La verdad como vector de un feliz exilio del mundo. La verdad del despertar.   13 comments

«De la misma manera, el mundo tal como lo veis es un reflejo de lo que sois, no en un cristal sino en una realidad tridimensional. Proyectáis vuestros pensamientos, sentimientos y expectativas hacia afuera, y luego los percibís como la realidad exterior. Cuando os parece que los demás os observan, sois vosotros los que os observáis desde el punto de vista de vuestras propias proyecciones.» (Habla Seth III)

[Este texto en cierto modo sirve como continuación para los anteriores; por ejemplo para el titulado «Badiou y “Jesús” (de cómo la verdad no es de este mundo)».]

La verdad como vector de un feliz exilio del mundo. La verdad del despertar.
Sobre la discontinuidad esencial entre verdad y sueño; acontecimiento, Badiou, Heidegger1

El hecho de que el mundo sea una ilusión, un sueño, lo podemos empezar a entender en tanto que por ello se da una discontinuidad que es esencial.

Esta discontinuidad sería, metafóricamente hablando, como la que se da cuando despertamos de un sueño —o pongamos de un mal sueño (una pesadilla). Cuando dormimos y despertamos a nuestra verdadera realidad, lo anterior es reconocido como un sueño, sin consistencia.

Esto sería precisamente lo que ocurriría en nuestro “despertar”, pero esta vez hablando en lenguaje “espiritual”. Es decir, nuestra “iluminación”, ni más ni menos, sería una cosa tan sencilla de comprender como el despertar de un sueño: despertamos y recordamos o reconocemos nuestra verdadera realidad, que es inmortal. Pero cuidado, esto solo se puede hacer viviendo, no “tras la muerte”, pues la muerte es otra ilusión, no existe. Así, este universo era solo un sueño de la mente, aunque para nosotros eso no sea poco, ya que creemos fervientemente en él y tenemos mucho invertido aquí, con todas nuestras poderosas aunque somnolientas mentes aparentemente separadas, y tan “fatídicamente” identificadas como están con los cuerpos.

El hecho de que existan todas esas célebres “contradicciones” humanas (teniendo que ver con el tema del “espíritu”, “religión”, “política”, etc.), es decir, el hecho de que tengamos todos esos “problemas” que son en realidad nuestras paradojas constituyentes en “lo humano”, solamente pende de aquel único “hecho”: el de dicha discontinuidad esencial entre verdad e ilusión, cuyo reconocimiento nos acercaría al que sería el único hecho real, un hecho que solo podemos “conocer” con la experiencia dichosa de “salvarnos” de este mundo de destrucción, muerte, dualidad (cosa que por ahora no es nada corriente, pues como dijimos debe llevarse a cabo durante la vida, y hay que practicar constantemente un cierto “no creerse esto que vemos”, un perdón en general).

Digamos para empezar que dicha discontinuidad atestigua por dos mundos. En realidad uno no existe (el usual, el nuestro, nuestra realidad, no existe), y es el sueño, la ilusión. Y el otro, el plano de la Verdad, sí existe (sería el único real).

Sonará quizá duro decir esto así, cuando aparentemente solo vemos o parece que solo tenemos nuestra “querida” “realidad”, que sería, globalmente, este universo tan a menudo tratado de “maravilloso universo”, este universo cíclico de la dualidad (o bien este multiverso, con varias “dimensiones” o capas, da igual).

Pero este universo, si somos honestos y no transigimos, no nos puede nunca terminar de gustar y aquí nada irá del todo bien jamás [ver más sobre esto en los posteriores artículos]. No podemos realmente amar este sueño de muerte y destrucción. Lo que sí podemos hacer es aprender a ver, a proyectar solo amor en él (todo ver es proyectar), con nuestros “otros ojos”, progresivamente. Y, por tanto, podemos aprender a no ver ese miedo que vemos siempre automáticamente que es lo que el mundo del ego nos inspira por defecto (con la falta de perdón que tanto “densifica” el mundo, con la ansiedad, el miedo por sobrevivir, la angustia, la ira, etc.). Aquí, nada perdura, luego, en realidad, nada existe. Por eso podemos salir de aquí despertando al reconocer nuestra realidad inmortal.

Podríamos decir: aquí todo se transforma, pero la energía nunca desaparece pues siempre se transforma. De acuerdo, pero ocurre que la energía no es nada, es si acaso pensamiento, nada más, es “mente”, y mente ilusoria. Si no fuera ilusoria —es decir, la “materia” para un sueño— entonces habría algo que perduraría; pero aquí no hay nada que lo haga, absolutamente nada: es un sueño.

El mundo se ve sacudido, a veces, por el otro plano, el plano de la Verdad, que es ese que, si aceptamos escucharle, es decir, si nos abrimos a su verdadera infinitud, nos agita respetando nuestro libre albedrío, dulcemente, para que despertemos, convirtiendo de este modo nuestro sueño de destrucción, mientras tanto —quizá—, en algo aparentemente más vivible (más “vivible” al menos para algunos; es decir, y dicho rápidamente: convirtiendo esto en un mundo aparentemente más profundo…, con una “ciencia” (por ejemplo las matemáticas) más profunda…, con un arte más, digamos, “sensible”…, con un amor más intenso…, o con una política más igualitaria).

Así, la sacudida nos recuerda que este mundo no es otra cosa que una ilusión, y que por eso es transformable por entero, desde su base, “radicalmente”, ya que su base es la nada, el vacío, lo cual es tanto su “miseria” (los abismos de la depresión) como una oportunidad para “salir” de aquí (la gloria de descubrir por ejemplo, muy prácticamente, la energía del vacío). Este vacío-nada, aun siendo la miseria del mundo, permite por tanto que se den unos cambios más “verdaderos”, más tocados por las sacudidas del espíritu, de ese “otro plano”.

Esta sacudida —a veces es un terremoto, de “efectos” que no tienen por qué siempre ser muy agradables (por ejemplo: terror revolucionario)— puede suceder a todos los niveles, pues todos están “conectados”: “individual”, “colectivo”…

Con la sacudida se puede volver a re-individuar el mundo. Este es todo un tema para la filosofía. La filosofía, por cierto, como casi todo en el mundo del sueño de la separación, es magia: ella intenta reconciliar lo que no se puede reconciliar: eternidad con existencia/tiempo, vida con muerte, etc. Pero para algunos podría resultar ser “la última magia” —o esta parece ser, al menos, una capacidad de “lo filosófico”: última magia.

Como no existe un dentro ni un fuera, ya que “los mundos”, el mundo, es una especie de unidad (unidad ilusoria) proyectada desde otro nivel de la mente al que también estamos conectados, entonces sucede eso que se ha dado por ejemplo en la filosofía, donde se habría hablado o trabajado la cuestión del “mundo” como unidad, rompiendo en parte con la dualidad, con el “sujeto-objeto”; y esto parece que ha sucedido intensamente en el siglo XX (Heidegger1…, y también aquel del que hablaremos, Badiou). Esto tiene que ver también, por supuesto, con el mundo de la cuántica, que nos podría servir —cómo no— de acercamiento a la “verdad” de este mundo que, por definición, es un mundo “sin verdad”, pura ilusión, sueño.

Hablábamos de “otro nivel de la mente”: se trata de la parte de la mente dividida que corresponde al ego-miedo, y que es la que elegimos por defecto siempre. Y debido a esta repetida elección es por lo que tenemos esta ilusión, es por lo que se da esta ilusión del universo; y éste no se debe a otra cosa, por difícil que esto sea de creer a veces. Esta ilusión es por tanto solamente “nuestra creencia en ella”, es pura creencia. La verdadera realidad es imposible de ver con nuestros ojos, y por eso tenemos que —o podemos— “iluminarnos” (en realidad, y como sabemos desde este artículo, quienes ven no son los ojos del cuerpo; éstos son una trampa para que creamos precisamente eso). La realidad verdadera, la inmortal, tiene que ver con nuestro posible despertar y la subsiguiente disolución de este sueño, pero todo ello en vida. Tenemos una parte, en la mente dividida, la “parte correcta”, que nos conecta con la única realidad, la del amor perfecto.

Es entonces en el plano de la verdad, el del amor perfecto, en el plano del espíritu…, donde “se encuentran” realmente la “unidad”, la “perfección”, la “igualdad”, etc. Y es gracias a esa verdadera unidad por la que podemos ver esas sacudidas que vemos en las unidades falsas de nuestro nivel: el del universo-sueño, es decir, el del nivel de la mente-ego ilusoria, que proyecta nuestro mundo de cuerpos en esta dualidad, de forma cíclica, en este eterno retorno de la nada.

Ese otro plano, de la Verdad, en realidad se trata de eso que nuestra tradición llama ‘Dios’, y que denominaremos así a partir de ahora, pues se trata de algo bien sencillo. Si bien ‘Dios’ es algo muy sencillo de decir, parece que lo difícil sería poder aceptar el poder siquiera hablar de él, y el aceptar por tanto la radical aparente simpleza de lo que estamos diciendo, aceptando también la radical discontinuidad de Dios con respecto a este mundo y la radical discontinuidad de “las categorías divinas” con respecto a ciertas categorías que rigen este mundo (tiempo, muerte, etc.). Esta simpleza será normalmente difícil de aceptar, pues este “otro plano” no lo podemos realmente conocer desde aquí (e incluso asusta a veces); no se puede conocer desde este falso mundo donde por definición no puede haber conocimiento, y donde precisamente todo está destinado a ser una distracción contra ese simple reconocimiento. La apariencia de nuestro mundo nos hace decir que desde él no podemos reconocer fácilmente lo que ya llevamos dentro desde siempre, y que es tanto nuestro pasado real como nuestro futuro real, ya que se encuentra fuera del tiempo, fuera de este tiempo lineal que no existe; la mentalidad correcta está ahí, eso que nos une con la Fuente, con lo único real, está fuera del tiempo. Aunque la “mentalidad dividida”, pero ahora en su faceta “ego-miedo”, también comparte el rasgo de estar fuera del tiempo y el espacio usuales.

