Dos universos, una verdad.   8 comments

«No hay necesidad alguna de que justifiquéis vuestra existencia. No necesitáis, por ejemplo, escribir o predicar para justificaros a vosotros mismos. El ser es su propia justificación. Sólo cuando os dais cuenta de esto podéis empezar a utilizar vuestra libertad. De lo contrario estáis haciendo demasiados esfuerzos.» (Habla Seth II)

Sobre una verdad que ni ve la ilusión…, de una “salvación” que solo nos salva de nuestra manera de pensar… (porque no hay mundo “ahí fuera”…), y una nota sobre lo falso1

El Curso del que estamos todo el rato hablando desde aquí, y que nos hace tan sencillo hablar de “la verdad” —como lo hacíamos aquí—, contiene una especie de relato tan aparentemente “esotérico” como sencillo.

Este relato sirve para contextualizar, o saber más, acerca de cómo y por qué es posible la “escapada” de este universo irreal, es decir, la iluminación (romper el ciclo de reencarnaciones).

Por lo dicho, se puede entender que el universo ya no es, para mucha gente, algo simplemente a adorar, algo por lo que “trascendentalmente” tener piedad. Esta piedad es definida por ejemplo como el entrañable amor que consagramos a objetos o personas venerables. Y esta piedad, cósmicamente aplicada, es parte de:

— el mundo del sentido común, su “mundo laico”, que se basa en el cuerpo para “adorar” al universo, y en el universo para “adorar” al cuerpo, adorando por ejemplo una pretendida “interacción entre cuerpos” (los cuerpos son neutros, no son, no pueden relacionarse). De esta piedad, en su aspecto más corriente, que vive en el espacio, irrespirable, de “solo hay cuerpos”, en su universo del azar y la necesidad…, no hablaremos ahora.

— esta piedad cósmica sería parte también de los sistemas corrientes con los que pensaba nuestra tradición: Platón, Aristóteles, o en general lo judeo-cristiano o, en gran parte, la Nueva Era. En la mayor parte de esta tradición vemos un Dios —una Fuente, etc.— que sería más o menos “bondadoso”, o “artesano”…, que se dedicaría a “fabricar” de algún modo el universo o bien a fabricar algo que al final tiene que ver con éste… de algún modo…, y, entonces, dicho universo sería, en parte —o totalmente—, “adorable”, algo a adorar, ya que por ejemplo reflejaría cosas como: “la perfección divina”…, y demás.

Pues no, resulta que no, que Dios, la Fuente, la Diosa (como gustéis, se trata de un nivel de la mente más “elevado” pues aquí solo hay mente, el “resto” es “proyección” (es decir, “mente” que creemos que no es “mente”)…), ese Dios…, decíamos, no tiene nada que ver con el universo, y éste no es la “creación” del azar y la necesidad: el tema de “la naturaleza”, lo natural, la evolución darwinista, etc.…, todo eso son mitos mayúsculos; y que por ejemplo nos parezca (teoricemos) o queramos que nos parezca “natural” nuestro surgimiento como mentes…, o nuestro surgir en la Tierra como cuerpos biológicos…, todo eso son trucos del ego (ama la “complejidad”, y ama cerrar las mentes con aparentes expansiones en “lo que hay”, en el “ahí fuera”); y son trucos tan impresentables como pueda ser el resto de su sistema de pensamiento, que rige este universo de la separación —como ahora empezaremos a comentar.

Y bien, este universo, que es el falso1 (es el de la mente dividida, no el de la Mente), se fundamenta en una especie de error; este error sería una especie de idea que estaría en un nivel, por supuesto, olvidado, en nuestra mente dividida; esta mente sería, por cierto, algo compartido —esotéricamente si queréis. Y en el universo solo hay mente, el cuerpo es algo neutral, y en último término no existe (es patente que todo cuerpo por ejemplo “desaparece”, pero no es esencialmente “solo por eso” por lo que el cuerpo no existe. Y el cuerpo es neutral, sí, pero en un nivel mental-metafísico, nosotros, por costumbre, es decir, el sistema del ego-miedo, le da al cuerpo un propósito, proyecta un propósito, percibe inconscientemente un propósito que no es para nada neutral).

Y, al fundamentarse sobre un error, entonces lo que simplemente ocurre es que éste se puede deshacer; y por eso se da el milagroso fenómeno de la iluminación y el resto de milagros que pueden darse en esta ilusión de realidad. Y es algo que se puede deshacer ya que es simple ilusión, por sólido que parezca lo que aparenta rodearnos o bien nuestro propio cuerpo, y por “natural” que parezca o se quiera hacer parecer su devenir.

Y bien, aunque aún nos cueste llamarlo así, a este simple error podemos llamarlo “pecado”, por unificar términos con una larga tradición y, por cierto, para poner patas arriba dicha tradición —la católica o en general judeo-cristiana—, ya que está “gravemente equivocada” por el hecho de por ejemplo haber otorgado realidad al error, en general; es decir, ha convertido al “pecado”, que es ilusorio, en algo real —como ya hemos empezado a comentar aquí (pero esto lo hace todo y lo hacemos todos, y no solo las instituciones; es decir, no nos estamos “metiendo con la Iglesia”, sino con el sistema de pensamiento del ego, que deforma a placer su mundo).

Así pues, y antes de seguir adelante: aquí no se tratará de salvarse del mundo o del “pecado” (éstos no son malos en sí, o en general no son siquiera enjuiciables). Se trata de salvarnos de nuestra manera de pensar, y de salvarnos: a “nosotros mismos”, no a “los demás”, pues no hay nada ni nadie “ahí fuera”. Es esta la tarea de “liberar el mundo”, una especie de “liberar el mundo de sí mismo” y gracias a su ilusoriedad.

Este modo de pensar, que otorgó realidad a lo ilusorio, está por defecto anclado en el sistema de pensamiento del miedo (la mentalidad errada), pero podemos reconectar con nuestro poder de decidir para decidirnos por el sistema contrario, el del amor, un sistema que simplemente deshace el miedo gracias al progresivo perdón de todas nuestras percepciones. Esta decisión, además, se irá viendo respaldada (nunca hemos estado “solos”, y nunca lo estaremos), es decir, irá recibiendo cada vez más ayuda por parte de la otra realidad (la real, la del amor perfecto), la que está fuera de este sueño que llamamos universo (aquí, en el universo de cuerpos, esa otra realidad diríamos solamente que si acaso se “refleja”). Y es que resulta que la mentalidad correcta está literalmente fuera de este sueño, enganchada a la auténtica realidad (amor perfecto).

Así pues, esto nada tiene que ver con dar indicaciones sobre lo que “habría o no que” hacer a nivel de la conducta. No tiene nada que ver con decirnos cosas tan terribles como esas que se encuentran en el inconsciente colectivo (el ego y su sistema de pensamiento asesino, que ama la muerte), esas cosas como por ejemplo la de que habría algo, en la «esencia de lo humano», que sería proclive al “mal” y al “pecado”. No hay “mal”, ni “bien”, ni “pecado”…, porque una realidad intrínsecamente falsa, ilusoria, no se puede juzgar, ya que ello contribuiría a hacer real lo que es irreal; y hacer eso es imposible. Es así de sencillo, aunque parece difícil tanto de aceptar como de aplicar (es lo mismo si verdaderamente se acepta).

