De la verdad como unificadora, ya que «propósito es significado»: la «unicidad» de la felicidad   1 comment

«Lo que acabo de decir se aplica a lo que has dicho. En un contexto, lo que vosotros llamáis realidad física es un sueño, pero en un contexto más amplio es un sueño que vosotros habéis creado. Cuando seáis conscientes de que sois vosotros mismos los que le dais forma, tendréis acceso a la memoria de vuestro ser total.
» Y, cuando seáis conscientes de que de igual manera sois vosotros los que dais forma a los acontecimientos de vuestra vida, aprenderéis a tener el control de la totalidad de vuestra conciencia en cualquier aspecto en que ella se muestre en esta vida. Con todo esto os daréis cuenta de que no sois impotentes. Recordad también que esta vida es
una dimensión de experiencia y de realidad, aun cuando sea un sueño en un nivel superior de realidad en el que tenéis vuestra conciencia más amplia.» (Habla Seth II)

La verdad, como ya dijimos, al final resultó ser algo muy simple.

Anticipándonos a lo que vamos a hablar, a lo que queremos desplegar aquí abajo, os pediría que, con mentalidad abierta, aceptarais como “hipótesis”, o leyerais rápidamente, las siguientes premisas unificadoras (y una especie de deseo, el 7)…, que servirían como marco a asumir para poder hablar a gusto de propósito y significado (nota: seguimos hablando y haciendo algunos resúmenes de ese Curso tan esencial, del que hemos hablado desde este artículo anterior en adelante):

1.- Verdad:

La verdad es una sola.

2.- Significado:

Significado es alegría, es ganas de vivir, etc.: cuando las cosas y las gentes tienen significado para nosotros es porque de algún modo comparten o se comparten, con nosotros, ciertos quereres, poderes, intenciones, propósitos, etc.

3.- Felicidad:

La felicidad tiene que ver con el hecho de dicha “unicidad” de la verdad, la del primer punto («una sola verdad»)

4.- Propósito:

Como sugerimos ya en el punto 2, al final, ocurre que significado es propósito, que propósito es significado.

5.- Dualidad (caos):

El universo (sociedades, planetas, “ecosistemas”, “vidas”…) es, por defecto, un caos de significados-propósitos donde “arreglárselas”, y donde, por tanto, perderse. Por ejemplo en relación a esto se diría que tenemos que “arreglárnoslas por nuestra cuenta” (el mundo del “ego global”).

Así, creeríamos en principio que somos esencialmente “víctimas” de lo de fuera, o bien exitosos actores en el guión de lo de fuera: da igual, es dualidad.

Creemos —desde y por el mismo hecho de nuestro “indefenso” nacimiento— que es eso de ahí fuera lo que nos somete a sus quereres, a sus vaivenes…, que estamos sometidos por tanto a los vaivenes de la fortuna. O creemos que lo de fuera es esencialmente algo donde nos debemos probar como individuos: probando nuestra valentía, fuerza, poder…, o nuestra inteligencia, nuestra individualidad; creemos por tanto que “lo de fuera” es algo a “individuar”, como si lo que “vivimos” no estuviera ya básicamente escrito, como si las “vidas” no atendieran todas a una especie de destino, a algo “ya escrito”.

6.- Guión del ego (el programa elegido):

Aunque nos parezca increíble, este caos —el universo, las sociedades, las civilizaciones, etc.— atiende básicamente a un guión, a un programa; está programado.

Este guión lo hemos aceptado nosotros mismos, y lo hemos elegido(!), por mucho que nos cueste creerlo. Lo hemos aceptado y elegido vivir desde —podríamos decir— otro “nivel” de lo mental.

Por tanto, es un programa auto-programado por la mente dividida colectiva que somos.

