De lo terrible en el “unirse en contra de”. Sobre ciudades, ego, universo   Leave a comment

«Cuando estáis sentados leyendo este libro, en vuestro momento presente de tiempo, estáis ubicados en el centro de una red cósmica de probabilidades a la que afecta vuestro más mínimo acto mental o emocional.» (Habla Seth II)

Cuando veo por ahí expresadas o siento en mí mismo quejas sobre la vida en la ciudad, no puedo dejar de recordar la experiencia que he tenido, donde por algunos meses he vivido con un colectivo fuera de la ciudad (aparte de haber vivido “fuera” también durante otras épocas, pero ya con menos gente).

La “moraleja” 🙂 es simple.

Para contarla necesito intentar hablar de “lo terrible”* en algunos o muchos momentos de la vida…, o, simplemente en esas dinámicas tan terribles que casi siempre y muy “lógicamente” se establecen en las parejas, grupos, etc.

Creo que intentar, muy conscientemente o no, “unirse con los demás al estar contra algo”, es decir, en el pretender que estamos uniéndonos “contra” algo, alimentamos esta “terribilidad” consustancial a casi todas las uniones —que son del ego y para el ego.

Al final, de ese modo, lo que estaríamos haciendo es atacar, mentalmente; y la mente es muy importante, ya que, en definitiva, los que sienten ese ataque, los primeros en sentirlo o padecerlo, somos nosotros mismos, al atacar en nuestras mentes a nuestro imaginario enemigo, al sentirlo en nuestras mentes en tanto que enemigo, es decir, en tanto que alguien esencialmente separado, “fuera”, “otro”—y que puede ser una civilización entera, un colectivo (“banqueros”, etc.).

Así estamos al final prolongando el pensamiento por esencias (la metafísica que nos piensa), que, digamos, anula el devenir: «estos tipos SON deleznables…»; «esta gente ES “mala”…», «o “poco buena”…», etc.

Así, revitalizamos el ataque en un nivel que hasta hace poco no vi que era tan vital: en el nivel de lo mental. Y creo que el daño que con ello nos hacemos es brutal, como ya dijimos, y de ello normalmente ni nos damos cuenta: es la costumbre.

Ni un banquero ni medio banquero imaginario pueden en realidad, o deben tener ni media décima de segundo de derecho a la hora de que una cualquiera de nuestras mentes lo pase “mal” (para empezar porque sencillamente: todos somos uno).

Nadie en realidad es “terrible” en todas sus uniones en su vida, pues eso parece imposible. Simplemente esto va para intentar discernir cosas y para quien le sirva.

Veo que en realidad no es realmente posible (es decir es una ilusión, dañina al final) el creerse unidos “en contra de algo” —sea en grupo, sea con otra persona. Parece que así, unidos falsamente (“en contra”), entonces, los egos estarían como “en su salsa”, en su salsa de la separación. Y ello aunque el objetivo sea incluso tan loable y tan enorme como “salvar la Tierra” (es decir, por mucho que realmente lo que esté sucediendo es impresentable a nivel ya cósmico con nosotros aquí, en la Tierra).

He descubierto que esto tan simple —uniones esencialmente separadoras por estar uniéndose “contra”— podría ser un factor muy importante en la “terribilidad” de casi cualquier unión (!), o bien que es inherente a casi cualquier unión que más o menos inercialmente establecemos o que nos dejamos establecer por:
– “por el qué dirán”…,
– por “ser mejor —o peor— en lo que sea, que esas otras personas”…,
– por “ser más que los demás “algo”…”…, etc.

La terribilidad va en realidad en contra de la unión; y entonces, las uniones terribles parecen ser lo normal, en realidad, siendo uniones hechas en y para “el infierno”: el infierno de la carencia, la escasez, la separación… (esa separación reflejada en ese “ellos”/nosotros, etc.).

Ahora bien, hablemos del lado “positivo” 🙂 : unión, realización, felicidad.

Entiendo que “realizarse” es lo que siempre nos sucede y nos sucederá, tarde o temprano —es decir, eso llamado la felicidad (en esta o en otras vidas 🙂 )… aunque, en realidad, más bien es una especie de “recordar que somos felices”.

¿Qué sería eso de realizarse?

Si algo “te real-iza” es, creo, porque supone que te está llevando a “más realidad”, en tu vida, aquí y ahora; es decir, que te aproxima a lo real; y “lo real” es, para mí, desde hace poco, y del todo lógicamente, obviamente, la Fuente.

Esta Fuente, por cierto, no ha creado este universo, sino que son nuestras propias mentes [sic] en otro nivel de la mente más global quienes lo hacen; y, por cierto: en realidad para mí nosotros ni siquiera somos “solo universo”, pues no somos cuerpos, sino que estamos en “lo otro”, en la Fuente (tradicionalmente llamada ‘Dios’).

