Kierkegaard. Más notas “traduciendo” de forma puramente no-dualista algunos textos clásicos   Leave a comment

 «El mundo exterior es un reflejo del mundo interno aunque mucho menos perfecto. El conocimiento interno puede compararse a un libro sobre su patria que un viajero llevara consigo a un país extranjero. El hombre nace con el ansia de que estas verdades se hagan reales para él, aunque ve una gran diferencia entre ellas y el entorno en el que vive.» (Habla Seth II)

Otro texto más, a ir ampliando —con alguna que otra nota de Kierkegaard (“K.”)— y de forma similar a lo que hemos empezado a hacer con Simone Weil.

Esta cita de K. me resulta fascinante, expresando una cosa por otra parte tan obvia, tan “clásica”, tan digamos “general”:

«Cuanto más avanzan lo artificial y el activismo [activismo = «estimación primordial de la acción»], más y más son los que en cada generación trabajan como esclavos toda la vida en los bajos y subterráneos parajes de la confrontación, y como los mineros que nunca ven la luz del día, así estos desgraciados nunca llegan a ver la luz: aquellos pensamientos sublimes y sencillos, aquellos primeros pensamientos acerca de lo glorioso que es ser un hombre. Y encaramados en los altos lugares de la confrontación, que impone su falso juego a la sonriente vanidad y engaña a los dichosos, éstos ya no reciben ninguna impresión de aquellos pensamientos sublimes y sencillos, de aquellos primeros pensamientos.»

(K. Los lirios del campo y las aves del cielo; Trotta ed.; p. 57)

Aunque, por supuesto, no hay que añadir más confrontación, pues hay que leerlo y a la vez inmediatamente quitarle hierro al asunto, es decir, no hacer dos partidos entre:

— el partido de los desgraciados y perdidos, de los que “se perdieron”, pero que en realidad somos todos, pues todos llevamos implementado un “perfecto” ego, impoluto en su estar completamente podrido…, de una manera u otra…, con unas u otras excusas, con unos u otros “ídolos” en los que proyectar “alegría” o “tristeza”, pero las del mundo-infierno de la dualidad que es este universo…, las alegrías impuras que dependen de las tristezas…

– y el partido de los “despiertos” (nosotros los perroflautas y compañía, por ejemplo).

No hay partidos, si bien a nivel general-mental, en el universo, puede resultar muy explicativo, como ya dijimos. Y es que todos estamos en el mismo problema, y con la misma solución en nuestro interior. Los partidos son solo una ilusión más, relativa por ejemplo a creerse especiales en lo espiritual o en lo anti-espiritual (ambos polos están de moda dentro de sus ámbitos…)…, en lo político o en lo anti-político (ídem…)…, etc. En fin: más y más “dualidad”.

Y no sé si K. habría podido decir más con menos, con tan pocas palabras…, en una frase tan tan precisa como la siguiente —extraída del texto de arriba, sobre el ego…, sobre la fascinación del ataque, de la confrontación…, en el tráfago de lo “mundano”…:

«Y encaramados en los altos lugares de la confrontación, que impone su falso juego a la sonriente vanidad y engaña a los dichosos…»

Es tan inspirado este K.… que no nos cuesta nada sentir aquí la transformación “no-dualista pura” (que vamos sintiendo, lógicamente, al ir “trabajando el no-dualismo puro”, como se va pudiendo, crisis tras crisis…)…, es decir, que cuando le leemos, en algunas ocasiones, diciendo que Dios creó algo de este mundo…, ya sabemos que en realidad eso es “metáfora”:

como sabemos, no es así, sino que la Fuente, Dios, no tiene nada que ver con este mundo, que es nuestro sueño.

Entonces, inmediatamente, este estado de inspiración y tembleque que provoca el leer a K. nos lleva obviamente reinterpretar el postulado de fondo, el de la creación del mundo por Dios; y es posible. Dios “crea” aquí, digamos, “indirectamente”, en el mundo. Es decir, más bien no crea nada de lo que vemos, sino que su creación solo se refleja en nuestra percepción cuando perdonamos (cuando nos perdonamos a nosotros mismos por lo que inventamos en esas imágenes que atacamos, en lo que inventamos como “separado”, como sistema de la separación… Así nos reunimos en el perdón…, en el compartir intereses…).

Más adelante en estos discursos de K. vemos expresado algo que obviamente sirve para argumentar esto, cuando K. habla de estar creados “a imagen de Dios”:
«…la imagen de Dios es precisamente la gloria invisible. […]
» Ser espíritu es la gloria invisible del hombre.»

