Lógica: echando mano del humor de lo absoluto para echarse en los brazos del lugar donde ya no hay elección   1 comment

 «Toda acción es inicialmente un acto mental. Así es la naturaleza de la realidad. Esta frase nunca será subrayada suficientemente. Por consiguiente, todo acto mental es válido. Existe y no puede ser negado. 
» Como quiera que vosotros no los aceptáis como acontecimientos físicos, no podéis percibir su fuerza o su durabilidad. No obstante, vuestra falta de percepción no anula su validez. Si uno de vosotros quiso ser médico y tiene ahora una profesión diferente, resulta que él es médico en alguna otra realidad probable. Si tenéis capacidades que no estáis usando aquí, las estáis usando en algún otro lugar.» (Habla Seth II)

Hay dos formas de ver la lógica.

Primera forma: lo relativo, las graduaciones, las evaluaciones

Diciéndolo rápidamente esta forma tiene que ver con el sujeto moderno, que sería el supremo destilado de una —según dicen— universal característica de la mente humana: cierta “necesidad de objetividad”, un cierto tener que vérselas con un “andar por casa”, un mundo “ahí fuera”, separado básicamente para fines utilitarios.

En realidad este asunto de lógica “nivel 1” se dice que tradicionalmente vendría de Platón-Aristóteles, con la Academia y su gesto “burocratizante”…, con ese gesto de cierto “manos a la obra”, vamos a “saber” (he aquí ese humor negro del que hablábamos, tras aquel acto de vaciado irónico y subsiguiente humor blanco activo en el instante de un Sócrates (suponemos), pese a que siempre el humor negro contiene aparentes trazas de ‘sabiduría’ (“relativa”); y eso sería “la filosofía occidental”, en realidad: humor negro con trazas).

Y ello parece que ocurrió, como decimos, tras aquel otro gesto irónico-humorístico liberador de un Sócrates.

Bien, como todo ‘sabio’, ese trabajo de aguda “escucha interior” que Sócrates realizaba (que fue ridiculizado en su momento como hoy tanto se ridiculiza a “lo New Age” por exactamente el mismo motivo) obviamente no es un trabajo que se pueda realmente plasmar, registrar. Es decir, no se pueden registrar los “efectos” de los encuentros de gente alrededor del acontecimiento de un simplemente percatarse: percatarse de que, por ejemplo, «uno no sabe nada, ¡absolutamente nada! Y realmente nadie sabe nada, en ningún nivel».

Así que —y parece que particularmente en “Occidente”— tal evento lógicamente dio lugar (y lo hizo “como es lógico”, en este sentido primero y vulgar de “lógica”) a mil y un rasgos “pedantescos” para los movimientos de sabiduría “secundarios”, esos que más o menos intentan hacer recetas, muy lógicas todas ellas, o que, cuando son “más sabios”, intentarían institucionalizar de cierto modo cierta labor “depurativa” con mayor o menor éxito y mayor o menor “moralización” (antes de —o en paralelo a— la existencia de esta tradición “aberrante” de lo académico-escolástico).

Esto en “Occidente” ha tenido mucha vida, como se sabe; y se le ha dado vida de una forma larga, pesada, abultada…, tanto quizá como para terminar vaciando por aburrimiento las facultades de “filosofía”, aunque no sé si en algún momento han estado “llenas”.

Esa cierta “salvaje creación de conceptos” ha tenido una larga vida, y quizá la tenga en adelante por mucho más tiempo, al igual que durarán y durarán también las grandes religiones instituidas (y ambas dos por la misma razón, en el “superficialismo” que “gobierna” este caos del ahora muy megalomaníaco mundo del ego).

Recordemos, esta filosofía occidental resulta tan pedantesca por ser un sutil adorno de una máxima que el mundo en general tiene en su pórtico. El pórtico del mundo del ego abre sus puertas bajo esta máxima descabellada y des-cabezante: “busca, pero no halles”.

