La última biodescodificación   1 comment

«Cuando entendáis la naturaleza simbólica de la realidad física, nunca más os sentiréis atrapados por ella. Sois vosotros los que habéis dado forma a los símbolos, y, por tanto, podéis cambiarlos. Por supuesto, debéis aprender lo que los distintos símbolos significan en vuestra propia vida, y cómo traducir su significado.» (Habla Seth II)

«A medida que sucedan estos cambios, se activarán nuevas áreas del cerebro para que se encarguen de ellos físicamente. Así pues, será posible acceder físicamente a mapas cerebrales en los que se registran los recuerdos de vidas pasadas. Todas estas alteraciones son cambios espirituales que permitirán que el significado de la religión escape de los límites organizados y se vuelva parte viviente de la existencia individual,
y que los cimientos de la civilización se basen más en las estructuras psíquicas que en las físicas.» (Habla Seth II)

La última biodescodificación: el conflicto universal descodificado

Al mundo, en realidad, no hemos venido a responsabilizarnos de nuestra mente. De hecho ella nos asusta.

Pero lo que nos importa aquí sobre este “problema” de la mente es verla fundamentalmente en tanto que capacidad de decisión, ya no tanto de “razonar”; ya lo hemos visto por aquí: tarde o temprano nos damos cuenta que lo que ocurre en este mundo es esto tan “simpático”: que el mundo no es en realidad “razonable”, que en sí es pura e ilusoria separación, una “separación” llamémosla… “neutra”.

Entonces, el mundo gira, aparentemente, rápidamente, alrededor nuestro, para así por ejemplo hacer que inconscientemente proyectemos cosas como las “enfermedades”.

Pero somos nosotros quienes las creamos, con la mente (básicamente inconsciente).

A menudo, después de la proyección, las instituciones sociales médicas convencionales pueden favorecer un desastre aún mayor en al acontecer de la enfermedad, tal y como ocurre en tantos y tan lucrativos casos de cáncer. Por ejemplo esto puede suceder y sucede por el hecho de que no se quiere entender qué significa la enfermedad en general, y en particular tampoco sus partes —en el tipo de “cáncer” llamado leucemia, por ejemplo. En realidad dichas fases de la enfermedad son momentos en los que el cuerpo puede estar en un proceso “regenerativo” y la medicina convencional puede estar actuando sobre ello “a la contra”.

Así, el mundo estaría precisamente para que no nos responsabilicemos de la mente en tanto capacidad de decidir. El mundo “está” para sumirnos así en el devenir-destino de su miríada de cuerpos separados y, por defecto, incomunicados, susceptibles por tanto de enfermarse, de morir de hambre, etc.

Al final terminaremos de hablar sobre este tema y en estos términos tan generales…, pero ahora veamos algo sobre “descodificación biológica” (relativo a los descubrimientos de Hamer).

Christian Flèche cuenta rápidamente en estos vídeos algunas de las observaciones sobre el descubrimiento de Ryke Geerd Hamer acerca de la relación concreta entre conflictos y órganos…, emociones (este documental con subtítulos en castellano es especialmente aclarador).

Por cierto, estas personas que inventaron o re-inventaron la “descodificación biológica” (o temas relacionados: por ejemplo la llamada “biología total”, etc., como ya hablábamos desde aquí), a veces, estas personas, parecen estar un poco enfadados con Hamer, o parece que no hablan mucho sobre Hamer (aunque éste siga investigando). Quizá esto se debe entre otras cosas a que Hamer ha puesto un nombre “feo” —o desgraciadamente con extrañas resonancias para el común de los mortales— a sus vitales o fundamentales descubrimientos en medicina —que han sido simple y obviamente “reprimidos” en la corriente oficial convencional “dura”, a la que obviamente tampoco pertenecería Flèche (los descubrimientos son incompatibles con el paradigma excesivamente plano, materialista, que me envuelve y en parte casi todos parecemos “asumir” desde la infancia).