Al ser meramente nuestro sueño, en todo este universo o mundo en realidad la “creación” de la Fuente solo se refleja en tanto que un deshacer; y es que aquí nada se puede crear, pues nada dura, como es obvio, y la palabra “crear” está entonces reservada para la actividad en el ámbito de lo que dura eternamente, que obviamente no es de este mundo, aunque sigamos enganchados ahí. Desde nuestro interior podemos reflejar la creación de la Fuente, de Dios; el interior es el único lugar donde realmente hay verdad, siempre tapada por los gritos del ego; la verdad se manifiesta, pues, solamente como despertar nuestro, cuando aprendemos (gracias a Dios) a re-percibir —con aquello que aún nos comunica con la verdad, con la Fuente, con Dios, con Brahman…—, aprendemos a re-percibir este sueño de dualidad de otra manera, de la única manera realmente posible. Es decir, se da el milagro.

Así, cuando leemos algo que parecería estar sustentado por un postulado que diría algo así como…: “Dios creó algo de esto que vemos ahí fuera”…, reinterpretamos tal postulado, automáticamente (en nuestro sentir no-dualista), en tanto que un reflejo de la “proyección correcta” desde nuestro espíritu; es decir, en tanto que el perdón en que consta nuestra percepción correcta, cuando se convierte en total, en unitiva, reflejando el amor perfecto del Cielo, que es nuestro verdadero y muy real hogar, con Dios (pues recordemos: todo es mente, el universo es ilusión creada por la idea de la separación y su aparentemente larga historia —la falsa eternidad del ego-universo).

Los discursos de K. sobre este pasaje de los evangelios son preciosos, aunque no conozco casi literatura de este estilo; quizá se podría decir, en mi ignorancia, que es muy interesante esta combinación de “estilo mística” con el estilo “comentario”-ensayo…, en estos “sermones” que parece que nunca fueron realmente sermones…, pues él se llevaba mal con la institución religiosa de turno, y no andaba por ahí declamando nada —es decir, creo que normalmente no le comía la oreja al personal.

Sobre la elección

Este es uno de los temazos o “el temazo” de K.

Ahí va esta cita, que es una cita “muy hinportante” de Kierkegaard, sobre LA ELECCIÓN:

«La elección misma es decisiva para el contenido de la personalidad; ésta, al elegir, se sumerge en lo elegido, y si no elige, se atrofia y se consume. Por un instante puede ser, o puede parecer, que hay que elegir entre cosas que están fuera de quien elige; que éste no guarda relación alguna con ellas, que puede mantenerse indiferente frente a ellas.Tal es el instante de la deliberación; pero en realidad éste [instante], lo mismo que el platónico, no es nada, y mucho menos en la acepción abstracta en la que tú quieres tomarlo, y es menos cuanta más atención se le presta. Lo que hay que elegir guarda la más profunda relación con aquel que elige, y si se trata de una elección concerniente a una cuestión vital, es preciso que el individuo viva al mismo tiempo, y por eso llega fácilmente a alterar la elección cuando la posterga, por más que delibere y delibere, creyendo mantener así bien separados los opuestos de la elección.» (Kierkegaard; Escritos 3: El equilibrio entre lo estético y lo ético en la formación de la personalidad.) (Un artículo —a bote pronto— donde se habla de este tema: http://www.sorenkierkegaard.com.ar/index2.php?clave=colaboracion&idcolaboracion=25 )

_________

Algunas citas rancias… (1855)
…pero que serán de actualidad en todo este milenio que nos queda —el cansado y muy tercer milenio— en este universo de mentirijillas (pues el universo seguirá así de “cómico” (por no llorar), tan tan “cómico” como se plasma en la cita).

He aquí el muy cabreado K. del último año de su vida:

«Pero, pero, pero aquí reside la dificultad: justo lo que el Nuevo Testamento entiende por cristianismo y por ser cristiano es —cosa que el Nuevo Testamento de ninguna manera oculta, sino que reafirma tan decisivamente como es posible— lo más opuesto al hombre natural, un escándalo para él, algo contra lo que debe o bien rebelarse con salvaje pasión y porfía o bien quitárselo de encima astutamente, a través por ejemplo de la canallada de llamar cristianismo exactamente a lo contrario, y entonces dar gracias a Dios por el cristianismo, por el gran e invalorable regalo de ser cristiano.
» […]
» Fíjate, aquí reside la dificultad: de ninguna manera en poner en claro que el cristianismo oficial no es el cristianismo del Nuevo Testamento, sino que el cristianismo del Nuevo Testamento y lo que el Nuevo Testamento entiende por ser cristiano es lo que menos agrada al hombre» (El instante)

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