Así pues, este tratar a la sabiduría como “de lejos”…, es decir, esta sabiduría secundaria que hoy también sirve por ejemplo para en parte martirizar a la gente con el curriculum de por ejemplo los estudiantes de secundaria (y hoy ya en menor medida, al parecer, para bien y para mal, puesto que cada vez será menos obligatoria y estará aún quizá menos presente en dicho curriculum)…, esta sabiduría secundaria, de un tiempo a esta parte siempre anduvo con el substrato —por diluido que éste esté— del “sujeto moderno” (en el “postmoderno” está, aunque esté diluido…, pero está igualmente…, pues los tentáculos del sutil acto de separación son alargados).

El final de todo esto, es decir, el final de “la metafísica”, está sellado aquí mismo en el propio Occidente con el nombre de ‘Heidegger’. Éste señor termina lógicamente por convertirse en no otra cosa que precisamente «un ‘sabio’» (por el hecho de hablar como él hablaba…, de esa forma tan simple al final, sobre el Ser…, con sus orondas mayúsculas ‘Ser’…, como lo hace la New Age hoy…, o hablando por ejemplo de ‘dioses’…, etc.).

El sujeto moderno duda; acto seguido parece que se objetiva ahí fuera (“conceptos”, etc.) y pierde el contacto con lo absoluto (la fuente de verdadera transformación), dando lugar a mil y un historietas que siguen más o menos superficial y secundariamente “transformando”…, a veces…, o bien simplemente reflejando muy indirectamente la transformación más potente y simple que en realidad funda y fundará siempre todo esto (la que llega de lo absoluto y que no podemos controlar, como nunca en realidad hemos podido “controlar” nada). Estas transformaciones superficiales, por el hecho de su superficialidad, lógicamente, tendrán más o menos consecuencias aparentes en el mundo histórico-físico —igualmente fascinado por “lo superficial”, como es obvio. Pero esto solo se ve a toro pasado.

Ese mundo “físico” es, recordemos, aquel que de todas maneras sabemos perfectamente que desaparecerá, sin dejar ni rastro, como ha ocurrido ya además al parecer varias veces en este planeta, en civilizaciones que hoy en día queremos desconocer, y como ocurrirá en general con todo el planeta, con el sistema solar, etc.*

Aquí, en este ámbito de lo lógico, en el “vulgar instrumental-metafísico”, podemos fabricar muy barrocas maravillas y, con o sin la ayuda de las matemáticas, y podemos por ejemplo ver que el principio de no contradicción en realidad simplemente refleja un caso particular de mundo (como divulga Badiou).

Entonces, en este sentido (y menos aún en la era del postmodernismo) no es ni práctico ni cauto andarse mucho por ahí alertando a la gente sobre…:
– «eh, tengamos “más lógica”»,
– «eh, veamos qué es esto “en realidad”»…

No está de moda tal cosa, y más profundamente, en realidad en el mundo nada realmente puede aguantar ni el más mínimo atisbo de diálogo a lo socrático, nada de lo de este mundo lo puede aguantar…, ninguna ‘economía’, ‘sociología’…, etc., ya que “cada uno tiene su verdad”, y la verdad es relativa en este mundo del caos (depende de la “tradición” y de los movimientos paralelos que la remodelan (ej. “marxismo” y sus evoluciones)).

Y ya dijimos, en tal mundo estamos nadando en el a veces tan “divertido” (macabramente divertido) elemento del ego, y es un mundo que por ello está implorando constantemente las pre-epifánicas arremetidas de la ironía, con el subsiguiente humor —a ser posible blanco, no negro (por pedir, que no quede).

En el irrisorio mundo de las diferencias del ego la conexión con lo absoluto tiene mil y una maneras de disimularse en mil y un movimientos del sujeto, perdido en la maraña de las diferencias mundanizantes.

