Escapar del programa del ego II: quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos   Leave a comment

«Al igual que los objetos físicos son símbolos que existen como realidades dentro de cierta frecuencia, de igual manera existen, por supuesto, otras realidades a distintas frecuencias; pero en ellas los objetos no son los símbolos principales.» (Habla Seth II)

[enlace al anterior: escapar I]

Como ya casi sugeríamos en el artículo de introducción sobre el tema, yo necesitaba unos mínimos “datos” de partida para poder escaparnos de este enorme embrollo en el que nos hemos metidos solitos, aquí, en el universo, engañados como estamos por el hecho de, en parte, estar enfermizamente identificados con los cuerpos (que no quiere decir que tengamos que, de repente, abandonarlos, o que dejar de cuidarlos y mimarlos).

Necesitaba yo, según veo ahora y así como “retrospectivamente hablando”…, necesitaba unos mínimos datos de partida, aclaradores y que me ayudaran a no sentir que somos pasotas, o que promulgamos simplemente un cierto “pasotismo”, “nihilismo”, “descuido”…, etc.

Al ego le asusta seguramente muchísimo todo esto que vamos a decir sobre “los datos”, todo esto tan ingenuo que vamos a comentar.

Al ego parece que le encanta la complejidad, y, de hecho —obviamente— hay muchas personas —si no todas— cuya subsistencia parece depender —en los mil meandros de la complejidad social— de una cierta auto-condena en la complejidad, de un cierto enfrascarse en diversos niveles de esa tan amada —por el ego— “complejidad”. Por ejemplo tenemos la cerril “complejidad” —tan amada por el ego— de buscarse “cosas que hacer”, trabajos, etc., que en realidad no gustan…, y entonces, luego, decirse, y muy “racionalmente”: es que “esto es mi trabajo”; vivo de esto. Ahí, el programa del ego parece tener uno de sus baluartes más altos desde donde disparar a otros egos y a discreción su fuego de juicios podridos.

Pero, por ingenuo que sea, con los pocos datos de partida que vamos a manejar, responderemos solamente a las siguientes preguntas:
– dónde estamos,
– quiénes somos,
– de dónde venimos y
– hacia dónde vamos.

También en el anterior artículo hablábamos de “escépticos”. En realidad ahora veo que lo hacíamos para poder comentar en este otro texto algo que podría parecer casi anecdótico, pero que tiene que ver con el “uso escéptico de nuestro entorno”. Es lo siguiente.

Parece que esa especie de “método” escéptico, en el helenismo, en general consistía por una parte en proponer un cierto modo de “combatir” nuestros juicios, pero sin atacarlos muy directamente, sino más bien añadiendo otros algo o bastante incompatibles, y, quizá, lo más dulce y apropiadamente posible según las necesidades o el tipo de vida de la persona “en tratamiento” (“en tratamiento” por un médico-filósofo escéptico “de paja”, ese que nos estamos inventando y que lejanamente refleja un poco el modo de afrontar el tema adoptado por Nussbaum en ese libro que ya comentamos).

Es decir, se trataría de al parecer ir buscando una especie de equilibrio mediante juicios equilibrantes; aunque, en un primer momento, podrían parecernos o resultarnos más bien desequilibrantes, ya que se trata de buscar aquellos juicios incompatibles con los que en ese momento “dañan” al paciente; se trataría de buscar o de abogar por cosas algo o muy “contrarias” respecto a las que abogan esos juicios que tienen esos pacientes cuando empiezan a someterse al “tratamiento escéptico”.

Así, abogaríamos por cosas más o menos “incompatibles” con las que en ese momento subyugan, mucho o poco, al paciente en cuestión (que podemos ser nosotros mismos).

Si decidimos salir del yugo de un juicio, uno que vemos que, por ejemplo, nos entristece, podemos recibir —o bien buscar por nosotros mismos— algo alternativo, algo que lo contrarreste, y que, claro, sea algo que siquiera podamos aceptar.