En el universo, por cierto, solo existe “lo mental”. Esto os puede resultar evidente si miramos con cierta inocencia —y con un cierto tipo, quizá muy particular de, digamos: “escepticismo”— a eso que llamamos “materia”. La materia es simplemente una idea más, esencial para nuestro “mundo de la separación”, pero nunca nadie ha visto “materia ahí fuera”; los humanos tenemos que inventarnos el siguiente razonamiento, que ahora diríamos que es engañoso, que es un engaño; nos decimos, con mucha fe, que, “antes de los humanos” no había “humanos”, y que eso de “ahí fuera” seguía estando; así que, por ello (concluimos de forma engañosa): los animales, las plantas, la “materia”…, son algo independiente de “nosotros”, y, seguimos concluyendo falazmente: por tanto tales cosas son independientes del sueño que llamamos “consciencia”, “inteligencia”, etc.

Pero ahora, y para nuestra mayúscula sorpresa, este razonamiento ya no es tan obvio, no para nosotros (que creo que tiene nombre, algo así como el “razonamiento del fósil”); en realidad, si somos muy escépticamente estrictos, ese razonamiento es fantasioso, pues se inventa un “mundo sin nosotros”, mundo que jamás nadie ha visto; en realidad el universo es nuestro sueño —como ya dijimos: “desde ese otro nivel de lo mental”, nivel al que estamos conectados. Por tanto, nunca existió tal cosa como “la materia”, ya que, para colmo, ni siquiera el universo ha existido fuera de ese sueño, que es solo un sueño y que es nuestro sueño.

7. La verdadera “lógica”; el deseo:

Queremos ser felices.

Por tanto, si atendemos a los 7 puntos anteriores, el significado —es decir, el propósito— es algo que se debe prestar a una posible unificación, ya que solo hay una verdad (1) y queremos ser felices (7). Así, unificando significados-propósitos aprendemos algo sobre qué supone unificarse hacia la felicidad, cosa que hemos dicho que tiene que ver con la “unicidad” de la verdad, con su cualidad de ser “una sola”.

Debido a lo dicho en el punto 5, donde hablábamos del caos de propósitos-significados, tenemos que aquí, en este universo, constatamos por tanto que en cierto modo no podemos estar “en la verdad”; no lo estamos si tenemos a la vista el punto 1, el de la verdad como unidad. Así que aquí, en el universo, la experiencia es esencialmente no verdadera, es decir, “falsa”.

¿Cómo se sale de aquí?

Así que esto que ahora vamos a decir, que sería algo aparentemente de lo más “vacío” (para el ego, que busca siempre “ser especial”, conscientemente o no), esto, sería “lo único real”: se trata de la sensación de “vacío” —para el ego— que puede dar el pensar en que los propósitos que nos unen, con los que nos unimos, que dan significado a nuestras vidas, solo son verdaderos por dicha unión experimentada (por esos instantes, vividos a veces como acontecimientos, como presentes eternos, etc.); es decir, solo dan un auténtico significado por acercarnos a una especie de unión más amplia o profunda, y no por algo intrínseco a los objetivos, a las metas o los intereses que están asociados a los propósitos (no por algo relativo al mundo, a lo conseguido, al resultado: artístico, etc.).

Nos “unen” por tanto, sí, pero no solamente en el sentido de “unirnos con el resto de personas”…, sino también con eso que llevamos dentro como canal con la Fuente; y es que en realidad, aquí, somos uno y “no hay nada ahí fuera”…, es decir, el universo —y todos aquí— “somos uno”; y el universo y nosotros en él solo podemos ser contemplados de dos maneras: con el miedo o con el amor perfecto; por todo esto, entonces, también puede parecer que nos unimos de forma “perfectamente amorosa” por ejemplo con “la materialidad”: en “el arte” —materialidad de pinturas, sonidos, etc.… (o en la forma en que por ejemplo un ruiseñor nunca se repite, nunca repite su canto, por simple que éste parezca). Es decir, las diversas expresiones de nuestro mundo pueden estar canalizadas por esa “energía” (que es pensamiento, “global”, del nivel “superior”, pero del nivel que no es el errado, del nivel que no es del miedo y el de su sistema) digamos que muy puramente creativa: la del “amor perfecto”, que solo se refleja en nuestro universo, y que no se manifiesta directamente, sino que solo se expresa reflejándose, así como indirectamente (su Fuente no es de este mundo, que es solo nuestro sueño y que desaparecerá (y nosotros estamos a cargo de su desaparición, a cargo de la dichosa tarea de dejar de creer en este absurdo de ciclos de destrucción y “vida” ilusoria)).