En este mundo, así, de lejos, digamos que, al “sujeto” de la duda postmoderno, aún parece que le resultaría algo extraño andar diciendo por ahí, a la gente, de repente…:

— ¡eh! Elige “o bien esto, o bien lo otro”. “O lo uno, o lo otro”. “O… o…”. “Pero… nunca los dos, jamás, ¡imposible!”. “O una cosa, o la otra”.

Es decir, el principio de no contradicción no tiene mucho sentido aquí. Aquí todo son medias tintas (y desgraciadamente normalmente vienen sin los calamares).

El sentido absoluto de ‘lógica’

El anterior sentido de lógica es el relativo, es el superficial, es el del sujeto que se deja inundar por mediaciones y proyecta en conceptos el caos de su propia insulsez vital, que refleja este mundo que quiere ser “su mundo”, y que lo llama desde su nadidad.

Esto, sí, es muy “productivo”, y puede hasta resultar muy pero que muy excitante para el sujeto. En realidad ocurre básicamente que “esto es lo que hay”. Y a veces será más excitante aún si además se puede vivir directamente de su cualidad de insulsez (mucha gente vive de eso o vivimos en eso), y se puede además embaucar a unos cuantos ‘seminaristas’ o estudiantes a la causa —pues… eso sí, ante todo… la soledad “no es buena” :), no al menos en el mundo de las medias tintas, y no vaya a ser que… des-esperemos :). Y bien, ya digo: es lo que hay (o hubo).

Pero nos queda el otro sentido.

Kierkegaard (1813-1855) lo tenía muy muy claro; lo expresa de una manera maravillosa. Y esto no es solamente una “cosa vieja” en “filosofía” (no es del siglo XIX o del siglo de Spinoza, que también digamos que “iba por ahí”…), ya que lo vemos por ejemplo reflejado hoy en día también en el bonito uso que Badiou hace de “dos tipos de lógica”; este “filósofo” es en parte una especie de “excepción de filósofo”, quizá: Alain Badiou.

Badiou os puede “servir” (como me pasó a mí; y ello si queremos y si queréis “perder el tiempo” en esto mientras os ponéis un poco pedantes…) como un obvio puente entre “la filosofía” y “lo espiritual” (“la sabiduría”), tal y como nos puede también servir el “primer” Heidegger; el “segundo” es obvio que “sirve” para ello, por lo que voy viendo, y como es lógico…, ya que ese chocho viejito “espiritual” que parece que fue Heidegger en su última época sería una especie de ‘sabio’ o digamos de casi iluminado, a la par que alguien tan tan “erudito”…, con su precioso e irremediable camino en ciernes, ese camino que nos espera a todos en tanto conectados con la Fuente, con lo absoluto**.

Entonces, en realidad, esto llega hasta el siguiente límite: solo hay dos “protagonistas” en el universo:
lo absoluto, la no-dualidad de fondo que es lo que en realidad nos inspira despertándonos, que nos enlaza con lo único real: amor perfecto, que nunca condenó a nadie y no puede ni saber qué es el miedo (en realidad nosotros tampoco). O bien, en contraposición,
lo relativo, que fue el “tema” de nuestro primer comentario acerca de “lo lógico”, el de arriba, el del mundo salvaje y caótico del ego, con sus supuestas leyes y evaluaciones-clasificaciones-graduaciones que en realidad no ordenan nada, que básicamente ordenan en la nada, pues su mundo es nada, y es simplemente un velo, una cortina de humo ante la verdad de lo absoluto; ese velo somos nosotros mismos (en cuerpo y en desalma(dos)), y somos por tanto nosotros quienes nos encargamos de recrearlo día a día, constantemente, con nuestras muy egoicas evaluaciones, juicios, reacciones, apegos, etc. Y ello porque el universo, como sabemos ya tras decirlo de mil modos, es nuestro sueño, aunque parezca una locura decir esto ya que la trampa está en que aquí nosotros a nosotros mismos nos vemos como seres débiles, finitos, muy inferiores y pequeñitos… entre todo este jaleo tan atemorizante, con tanta crisis, tanta acumulación más o menos absurda de gente compitiendo por “envenenarse” en las ciudades…, tanto animal comiéndose entre sí y comiéndose a “las pobres” plantas en “la naturaleza”…, etc. Pero, el espíritu con el que estamos conectados, y que nada tiene que ver con los cuerpos, no es eso que queremos aquí creer que nosotros “somos”; nosotros no somos cuerpos.