Hoy, con internet, en el proceso o camino más o menos largo de “salir de los yugos sociales”, tenemos una cierta facilidad para hacer ese trabajo de “equilibramiento” de los juicios casi por nuestra cuenta, es decir, con la ilusión de que lo hacemos “por nuestra cuenta”; aunque, como siempre y como ocurre en todo en todo: nos podemos perder (de hecho, siempre que creamos que podemos hacer algo “por nuestra cuenta”, en realidad, estamos perdidos; pero de eso ya hablaremos, pues se habla en el Curso que en parte presentamos aquí)…, nos podemos perder si no tenemos en cuenta la posibilidad de que, todo esto, en realidad y por una parte, podría estar ahí para equilibrarnos, o, digamos, para permitirnos la posibilidad de cierto re-equilibrarnos:

hay mucha “información alternativa”, y tan real o más como “la oficial”; y esa “otra información” nos permite por tanto que, en un primer momento, podamos perderle el respeto (a veces esto nos parece necesario para “liberarnos”) —y perdérselo como quizá nunca antes en la breve “historia humana” oficial—…, el respeto…, a cualquier “versión mayoritaria de las cosas”. Y esto no es algo que, como vemos ahora, se haga solamente “por tener mala leche”, sino por ser en parte “el camino” particular de cada cual, “el camino” a la hora de poder empezar siquiera a vislumbrar un cierto “cómo salvarse” de todo este lío (y, como ahora veremos, esto termina en un punto de vista donde constatamos que no hay un “cada cual”).

Hay muchos ejemplos de “cosas alternativas”. Ellas nos pueden hacer perder la paz, pero a la vez también con ellas también podemos estar en nuestro camino particular de liberación, es decir, podemos estar llevando a cabo ese trabajo de re-equilibramiento del que hablábamos. Es decir, estos temas son temas donde o bien perderse, o bien, en cuanto al “aspecto paz”…, encontrarse; y el aspecto paz (interior) de las cosas tiene que ver “solamente” con que, al parecer, todos, por un lado, estaríamos viviendo aquí, en este universo de la separación, o habríamos “venido” aquí…, a encontrar (reconocer, recordar) nuestra paz interior.

Entre lo alternativo tenemos por ejemplo el tema de (algo hablábamos de ello en la anterior y nutrida web):

– la energía libre…, contrarrestando el en parte aborregante tema oficial de “la energía”…,

– el de “la medicina alternativa” —con versiones, en la alternativa, como la de Hamer (igualmente de probadas “a lo occidental”, y muy de sentido común…)—,

– las “burradas” sobre el control de poblaciones humanas que hacen o intentan “las multinacionales” de varios tipos…,

– el tema de “la historia”, en tanto que es ese gran mito —a niveles colosales—; un “gran mito” debido a por ejemplo toda la serie de pruebas que salen a la luz sobre la existencia de otras civilizaciones anteriores, incluso en el sistema solar… (cosa esta que terminará saliendo, pese a que disuene sobremanera ahora, ya que el imaginario social ha sido construido sobre todo con la ficción de la industria del cine y demás, con películas como: “ET el extraterrestre”, etc.).

– o ese “enorme tema”, el de la clara existencia de otros tipos de humanoides no homínidos en la historia de este sistema solar o en la actualidad…

– y ese largo etcétera que se compone de todas aquellas cosas que “ahora no toca programar en el guión base del ego” (con su “inconsciente colectivo”, etc.).

En mi caso he aceptado juicios o creencias, presupuestos…, que podríamos ver que contrarrestan brutalmente algunos juicios “mayoritarios” que viven en nuestra sociedad, es decir, que nuestra sociedad implementa, estando digamos que fundada, en parte, por ellos; y, como vengo a sugerir: ahora me doy cuenta de que lo hacía para “equilibrar” (pues en realidad cualquier juicio está desprovisto de sentido (excepto cuando vayamos más tarde aprendiendo a vivir el mundo —ese que en realidad no está “ahí fuera”— con nuestro maestro interior), ya que nada de lo que vemos es real, sino que todo esto es solamente nuestro sueño, aunque desde otro nivel de la mente; y es por cierto, repitamos otra vez: un sueño que ya hemos aceptado).

