La última biodescodificación II: sobre la relación entre conflictos: conflictos en el útero y en la infancia en tanto que “malla” para el resto de conflictos. Joaquín Grau, Hamer y «Un curso de milagros»   Leave a comment

«Incluyo esta información en este capítulo sobre la religión, porque es importante que comprendáis que la ignorancia espiritual está en la base de muchos de vuestros problemas, y que, realmente, vuestras únicas limitaciones son las espirituales.» (Habla Seth II)

«Todo lo que ves, desde el momento en que sueñas que naces, hasta el momento en que sueñas que mueres, y todo lo que sueñas entre medias, es un símbolo del pensamiento de que estás separado de Dios [= la “Fuente” = “amor perfecto”].
El Cielo parece estar completamente roto en un incontrolable número de pedazos y ha sido reemplazado por su opuesto. Sin embargo, la historia del universo —pasada y futura— solo es un guión que fue escrito por el ego —el cuento compuesto y glorificado por el idiota del mundo— que representa, de todas las maneras concebibles, el acto de separación [ilusoria].» (en “La desaparición del universo“. Gary Renard. http://bit.ly/nFvhJA)
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«……el sufrimiento y la ilusión son el origen de los ciclos de nacimientos y muertes»; en el Bhagavad Gita (comentario de Shankara (o ādi śaṅkara)).
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Pretendo hablar de la unión entre lo que empiezo a ver que ha descubierto Joaquín Grau, con lo descubierto por Hamer.

Antes, un poco de contexto

El contexto desde donde hablamos es el siguiente.

Todos estamos enfermos. Esto es algo que también dice literalmente Grau, y “sabemos” que es así por lo que hemos aprendido en los materiales que estudiamos por aquí, como los del Curso. También sabemos que toda enfermedad es mental (volvamos a reproducir esa cita que teníamos en “la última biodescodificación I“, de UCDM en la L.76: «El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma»).

Todos estamos enfermos de universo; éste no es por defecto algo divinamente inteligente. El universo de la percepción, de la separación, es una especie de error de percepción, nuestro propio error, y aquí venimos a “enfermar” de ello, es decir, a manifestar o a desplegar la enésima historia cíclica de “vida” dependiente de una muerte que permite el eterno retorno de la nada que dio pie a este universo: el pensamiento de la separación y el ataque que conllevaba éste hacia nuestra verdadera naturaleza como mente global no dividida.

Algo sobre la terapia de Grau (Anatheóresis)

Diciéndolo rápidamente:

Grau lleva a los pacientes a un estado de ondas theta (no es hipnosis profunda) para una regresión en la que se pretende volver a vivir “conflictos”, cómodamente, volver a vivenciar conflictos, etc.…, y sin juzgar, sin juicios.

Como rasgo básico, dicho “no juzgar”, o no interpretar, obviamente nos parece fundamental, a la vez que el otro pilar de saber que es el paciente quien se cura; ambos son quizá rasgos compartidos con:

– la Gestalt,

– también con terapias como la de Bob Hoffman, del “amor negativo”,

– con todo lo relativo al amor en general, y que podemos llevar a cabo también por nosotros mismos en la vida, y sin necesariamente pasar por terapias o por terapias concienzudas…, es decir, en todo lo que podemos hacer más o menos explícitamente con nuestra propia “percepción” o proyección: Ho’oponopono, Un curso de milagros, etc.,

– o quizá con algunos “psicoanálisis suaves”, de los que supongo existirán infinitos tipos (sin juicios o interpretaciones)…, en el estilo de toda la gente que trabaje suavemente con ese concepto de la sombra, a lo Jung, etc. (tenemos, creo recordar, materiales básicos sobre esto por ejemplo en Laura Gutman).

Es decir, un rasgo básico en la muy bella práctica que inventó Grau, rasgo fundamental, es el de acompañar sin juzgar hacia núcleos de “conflicto”…, hacia núcleos que según parece estarían en la base de cualquier conflicto de la edad adulta (éstos en realidad lo que harían es meramente realimentar los puntos ya dados en etapas a veces muy tempranas de nuestro “desarrollo”).

Ahí, los pacientes a lo largo de los años han mostrado por ejemplo la realidad de la percepción extrauterina: que nosotros, cuando somos fetos, ya “vemos” o ya tenemos experiencias “fuera del cuerpo”. Podríamos entender quizá que tal percepción se da de forma “lógica”, pues aún no somos un “cuerpo-yo”. Esto también lo entenderíamos simplemente hablando de que es más fácil de lo que creemos el poder conectarnos con la mente dividida global que no entiende de espacio-tiempo, y así “vernos” en las situaciones o ver las situaciones que nos han concernido; y esa visión se daría un poco “a placer” a la hora de nuestra curación, “a placer” para esa instancia que también llevamos en nuestro interior y que desea con nosotros nuestra curación, y que fabrica o se dirige hacia ella, hacia nuestra curación —a poco que nos abramos a tal instancia.

Así pues, los conflictos que luego aceptaríamos, generaríamos o nos suceden y nos calan, como adultos, se acumulan y se cargan o no se cargan a partir de aquellos puntos de conflicto vividos por ejemplo en el útero materno o en la infancia (donde no podemos digerir o discernir lo que nos pasa sino más bien aceptarlo como “mapa biográfico” o topografía de conflictos personal). En realidad, como sabemos por Hamer, toda enfermedad tiene que ver con conflictos o situaciones conflictivas (incluso alergias, etc.).