A lo absoluto no accedemos por la mera duda en el sentido usual. Se accedería más bien, y como tan bonito lo expresa Kierkegaard, por la desesperación; es decir, con una desesperación que fundamentaría, digamos más “existencialmente”, un cierto vaciado que se abre a lo absoluto en nosotros, es decir, que se abre a la voz, a la de siempre (Sócrates, Jesús, etc.), a esa voz que habla sin tapujos por “lo que no es el ego”***. Siempre el hecho de mirar al ego de frente (sin juzgarlo) contiene un matiz de “des-esperación”, un algo “des-esperante”. Y un tal mirar parece que es algo que necesariamente debemos realizar, tarde o temprano, para empezar a despertar.

Aclaremos ya: “desesperación”…, jajaja, esto no quiere decir que tengamos que “pasarlo mal aposta”. Por ello nos tocará matizar mucho este asunto —y ya empezábamos a hablar de ello a cuento de Simone Weil y Spinoza.

Claro que un cierto des-esperar ya en parte siempre estará en toda “posición subjetiva”, en cualquiera de esas posiciones que luego dan lugar a los (in)convenientes “mareos conceptuales” en nuestra tradición.

¿Por qué? Porque en realidad la filosofía siempre tuvo que ver más o menos con un cierto abandonar los juicios sobre el mundo, las opiniones (o un problematizarlos de forma básica)…, es decir, con un posible no esperar (“des – esperar”) ya mucho del mundo en tanto que ese supuesto lugar imaginario “ahí fuera” al que apegarse —muy directa e imaginariamente— a nada, a su nada…, pues en realidad “el mundo” resulta consistir solamente en nuestras imaginaciones sobre él (esto parece estar en parte o del todo en la base de toda la vieja filosofía: estoicos, epicureístas…, etc., para poder así operar sobre los apegos con sus juicios-píldoras contrarrestantes).

Y por ejemplo, en el caso de la ira, lo que normalmente nos provoca la ira…, y si lo miramos despacio…, son solo nuestras reacciones ante supuestos hechos “ahí fuera”… es decir: solo reaccionamos contra nosotros mismos…, contra nuestras reacciones (tal y como vemos expresado claramente en UCDM (ver ‘Bibliografía’ abajo)).

Y luego, lógicamente enseguida es fácil perder el sentido, el del “primer ímpetu” sabio que nos impele a abandonar todo juicio desde la llamada compartida con algún ‘sabio’ cercano es decir, es fácil perder ese cierto “sentido” digamos “vivencial” de todo esto 🙂

Y claro, no es lo mismo que alguien abra realmente el canal de lo absoluto (con gran potencia, pues en realidad siempre lo tenemos ahí esperando y siempre un poco ya abierto en todos nosotros)…, no es lo mismo eso que sentarse a leer un libro o que ver “imágenes” en una pantalla…, etc. Esto no puede ya comunicar simplemente estando delante, pues existiría un sentido de ‘comunicación’ por el cual vemos que toda mediación corrompe su sentido, el de dicha ‘comunicación’. Y de esto quiso avisar Platón, al parecer, tan clara y simplemente —ese post-sabio.