Hablamos de “pecado”, pero como se puede ver, todo esto se dice para dejar de hablar para siempre de “pecado”, ya que resulta que vamos a intentar hablar del único “pecado” (uno muy profundo) al cual podemos reducir la aparente existencia aquí, y, por tanto, todo el resto de “pecados”, de faltas…, de…, en definitiva…: errores. Así que estarán obviamente incluidos todos esos “pecados” que hacen que por ejemplo la gente aún tenga que estar en esas tan laicas instituciones llamadas “cárceles”, y, haciendo ahí como que mágicamente borran la culpa, cósmicamente —mientras en realidad, por contra, lo que harían es alimentarla y reciclarla, y alimentarla “para nosotros”, para toda “la sociedad” y en último término para todo el “cosmos-mental” de la mente dividida, que también se alimenta de ello.

Este “pecado” del que vamos a hablar sería el único “pecado”, y, no sólo eso, sino que además, para colmo, en realidad este único “pecado” ni siquiera existió jamás, pues es sola y totalmente ilusorio (la Mente no se puede dividir realmente, pues la única realidad es la del amor perfecto), aunque, a partir de ahí, de esa idea o creencia (las ideas son así de importantes), se diera todo esto que vemos como universo ilusorio de separación (que nosotros día a día sancionamos repitiendo las mismas creencias, endureciéndonos, “creciendo naturalmente”, etc.).

Este tema forma parte del Curso del que hablamos arriba, y lo tenemos más condensado y tratado en plan ensayo masticado…, de forma atractiva, en dos textos “imprescindibles” a la hora de que nos interese ahondar en esto de “perdonarlo todo” y creemos que necesitamos más “compañía” en forma de textos, más que la del Curso y su aplicación, que nos ayude eventualmente a aplicarlo y entenderlo:

«La desaparición del universo», de Gary Renard; el relato de la conformación del universo lo tenemos en el capítulo 4 (aquí pusimos a su vez un enlace donde se puede encontrar el texto). Sin el texto de Renard por ejemplo yo mismo nunca hubiera entrado en el Curso.

«El mensaje de “Un curso de milagros”», de Kenneth Wapnick.

Y bien, el único “pecado”-que-no-existe, que en realidad nunca pudo ocurrir verdaderamente —es decir, nunca en la auténtica realidad, que es pura unión en el amor perfecto y de la cual no hemos salido, aunque esto nos suene tan raro o esotérico… (y por eso es por lo que podemos regresar a ella iluminándonos…)—, el único no-pecado fue el de creerse separados, el de creer en la ilusión de la separación; pero como comprenderemos, esto sucede en un nivel de la mente que creemos —y queremos— no comprender. Y bien, esto fue algo muy importante para nosotros porque somos nosotros los que aún creemos en ella, en la separación. Y esto no es, por tanto, importante porque la separación sea algo que pudiera ser real…, que no, no lo es. La separación es una especie de ataque ilusorio contra esa que es “nuestra única realidad”, la llamada “Cielo” por nuestra tradición. La separación es pues una especie de infierno, pero totalmente ilusorio; es decir, el “infierno” no existe, como no existen realmente ninguna de las demás ilusiones que conforman el universo.

Así que, para intentar dejarlo todavía más claro: solo por hablar como lo hacemos podría parecer que estamos reintroduciendo el tema del “pecado”, y que somos otros judeo-cristianos más…, pues esto parece cobrar un tinte bien rarito… Y sí, este no-pecado sería incluso el fundamento “ontológico” del “mundo”. Pero se reintroduce, aquí, para “de una vez por todas” salir de todo esto, y poder perdonarlo todo…, ya que esto, aunque parezca mentira, es una ilusión que se sustenta en cosas que no existen y son interpretadas como reales: como por ejemplo el ataque (que es petición de amor), la falta de perdón (que es un mero “faltar”, como el ataque, y, por lo tanto, no es nada, es algo negativo, una cantidad negativa, solo sirve para aumentar la cantidad aparente de ilusoria culpabilidad).

Esto supone, pues, “des-densificar” el mundo “para siempre”. Por tanto, esto es amoral, obviamente; y no inmoral; es amoral como las buenas éticas, como por ejemplo tenemos esa de Spinoza (en su sistema semidualista que aún no tendría en cuenta que todo esto es mental, que todo aquí es mente, y que, por tanto, el universo es “nuestro invento”, en otro nivel de la mente; así que Dios nada tiene que ver con dicho universo ilusorio de la separación). Y es que el “sistema del juicio”, la “moral”, esa trascendencia del juicio («¡qué inmoral es el mundo, o este o aquel aspecto!»), ese auto-escindirnos juzgando y siguiendo “catecismos” en general (o lo contrario pero siempre dependiendo de esa “sensación moral”, como en venganza…)…, todo esto está “dentro nuestro”…, y es algo que tiene que ver, cósmicamente, con la culpa sentida tras el ilusorio “pecado” cósmico del que hablamos. Esta culpa es, por tanto, igual de ilusoria, y de ella solo podemos decir, obviamente, que, si importa algo, es a su vez porque nos importa…, y porque creemos en ella a un nivel descomunal de nuestro inconsciente que llamaremos ego (culpabilidad inconsciente por una separación que en realidad no ocurrió en un nivel “colosal” de la mente).

Empecemos pues con el cuento de lo que ha pasado en nuestro “universo” —y sigue pasando (esto es holográfico):

Surgió una pequeña idea loca en nuestra única realidad unificada, a la que volveremos un día de nuestro tiempo lineal ilusorio…, y de la cual, en realidad, nunca hemos salido en tanto espíritu que somos, en realidad —en último y primer término. Esa idea es, por ejemplo, rápidamente dicho…, un:

“y si pudiera estar separado de la Mente de mi Creador”…

Con ello, surgió la conciencia (esa que a veces tan “acríticamente” adorábamos hoy…), conciencia ilusoria…, de un “algo más”, y: «la unidad del amor pareció ser una mentira» (solo lo pareció).

Así, tras ello, tenemos la mente dividida, y no nos acordamos de nuestra esencial unión como amor perfecto en la unidad de nuestro creador.

Ahí entonces teníamos dos opciones:
— elegir la separación, o bien…,
— elegir la respuesta, inmediata, que en nuestra única “realidad real” se dio a nuestra conciencia, a nuestra mente dividida; ahí, la Mente concibió la respuesta lógica al hecho de que la separación sea algo ilusorio, imposible; tal respuesta es el recuerdo del amor, perfecto, que todos llevamos en nuestra mente. Por poético que suene esto, estamos hablando de un nivel donde ni siquiera parecía que existía esto que vemos delante, y que en realidad no existe, sino solo parece que existe: el universo (antes pues del “big-bang”, pero es una ilusión hablar de un “antes” o un “después”; el tiempo no existe, solo la eternidad existe). Y este universo por tanto solo parece existir, no existe realmente, es falso1.

Así que todo se redujo a un error; este error lo podemos y “debemos” deshacer, aún hoy, pues el tiempo lineal sencillamente no existe.

Este error, y único “pecado”, fue el del tomador de decisiones (que seguimos siendo nosotros) que surgió cuando la conciencia, mente dividida, a su vez, pareció surgir.

Este tomador de decisiones en que nos convertimos, tras hacer un hueco a la idea loca y haber reprimido-olvidado la realidad unificada, se decidió por la ilusión de la separación; decidió creer que cabía la concepción de ser independiente de Dios. Y las ideas no abandonan su fuente, que es uno de los grandes principios básicos: a partir de ahí, todo son ilusiones.