Entretanto, en mi doloroso camino de auto-crucifixión —y de parcial crucifixión de una parte de “los demás” y “lo demás”— y por los motivos que sea, yo estaba dispuesto —”yo”, en mi heroicidad :)—, estaba dispuesto a aceptar quizá un “nivel grande” (ay…, esas comparaciones que tanto le gustan al ego…, grande, más grande…, más, menos…), un gran nivel de eso que, quizá para otros, en otras circunstancias y momentos de su vida, sería “excesivamente dislocante”, pero simplemente quizá por disonante.

¡Qué héroe que soy!

¡Pero no! ¡Simplemente todos somos uno! ¡No hay “otros”!

Pero esto no basta decirlo, y es muy difícil trabajarlo y vivirlo, pues hay muchas capas de “ego” (y los demás siempre van a poder servirnos para “lo de siempre”, que por defecto supone ese servirnos como cebo para que proyectemos culpa…, o bien para hacernos sentir víctimas, tratados injustamente, peores, mejores, etc., etc. en el infierno del ego).

Pero ya digo, todo esto de “lo alternativo” se trata de juicios potencialmente equilibradores.

Por ejemplo la sociedad te propone otro tema, sobre un “juicio mayoritario”; el del darwinismo. Llamemos “mayoritario” a este juicio, considerando que es propuesto por los medios de comunicación, o por ejemplo también por las empresas de libros de texto o las universitarias…, etc. (cosas que están, todas ellas, más o menos —explícita o implícitamente— muy enlazadas); es este además un juicio algo “debatido” (parece que en EEUU más), y con el que se da mucho espectáculo.

Ahí también tenéis versiones más o menos alternativas. Claro que en último término, cuando respondamos a esas cuatro preguntas, también vamos a equilibrar este campo, pues ni el darwinismo ni la versión creo que usual de “creacionismo” van a tener ningún sentido; no si aceptamos que todo esto es “solo un sueño”.

Ese “darwinismo” —como en general la ciencia, por cierto— en cualquiera de sus versiones —más o menos “duras”— sirve en realidad para sostener la fábula de “lo natural”; esa fábula es un mito más, uno de esos mitos que, en el “nivel metafísico”, podemos aprender a desmontar para alcanzar cierta paz (y ya sea que trabajemos o no en ello, “en ciencia”: esto es prácticamente independiente de lo que hagamos, ya que es básicamente una actitud, un cambio de mentalidad); y, decimos, todo puede quedar “desmontado” sutilmente, casi sin que se note, desde la raíz…, debido a que esto un sueño, el nuestro.

Así que, decíamos que quizá podríamos necesitar una “base segura”, unos “mínimos datos” desde donde decirnos, bien a gusto:

– «ah, amigos…, bueno…, esas sí que son “buenas razones” para deshacer el ego» 🙂 …,

– «antes…, lo que es antes yo no tenía “motivos racionales” para pensar así, y yo no me habría apuntado ni pagando a esas tonterías del “ego”…, pero…, ahora…: ahora sí, es decir, mi orgullo o mi arrogancia “de occidental”, ese que necesita tanto “tener razón” (arrogancia muy compartida, en diversos grados y a cuento de las pedradas de cada cual…), se ve esta vez ¡más que satisfecho! 🙂 ».

Y es que quizá nos ocurre, a muchos “individuos occidentales” —seguramente—, que esas cosas de “deshacer el ego”, y demás gaitas…, nos suenan demasiado a:
– “son cosas de blandos, para blandos”…,
– o “de inútiles”…,
– de “poco activos” (vagos 🙂 )…,
– de gente —a su modo y paradójicamente— “egoísta”…,
– o bien sencillamente de gente que está “acabada”, “de psiquiatra”, “en las últimas”.

¡Aj! ¡Qué infierno de mundo, de juicios! 🙂

Al final, y gracias en parte a tener internet, he buscado por mí mismo (sin necesidad de un médico escéptico —qué héroe que “soy” 🙂 ), he buscado juicios que pudieran contrarrestar muchas cosas, como ya dije; pero insistamos en que, al final —y yo en particular me di cuenta gracias al Curso…—…, al final veo que esto no se hace principalmente para quedarse anclados en uno u otro juicio, según sea más o menos “verdadero” o esté más fundamentado, o parezca simplemente ser “mejor”.

No.