Es decir, y por entrar en algo anecdótico pero a veces divertido aunque otras veces también sea atemorizante: no solo tenemos, como humanos, que ver con seres extraterrestres (seguramente y más o menos directamente desde siempre: quizá parcialmente en nuestro mismo origen como “especie”…, etc.), sino que, y más fuerte aún, y más simple todavía…: tenemos una parte nuestra, en lo mental (en la “mente”, tan importante, aunque cueste tanto verlo a veces…), tenemos una parte que no tiene nada que ver con el universo de la separación, y que sabe que…, tachán tachán…: tal universo, con la Tierra incluida, claro, ¡no es siquiera real! 🙂 .

Así que lo terrible fundamenta un poco todo. Los grupos sirven a menudo entre otras cosas también para reforzar la frontera separadora en cada uno de los individuos que allí participen; pero en realidad no estamos separados, y la separación es una idea que se puede compartir, y vaya que si se hace, aunque los resultados sean terribles; “reforzar la frontera”, decíamos: y ya sea en parejas…, o sea en lo que sea…: eso nos aleja de la realización, porque la separación en realidad no existe, es solo nuestra imaginación (egoica).

Y esa “terribilidad” es obvia, por cierto, a poco que escarbemos y miremos honestamente recordando relaciones pasadas.

Un grupo podría decir…: eh, «nosotros somos “mejores”», «más concienciados», etc., que por ejemplo la “gente normal de la ciudad”…, que son más “inconscientes”, es decir, que son algo peores en esta escala que nuestro ego grupal libertador se ha inventado.

Y, en el caso de las parejas…:

más o menos inconscientemente es obvio que se/nos “unen contra” (en un “contra” muy básico también). Y digamos que ahí este “en contra” se da para preservar-privatizar ciertas cosas (cuerpos, etc.), y que tal desastre del “en contra” sucede a no ser que se problematice lo esencial en comandita; y lo esencial sería relativo a no cerrarse o a ofrecer esas fronteras egoicas a otra cosa que no sea el prolongar la carencia, el prolongar el sentirnos especiales, etc. (es decir: ofreciendo la dilución de las fronteras a algo aparentemente muy esotérico, como dije arriba, más esotérico de “lo normal”, pero sin lo cual no hay vida real, y claro, con ello no me refiero a añadir encima otro deber más al carro: el de tener que ser por ejemplo más promiscuos en la vida, etc.).

Es decir, la terribilidad ocurre a no ser que, por el motivo que sea, la relación de pareja o la relación grupal que sea se use o se convierta básicamente al “otro uso”, y más o menos inconscientemente, ese otro uso que tiene que ver además con una especie de “dejarse llevar”, en una especie de unión con la Fuente que no ve diferencias.

¿Y la ciudad qué pintaría aquí?

Podríamos empezar a hablar de ello.

En parte es como si la ciudad fuera ya de hecho un inconsciente unirse-contra el campo, contra “la naturaleza”, es decir, contra otras relaciones que se dirían “más naturales”, que son en general las que nos preceden en la historia (simplificando).

¿Por qué “inconsciente”? Porque esa decisión de “estar en contra de algo” (“estar contra lo natural”, en este caso)…, estaría implementada, obviamente, en las mismas formas de organización tecnológica, en las infraestructuras…, aunque también habría que meter ahí, en esta historia, quizá todo este devenir-“progreso”…: esas cosas elementales y supuestamente “históricas”: como las de la imitación de las formas de vida en plan “burgués”…, con esos sus ciertos ideales, hábitos o criterios relativos al “lujo”…, o bien con ciertos patrones de “superación”…, por así decirlo; es decir, una imitación que obviamente además vemos que está mezclada también con lo industrial en general: con “lo obrero” (por ejemplo, los típicos ascensores, los elevadores de las casas de pisos en las ciudades…: son una invención que surge en las minas, que yo sepa).

Bueno, aparte de esto: tal mezcla se dará solo en las ciudades o barrios donde haya mucha “clase media” :), porque…, si no…, el hacinamiento es demasiado espantoso si es que no estamos acostumbrados a él (aunque…, en realidad luego también “se vive”, como sabéis…, pues al final…, la Fuente…, está dentro nuestro, y “¡podemos con todo!”—gracias a ella (¡gracias al amor perfecto, a Dios!)).

Así que lo dicho, ese ir “contra lo natural” en la civilización obviamente parece algo “materializado”, o algo muy material, hecho inconsciente en las infraestructuras, la tecnología…

Entonces, podría ser especialmente “malo” que la gente nos parezca “culpable” por abogar por la ciudad, o por simplemente no cuestionarse sobre el tema…, o peor aún a veces podría ser el culparnos a nosotros mismos durante toda la vida.