En definitiva, no nos perdamos, pues todo esto es prácticamente “lo mismo”, además de ser muy simple.

Flèche hace una relación de la posible “terapia” en 4 pasos en dichos vídeos (en concreto en este). Contemos ahora los pasos de los que habla Flèche, añadiendo algunas cosas de nuestra cosecha. El fin de este artículo es terminar contando cómo es que existe una especie de envolvente para todo esto, que conlleva toda nuestra problemática como seres a la vez “biológicos” (es decir, con cuerpos y con programas biológicos sujetos a conflicto…) y con mentes (con mentes que deciden con sus juicios). Resulta que hay un conflicto base en nuestra existencia en general, aunque esto suene algo esotérico (pero ya digo, esto lo hablamos al final).

Aclaremos para empezar que toda enfermedad (es decir, en un principio, eso que parece una cierta manifestación de síntomas físicos) es una especie de mensaje que nosotros mismos, es decir, que nuestra mente, envía al cuerpo, ante algún conflicto más o menos agudo en el que se vio justificada para ello. En definitiva, en una cita de UCDM; L.76, que también nos acercará al final de este artículo…: «El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma».

Los pasos contados por Flèche son estos:

1. Tomar conciencia, sentir qué es eso que pasó y aceptar qué es lo que pasó; sentir entonces el enlace entre el momento de conflicto, entre ese shock del DHS como lo llamó Hamer, y lo que nos pasa. Además, normalmente el conflicto no se pudo compartir con nadie, y se vivió y se vive en soledad. Entonces, tal “desastre” actúa “atemporalmente” precisamente porque no podemos volver a él, por no querer hacer relaciones que lo integren involucrando a la mente de una forma digamos más “holista”; nos es más cómodo a todos normalmente el pensamiento fragmentario, ese que nos induce a tomar pastillas, a ir a que alguien “externo” nos cure con su saber experto digamos que más o menos superficialmente. Aunque todo esto también puede “funcionar”, por supuesto, y como casi todo lo puede hacer: a medias, ya que nuestra mente es muy poderosa y sabe hacer mil componendas para que todo no sea demasiado “terrorífico” (ya que recordemos, por un lado vinimos al mundo precisamente a olvidarnos de nuestra mente en su capacidad de elegir).

A veces es posible que el paciente reaccione ya en la primera etapa que propone Flèche, que reaccione simplemente ante esta toma de conciencia y que experimente ya solo con esto algunos cambios físicos, cobrando cierta conciencia del tipo de conflicto experimentado y de su relación con la manifestación física que su mente-ego llevó a cabo (por ejemplo por el miedo a la muerte desarrollado en una situación “x”).

2. Cuando no funciona este primer intento de tomar conciencia, de sentir…, “necesitamos” de alguna manera retomar el ciclo de la emoción, instar a que se vuelva a sentir este pasar de una emoción a otra que conformaría lo que Flèche llama “ciclo de la emoción” en el vídeo.

Necesitamos entonces volver a sentir, inducir tal cosa para así “cerrar ciclos”, para “vaciar de emociones”, si es que el paciente se deja, si lo desea.

¿Por qué? Quizá porque el peor “drama” puede llegar a ser, más que el evento sucedido en el conflicto en sí —tal y como ya alertaba Hamer desde los 80…— el peor drama sería a menudo no poder compartir el conflicto, rumiarlo.

De hecho, en la definición que Hamer hace de lo que da pie a la enfermedad, tenemos este ingrediente fundamental: el hecho de tragárselo uno en soledad, para uno mismo.

Es aquí pues cuando se supone que le estamos dando carta blanca a nuestra “parte ego” de la mente, a la parte “separadora”, a nuestra mente enjuiciante…, esa que nos entristece con sus juicios o mensajes de separación, de muerte, etc., para que siga y siga enjuiciando, dando lugar a que los juicios terminen por expresarse en la pizarra que es el cuerpo, donde terminan a menudo manifestándose síntomas de un forma relacionada con el tipo de emoción o de conflicto.