Desde aquí, entonces, parece que solo progresivamente podemos ir despertando. Con ello nos vamos conectando con la instancia que se destinó para tal fin, y que es algo que todos compartimos: es lo que nuestra tradición llama Espíritu Santo. A Dios, por tanto, lo llamaremos ‘Dios’, perdonando con este uso, de paso, toda connotación “patriarcal”, si queréis llamarlo así; también podríamos llamarlo, al principio, “Fuente”, si sucede que decir ‘Dios’ crea mucha disonancia cognitiva en nosotros o en nuestro alrededor; pero si hacemos esto, podríamos tener que recordar siempre que la Fuente no tiene nada que ver con este mundo-universo-multiverso, pues no es la fuente de nada aquí, en el universo de la separación; recordaríamos, pues, que este universo es nuestra proyección, pero en un nivel inconsciente, ese que llamamos simplemente también “ego”, y que dicen que se corresponde muy bien con el Ello de Groddeck.

Y para concluir, por tanto: Dios es nuestro vector de exilio de este mundo, es decir, del Ello sin verdad.

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1. Heidegger.

Haremos una especie de simple comparación, paralelo, al final de esta nota, con Heidegger en algunos pedazos breves de algunos de sus textos de antes del “giro”, y lo que ocurre en Badiou; así que antes describamos qué ocurre en “la filosofía” de Badiou:

las sacudidas de las que hablamos vienen, en una situación, en un mundo, por un repentino acontecimiento que en tal mundo pone en cuestión “todo” (pero recordar que este todo, en el mundo de la ilusión-sueño de separación se fundamenta en nada). Es decir, el todo del mundo y la nada que está en su base como imposible “total” (total es una categoría “divina”, que no es de este mundo, como “unidad”, “igualdad”…), parecen comunicar, pero solo lo parece (aquí en este mundo todo es en realidad “apariencia”).

Esto, que es imposible (paradoja), ocurre por tanto durante lo que desde nuestro tiempo lineal se ve como un instante, un momento fulgurante (pero que es una de estas conexiones imposibles con el único “verdadero” mundo, el de la eternidad, que está radicalmente desconectado del nuestro y que podemos ver como animándonos a nuestro verdadero despertar o iluminación).

Esto hace por tanto ascender o subir la nada como verdad de la situación-mundo, es decir, hace subir en intensidad existencial la intrínseca “indeterminación” mundana del todo. Este ascenso o este “hacer luz” sobre la naturaleza ilusoria del mundo, enseguida parece reflejarse en el mundo (aquel “reflejarse” supone un cierto “indirectamente”). Tenemos pues los efectos post-acontecimientales, que, si lo que ocurrió fue realmente un acontecimiento, siempre se darán junto con tal acontecimiento.

Ahora veamos la siquiente definición que tiene Heidegger de la metafísica, que incide en lo mismo que hemos comentado aquí en la nota, pero, si queréis, en un modo más íntimo, en “lo humano” (se encuentra en la página 32 de «Los conceptos fundamentales de la metafísica» (2007. Madrid), su curso del 1929-30):

«La metafísica es un preguntar en el que preguntamos en el conjunto de lo ente, y en el que preguntamos de tal modo que nosotros mismos, los inquirientes, somos puestos conjuntamente en la pregunta, somos puestos en cuestión».

Vemos por tanto que la “pregunta” (una nada ascendiendo) sobre la totalidad de lo que hay (mundo) retroactúa sobre otra “totalidad imposible”: la de un “nosotros mismos”, un “individuo”, como posible constituyente o destituyente (que colapsa) la totalidad de un “mundo”.

Más adelante, página 55, podemos ver una discusión sobre la verdad, donde Heidegger habla de cierto forzamiento. Podríamos resumir o colapsar ahora mismo toda esta discusión y lo que precede diciendo: la verdad manifiesta lo imposible; es por eso que hablábamos de “sacudidas”. Pero, obviamente, lo imposible no es posible (por eso teníamos la discontinuidad esencial con la que hemos empezado). Podríamos ver este asunto de la verdad como el intento de forzar, en este mundo, lo que no se puede manifestar en este mundo, y que la filosofía (esa “última magia”) concibe como “igualdad”, “eternidad”, etc. Y en definitiva, e insistiendo en la idea, el hecho de la aparición de ese problema con “lo imposible no posible”, es una especie de mostración de la oportunidad de ver que este sueño de universo no existe, que es solo nuestro sueño, y de, por tanto, poder elegir sencillamente el escaparnos de aquí.

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Publicado 29 julio, 2011 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

13 Respuestas a “La verdad como vector de un feliz exilio del mundo. La verdad del despertar.

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  1. Un comentario relacionado que dejo en una entrada de otra web, titulada: “creación de realidades, destino y programación” :

    «
    Ante tanto caos lo único que por mi parte me aconsejaría o aconsejaría es centrarse con esto de “lo espiritual”, liberarse (a mí me liberó) o centrarse con materiales como el libro titulado “La desaparición del Universo”, de Gary Renard, accesible en internet.

    Que todo esto sea un caos…, es lógico. Esto en general parece un universo que es una ilusión, un sueño donde todo es posible.

    El “ser” de este universo es puro entretenimiento, disuasión, que nos parece —que “es”, aparentemente— “real”, desde nuestra concepción de la “realidad”.

    Esta concepción de la realidad es falsa porque no está basada en nada; quizá para ver esto no haya más que “ver” la radical “nada” que descansa bajo nuestros vacíos conceptos “lineales”…, de por ejemplo el “tiempo”, que luego, llevados ante la verdad* (eternidad, etc.), tantas paradojas darán, y tanto entretenimiento, o magia** en sentido general…, o tinta…, hacen correr.

    Aquí todo se destruye, nada permanece; solo “la energía” se dice que “permanece”…, una energía que no es nada, que sería pura “mente”…, puro pensamiento…, pero “dividido”, perteneciente a ese aspecto “dividido” del pensamiento que lo que hace es dar pie a estos ilusoriamente “eternos” ciclos, con todas estas nuestras “fascinantes” realidades de separación, que aparentemente vivimos aquí, pero que solo proyectamos desde otro nivel de la mente para escapar de la verdad*.

    Tenemos las consabidas civilizaciones, “más avanzadas”, que han “dominado” la Tierra antes, y de las que no se quiere hablar (o como vemos, también están esas pruebas en la superficie de Marte, que andan en la oscuridad y en esa “carrera espacial” marcha atrás, que parece artificialmente parada u oscura). Todo esto no sale a la palestra, claro; y es que habrá que ir “poco a poco”: para que no veamos amontonarse rápidamente “pruebas para la ilusión”…, no vaya a ser que nos demos cuenta que el universo es eso, pura ilusión, fabricada desde otro nivel de nuestra mente, al que estamos “conectados”, desde luego, inconscientemente; por eso será que a veces funcionarán o parecen funcionar estas cosas de “crear realidades” (el universo es una realidad de creencia).

    Aquí todo cambia menos eso, menos el hecho de que todo se transforma y nada dura; esa es la miseria de este universo de ilusión y a la vez la oportunidad que nos da: la oportunidad para despertar realmente a algo más simple, y que ya llevamos todos dentro***

    Vivimos pues un “eterno” retorno de la nada, en una falsa “materialización” creada por el sistema de pensamiento del ego, de la separación, del miedo.

    En nuestro despertar, o iluminación, podemos salir de tal mundo de la dualidad, del devenir cíclico de todo esto que está montado sobre nada…; y, a veces, primero saldríamos, un poco, hacia el semidualismo: con cosas como “Dios es amor”…, y, finalmente, hacia el no dualismo, y hacia el no dualismo puro, donde nos podemos percatar de que no existe otra cosa que amor perfecto y que todo lo de aquí es una ilusión.

    Entonces, llegados de repente a esta especie de convicción, podemos elegir todo el rato proyectar otra cosa que el sistema del miedo-ego: elegimos proyectar-ver con el sistema del amor, que es lo único que nos engancha a nuestra verdadera realidad, la inmortal; esto se puede hacer “perdonando” toda percepción, pues reconocemos la ilusoriedad de todo esto, y, aquí, en esta ilusión, «nadie —ni nada— tiene la “culpa” de nada» (lo cual no quiere decir dejar de ser bondadosos con nosotros mismos y con los demás y lo demás).

    salud!

    * la verdad sería el plano de “las cosas” que no son de este mundo: eternidad, igualdad, etc.

    ** magia es todo lo que intente reconciliar lo irreconciliable, como por ejemplo eternidad con tiempo. Así, hasta la filosofía es magia 🙂

    *** este era al parecer en realidad el mensaje del a veces denostado rabino judío —parece que mal denominado— “Jesús”.Este mensaje es como vemos demasiado “esotérico” incluso para nuestro tiempo.

    Y por tanto, el “cristianismo”, como vemos, poco tiene que ver con este mensaje, pues fue un desastre, como lo será toda institución que intente institucionalizar lo no institucionalizable: la verdadera “religión”. Llamémoslo así si queréis: “religión” verdadera, o bien…, “espiritualidad”; da igual, son nombres, y de lo que esto trataría es sobre aquello que es “solo interior”…, en tanto que cambio de percepción…

    »

  2. Pingback: Badiou y «Jesús» (de cómo la verdad no es de este mundo) «

  3. Un comentario relacionado en general con todos estos temas que presenta lo mismo, y que puse en la entrada de otro blog titulada: «los creadores del hombre, la ciencia y la conciencia»:

    «hola!