Así pues, el “ir contra lo natural” se ha convertido en algo automático, material a gran escala, a una escala diferente si queréis, con este tipo de imperio inercial de lo económico, con todo este proceso, digamos “anti-ecológico”; es decir, lo tenemos hecho inconsciente en todo este mega-sistema industrial-económico en general. Además, recordemos que en realidad mucha gente estamos ya como metidos en ese “problema” de toda la vida…: el problema de la culpabilidad que hay en este tema ecológico…, la impotencia…, e incluso el gobierno “económico” quizá se haya realizado mecánicamente pero a la vez contando de algún modo con tal “culpa”…; no sé, y quizá es bueno ser conscientes de este jaleo, por mirar los líos del ego y espantarlos de uno mismo, espantar la culpa: ¡fuera!

Es decir, la gente, aunque lo hagamos tontamente a veces por el mero hecho de haber nacido en las espantosas ciudades…, no podemos-debemos autoatacarnos o atacar (culpa)…, diciéndonos por ejemplo:

eh, mira cómo odiamos el campo; aunque ya digo, muchos desde pequeños a veces nos hemos culpado por cosas relativas a esa paradójica “brecha” que existe, que se va colmando de cierto modo…, y más quizá en zonas como Madrid…, entre urbe y lo demás.

Entonces, ¡qué ambiguo es todo esto! —y a la vez qué increíblemente “egoico”—, ya que podemos llegar a estar contra toda una civilización (“la ciudad”); es decir, podemos llegar a estar directa o indirectamente “en contra” de millones y millones de personas, enredadas como están en el espectro de “formas de vida” urbanas  (y a veces “sin poder salir” ni aun queriendo…, por ejemplo debido a motivos afectivos —y ahí va incluido lo económico, que es afectivo en primer término). Estamos de tal modo “en contra” de gente que, en definitiva, podría ser por ejemplo nuestra propia familia. Así pues, con esto tenemos un ingrediente más para la infernal salsa del ego —uno más para este terrible lío, tan paradójico.

Entonces, supongo que el ego, con este tema, tiene un gran castillo desde el que lanzar sus flechas-juicios de separación; otro castillo más.

Y, en general, lo tiene en ese “compartir lo que no se puede compartir”, del que hablábamos a cuento de “ir en contra”…, a cuento de “la separación” en general.

Así, el ego, obviamente, se obstaculiza el poder devenir otra cosa. Es decir, si creemos que lo que nos une es tener enemigos, en parte obstaculizamos el movimiento más general para el cual, en realidad, creo ahora —desde hace poco tiempo— que hemos venido todos al universo: deshacer el ego, simplemente.

Si aceptamos el ataque nos hacemos ataque, nos convertimos en ataque, y alejamos un poco la posibilidad de, al menos, cambiar de ego 🙂 ; aunque, el ideal en cuanto a este cambio —ya digo…—, y poniéndonos en esto super-místicos…, cosa a la que gracias a dios-la-Fuente yo casi ya llegué 🙂 …, el ideal, digo, es…: deshacer el ego (claro que con cuidado), pues el “cambio” en realidad es otra trampa.

Entonces para mí que ni siquiera es posible hacer nada cuando nos unimos en un “en contra”. No podemos quizá compartir realmente un interés cuando éste se basa en “contra algo”.

Y digamos algo más sobre este tema-ciudad…

Realmente a veces “lo malo” es cuando vas “fuera”, y te acostumbras o sensibilizas a “lo otro” 🙂 . Tras mucho tiempo por ahí rondando…, se ve tan claro…, que asusta. Y este susto es tan “desafortunado” como “afortunado”…, ya que por una parte esto nos vuelve así como todavía más “especiales”, es decir, obtenemos un mayor refuerzo del ego…, y eso, al ego, obviamente le encanta.

Pero es que este contraste con lo que hoy hay en la ciudad parece algo catastrófico, y muy obvio: hasta me parece notar muy bien el pitido de los múltiples ADSL… (cada uno con su antenita a todo tren)…, y, no digamos ya, lo que se nota en el tema agua si eso lo has cuidado en el campo…, o comida y aire si ídem; es sencillamente brutal el choque.

Así que ya tenemos el lío montado:

– el tema de la sensibilidad,
– los chantajes de la ciudad que nos pueden “obligar” a estar en ella…, siendo por ejemplo además, la región de Madrid, un lugar donde esto del campo algo a veces resulta aparentemente “más difícil” que en otros lados, a no ser que te lo organices de “x” modo…, etc.