Entonces, todo dependerá de la situación vital del oyente-estudiante, aunque su esencial soledad ante el curriculum de turno (o en general ante cualquier programación mediatizante (incluso TV 🙂 )) siempre lo ponga en desventaja con respecto al “oyente directo”…, el “oyente” de alguien en proceso de “iluminación” o que ya está iluminado-despertado. Quizá el propio Sócrates lo estuviera claramente…, y parece que en el caso de Jesús sería lo lógico que lo estuviera, en vida, “despierto” de este sueño de universo: es decir, con esa auténtica felicidad que solo puede venir de lo absoluto —un ‘absoluto’ cuyo apodo es también ‘Dios’, en nuestra tradición…, o bien la Fuente, en idioma Nueva-Erense, etc.

Des-esperar es pues algo en el fondo “positivo” (tiene que ver con lo único que prácticamente podríamos llamar “positivo”), pues, dicho abruptamente, des-esperar es darse cuenta de la verdad, es decir, de que no hay nada que se pueda esperar del mundo en tanto que mundo de diferencias.

Desesperar es percatarse de que lo único positivo que podemos hacer se muestra de una forma negativa: ese tal des-esperar; es decir, un no esperar ya nada de lo de “fuera” en tanto que “ahí fuera” —pues nunca estuvo “fuera” de ningún sitio, ya que todo esto no es ni siquiera un “lugar”: es nuestro sueño-proyección.

Des-esperar, por tanto…,
viendo que todas las diferencias son lo mismo:
nada,
y comprobando,
en cuerpo y alma,
que “el mundo de la auténtica felicidad”,
ese mundo que sale de un movimiento no controlado de la verdad en nuestro interior, en tanto que esa “gran otra posibilidad de proyectar” desde ahí, desde nuestro interior…,
en un literal estar “poseídos” por la verdad…,
poseídos por la luz que aclara la simple oscuridad del infame juicio del mundo…,
desposeyéndonos dulcemente de todo apego absurdo a lo que solo es imaginario…, comprobando que tal “otro mundo”,
la luz,
“surge solo”…,
llega sin forzar,
desde esa comprobación viviente…,
desde simplemente la verdad,
esa que nada tiene que ver con este mundo****.

La verdad es que no podemos elegir y que jamás hemos podido elegir por nosotros mismos nada realmente aquí, en el mundo; nada, pues el ego, directamente ni siquiera existe, es nuestra propia ilusión, es imaginario (no hemos elegido nunca nada “por nosotros mismos”: es siempre la verdad en nosotros, es decir, el absoluto, lo que nos inspira, siendo aquello con cuya escucha nos permitimos o nos dejamos de permitir, siempre nosotros a nosotros mismos, “poseer nuestra esencia”, nuestra “potencia singular”, como quizá lo diría Spinoza… Y es que todo todo nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos, todo).

Así pues, no existe ninguna diferencia, ya que el mundo en realidad solo existe para escaparnos de él dándonos cuenta de que precisamente no hay ninguna diferencia en este mundo, en el del ego, que aquí todo es igual a esa nada que lo “fundó”: la loca idea de la separación con su correspondiente miedo.

Sin embargo, sí que tenemos una conexión con lo absoluto, con la verdad, en nuestro interior. No estamos solos, no se nos ha abandonado en esta miseria de universo de separación que nos hemos inventado para representar nuestra muerte ilusoria. Esta conexión, a nosotros, nos parece como si viniera del interior, pues es algo que en realidad no está “aquí”, no está en el mundo, no está en ninguna “luz” (“radiación”) o “materia”… Esta conexión viene de un aparente “interior”, y sería precisamente de ahí de donde viene en realidad toda inspiración en este mundo, inspiración que aparentemente hace vivible el sueño, a veces. Y esto “absoluto” sí que sabe “elegir” lo único que es real.