    Este tipo de concepción a mí me sirvió como “un paso”. Pero aquí hay aún mucho “mal rollo”, hay mucho que perdonar. Así todo se densifica, es decir, no creo que podamos llegar a poder aplicar el bello final de estos textos o teorías…, con el gran tema del amor.

    Y esto es crucial en lo que creo ahora, que es más sencillo que todo esto:
    son precisamente estas faltas de perdón y cosas por el estilo las que justo “densifican” el mundo.

    Si nos damos cuenta, en estos textos tenemos una agonía fundamental:
    la de “hay algo mejor”…, siempre “ahí fuera” de nosotros…, en otro tiempo, mundo, etapa de la civilización, utopía igualitaria…, etc. Y tenemos enemigos a quienes culpar.

    Esto sigue prolongando el error en que se basa este universo: proyección de culpa, aunque suene muy esotérico.

    Esta agonía nos proyecta pues a buscar algo “mejor” fuera de nosotros, de nuestra mente, es decir, nos hace sin mente, insensatos. Nos saca de nuestro único poder: la mente (el cuerpo es bastante neutral).

    Así, proyecta fuera la responsabilidad de lo que supuestamente vemos como algo a “culpabilizar”; y así nos engaña acerca del poder que realmente tenemos “dentro”: el de poder elegir de nuevo entre :
    – la elección que siempre hacemos por defecto: proyectar culpa, etc., elección repetida a cada segundo y que se llamaría “el ego”, y que es la mente que falsamente se creyó separada (el ego) de la única realidad existente: el amor perfecto.
    – y la solución que nos propone suavemente el amor perfecto, para que la aceptemos: la del despertar-iluminación; es esta una solución ante y contra este sueño, contra esta ilusión de separación y destrucción cíclicas…, “contra” todo esto que vemos montado en general en el universo, y aquí en concreto en este sistema solar; (“en este sistema solar” pues imaginemos la de civilizaciones que ha habido, como sabéis, y quizá que existan, ahora, aparte de la nuestra, por ahí escondidas: en otras dimensiones o interiores de planetas, no lo sé…, y tenemos esas pruebas de Marte, etc. etc.). Se trata de proyectar no desde el miedo, sino desde el amor perfecto con el que todo el mundo aún tenemos una conexión.

    Y solo hay estas dos opciones, pues resulta que no hay nada ahí fuera (es una ilusión que proyectamos desde otro nivel de la mente, ese nivel que “manda”-sueña estas reencarnaciones “aquí” ).

    Como podemos ver, por tanto, en estas concepciones hay una evaluación: tienen “algo mejor” que ofrecer…, y luego también tienen lo que sería siempre quizá el fundamento de la angustia: está “ahí fuera”.

    En realidad podemos aprender a dejar de sobrevalorar el universo y verlo como lo que sería: algo mucho menos natural de lo que “se nos quiere” hacer creer con tanta “ley del universo”, materia, etc. ¿Y si ocurre que, como todo es mente, todo fuera en realidad eterno amor perfecto y lo que vemos solo fuera una ilusión por duro que parezca?

    En esta ilusión de cuerpos y división sabemos siempre que tenemos todas las de perder: de aquí nadie se salva.

    Aunque en esto último no tocaría quizá tratar una cuestión: debemos quizá “des-Vaticanizarnos” y, por supuesto, creer en la reencarnación (parece que era común creer en esto, en “Europa” y/o medio oriente “cristiano”…, antes de la decisión no sé si “papal”-imperial, allá por el 400 dC, creo). Pero entonces tenemos que explicarnos por qué motivo no nos acordamos aquí de nada de lo pasado en otras vidas, normalmente, cuando nos vemos aquí “reencarnados” en estos seres a veces tan temerosos de la muerte y demás.

    Y la respuesta a esta “naturaleza olvidadiza” sería…:
    porque aquí precisamente “venimos” a disimular, en cuerpos y sus historias, la culpabilidad inconsciente; y ésta es en realidad nuestro invento:
    venimos pues a “des-potenciarnos”, a des-responsabilizarnos como “partes” del ego. Y lo hacemos proyectando estos cuerpos en estas olvidadizas reencarnaciones;
    de este modo, creemos —en otro nivel insconsciente de la mente— que evitaremos un castigo de la Mente por habernos creído separados (un castigo de lo llamado “Dios”, en nuestra tradición; este Dios es igual a amor perfecto, eterno, y es donde realmente estamos).

    Pero ese castigo también lo hemos inventado nosotros (se ve bien en la Biblia, como ejemplo); es del todo ilusorio, pues el amor perfecto no condena, ya que ni siquiera puede ver todo este lío que hemos montado aquí, en el universo, sin consistencia, donde parecería —o donde quisiéramos creer— que nuestras mentes se diluían en la nada… (y no digamos ya nuestros cuerpos: que “mueren”; pero no, la muerte no existe).

    Así que eso creo ahora —y además esto, si lo conocéis, es una práctica, de “perdón avanzado”, que quiero realizar. Y es por tanto más sencillo :

    todo en el universo es mental, y el universo es un sueño, una ilusión basada en el miedo;

    el miedo procede en el fondo y al final de este tiempo lineal ilusrio del miedo a ese castigo que nosotros mismos hemos inventado en otro nivel de la mente.

    Así que toda esta creación ilusoria (todo es perecedero) que es el universo tiene un propósito: despistarnos, despistar a la mente que se creyó separada con toda esta proyección de cuerpos separados en el universo o “multiverso”.

    A esta mente (que somos nosotros y que en realidad somos mente unida en otro nivel) se la despista con más miedo, con más angustia, falta de perdón…, etc., A lo cual contribuyen estas concepciones como la de Morfeo, pese a lo bonito del final.

    Y nos despistamos a nosotros mismos “repitiendo” la separación, ilusoria, siempre que prolongamos todo este malestar y siempre que transigimos con la separación, cada vez que nos sentimos separados, cada vez que atacamos o que siquiera percibimos ataque…, cada vez que no perdonamos algo…, etc. Por todo esto la materia no es nada, solo transformación de “energía” (energía = pensamiento en —aparentemente— diferentes niveles).

    La solución, perdonar toda percepción, pues no hay nada ahí fuera.
    »

  4. otro comentario en otro blog, donde hablo de cómo usar lo de “todo está en —o todo tiene que ver con— todo”…… etc :

    «
    hola Morfeo, gracias,
    te respondo un poco:

    > que todo tiene que ver con todo,

    esa frase, si se dice solamente así sin más…, es para mí muy confuso.

    Hay dos niveles en los que diríamos esto de:

    “todo tiene que ver con todo”, o “todo está en todo”:

    1.- el del universo que parece que habitamos, el del ego, el normal, este que solamente “nos fascinaba” (o a veces horrorizaba)…, pero que ahora vemos que tiene un propósito y que debemos elegir el propósito precisamente “contrario”, para transmutar la separación en lo otro.

    Este universo es este caos donde queremos transigir con el tipo de “locuras” que quizá sean de sentido común, como esa de que nuestras mentes desaparecerían, y ya…, y todas las demás fantasías de muerte y destrucción.

    Pero este es un universo al que solo vendríamos en realidad a “perdonar toda percepción”, a cambiar de propósito, pues aquí todo está aparentemente separado…, en este nuestro sueño, que es este sueño de separación…, el del ego, como hemos hablado.

    Y “hay que” ir contra él en todos los niveles, por muy “potentes” que nos hiciera sentir quizá como última trampa. “Habría que”, por tanto, no “alabarle” demasiado, no ir cantando al universo demasiado…, pues es nuestro sueño y su propósito general es el del ego-miedo;
    “habría que” “utilizar” el universo meramente para escapar, como una oportunidad repleta a su vez de oportunidades para perdonar-escapar.

    Para escapar de él: del ego, global o aparentemente parcial (en cada situación que nos parece «imposible de “perdonar”»); de ese ego que solo nos vende el cuento de degeneración y supuesta regeneración cíclicas, olvidadizas, reencarnación tras reencarnación. Y parece que mucha gente ya habríamos sentido que todo esto “no puede ser verdad”.

    En este “nivel 1” del ego, sí, digamos la frase, de acuerdo: “todo está en todo”, todo tiene que ver con todo; pero no nos podemos dejar fascinar mucho con eso.
    No hay reconciliación posible entre eternidad y tiempo, por ejemplo.

    Así que “tenemos que” (siempre va entre comillas porque lo debemos elegir libremente)…, “tenemos que” ir contra ello también al nivel del aparente “todo”, es decir, de la última ilusión, la del ego más en plan “global”.

    A esta “capa” supongo que es “difícil” sentirse conectados, a ella, realmente, y, las trampas del ego, pueden ser sutiles al respecto:
    supongo que tendrán que ver con cierta sensación de “omnipotencia”…, falsa…, que quizá es lo que tuviera Buda a ratos…, pues dicen que se conectaba a este “ego global”; Buda al parecer tuvo que esperar a una vida posterior para darse cuenta y llevar a cabo el perdón total, que supongo que es algo así como darse cuenta de que la mente global también es algo de lo cual tenemos que reírnos, con el que nuestra tradición ha llamado “espíritu santo”; es decir, tenemos que reírnos de esa mente ego global que proyecta la separación a un nivel más “alto”, y ello simplemente porque esta sería “la última ilusión”.

    En este material, entonces, se dice que una vez conectados, si se llega a sentir tan bien eso, siempre queda ir contra ello, también, pues simplemente es otro nivel de la separación, el “más alto”, y también por tanto potencialmente bastante engañoso (como en realidad todo en el ego). En el “universo” real, la Mente perfecta, del amor perfecto, no hay grados, no hay más y menos.