Decíamos antes que vivimos por defecto en la realidad falsa. Y esto tiene que ver con que todo esto que vemos por defecto delante nuestro es nuestro propio sueño; además, y muy importante, este sueño tiene un propósito, es decir, pretende tener una especie de significado (un significado imposible), y que llamamos “la separación”, difractado como está en sus aparentemente infinitas manifestaciones: pretende pues continuar con la idea de la separación (recordar, no hay nada fuera de “lo mental”, todo son “ideas”), para lo cual este inmenso engaño se vale de su héroe favorito: el cuerpo, con su “podemos estar separados”, con su “hay que arreglárselas”, y un infinito e impepinable etcétera.

Diciéndolo rápidamente, pues, la realidad falsa está caóticamente compuesta de significados incompatibles y fragmentantes, que dependen de uno que los subsume a todos, el gran no-significado: la separación.

Y ahora vayamos a lo que no es separación (que no es de este mundo). De ello ya hemos hablado arriba a cuento de la expresión. Y bueno, se trata también de decir que la verdad es una experiencia, y, al final, solo es eso, una experiencia. Sería por tanto la aproximación progresiva a lo que se llama “conocimiento”; y aquel “estar en la verdad” no tiene nada que ver con lo que en el mundo se llama ‘conocimiento’, con ese “conocer lo de fuera”…, con ese “saber” algo en el mundo…, etc. Y la verdad, en el sentido “procesual”, de proceso, sería pues la experiencia progresiva de la felicidad, y, habíamos dicho, por tanto, sería la experiencia de cierta unificación (de propósito-significado).

Pero… ¿qué unificación? Pero ahora viene por tanto “lo gordo”, algo importante: esta unificación es esencialmente contraria a la pretendida unificación del mundo (bajo la idea de la separación). Juega a la contra, absolutamente. Nuestra felicidad (y realmente la única salvación posible de este sueño, de la cual, ya hemos dicho, somos agentes —de su feliz desaparición) depende de darse cuenta de esto, es decir, de no despistarnos nunca con las cosas “del mundo” (pues estrictamente hablando en este sistema: “no hay nada ahí fuera”).

Así, el mundo está unido de dos maneras radicalmente distintas:

  • A.- al modo de la unión falsa, la que construye y “constituye” el universo que vemos, que es lo falso, en tanto que todo cumple el propósito imposible de la separación, siempre ilusoria: un significado fragmentante, un fundamento que no fundamenta nada, una nada como fundamento.
  • B.- la que hace desvanecerse el universo del punto anterior, construido sobre la ilusión de la separación. Es la que nos llama desde dentro a deshacer este sueño, a que reconozcamos que es nuestro sueño y solo un sueño. Es el Propósito Universal (uno en el que nos unificamos en un proceso que además no depende de nosotros, y donde “nos dejamos elegir”, por tanto, por ese único propósito verdadero que hay aquí en el universo —el de deshacerlo).

El proceso de la sabiduría (una práctica indisociable de esta sencilla teoría), el proceso de hacerse sabio, de “iluminarse”, es el proceso de darse cuenta —en todo momento, pensamiento, acto, etc.— que los dos sistemas de “unión” son incompatibles.

Esto se consigue viendo que:

  • todo, en la realidad A, es lo mismo: que todo lo que propone el mundo depende al final de la idea de la separación (cuyo fundamento es el ataque ilusorio a la Realidad Mental de donde todos salimos y donde nos dormimos soñando este universo; un ataque a la Fuente, a lo llamado desde siempre Dios, etc.); y es, como dijimos nuestra idea, siendo algo de lo que por tanto tendríamos que responsabilizarnos hasta el último nivel que podamos; un nivel o escalón digamos que siempre “mental”; y ello lo conseguimos además siempre negándola, pues no es nada, es un mero velo ante la verdad;
  • y también que todo lo vivido en la realidad B es a su vez lo mismo; lo cual tiene que ver con aquella independencia de la que hablábamos, independencia entre: los propósitos vistos como “mundanos”, y la unión realmente conseguida, que sería lo único verdadero.