Entonces, “nosotros” solamente podemos aprender a elegir no elegir; solo podemos decidirnos por no decidir…, darnos cuenta de que no es posible elegir y que nunca fue posible juzgar (solo podemos dejarnos elegir: o por el ego en tanto que sus atemorizados robots…, o bien por la verdad del amor perfecto), para que así nuestro Ser real —lo conectado con la Fuente— decida en favor de la verdad, de lo absoluto, de la Fuente, de Dios: del amor perfecto, que no tiene nada que ver con este mundo, un mundo que solo desde ahí y por ello puede ser “salvado”: deshaciendo este sueño infame de universo, respetando como hemos dicho nuestro libre albedrío, que es una especie de última ilusión: decidiéndonos progresivamente a no creer ya más en nuestra fabricación ilusoria: en el universo.

Aquí, en este otro sentido de la lógica, vemos por tanto que sí que tiene mucho sentido el principio de no contradicción. Aquí tiene mucho sentido el operador «o lo uno, o lo otro», ya que, situarnos ahí, a las alturas de tal operador, es lo único que la Fuente nos “pide”, pues, una vez ahí, todo sale solo. ¿Por qué?

Porque la oscuridad (miedo, ataque, etc.) solamente es falta de luz, no es nada.

_____
Notas
*  Y aquello de “las otras civilizaciones”, por cierto, ya se sabe; y también se sabe que grandes instituciones estén dedicadas desde hace mucho tiempo a controlar los hallazgos arqueológicos, etc. Parece que a menudo la “ciencia oficial” o “lo oficial” en general se gasta más recursos en tapar/reprimir lo que no cabe en sus “paradigmas”…, se gasta más en ello que en “conocer de verdad”.
En este caso el agujerito que quieren tapar es “fundante”, pues más que agujero es una enorme raja abisal en cada “momento de conocimiento” que aparentemente se da en la insulsa superficialidad irresponsablemente “tecnológica” “occidentalista”: toda nuestra “imagen del universo” se cae si sale a la luz lo que para muchísima gente (entre ellos muchos “científicos” también, al parecer) es “más que obvio” y chirría por todos lados (y bien, las cosas de palacio van despacio, y aquí ‘palacio’ significa nada más y nada menos que el universo, no solo la civilización; un universo que es en el fondo un monumento al ego-miedo…, a no ser que lo re-aprendamos a percibir con el espíritu —con lo “absoluto”— cosa que en parte estamos ya siempre más o menos en camino de llevar a cabo, proyectando, instante a instante, desde el amor perfecto).

** y, para tal conexión, por cierto, aclaremos aquí urgentemente, no hace falta leer todo lo que leyó pongamos un Heidegger…, e incluso ni siquiera parece hacer falta leer prácticamente nada, no hace falta, obviamente, para “despertar” y conectarse (pues ya lo estamos: aunque no “despiertos”, sí que estamos “conectados”).

*** una voz que es nombrada, en nuestra tradición, nada más y nada menos que con este rimbombante título: ‘Espíritu Santo’ —y no creamos que estas palabras tienen puesto un “copyright” por parte de ninguna religión instituida más o menos “abominable”, en toda la graduación que existe en este ámbito. No, más bien nos toca “perdonar” todas estas palabras y todos estos “patriarcados”.

**** Quizá, por forzar y completar un poco las cosas, digamos que el Logos que sería la raíz de esta “lógica” en el segundo sentido de ‘lógica’, sería el Ser, símbolo de nuestra convivencia en unión con la unidad no-dual (la Fuente, Dios) que nos creó en la realidad real: la realidad mental, la que sí existe, y que existe en cierta contraposición a todo esto “falso”, a lo que vemos delante, que es un símbolo de nuestra separación con la Fuente y cuyo propósito es algo a re-elegir, eligiendo la Fuente que nos ayuda a salir de aquí (“despertar”) enseñándonos a proyectar de forma verdadera, a ir proyectando el sueño feliz…, haciéndolo verdadero.