Por mucho que nos pese (debido a tenerle gusto aún a cierta inercia a la hora de ponerse a buscar o de querer buscar “la verdad” en “lo de ahí fuera”…), por mucho que nos pese el dejar de buscar —para nosotros mismos— eso de “tener siempre la razón”…, toda esta búsqueda es algo que a veces nos hemos hecho a nosotros mismos espontáneamente, o casi “naturalmente”.

¿Y por qué?

Porque queremos tener paz, y ser felices: es decir, todo lo hacemos para la paz interior, como al final, ya veremos…, hacemos todo, todo…, a la larga.

Y, podría parecer, a veces, que…: ¡qué mejor cosa para ello, para la paz, que ese re-equilibrado! Ese reequilibrado, por tanto, efectuado con más y más juicios…, que, pese al cansancio que da tanto juicio, habrá terminado funcionando como reequilibrante. Ahora sabemos entonces que estos juicios y ese cansancio nos sirven solo en tanto que algo re-equilibrante —y no en tanto que juicios ni, claro, en tanto que cansancio. Y todo esto por mucho que sintiéramos cosas como 🙂 …:

— “¡ay! qué equivocada estaba la sociedad”, “lo económico-político”, “lo científico”….

Y sí…, es que a veces nos sentimos tan tan “engañados por la sociedad”…, jajaja, con sus “mayorías” irracionales…, convencionales…, propuestas y declaradas triunfalmente como “la verdad”…, y cuando, sinceramente, veíamos que eran “puras tonterías”.

Ahora, ya, simplemente, no son nada, o así podemos y debemos de pensarlas si es que queremos ya acceder a una cierta posibilidad de paz interior (el único cambio que al final importa, pues a eso es a lo que hemos venido todos sin excepción, pues somos solo uno, unidad).

Así que, como vemos, nos abandonamos a una cierta búsqueda, muy escéptica…, y todo gracias en parte a que en esta era “podemos” hacerlo, pues tenemos a veces acceso a ciertos medios de comunicación y cierta libertad de expresión básica. Se trata pues de una búsqueda “escéptica” en el sentido antiguo de escéptico, ese del que hablábamos, de ese “verdadero escepticismo”.

Así pues, nos dimos un tiempo para buscar juicios que en cierto modo contrarrestaran esos otros juicios “vencedores” u oficiales que por definición, se nos proponen, por defecto, a “las masas”, aún hoy, pese a internet y la libertad (y que seguirán vivitos mucho tiempo, muchos de esos juicios “oficiales”…, en tanto que “ganadores”; por mucho tiempo (pero esto nos da igual, ya que el tiempo es nuestro propio sueño, un mero medio para escapar amorosamente de él, en vida)).

Así que insistamos o repitamos: ¿para qué era todo eso?

Pues ahora declaremos triunfales… (pero… «eh, cuidado, tú, “mi ego”, no te engoles mucho»):

— con el objetivo de terminar abandonando todo juicio, y por muy mayoritario o “lógico” que pareciera ser uno, o por muy alternativo o radical —o más cierto— que pudiera parecer el otro.

Entonces, respondemos a las preguntas que ya han sido parcial o totalmente respondidas aquí y en otros textos.

1. Dónde estamos.

En la mente dividida:
creemos, aquí en el universo, que somos cuerpos, que somos un ego, etc.; pero también tenemos en nuestro interior algo que nos recuerda que, por ejemplo, esto es solo nuestro sueño.

Y todo este estrés, este lío…, la dificultad…, la “necesidad”…, que sentimos “dentro” y que sentimos también que es algo más o menos justificado por lo que parece estar “fuera”…, todo…, es debido a que nosotros mismos hemos hecho este “guión” (lo hemos proyectado), este guión “de mente dividida”, y para no tener que afrontar (para defendernos) aquello que hay en nuestro interior: el recuerdo imborrable de nuestra verdadera naturaleza, de la cual ahora volvemos a hablar.

2. Quiénes somos

Somos mente dividida y estamos en la mente engañada/dividida, pero que solo está dividida porque lo cree. Es decir, no está realmente dividida, solo se cree dividida: esa es toda su “división”.