    2.-
    Este es el nivel 2, y recordemos de lo que estamos hablando:

    hablábamos de niveles donde “se plasmaría” esa frase de…:

    “todo está en todo” o “todo tiene que ver con todo”…;

    pero digo que es muy importante distinguir los niveles donde es utilizable tal frase, para con ello no confundir más, entre sí, esos dos “mundos”, tan completamente separados…, y que para mí es lo que estructura todo, muy simplemente:

    A.- El de la “creación” del ego; este es ilusorio, es decir, no existe realmente; y es este universo, por entero; consta de una mente dividida entre:

    a1.- mentalidad errada (que siempre elige por el sistema del ego-miedo; es nuestro estado por defecto), y de una

    a2.- mentalidad “correcta”, que elige escuchar la otra voz en nosotros, es decir, elige aquel canal de comunicación del que hablábamos;
    esta voz nos ayuda a perdonar toda percepción (no percibe ataque (o “pecado”), sino solo falta de amor;
    no alienta el miedo, es decir: conflicto, venganza, ira, etc.;
    nos ayuda pues a ver “con el amor”, algo así como “apuntando cada vez más” hacia el amor perfecto, ese que no es de este mundo, es decir, apuntando o uniéndose simbólicamente con lo que es llamado en nuestra tradición ‘Dios’, y que así llamaremos, y que, insistamos, no creó este universo, no tiene nada que ver con él, pues es un nivel ilusorio en nuestra mente.

    B.- El verdadero “universo” (en realidad no sabemos lo que es, es Mente, de la cual, si bien salimos de ella, al haberla rechazado ilusoriamente parece que no la recordamos). Esta es la Mente del amor perfecto, y sería incomprensible con y desde nuestros símbolos (luz, espacio, adn, etc.). Este “verdadero universo”, es algo a donde por tanto solo podemos ir “apuntando” con nuestros símbolos, que son incapaces de comprenderlo.

    Pero, sobre todo, a este “otro sitio”, que no tiene nada que ver con el universo de la mente dividida en el punto A (en esas dos mentalidades)…, es al que nos podemos conducir a nosotros mismos guiándonos por la experiencia y la mentalidad “correcta”…, buscando sobre todo la experiencia…, esa que irá conteniendo cada vez más “revelaciones”, que nos van despertando de este sueño de división (de este infiernillo, si queréis), haciéndonos capaces de proyectar desde el amor perfecto…, y de ver/proyectar con esos “otros ojos” de los que hablábamos a cuento de la división de la mente…, ojos que siempre tuvimos, transmutando así el “peso” de este universo, como paso necesario, y en vida (jamás tras la muerte, la muerte no soluciona nada, es otra ilusión…)…, como paso hacia la iluminación…, y hacia nuestro “ponernos al servicio” —muy gozosamente, la verdad— del plan de “salvación”.

    Nosotros, con la mentalidad “correcta”, apuntamos a este verdadero universo que no tiene nada que ver con el usual, por más habituados que estemos a mezclar cualidades de la mente del amor perfecto (eternidad, igualdad, libertad, amor perfecto…), con las “cualidades” de este universo caótico donde transigimos con auténticas locuras de destrucción y separación, de ataque.

    Este universo del punto B sería el verdadero, y es además donde verdaderamente nos encontramos, estamos, aunque sea difícil “abrir la ventana”…, y a veces parezca contradictorio lo que estamos diciendo:
    esto ocurre porque hemos proyectado precisamente todo este caos, desde ese otro nivel de la mente, para que nos parezca ilusorio y difícil precisamente lo que es real y fácil (el sitio de la única verdadera felicidad).

    Y, muy importante:

    para todo esto no hace falta hacer grandes cambios en la conducta, no hace falta juzgar nuestra conducta (juzgar de la manera usual es otra ilusión), pues la conducta no es lo más importante, es otra ilusión; lo que importa es la actitud que proyecta o no desde el amor, que elige dejarse guiar por una u otra de las mentalidades del punto A, que tiñen lo que sea que hacemos de “culpa” o de “inocencia” (es importante, pues, alcanzar el plano donde somos conscientes de que siempre elegimos al ego, y mirarlo de frente, al ego, y reírse de él con “lo otro”).

    No importa, pues, tener o no tener que continuar con “nuestras vidas”…, las que tenga cada cual (y ello hasta un cierto punto, claro pues tampoco es compatible con ser muy bestias, hacerse mal a uno mismo aposta…, o a los demás, obviamente).

    Solo hay que irse acompañando y entrenando la mente con este material del que hablo, si se decide elegirlo (esos 365 ejercicios que decía y el maravilloso texto, más teórico, que sobre todo sirve para la fundamental tarea de entender la dinámica del ego, a fondo, pues hay que mirarle a fondo, de frente).

    Así, todo esto sirve para mostrar la confusión a la que podemos dar lugar si decimos, sin más, que “todo tiene que ver con todo” o “todo está en todo”.

    Hay dos niveles para ello, como dijimos.

    No es nada gozoso en sí el que “todo tenga que ver con todo” en este mundo de separación, en el nivel del punto A.

    Este “todo tiene que ver con todo” sería…: la última ilusión, y es algo también a perdonar, es para reírnos de ello con “lo otro”, con nuestro guía verdadero hacia la eternidad de eso incomprensible que siempre hemos llamado Dios.

    Nosotros realmente estamos unidos de una manera más esotérica, en ese “universo” del punto B…, en ese “lugar” que no sabemos lo que es…, que es la Mente de Dios; y esa unión no la podemos comprender, igual que no comprendemos el “amor perfecto” de esa otra esfera, la real, de la Mente, la de Dios, donde paradójicamente también hemos de decir que estamos (si no, el universo ilusorio sería real). Las “uniones” de aquí y las intervenciones del canal de comunicación (“espíritu santo”) aquí, en nuestro mundo, simbolizan la unión real, la única real, y nos van acercando a la iluminación, pues vamos dejando que “entre” la acción del plan de salvación en nuestras vidas; así, nos vamos pudiendo pensar ya menos como separados…, es decir, menos como un ego, un alguien que tiene todo el destino en sus manos…, que puede crear para sí mismo…, que sabe lo que es apropiado para él y para todos…, que puede elegir a sus enemigos…, que puede elegir, en definitiva, sus propios planes de “salvación” ilusoria, en el mundo de la ilusión…, y que siempre serán “planes del ego”…, etc.

    Y luego decías

    > ni el concepto de Dios que tiene usted es ajeno del “Do”,

    sí, en un nivel todo tiene que ver con todo; pero ya hemos aclarado lo de la confusión de los anteriores dos niveles, y por tanto no dejemos de recordarnos lo importante que es el hecho de que Dios no sea un concepto (los conceptos en el fondo son todos igual de ilusorios que este universo).

    > Usted no es un cuerpo y una mente, Usted es un “ser” creado por el “Do” ,

    yo en el nivel del ego, el punto A, soy un ser, un cuerpo, una mente dividida…, ¡fabricados por el ego!
    Y se distingue muy bien entre esta fabricación anterior…, y la siguiente creación, real creación, la única creación auténtica:

    en el nivel del punto B, nuestro único destino y nuestro único lugar real…, ahí, soy una mente perfecta…, tanto como lo es mi creador; mi mente real ha sido creada por el creador, por la Mente del amor perfecto, es decir: por lo llamado Dios (repitamos, si molesta, llamadlo Diosa o Fuente, pero eso solo indica que tenéis cosas por perdonar, luego es otra fantástica oportunidad para liberaros perdonando!); es decir, fue creada, mi mente, para siempre, eterna…, y por aquel (o Aquella, da igual 🙂 ) que no podemos comprender desde este “pobre mundo de la separación”, mundo ilusorio donde nos identificamos fatídicamente con cuerpos ilusorios.

    > usted es el único que puede liberarse de usted mismo para ocupar el lugar

    pero soy el único que puede hacerlo porque sólo yo puedo decidir (el libre albedrío es sagrado) abrirme o no al plan de salvación, y cómo hacerlo; pero, el guión de ese plan de salvación, no es nuestro…, pues es algo que nos va acercando a nuestra “verdadera unión”, que desde aquí ni siquiera podemos atisbar, con nuestros símbolos y demás —como ya hemos dicho.

  5. Un comentario que puse aquí, en la entrada de ese otro blog, y sobre “creación de realidades…” (hablo algo de Parks, etc.):

    «

    > no hay ni dimensiones, ni densidades, ni “canalizaciones” con terceros

    la realidad del universo que conocemos puede ser super complicada y lo será.

    Así que claro que “existirán” todas esas cosas, pues nada de lo que “existe” en el universo ilusorio es en realidad real, es decir, nada de esto existe realmente (lo real es eterno).

    Tú sabes de esto, y se trata de que “nuestro” universo es la fantasía de una mente dividida (la nuestra, por cierto, aunque sea difícil de creer esta “penúltima creencia”…); es una mente dividida que eligió creerse separada, y que dio pie a estos big-bangs.

    Big-bangs en plural porque habrá habido varios, incluso, como se sugiere en Renard cuando en sus escritos…, únicos por ser del palo “no-dualista puro”…, como el Curso de milagros…, se da algún muy breve “repaso” sobre algunas cosas de nuestra querida irrealidad.

    Así que…, por qué no: unos big-bangs encajados en otros…, y eso seguramente serían las “dimensiones”, etc.

    Así que será así de complicado y más :); al final da igual.

    Y claro que habrá “canalizaciones”…, y todos estos fenómenos con “terceros”….

    En lo de Parks que conocemos…, seguramente haya mucho de “cierto”…, ya ves, sobre esta irreal realidad de las dimensiones, razas, y demás.

    Y ello pese a que ahí en Parks, a veces, en sus escritos, se ven cosas…, tantas cosas…, que tanto pueden servir para justificar el ego-separación-miedo…, y tan a “mala leche”…, “al ego global”…, que tanto podrían cerrarnos más y más en este universo haciéndolo más aparentemente “maravilloso” a la par que terrible…

    Aunque digamos quizá que Parks se podría “complementar” proyectando, sobre esa visión que él nos da ahí de los “planificadores del universo”…, proyectando ahí una realidad que no fuera la de la “simple bondad”, obviamente…, y quizá viendo que éstos estarían más bien al servicio de la “desaparición” de este universo del ego, del universo de la destrucción y la separación que creemos que es lo único que existe por defecto.