___
Bibliografía:
– La sabiduría de la no-dualidadMónica Cavallé. Ed. Kairós.
– O lo uno o lo otro (‘El equilibrio entre lo estético y lo ético en la formación de la personalidad’). Søren Kierkegaard (Escritos, 3; ed. Trotta).
– UCDM = ‘Un curso de milagros’; ed. Fundación para la paz interior. Autor supuesto: nada más y nada menos que el a veces tan denostado Jesús (denostado por ejemplo en partes de la propia Nueva Era 🙂 ).

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Publicado 16 octubre, 2011 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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Una respuesta a “Lógica: echando mano del humor de lo absoluto para echarse en los brazos del lugar donde ya no hay elección

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  1. en ‘pensamiento sinestésico publico este comentario que archivo aquí:

    «> Lo denso […]
    > Es lo racional, lo entendible y lógico.

    Has metido cosas “sutiles”, entonces, en esto de “lo denso”…, al meter ¡lo racional!

    Lo “racional” es una herramienta digamos que bastante “sutil”, a usar con mucha simplicidad para precisamente también poder des-densificar el mundo.

    Lo racional por una parte es “mera herramienta”…;
    por ello mismo también un posible lugar o motivo para perderse, claro, si es que nos centramos en la herramienta de por sí…, y ya no tanto en la práctica, claro (aunque no son separables).
    Y es muy “para perderse”, como bien sabréis por aquí…, con todo esto de la muerte de “la pobre filosofía”…, en occidente … 🙂 —aunque claro, en el universo se seguirá viviendo, es decir, se seguirá acogiendo a la gente aquí…, a los aparentemente “recién venidos”…, con “conceptos” y con más conceptos…, sean o no “explicitados” en tanto que tales…; y vaya, todos pensaremos “con ellos” cuando volvamos, si volvemos, a este universo…, a “reencarnar” ilusoriamente de nuevo…;
    así que todos heredamos una especie de tipo de “campo conceptual”.

    Entonces… tú le atribuyes al mundo denso tal atributo: racionalidad, etc.

    ¡Qué problema!

    [He escrito hace nada una cosa sobre “lógica”, pues en realidad tiene un sentido espiritual en cuanto a los rollos del “operador” de “decisión” o de “elección” —con ello por cierto llevo un tiempo cerrando ¡por fin! todas mis pesquisas 🙂 ]

    > Lo sutil,……
    > Su opositor

    me pregunto, si en el modo concreto que has plantado, de enfoque de la dualidad:
    denso / sutil,
    …tendrías a su vez una “densidad” que estarías expresando-plasmando (o de la que no te estarías librando al expresarlo así)…,
    …una “densidad” en la manera de hacer la contraposición que has tenido…:
    ¿se está plasmando pues en el enfoque una cierta densidad?

    Está claro que unas palabras escritas ya son densas :), pese a que estén “en internet”.

    …o bueno, más bien estás plasmando que puedes “contemplar la dualidad”;

    ¿quién es el “tú” que contempla esta dualidad y se pone como por encima de todo?

    Quizá un “tú” que trasciende, claro, la dualidad…, seguro… (seguro porque en realidad todos estamos enganchados a los últimos niveles más “altos” de los que hablabas, aunque nos parezca que esto se refleja poco aquí (en realidad “aquí” es para mí una ilusión, todo esto es nuestro propio sueño)).

    …entonces… quizá puedes desenfocar, o la misma vida se encarga una y otra vez de desenfocar y reenfocar tal planteamiento de la dualidad hasta el infinito…; y la densificación de tu contemplación de la dualidad, en palabras, tiene tanto un “uso denso”, como un posible “uso sutil”, quizá como todo lo tiene.

    En realidad, la “vida” o la “experiencia” es un proyector…, tiene historia como proyector; y este enfoque tuyo, aquí, quizá da la pista de un modo o modelo de (des)re-densificación de la dualidad (más o menos “claro”, “útil”…).