Y cree —y creemos por nuestra parte, como “células” aparentes de esta división inexistente—, y cree tal cosa para así creer que puede escapar de su Origen, pues éste le da miedo, y le da miedo lo que éste pudiera haber pensado de ella, de la mente dividida, con este nuestro/su ridículo pensamiento, de…: “puedo estar separada” de mi origen, que es el amor perfecto (así que pude concebir siquiera el atacar eso (!), cuando ni siquiera esto es posible).

Por tanto nos da miedo nuestra Fuente, nos sentimos culpables, en tanto mente-ego global, y es eso lo que es este universo: culpa (auto-ataque innecesario, pero en el que creemos fervientemente).

Así pues, todo en el universo es “mental”; todo se trata de nuestro sueño, pero “como desde otro nivel de la mente”.

Esto parece difícil de creer, pero parece también que todo esto se irá “demostrando” dosificadamente, hasta cierto punto; y ello sucederá quizá en parte por ejemplo en esta misma civilización, hasta que ésta, como parece que todas, se autodestruya, en el sueño.

3. De dónde venimos

Venimos por tanto del amor perfecto, de la Fuente; eso que también llamaremos ‘Dios’ y que tradicionalmente así ha sido denominado, ‘Dios’, por nuestra tradición patriarcal, con ese “patriarcado” que en realidad ya hemos perdonado, o bien que “debemos” o podemos perdonar tranquilamente, pues todo esto es nuestro sueño (cosa que no quiere decir dejar de cuidarse, o bien simplemente tener que resignarse ante malestares de varios tipos; se trata de dejar de contemplar la posibilidad del sufrimiento, empezando por nuestra percepción, ya que el sufrimiento en último término es falso: no podemos estar separados del amor perfecto, y, en realidad, contra todo pronóstico: no podemos sufrir).

Nosotros creemos que salimos de ahí, pero nuestro sueño, el que da pie a esa creencia, es solo un sueño.

4. A dónde vamos

Hacia deshacer nuestro sueño, es decir, hacia reconocer nuestro origen y nuestro verdadero hogar, donde seguimos en parte estando; a recordar verdadera naturaleza: amor perfecto, es decir, nuestro eterno compartir con la Fuente o Dios, del que nunca en realidad hemos salido, solo en sueños (a esto parece que se refería aquel célebre “el alfa y el omega…”).

El origen es el final, y es más feliz (es la única felicidad posible, ya que todo lo de este universo de la separación o de la dualidad es una trampa que nos ponemos a nosotros mismos), es más feliz que todo este cuento de culpabilidad que nos hemos construido para escenificar lo que nunca ocurrió.

Y como esto es solo un sueño de separación de la Fuente, de Dios, pues la separación no es posible…, así pues…, estamos regresando, lo reconozcamos o no, y en una vuelta feliz, hacia nuestro Origen; de él apenas tenemos vislumbres dentro de este sueño, y, sin embargo, dicho Origen es lo único real.

Y una respuesta final a: ¿Por qué no somos dogmáticos al responder así a esas 4 preguntas?

Teniendo entonces en mente estas respuestas, podríamos por ejemplo querer jugar a elaborar una serie de criterios (una “criteriología” 🙂 ), o una especie de guía particular para —si acaso, y si podemos o queremos entretenernos…— para elaborar —personal o generalmente— “juicios” que contrarresten a su vez “juicios mayoritarios”. Podría ser un juego.

Pero estas son unas hipótesis o unas respuestas que, francamente, por lo poco que llevo practicado del Curso, parecen muy favorecedoras de esa voluntad tan tan “rara”, esa que parece “suicida”, pero que, al final, sería lo más “contra-suicida” que habría en el mundo:

— querer deshacer el ego todo lo que podamos.

Nuestras respuestas podrían parecer ciertamente “dogmáticas”, pero sugiero que veamos qué significa “dogmatismo” en el contexto que más nos interesa a cuento de la filosofía y de lo que mismamente Nussbaum lleva a cabo con su texto: comparar las diferentes escuelas helenísticas de “filosofía” en cuanto a sus propuestas práctico-médicas.