    Y de ahí quizá podríamos pensar que la mala leche de los Urmah está justificada, porque son esa raza especializada en “el combate”…, aquellos constructores de la inmensa ciudad que hay bajo las Pirámides de Egipto…, si te acuerdas…, y que quizá fueran “los más bajos”, dentro de las razas organizadas al servicio de la escapada de este universo…, es decir, al servicio de la Fuente real (el Dios “no-dualista puro”), una Fuente que sabría que todo esto es solo nuestra imaginación…, y que además ni siquiera puede ver “todo esto”, todo este caos, de miedo y destrucción que es nuestro sueño.

    Así que quizá estos Urmah estén así de “cabreados” porque tienen que hacer los “trabajos sucios”, esos que parecería que son todavía más difíciles de “perdonar” que cualquier otra cosa…; y valga todo esto por elucubrar un poco.

    Por ejemplo la maniobra de Parks, esa maniobra “general”…, en su libro sobre la Gran Pirámide, es “fea” con ganas…, al menos una vez conoces estas 1300 páginas de dictado interno del “curso de milagros”, tan sutiles y amorosas sobre el cambio de percepción (= “milagro”)…, sobre este no-dualismo puro tan liberador…, y que nos “sirve” para que, si queremos, nos dejemos ya de tanto identificarnos con el cuerpo (incluido espacio, luz…,), nos dejemos de dar importancia a los cuerpos……, y, sin embargo, ya digo, ahí en Parks se le da muchísima importancia a “los cuerpos”…, y como decía…, parece que ese libro sobre la Pirámide tuviera el extraño afán o fin de querernos hacer creer —en parte— que todo el “panteón” universal plasmado en la Tierra, con todos los inventos o casi todos (Enki, Isis, Horus, Zeus, Jesús…, las mil cosas…) estaría unido con razas reptilianas…, a lo largo de la historia…, donde parecería que Jesús no habría existido y demás historias…, y, ahí, pues, así pues…, tenemos a Parks con un extraño “fiarse”, como parece fiarse, de la tergiversada tradición…, para unas cosas sí…, y para otras no (la Biblia tiene mucho de historias del pasado, de antes de Jesús, pegadas a lo bestia a la historia de la iluminación del mal llamado “Jesús”… (es decir, su negación viva, de todo miedo, ataque, “mal”…, que produciría el efecto de despertar de esta realidad y reconexión con la única realidad) —y dicha iluminación habría sido bien real).

    Lo de Parks, si es que no es invento suyo…, que quizá no lo parece…, pudiera ser en parte una maniobra de reptilianos de no se sabe dónde…, que, pese a cómo él quiere vender su historia…, el propósito subyacente resultaría ser el de prolongar más y más el ego…, prolongar más y más el miedo…, etc., como vemos ahí a Horus vengándose…

    Así que…, todas las demás cosas que por un lado tanto nos pueden liar…, al final igual también nos pueden servir para decirnos…:

    eh, ¡ya basta! ¡Todo el universo es ilusión, es “mental”! ¡Y tiene un propósito! Así que solo nos queda elegir “contra” ese propósito, amorosamente, para identificarnos con lo único verdadero: el espíritu eterno e inmutable, lo único que existe en realidad.

    Claro que “existen”, pues, todas esas cosas, supongo. Y existen igual que aquí ninguno en realidad somos “tercero” de nadie, pues es “falsa separación”…, así como el universo es ilusorio, está montado sobre nada, sobre ilusión (de ahí que realmente sea tan conflictivo que los humanos nos diéramos barra libre en conocer bien la historia de este sistema solar, de la tecnología sobre la Tierra, etc. etc., y bien que los grandes egos que están más enteradillos de esto se habrán cuidado de dejar que esto ocurra…; y nosotros mismos también, acomodados como estamos a la realidad interiorizada para jugar ahí en esas coordenadas la interminable y cansina batalla del ego en este campo de batalla que es el universo de la destrucción cíclica (de seres, civilizaciones, planetas…, uno tras otro, sin quedar memoria aparente de nada en realidad: infierno)).

    Yo “creo”, por tanto, en todo eso…: es decir, mi ego cree y creía.

    Pero ahora sabemos que hay “otro nivel”; ahora ya nada es lo mismo tras haber conocido esta otra verdad, la verdad del no-dualismo puro…, que es tan simple, tan de cajón y liberadora. Parece algo a lo que…: “había que llegar”, en algún momento.

    Y ya sabes, esta verdad simple —¡la verdad era simple!— me ha aclarado mucho y estoy enlazando cosas con algunas obsesiones o lecturas que había tenido respecto a cosas de la filosofía (Badiou…), las cuales tratan sobre “la verdad”, es decir, sobre los procesos de transformación del sujeto y del mundo, a la vez. Y todo esto es enlazable, pues, con este no dualismo puro, tan liberador, cuando se tiene en mente…, y es una gozada ver que además sirve para el aquí y ahora, también, del “ego”.

    > A todo lo más, se podría pensar que son monólogos o “diálogos” con esa parte más real nuestra que, según el nivel de desenganche de la Gran Mente-Ego, llegamos a escuchar, pero “cayendo en la trampa” de nuevo de asignarle una entidad distinta a la nuestra (otra vez la idea de separación bulliría no?).

    Es verdad, podría ser el caso;
    pero hay muchos recuerdos ahí de cosas raras, como en lo de Parks…, aunque quizá todo esto sean vidas pasadas…, vidas pasadas de “otros”…, que quizá se pueden transmitir con alguna tecnología de “magia negra”…, no sé.

    > Yo rebobinando hacia atrás te preguntaría si sólo es un sueño nuestra realidad no real, ¿hablar del destino, reencarnaciones o libre albedrío, marear la perdiz? Y otra cosita amigo, ¿cómo es que se nos ocurrió tamaña barbaridad de creernos-crearnos la separación del AMOR y la “confortabilidad” del Hogar?

    Eh, pero cómo te pasas! Encima de tratándome como “maestro”…, qué peligro 🙂
    Y ahí…, hay tantas cosas mezcladas…, vaya comodón que eres.
    Ya nos conocemos, así que te conoces un poco las respuestas … joer qué malvado, quieres que “nos echen” o qué!

    Y la última pregunta de por qué “se nos ocurrió tal cosa”…;
    primero, la mente es muy importante, lo que creemos sobre lo que somos y que son los demás y lo demás es importantísimo (lo único importante en realidad…, ya sabes).

    Así que, el “por qué”…, si lo ves…, “por qué se nos ocurrió”…, tiene que ver con el hecho de que tan “naturalmente” se te esté ocurriendo a ti ahora mismito…, al meramente preguntarlo de esa forma; las respuestas para las preguntas que hace el ego, es decir, las preguntas de este mundo, incluyen siempre su respuesta, que es este mundo, es decir, el ego; así que, con este gesto, repites y repetimos al meramente concebir la pregunta…, repetimos el mismo gesto que “creó el universo” (que lo fabricó como aparente “gran” ilusión): nos decidimos de nuevo, por enésima vez, por la división; aunque tu pregunta esté planteada de “forma suave”…, con ese “ocurrió”…, pues no entendemos normalmente cómo es que el hecho de que algo se nos ocurra puede ser tan importante.

    Así que este universo no es más que todos estos gestos de la mente repetidos.
    Es esta creencia repetida en la separación.

    No hay otra respuesta que esa, pues todo es “holográfico”, y es ilusión…, y a cada segundo que creemos en el ego lo reproducimos…, lo “densificamos”, si quieres;

    te copio aquí lo que dice K. Wapnick, este tan buen “divulgador” del Curso que está ahí desde los 70, casi cuando esto empezó…, y que se juntó con la escriba por casualidad, y con su compañero de trabajo, en esa universidad de Nueva York donde estaban (esto está en el texto: “El mensaje de «un curso de milagros»”):

    « Si bien es perfectamente lógico formular tales preguntas, no obstante, son engañosas, como señala Jesús en Un curso de milagros. De hecho, él trata el asunto en dos lugares. En el texto afirma, en lo que originalmente fue una respuesta a una pregunta formulada por William Thetford mientras Helen tomaba el Curso: «Es razonable preguntarse cómo pudo la mente haber inventado al ego» (T-4.II.1:1), y luego provee una explicación muy práctica:

    “Sin embargo, no tiene objeto dar una respuesta en función del pasado porque el pasado no importa, y la historia no existiría si los mismos errores no siguiesen repitiéndose en el presente. (T-4.II.1:3)”

    En otras palabras, ¿por qué debemos persistir en preguntarnos cómo el ego ocurrió en el pasado, cuando aún estamos eligiéndolo en el presente?

    En la introducción a la clarificación de términos, encontramos una respuesta más penetrante a la pregunta del ego sobre su propio origen:

    «El ego exigiría muchas respuestas que este curso no provee. El curso no reconoce como preguntas aquellas que sólo tienen la apariencia de preguntas, pero que son imposibles de contestar. El ego puede preguntar: “¿Cómo sucedió lo imposible?, ¿a qué le ocurrió lo imposible?”, y lo puede preguntar de muchas maneras. Mas no hay una respuesta para ello; solo una experiencia. Busca solo esta y no permitas que la teología te retrase (C-in.4)»
    »

    »

  6. Otro comentario que puse en otro blog:

    «
    gracias por este bonito comentario!

    > entonces estarás conmigo en que, si nos ceñimos a la literalidad de las palabras, naufragaremos en el mutuo entendimiento.

    claro, pero depende del contexto.

    > para mí el caos no tiene una connotación negativa.