Se consigue, pues, decíamos, constantado la “mismidad” de todo lo que pertenece a ambos sistemas, es decir, viendo que todo, en la “realidad” de A y en la realidad de B, es lo mismo, pero lo es en cada una por separado, pues con todo esto y a la vez, al mismo tiempo, debemos ir constatando la estricta diferencia entre ambos sistemas. Es decir, usamos la idea de lo mismo para constatar que solo hay dos cosas “diferentes” en el mundo, y una de ellas es falsa (así que estamos usando la idea de lo mismo en dos sistemas aparentemente diferentes, pero para hacernos con una mente no-dualista pura, es decir, que reconozca la esencial falsedad de todo lo que hay en el universo).

[Y ahora una especie de descanso y de comienzo de la fiesta-análisis…, que nos servirá para hablar de tal unificación y de otras cosas.]

Así que tenemos estas enseñanzas clarificadoras, simples, que podemos aprender a vivir empezando a trabajar este Curso del que ya dijimos que hablamos desde hace algún tiempo.

Este curso, recordemos, habría sido impartido por el canal de comunicación que nos une con la verdad (canal que es lo más compartido del mundo, en realidad). Nuestra “fatídica” y engañosa “tradición” en temas religiosos (la religión no se puede instituir, es imposible) denominó a tal canal “Espíritu Santo”, y así lo sigue llamando el Curso para intentar restaurar el significado que se quiso dar a dicho nombre en tanto que es ese canal hacia la felicidad.

Al parecer fue ese polémico “maestro” judío que en occidente es llamado “Jesús” quien habría alcanzado por primera vez entre nosotros un contacto completo con la realidad de dicho canal. Este “contacto” nos enseña pues, entre otras cosas, algo muy importante que ya hemos comentado: que este mundo, universo, es una ilusión; que el mundo es nuestro sueño (lo hemos elegido).

Así que, por lo dicho, al Espíritu Santo («E.S.») también le llamaremos a veces «J.», o a veces «Jesús».

Algunas de tales enseñanzas simples —íbamos diciendo…— que ya hemos esbozado arriba nos pueden parecer de “estilo recetario”, o “recetas”. Así podrían ser usadas para empezar a modo de auto-ayuda —por qué no (y quizá ahora lo vaya a parecer o lo haya parecido ya; pero de ahí querremos siempre salir y regresar enseguida, si tal cosa parece, hacia “la Ayuda” del Curso, “ayuda” que concierne a entender realmente de qué va este sueño de universo).

En concreto, como hemos visto, tales simples enseñanzas (tan simples como la verdad lo es, aunque lo difícil sea aceptarlo), a veces tienen que ver con una especie de “análisis de los propósitos”.

¿Por qué hablar de ‘propósitos’?

Dijimos que «propósito es significado» (esto lo dice J.).

Porque…: ¿cuándo, cómo o por qué las situaciones o las experiencias tienen o no significado para nosotros?

Cuando vivimos “sin significado” puede darse lo que llamamos “depresión”. Si sentimos algo así se debería entonces a que habría habido, en nuestras vidas, digamos que una especie de desbaratamiento.

Ello tendría que ver, en un nivel, con el problema de los propósitos. Podríamos entonces pensar, en plan auto-ayuda, que “nosotros mismos” no habríamos “vigilado” lo suficiente, o bien no lo habríamos hecho de alguna forma efectiva, todo este asunto de los propósitos; los propósitos-significados nos rodean, o creemos que los tenemos…, o que “nos tienen”.

Parece pues que este asunto es central, pues todo este problema con los propósitos, como comprenderéis, es algo que principalmente o normalmente uno “lo lleva” de una forma más o menos inconsciente. Y de hecho el mundo estaría precisamente para eso: presentarnos un caos donde perdernos, un gigantesco espectáculo. Y recordemos que este espectáculo lo hemos elegido para así poder proyectar ataque (dependiendo del ataque básico del que hablábamos arriba); y el fenómeno de la “culpa” en general tiene que ver con el ataque, el auto-ataque, etc., que sería lo que mueve el universo, a todos los niveles —mentales—, y a partir de una separación imposible que es lo que dio pie a esta historia: es imposible separarnos del amor perfecto (la Fuente, Dios, como se quiera llamar) de donde salimos como mentes; pero sí que nosotros podemos creer tal cosa, y culparnos por intentarlo; y eso es lo que sucede en un nivel inconsciente; y esa creencia (y la subsiguiente culpa) de que «el amor es imposible» es justo lo que este universo es (nada).

