la vez a veces se dice “da de comer” (es decir, es simplemente otra muestra más del sistema del ego-miedo); esa “neurosis” es cierto espíritu “escolástico”…, el tener que rendir cuentas a no se sabe qué ni por qué…, “neurosis” que se extiende en nuestros cuerpos aún hoy aunque no estemos ya en el colegio, la universidad, etc.…, es ese tener digamos que rendir cuentas, a la tradición conceptual “x”, a la sociedad…, a “los maestros” de turno mundanos, etc., etc.
2. “Necesario”.
Digamos “necesario”, vale. Pero, en el mundo de la ilusión (el de nuestra realidad por defecto), esa palabra, muy en general, no tiene sentido, porque dicho mundo no tiene sentido. Esto es así de sencillo, y es obvio, aunque le tengamos tanto miedo a la obviedad (en general a la verdad).
También es importante que, “necesario”, en dicho mundo, sí que parece tener sentido para nosotros (y solo tiene “sentido” porque se lo damos y porque lo parece…, aunque, realmente, no lo tenga). Tiene “sentido”, pues, a la hora de los mil y un caminos de “liberación” que existen en este mundo-“mercado”-caos (hay muchos tipos, ya que por algo ocurre que estamos tan bien implantados, por así decirlo, en el sistema del ego-miedo-caos).
3. Componendas.
Aquí, por cierto, con estos escritos, empiezo a querer contar cómo es que hay gente que ha o hemos empezado a intentar elegir eso precisamente: “no componendas”, gracias a un encuentro fundamental con un material muy coherente del que hablamos en el enlace.

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Publicado 26 julio, 2011 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

6 Respuestas a “De la ética como componenda…, y de una religión que no se puede instituir

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  1. Buenas noches Qadistu (por decir algo en esta irrealidad de tiempo lineal). Te has estrujado bien las neuronas, que, bah ¡ total para lo que sirven…. Parate un momento aqui, en esta sinsorgada que acabo de soltar.: “Las neuronas no nos sirven ..” Y digo yo cogiendo el rabano por las hojas de lo que tu diseccionas: pensar y ser. Dices que hay que experienciar o hacer más y menos pensar porque las trampas del ego son sutiles y parecería que, sin embargo, tu le das cabida – o admites mejor – pensar con conceptualizaciones radicalmente filosóficas (de “raiz” me refiero aqui) que con aquellas otras que nos las montamos agarrandonos a la ilusión de liberarnos poco a poco suave suave con soluciones intermedias pero que nos producen alegría. No sé, no puedo continuar me estalla la no cabeza de mi no-ser, pero me puede en este momento.Hasta luego.

  2. Pero fíjate que… como “tenemos que” estar un rato por ahora… :), en el mundo irreal…, y podemos tener que interaccionar y unirnos con otras mentes…, al final es con “palabras” también como nos “unimos”, aparentemente…, y nunca sobrarán del todo los “artilugios” que podamos montar, estratégicos, para combinar… y ayudar en el ir saliendo…, con las componendas que sean. Igual que en mi camino aparente en el mundo de la ilusión me sirvió algo ver eso de Spinoza…, pues si hacemos algo por aquí o montamos un grupo de pseudo-psico-aterapia…, pues entonces puede “servir” para vete a saber qué a no se sabe quién.

    Fíjate en esto de la distinción magia – religión. Es increíblemente simple, como “purificada”. Pues como nada existe en realidad…, nada de todo esto que tenemos por “mundo” y que no es más que ilusión, como hemos dicho ya por aquí…, una ilusión que recreamos con la consciencia a un nivel aparentemente “superior” de la mente (dividida) al cual estamos enganchados (el “gran ego” ilusorio…)…, entonces todo lo que quiera reconciliar categorías irreconciliables (tiempo y eternidad…) es magia…

    Entonces, tampoco vendrá mal, digo yo, hablar desde esta “perspectiva”…, hablando un poco de atisbos de casos concretos, básicos, en eso llamado “filosofía” hoy (Spinoza, Badiou); y la perspectiva es entonces la de cómo es posible que la filosofía sea “magia”.

  3. un comentario básico de recordatorio sobre el tema que nos motiva, que puse en esta entrada en “starviewer”, donde han “promocionado”, ellos también, el ho’ponopono:

    «
    > en hacerse responsable de lo que acontece ……… sólo un reflejo de procesos internos

    ¡eso eso!

    En realidad, y quizá sirva para completar…, con un aspecto que parece fundamental:
    también, si queréis, un aspecto fundamental es el de que todo esto tendría que ver con el perdón “verdadero”, que es uno que no reconoce la “culpa” de nada “ahí fuera”…, pues no hay nada ahí fuera (contrariamente al perdón “arrogante” corriente, que diría: vale, tú has hecho esto, y luego enjuicia: “qué mal!”, pero yo que soy “superior” te perdono, o yo, que tengo el poder de hacerlo, en esta institución “x”, te perdono).