    Para mí ahora sí, y hace poco no la tenía. Y lo importante quizá es que me siento más libre.

    En la dualidad normalmente tenemos que transigir…, y que el caos nos parezca natural…, eso es para mí ahora lo más “poco-natural” del mundo, ese parecer.

    > Si te fijas, siempre previo a la creación de todo orden está el caos.

    Pero eres “tú mismo” quien juzga que eso es orden y lo otro caos.
    ¿Quién es ese tú mismo? Te respondo ya, el ego que nos “subsume” a todos…, y con el que nos identificamos por defecto siempre.

    Y al ego, se dice que hay que mirarlo de frente cada vez más profundamente, y, sin juzgarlo, sí aprender a reírnos de él. Esa es más o menos la teoría.

    Ahora intentemos comentarlo más:

    esta historia tiene que ver con nuestra identificación con el ego, que cree siempre que tiene todo bajo control, y “te dice”: mira, esto es orden, y esto es caos (con todas las matemáticas que quieras meter).

    Y “nosotros” vamos y nos lo creemos, nos creemos que “todo” tiene que ser así. Nuestra realidad es de creencia…, cómo no vamos a creer por defecto estas cosas: en la ilusión necesitamos más y más creencias.

    Este gesto es en realidad, o parece, el de la “usurpación del acto creador”: nos identificamos con Dios, pero eso solo puede ser ilusorio, solo puede ser otra ilusión más…, en este mundo…, si estamos usando este mundo para ello (sus símbolos y sus cuerpos).

    Así pues, nos creemos “creadores”, cuando aquí solo somos fabricantes de ilusiones. Y una ilusión más son esos conceptos y todos los conceptos: orden-caos.

    Aunque, como toda ilusión en este universo…, si la ilusión es “bien usada”…, si es ofrecida al “canal de comunicación”…, ese que tenemos que nos comunica con “la única realidad”… (la del “amor perfecto”…), bien usada, digo (y por ejemplo si quizá lo que nos pasa es que nos ganamos la vida, con ellos o casi casi con “lo que sea”…), bien usada, podría “servir” también para “escaparnos de aquí”…, ya que en realidad toda ilusión —incluidos estos conceptos— se fundamenta en nada.

    > “En el principio existía el caos”

    La Biblia en muchos lugares suplanta al amor perfecto por el dios de postín: el ego.
    La Biblia es en gran parte discurso del ego: con todos esos castigos, venganzas, etc.
    El ataque en general no es posible, no es nada, es imposible; solo el amor perfecto es real. Pero esto es algo a experimentar progresivamente. Aunque la teoría es así de simple.

    > portentosa creación.

    portentosa ilusión de creación, y no es creación, es fabricación de ilusiones por parte de la mente dividida, en su parte “ego”

    > en donde los juicios quedan superados o, lo que es lo mismo, a la iluminación de que habla el Zen

    Sí, eso parece que sería la mitad de la iluminación; pero hay que perdonar todo, incluso la última ilusión

    > ¿Desde qué lugar y de qué manera puedes luchar contra tu mente?

    Tenemos una división de la mente, ésta está dividida en dos.
    Y siempre nos decidimos por defecto por el ego: a eso se le llama “mentalidad errada”…, lo cual una de las partes de la mente dividida.

    Pero…, tenemos abierto un canal de comunicación, todos, ese del que hablamos…, y esa “apertura” es la otra parte de la mentalidad dividida; ese canal es lo que la tradición, por aquí, llama espíritu santo. Pero cuidado, obviamente el uso, aquí, de tal “espíritu santo”, difiere mucho del uso que se le da en muchos aspectos de “la tradición” (católica por ejemplo), porque el contexto tradicional es ese que antes nos ha surgido con el tema Biblia: es un contexto “fatídico”, culpabilizador por antonomasia…, que no sabe perdonar (y perdonar es la clave, perdonar toda percepción, toda)…, porque cree que el “pecado” es real; y no, aquí en esta ilusión nada sería real, nada.

    Pero sí que tenemos comunicación con la única realidad, mediante ese canal, si elegimos la mentalidad correcta. Sí la tenemos. Esa realidad es la del amor perfecto. Y este es el “tipo” de Dios sobre el que quiso hablar (sin que se pudiera entender del todo bien algo tan tan esotérico en aquel tiempo…) aquel “iluminado por vía rápida” que parece que fue Jesús. Y “rápida” porque parece que lo más rápido es poder cuanto antes llegar a conocer bien que, todo esto, es, siempre, ilusión. Y, además, por tanto poder tener plena confianza en que somos y seremos siempre “acompañados”…, si lo queremos, por lo que nos une con el amor perfecto, que ya está en todos; y es que en realidad, pese a que estemos durmiendo, nosotros estamos en la verdadera realidad; esta realidad de separación en el universo o multiverso es solo una ilusión, “enorme”, nos parece. Pero, lo que sucede, es que es muy muy importante que sea “nuestra ilusión (tema libre albedrío: super-importante).

    > Pues, en definitiva, ¿qué estaría luchando contra qué?

    Luchan la mentalidad correcta contra el ego —o “mentalidad errada”.

    > ¿Si esa lucha es de una parte de tu mente contra otra parte de tu mente, cómo podrás escapar a la mente?

    No se puede escapar de la mente, la mente no es algo “malo”.
    La mente es lo único que hay, y los cuerpos son proyecciones para que nos identifiquemos con lo proyectado y así “salvemos” la mentalidad errada, que es la que da “vida” (falsa vida) al ego; el ego es en realidad solo una ilusión, pero de la cual es muy importante que nos demos cuenta…, que miremos profundamente y con tiempo…, con “herramientas mentales” (no solo cuidando el cuerpo, que sería un poco secundario aunque importante según cómo estemos y según cómo creamos nosotros que es de importante…); el ego es tan importante porque es también nuestra ilusión, a todos los niveles, altos o bajos…, y, sobre todo, es una ilusión en la que creemos fervientemente ahora y a todos los niveles. Y parece que podemos conseguir que a un nivel muy aparentemente “alto”, el ego sea nuestra “última ilusión”.

    > ¿hay algo más allá de la mente?

    No, no habría nada más allá para mí. Y por cierto, como ves, todo esto espero que sea “mi última creencia” :), la que me sirva para irme escapando amorosamente de aquí, para no reencarnar más, qué leches :), no quiero participar más en este numerito de competición, egos, salva-mundos, destroza-mundos…, no no y no.

    Sí que hay algo más allá de la mente dividida. Así es, pero para nosotros, nosotros que vivimos en la ilusión de la mente dividida y que debemos, si lo elegimos así y si queremos tal cosa…, nosotros que debemos aprender a elegir la “parte correcta” de la mente…, para así poder “escaparnos” a nuestra realidad inmortal, si queremos…, que es de donde en verdad nunca hemos salido (solo ilusoriamente; sería nuestro destino real, el único real, gracias a Dios, uf :), menos mal :); porque realmente es aterrador esta historia de desaparición de mentes y cuerpos en la nada; gracias!!!!).

    Pero, como no conocemos o nos negamos a conocer la auténtica realidad, “perfecta”, de la Mente, del amor perfecto, anulamos los niveles que hay, las divisiones, y juzgamos a la mente como un todo, a veces.

    Esto es fatídico, esto “le encanta” al ego (antropomorfizando otra vez el discurso, ¡cuidado, es otra metáfora más!), le encanta hacernos insensatos…, con todas esas nuestras identificaciones con “lo de ahí fuera” (¡no hay nada ahí fuera!), con los cuerpos…

    El ego “nos quiere” sin mente.
    Y por cierto, casi no leí a este autor tan básico, y…, ¿en serio que va tanto “en contra de la mente”? La mente es una muy preciada herramienta para escaparnos de la mentalidad errada, esa que siempre por defecto elegimos para inconscientemente elegir el ego…, ese que a su vez es “sobre todo inconsciente”…, y que tantos años de gozosa escapada nos puede ir costando siquiera “ver”, para poder reírnos de él con la ayuda de nuestro “canal”.

    La auténtica realidad, que no es este universo, es en realidad nuestra realidad natural, la más natural (por “miedo” que a veces al principio nos pudiera dar…; y por cierto, “hay que” evitar el miedo…, pero poco a poco se va viendo que esto parece bien real, lo único real…, y da gusto).

    > ¿Y ese algo puede expresarse con el lenguaje?

    Claro, no; en realidad en esta realidad montada sobre la nada, no hay nada que se pueda realmente conocer; el conocimiento no pertenece a nuestra esfera de la mente dividida, del universo;
    y ese algo más allá no se puede expresar con el lenguaje de aquí, de acá. Podemos simbolizarlo, podemos decir, pues “no se puede expresar…, «del todo», «no del todo»” (aquí en nuestra mente dividida valen los grados de “más” y de “menos”, la competición, todo este infiernillo, vaya):

    Podemos simbolizarlo ahora, y mucho se ha simbolizado con eso de “perfección”, “unidad”, “amor perfecto”, “igualdad”, “libertad”…, con todas estas categorías con las cuales siempre hemos intentado hacer nuestras componendas para “bajarlas” a la Tierra, y que, son en realidad, “incompatibles” con nuestra realidad de separación, con la dualidad…, “incompatibles” hasta que no nos demos cuenta que “hablan” de la única realidad…, la no simbolizable…, y nos despertemos masivamente, porque “lo importante” es ir poniendo a “la experiencia” en su lugar (pensar = ser).

    »

  7. Puede que esto te interese:

    Rafael López Guerrero: las mentiras de un farsante (I)
    http://alturl.com/qiuu7

    • gracias por este enlace que compartes en mi blog;
      está muy bien escrito tu texto, no lapidas demasiado;

      imagino que, como creo que dices, la tarea es en parte “cubrir” las espaldas a todo posible “incauto” que como quizá yo, como visitante de la web de Rafael, podría haber caído de alguna manera en “participar” o apegarse, acríticamente, a él o a su blog-web…, esa web de muchas-personas-que-son-casi-que-una, todos a una.