Es decir, que por mucho —a pesar de, o precisamente por el hecho de— que esto nos parezca infinita y absurdamente fragmentado, banal, etc.…, todo lo que vemos y somos por defecto (sistema de pensamiento del miedo) nunca abandonó su fuente que estaba y está en aquella primera “idea loca”, la de concebir la separación como algo posible.

Cuando surge tal conciencia ilusoria, entonces, Dios (la Fuente, si os molesta esta palabra, la Mente que nunca hemos abandonado) ya tenía, decíamos, preparada la respuesta.

También hemos dicho que sucede que el estado pleno en el Cielo queda pues reprimido-olvidado (represión o negación que de algún modo vemos que “fundamenta” todo “vivir” aquí en el falso universo con su falso vivir).

Entonces, tenemos el campo mental, ese que nos concierne en este asunto, aparentemente dividido en dos posibilidades —retrocedamos de nuevo en el relato:

— el camino del ego, «sí, “queridito” Hijo de Dios…, mente dividida…, elígeme…: estamos “realmente” separados, probemos»;

— el camino dado como respuesta por el Creador, ante el olvido ilusorio de la unidad, el camino de lo que nuestra tradición llama Espíritu Santo (para, casi siempre, “deformarlo”, junto con el resto de cosas…) que conlleva el “futuro” plan de Expiación (plan de “deshacer el miedo”, simplemente, pues esto es ilusorio: el amor no se puede atacar…; ya lo hablaremos más abajo o por ahí). Y esta respuesta digamos que podría ser algo como esto:

«no, esto que piensas, mente del Hijo, es irreal;
solo existe la unidad del amor perfecto, que eres tú y siempre estará esperándote, hagas lo que hagas, porque no puedes hacer nada, ya que si eliges lo otro eliges una ilusión, y no es nada;
así que si eliges lo otro, al ego, tengo aquí preparada la respuesta; y aquí la tienes, a tu disposición para “siempre”, pues no podía ser de otra manera, ya que ese “campo mental” dividido donde ahora crees que estás es completamente ilusorio, se basa en una idea loca».

Entonces, como decíamos, la idea ilusoria de la separación fue sancionada por el tomador de decisiones que surgió ahí, que elige el ego (una ilusión), y lo elige tal y como lo seguimos eligiendo todo el rato nosotros aquí y ahora (“holográficamente”). Y todo el resto, ya dijimos, hereda de esa idea y de esa decisión. Todo el resto son defensas que van dificultando aparentemente el poder volver a tomar la decisión de creer en la alternativa al ego en vez de en el ego.

Así que el ego-ilusión, una vez el campo mental se ha olvidado de su anterior estado…, el ego ve que algo pasa, aunque no puede conocer la realidad de la contrapartida que Dios ha puesto “contra” él, de esa contrapartida contra la ilusión del ego, esa ilusión que nos ha adormecido, y que nosotros en tanto que “el Hijo”, tenemos y administramos como nuestro propio “auto-engaño”. No la puede ver porque el ego y el amor perfecto son dos sistemas de pensamiento totalmente incompatibles.

El ego presenta al “Hijo”, a nosotros (antes de la aparente creación del aparente universo en el que “vivimos”), el ego presenta, pues, un truco para convencernos, a ser posible para toda “su eternidad ilusoria”, para toda la “eternidad” del ego. Este truco es el de su querida trinidad “impía” —como la llama Wapnick—: la de pecado, culpa y miedo (pasado, presente y futuro, como ya hemos comentado por ahí).

Con ello, el ego consigue hacernos “pecaminosos”. Llamemos ahora a este “yo”, el yo A, como hace Wapnick.

¿Cómo se hace tal cosa? Resulta que el ego encima ahora le cuenta al Hijo, a nosotros, que la hemos liado, pero bien liada. Que hemos elegido en contra de —nada más y nada menos— el Creador…, lo cual es… todo un “pecado”. Y este pecado, adelantémonos, nosotros, el Hijo, lo vamos a pagar aparentemente caro, acompañados por este falso amigo del ego, de la mano del ego; lo pagaremos y lo pagamos caro al aceptar la ilusión —solo es ilusión— de la muerte, que, a partir de entonces, fue ya ilusoria y cansinamente repetida —y de esa muerte, adelantémonos también, solo nos puede “salvar” el hecho de recordarnos a nosotros mismos que el sistema de pensamiento del miedo no es “lo único real”, porque más bien tal sistema es irreal, aunque prepondere aparentemente en nuestras mentes que repiten lo que es meramente un error, día tras día y segundo tras segundo, eligiendo ese sistema y por tanto al “ego”.

Y, como “hemos pecado gravemente” (esta es la ilusión del ego que aceptamos “fatídicamente” en la ilusión…), entonces el ego ofrece al Hijo la tentación de la culpa: «siéntete culpable, “amigo” mío…, y siéntete pues con miedo al castigo, inevitable, “de Dios”».

¡Ajá! Pero ahí lo tenemos; esto se está complicando severamente:

ese “Dios castigador”…, no existe; un Dios así es un invento, es un truco usado para dar cabida a aquella trinidad impía…, ya que todo esto es un sueño, y no hay nada que castigar (esto es aquello que se decía sobre el “hijo pródigo”, bien entendido —como aparece explicado por ejemplo en Renard).

Y es que resulta que lo que es Dios, Dios…, simplemente es; y, en nuestra simbología aproximada desde este universo-que-no-existe…: Dios es…, amor perfecto; pero nos basta también con decir “Dios es”…, porque este universo donde nos hace falta por ahora decir aquello de “amor perfecto”…, sencillamente no existe.

Este sería pues un “gran truco” del ego: «cuidado, chiquitín, tu Papi te vaa a pegaaaar o incluso algo peooor……», así que… «vente conmigo, chavalín [es prepotente el ego], vamos a pasárnoslo en grande haciendo retornar “eternamente” la nada de nuestra ilusión, jajaja; vamos a ser individuos hechos y derechos camino a la muerte»; y mírales, ahí, como van y vamos, por los desolados parajes preparados por el ego…, cantando por ejemplo la canción de la Legión.

Y es que el ego en realidad quiere destruir al Hijo, a nosotros, no lo ama, nunca podría hacerlo; sí que el ego parece amar su sistema de pensamiento asesino, ese que ha preparado para nosotros, para el “Hijo”, con esas queridas estrellas de su particular y macabro Olimpo: la muerte, el ataque…; y no nos ama porque el ego “intuye” que el Hijo, que nosotros, contenemos la garantía de su desvanecimiento, del desvanecimiento del ego; y él intuye esto pero sin saber muy bien ni cómo ni por qué sucede tal cosa, ya que el ego es la ilusión de que el amor es imperfecto (luego el ego no puede ver el amor); el ego es, por tanto, la ilusión de que el amor no es (pues es intrínsecamente perfecto); luego el ego es la ilusión de la destrucción de lo indestructible, o de que lo imposible es posible. Esto es lo que fundamenta nuestro universo: nada1.