Así pues, venimos al universo de la separación —a partir de ahora: el del ego— desde aquel “otro nivel”, a meternos de nuevo en otra película más (“vida”), y a que aparentemente se juegue aquí con nosotros, con todo este devenir caótico en las sociedades, las vidas…, creyendo que aquí podemos o no “controlar” algo…, o, más bien, que somos siempre para empezar las víctimas inocentes de todas las cosas en general (como indefensos bebitos, etc.).

El mundo de ahí fuera parece pues arrastrarnos con propósitos-significados, con los propósitos, las intenciones, que ya llevan impresos los objetos, las instituciones, las tradiciones o su falta…, las “costumbres morales” o su falta…, etc. Y nosotros digamos que habríamos siempre “interiorizado” algunos de tales propósitos: unos sí, otros no, unos de aquella manera, otros de la otra…, pero siempre de forma caótica, pues los propósitos, una vez que hay más de uno, son siempre potencialmente conflictivos y siempre por tanto se va a manifestar algún conflicto dentro del guión que hemos elegido, un conflicto que podemos en parte creer que “analizamos” con todo esto que estamos hablando aquí (y el universo está para manifestar eso precisamente, conflicto: está para “echarle las culpas”).

Pero más que el resultado del análisis, lo que nos interesa es interiorizar el marco presentado, desde donde hablamos (interiorizar el “cómo es que podemos hablar de analizar nada aquí”), y, para ello, usaremos —como hace J.— el valor de la idea de propósito, o más bien: la experiencia de “vivir con propósito”.

Y dentro de lo que queremos empezar a entender como “propósito” podemos y debemos aglutinar por tanto muchas cosas; para empezar (y simplificando):
– el interés: estamos o no “interesados” en algo debido a que ello cumple o no con nuestro propósito “subyacente”;
– las intenciones; la intención que vemos en algo de “fuera” puede ser conscientemente o no vista como que casa con nuestro(s) propósito(s), que serían los que más o menos deseamos ver cumplidos en ese periodo de vida, o en ese momento o en esos encuentros “ahí fuera” —encuentros con las posibles “intenciones” de las cosas o personas de “ahí fuera”;
– las finalidades;
– las metas.

Así que, conscientemente o no (y he aquí el problema), en un principio, en el mundo, parece que nos sentimos “llenos”, es decir, que vivimos “con significado”, cuando el mundo se nos presenta “con propósito(s)”, o bien “nos presentamos” y representamos al mundo como “con propósitos”.

Y los conflictos pueden venir por tanto debido mismamente al irremediable conflicto entre propósitos, a la composición o descomposición de nuestras vidas relativa al imposible “manejo” de estos propósitos (siempre que hay varios son en un primer momento conflictivos, así que ahí estamos para “arreglárnoslas”, nosotros, los «héroes del sueño»).

Pero, hablando de forma muy simple: los propósitos no son “malos en sí”, obviamente. Al final, si queremos aprender lo que aquí decimos y si entendemos las premisas desde las que hablamos, “debemos” aprender que solo hay un propósito (el Propósito Universal del que hablábamos), y que por eso mismo sería importante ver cómo funciona este sencillo “problema del propósito”.

El propósito, cualquiera, unifica —parcialmente— nuestras vidas. Es decir, debemos unificarnos de alguna manera con “lo del mundo”, pues, obviamente, hemos de aceptar que vivimos en el mundo; es decir, desde el principio no vivimos aquí ya “felices” (= unificados en el Propósito Universal), pues el mundo es el mundo; es decir, no nacemos ya habiendo interiorizado un solo propósito, y que solo podría ser ese Propósito, el contrario al de la separación (es decir, por defecto no nacemos ya “iluminados”, felices, es decir, ya con un pie fuera del sueño, tal y como sí pudo vivir por ejemplo J. durante el periodo final de su vida).