Cuando Nussbaum caracteriza y resume en parte las posturas de Epicuro y Aristóteles a la hora de cierta dirección práctica de la vida de una paciente que es el hilo conductor del texto (pág. 352 de la 1ª edición en castellano), habla de que ambos “autores” han pretendido implantarle, a ella, a la paciente, una cierta estructura de creencias que pretendería «gestionar las contingencias naturales».

Así pues, dice que se le plantea, a tal paciente, una:

«…vida orientada contra la naturaleza, una vida que desafía, se opone, se previene contra los accidentes naturales. Una vida que no le permitirá a ella moverse con flexibilidad en cualquier dirección, según el dictado de los impulsos y las apariencias. En resumen, una vida dogmática. Una vida que dice que esto está bien y aquello está mal, que esto es verdad y aquello es falso, y que le exige que atienda cuidadosamente a estas distinciones.» [‘dogmática’ está en resalte puesto por mí, no es de la autora.]

Pero lo que nosotros vamos a sacar de nuestras respuestas, que tiene que ver con el contenido del Curso, obviamente no pretende dirigir de esa manera, sino que pretende facilitarnos el que nos podamos dar cuenta de algo que comprobaremos que es “lo natural”, es decir, que tenemos ya una especie de “maestro interior” natural, que felizmente nos conduce hacia nuestra voluntad real en todo, sin importar prácticamente la forma de lo de “ahí fuera”, la forma de lo que hagamos en el mundo de “ahí fuera”, en el mundo de “la forma”.

Esto, que podríamos caracterizar como un comportamiento “crístico” (pues ese digamos “maestro interior” refleja el principio de nuestra unidad y el hecho de que realmente, es decir, mentalmente, no estamos separados), esto en parte está delineado de una forma digamos que “muy teórica” en la propia filosofía, en el sistema ético de Spinoza, que, a grandes rasgos, en parte nos parecía semi-dualista, como ya dijimos; también sugeríamos que, en la divulgación que hace Deleuze del mismo, ya parece ser, su ética, en alguna medida, una especie de «manual para abandonarse felizmente al “maestro” interno».

Y de Spinoza parece que se dice que tenía mucha “inspiración estoica” (creo que se dice algo así, en tanto que tópico sobre él), entre otras cosas. Pero, como dicen aquí en el blog ‘frustración voluntaria, es un ‘estoicismo espurio’; pero…, terminaremos algún día jugando, si hay tiempo, a las 7 diferencias, y mientras comentamos —en las siguientes entregas de estos “apuntes” (por no decir algo peor…)—…, comentamos qué es lo que supone “actuar” siguiendo el Curso, y, apuntando quizá algunas cosas muy básicas de los estoicos —que quizá en algún aspecto clave parezcan algo menos “directivos” que, por ejemplo, un “médico” epicureísta o aristotélico (a la hora de que, por ejemplo, parece que simplemente o más neutralmente querrían enseñar la inutilidad de toda pasión, como una especie de —también— deshacer todo sistema de reacciones, juicios…).

Pero de todas maneras, señalemos o volvamos a incidir en algo fundamental:

muchos filósofos catalogados “estoicos” creo que —como seguramente la mayor parte de “filósofos” en nuestra tradición, supongo— podríamos decir que siguen creyendo que pueden decidir algo “por su cuenta”…, y que hay un mundo “ahí fuera” sobre el cual en cierto modo poder actuar y razonar, con todas nuestras fuerzas, egoicas fuerzas, para:
– “ser buenos”,
– cambiarlo con acciones sujetas,
– hacerlo más justo, etc. (y podríamos intentar ver si por ejemplo quizá mismamente Epicteto sería del que menos se podría decir algo así —ni idea).

Esto que acabamos de decir, que caracteriza a estos y otros filósofos, es para nosotros directamente falso, y es una especie de tontería que nos permitimos en tanto que egos, en el sueño, ya que aquí, en realidad, vivimos un sueño que ya hemos aceptado en otro nivel de lo mental; recordemos que todo el universo es mental, por entero; y también pensemos cómo esta posición estoica tendría que ver seguramente con su papel en el sueño —excepto quizá en algunos estoicos—, por ser un papel donde quizá muchos tenían acceso a tomar decisiones políticas —o bien tenían amigos en ese asunto—, y, por tanto, podría a veces “parecerles que cambiaban algo” (pero en el universo en último término nada puede “cambiar”, ya que, directamente, ni siquiera es, ni siquiera existe realmente).

El asunto está en que en Spinoza vemos una especie de, dicho en neolengua neo-inventada pre-“filosófica”, y de pre-anti-filósofo…:

«devenir inmanente de los fines»…, o bien pliegue y sucesivo despliegue 🙂 de un Dios-que-es-amor (como vemos claramente en su Ética…)…, como fin del universo…, en un tal despliegue “desde dentro” (y es que no hay nada afuera, recordemos); así que…, todo se puede hablar 🙂

Entonces, esta forma de hablar (“maestro interno”…, etc.)…, todo esto…, puede parecernos un cuento chino más…, una “mentira religiosa” más…, etc.

Primero: recordemos que la religión no se puede instituir (sencillamente porque «…el mundo es la creencia de que el amor es imposible»). Así que imaginemos la confusión, milenaria, que llevamos acumulada al respecto en esta cultura que hemos aceptado aunque ahora nos hagamos a veces los inocentes.

La “religión” en verdad nada tiene que ver con rituales, con normas de conducta, etc. Es algo interior, ya que lo de “fuera” es nuestro sueño, y solo podemos cambiar algo si cambiamos de mentalidad, y, entonces, nos “escapamos”.

Segundo: todo esto en realidad va a tratar de que seamos nosotros mismos quienes simple y directamente nos conduzcamos hacia la práctica: si lo experimentáis o practicáis, entonces es algo que se comprobará, sí o sí; estos son hechos a comprobar, como si fuera una “ciencia” de vosotros mismos, es decir, una actuación sobre uno mismo donde se comprueba un “sistema” que no es de creencias, que no es “sistema” de nada, sino que supone el abandono de toda creencia, como promulgaban los escépticos. ¿Y por qué? Porque toda creencia es del ego (por ejemplo, “creer en Dios” será una frase a todas luces sin ningún sentido, para nosotros, ya que de nuestras cuatro respuestas se deduce que, aunque le dé tanto miedo al ego…: Dios, o la Fuente, es lo único real; es lo único que es “verdad”; es lo único que puede decirse “feliz”, total, etc.).

Pero, aunque también tenemos que recordar siempre que le tenemos mucho miedo a la liberación, quizá alguna persona que por casualidad dé con este texto —o que le sirva— ya haya reconocido, en su experiencia pasada o presente, la existencia de esa realidad interior en tanto lo que es, en tanto que corresponde a algo que:
– no es “nosotros”,
– es completamente diferente a nuestro ego,
– y es capaz de cierta guía “no egoica”, de una guía mejor y que siempre resulta mejor para todos y en las situaciones como un todo…, globalmente…, y que, por tanto, no es algo que por ejemplo juzgue o quiera cambiar el mundo…, o bien no se basa en ningún sistema de creencias…, ya que siempre responde desde una especie de punto focal de felicidad y amor, de paz, de unión, de amorosa y transmutadora aceptación…, en definitiva, de “salud” —en cuanto a que esta ‘salud’ hace referencia al parecer a cierta “totalidad”, y este punto es la fuente de toda curación real (es decir, de la causa, que es mental y solo mental).

El Curso nos enseña a tratar ese “punto focal” como se merece, y a aprender, si queréis decirlo así, a purificarlo, a dejarnos tratar bien por él…, a ampliar la visión desde él…, a darse cuenta de que “no es de este mundo” y de que es lo único real. Y todo ello porque al final, “la verdad”, como hemos visto en nuestras cuatro respuestas y en otros lugares…, la verdad, no es de este mundo.

Así pues, continuaremos con el tema de la práctica en el tercer pequeño capítulo de esta serie, y que se sumará al resto de artículos (con este 18) donde incito —y me incito, de todas las maneras que van saliendo poco a poco y como puedo— a seguir leyendo —o a empezar a leer y a aplicar, si no lo habéis empezado a hacer, el texto:

‘Un Curso de milagros’.

Paz y amor

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Publicado 27 septiembre, 2011 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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