Pero bueno, volviendo a lo del supuesto “compartir” separación, en un “unirse contra algo”…: si solo hiciéramos eso, en la vida (cosa que es imposible), “moriríamos”.

Lo digo porque las comunidades o colectivos supongo que lo que hacen es cuidar precisamente eso, lo que les une, claro.

Uno de los problemas que creo que más o menos inconscientemente siempre tuve en general (mi ego lo tenía programado así…) es que no tengo mucho, o nada, que defender de “la ciudad”, nada que defender de este “modo de vida”, de este aire, agua, asfalto, y ahora radiación, etc. (aunque un “problema” tonto y gordo mío —algo más “a perdonar”, una cosa más— también digamos que ha sido “lo familiar”, como para tanta gente).

Y supongo que eso de “no tener mucho que defender” lo siente muchísima gente, en general, y ya sea que se lo hayan planteado o no demasiado (y no se hace o no se puede hacer nada “en contra”). Y es que quizá tiene que ver con una especie de ambiente depresivo relativo al absurdo que supone el sistema industrial en general (la industrialización de las consciencias: “publicidad”…, o la industrialización de todo…), y ello aunque las iniciativas que palían cosas sean bonitas, loables, vitales, etc.…

Pero de todas maneras las ciudades seguirán y seguirán “vivas”…, y el orden industrial con ellas…, con esas sus relaciones de poder que vienen en el mismo regalo, y empaquetadas como están, en un bonito papel de regalo y con un bonito lazo rosa de: la “abstracción” de “lo económico”…, esas relaciones que por ejemplo no permiten la más o menos lógica evolución hacia algo que no sea “petróleo”; seguirán, pero en realidad…, yo ya estoy empezando a liberarme de esto, y valga para decirlo todo aquí: resulta que no hay que preocuparse tanto, pues todo esto —e incluso el universo— es en general un programa, un guión, es nuestra propia trampa, además. Así pues, todo es muchísimo más esotérico de lo que creía. Y salir de este embrollo supone, para empezar, dejar de creérselo; sí, así de simple: dejando por ejemplo de atacar, de culpar, etc.…, ya que si atacamos, como resulta que SOMOS UNO…, entonces, si atacamos…: NOS atacamos a nosotros mismos (!)…, es decir, si culpamos, nos culpamos a nosotros mismos…, etc., etc., etc.

Hablábamos de “nada que defender”, o de “poco que defender”; ¿factores para esto?

— atomización de la vida, contrarrestado lógicamente con los movimientos colectivos, que nos alegran en el sentido de mera unión…: “política”. “Política” en tanto que apertura de espacios donde vivir por ejemplo uniones no previstas, solidaridades imprevistas…, es decir, la esencia por tanto de la alegría aliada a la novedad: el hecho de que la alegría no viene de este mundo. Es decir, momentos especiales para reflejar aquí, en la tierra, categorías que solo son del Cielo: unidad. Aunque ese hecho inevitable, el de que sean especiales tales momentos —o de considerarlos así…— es lo que conlleva “la trampa”, o es lo que normalmente en el universo, en la dualidad, hace que todo a la vez sea trampa inevitablemente: institucionalización, etc.; aquí en el universo todo son componendas, reconciliación de categorías, esas que son inefables…, que no son de aquí…, reconciliación de ellas con “lo material”, lo “conceptual” en general…, que responde caótica y mudablemente a “lo de aquí”).
— asquearse de mismamente “la ciudad”… con “las cosas de la ciudad”…,
— o cierta “edipización”, es decir, cierto frikismo o “frikizarse” y dejarse frikizar —–por lo que sea— a nivel familiar…, pareja, etc.

Así pues, casi que en las ciudades tocaría unirse simplemente porque uno quiere vivir —y punto. Y seguro que es así como ya podríamos contemplar lo que de todas maneras se hace, quizá, en “política”.

Pero en cuanto a la vida…, a “la vida auténtica”…, yo ya vi que eso no es de este universo 🙂 , y que, nosotros, en realidad, no estamos aquí 🙂 .

Esto es solo un sueño, nada más y nada menos.
Paz y Amor (y felicidad, claro).

____

* “lo terrible”:
una de las últimas cosas que hice para la anterior web que tenía fue traducir parte de un divertido escrito de Tiqqun que trataba de la terribilidad usual en nuestras uniones, grupos, parejas, etc. Es fundamental el tema, como luego he visto, pues obviamente tiene un enlace muy fuerte con lo que llevamos hablando por aquí, esencial y más general sobre no-dualismo, sobre “deshacer el ego”, etc. Normal e inconscientemente nos unimos en relaciones especiales para reforzar la carencia en nosotros, para reforzar el ataque, etc. Normalmente las uniones están maldecidas por el ego.

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