    Ha sido muy liberador ver que hay un perdón que no tiene nada que ver con el juicio corriente…, y que sirve para, digamos, “escapar”, amorosamente, de la falsedad de la supuesta “realidad”…

    Y este parece ser que fue el paradójico “activismo”, que no requiere ningún ascetismo…, ni tampoco de un “vamos a cambiar el mundo”…, ese “activismo” tan difícil de asimilar, de aceptar, que el mal llamado rabino, “Jesús”, quería haber enseñado mejor…, pero que…, no pudo, o no del todo… y que tenía que ver en el fondo (una verdad poco confesable en aquel tiempo) con el hecho de que esta realidad no existe realmente, es nuestro sueño, como “partes” de una gran mente-ego más global que nos engaña proyectando (nos engañamos proyectando, pues somos agentes también) este “infiernillo” de cuerpos deteriorándose y de destrucción.

    Luego vino la catástrofe —en general— del “cristianismo”; cristianismo que es lo último que hubiera querido que ocurriera “Jesús”, en este sueño de realidad; fue catástrofe como lo es todo aquello que intentó e intenta institucionalizar lo que no se puede institucionalizar:
    la espiritualidad…, la “verdadera religión”, si queremos llamarlo así.
    Es tarea imposible esa de hacer una institución de aquello que es “solo interior”…, de lo que es solo “práctica interior”…, la de, visto así, “perdonar el mundo”…, la de verlo con “lo otro en nosotros”, lo otro que tenemos dentro, re-percibirlo con nuestra compañía no reconocida pero que siempre estuvo ahí (“el Niño” del Ho’oponopono, o el “Espíritu Santo” más en plan clásico, y que también creo que usan como nombre en esta técnica “hawaiana”…).

    Así que con esto cambiaríamos lo único que es realmente transformable en “el mundo”: nuestra percepción del mismo; y todo para algo así como “escaparnos”, amorosamente, de él, y hacia la única felicidad (una “no dualista pura”, la de un “Dios”, como “amor perfecto”, un Dios que no tiene absolutamente nada que ver con esta “realidad” que es nuestro sueño, en otro nivel de la mente; por eso, en este sistema, para mí tan liberador, no cabe espiritualizar nada de lo que hay en este universo ni tampoco al Universo “como un todo”…; esto ha supuesto para mí por ahora toda una liberación).

    Así que, aparte de perdonar nuestra percepción, también podemos ver que, entonces, y a la vez, lo que estamos haciendo con todo esto, si lo practicamos (es un poco “difícil”), es “conectar” con la “mente global” (todo es mente); pero esta “mente global” es…, tachán tachán…:

    la última ilusión, el gran-ego de la última ilusión.

    La mente, en el nivel ampliado, está dividida. Así que no basta con “conectar” con dicha mente global, como “proyectores” de realidad…, como co-”creadores” de este “Universo-infiernillo”…, como parece que hizo por ejemplo Buda…, sino que hay un último paso a dar:
    el paso de ir contra ella, de ir contra la parte dividida de la mente que “creó” este Universo (que es un sueño de separación) para esconder su engaño; este engaño es el de creer que algo se podía separar del amor perfecto de la Mente real, la única real, a la que seguimos “enganchados” via lo que llamamos “el Niño”, o via el “Espíritu Santo”.

    Este “último paso”, que nunca damos solos, será similar a como cuando aquí y ahora perdonamos lo que otrora nos parecía “imperdonable” (esa rabia que da, ese “me parece imposible que esté cambiando mi percepción” con respecto a tal o cual cosa o persona…, ese “¡ah, a este tío no le puedo “perdonar”, es esencialmente “culpable” de lo que sea!).

    No somos pues nosotros solos quienes “sustituimos la situación”…, sino que reconocemos nuestra realidad perfecta, que siempre hemos tenido ahí pero que es difícil escuchar (el Espíritu Santo), poco a poco, en este proceso de perdón avanzado…, y en ese proceso de volver a conocer nuestra naturaleza verdadera, de hallar la única verdadera paz interior que reconoce que lo de fuera no es la realidad pues lo único real es el amor perfecto…, entonces el mundo se disuelve, y nos “iluminamos”.

    salud!

    ___
    Saco esto de los sitios que cuento aquí, de unos célebres “materiales”:
    https://qadistu.wordpress.com/2011/06/15/desprogramando-matrix%e2%80%a6-y-final/
    básicamente el libro de Gary Renard fue fundamental, y luego el Curso de milagros, que es a lo que introduce maravillosamente Renard.
    »

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