Entonces la carga de culpa y el pecado son losas demasiado pesadas para el Hijo que ahora se ha convertido en algo tan “pecaminoso”. El ego nos va a ofrecer, por tanto, para que nos podamos sentir “inocentes” (dentro de la “inocencia” de su sistema), que proyectemos, que veamos ahí fuera un fragmento de nosotros mismos en tanto que divididos (aún estamos en el nivel “solo mental”), y todo lo hace para que con ello nos olvidemos de esa “pecaminosidad” que nos acaba de vender el ego; para olvidarnos de ella en una especie de primer “ahí fuera” inventado. ¿Qué fragmento? Como dice Wapnick: el del yo C (el Dios iracundo inventado, que se quedaría con la carga de culpa y pecado), frente a nuestro ahora “yo B” inocente, que se queda “solito” con el miedo, siendo “la víctima”.

Esto lo hacía el ego en teoría para alejar el miedo, ya que era muy fuerte (siendo nosotros un yo A pecaminoso) pero, en realidad, como cualquier defensa, da lugar a aquello de lo que se defiende, y no consigue por tanto alejar el miedo sino perder “la sustancia del problema”, que es la decisión de haber creído en el cuento de ego, en aquel que nos convirtió en yo A, en el “pecaminoso” yo A. No lo consigue ya que proyectamos “ahí fuera” algo que nunca en realidad está “fuera”, y, por tanto, creemos que el problema está “ahí fuera”, en el yo C, el Dios iracundo, con su culpa y pecado.

Wapnick, del que empezamos a extraer puntos básicos, hace lineal este relato de la separación sucesiva y las sucesivas defensas para lograr hacernos insensatos, sin mente. En realidad no es lineal, sino que todo esto se da siempre “a la vez”. Resumamos los escalones por los que habría pasado (que solo ilusoriamente se dan de forma lineal —tan ilusoriamente como todo es ilusión en este universo) ese Hijo ahora aparentemente fragmentado en un yo B y un yo C, y que solo se identifica con el inocente yo B, y que por tanto recuerda todavía peor tales “escalones de división” por los que acaba de pasar:
— Concebir siquiera la idea de la separación: surgimiento de la “conciencia”.
— Elegir, dentro de ese campo de mente dividida, la alternativa de la individualidad, eligiendo lo que se llamará “el ego”, y olvidando entonces lo otro que habría podido elegir (el canal de unión con la Fuente, es decir, la mentalidad “correcta”, esa que nos une con Dios mediante el llamado Espíritu Santo).
— La primera defensa “concebida” por el ego para que nosotros, “el Hijo”, no veamos que somos tomadores de decisiones, y que podemos por tanto desvanecer todo el sistema de pensamiento del ego con solo acordarnos de ello y con solo elegir “lo otro”: vendernos el yo pecaminoso, el yo A, contándonos que habíamos traicionado a Dios y usurpado su poder (algo imposible por naturaleza), y que eso era algo que traería consecuencias temibles (igualmente algo imposible).
— La segunda defensa “concebida” por el ego, y para lo mismo que antes, es la de proyectar la culpa y el pecado de este yo A en un “afuera” inventado (yo C), quedándonos como protagonistas del sueño (yo B), en vez de “sentir cerca” (siendo el yo A) el hecho de que en realidad somos los soñadores de este sueño, los que sueñan este universo de la ilusión de la separación.

Hay aún dos pasos:

— El primero aún antes del “big bang”, y sería la fragmentación de los ya aparentemente fragmentados “yo A” (fragmentados en yo B y yo C) en “infinitos” pedazos (que dan a su vez aparentemente muchos “yo B” inocentes frente a muchos “yo C” culpables).

— Y ahora…, el final:

El truco o escalón final, uno más, pero uno “importante” —por favor redobles…—, con el que ya pasamos del nivel “solo mental” hacia el aparentemente “físico”, es decir, hacia este escondite que ahora va a parecer el preferido del ego:

hacer inconsciente la culpa del Hijo de Dios mediante la proyección que facilitará la “vida” a nuestra “eterna” carita de inocencia («Papi, yo no he hecho nada, qué malo eres, aquí tengo a mi amiguito el ego que me protegerá de ti, papi malo»), en un universo como decorado para la destrucción…, en un gran escenario para la escenificación “eterna” de la muerte —ilusoria—, y sigue siendo mental (las ideas no abandonan su fuente y su fuente es la idea de la separación, aunque a nosotros nos parezca “muy material”, muy denso, sólido, etc.).

Así que esa carita inocente, la de ese Hijo de Dios que en realidad el ego odia a muerte, esa carita ahora sigue necesitando defenderse del invento del ego, del Dios colérico aquel que iba a castigarnos en tanto que yo A (ilusoriamente, pues es imposible); y lo sigue necesitando por mucho que nos hayamos fragmentado en muchos “yo B”; pero entonces es cuando el ego nos proporciona ese medio “universal”, o esa invitación mayúscula para que proyectemos y no dejemos de proyectar en el “ahí fuera” cada vez más pretendidamente alejado de “lo mental”. Es decir, nos da el medio por antonomasia para la proyección de culpabilidad inconsciente, un medio aparentemente colosal para esconder, en definitiva, la dinámica del ego, “ahí fuera” (y qué mejor escondite o defensa que hacer que nos “individuemos” ahí “fuera”, y aparentemente solo ahí, en esa a su vez apariencia de mundo)…, tachán…:

— el universo (como ya dijimos). El último gran truco para tornarnos insensatos, sin mente (alejándonos de nuestra capacidad de decisión).

Sí, sí, parece “grandioso” es eso que le hace hacer, a ese “chiquitín” que somos nosotros…, es decir, lo que nos hace hacer este ego, ese del cuento de la muerte. “Grandiosidad” en “eterno” cambio caótico, en contraposición a la grandeza, de Dios.

Así que, con todo esto, somos “máquinas” de proyectar culpa. Estamos aquí “para eso”; ese sería el fin que por defecto nosotros mismos nos damos y damos a este universo…, tanto aquí como desde otra “capa mental”, y ello lo haríamos reencarnación tras reencarnación —aquí, por cierto, no jugamos a las cartas católicas, que hace mucho directamente parece que prohibieron el pensamiento de la reencarnación, en Europa. Estamos “aquí”, pues, para no ver la culpabilidad inconsciente más grosera y profundamente alojada dentro de nuestros propios niveles mentales más profundos, y esta culpabilidad es tal que en último término tiene que ver con haber creído en la ilusión de aquel primer pecado-no-pecado (las ideas no abandonan su fuente, recordemos, y todo esto no es nada más que la idea de la separación tras sucesivas e “infinitas” aparentes divisiones).