¿Y cómo que el propósito en general unifica?

Siempre evaluamos las situaciones, las cosas, las personas, más o menos “infernalmente” —y sobre todo inconscientemente— como “buenas” o como “malas” según satisfacen o no los requerimientos para que nuestro propósito se cumpla. Es decir, proyectamos un horizonte en los eventos de ahí fuera, que los dota o no de la profundidad y potencial “alegría” (aunque luego veamos que esta alegría casi siempre es “del ego”, del sistema A) que necesitamos o no para cumplir con nuestro propósito. Y digamos rápidamente que la falta de tal horizonte de eventos, es el agujero negro de la depresión (en el sistema A; pero si se cambia bruscamente de mentalidad, es una oportunidad para reconocer el único propósito verdadero aquí; y por tanto, estamos diciendo que es posible teóricamente “ser felices” en un abrir y cerrar de ojos, aunque el problema es sencillo de narrar pero difícil de vivir, pues es difícil hacer consciente el inconsciente, y esa sería la tarea: mirar de frente el sistema A, el del ego, en todas las manifestaciones vividas en nuestro pasado y en el presente).

«Por poner un ejemplo…»

Un propósito, por ejemplo, es el de tener hijos, e independientemente de si esto se hace o no por sentirse algo —o muy— culpables (auto-ataque), o por sentirse aburridos con la vida…, o por la supuesta necesidad de “crear”: por ejemplo culpables por “no haber dado aún un heredero” a la familia; o culpables por no haber dado un “nuevo miembro” a “la sociedad”; o culpables por cierto “horrible egoísmo”, y, entonces, tener que buscar “el hijo” como excusa fácil —y muy especial— para hacerlo…, etc., etc.

A veces la gente nos unificamos en dicho ejemplo “sagrado”. Por ejemplo parece que le puede ocurrir tal unificación parcial a muchas mujeres. Una mujer puede decidirse por ese propósito (si es que más bien no le sobrevino). Y, aclaremos, antes de seguir, que a este o a cualquier otro ejemplo de propósito —y si es que queremos “ser felices”— no deberíamos verlos como intrínsecamente “buenos” en sí —o intrínsecamente “malos”—, por muy sagrados que parezcan, ya que, al final, aquí, todo —absolutamente todo— en este universo hemos de poder llegar a verlo en un primer momento como neutro, como “sin significado”, ya que este universo es meramente nuestro sueño (y luego ya iremos discerniendo cuándo y cuánto estamos o no empezando a “proyectar” este universo desde o con ese canal que nos une con el amor perfecto —E.S.—, es decir, desde la idea de “unión”, de “amor”…, o bien desde la idea contraria, la de separación-ataque-miedo; y finalmente en el universo ya vimos que solo hay dos ideas, una falsa, otra verdadera).

Entonces, una vez ese propósito asumido, a veces se da el siguiente “plan de vida” —que es a veces también algo infernal, si queréis, o bien que es muy poco “romántico” :)—, el plan de tener una cierta evaluación como norma de vida (aunque siempre sea “con los propósitos del ego”, incluso en el caso de los hijos, por lo menos aprendemos lo que es la “unificación”). Dicha evaluación intentará llevar adelante el propósito, es decir: evaluar personas, situaciones, etc., en tanto que sean o no útiles para llevarnos adelante a nosotros y al propósito. Por ejemplo: «tal hombre es o no es un “buen compañero”, “marido”, etc.» (o “tal mujer”, pues también una mujer puede tener hijos con otra mujer; pero, para simplificar, hablaremos aquí de uno de los casos digamos “usuales”: una mujer que buscaría, más o menos conscientemente, “un compañero apropiado”).

