No habrá pasado   4 comments

«En esta vida no os amenaza ningún miedo de vuestra temprana infancia, o de las llamadas vidas pasadas, a no ser que creáis tan firmemente en la naturaleza del miedo que permitáis que os domine. Cada una de vuestras personalidades es libre de tomar aquellas experiencias y emociones que quiera de los milagrosos depósitos de realidad, y de rechazar aquellas que no quiera.» (Habla Seth II)

Qué curiosa la doble interpretación que podemos hacer en castellano de: “no habrá pasado”.

En sentido absoluto: ya nunca existirá más “el pasado”

Aquí se trata de deshacer el pasado, pues en el futuro real, el de la felicidad, ya “no habrá pasado”, es decir, no existirá “el pasado”, dentro del esquema lineal del tiempo.

Ese “pasado” en realidad no existe; y realmente nunca existió, aunque con él “castiguemos” o condenemos toda percepción en el “presente” ilusorio; es decir, aunque condenemos el presente falso condenando toda percepción.

Y aunque el presente sin embargo es algo potencialmente eterno, lo normal es que unamos el futuro con el pasado en una tenebrosa continuidad de miedo y culpa.

Es decir, en el futuro real, cuando “yo me cure”, cuando uno “se cure” —y esto puede ocurrir siempre en parte “ya mismo” para todos, ahora mismo…—, en el futuro…, digo, no existirá “el pasado”; el pasado no existirá porque se reconocerá que jamás lo hizo, reconociendo nuestra auténtica realidad, la única (amor perfecto).

La otra interpretación de: “no habrá pasado”

Aquí tomamos “no habrá pasado” como “algo no habrá ocurrido”. Sencilla y solamente eso: no ha ocurrido. Es decir, que algo, por ejemplo algo pretendidamente “malo”, algo susceptible de ser por ejemplo castigado —en una concepción clásica—, “no habrá ocurrido” si lo perdonas realmente.

Y para perdonarlo realmente, para perdonar toda percepción, no debes reconocer la realidad de lo que pretendidamente hay “ahí fuera”, de lo que pasó “ahí fuera”, y que, oh, “te hirió sin remedio”. No. Lo que pasó, pasó, ya ha pasado, porque el pasado no existe; todo nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos, condenando el presente ilusorio pero potencialmente eterno con un pasado que siempre es ilusorio.

Es curioso cómo podríamos “resumir” el Curso del que hablamos solo con esta frase: ‘no habrá pasado’, en estos dos sentidos.

Nuestra felicidad depende de aprender a reconocer que “no habrá pasado”, en los dos sentidos, pues nuestro presente está condenado, por nosotros mismos, con una ecuación que lo culpabiliza constantemente:

— Pasado = “pecado”, lo cual implica fabricar un presente “culpable”, ya que éste tiene miedo al futuro, ya que el presente, auto-condenado, ve siempre —de una manera más o menos inconsciente— ve siempre “un castigo” en el futuro, ve al futuro en tanto que castigo posible. Y aunque tal cosa la veamos “ilusoriamente”, pues es solo nuestra ilusión, es importante el hecho de que creemos en ella “con seguridad”, el hecho de creer en ella y por defecto solo en ella: creemos con seguridad que futuro = castigo, a un nivel más o menos profundo del inconsciente-ego; creemos que indudablemente vendrá el castigo, que éste es merecido…, etc.

Y así, el presente se hace presente de “culpa”, luego nunca hay nada realmente presente (solo proyectamos ilusiones ahí, culpa).

Sabiendo esto, uno puede reconstruir, para uno mismo (lo cual potencialmente nos cura a todos, pues la separación es ilusoria), podemos reconstruir “el verdadero futuro”, aquel donde no hay pasado-presente-futuro, sino solamente un “siempre”, un eterno presente de “no culpa” (de felicidad): las cosas “no habrán pasado”, y sencillamente porque no han ocurrido y el pasado no existe, ya que ninguno de nosotros somos de este mundo (la felicidad no es de este mundo), aunque parezca que todo nos indique lo contrario (que sí somos “de aquí”).

Puede ser difícil de aceptar una “verdad” como esta, pero así es: este mundo lo fabricamos —digamos que “desde otro nivel de la mente”— para auto-engañarnos al respecto del tiempo y de nuestra verdadera realidad, que no tiene nada que ver con este universo, que es solo nuestro sueño.

Y por cierto, como ya hemos visto, este era el verdadero mensaje del malinterpretado Jesús, un rabino judío que contó algunas cosas, a raíz de su experiencia de “iluminación”, que como vemos tienen y tenían tremendas implicaciones “ontológicas” (esencialmente no “moralistas”)1.

«Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
En esto reside la paz de Dios»
(«Un Curso de milagros», pág. 1.)

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1. Se trata de un mensaje —sobre todo enfocado a la práctica— que se clasificaría como no dualista puro. Es no-dualismo, como el Vedanta Advaita, que también reconoce la intrínseca ilusoriedad de todo lo que vemos (como se nos cuenta también en el texto de Gary Renard, y como vemos divulgado en varias páginas de internet).

Pero, además, se trata de un no dualismo “puro” por insistir en el trabajo de negación (que no de rechazo) de esta ilusión de realidad.

Dicha negación se consigue perdonando toda percepción: haciéndose responsables, explícitamente, de la ilusión, para negarla en todas sus manifestaciones sin rechazar el mirarla de frente, ya que no es nada; y sin necesariamente renunciar a vivirla, pues no es nada. Pero “hay que” mirarla de frente, ya que, recordando aquello del anterior párrafo: este mundo lo fabricamos literalmente como un ataque a Dios, y no podemos asentir globalmente al mundo y decirnos, más o menos conscientemente…: “todo está conectado, y todo está bien” (más sobre no-dualismo puro en este otro artículo). Este mundo es por tanto el símbolo de la separación ilusoria con respecto a la Mente, a Dios. Este mundo es ese “pecado” ilusorio que aún está en nuestro inconsciente esperando a que lo veamos y lo deshagamos, pues no es nada. El ego vive de ello, y nosotros hacemos vivir al ego creyendo en él, e, inconscientemente, en su “realidad” de “pecado”, de ese pecado que nunca existió (acompañado por sus amados e igualmente ilusorios “castigo” y “culpa”), y que, por tanto, no es real, no tiene realidad, es irreal (pues la separación de la Mente, de Dios, no es posible).

Es decir, no se trata solo de poder pensarnos ya todos como estando “ya iluminados”, como que todos “ya somos Dios”…; no. Habría más bien que realizar el trabajo de deshacer el ego, pues nosotros estamos identificados por defecto con el ego, quien está a cargo de la ilusión de toda esta “realidad” irreal. Es decir, nosotros “estamos a cargo de todo esto” (si somos “realistas”, es decir, si nos pensamos añadiendo la parte inconsciente). Y, por tanto, será “debido” precisamente a esa conexión ontológica: el “estar a cargo” de ello…, aunque diríamos en principio que “en otro nivel de la mente”…, será debido precisamente a eso por lo cual podemos concebir que igualmente nos podemos “iluminar”, en tanto que proceso “real”, el inverso, en la “historia” de este universo como “prolongación del primer error de creerse separados”; esto diríamos por tanto que es una especie de “camino” en sentido siempre “contrario” al de la fabricación de esta ilusión que llamamos realidad; este camino es el del perdón total, de todo y de todos, siempre y para siempre. Por tanto, debemos poder mirar al ego para deshacerlo, de igual modo a como parece que decían los maestros advaitas que se podía hacer: sin cambiar necesariamente para nada la actividad en “lo exterior”, lo cotidiano. La felicidad no está ahí fuera.

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Publicado 6 agosto, 2011 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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