Así pues, nuestro universo digamos que tiene dos “sentidos” (y los tiene porque no es el único “universo” que existe, sino, más bien, el falso1):

— uno es ilusorio, es un sentido de postín: ser esa maquinaria del infierno, de la que hemos hablado, y que en realidad no tiene sentido, solo “parece tenerlo”… Esta maquinaria está montada sobre la nada; eso es su miseria, así como —dijimos ya alguna vez— una oportunidad que nos brinda: poder reinterpretarlo todo, gracias a la conexión que aún tenemos con nuestro creador (amor perfecto)…, reinterpretarlo todo con el sistema del amor, como veremos ahora en el “segundo sentido”;

— pero, esa “máquina de muerte”, es decir, este reloj-universo falsamente “eterno”, con manecillas locas apuntando a la nada…, la máquina de destrucción aparente…, siempre está acompañada, a veces muy a su pesar…, por el plan de Expiación: es decir, el plan de sencillamente deshacer el miedo, que consiste en llevar las ilusiones ante la verdad (y no al revés): ante la verdad del amor perfecto, la única verdad. Este plan deshace, pues, el miedo que prolonga ilusoriamente el falso pecado, ese falso pecado que prolonga a su vez este universo, densificándolo segundo a segundo. Y, este plan de Expiación, aporta pues la solución, la única solución, para lo que fue el único “pecado” (ya sabemos: fue ilusorio) sobre el cual se basaría todo (un todo que como decimos es siempre “mental”): haber creído que la separación con respecto a la Mente del amor perfecto (Dios) era posible. Esta idea solo fue una ilusión, fue una creencia, “en ese nivel” de la mente… y, por tanto, también lo es aquí, pues, como sabemos, esto va de “holografías”. Por tanto, como vemos, no hay pecado, solamente creemos que sí lo hay (ahí tenéis todas las instituciones sociales “laicas” fomentando la culpabilidad…, etc.).

Así pues, tenemos «dos universos, una verdad», porque uno de los “universos” es el usual: el de nuestra realidad de separación que adora la muerte y la destrucción; y este universo es ilusorio. Pero, lo único que es verdad, el universo no ilusorio, es “el otro universo”, donde estamos realmente (por esotérico que parezca y por miedo que le dé a nuestra “individualidad”), y de donde nunca hemos salido, en realidad, en tanto que espíritu, inocente y puro: el de Dios como amor perfecto.

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1. El uso de “falso”

Cuando decimos ‘falso’, y más en el caso de una afirmación tan aparentemente tonta como esta que decimos que es rotundamente verdad: “el universo es falso”, podemos tener cierta reticencia mental a entender bien esto.

Recordemos la sencilla distinción que hace Deleuze en sus cursos sobre Spinoza (ed. Cactus):

– tenemos por un lado la idea de falsedad como no concordancia entre la idea y la cosa. Es decir, tenemos la idea de “rojo” y vemos que una cierta mesa negra no concuerda con esa idea, así que diremos que el juicio “la mesa es roja”, es falso.

– pero las cosas pueden ser falsas en sí. Por ejemplo, una moneda de oro que sea falsa. “La moneda es de oro” sería un juicio falso, pero en este caso es porque la moneda es falsa en sí, ya que hay, como dice Deleuze: “un falso previo”: la podemos masticar, meter bajo un ácido, etc., y comprobar que no es de oro. La moneda es en sí falsa, es intrínsecamente falsa, lo es previamente a que sea falso el juicio “esa moneda es de oro”.

Pues bien, esto es lo que pasa con el universo, que está fundamentado sobre la nada (sobre un error, un pensamiento ilusorio que simplemente fue repetido), sobre algo que no existe en la realidad (el verdadero “universo”, el llamado “Cielo” por la tradición). Es decir, el juicio: “el universo es”, es un juicio falso, al igual que lo es el juicio “la moneda es de oro” cuando la moneda en sí es falsa.

Pues bien, como el universo, en sí, no es, no existe (es pensamiento ilusorio proyectado desde otro nivel de la mente que aquí venimos a olvidar aposta, ex profeso), en este caso, este juicio digamos más básico, más fundamental, de que “el universo es”, sería falso, sería un juicio falso, ya que el universo no es nada en sí, es falso en sí, es intrínsecamente ilusorio.

Y esta des-fundamentación intrínseca del universo es del tipo de cosas que asoman a veces en “la filosofía”; por ejemplo, sin ir más lejos sucede así en el caso de Badiou, aunque quizá sin explicitarlo de este modo, pero que, para mí, tendría este significado o “interpretación”…, en su texto: “el ser y el acontecimiento”.

El universo sería lo que Badiou llama “el ser”. Y el acontecimiento es lo que nos permite por momentos darnos cuenta —en todo nuestro ser— de que nosotros no pertenecemos a este mundo, o no pertenecemos a este mundo “solamente”, ya que este mundo es ilusorio (está montado sobre la nada, no es, es falso).

El acontecimiento existe precisamente por esta ilusoriedad del universo, que es sin fundamento. Y nos da, entonces, la oportunidad de escaparnos de esto, y ya no tanto de sentirnos “moralmente” obligados a “mejorarlo” (que es lo que aún lastra el poder curativo que diríamos puede tener y tiene la filosofía en muchas ocasiones; y lo lastra, en el caso de mismamente Badiou, porque “viéndose moralmente obligados” a salvar el mundo no nos hacemos posible a nosotros mismos el perdonar toda percepción, y poder así hacer que esto se desvanezca en donde ha venido, en la nada). Y es que, en definitiva, no se puede hablar de mejorar algo que, estrictamente hablando, no es absolutamente nada: nada más que una oportunidad para, amorosa y felizmente, escaparnos de aquí, re-percibiéndolo con el sistema de pensamiento contrario (el del amor) al que fundamenta este universo (el sistema de pensamiento del miedo; pero como este miedo no es más que “falta de amor”, es decir, no es nada, entonces, el universo, se fundamenta en nada, como dijimos).

Y todo esto tampoco quiere decir, obviamente, que vayamos a ser “malos”, pues, lo que podemos hacer (lo que se puede “orquestar en nosotros”, pues en realidad aquí no estamos a cargo de nada, solo lo parece) es más bien ir saliendo de todo juicio. No tenemos por tanto que necesariamente renunciar a nada…, y no hay que exagerar nada: no hay que ser necesariamente “ascetas”…, ni necesariamente “libertinos”… nada es “obligatorio” y podemos seguir “disfrutando” igualmente de esta ilusión de universo, pues aquí solo se trata de saber qué es realmente la felicidad (que no es de este mundo).

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Publicado 3 agosto, 2011 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

8 Respuestas a “Dos universos, una verdad.

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  1. Hola Qadistu ¡ Bien por tu extenso trabajo pero un “pelín” menos paternalista… pues me da la impresión que nos lo presentas (a tus lector@s) demasiado masticado y no nos das pie a trabajarlo por nuestra cuenta. Muy en plan madre-pollitos/polluelos. Viendo la tira de hoy, bufff entra como pereza empezar. Yo la he completado y aunque hay cuestiones para tratar voy a ser moderada y empezar haciendo una pregunta/respuesta y luego si, ya va la otra pregunta.
    Dices que Dios es MENTE y AMOR * y que por tanto no “necesita” de creación o fabricación alguna. No necesita demostrarse nada ni experimentar a través de ningún otro Ser o entidades varias. Crees por eso que nada ha emanado-dimanado de sí mismo, y que seguimos “contenidos” en esa gran Mente-AMOR . Todo el resto es ilusorio, ….. ya sabes en ese plan. Utilicemos el mismo lenguaje del Curso, sin meternos en hermeneuticas, ni complicaciones varias. Es decir, sencillote y facilón. Ojo ¡ no desacredito con esta expresión a la autora-escribiente/ o amanuense porque sea americana del norte o porque insinue que les falta un “barniz” de culturas milenarias (tipo Oriente u Occidente, en las que descolla el Pensamiento-filosofía- etc) Es objetivamente, muy (sigo luego, emergencia)

    • > Bien por tu extenso trabajo pero un “pelín” menos paternalista…

      eh, perdona tu percepción!!! :), yo no “soy” eso !! :), soy inocente y puro 🙂

      > pues me da la impresión que nos lo presentas (a tus lector@s) demasiado masticado

      ¿yo “lectores”, en plural?
      Hay veces que este material tan simple y masticado cansa no solo por cómo esté escrito (de mal, enrevesado, bien, peor…), sino porque el ego sabe que aquí hay algo gordo pero él no sabe lo que es (no conoce a nuestro querido y solo-real amor perfecto).

      > y no nos das pie a trabajarlo por nuestra cuenta.

      leches, todo lo contrario, pues ahí tienes recomendaciones: releer el capítulo de Renard, intentar conseguir el libro de Wapnick…
      Por mucho que se relean estas cosas nunca sobran; la verdad tan simple va calando y calando…, tenemos mucho que desprogramar de la complejidad del ego, de sus identificaciones mortificantes, etc.

      > Muy en plan madre-pollitos/polluelos

      viva!

      > Dices que Dios es MENTE y AMOR * y que por tanto no “necesita” de creación o fabricación alguna.

      no no, las “creaciones” de Dios no tienen nada que ver con este universo que es “fabricación”, “nuestra”, y que no es “creación”…; este universo es “fabricación” en un nivel de la mente (ego) que es más “global” de lo que nos creemos, y al cual pertenecemos, aunque también ilusoriamente (es la última ilusión (siempre hay que ir en contra de todas las ilusiones, amorosamente, por muy globales que nos vayan pareciendo)).

      Reconocer que esto es ilusión parece que es ir hacia atrás, en el camino de estas decisiones, que se montan todas, parece, unas en otras, sobre una decisión primera, esa de elegir creer en la separación.

      > No necesita demostrarse nada ni experimentar a través de ningún otro Ser o entidades varias.

      Claro.

      > Crees por eso que nada ha emanado-dimanado de sí mismo, y que seguimos “contenidos” en esa gran Mente-AMOR .

      Seguimos ahí, claro, en tanto creaciones mentales del nivel digamos “real”, el de la Mente no-dividida. Ese nivel es lo que la tradición llama “Cristo”, que ya sabes que no es un cuerpo, sino un nivel al que accedemos, en vida, cuando perdonamos hasta la última de las ilusiones, la más global, digamos (a la que, como hablamos, debió conectar Buda, como se cuenta en Renard).

      > Es decir, sencillote y facilón.

      lo que para uno puede parecer sencillo para otros quizá no, y este texto y esta manera de contarlo seguro que hay alguien a quien le parece bien, pues hablar de la verdad y el acontecimiento es algo bien divertido también, a lo Badiou (a lo que vuelvo a entrar un poco en la nota del final), y son cosas que hay gente que las conoce, y yo te animo a conocerlo.

  2. Ayyyyy ¡ de nuevo heme aqui. Bien, estaba enfilada pero cualquier “cosita”, ves, nos saca del carril.
    Ya sé, me estaba poniendo en plan Émile Ciorán en el sentido de que <> Yo no intento sacarte de tu guión, es más comparto el que vivo-ímos en una gran burbuja de ilusión, muy” joia” por cierto, y que el asunto se las trae. No voy a repetirme en todo lo dicho en nuestras anteriores epístolas, asi que sé tus respuestas en la misma dirección, por lo que avanzo. Por muy dormido que esté el ser humano, aún y con todo ese lastre, existen muchos destellos de creatividad, “santidad” y /o de “magnificiencia, ” podría decirse en otros aspectos. Es una especie de recordatorio (yo diría que por fortuna) de su herencia como hijo de Dios, que aunque pocos seres humanos lo vivencian y experimentan (entre 6500 mill) la bendita iluminación se da, se ha dado y se dará, sin necesariamente ser considerados en el santoral católico u otras religiones. Y como la ignorancia es osada, yo me atrevería a decirte que muchas de esas creaciones que han quedado como legado y que ya apuntaban a la irrealidad del mundo (por ejemplo antiguo tenemos el mito de Platon) y que la verdad hay que buscarla dentro de uno mismo tropecientos filosofos, santos, gurús, etc), estarás conmigo, en que esta teoría del Curso, aún siendo muy válidos sus ejercicios para intentar acabar con la dualidad y los egos en muchisimos aspectos, es un intento de anular precisamente esa creatividad y alguna potencialidad humana que en estos momentos tan convulsos nos/me estaría ayudando para orientar la brújula interior.
    Querido Iván, puede ser tan aniquilador el tratar de aferrarse a la “revelación” que se dice en el Curso como aferrarse a un dogmatismo religioso, cualquiera de los tradicionales.
    He empezado con Badiou y bueno, quizá me falte tu base de conocimientos de filosofia, pero de momento ahi estoy intentando descifrar algunos conceptos nuevos para mí, pero desde luego queriendo no mezclar un librito (UCDM) dictado por un supuesto “j” en el siglo XX d.c, y que de una forma tan “mediaticamente sospechosa” – sobre todo en N.América – , intente convencer encandilar con frases y palabras amorosas, pero algo late en el fondo entremezclado, como especie de consignas controladoras. Y yo me/te pregunto (la 2ª anunciada arriba) ¿crees sinceramente que una mente, digamos de 3ª dimension (algo que está de moda decir y escribir), está capacitada para “pillar” todo lo que se supone fue lo que realmente Jesus intentó transmitir en su contexto de vida, entre sus contemporaneos, de hace 2000 años? Si 20 siglos despues nos atrevemos a cuestionar los evangelios oficiales, porque aquellos pobrecitos escribientes no llegaon a captar el fondo de sus enseñanzas o en su caso los reescribientes de lo que dijeron los anteriores dos siglos antes ¿ crees que el Paráclito se vino a posar encima de la cabeza de la autora del libro mencionado, para que bieninterpretara lo revelado y con el copy righ ¡ hala a crear escuela, esta es la verdad de la verdad por siempre jamás ¡ El E.S desde luego puede obrar maravillas, pero muy muy “negados” de oido o de alma deben andar muchos Buscadores sinceros y casi el Amor hecho hombre para que no hayan sido los elegidos receptores de tamaña grandeza revelada. No sé, perdón, perdonome, perdoname, es lo que doy de si tratando de ponerlo todo en una comunicación rayana en nivel de egb, pero no quería lanzarme a otra forma de hablar porque incluso en términos más “doctos” ¡ ay las palabras ¡ nos pierden.

    ABRAZOS CAMPEON DEL ESFUERZO Bertha

    • > Por muy dormido que esté el ser humano,

      esto no se trata de percibir, denostar, al ser humano de “x” manera, se trata de cambiar la percepción, no es juzgar sin más, es “juzgar” con “lo otro”, acompañados por lo que nunca nos dejó de acompañar, para escapar de todo juicio tal y como lo entiende el mundo.

      Si ves, el cuento de arriba, esto no va solo de la humanidad, hablamos del universo.

      Es una cosa a experimentar, tu felicidad. No te voy a contar lo que siento ahora, quedaría hortera, o parecería mentira…, quizá “según tu percepción” o “la percepción”…, y vaya, que “son cosas íntimas”…, pero lo que tenemos “dentro” no se puede comparar con nada nada nada, es brutal, confiar en esto, es increíble.