Ahora bien; si habíamos dicho que la verdad era una sola (y que la felicidad depende de ello —y además tiene que ver con que “todos somos uno”…), es obvio que ahora sabemos de cierto modo “por qué” o cómo es que se da todo este problema con lo “romántico”. Esa mujer pongamos que puede tener un encuentro —o muchos, lógicamente— donde claramente sea llamada —y más o menos “locamente”— por eso que de forma más romántica llamamos “amor” (que en realidad, digamos, nos “universaliza”). En realidad, tal cosa constituiría una tal especie de “llamada” solo en ese momento, el del encuentro. Y en realidad tal cosa es una especie de manifestación del amor perfecto (de ahí lo de la “universalización”), una manifestación de proyección desde el amor perfecto (que en realidad no tiene nada que ver con este mundo, aunque nosotros interpretemos estas cosas enfocándonos enseguida hacia el aspecto institución, hacia la institucionalización: “relaciones de pareja” en general, o incluso “matrimonio” en el caso extremo, etc.). Tal manifestación de amor perfecto ocurre en ese momento digamos que “debido” a que en tal situación (encuentro) podemos admitir algo tan “esotérico” (y casi nos pasa desapercibido en su calidad de “esotérico”); es decir, lo podemos aceptar (al amor perfecto, universal, que no es de este mundo), sin provocarnos mucho pánico aquí en el universo falso —pues al ego le da auténtico pánico el amor (estamos hablando de una manifestación que también sucede por ejemplo escuchando música, etc.).

Ese “amor perfecto” es nuestro futuro absoluto y nuestro pasado absoluto, y sería la única realidad, nuestra verdadera realidad y lo que nos une “perfectamente”, pero fuera de este universo-sueño. Pero digamos que, en este caso —el del amor romántico o su negación— tenemos esa proyección tan corriente: a menudo parece que lo que al final hacemos es proyectar, siempre, sobre el “afuera” de las muy especiales “relaciones de pareja”…, en este caso nos podría parecer que esas manifestaciones, tan tan “espirituales”, se dan un poco fatídicamente, para peor, para el desastre, pues a la gente muchas veces le es difícil o les desorienta la dislocación fundamental que existe entre la dimensión “amor perfecto” del encuentro, y la naturaleza muy diferente del “compromiso de pareja”, que no tiene por qué ser tampoco por otra parte algo infeliz, ya que el amor perfecto no es de este mundo y se puede canalizar de muchas formas, e incluso, en una relación digamos “muy institucionalizada”; y es que somos nosotros los que nos ponemos los “problemas” de “la institución”…, de “la relación”…, pues, al final, esto es nuestro sueño, y vivimos en el universo de la separación —el del ego— sin necesariamente estar muy alertas a que en realidad también estamos metidos en otro juego: el de la posible y necesaria escapada del mismo; no vivimos alertas conscientemente sobre el hecho de que lo que también en verdad estamos haciendo aquí es escaparnos de este infierno.

Pero, entonces, podría ser que la mujer rechazase a dicho hombre, de una forma muy “trascendental” (que no “inmanente” en ese momento), ya que podría ser que, a todas luces, ese hombre en cuestión —del que fugazmente se ve enamorada— no parece ser “realmente” alguien útil para cumplir con el propósito, o no parece que vaya a ser alguien con quien poder “compartir” ese significado-propósito. Pero el plan de “salvación” (de salvarnos de nuestro sueño, un dulce plan que no es nuestro, sino que es del canal que nos une con el amor perfecto) digamos que es diferente a lo que ella o cualquiera nos creemos o nos habíamos planteado a nosotros mismos como “nuestra salvación” (más o menos conscientemente: “cumplir con tal agenda”, en cuanto a tal o tal propósito, en un tiempo “x”, o en un espacio “y”), ya que en “el otro plan” vemos que, en ese momento, tocaba vivir esa especie de acontecimiento, instante “mágico”, es decir: sentir una especie de “amor perfecto” (de conexión con el amor perfecto), en un lugar o momento “no planeado”, fuera del “plan del ego”.