      Te tranquilizo al respecto, pues, como ves quizá si hojeaste brevemente algo de mis textos, me va quedando cada vez más lejos, espero, esa tentación de…:

      – el apego a “lo empresarial” que tanto ha aparecido en starviewer con las visitas a intereconomía…, discursos emprendedores sin más…
      – el conquistar-mundos de “la conciencia” y/o “la ciencia”, con o sin trucos “poco éticos”…

      Soy, digamos, más epicúreo; y esta última necesidad super-ego que nos hemos inventado de, lógicamente, salvar el mundo en bloque gracias a todas las cosas suprimidas que existen en historia, ciencia, etc., está muy muy bien…, pero veo que ha estado muy bien, en mi caso y ahora…, para cierta “evolución” hacia ver y sentir que el universo es en realidad todo “ilusión”, sueño, en otro nivel de la mente…, montado como está sobre la nada, literalmente;
      y que, por tanto, cualquier cosa que pensemos que puede ser “super-importante”…, cualquier cosa “ahí fuera”…, cualquier cosa que culpemos…, a la que nos apeguemos…, “densifica” lo que es irreal, es decir, realiza una tarea imposible (estas le encantan al ego, son su sustento), y, por tanto, esta “paradoja”, en este universo montado sobre el vacío, lleva a la destrucción sí o sí, casi literal a veces (es decir, lleva a la creencia en la destrucción, identificados como estamos con los cuerpos de ahí fuera; y esa creencia fue y ES en primer lugar la destrucción).

      Vamos, que por “creer”, estoy dejando hasta la creencia en este universo 🙂 . Estoy practicando, o lo intento, el no-dualismo puro, y no veas qué liberador.

      Propongo que todas estas anécdotas sirvan para la a veces dificultosa tarea de mirar más de frente el propio ego nuestro, de cada cual, y perdonar tanto “a Rafael” como a nosotros mismos —por este ego del reconocimiento, competición…, el ego “salva-mundos”…, el ego “libertador” de lo de “ahí fuera” (no hay nada “ahí fuera”…)…, y demás…, ya que todos en mayor o menor medida “compartimos” esta miseria, en unas facetas o en otras…, y lo verdaderamente útil sería aquí el poder intentar no verla siquiera, intentar que ni siquiera pudiéramos percibirla, con nuestras mentes…, es decir, que no podamos proyectarla “ahí fuera”, ya que todo es proyección desde el interior, y, cuando proyectamos esta basura a lo que hay “ahí fuera”, nos deshacemos de la posibilidad de limpiar esta mierda tan asquerosa (cierto, todo esto es asqueroso), falsamente común, nos deshacemos de la posibilidad de limpiar esta absoluta mierda que nos separa.

      Así que por mí…, que esto de desintrincar las historias “éticas” de este “equipo” de una sola persona…, sirva pues para que, aquellos que han entrado al trapo con él, con Rafael, con promesas, con sus propias imaginaciones, o los trucos del susodicho…, puedan “perdonar”, de forma no-clásica (sin reconocer prácticamente la culpa “ahí fuera”), puedan perdonar más y más, y más y más, capas comunes de culpabilidad inconsciente de la mierda que compone nuestro aparentemente gigantesco «Ego-Inconsciente-Ello» colectivo (y ni habría que ponerlo en mayúsculas!).

      Quizá sea una tarea “dura”, pero la “buena teoría” dice eso: que no habría por qué percibir culpa “ahí fuera”…, sino que más bien la tarea es la de intentar ver que todo es proyección de algo que tenemos “dentro”, en el falso adentro del ego (falso porque en realidad somos “espíritu” puro)…, y que Rafael puede servir de buen símbolo para ello…, para la tarea de limpieza. Pero que, ocurre que simplemente, él carga o cargó y cargará, con más “mierda”, y con “cosas”, dentro de la ilusión…, cosas pretendidamente exteriores…, para darnos la oportunidad de limpiar dentro…, en un “dentro” que es el único lugar que existe (como batalla ficticia entre el ego y el espíritu (“ficticia” porque el ego no tiene ni pajolera idea de qué es el espíritu, y nosotros sí, sí podemos tener idea y la tenemos))…, para mostrarnos en el exterior-que-no-existe (por difícil que sea de creer esto…)…, para mostrarnos la miseria en la que estamos bañados y la miseria que el ego quiere hacernos creer que somos…, por defecto…, bañados —como estamos— en este Ello “gigantesco” que creó este horrible infiernillo sin sustancia de “la competición”, la separación, la división…, en todo esto que llamamos universo y que es un eterno retorno de la nada.

      salud!

  8. Otro comentario que pongo sobre el tema en el blog de “trinity a tierra”:

    «

    > por perderme, te lo digo sinceramente. A veces me pregunto: ¿no nos estaremos pasando de sutiles?

    lo que pierdes digamos que quizá son quizá “tus coordenadas usuales”, costumbres…, pero puedes aceptar estas otras a ver qué pasa, un rato. Creo que sí son “otras”. Pero como veas.

    Esto es más simple y más práctico según lo veo ahora…, ya que por defecto nuestro sentido común, el que ama en realidad “la complejidad”…, le juega mucho el juego al ego.

    Lo digo porque puede parecer más “sutil” pero es más simple.

    Lo “sutil” quizá tenga que ver con el hecho de ese poder creer que “no hay nada ahí fuera”; pero eso da sus frutos (pues supone ponernos “en resonancia” con lo de “fuera”, que, a nivel cósmico, “solo” es una creencia; aunque lo sería, digamos, en otro nivel aparente de la mente).

    Pero la historia es así de simple.

    Así que todo lo proyectamos: si vemos-percibimos ataque, es que somos ataque.
Si somos ataque, entonces parece que comprendemos por tanto lo que no se puede comprender, porque solo es una falta, falta de amor (petición de amor…), es decir, solamente es algo “negativo”, un “menos algo”.

    Igual que no hay nada que comprender(comer) en una “falta de manzanas”, lo único a “comprender”(comer) son las manzanas.

    Más simple imposible, lo que pasa es que, sí, llámalo “sutil”…, quizá porque “atraviesa” algo básico en el ego, algo que parece tocar alguna fibra muy sensible —al menos a mucha gente le parecerá así.

    > el caso es que me duele.

    Pero estamos hablando incluso que con la iluminación (aunque parece tal cosa fue algo excepcional y que ahora lo va a seguir siendo, por ahora…), trasciendes realmente tu cuerpo, las “leyes físicas” (que están fundadas en la nada y por eso pueden trascenderse: son una creencia en algo que no existe: el ataque, la separación, la falta de amor, el “pecado”, etc.); es decir, que no te dolería, y que no te importaría morir, pues ya sabrías, con tu propio cuerpo, sintiéndolo, que la muerte es otra ilusión.

    > Cristo, capaz de materializarse y desmaterializarse, capaz de transgredir las leyes de la naturaleza, capaz de transfigurarse, y me pregunto si no se retorció de dolor cuando atravesaron sus manos y pies con aquellos enormes clavos…

    Cristo no es Jesús, sino que Jesús se unificó (se iluminó) en esa realidad (la única realmente), esotérica para nosotros, llamada “Cristo”; metafóricamente, “Cristo”, en la realidad del Cielo, que no comprendemos desde nuestros símbolos pero en la que paradójicamente sí estamos…, Cristo es el “hijo” (no un cuerpo de hombre, cuidado), es el hijo “esotérico”, “mental”, una “creación” que no comprendemos visto desde nuestro mundo creado por la mente dividida…, nuestro mundo, desde el cual no podemos comprender la realidad de esa esfera llamada por la tradición “Cielo”… Cristo, decíamos, es el nombre, en nuestra tradición, del “hijo”, metafórico, de ese otro no menos esotérico llamado “Dios”; y este Dios, obviamente, desde nuestra realidad tampoco lo podemos comprender, aunque sí estemos en él desde siempre y para siempre; pero sí que se nos pide, amorosamente, que, si queremos, vayamos dejando de soñar todo este sueño de muerte. Este Dios sería la Mente global, el amor perfecto, de donde solo ilusoriamente hemos salido (y esta ilusión ES el universo de la separación ilusoria; esta ilusión ES este universo).

    Todo esto para decir que Jesús no creo que hiciera todo ese show que explicas.
Lo que sí que parece que “montó” o proyectó es el show de la resurrección…;
así que lo que parece que ocurrió es que él ascendió, a ese nivel “iluminado”, durante su vida;
es decir, no tuvo que morir para dejar de sentir por ejemplo dolor, ningún dolor;
y, cuando murió él ya sabía (este saber es una experiencia, no podemos comprender qué quiere decir este ‘saber’), él ya sabía cuando murió que esta muerte era otra ilusión más…, y pudo proyectar, desde ese otro nivel que no comprendemos, su cuerpo;

    pero ese cuerpo lo quiso mostrar a sus amigos para decirles que en realidad no importaba, para enseñarles cómo todo aquí es mental, una ilusión; y que, si dejamos de creer en ella, perdonando toda percepción cada vez a un nivel más profundo, entraremos en resonancia cada vez más amplia con la auténtica realidad mental, hasta incluso poder perdonar “la última capa” del ego, hasta poder reírnos de la primera decisión que se decidió por creer que la separación era posible, que lo imposible era posible (de esta contradicción resulta que nuestro universo esté montado sobre la nada y sea cíclicamente un eterno retorno de la nada en su constante fulgurar de cuerpos y mentes que aparentemente desaparecen).

    Pero, al final, tras todo el descalabro de sus propios amigos y de la gente que instituyó el cristianismo capado que instituyeron…, fue, precisamente, el cuerpo, ese favorito del ego, ese héroe del sueño…, fue precisamente nuestro “adorado cuerpo” lo que se vino a glorificar por el “cristianismo”. La crucifixión debió ser un símbolo del fin de la culpabilidad, y no lo fue.

    Jesús, por tanto, al parecer, lo que quiso enseñar es precisamente esta “teoría” (sobre todo dirigida para la práctica…), esta teoría que es tan, incluso hoy, “poco comprensible”:
que todo es “mente”, y, por lo tanto, y como no importan los “cuerpos” (son proyecciones desde otro nivel de la mente…), realmente nos podemos iluminar…, y podemos hacer como hizo Jesús:
manejar esta proyección.

    Pero cuidado, este “manejar” ya no se hace desde el nivel individual-ego-ilusorio, sino que se hace con un “plan” (el contrario al caótico “plan del ego”): el plan de nuestra salvación de este sueño.

    Por tanto no podremos sustentar realmente nunca por defecto la idea de que los iluminados pueden ser ilusionistas como les venga en gana.

    > que nos impulsa a querer trascender nuestra naturaleza humana antes de tiempo,

    el tiempo es una ilusión, no le otorgues realidad en tu mente y poco a poco te liberarás y nos liberarás de ella, no hay por qué otorgarle “peso”.

    > que por ese motivo nos sumimos en sombras.

    mirar al ego de frente y reírse de él gracias a la ayuda que siempre hemos tenido dentro, puede tener etapas a veces más “duras”, pero no es un “sumirse en sombras”.

    > como si ya estuviéramos en la 11ª dimensión,

    sí podemos mirar esto como si ya estuviéramos mucho más “elevados”, ya que toda esta cuestión de grados, de más y de menos…, es una cuestión del ego;
y la realidad es que somos espíritu, en realidad;

    porque, en realidad, nunca hemos salido de lo real (que solo es el amor perfecto), aunque esto me y nos cuesta tanto de entender o de siquiera decir.

    > porque lógicamente, la veremos como imperfecta, falsa, ficticia, y mala.

    no “habría que” juzgar la “3D”, sino reírse, con la ayuda del canal que nos comunica con la única realidad (amor perfecto); es decir, “habría que” reírse del ego con la ayuda del amor perfecto.

    Es inevitable que el ego, como la antepenúltima de sus trampas…, nos ofrezca la trampa de juzgar la realidad, e intentar deprimirnos con ello:

    “eh, tío, tía, mira qué mala es la realidad, la gente muere, sufre…”; ya, bueno, claro…, pero es que se trata de que es una ilusión, a todos los niveles; esto parece difícil de asumir, pero también parece nuestra única real liberación de este “infierno” ilusorio. Lo difícil es aceptarlo, solo aceptarlo, un poco al principio; pero…, una vez empiezas, ha empezado la liberación, y para todos…, y cuantos más nos sumemos parece que mejor todavía, sea cual sea nuestra condición o situación. Dejemos de percibir ataque, necesidad y sufrimiento y dejaremos cada vez más de ser ataque, necesidad y sufrimiento: miedo.

    > Como tampoco podemos saber qué es lo que hay más allá de nuestra humilde condición humana 3D,

    ya digo, los grados, la evaluación, el más-menos…, esta es una de esas cuestiones queridas del ego, de nuestro ego y del ego cósmico, que son lo mismo (todo es “holográfico”):
que si realidades MÁS bellas…, que si tales utopías accesibles-inaccesibles…, etc.

    > porque o lo has visto por tí mismo o no vale que te lo cuenten; y en todo caso, quien asegura que en otros planos superiores no continúen las mismas dicotomías entre “seres angélicos A” y “seres angélicos B”. (No hablo en broma).

    contempla, ya digo, la posibilidad de que simplemente esos “otros planos” sean más de la misma ilusión de separación, y que no existan tanto como esta ilusión en general no existe en realidad.

    Es decir, vale, tú puedes elegir la aparente “velocidad”, la que quieras, de acuerdo, en la siempre aparente liberación; y digo “aparente” porque, aunque nos vayamos “escapando”, aquí siempre tenemos que jugar dentro de la ilusión…, aunque vayamos conectando cada vez mejor con el hilo que nos une con esa cometa en el Cielo que es en realidad nuestra auténtica realidad, la inmortal, el lugar donde realmente “vivimos”…, en ese sitio que es el único donde existe verdaderamente la Vida; aquí, es obvio, todo muere, todo: es una de las ilusiones favoritas en la ilusión: muerte;

    puedes aparentemente elegir la “velocidad”, decía…, pero, creo que esto que cuento es así bien práctico, y simple.

    A mí, con esto, se me han “solucionado” cosas, es decir, se me empiezan a hilar cosas…;
y como es así de simple se nos estaría llevando directamente “al grano” del asunto; y ese grano te insto a que lo comprendas como que quizá es el que es tocado, precisamente, al sentir esa especie de “confrontación”, con el interior, que es quizá lo que se mueve cuando hablas de “sutilidad”;
no sé;

    con esa “sutilidad” quizá es con lo que nos excusamos de pensar, por un momento, de la manera en que estamos contando aquí (nada ahí “fuera”).

    > Tal vez la idea de la trascendencia sea otra ilusión más, y entonces para que correr tras ella.

    nos podemos demorar todo lo que queramos…, esto se trataría de una experiencia;
si eliges no decidirte por ella, pues de acuerdo.

    Pero tú mismo estás concibiendo que hay otro plano, claramente; pero luego te dices que “para qué ir”. Ya estás yendo.

    Y sí, aquí todo son ilusiones, pero todo menos una cosa, los pensamientos amorosos reales, esos no lo serían; esos, dicen en estos textos que intento trabajar…, esos pensamientos se nos guardan ahí bien guardados, en nuestra auténtica realidad; y son reales porque NO involucran algo especial, es decir, no están en el marco de una relación especial sino que quieren “salirse de ahí”; y los “pensamientos irreales”…, de las relaciones especiales…, serían, por ejemplo, un:

    “te quiero”, vale, pero cuando se trata de un “te quiero” que en realidad sabe perfectamente que ama para recibir, no para dar, que ama porque se le proporcionará, como pago:
“sexo”, “seguridad”, “orgullo de tener este hija-o en este mundo de cuerpos en competición”…, “compañía”…, etc. etc.

    El ego vive en parte de confundir el amor con el Amor.

    Los pensamientos que verdaderamente salen de ese “otro centro” que ya tenemos todos dentro…, pues no hemos perdido la realidad de conexión con lo único que existe, en el Cielo…, son eternos. Es decir, algo que parece muy banal tendría efectos que no comprendemos.

    Para comprender esos efectos y que articulemos mejor todavía tal amor y tal perdón…, y para saber que en esos momentos estamos conectando con lo único real…, es por lo que tenemos esta “teoría” que solo es teoría por lo difícil que es mirar lo más directamente posible a la “dinámica del ego” (es el texto: ‘un curso de milagros’, con los 365 ejercicios de dicho texto; donde yo, por cierto, nunca hubiera caído de no ser por Renard y su “la desaparición del universo”).

    Y, muy en general, todo miedo es en realidad ataque, ataque en primer lugar a ti mismo; todo conflicto se sustenta en el miedo; todo miedo parece un aspecto muy importante para producir esa “identificación con lo de aquí”…, identificación con esta realidad de separación, cuerpos…, con la dualidad donde transigimos con lo que no podemos amar realmente…, con lo que nunca podemos querer si somos honestos con nosotros mismos…, y donde hacemos que lo imposible sea posible, ilusoriamente (la muerte por ejemplo).

    > la clave está en aplicar una mirada amorosa,

    sí, pero el ego es muy sutil, ese sí que lo es; bueno, más bien es muy complejo.
Por eso tenemos esta opción, que se nos ofrece y que me encantó haber encontrado para poder analizarlo (pero en realidad ya ves que el camino “contra” tanta aparente complejidad del ego es muy simple, tan simple como falsa es la complejidad que sustenta al ego y a sus infinitos mundos).

    > Sólo el amor nos libera, no porque suprima el ego, sino porque lo hace trabajar con un buen fin,

    no, la teoría esta, que me parece preciosa, te diría que sí, vale, solo el amor nos libera…, pero no porque suprima al ego, sino porque ni siquiera lo puede ver…, ni siquiera lo percibe…, ya que es una ilusión desde el principio (y ya has visto que lo es “a nivel cósmico”, y que toda esta falsa creación depende de ello).

    El ego quiere que veamos todo ataque, “pecado”, etc., como algo muy real; vive del miedo, el contrario —aparente— del amor;
pero el amor solo quiere que no veamos esas cosas, es decir, solo quiere que veamos en todo eso que se nos quiere vender como tan real y terrorífico…, que veamos algo “negativo” en el sentido más neutral de negativo, como hemos comentado: es decir, que veamos meramente una falta de amor…, falta de perdón…, y una petición de amor, de perdón…

    Esto es lo que debió vivir Jesús “con todo su ser”…, hasta llegar a iluminarse.
Imagínate lo que tiene que ser no sentir dolor, y poder perdonar con el verdadero perdón, este no-clásico, que perdona incluso antes de que se ofrezca la oportunidad de percibir ahí, “fuera”, en ese fuera que no existe, un “ataque”, un “pecado”.

    El Amor no se puede atacar, y somos Amor. Luego en realidad somos invulnerables.

    Así comienza este curso:

    « Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
En esto reside la paz de Dios. »

    Lo “real” es tu espíritu, eterno e inalterable, hacia el que se dirige el sistema de pensamiento del amor, que este curso propone.

    Lo “irreal” es todo lo demás, que ha sido producido por el sistema de pensamiento del miedo.

    La paz es el objetivo del curso.

    (Así se explica esa cita en el libro de Renard, más o menos.)

    »

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