      Si necesitas más mundo, si sientes como que has perdido algo, o cansancio…, o que te has perdido mundo, cosas…, etc., no sé si el mundo va realmente a satisfacer esa necesidad infinita (no creo), porque el problema es la mentalidad, ya sabes: el aceptar que somos un ser necesitado, con carencias, y que “ahí fuera” está la solución. No hay grados aquí, no hay posibilidad de satisfacerse ahí fuera, siempre hay “un poquito más, mejor, etc.”, porque cualquier persona ha visto o hecho más y menos cosas que uno mismo; es decir, en buena teoría: no vale con decirse a sí mismo : es que yo tengo que ver o hacer esto…, es que sé poco, mucho de esto otro…, nada, porque siempre habrá algo más, alguien mejor en lo que sea, con más lo que sea.

      > aún y con todo ese lastre, existen muchos destellos de creatividad, “santidad” y /o de “magnificiencia, ” podría decirse en otros aspectos.

      por supuesto, pero esos destellos serían reflejo de algo que tú también tienes dentro y que te espera, para cuando quieras; y da igual en lo que se refleje, sean “obras eternas” que luego adorarán otros “humanos” o sean simplemente actos inspirados del tipo que sea. Y esos destellos, cuando la gente los tiene, les importan no por lo que consiguen con ellos ahí fuera, sino por cómo se sienten: eso te lo dirá cualquier artista, por ejemplo.
      Lo del curso simplemente reconoce la universalidad de este tema y dice claramente qué está pasando, por qué los artistas dicen eso tan raro de que en realidad sale solo, y que no les importa el éxito, lo conseguido en sí…, sino el trabajo…, etc. Importa la duración de esos instantes donde no estamos aquí, porque realmente nosotros no somos de este mundo, como igualmente tampoco lo era Jesús, aunque él parece que se dio cuenta “antes” (nuestros cuerpos aparentemente sí son “de este mundo”, pero solo son nuestros porque lo creemos (y proyectamos “desde otro nivel”); ya sabes).

      > iluminación se da, se ha dado y se dará, sin necesariamente ser considerados en el santoral católico u otras religiones.

      eso por supuesto, lo sabemos y eso se recuerda en Renard.
      Además, esto que tratamos aquí no es “otra religión”, en absoluto (aunque, como de todo en este mundo, se intentarán hacer instituciones, con jerarquías, etc.); esto no es otra “religión” pues con esto aprendemos muy claramente cómo es que “la religión” no se puede instituir (sin ir más lejos, ello se debe a la semi-cita que tenemos por ahí: «[…] el mundo es la creencia de que el amor es imposible»).

      Y la iluminación no es tan común, no digas lo que quizá quieres decir aquí: que es cualquier acto de creatividad lo que ya da signos de una iluminación. Para nada.
      Iluminarse es como un estado “final”, de vuelta a casa real, de realmente no sentir dolor, no percibir en absoluto nada de lo que normalmente percibimos sesgadamente por el miedo: no percibir necesidad, miedo, dolor, ataque, etc. El mundo deja de pesar; eso es lo que sabemos por lo que cuentan aquí, no lo podemos “rebajar” a “cualquier cosa bella y muy creativa”, por ejemplo.

      > es un intento de anular precisamente esa creatividad y alguna potencialidad humana que en estos momentos tan convulsos nos/me estaría ayudando para orientar la brújula interior

      es lógico sentir que hay que defenderse, ya lo hemos hablado, no es la primera vez, esto del curso es muy bonito y a la vez muy diferente; lógico que algo tan rompedor cree defensas donde llega, pues a donde llega es a su pretendido enemigo, el ego; pero esto no tiene enemigos; nosotros podemos creer que los tiene; lástima, porque no es así;

      si tienes que defender tu identificación con el cuerpo, con el orgullo de haber “creado” otros cuerpos, etc. etc., pues vale, poco a poco; nadie obliga a nada, excepto que sí que te podría pedir que no juzgaras, no “difamaras” 🙂

      Me temo que si tú lo sientes así, lo percibes así, sería digamos que por miedo “del ego”, del sistema del ego, ese que es lo que a todo el mundo nos tiene por defecto como “apresados”; estamos entregados a ese victimario con gusto…, y sarna con gusto no pica;
      si tú crees que así te va bien y que no hay que “exagerar”…, pues nada, no pasa nada; a mí sencillamente me parece que es el mundo lo que es “lo exagerado”, lo bestial, lo brutal;
      y sé que estoy dispuesto felizmente a no transigir, poco a poco, porque nada de esto me parece natural: la muerte, la destrucción, el ataque, el juicio; nada;

      en general aquí por defecto todo es demente; y parece pues también demente que todo esto nos parezca natural, y que, una vez conocemos algo de esto, no luchemos poco a poco por al menos borrarlo en nuestra percepción, que es lo único que podemos hacer —y que, además, haremos, según se dice, algún día, en una vida o en otra, en nuestro largo periplo de “reencarnaciones” expiando una culpa que nosotros mismos nos hemos inventado decidiéndonos por una cosa que no podía ser cierta (la separación con respecto a la Mente); ok.

      Es difícil reconocer que esa “otra cosa” (el sistema del amor), que conocemos, no tiene nada que ver con este sistema; esa es la historia, hacer un “o esto, o lo otro”;
      por eso quizá viene bien, para según quién (para otros vendrá mal), por ejemplo, hablar de cómo hay cosas similares en filosofía más “normal”, que instan a pensar bien la elección, el instante de la decisión, el “o esto o lo otro”; y “por casualidad” yo conozco algo lo de Badiou y alguna cosa más…, y hablé-traduje incluso algo para la anterior web;
      en estas “filosofías” se plasman pues “roturas” similares, “no transigencias” similares, como la que vemos aquí entre verdad e ilusión (también, en esto de la “filosofía académica”…, está Kierkegaard, fundamental dicen para estos asuntos del “instante”, y la “elección”…, y que es un autor que no conozco, o conozco nada más que por lo que comentan alguna vez otras gentes).

      De esto va este asunto, de reconocer eso: el que los dos sistemas de pensamiento son incompatibles;
      y queda practicar lo que se desee, si se desea, ejercicios, leer el texto…, o no…, leer a Wapnick si se desea…, o no…,
      y no hay por qué juzgar, difamar, ni nada, rápidamente, sentirse heridos…, nada;

      y no hay por qué decir lo que sea como “juicio final nuestro”, es decir, decidido por nosotros, es decir, del ego, con un:
      “sí, vale, esto está muy bien, pero yo no sigo así o asá o no haré esto…”;
      vamos, que el sistema del juicio hace de las suyas con sus:
      “esto en general es así”, y ale, dictamino esto para la eternidad;
      Eso solo se puede hacer desde la eternidad, que no tiene nada que ver con este mundo, y por lo tanto solo se puede o bien experimentar (conocer) o si no, quedarnos aquí con nuestras componendas, felices y contentos rodeados de futura muerte, pero sin miedo, “da igual”.

      Esto del juicio parece siempre en general como si fuera miedo-culpa proyectado;
      si se quiere podemos no elegir hacer eso, pero, por supuesto, tampoco tienes que sentirte culpable por elegirlo ni yo tengo que sentirme así cuando también lo hago.

      Tú puedes hacer lo que te dé la gana en el nivel de la conducta, no importa, puedes mirar lo que quieras, aprender lo que quieras de artes, ciencias, etc.; pero se trata de cambiar la mentalidad con lo que lo haces, si deseas cambiarla y compruebas que realmente te sientes mejor.

      > la “revelación”

      aclaro, aunque quizá no hace falta: la revelación es una experiencia, rara; el curso no es “la revelación” en ese sentido; en el otro pues la verdad es que es parece toda “una revelación” un sistema práctico así, y no dualista puro, con hincapié en la mente, que parece lo más importante.

      > ¿crees sinceramente que una mente, digamos de 3ª dimension (algo que está de moda decir y escribir), está capacitada para “pillar” todo lo que se supone fue lo que realmente Jesus intentó transmitir en su contexto de vida, entre sus contemporaneos, de hace 2000 años?

      Vuelves a pensar con un principio del ego, el de la escasez.
      Recuerda que esto sucede aquí y ahora precisamente por los medios que tenemos para difundirlo. Es muy bonito releer el texto de Renard.

      > Si 20 siglos despues nos atrevemos a cuestionar los evangelios oficiales, porque aquellos pobrecitos escribientes no llegaron a captar el fondo de sus enseñanzas o en su caso los reescribientes de lo que dijeron los anteriores dos siglos antes

      por supuesto que en Renard cuestionan y cuentan algo sobre lo que pasó con los evangelios “oficiales”, ya que los evangelios parece que son todo un collage, con algunos inventos, añadidos, deformaciones y cortes.…, y vienen de una, además, sangrienta historia de “luchas” entre las propias sectas, grupos…, y “la gran secta”.

      > ¿ crees que el Paráclito se vino a posar encima de la cabeza

      no se “posa”, en ninguna cabeza, no hay nadie mejor que otro, todos estamos conectados y nos salvaremos pues ya lo estamos (visto desde la eternidad lo estamos, y esto que vemos delante ya se ha deshecho, no existe y nunca existió).

      Todos estamos conectados, todos, a lo mismo con lo que estuvo Helen durante los 7 años en los que con reticencias transcribió el Curso, teniendo esa —digamos— “conexión inhabitual”.

      Esa conexión inhabitual fue utilizada —o estaba previsto utilizarla— para “transmitir” este mensaje, y justo ahora que en nuestro sueño podemos escucharlo, y, si apetece, difundirlo sin traumas, y mucho mejor que hace 2000 años de nuestros ilusorios años de muerte y reencarnación.

      Esto que vemos delante no existe; así de sencillo, pero difícil de aceptar.

      Hay algo que no vemos, que sería como el verdadero universo, simbolizado en nuestras palabras como “amor perfecto”, y que “lo une todo” (pero como lo nuestro no existe no puede verlo y no puede unirlo hasta que nosotros mismos dejemos de creer en ello, que es lo único que lo sustenta).

      Este universo es una especie de proyección que hacemos como por sobre eso, ahí, en esa verdad que todo lo inunda (imagínatelo si quieres como un mar de otra cosa completamente diferente) pero que no podemos ver por nuestra propia elección; esta proyección la haríamos como por encima-debajo de la realidad (e imaginemos lo brutal que tiene que ser, de “buena”, la realidad, este “otro mar”, si esto es siquiera un subproducto de un mal sueño dentro de este mar); nuestra proyección no tiene que ver con esa otra “fase marina” :). Y nosotros en general estamos al servicio de un plan de ir deshaciendo, sin traumas, esto tan pesado.

      Si a ti en tu vida, honestamente, revisas y ves que «bueno, está bien», es decir, te dices que vale con lo del sentido común o alguna versión modificada…:
      si te vale con esa versión: «esto está bien», esto «tal cual», es decir, con la versión más o menos normal, que sería “la verdad”…, con
      «de acuerdo, que la gente muere, que uno muere, que la gente entonces…, lo pasa bien…, mal…, vive esforzándose 30, 50, 70, 90 años…, para luego “desaparecer” mental y físicamente y si acaso que queden sus obras y sus momentos felices…, en sus hijos, en perros, en ranas, en “la civilización”…, y que esta civilización a su vez como otro cuerpo más igualmente desaparece en este universo del supuesto azar, en la nada… »

      Si estás muy identificada con ese cuento (para mí el infierno), o algún cuento similar pero remodelado al gusto actual de más “la nueva era” (gusto que repite en parte algunos de los tipos de gustos “gnósticos” de hace la tira de años)…, con cuentos de transformación del universo aunque “no del todo”…, cualquiera de esos cuentos de los del ego, que aún invierte un poco y se identifica con este mundo…, con luces…, cuerpos…, etc. etc., pues vale.

      Pero creo que hay un “cuento”, el único real, que no es nuestro cuento, pues creo que nosotros no somos de este mundo (de hecho aquí no queda absolutamente nada de lo que valoramos una vez pasan unos milloncetes de “años”, y creo que “la mente” es más que esto).
      Creo que la verdad, como su propio nombre casi parece significar, es una; y, como aquí nada es “uno”, no tiene nada que ver con este mundo.

      > pero muy muy “negados” de oido o de alma deben andar

      era el momento por el tema comunicaciones, dentro de nuestro sueño, como he dicho por arriba y como cuentan en algún lado de Renard, creo.

      > es lo que doy de si tratando de ponerlo todo en una comunicación rayana en nivel de egb, pero no quería lanzarme a otra forma de hablar porque incluso en términos más “doctos” ¡ ay las palabras ¡ nos pierden.

      es fantástico que hablemos o “discutamos”, aunque esto de discutir solo se puede hacer con el ego, se dice, y nos podríamos arrastrar, en esto, quizá, si seguimos por aquí, que no creo, pues esto es nuevo…, podríamos hacer esto quizá “para mal”, a veces;
      es lógico tener “momentos malos”, “buenos”, “flojos”, “neutros”…, y da igual;
      da igual el tiempo, el tiempo no existe;
      pero yo, una vez creyendo esto e intuyendo que es verdad (porque no creo en “esta locura” que llamamos universo, el normal, no creo que sea esto lo único que hay y ni siquiera que sea lo más importante), yo creo que esto es falso;
      creo que esta tortura de hacer tantas cosas para la desaparición, la muerte, el sufrimiento aparente de tantos aparentes seres que son inútil y aparentemente sacrificados… no existe.

      Creo lo que dice este curso, algo bien simple pero difícil de aceptar; y para mí es Jesús quien lo dice. Y para mí lo que decía Jesús no se pudo comprender hace 2000 años tanto como ahora. Y quizá es fácil empezar a ver por qué no se podía comprender: sería aún más esotérico, en una era que no tendría, digamos, tanto espectáculo (quizá podríamos decir que esto tiene que ver…), sería más difícil o esotérico el decirnos o decirse a uno mismo en aquel tiempo que, todo esto, era un espectáculo, un invento de la mente pero en otro nivel, con el que encima estamos conectados y que, para todavía más inri, podemos transmutar, haciéndolo “desaparecer”; uf, demasiado, y encima sin internet, sin imprenta.

      Creo que este universo es un monumento fallido que el ego se hace a sí mismo a través de unas mentes auto-engañadas que no son, somos, solamente él, el ego…, unas mentes que están conectadas a una cosa “maravillosa” (que el ego no conoce y nosotros sí)…, maravillosa en comparación con esta mentira (aunque las comparaciones…, son odiosas…, porque son un concepto del ego…, y su mundo, donde tan a gusto nos enseña a comparar y nos enseñamos a compararlo todo…, su mundo ni siquiera existe 🙂 )

      un abrazo

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