Estas manifestaciones serían pues algo así como una especie de cuña publicitaria que el E.S. metería en todas las vidas. Y poder hacer esto sería su dulce derecho. Pues tampoco quiere decir que si ocurren estas cosas la persona esté obligada a dejar su propósito atrás (vivimos en el mundo, esto es irremediable, y solo podemos salir de aquí en vida y reconociéndolo en toda su enorme “nadidad”); pero sí que simplemente podemos “entender” esos pequeños toques de atención, esos anuncios publicitarios, como lo que son: toques que a veces quizá son “la salsa de la vida”, o utilizables como recordatorio de que la vida real no es de este mundo (y recordando que están prototípicamente “institucionalizados”, y solo institucionalizados, en cosas como el arte, “amor romántico”…, etc.). Esos toques o cuñas publicitarias de “algo que no es de este mundo” los podemos interpretar también como pequeños toques de atención —acontecimientos— que se presentan desde un “no se sabe dónde” para en cierto modo señalarnos que la verdad (el amor perfecto) no es de este mundo, y que es justo ahí, curiosamente, donde está la felicidad, pues nosotros no somos de este mundo.

[Continuará…, para ir desplegando más el tema, que nos quedarían muchas cosas por hablar]

Anuncios

Publicado 9 septiembre, 2011 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

Una respuesta a “De la verdad como unificadora, ya que «propósito es significado»: la «unicidad» de la felicidad

Suscríbete a los comentarios mediante RSS.

  1. Realizo este comentario en “detrasdeloaparente” que archivo aquí también:

    «
    para mí entonces que este universo es nuestro sueño; y la estrategia que yo llevo, que encontré, es una que de entrada podría parecer que tiene unas bases más simples, y también más obvias quizá, si lo miramos desde cierto punto de vista:

    en realidad todo esto no existe (el universo de la separación es solo nuestra ilusión (y lo que más importa, en él, es en realidad que creemos en él, es nuestra creencia en él, precisamente)).

    Y si “todo está en todo”, entonces, nosotros, aquí y ahora, ¡lo podemos “todo”! Y ya solo con nuestra capacidad de decidir:

    – por defecto, por lo que vemos, siempre parece que nos decidimos por seguir soñando este sueño de destrucción cíclica…,

    – pero también podemos trabajar por escaparnos a lo real (amor perfecto), deshaciendo el sueño, reconociendo su inconsistencia.

    Así que como “todo está en todo” (por eso de lo “holográfico”) entonces, podemos, todos, tranquilamente, ir dejando de soñar esto; podemos entonces unirnos cada vez más conscientemente con ese canal interior que nos une con la realidad del amor perfecto (nuestra Fuente); y ese canal lo tenemos todos “dentro”.

    Entonces, lo que podemos hacer —y en realidad sería esto lo que parece que solamente podemos hacer…— cada cual…, es encontrar la paz interior, y como condición previa a reunirnos con nuestra Fuente…, una Fuente que no tendría nada que ver con este universo de la dualidad, de la separación.

    Entonces, podemos aprender a reconocer que es desde dentro de todos y cada uno de nosotros, desde nuestro interior, desde donde se nos está pidiendo dulcemente (no exigiendo) que dejemos de soñar este sueño de destrucción (en ciclos aparentemente eternos de reencarnación, donde nacen y mueren “civilizaciones”, etc.)…, es decir, que dejemos de aferrarnos a cualquier “pasado”, a cualquier ilusión de aquí (y las más fáciles de reconocer en tanto “dañinas” son esas a las que nos aferramos con ira, con mucha “culpa”, etc., y de las que aparentemente nada ni nadie nos podría sacar, o nos podría convencer de que “perdonemos”…, etc.; pero también en las “otras” ilusiones, las más amorosas…, se trataría de usar éstas (de dejarnos usar por éstas, más bien), y felizmente…, aprender con ellas a reconocer que el amor no es algo “de este mundo”, potenciando así quizás “su realidad”, la del amor: en tanto que es la “verdad que deshace el sueño”).

    Así que se nos estaría pidiendo —seamos o no conscientes de ello— que, desde nuestro interior, cada cual, “luchemos” lo más tranquilamente que podamos pero, si podemos, sin relajarnos demasiado …, “luchemos” contra el ego…, deshaciéndolo…, negando su realidad… (pues es ilusorio, no sería nada con lo que se pueda realmente luchar…, y solo habría que dejarlo ir…; aunque es muy duro!).

    »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: