Escapar del programa del ego III: ¿hacer consciente lo inconsciente?   3 comments

«Bien, el hecho es que vuestra conciencia no está aprisionada dentro de vuestro cuerpo; pero, mientras creáis que sí lo está, repito, no podréis estar muertos y fuera de él. Y, cuando verdaderamente os veáis muertos fuera aseguro que os vais a sorprender.» (Habla Seth II)

[Enlaces a los anteriores: escapar II , escapar I ]
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Índice
Usando el “re-equilibrado” de juicios donde verdaderamente hace algo. ¿Hacer consciente el inconsciente?
El infierno del ego en acción: dos juicios fatídicos unidos para pasarlo mal
…y ahora el comentario sobre la obrita: llevando la oscuridad a la luz

Estamos enjuiciando todo el rato, y somos juicio, opinión, creencia…

Seleccionamos enjuiciando y juzgamos las selecciones de otros, evaluamos las cosas y las situaciones con nuestras inercias enjuiciadoras…, consciente, inconscientemente…, siempre.

Es la base.

Con cosas como… —y dicho así, en plan “adolescente”, pues nuestra base es literalmente adolescente, ya que todo adulto, en esta cuestión de los juicios en general, es un penoso adolescente enquistado, y lo es más o menos visible o conscientemente:

ay es que fulano es poco “revolucionario”, o es demasiado tonto por ser revolucionario…, o simplemente: “este tipo es inaguantable”…, es demasido tranquilo…, o es poco tranquilo…, o me pone de los nervios…, o ese de allí es demasiado feo, o está perdido…, o esa es fea…, y además bastante mala…, y ese de ahí qué malo, es feo, o demasiado reformista, hiperactivo, perroflauta, inútil, vago, “un notas”…, es un “facha”, un memo, un terco, rucio, podenco…

Esto es, sencillamente… el infierno.

Así, en realidad, con esas proyecciones, o juicios, damos continuamente todavía más y más fuerza a lo que se supone nos desagrada, nos destruye…. ¿Por qué? Porque lo que “damos”, lo que proyectamos (“hacia fuera”), en realidad nos lo estamos quedando “dentro”, ya que no hay nada “fuera”.

¿Pero…, y bajo todo este movimiento qué es lo que “damos” y nos damos esencialmente?

Básicamente lo que (nos) damos es la creencia de que hay algo ahí “fuera”, distinto de nosotros, y que es a veces capaz de perturbar nuestra paz (o bien, dualmente: de darnos toda la felicidad del mundo).

Le otorgamos ese poder… y por eso estamos perdidos. Hemos hecho esto desde siempre, y así, nos parece normal, pues es de hecho nuestra “visión”, es nuestro cuerpo de juicios: es así como leemos el mundo y como somos leídos por él.

Es decir, enseñamos y aprendemos, dando eso, dando separación: enseñamos esa creencia, a nosotros mismos, a todo y a todos. Ese “algo fuera” supone, por tanto, aunque no seamos conscientes de ello por ser algo “muy básico”, un esencial creer en la separación, un pensar que “estamos separados”.

Y entonces, ¿por qué todo esto es un infierno?

En parte porque, en la realidad, no es posible estar separados (no en esta realidad, sino en la de verdad, “mental”). Y esto que vemos, y así como lo vemos, no es la realidad, porque se “funda” en la idea de la separación.

Por tanto vivimos en un mundo de mentira, que es nuestro propio cuento, nuestro propio sueño (lo que pasa es que es increíble esto que decimos: lo que vemos es muy pesado, duro, manifiesto, “lógico”, etc.).

Como hemos dicho —y es algo que aprendemos en el Curso— en realidad dar es tener (en la realidad auténticamente real, esa que parece más “esotérica”, la “mental” pero que es sin embargo la única real).

Si nosotros vivimos “dando separación”, tendremos separación (que nos parecerá más o menos “feliz”, “justa” o “injusta”…, pero seguirá estando fundada en nada). Y esto no tiene fin, y nos parecerá muy difícil pararlo, porque de hecho el universo está montado por entero sobre solamente esa idea: la nada de la separación.

Esto que decimos puede parecernos increíble, ya que puede parecer que repente nos lleva completamente “contra corriente”. Pero resulta increíble solo hasta que empezamos a practicarlo más conscientemente, y hasta que por ello nos damos cuenta de que somos nosotros los que toda la vida hemos ido “contra corriente” (aunque algunas veces también hayamos ido, más o menos ridículamente según la opinión del mundo o el sentido común…: también “contra corriente”).

Dentro de ese “caos” que también —como en todo— existirá en el “campo” new age, y por lo poco que yo he visto, la gente más al estilo “nueva era” estaría sensibilizada de forma muy general con esto de los juicios; también lo estará a veces gente que aún esté algo sana en casi cualquier “religión”, ya que a veces ahí hay gente “sana”, es decir, que está más o menos sobre aviso o sensibilizada acerca de este dañino tema de “los juicios” —los juicios a discreción que todo el rato hacemos, en general, y que nos mantienen en el infierno (aunque a veces queremos creer que no lo parece, por ejemplo porque “hacemos todo lo que está en nuestras manos”).

Y en general en el caos hay de todo. Un ejemplo: hemos hablado sobre Spinoza. Es un tema muy curioso, porque como dijimos podría ser usado como una especie de manual para escuchar el “maestro interno” —así es parcialmente interpretable tal y como lo divulga Deleuze, a Spinoza—, pero, entre la gente que está al corriente de esto —que es en parte una especie de “moda filosófica”— lo que yo he conocido en ciertos momentos (o a mí mismo) ha sido “gente normal”, claro, gente que sería igual o más enjuiciadora que el resto del mundo, con igual o menos paz interior que el resto.

Y es que las modas dan un poco igual, pero son parte del camino lento del despertar, para nosotros, para la gente, igual que hablábamos antes del papel que pueden tener aquellos mega-juicios, también algo de moda, y equilibrantes a nivel socio-cultural.

Usando el “re-equilibrado” de juicios donde verdaderamente hace algo. ¿Hacer consciente el inconsciente?

Así pues, en esta enésima introducción al Curso donde seguimos aquí hablando por el mero gusto de la palabra y de pensar (pese a que ambas cosas sean cosas tan tan ambiguas y a veces tan aparentemente “dañinas”…, como todo lo es, aquí, potencialmente…, en este universo de la separación)…, en esta enésima introducción al Curso hablábamos de equilibrar juicios.

En tal equilibrar, en general y como siempre aún estamos en “la ilusión”, en el sueño, pero parece como si estuviéramos preparando una especie de trampolín para saltar convencidamente hacia ir “constatando” lo siguiente:

— en realidad el interior es todo.

Claro que, en el tiempo lineal ilusorio de este universo-sueño, esta frase solo nos “parecerá” así de “importante” más bien hacia “el final” de dicho sueño —hablando desde la perspectiva normal. A todos nos lo parecerá. Aunque, tal final, va a parecer que lo vamos haciendo poco a poco, “individualmente”, cuando busquemos la paz interior con cierto método. En este “buscar”, “la acción” y los cambios en la percepción (“milagros”) se los dejaremos a “lo de dentro”, a la guía interior, que iremos aprendiendo a escuchar y discernir de la otra “voz”, esa que también nos habla, la del ego, pero que lo hace constantemente y a gritos, como se dice en el Curso :).

Nos terminaremos por tanto abriendo al “final del tiempo”, es decir, abriendo a ser eternos, a volver al origen, es decir: a ser felices, a constatar —en vida— que todo este jaleo es solo nuestro sueño…, y, por tanto, abriéndonos a la unión con “el fin del tiempo”, con ese pacífico final que fue el principio y que es lo único real (pues en realidad nunca nada ha comenzado, ya que, recordemos: todo esto es una ilusión). Ese final es eso que asoma en nuestro interior como una dulce llamada a despertar del infierno de la dualidad.

Claro que esto supone dejarse en manos del maestro interior, como ahora intentaremos empezar a describir, uno que sabe dónde está o “qué es” eso de la eternidad, de la felicidad —todas ellas cosas que en realidad nada tienen que ver con este mundo, no son de él. Desde aquí, nosotros no podemos saber realmente de esas cosas, y, entonces, solo nos toca dejarnos llevar hacia la experiencia, esa experiencia que está más allá de todo “saber” —o “inteligencia”— del mundo, y que es lo único que puede ser llamado “conocimiento”, después de haber aprendido mucho a escuchar a “lo otro que no es el ego”. La única “inteligencia” real es la del amor.

Así pues, hemos hablado de juicios equilibrantes “en la ilusión”, pues realmente no hay nada ahí fuera, sino que es solo nuestra imaginación; aunque, esta imaginación, luego le añade a todo —durante pesadas y largas vidas de “golpes”, etc.—…, le añade juicios y más juicios: sobre por ejemplo la “dureza” de “lo de fuera”…, su obvia “realidad”…, y, entonces, sigue y seguiremos con ella patinando y patinando, más o menos amargamente, con altibajos, en esa nada del “afuera”, y creyéndonos así, en nuestra loca imaginación, que estamos haciendo otra cosa que meramente imaginarnos algo. Pero no, todo lo que imaginábamos normalmente dependía, simplemente, de algo que no es nada: la idea de la separación.

Y ahora, como se ve, vamos añadiendo cosas sobre aquello que ya habíamos sugerido:

— en realidad, “lo importante”, es el interior.

Entonces, ese “equilibrado escéptico” —del que hablábamos en esta serie sobre “escapar…”— debe hacerse (o “se puede elegir hacer”) lo más interiormente posible, al principio, ya que no hay ningún “afuera” en el que proyectar: todo nos lo hacemos a nosotros mismos, con las excusas de “lo de afuera”. Y tal equilibrado lo haremos más y más interior —y mejor— si es que queremos ser lo más “rápidos” posible a la hora de nuestro despertar del sueño.

Ese equilibrado es lo que en parte propone el Curso del que hablamos.

El curso viene a decir, hablando claro:

— no hay nada que cambiar “afuera”, pues no hay un “afuera”, no hay por ejemplo un “otro”, alguien distinto que tú…, etc. No estáis separados, no sigas ahondando en esa creencia, no es el camino: lo que no es, no es. Solo la unión es; solo la verdad, es verdad.

Entonces, nos diría el Curso: déjaselo “todo” —deja todo eso que creías “afuera”— al maestro interior que te va a enseñar cuál es la única percepción real que te ayudará a ir dejando tus ideas tontas —todas dependiendo de la separación. Déjaselo progresivamente todo a alguien que sabe qué cambios (básicamente de percepción) son los más útiles para todos, y que son unos cambios que vas a ir constatando en tu vida y según te abandones felizmente a la verdad, a la única realidad real, a esa que no tiene nada que ver con este mundo.

Entonces, algunas preguntas clave podrían ser…: ¿qué hay en el interior? ¿Por qué no podemos apretar un botón y ya está?

En el interior tenemos solo dos “cosas”, pero no somos conscientes, en el caos, de que son solo eso: dos cosas, nada más.

Una de ellas, además, es falsa; por eso es posible y real el despertar, por eso es en realidad simple, aunque no sencillo: porque una es falsa, y la realidad no está “partida”, nunca fue alterada realmente por la ilusión. Entonces, el “despertar” consistirá en darse “cuenta” de eso, aunque nuestra única meta por ahora puede y debe ser la paz interior, ya que no podemos elegir “despertar” de este sueño cuando nosotros queramos —igual que nunca podemos decidir en realidad nada por nosotros mismos, por nuestra cuenta, pues estamos por entero sometidos al contenido falso que somete a su vez nuestra vida por entero en el mundo de la forma aquí “afuera”: el contenido de la separación, al que da forma todo esto que vemos aparentemente “fuera”, ahí “delante”.

Así pues, ese contenido de separación es el sistema de pensamiento del ego, que pretendemos ilustrar abajo con un ejemplo sacado de un foro sobre el Curso —y, además, con más comentarios aquí sobre él.

El ego sustenta, prolonga, alimenta y se alimenta de la creencia en la separación, en bucle; y ésta es algo muy simple, simplemente esa idea: separación; pero, como vimos otras veces, en realidad se sostiene porque tiene un “temible” sistema detrás que hasta nos da risa de lo simple que es, pero que fundamenta el tiempo de este universo ilusorio, y que tiene que ver con cierta “culpa ancestral” que sentimos (eso es para nosotros el presente), en tanto que mente global, unida (y ahora también, pero más disimuladamente con las proyecciones)…, que sentimos al creernos separados de la Fuente-Dios…; esa culpa está acompañada de un miedo (eso es lo que para nosotros es el futuro) igualmente ancestral…, y, también acompañada, por tanto, de percibir que tal separación, buscada, había sido un terrible “pecado” (eso es para nosotros el pasado): una falta terrible e igual de “ancestral” :).

Pero no: nunca ocurrió nada, todo esto es nuestro propio invento.

Claro que aquí, en el universo, la idea de la separación la vemos como difractada en mil y un elementos dispares: todo lo que compone la complejidad de “la vida”, o del universo en general.

Es una idea, pero es falsa, porque no es posible separar nada. Esto lo vamos comprobando, aparte de “espiritualmente”, desde hace milenios, más o menos anecdótica o pragmáticamente en el enésimo devenir de una civilización, la nuestra, en este universo: con cosas como la física o mecánica cuántica, etc.

Si en el universo en realidad solo hay “mente”, es decir, los cuerpos son ilusorios, entonces podemos comprender, por ello, que no sea posible “separar” nada. En realidad todo está en todo porque todo lo que vemos es un escenario (que nosotros mismos hemos aceptado y visto ya desde otro nivel, antes de cualquiera de las ilusorias reencarnaciones…) para escenificar en él una rotunda mentira: «es posible la separación».

La separación solo está (parece que está) en nuestras mentes. Solo “parece” que está, dijimos, porque encima y para colmo: es todo falso.

Solo ahí, en las mentes, por tanto, podemos hacer “algo”, en el universo: algo que sea de una cierta “utilidad” real. Lo demás, lo de “fuera”, puede o no parecer que nos facilita ese “poder hacer algo en lo de dentro” (con ciertas condiciones para la paz en lo exterior, para la libertad en lo exterior, etc.), pero no nos debemos dejar guiar solo por ello si es que queremos no perdernos.

La idea de la separación es algo que siempre está trabajando en nuestras mentes, reflejada en mil juicios.

¿Qué juicios equilibrarían esa idea?

No puede ser nada relativo a algo que haya “afuera” (recordemos: al final, lo importante no está afuera, pues no hay nada fuera; y no hay, por tanto, “un mundo que cambiar”); tienen que ser por tanto juicios que empiecen a poder desbrozar el terreno, para así poder empezar siquiera a escuchar “la otra idea”, incompatible con respecto a la de la separación; esta otra idea también la tenemos alojada de forma natural en “nuestro interior”, desde siempre, aunque lo que está ocurriendo es que simplemente ella nos es muy difícil a veces de recordar, ni siquiera un poco. Pero solo tenemos que recordarlo, aunque parezca muy difícil y aunque su presencia esté muy oscurecida.

¿Por qué es difícil y está oscurecida, con qué juicios se hace eso, con qué elementos, etc.? Pues por mil cosas:
– porque “la vida es muy dura”…,
– porque “tengo mucho trabajo”…,
– porque “fulanito/a es un cabrón/a”…,
– porque “menganito/a no me quiere”…,
– y un largo etcétera de juicios infernales, proyecciones, etc., cuyo contenido real es solo este: “yo” soy “yo”, y estoy separado de los demás o de lo demás.

Ah, pero gracias a dios, y nunca mejor dicho… (o bien: gracias a “la Fuente”, si sois enemigos del “patriarcado”, como yo lo era en alguna medida…, ese patriarcado que quizá pueda sentirse con meramente pronunciar la palabra a veces prohibida… “dios”…, ese “patriarcado” al que aún no habrían perdonado sus enemigos (peor para ellos o nosotros si sentimos algo así aún…))…, como íbamos diciendo… gracias al Amor, existe otro contenido (unión, amor, totalidad, etc.), y a él responderán los juicios que van a poder equilibrar ese desaguisado de “juicios separadores” que nos hemos “hecho” a nosotros mismos, via las excusas de “ahí fuera” —esas que, en realidad, y por duro que parezca ser el decirlo: jamás estuvieron “ahí fuera”.

Ese otro contenido ya actúa desde siempre, aunque normalmente está disimulado o parece que lo vamos disimulando, y no es lo que parece regir nuestras vidas, pues por defecto venimos aquí a desplegar un ego, desde que nacemos, y no a contrastarlo cada vez más claramente y lo más claramente posible con “el otro contenido”, el del amor, que es quien funda lo contrario al ego, lo que no es “separación”.

¿Cómo equilibramos con estos “otros juicios”?

Veremos ahora el ejemplo. Pero antes respondamos con la solución que ya conoceréis quizás; es simple, pero difícil de aplicar y de vivir:

— el curso propone un periodo arduo de entrenamiento diario, donde mezclaremos nuestros juicios de separación junto con “los otros”, con los que reflejan la verdad, el amor (así pues, llevamos la luz de éstos a la oscuridad de aquéllos). A la vez, por tanto, este trabajo de mezcla parece que posibilita que podamos irnos percatando cada vez más de cómo son, de infernales, los juicios de separación, aunque no debemos juzgarlos así; debemos verlos en su neutralidad, tenemos que simplemente mirarlos para disolverlos al haberlos mezclado con la luz, con “lo otro”, con los “juicios de luz” que nos ayudarán progresivamente a reírnos de la oscuridad sin juzgarla (solo es falta de luz). Y es quizá por ese progresivo percatarse por lo que todo esto podríamos decir que se trata de, o que suena a, un cierto: “hacer consciente lo inconsciente”.

Por cierto, al principio sobre todo…, también parece que se trata de un “ponerse muy nerviosos”, :), pues cada vez nos saldrá más, a la luz, ese sistema infernal que parece sustentarnos, y que en realidad es lo que sustenta todo.

Así que se trata de mezclar nuestro infierno particular de oscuridad con los juicios que tienen que ver con la verdad de nuestra unión, con la luz. Nuestro infierno es muy personal, de acuerdo; se trata del infierno de nuestros queridísimos juicios de separación con respecto a “lo otro” y “los otros”; esos juicios nos han dado y nos siguen dando esencialmente aún hoy cosas como: “la personalidad”; es decir, sostienen muchas de nuestras “acciones” en “realidad”. Y hay que tener en cuenta que, a veces, y aunque nos parezca que “somos buenos” con tal acción o tal otra…, o que esta acción ya es en sí “buena”…, pues resulta que no, no tanto, ya que quizá con ella también estamos expresando —en “la forma”, “ahí fuera”…— un “contenido” de separación (lo usamos para esencialmente por ejemplo decir: somos “más buenos que”), y por ello estaríamos en realidad continuando en y con el infierno, prolongándolo, aunque creamos en un principio que no, que no es así —en un nivel más aparentemente “consciente”.

Así que equilibramos juicios infernales con juicios que nos hablan de la verdad, como por ejemplo los que se refieren en general a que somos nosotros mismos los que nos hemos inventado todo eso…, y que todo nos lo estamos haciendo nosotros a nosotros mismos…, etc., que es como empieza el libro de ejercicios del Curso.

El infierno del ego en acción: dos juicios fatídicos unidos para pasarlo mal

Tomamos lo siguiente, de este enlace, en el cual, el usuario llamado Ramón, en un foro sobre el Curso, proponía una especie de breve “obra cómica”, y para comentar algo de este tema (los resaltes en negrita de ciertas palabras son míos, y también un ligero cambio a la hora de las referencias de a quién va dirigido el comentario).

PLAY
Llegas a un bar, pides tu cortado y te percatas de que a tu derecha hay una chica muy mona, sentada en una mesa, sola y seria…. Mientras te tomas el cortado pides el periódico y, disimuladamente, la miras de reojo…. observas que te mira, ¡Glup!, el nivel emocional comienza actuar….!Esto promete!. Repites la operación y te sostiene la mirada…El nivel físico comienza su proceso..!Descarga de testosterona!…..El nivel mental habrá hecho sus valoraciones durante todo este tiempo deshojando la margarita…., quizás se haya opuesto a los otros dos….pero finalmente te decides a acercarte a ella…..

PAUSA.
Tú ya habías establecido lo que querías que fuese el resultado de la situación al dar dos significados: lo que significa para tí una chica mona (y por tanto para que sirve) y lo que significa para tí que una chica te sostenga la mirada ( y por tanto para que sirve sostener la mirada)…Y los habías establecido en orden a tener un día feliz, según tu idea de la felicidad, como todos nosotros. Mas al establecerlos ya habías decidido lo que querías que resultase de esa situación…: Que la chica te acompañase al catre.

Esos significados que has dado a lo que ves son inestables, en otro momento les puedes dar otros; el ego, o sea yo, es muy inestable o inconsistente en cuanto a dar significado, y en cuanto a todo, así que nadie se sienta ofendido por la película…no pienso que nadie le dé siempre ese significado a una chica mona, aunque se sea un poco gamberro.

Mientras te vas acercando, como eres un estudiante de UCDM decides preguntarle al ES que hacer con la situación. Lo lógico es que no la recibas [una respuesta] porque ya has decidido, y si intuyeses una distinta tus niveles emocional y físico se opondrán, lo que implica malestar.

PLAY
LLegas hasta ella, le dices lo que has aprendido a decir para caer bien, y te sientas con tu cortado frente a ella…unas sonrisas… las preguntas de rigor…. y embistes como un torico… la chica se ofende y te manda a la mierda.

THE END
!Ya te has arruinado el día!…..te enfadas contigo mismo por idiota, te culpas por tu arrogancia, y a continuación también la culpas a ella por abultabraguetas, etc, etc…
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Independientemente de la historia, de si os gusta, de si os parece “de actualidad”, inactual, graciosa, “tempestiva” o intempestiva…, nos interesa tener un ejemplo y que pueda ser divertido, uno donde enfangarnos los pies: un suelo más o menos firme, o meramente un mínimo suelo.

…y ahora el comentario sobre la obrita: llevando la oscuridad a la luz

Comentamos esto con el simple fin de hablar y hablar más sobre el tema. He cambiado esto en parte con respecto a la versión que puse en el foro.

Decía Ramón:

— «tú decides qué quieres que resulte de esa situación, con el simple hecho de dar significado…»

Así que por una parte el problema parece estar en eso del “inconsciente”.

Es “inconsciente” para nosotros el cómo/cuándo tomamos esas decisiones; es decir, el hecho de haber decidido ya por nosotros mismos qué es lo que significa todo para nosotros —en todas o casi todas las situaciones.

Estamos modelando de esta manera un “yo de mentira”, un yo “fundado” en la idea de la separación.

Así pues, se requiere volver a cobrar consciencia de que somos nosotros mismos quienes hemos decidido qué va a significar para nosotros todo lo que vemos. Es decir, consciencia de que creemos que nos podemos “construir” a nosotros mismos. De hecho, lo hemos hecho, pero debemos percatarnos de que es solo una creencia, y todo esto no es real, es solo un escenario para que sigamos engañándonos al respecto.

De eso van precisamente las primeras lecciones del libro de ejercicios de este Curso, si recordamos (yo soy principiante, y hace poco iba por ahí).

Así que todo esto es inconsciente a no ser que trabajemos algo el “tema espiritual”…, y en concreto este Curso, que se propone como “vía rápida” para quienes lo elijan.

Así que el Curso diríamos que es un método de darse constantemente vigilancia, pero una productiva. No se trata de analizar esas maniobras que se retratan el el breve texto del “ligón”…, donde ya hemos decidido los significados de todo…, sino de llevarlas primero, de llevar todos esos juicios —como principiantes— a “los otros juicios” de la luz —y ello continuamente al menos al principio.

Y, más tarde, ya podremos alcanzar, se supone, un cierto estado donde esto ya “sale solo”, y donde la vida va mucho más fluida que antes y de otra manera “fluida” que antes…, y ya no es “nuestra” porque nos damos cuenta de que nunca la vida ha sido “nuestra vida”, ya que además paradójicamente nos damos cuenta de que todo nos lo hemos hecho nosotros a nosotros mismos en tanto asumíamos un ego fundamentado en la idea-mentira de la separación y en nada más que eso.

“Otros juicios” son por ejemplo los que componen esas preciosas y duras lecciones del libro de ejercicios al principio, como la de: “Dios es el amor en el que perdono”; y, recordemos que en realidad estas cosas nos recuerdan a su vez que no hay nada que perdonar, ya que es nuestro sueño, así como también nos van recordando que el “dios” del que normalmente se habla es falso, es el del ego, ese que luego se ha seguido tergiversando tanto. En realidad, el amor perfecto, Dios o la Fuente, nunca ha condenado a nadie ni a nada, pues todo esto es solo nuestro sueño: todo nos lo hemos hecho nosotros a nosotros mismos, y aquí venimos a creer que no: a proyectar, a juzgar.

Por tanto tenemos primero una práctica cruda del Curso y, luego, parece que vemos una especie de siguiente nivel, donde ya se tendría, como parece que tiene Ramón, una cierta relación constituida con el E.S. (el canal que nos comunica con la Fuente, que es nuestro verdadero hogar; E.S. es, recordemos, lo llamado en el Curso “Espíritu Santo”); vemos esa relación despuntar en la expresión aquella de: «el mismo nivel emocional que yo he creado».

Entonces, como se ve, no se trata de solamente decir que estamos haciendo “consciente lo inconsciente”, ya que eso siempre podría convertirse en trampa si lo queremos dejar el tema “solo ahí”. Estará claro quizá que ese matiz de “hacer consciente” dejaría sin poner en primer plano la verdad; esa verdad de que, en realidad:

— lo que no es nada, no es nada; la verdad es verdad y solo ella es verdad. ¿Y qué “no es nada”? No son nada esos miedos…, tanto ese miedo o esas reacciones…, esos juicios…, basados en el miedo que da, en general, o que sustenta e informa la idea de la separación: con su “carencia”, etc…

Y en el ejemplo del “ligón”, como remarcaremos más abajo, la separación la vemos en ese mismo acto de siquiera haber podido plantear que es posible separar dos significados, es decir, donde vemos reflejada más cruda o simplemente la mera separación, en esa catastrófica actuación en la obra…, de ese ego que queda ahí retratado o dramatizado en esta fantástica obra dramática 🙂

Pero…:

¡qué fácil parece lo simple, la “salvación”!

¡Y qué difícil puede llegar a hacerse o a sentirse “lo simple”!

Así que lo mejor es, entonces, directamente hacernos “conscientes” de ello…, pero en tanto que no es nada, desarrollando una cierta relación con “la otra idea”, esa que también está en nuestro interior, y a la que también le podemos dejar hablar, igual que ya le dejamos hacerlo —y exageradamente— al ego y a su separación, que nos habla todo el rato desde la nada.

Así que podemos ir mirando todo con la risa de nuestro acompañante preferido interior, el E.S., que nos enseñaría poco a poco a usar “esta cosa del ego”: la de la consciencia; y viendo entonces que nunca se podría en realidad “ser conscientes de nada” —y nunca lo fuimos.

Así que de lo único que termina mereciendo la pena “ser conscientes” es, pues, de nada más y de nada menos que de nuestra escapada “triunfal” :), cada vez más unificada…, nuestra feliz escapada de este mundo demente…, en vida…, en larga vida, y no por ejemplo con un suicidio…, y transmutando este sueño de sufrimiento y separación…, como sabemos…:

— transmutándolo en sueños felices…, de la mano del canal (E.S.) que nos comunica con lo único que es verdad (la Fuente, Dios, amor perfecto).

Y el trabajo es pues el de poner los juicios de separación cerca de “los otros”…, el de simplemente ponerlos juntos…, para que así, el hecho aquel —el de que los primeros son simplemente falsos— los deshaga por sí mismo, al situarlos cerca de los únicos que reflejan la verdad.

Vemos por tanto en qué consiste el equilibrado.

Es necesario llevar lo falso a la verdad, porque si no, ésta no puede actuar; y su actuación es lo más natural del mundo, igual que la oscuridad no es nada más que falta de luz.

Un inciso.

He hablado en el blog, en un artículo anterior, sobre los dos partidos universales. Allí a su vez hablaba de las visiones que tuvo Parks, y que han terminado por, junto con el Curso, hacerme pensar en el tema de los “dos partidos” que habría en el universo (o al menos en esta u otras “dimensiones” o capas (hay al parecer big-bangs unos dentro de otros —se podría decir así al parecer, como vemos en Renard comentado rápidamente)).

En los libros donde Parks hila sus visiones, en forma de novela, para intentar dar alguna forma que sirva a lo visto durante 10 años desde sus 14 años de edad…, y que pudiera dar pistas sobre la historia ocurrida aquí, en el falso universo, en torno a este sistema solar…, en los textos de Parks, digo, a veces, y cuando se habla de la religión de los servidores de la Fuente, se insiste en “no disociar la luz de la oscuridad”.

Ahora entiendo, pues, que esto que supuestamente vio Parks decir a alguno de los humanoides que a su vez él ha visto en sus visiones…, entiendo pues…, que eso significa precisamente algo idéntico a lo que dice mismamente este Curso: nos insta a llevar la oscuridad de nuestros juicios, una oscuridad que por sistema son juicios de separación…, a llevarla y a llevarlos ante la luz —simplemente; pero por tanto sin disociarlos, es decir, no permitiéndose el que podamos ponerlos en la misma balanza, en el mismo plano, o en tanto dos cosas separadas. No, la “luz” y a la “oscuridad” no se pueden comparar, no se pueden relacionar como entidades del mismo peso y separadas; lo que ocurre es que una deshace la otra, y no puedes compararlas, porque la oscuridad es solo falta de luz, no es nada en sí (nuestras mentes están llenas de algo que no es nada en sí, es decir, que es nada, la nada de esos cansinos juicios de separación).

Fin del inciso.

Si el actor de la obra hubiera estado entrenado en “cuidar sus juicios” —si, por ejemplo, empezaba a practicar el Curso…—, podría haber puesto entonces, directamente, alguno de esos “dos” juicios separadores ante la luz de algún otro que reflejara la verdad.

Esa labor tiene que ver, además, con irse dando cuenta de que ni siquiera es posible hacer “dos” juicios diferentes, no dentro del mismo ámbito:
– Si estamos en la separación, todos los juicios son iguales: basados en una idea que es falsa. Son nada. Pero de esto, normalmente cuesta mucho tiempo darse cuenta, en la experiencia, en la práctica, lleva mucho tiempo sentir que todo, en la separación, es lo mismo.
– Si estamos en “lo otro”, igualmente, todos los juicios serán lo mismo, y, además, tienen la capacidad de hacer resaltar la falsedad de los otros, de los de la separación, y, progresivamente, la falsedad del otro ámbito por entero.

Entonces, la consciencia, ese bicho que digamos “es del ego”, ella es una más de las herramientas del ego, muy importante. Y, como todas las herramientas del ego, podremos empezar a aprender a usarlas para esos fines que no son del ego, es decir, para “ser conscientes” del progresivamente unificado camino de liberación de la oscuridad (una liberación que no es nuestra tarea, pues nosotros solo tenemos que llevar la oscuridad de nuestros juicios ante la luz de juicios que reflejan la verdad). Así que tal consciencia es “consciencia” solo en una especie de acto positivo: ese que decíamos que es solo un “poner” un juicio ante otro. E insistamos: nosotros no deshacemos la oscuridad de la idea falsa de la separación, sino que solo traemos ante sus juicios infernales los juicios de la luz, de la unión, etc., y dejamos que la luz disipe por su cuenta la oscuridad de nuestro habitual e infernal “sentido” del juicio.

Así pues, esta ilusión que es también “la consciencia” habrá que aprender a entregársela al E.S. con lo de siempre: poniendo un juicio junto a otro que apunte a lo real.

Entonces, la palabra ‘inconsciencia’ podríamos decir que se usaría solo en el contexto de parar y darse el trabajo de mirar de frente los juicios que pasan rápido para sustentar y argumentar por lo bajinis todas nuestras acciones, por debajo, inconsciente y rápidamente… (como los dos juicios del pobre ligón de la cafetería…). Y ese mirar de frente no es quedarse ahí sufriendo por haber sido “ego” separador, sino, como todo eso es falso por ser falsa la idea sobre la que se construye…, y como hemos dicho ya muchas veces: le ponemos “enfrente” un juicio que lo contrarreste, y así nosotros podremos reírnos junto al E.S. de todo este lío, y sin juzgar los juicios separadores del ego.

Así que se trata de poner esa “otra cosa”, otros juicios, en la consciencia, para que lo único que sabe cómo salir de todo este lío (el “canal”) nos ayude a reírnos de los juicios separadores en su inherente y ridícula falsedad; así que no debemos temer que nos parezca que traemos hacia “arriba” todas esas cositas que al ego le gustaría hacer inmensa y complejamente “inconscientes” (esas tan “rápidas”, que tan rápidamente informan nuestras acciones…), y que no pudieran exponerse a la luz de eso que también nos acompaña, el E.S.

Un tratamiento del ego, más “psicológico clásico”, digamos, podría quizá querer seguir manteniendo en realidad toda esta mierdecilla profundamente en el “inconsciente”, con “significados de experto”, esos que tendrían que ver con algún sistema conceptual más o menos apropiado para la labor, de la tradición “x” (inconsciente colectivo, etc.).

Entonces, en esto y solo en esto parece que consiste el Curso, pues el método sería el de deshacer la oscuridad, el de un mero quitar obstáculos, pues no se puede hacer nada en “positivo”, nada más que tener la voluntad de contrarrestar los juicios de la oscuridad separadora del ego con los juicios de la unión que reflejen nuestra verdadera naturaleza (tenemos 365 ejemplos de ese tipo de juicios, propuestos en el libro, así como tenemos el resto de páginas del Curso para hablarnos un poco sobre de qué va esto de las relaciones, del ego, del universo-mente-dividida…, etc.).

Así pues, se trata de meramente ir reconociendo o recordando la verdad.

La verdad también, como dijimos, la tenemos en el interior, y la recordamos por tanto en el feliz “dejarse hacer” que se propone aquí…, curándo-se y curando con este “llevar la oscuridad a la luz”. Por eso vemos entonces que se da tal insistencia, a veces, tan importante, en el foro del que hablamos…, en el Curso…, etc., donde se insiste en ciertas cosas simples y claras, las relativas a que, en realidad…: “no hay que hacer nada” 🙂

Y recordemos:

la “consciencia” es eso que diríamos surgió “primero”, tras el paradójico auto-engaño que “dio lugar” a toda esta nada sufriente; así que tiene que ver entonces con “pensar” que siquiera se puede ser consciente “de algo”, de “algo más” (ahí empieza “la separación” a fabricar entes inexistentes), “dando lugar” pues a esa creencia, la del campo de la mente dividida…, esa que cree en la separación…, y dando lugar a todo el sufrimiento aparente que toda esta nada absurda engendró.

Así pues, esas decisiones basadas en juicios de separación, y que ya siempre por defecto “hemos tomado”, son en parte por tanto catalogables como “inconscientes”, en ese esquema particular de cada cual, el de su personalidad-ego mundana y mundificante. Y serán esas decisiones las que nos indican, si queremos mirarlas de frente, que bajo ellas está conformado su regalito de mundo basado solo en la idea de la separación: el mundo del ego, ese que se presenta “inconscientemente diverso”, pero, para todos igual en su contenido de nada, de separación, de nulidad total (capaz de esas cómicas divisiones que se reflejan en los dos juicios de nuestro amigo ligón…), dando pie a todos los sufrimientos habidos y por haber…, con esos mundos particulares, de cada cual, esos infiernillos con esos infinitos matices cambiantes en las diferencias “egoicas”.

Decía Ramón: «Que ante una situación que el mundo te plantea, tú decides qué quieres que resulte de esa situación con el simple hecho de dar significado a cada uno de los aspectos que componen la situación…».

Claro, el simple hecho de poder haber visto esas dos cosas en la situación del bar (chica y mirada) como dos aspectos separados, ya es un “juicio del ego”. Ese es su mundo. Y si vemos lo que ocurre con estos dos juicios, nos enlazan con el contenido elemental que hay bajo estas decisiones y juicios: separación; al final, lo que se nos vende con todo esto es simplemente el contenido de separación, el falso, que conlleva o trae consigo ese supuesto mundo, el de siempre: el de la posibilidad de separar, con marcos aparentemente “muy decorados”.

Vale, entonces vemos un contenido vendido por el ego, el de la separación, nutrido después en un redoble con “significados” que parecen muy “lógicos”, y son gritados muy alto por el ego: lo que significa ese “estar ahí de la chica” o “esa mirada”, por separado, y que, luego, serán asociados en las fantasías del ego, asociados en tanto que separados.

Pero primero se ha realizado eso: la separación, tener dos juicios diferentes, dos significados para dos actos de separación “en lo de fuera”. Aunque, en realidad, parece que ese acto de separar se daría a la vez que el acto de “dar significado” egoico, y a nosotros nos toca en parte ir constatando, insistamos —y con la ayuda de siempre— que todo “decorado” esconde el esquelético y asesino contenido del ego: separación: mismamente en tu cómico ejemplo u obra, como hemos dicho: ese haber podido separar por un lado “la mirada” y por el otro “la chica allí sentada”.

Aunque podríamos también forzar una sucesión o jerarquía “temporal”, diciendo que entonces el “darles significado” es en cierto modo una especie de redoble de la apariencia, la apariencia de la apariencia, eso que queda tras el primer gesto de “separar”: chica mona y mirada.

Para el ego, el redoble es lo más importante, pues el ego quiere tapar el contenido de separación, que no es nada. Sin embargo, para el E.S., lo más importante es —como sabemos por ese pasaje precioso de los dos cuadros— el contenido de, digamos, “amor perfecto”-unión-etc, que es lo que refleja el principio de la Expiación: que la separación nunca ocurrió, y que por tanto todo y todos somos inocentes, y siempre lo fuimos, pues nada de esto ocurrió jamás.

Vale, entonces las jugarretas de “dar significado”, esas que nerviosamente el ego vemos que da a sus mundificantes y “absurdos” actos de separación, en la obra, son quizá la inconsistente consistencia que nos quiere vender el ego, son su marco podrido para su contenido de separación, un marco enormemente engalanado.

Seguía diciendo Ramón: «… y una vez que eso ha sucedido, una vez que has juzgado o evaluado mediante el hecho de dar tales significados, ya has obtenido la respuesta».

La respuesta es entonces el diario y mundano “seguir viviendo”, o la inercia de seguir dejando que viva en nuestras propias carnes ese mundo infernal de la separación en el que uno se enfrasca viviendo el marco de ese decorado enorme de mundo, tan complejo (que si “miradas” por aquí, “presuposiciones” por allá, “dificultades” por acullá, escaseces y abundancias por allá…).

Decía también: «…por lo que pedir al E.S. que te dé una respuesta, será en general infructuoso; mas, si acaso la recibes, te generará malestar emocional o incluso te pondrá furioso…».

Claro, son dos mundos-cuadros incompatibles, y de ahí la sensación de “infructuoso”, el malestar, la furia.

Esta furia, digamos que la máxima “emocionalidad”, el grado máximo de algo que podría digamos ser interpretable como “animalidad”, en realidad tiene que ver con el grado máximo de cierto tipo de “abstracción”, en la “nada”, esa que hay entre-dos-mundos (uno de ellos falso por ser su idea falsa), entre dos contenidos incompatibles, una nada vivida en esas emociones…; la nada entre “la separación” y “la verdad”…, esa nada “ontológica” brutal, que “vive” la paradoja que dio pie al universo (¡fijarse qué importantes que somos! :)…, que somos y que son todas “nuestras emociones”; son importantes…, como lo es todo, ya que…: “todo está en todo”:) ).

Claro, en la entradilla de la obra vemos en escena todo ese mundo infernal del ego, fabricado en estos millones de aparentes años “universales”:
– mundo emocional,
– mundo físico,
– y mundo mental…, de una mente que diríamos que para el ego siempre sería algo que queda como en segundo plano, tras su apabullante despliegue hormonal-emocional, ese que retrataste; de hecho está de moda en ciertos ámbitos promocionados oficialmente decir cosas como “el alma está en el cerebro” (ahora mismo, en septiembre del 2011 en Madrid, hay carteles con esa misma frase, exactamente así).

Decía también Ramón: «Tú ya habías establecido lo que querías que fuese el resultado de la situación al dar dos significados».

Claro, así pues, entre todo el barullo de emociones y “hormonas físicas” se nos habría colado ese pobre contenido, el del barroco y engalanado cuadro del ego: el contenido que no es nada, que es esa nada de la que consta “la separación”: ese “poder” dar dos significados diferentes a “las cosas”: división, separación (dos o más…, lo que sea, pero división).

Ahí, hemos vendido entonces la mente, el “tercer nivel”, ese nivel que en el cuadro del mundo a veces menos queremos “ver”, o menos nos parecería que notamos, que advertimos. Es decir, hemos vendido aquello que nos podría dar acceso al espíritu(alma): la mente.

La mente es aquello que puede permitirnos que se nos enseñe algo real, lo único real, si nos damos cuenta de que:
— podemos volver a decidir,
— de que de nosotros solo se requiere este cierto “darnos cuenta” de que somos mentes, mentes que deciden, pues el percatarse de esta cualidad es la importante, para poder entonces ofrecérsela a esa otra idea que llevamos dentro y que nos enseña otra cosa que no es separación; es decir,
— una vez situados ahí, en este plano ético donde vimos qué importante es este tema de la decisión, de la elección…, entonces veremos que en realidad solo tenemos que decidirnos por una cosa: que no hay en realidad nada que elegir, pues ya será nuestro canal quien elija por nosotros, quien elija cómo mirar las cosas por nosotros desde el otro contenido-idea del universo, ese otro contenido (amor-unión) que es completamente diferente o globalmente diferente al contenido que básicamente fundamentaba hasta hoy nuestras vidas (la separación).

Solo existen estas dos ideas en el universo, y todo está como colgado de ellas, pues el universo es consciencia, mente, es por entero mental.

Así que al final todo supondrá un…: “no tengo nada que decidir”; es decir, tengo decidirme a no decidir “por mi cuenta”, pues en realidad nunca fue posible, si nos damos cuenta de ello… decidir nada “por nuestra cuenta” (como se dice en el Curso), aunque antes de ello hemos de podernos dar cuenta de que siempre creemos estar decidiendo “por nuestra cuenta” —y luego veremos, como dijimos, que esto es imposible.

Así que hemos vendido la mente (diríamos, en broma: vendemos el alma al “diablo-que-no-existe”), hemos tirado a la basura ese nivel mental por entero, en esa actuación cómica, y se la hemos vendido al contenido de separación: al ego que se alimenta del mismo…, y que es solo esa nada de la separación, esa división constante…, ese “pecado” entre muchas comillas, ya que es el único posible “pecado” que no es ni siquiera pecado por ser imposible, pues nunca tuvo lugar la separación. El único “pecado”, el que siquiera nunca habrá cometido nadie es creer que la separación es posible.

Para “demostrar” que tal “pecado” (recordad, el único, y encima falso) sí existió, tenemos, nos hemos dado, todo el universo, para así proyectar en él nuestra culpa. Pero de vosotros depende dónde queréis “vivir”, pastilla roja, pastilla azul:
– la Matrix de la dualidad, donde la vida en realidad no es vida, no es real (y seguir por tanto reencarnando aquí, culpablemente),
– o bien en nuestro verdadero hogar con la Fuente, con Dios, que es amor perfecto.

Paz y amor

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Publicado 28 septiembre, 2011 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

3 Respuestas a “Escapar del programa del ego III: ¿hacer consciente lo inconsciente?

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  1. Un comentario hice en este foro, para intentar ver algo sobre el tema de “la culpa” en oriente…, y la correspondiente “inocencia por anticipado” —o perdón generalizado— que este Curso enseña a interiorizar, mediante llevar la oscuridad a la luz…, enseñando que era a eso con lo que J. se refería con el perdón…, ya que este universo es nuestro sueño y no hay ni hubo nada que perdonar, en un nivel…, y nos podemos liberar de forma alegre y responsable de toda culpa, quitándole poco a poco la importancia a los cuerpos según se la veníamos dando…, etc., pues son nuestro sueño, y todo está en el interior, todo es mente aunque aquí parece que hay niveles:
    «
    Mirad esta anotación;
    intento traducirla pues, es raro, muy raro, pero la copié en francés, con las dificultades que me daba eso…, cuando estuve un mes allí de voluntario, pringadete, practicando un poco en mi torpeza idiomática en algunos pocos sitios de gente rara agricultural:

    Es de Malamoud, en “Cuire le monde” (“cocer el mundo”):

    «…las palabras que designan la deuda o el préstamo…
    [recordemos que “la culpa”, en esto del curso, viene de supuestamente querer usurpar el poder creativo, y nos hemos quedado con esta mala copia de “creación”, esta fabricación tan tan sufriente-alegriente…, es decir…, lo de la dichosa dualidad esta…]»

    Esto en francés es:

    «…les mots qui désignent la dette ou l’emprunt…»

    …y fijarse que “emprunt” también significa imitación (imitación de creación!!!!!!!!).

    …sigue; diciendo que, esas palabras…:

    «…las encontramos en los Veda. Estos términos no se prestan al análisis. Nada en la forma o en el empleo de estas palabras nos provee de indicación alguna sobre la forma en que estas nociones se han constituido, nada nos remite a otra cosa que a las propias nociones».

    En francés es:

    «…sont attestés dans le Veda. Ces termes ne se prêtent pas à l’analyse. Rien, dans la forme ou dans les emplois de ces mots, ne nous fournit d’indication sur la manière dont ces notions se sont constitués, rien qui nos renvoie à autre chose que ces notions mêmes»

    Sigue:

    «Los únicos elementos que encontramos en la lengua sánscrita que puedan ayudarnos a esbozar una genealogía de la deuda son, por una parte, el probable pero no unívoco enlace con la noción de “falta” [o pecado, digamos], y, por otra parte, el hecho de que el objeto de la deuda es tanto la propia persona del deudor como la riqueza que estaría en su posesión.»

    En francés:

    «Les seules éléments que nous trouvons dans la langue sanscrite qui puissent nous aider à esquisser une généalogie de la dette sont, d’une part, la liaison probable mais non univoque avec la notion de “faute”, d’autre part, le fait que l’objet de la dette est aussi bien la personne même du débiteur que telle richesse qui serait en sa possession.».

    Así que claro, en todo “oriente” o en toda religión y todo hijo de vecino, por defecto, se estaría basando en “lo mismo” (recordemos, jaja ¡también otra vez que este Curso no es religión, pues no se puede instituir eso, ya que esto es un sueño!)…, pero… entonces la historia sería ver qué leches pasa con el tema de “ya somos inocentes”.

    Claro, eso de la inocencia solo lo puede trabajar bien uno mismo padentro; así que lo “trabajarían bien” los individuos “místicos”, de cada cultura-religión…, y trabajando el que esto es un puro sueño…, claro, y…, luego…, tenemos en todos lados “esquemas sacrificiales”, supongo, por decirlo así, que dan lugar a ritos y demás…, a vidas de lujo…, etc., dan lugar a dependencias de “x” tipo…, a mantener a la gente reunida ahí “penando” más o menos y con mil tipos de miedos…, representaciones…, ídolos…, etc., alimentando así eso que parece que hemos venido a hacer aquí: mantenernos los eguitos “en el mundo”, alimentar el ciclo de la culpa-“pecado”-miedo-al-castigo…, pues a eso hemos venido…, a expiar como le gusta al ego, lo hagamos laicamente o religiosamente, pues todos estamos tol puñetero día con la culpa…; hemos venido a expiar egoicamente como sabéis…, esa “culpa”…, sin saber qué leches estamos haciendo realmente “aquí”, en este no-lugar de dualidad…, pues no sabemos que ya somos inocentes, y que estamos uniditos, jaja, y solo queda recordarlo y en realidad no hay que hacer nada (aunque al principio sí pues tenemos que llevar la oscuridad a la luz).

    También copié esto, pues este libro de Malamoud, del que solo miré esto, iba de sacrificio, al parecer:

    «… es repitiendo el Veda como uno se libera de la deuda con respecto a los “rsi”, y es ofrenciendo sacrificios acompañados por el recitado de mantras extraídos del Veda, como uno se libera de la deuda contraída con los dioses.»

    «… c’est en répétant le Veda qu’on se libère de la dette envers les rsi, et c’est en offrant des sacrifices accompagnés de récitation de mantra tirés du Veda qu’n se libère de la dette envers les dieux»

    Lo que quiere decir… eso que ya sabemos; el que esto de repetirse cosas puede estar “bien”…, pero si se hace para que nuestro ego “haga” algo o “consiga” algo…, como si hubiera un “afuera”…, empiezan o seguirán “los problemas”…;
    y claro…, los “mantras” de los ejercicios de este Curso son “luz” que mezclar con nuestras reacciones oscuras, decisiones sucias, juicios negros, automáticos, del ego;
    pero la luz disuelve ella solita la oscuridad…, y no tenemos que hacer nada, vale;
    entonces eso…, que está el problema de “los representantes de la luz”, jajaja, y nuestra necesidad de “cabecillas”, de ídolos, o lo que sea…, unos representantes que, siempre, y muy ambiguamente, están de más, aunque siempre también sean útiles, como todo, por aquello de acompañar en el sentimiento, aclarar, ayudar…, etc. ; y todo dependerá de la situación, la cultura, la religión, la persona… (que es como acabar no diciendo nada).

    Aí que…, así de ambigua “es”, “la dualidad”, esta que no existe…, fundada en lo infundable ficticio de la culpa y ese préstamo imposible que le pedimos a Dios…, esa petición de lo imposible, a Dios-que-no-puede-ver-esto, porque si lo “viera”, entonces ya sí que la liábamos parda.

    »

  2. podrias dar un ejemplo sobre que son los 2 cuadros? (el que me ofrece dios y el de el ego)un ejemplo claro que me permita hacer la diferencia entre los dos para sanar. por cierto sabes de algun libro/blog en ingles/español que me diga con ejemplos lo que esta diciendo el texto? no quiero malinterpretarlo y a veces esta muy general (supongo para ser aplicado a cualquier tipo de ilusion) pero a veces me cuesta aplicarlo a la vida diaria y por eso me gustaria verlo mas en especifico en un caso, para poder hacer el discernimiento. gracias!

    • hola,
      gracias por comentar;
      quizá te intento comentar luego más, ahora quizá va esto un poco rápido.

      En realidad lo importante es no preocuparse, ser paciente con esto.
      Si uno practica el Curso, como es un trabajo lento, tarde o temprano parece que “se entiende” (en realidad se entiende que uno va teniendo cada vez menos cosas que entender desde el ego).

      Vamos, que será tu maestro interior quien lo aplicará a tu vida, y no sería “nuestro ego” quien lo haga.

      Si no conoces, un libro general, básico, muy aclarador para mí es el de “El mensaje de un curso de milagros”, de Wapnick. A ver si puedes encontrarlo, pedirlo, fotocopiarlo, etc. (no sé si estará digitalizado incluso ya, en inglés o castellano).
      Y referencias sobre este pasaje concreto no sé ahora a bote pronto; seguro que hay muchas en los diversos materiales que Wapnick tiene, en varios formatos.

      El marco del ego es “lo normal”, y sería por eso por lo que no lo veríamos… y no “entenderíamos”;
      en realidad no queremos entender;
      para nosotros lo normal es “pensar en separación”, pensar desde el contenido de la separación, colocarnos en esa idea inconscientemente y actuar desde ahí en consecuencia (infernal normalmente), actuar como se pretende reflejar en el ejemplo que puse en este artículo, con el pobre ligón del bar.

      Ese actuar es ya el marco.

      La idea (nada, la separación) es lo que esconde ese marco abarrotado de adornos.

      Estamos situados normalmente ahí, en la separación (ese “dos” que remarcaba en letra negrita)… los juicios separadores.

      Este artículo quería eso, empezar a poner un ejemplo donde habláramos despacio de cómo los juicios esconden directamente el simple contenido separador, la simple idea de la separación.

      Parece extremadamente difícil querer entender el curso, que queramos siquiera entenderlo…, pues el curso solo estaría diciéndonos que el universo es solo “idea”, solo mente donde solo habría dos ideas y completamente incompatibles entre sí: la nada de la separación, y el todo del amor.

      paz y amor

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