    El modo de mostrar la “dualidad” denso-sutil está dentro de una gravedad o densidad “x”, digamos. Míralo así si quieres.
    Por cierto, decíamos “gravedad”… esta dualidad tan “clásica”…, Simone Weil, una cuasi-iluminada del polo tirando a “letras clásicas” 🙂 llamaba a estos otros polos, los de denso / sutil, de esta manera:
    “gravedad” y “gracia”.

    Para mí los cuerpos-materia son también “mente”, y no hay nada más que “mente”. Para mí nunca nadie ha visto realmente “materia”. Estamos “encerrados” para bien y para mal en lo mental, no hay más que ideas y en realidad solo tenemos dos elecciones en el camino (o si quieres “Tao” 🙂 ) de la vida (en un camino “de verdad”, de aclarado), dos elecciones que responden a solamente dos ideas:

    – la idea de unión-totalidad-amor-plenitud-…-etc-…,
    es decir, en definitiva, la que aquí se refleja cuando elegimos reconocer o nos decidimos por recordar nuestra siempre presente conexión con la “Fuente”, con “Brahman”, “Dios”… (amor perfecto), como se quiera llamar… (que a su vez se refleja en nuestra tarea de dejar de juzgar…, en la tarea de las uniones con “las cosas del mundo”, las gentes, intereses…, etc.; pero más bien en tanto que uniones, no en tanto que “arreglamos” lo de fuera, etc.);

    – o bien la idea de la separación, el “ego”, el miedo, el ataque…, es decir, lo más duro de “mirar de frente” pero que habría que mirar de frente……, y sin juzgar.

    Así que esto de la “elección” parece muy importante.

    El universo (los cuerpos… todo lo de “aquí”) para mí que es simplemente símbolo de nuestra separación, ilusoria, con respecto a la Fuente (que es lo único que existe en el nivel real, el no-dual).

    Entonces aquí todo está ya proyectado, como desde otro nivel de la mente.
    Venimos pues a equiparnos con nuestros “imaginarios” cuerpos, aquí, en una especie de “destino” (en ciclos de “reencarnaciones” también ilusorias), para con ello olvidarnos de nuestra verdadera realidad “sutil”, la del espíritu.

    Así que el universo “es historia” en varios sentidos;
    y es que el universo…, en tanto con-densado…, es simplemente tanto ese “descenso” (densidad) como una tal huida “hacia arriba”, tanto una salida de la Fuente (mental siempre) como un regreso a Ella (aunque el tiempo lineal no existe, y todo esto parece que se ha dado ya, de principio a fin, de golpe, y nosotros simplemente venimos aquí a simular de nuevo otro encierro lineal, una y otra vez, es decir, a parecer que somos diminutos e “inferiores”, que estamos separados…, aquí…, una y otra vez…, pues le tenemos miedo, pavor, a la Fuente (cosa que se refleja aquí en la tierra viendo el tremendo miedo que normalmente se tiene al amor);

    …es decir, tenemos miedo al “interior”; y será por eso que todos esos bloqueos de los que hablas son en realidad “lo natural”, son en el universo aquello para lo que hemos venido “aquí”…, en este más o menos aceptado guión, aceptado desde ese otro nivel de lo mental.

    En definitiva, esto es todo “un cachondeo”, pues todo esto es un escenario para auto-engañarnos, nada más.
    ¡En realidad no está pasando nada! Qué alivio! 🙂

    Así que pa mí es muy simple, y se trataría de “escapar de la dualidad”. Es decir, que el fondo de todo este tema “espiritual profundo” (por ejemplo “a lo oriental”) es no-dual, es deshacer la ilusión de la dualidad volviendo a elegir cada vez más “depuradamente” nuestra verdadera naturaleza, que no entiende de dualidad.

    Y es que la oscuridad (miedo, ataque, etc.) es solamente falta de luz, así que no es nada.

    paz y amor

    ___
    este video (Inelia Benz) concuerda en parte con lo que digo aquí, aunque hay matices que no me gustan, pero la esencia de “la elección” está expresada también aquí, y para mi sorpresa.

    »

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