3. Si no funciona la segunda fase, dice Flèche, quizá podemos o tenemos que usar algunos recursos: programación neurolingüística (PNL), análisis transaccional…, y todo sea por y para intentar “resolver” los “grandes conflictos”.

Supongo que la línea de demarcación entre esta etapa y la cuarta es que aquí aún no vamos al meollo del asunto, si es el caso que tal meollo se encuentra por ejemplo en etapas tempranas de la vida del paciente o de la de sus antepasados; así, el terapeuta parece verse obligado, ante la petición del paciente, a ir muy lejos en cuanto a hipnosis, técnicas de regresión, etc.

4. Nos toca pues trabajar a fondo la búsqueda de “la historia del conflicto”, encontrar el acontecimiento que programó esto en el pasado, incluso llegando hasta los antepasados, vivos o ya fallecidos…, a bien a la vida intrauterina. Notemos que también hay terapias que sugieren —o parecen tener en cuenta el quizá posible— actuar con y sobre vidas pasadas, con otras posibles “reencarnaciones”: Brian Weiss.

Así pues, nos toca “cambiar la historia”, dice Flèche, ya que “la biología sigue reaccionando ante nuestros aprendizajes”: “reaccionamos ante fantasmas”, ante estas meras ilusiones: reaccionamos a la construcción del pasado, no al pasado en sí (este en definitiva “no existe”, como vamos trabajando con UCDM).

Entonces es cuando Flèche simplemente comenta la necesidad del protocolo de hipnosis en esta etapa. Notemos que la gente de la descodificación suele al parecer usar lo que llaman “hipnosis ericksoniana“; y seguro que tenemos multitud de gente que ha trabajado a fondo variadas técnicas de regresión (por ejemplo tenemos este centro que al parecer tiene solera y desarrolla sus propios métodos: Joaquín Grau).

Así que vemos cuánto puede costarnos aparentemente cambiar nuestra reacción, cambiar una vida; para ello, dice Flèche que se debe ser profesional de la terapia, y tener en cuenta a ser posible “toda la ecología del paciente”.

Hacia la prometida envolvente de todo conflicto: el conflicto universal

Pero también a veces vemos que ocurre algo más simple: una curación aparentemente “milagrosa” (en realidad todas son en general milagros, pues todas involucran cierto cambio de percepción).

De entrada digamos que esto ocurre cuando el paciente accede a ese plano donde puede querer y aceptar realmente tal cosa, curarse. En realidad tarde o temprano se puede llegar a curar la mente del paciente, dejando de proyectar más o menos bruscamente en el propio cuerpo —que siempre es “inocente”.

En realidad lo fundamental sobre esta posibilidad “milagrosa” es que parece venir “de otro lado”. Así que ahora nos toca hablar del tema que prometimos que iba a ser el final.

Este esquema de conflicto y reacción estaría en la base de lo que dio pie al universo, al universo de cuerpos que vemos aquí delante, en su eterno girar en torno a esa “nada” que es la idea de la separación, la idea de concebir la separación como algo posible.

Los milagros se dan, pero no bajo nuestro control, pues el milagro es precisamente una especie de reparación de todo lo que conlleva la ilusión de “tener el control”. Esa ilusión es lo que termina creando falsamente aquí, en el universo. Creemos tener el control de una manera muy superficial, cuando de lo que si acaso podemos “tener control” es de volver a elegir, nada más; el único “control” que podemos tener es el de ser conscientes de nuestra capacidad de elección, y de que solo se nos pide una cosa: mantener agudizada tal cosa, para no seguir eligiendo-proyectando ego, separación, enfermedad.

Nosotros queremos tener el control pero sin hacernos cargo de la mente en ese su aspecto esencial. Pero si nos dejamos hacer, si dejamos que obre la naturaleza al completo, podremos acceder a una nueva visión decidiéndonos por lo otro que no es el ego separador en nosotros; así pues, sanarse es aceptar la invitación que a su vez nos invita a aceptar plenamente por un momento nuestra capacidad de elección; y entonces, dejarnos elegir por el canal que hay en nosotros que solo puede “obrar bien”, precisamente en tanto que dicho canal es uno que nos une con “la verdad”; esta verdad es “la otra idea”, la idea que no es la “separación”, la que no tiene nada que ver con la idea y las “potencias” de la separación. Esta “otra idea” (solo hay realmente dos ideas en el universo, y una es falsa), es el amor.

Así pues, el cuerpo es un mecanismo de defensa que la propia mente concibió; es una ilusión que se concibió para mantener “viva” la ilusión de la separación.

Somos ilusiones, auto-ilusiones. Esta ilusión de universo ha ocurrido ya, como un todo. Todo ha ocurrido ya “aquí”. Es decir, desde el plano de la eternidad, donde también nos encontramos, afortunadamente todo esto se ve simplemente como un sueño que ya ha pasado y que no ha tenido consecuencias.

Así pues, concebir las enfermedades de esta manera digamos más correcta, más real (Hamer, etc.), en tanto que programas biológicos de dos fases que siguen a conflictos biológicos, nos acerca al conflicto-base de nuestro universo, al que potencialmente envolvería cualquier conflicto.

Resolver dicho “conflicto universal” supone una especie de “curación completa”. Eso sería lo que llamamos iluminación o despertar, y es lo que a veces ocurre en el planeta, aunque en contados y a veces sonados casos (aunque seguro que normalmente más “de incógnito”, pues esto tiene que ver con la simple felicidad). Por otra parte, eso es lo que la Fuente, o Dios, “desea” que intentemos, que logremos: curarnos completamente del universo curando a su vez a éste, ya que éste es solamente nuestro propio error de percepción —pues la separación no existe.

Así pues, lo que se propone digamos casi que desde siempre, por el lado de la sabiduría, de lo espiritual…, es en el fondo este despertar que supone la curación del sueño globalmente.

El Curso de milagros es un material donde vemos explicado esto de una forma bastante moderna, apropiada para nosotros los occidentales, y que utiliza vocabulario clásico aquí para hablar de la Fuente (‘Dios’), de nuestro canal de reunión con Ella (‘el Espíritu Santo’), etc.; así pues, lo espiritual, siguiendo por ejemplo este Curso, puede ser nuestro último paso en la “biodescodificación”, un paso a elegir por cualquiera siempre y en cualquier momento; y también puede ayudarnos el hecho de ir a ciertas terapias, de curarnos, de algunos conflictos que veamos claramente…, por ejemplo con terapias regresivas de las que hemos hablado; aunque, en teoría, si confiamos en nuestro interior, en ese canal, en lo que dicen estos materiales espirituales, quizá no tenemos ni siquiera que pasar por muchas terapias; claro que para ello parece que nos haría falta una gran confianza en el amor, en eso que nos une con la Fuente (y de forma refleja más y más entre nosotros).

Hay un “biodescodificador” español-catalán que aparte también utiliza este material tan inspirador, de este Curso: Enric Corbera. Se pueden ver seis largos vídeos sobre el tema aquí. Al final de los mismos veréis que se da un toque digamos más catártico.

En realidad Enric no presenta de forma muy coherente los principios radicalmente simples del Curso; sí que presenta algunas cosas, pero el Curso no alienta una especie de piedad cósmica, de adoración al universo, como a veces parece que vemos en palabras de este terapeuta u otras personas. Si “adoramos” al universo es porque nos estamos curando, pero no porque éste sea en sí “bello”, “feliz”, “inteligente”, etc., pues el universo es separación, es símbolo de nuestra separación con respecto a la Fuente, y sólo nosotros somos quienes, en nuestro progresivo camino al despertar, lo podemos convertir en símbolo de algo completamente contrario a la ilusoria separación, reconociendo con ello nuestra verdadera naturaleza en tanto que “mentes” unidas en la Fuente y con Ella; es decir, esta unión es lo único real y no depende de las cualidades de este universo de aparente “luz” y aparente “materia”.

Así pues, dichos principios dicen por ejemplo sencillamente que el universo es solo nuestra ilusión, y que “por eso” es tan sencillo cambiar de percepción (por eso son naturales los milagros”).

Pero en estos vídeos Enric sí que utiliza el Curso con muchos principios o frases fundamentales en tanto que potencialmente inspiradoras a la hora de instarnos a llevar a cabo aquello que en realidad más nos importa: dejar de proyectar o de juzgar, completamente…, olvidarnos pues de la mente separadora, separada; es decir, permitirnos aceptar que las mentes de los pacientes o de cualquiera de nosotros elija la sanación…, permitirnos elegir el dejar de creer en el sufrimiento, en la muerte, la enfermedad…, la separación.

También debemos recordarnos siempre que aquí, al universo, en realidad, hemos venido a despertar, y no a “salvar al mundo”, pues es esencialmente caótico y un lugar donde venimos a morir (así lo hemos pactado, a no ser que aquí nos demos cuenta del truco que nos estamos haciendo a nosotros mismos).

En un principio solamente nos podemos responsabilizar de nuestro Sí mismo, de “nosotros mismos” (pero en la vertiente digamos no-ego); pero esto lo hacemos necesariamente compartiendo variados intereses con otras personas, en situaciones determinadas ya no por nuestro ilusorio “tener el control”, sino por nuestro dejarnos llevar por la “voz” que cura y deshace el universo.

Así pues, nuestra última descodificación o biodescodificación, diciéndolo rápidamente, es la relativa a esa emoción de base, a la emoción base que habría dado pie a todo esto: el miedo a la Fuente, a Dios. En esto se funda la nada de la separación, que gira y retorna sobre sí misma en el universo así fundado (en nada).

En nuestro comienzo ilusorio en tanto que mente separada nos imaginamos que era concebible la mera idea de la separación; en ese mismo momento, en tanto que mente global, nos dio mucho miedo porque creíamos haber usurpado poderes de la mente que nos creó como “mente global” no separada, y por lo cual, que dicha mente creadora podría castigarnos; esto es falso, forma parte del núcleo ilusorio de la separación, ya que aquí todo nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos (inconscientemente, si lo queremos decir así, aunque como siempre lo realizamos con partes de la mente-consciencia, es un auto-engaño bastante macabro).

Por ello, como ya hablábamos en el blog, nos fuimos inventando diversas proyecciones que dieron lugar a cosas como el “concepto” de miedo, de “Dios castigador”…, hasta llegar a los cuerpos en general como un aparente “último paso” (aunque la linealidad temporal es otro engaño).

Así pues, en realidad no nos hace falta conocer mucho sobre biología, aunque a veces nos parezca tan desesperantemente claro el que haya una cierta “mayor dosis de verdad” en el descubrimiento de Hamer y sus seguidores más o menos indirectos (como algunos biodescodificadores…), tan claro el que haya una mayor dosis de verdad ahí con respecto a “lo convencional”.

No hace falta “saber” para ponernos progresivamente más en contacto con esa instancia en nuestro interior que es capaz de relativizar-curar “todo” (pues solo se sirve de las leyes que realmente nos “gobiernan”, y que no tienen nada que ver con las de este mundo, que no tienen ningún sentido (solo el transitorio que queramos darles)).

El universo es por un lado tanto el lugar de manifestación de conflictos, pero que están reflejando de mil maneras la existencia de un “gran conflicto”, del que acabamos de hablar, y del cual podemos librarnos y podemos hacernos conscientes “despertando”.

Es por eso que la “religión” real, entendida de esta forma “interior”, sin rituales, es decir, esta espiritualidad pura, sería “la última medicina”, pues curará el universo, hará que este se desvanezca en la ilusión de donde surgió, en tanto un mal sueño que producimos para repetir muertes ilusorias, nuestra propia condena aparentemente “eterna”.

Breve nota sobre responsabilidad, Kant

Y bien, todo lo espiritual tiene ecos de este “responsabilizarnos” de la mente en su “capacidad decisoria”.

Un tal “responsabilizarnos” digamos que parece básicamente una actitud.

Y el mundo vemos que, en su ser ilusorio-separado, favorece tanto una cierta actitud “irresponsable” como, debido a esos mismos cambios caóticos…, una actitud que nos permite darnos cuenta progresivamente de la posibilidad de ofrecer tales cambios a nuestro maestro interior.

Así que hay algo en la actitud que sería “intocable”, en realidad. Dentro tenemos una potencial “roca”.

Así, el mundo está para que nos pongamos excusas sobre la necesaria imposibilidad de ser verdaderamente responsables de nuestro devenir o destino.

Pero cuando empezamos a pensar o a actuar más “espiritualmente”, es decir, cuando se toca el tema de la actitud y la responsabilidad… y “hay que” hacer algo con todo esto…, entonces es cuando parece que entramos en lo que para el mundo es una literal locura (aunque esté en libros muy serios).

Entraríamos en, digamos, el así llamado terreno de lo espiritual en sentido amplio…, terreno que vemos en la sabiduría de todos los tiempos, o incluso en el pensamiento filosófico más moderno, ya que no hace falta irnos a oriente, a algún sabio…, ni a ninguna cosa aparentemente más práctica (pues aquí nos importa simplemente poder hablar sobre “actitud”)… o no nos hace falta tampoco llegar hasta Kierkegaard como representante del pensamiento occidental que atiende a lo que se puede destilar de más auténtico en las acciones y pensamientos que se extraen aún de las enseñanzas del “maestro sabio” Jesús, en el Nuevo Testamento.

No hace falta todo eso, pues podemos poner un curioso ejemplo del para muchos infame “pensamiento moderno”: Kant, que tiene un “consejo” práctico tan espiritual como el siguiente… y así de incompatible con el universo, con el mundo donde venimos a proyectar “separación”, en una actitud en realidad radicalmente distinta a esta:

«Obra sólo según una máxima tal, que puedas querer al mismo tiempo que se torne en ley universal».

Es decir, obra con una actitud extendible universalmente.

Pero esto es incompatible con el universo porque si todos actuáramos realmente así, realmente no podríamos juzgar nada ni a nadie (que es lo que enseñaba y enseña mismamente Jesús o cualquier otro sabio no-dualista, simplemente: es imposible juzgar).

Una “ley universal” en realidad no tiene cabida en este universo, ya que éste es esencialmente caótico aunque no lo parezca; el universo es un eterno retorno de la nada, como ya dijimos; la pretendida “ley universal” de este universo-caos es en realidad la de la separación, que no tiene sentido. Sin embargo, en nuestro obrar siempre queremos que eso no sea “cierto”, siempre partiríamos de una actitud contraria, reflejada en las “máximas” de Kant…, y que contradice la esencia de dicho universo en tanto que parece “separación”. Siempre queremos, entonces, y ya sea consciente o inconscientemente, que la separación no sea real, que no sea cierta; queremos comunicación y comprender…, aumentar la comprensión; preferimos la alegría de una unión, del amor o del bien, y, cuanto más perfectos, mejor.

Así pues, llegamos, con todas estas cuestiones prácticas, y bien miradas…, incluso en alguien como Kant…, llegamos a una especie de “locura”, una locura que solo “lo divino” puede curar o fundar.

Claro que quizá esto no se suele decir así en el a veces demasiado trasnochado mundo de “lo académico”. Seres como Kant pretenden estar siendo “racionales”, o así se nos han vendido tales palabras. Y hay que tener en cuenta también que Kant tenía a su vez en cuenta el “problema” de “Dios”, tal y como ahora surge imperiosamente en la Nueva Era, con gente como el útil Ken Wilber.

Así pues, todo esto es sencillamente absurdo. En cuanto nos vamos a hablar del actuar coherente del sujeto vemos que se tocan fibras sensibles del universo, fibras que en realidad nada tienen que ver con el universo; vemos pues al sujeto dándose principios o “imperativos” individuales, que solo pueden ser eso: individuales (pues la verdad está en nuestro interior y supone el deshacer este universo en una feliz “escapada”).

Este hecho (el de que tantos pensadores acaben así como “fundando” la práctica en la imposibilidad de hacer o incluso de decir nada categórico sobre el mundo en tanto que mundo “ahí fuera”) ya indica que el universo solo tiene una salida razonable: su deshacimiento.

Lo tenemos delante de las narices, pero no lo vemos.

En realidad, todo son predicados de la conciencia, todo es predicable de la conciencia, y en la conciencia solo podemos tener dos ideas:
1.— separación-miedo, o
2.— plenitud-unión-amor.

Tú eliges…: eliges aprender a reconocer tu verdadera naturaleza (idea 2) aprendiendo a percibir la primera idea como falsa.

____
Paz y amor

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Una respuesta a “La última biodescodificación

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  1. coloco aquí un comentario que archivo abajo:

    «

    nmgrock escribió: “Hira Ratan Manek”

    hola,
    es un tema apasionante

    En una entrevista Hiran decía que algún zumito le caía de vez en cuando , pero bueno, aún así, con todo… obviamente…, pasa algo muy muy raro.

    Y yo ya afortunadamente “descanso en paz” habiendo hallado la solución.

    La comparto por si no la conocéis (y no es incompatible con seguir trabajando con la NMG…, obviamente, o con intentar empezar a trabajar en cualquier tipo de “voluntariado” al respecto… , voluntariado o “profesionalizado” de la super-NMG ).

    Así que hay y hubo al parecer muchos otros casos de “yoguis” así, de gente que no come, etc.; eso parece.

    Lo que me parece que está muy claro, en esta visión con la que se me aclara muy simplemente casi todo lo importante… es que la mente es terriblemente poderosa.

    Pero esto, relativo a la mente, ejemplificado con los casos de gente que no come (por ejemplo este simpático Víctor Truviano), parece algo menos “vendible” todavía que la “NMG”, menos vendible al «”mundo oficial-“normal”».

    Aunque…, no se trata de vender nada, sino de hacer lo que se pueda, digo yo, lo que “nos pida el cuerpo”; y mira por dónde, jamás sería “el cuerpo” quien pide nada en realidad (!!). He aquí que ya ha surgido el problema, o una forma de ver el “problema” central: que creemos que el cuerpo pide algo.

    Resulta por tanto que parece que nuestro entrenamiento mental, nuestra capacidad de manejar los “apegos”, los de nuestra mente, es decir, el manejo de nuestras “interpretaciones”, de nuestras creencias, etc., sobre “lo físico” tiene serias consecuencias sobre esto “físico” (estos casos de “no hacer falta comer”).

    Así pues, la mente puede hacer algo en niveles muy básicos relativos a la concepción del «humano, por defecto necesitado y estrictamente sometido a leyes del mundo físico causal».

    Esto solo podría ser así, “funcionar”, en realidad si pensamos lo siguiente:

    – no estamos separados, y esto sería real a todos los niveles, la separación es ilusoria; es una ilusión que recreamos con la creencia en la materia, con nuestro ser cuerpos que se “golpean” con las cosas…, con nuestras mentes…, con las instituciones de todo tipo (lenguaje)…, etc.

    – por tanto, viendo la sobredeterminación del nivel mental sobre el resto de niveles…, esto querría decir que “todo es lo mismo”: consciencia (proyectada desde otros niveles mentales).

    – en cuanto a la NMG, la mente inconsciente es la “mayor” parte de la mente, y sería desde ahí desde donde nuestras mentes, estas que están solo aparentemente separadas, mandarían “urgentes” mensajes de proyección-manifestación, y ello en cuanto tienen las excusas apropiadas para que esa pizarra que parece lo biológico exprese “síntomas”, desencadene programas…, que materializan tal separación.

    – el cometido de estos “mensajes” tan “tontos” sería metafísico: es luchar contra la ilusoria desaparición de tales mentes en tanto que mentes separadas…, y su móvil sería pues el ataque (a sí mismas utilizando el cuerpo para ello), el “miedo”… (la culpa que es auto-ataque, en definitiva…, la victimización…, etc.).

    En definitiva, tendríamos pavor a la unión, o dicho a grandes rasgos: pavor al “amor” (excepto seres que despiertan a este hecho fundamental y por ello se iluminan (algunos “sabios” que en el mundo de “lo espiritual” han sido, unos más famosos que otros…, unos de incógnito…, otros tan célebres como Jesús…, etc.)).

    Somos por tanto marionetas de niveles “superiores” de la mente.

    El hecho de la curación manifestaría que hay una alternativa radicalmente diferente a este campo de la proyección desde el gran Ello atemorizado, que nos usa (nos usamos inconscientemente, no somos víctimas en realidad), que nos usa en tanto que robots, robots para los programas del ego-Ello.

    Esa alternativa es algo que nuestras propias mentes pueden elegir cuando estén dispuestas a meramente aceptarlo, pues la alternativa también está en ellas (y es lo contrario a la separación que se proyecta desde el Ego-Ello para mantener la ilusión de separación que en realidad sería en general lo que es este universo en su globalidad).

    En realidad la alternativa siempre en parte tiene, tuvo y tendrá algunos efectos digamos indirectos, pues nunca deja de estar en nosotros (aunque no estemos iluminados siempre estamos “acompañados” por ella).

    Si todo está separado ilusoriamente… y estamos en el universo “trabajando” nuestra creencia en la separación…, entonces en el universo (que estaría hecho por y para el “ego separador”) es algo harto complicado “convencer” a nadie de cosas aquí.

    Y debido en primer lugar a que somos nosotros mismos los que difícilmente podemos llegarnos a creer una cosa así. Y creérnosla supone actuar de cierto modo con una actitud de “no estar separados”…, lo que por tanto te “libera” de tener que convencer a nadie, pues somos UNO (el universo incluso, es UNO, una gran mente ilusoriamente separada que se hace jugarretas a sí misma y se adorna el juego para que no resulte del todo pavoroso).

    Y por tanto cosas como la medicina convencional, etc., serían cosas que tienen un cometido “metafísico”:

    el permitir que sigamos siendo robots del ego y no tengamos que mirar adentro a la alternativa.

    El propósito de la medicina convencional sería claro: no tener que afrontar nuestro enorme poder mental en tanto seres que eligen, más o menos progresivamente, la otra visión, la alternativa a las absurdas proyecciones/juicios/interpretaciones que no hacen otra cosa que aumentar los “males” que aquí nos suceden (por ejemplo con lo del programa con sentido biológico…, activados según parece por entre otras cosas, aparte del suceso del shock…, activados por no haber buscado compañía con la que compartir el interés básico de no estar separados, contando nuestros problemas a los demás… (con lo que a veces así parece que no se activarían los programas)).

    Así pues, pensado así, con todo esto, veríamos por qué no somos en realidad seres “necesitados”, no por defecto…, para nada; veríamos por qué no estamos necesariamente sujetos a las “leyes” que nosotros mismos en realidad concebimos para justificar el mundo, en un círculo vicioso de cabo a rabo “mental”.

    En realidad todo esto es un cachondeo de aúpa.

    paz y amor !

    »

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