Digamos por tanto que hay una “malla” intrauterina e infantil de conflictos —la llamaremos así, “malla”. Esto podría en parte y quizá solo a veces “explicar” por qué unas personas sí y otras no ponen en marcha realmente el programa relacionado con un cierto conflicto —según lo define Hamer— ante el mismo evento “exterior”: dependiendo de cómo es la integración de las “ondas adultas” (beta) con respecto a las ondas que preponderaban (theta) en el estado y estados de desarrollo en los que se configuró tal malla.

La propensión a “programar” los programas biológicos de la nueva medicina que descubre Hamer vendría dada quizá “genéticamente” por esa malla que se mostró/vivió en el útero o poco después de nacer.

¿Alguien sabe, por tanto, más de esto? Estoy leyendo a Grau y es fascinante.

Ahora entro un poco más en “hipótesis posibles”; para presentarlas en nuestro marco vamos a tener que ponernos digamos que “muy esotéricos”, como hemos avanzado al principio con la cita y el contexto.

No tenemos que creer del todo la serie de “conceptos” o vocabulario que daré aquí…, sino solo aceptarlo como marco para encajar datos, como experimento a la hora de hablar de enfermedad, Hamer, conflictos…

Para justificar el uso este vocabulario (del cual hasta hace poco hubiera jurado ante notario 🙂 que jamás podría usar algo así…, o que jamás iba a pensar o decir cosas como estas, que ya se repiten en el mismo estilo en el blog desde junio del 2011…)…, como justificación, démonos cuenta que ya hemos de “encajar” datos de por sí muy “esotéricos”, pues parece comprobado que de cierto modo los fetos “ven” más de lo que pensamos, “ven” cosas que jamás luego de adultos nos contó la familia…, y que no pudimos inventarnos, y que sin embargo eran reales y que son contadas por los pacientes en las regresiones de la terapia (aunque como dijimos esto habría que pensarlo como conexiones que podemos realizar, más bien, con la mente atemporal, el gran ego-Ello, cuando entramos en “estados de ondas theta”).

Expongo pues la teoría que para mí es “la verdad de lo que nos sucede en este universo”. Pensadlo si queréis solo como un cuento propuesto como marco, ya dije, pero que sería un cuento que puede darnos un tal marco, quizá el único, desde el que se pueden asimilar todos estos “hechos” (por ejemplo los de curación “rápida”, una curación digamos “fuera” del marco que podríamos pensar dicta Hamer con la teoría cruda que ahora se expone… y que nos serviría como un primer marco para la comprensión de los hechos “en crudo”…, ya que supongo que tales curaciones ocurren a veces…, tales curaciones rápidas y “milagrosas”, aunque en realidad lo importante a sanar aquí es la mente que se percibe o no identificada con el cuerpo. O bien un marco para encajar la ya comentada “percepción extrauterina”).

Aquí va el cuento que mucha gente aceptó en este planeta ya como una verdad (hacia el despertar).

Naturaleza del universo

El universo solo es mente/conciencia. Pero es mente “dividida”, en conflicto.

En realidad es y somos (hemos venido a ser) la mera ilusión (“auto-ilusión”) de una “ínfima” parte de otra conciencia global que no está en conflicto (es eso llamado “espíritu”).

Así que estamos diciendo que aquello que normalmente vemos como irreal (“espíritu”) sería más real que lo que vemos como real (nuestra realidad es sueño, y es mente dividida en diversas manifestaciones, tanto aparentemente “interiores” como “exteriores”).

Normalmente esto cuesta bastante de aceptar, pero insistamos en que, dicho rápidamente…: lo aclara “todo”; con cierta mentalidad abierta podéis comprobar por vosotros mismos si es o no así “testando” esta potencial “última creencia” que, creedme, “disuelve” la mera noción de creencia. Digamos que normalmente tendríamos tanta disonancia cognitiva en nuestras mentes…, tan convenientemente “creada” o favorecida por cosas como el catolicismo y demás instituciones o “metafísicas”, morales, etc.…, tanta disonancia…, que es extremadamente difícil hablar de “Dios” o de espíritu sin que salten todas las alarmas de tal “disonancia”. Pero qué se le va a hacer: nada, solo perdonar y perdonar sin parar.

El universo es por tanto ilusorio, es un eterno retorno de la nada de una sola idea (la de la separación), idea que concebimos de una vez y que “solamente concebimos”…, es decir, que es solo una creencia (pese a lo sólido que nos parezca todo). Y la concebimos por tanto “nosotros” en tanto que mente aún unida, y que en un momento de despiste se creyó separada (solo lo creyó).

Esto sería “un hecho”; se trata de un hecho a testar en vuestra conciencia: el deseo de mirar esto desde cierta mentalidad abierta, tan abierta como para poder aceptarlo momentáneamente y ver entonces si este marco hace o no encajar algunas o todas “las cosas” (en realidad, ver si sentís cómo tiene o no el potencial de disolver la concepción de qué es un “problema”, globalmente).

Sobre trucos y autoengaños

Así pues, el aspecto extremadamente complejo, “material” y “natural” que ha cobrado el universo-sueño sería además una especie de truco de esta mente global, que nos usa como robots para seguir recreando el conflicto de mil maneras.

Aquí, en el marco “esotérico”, fijémonos que ya tenemos expuestos dos ingredientes fundamentales de lo que vemos que sucede en nuestros cuerpos tras lo descubierto por Hamer:

– conflictos,
– el aspecto programas que luego en Hamer vemos en los programas biológicos, es decir, nuestro cierto “aspecto-robots”.

Estaríamos pues enraizando esa miríada de conflictos que expone Hamer en una especie de “genealogía”: todos serían repeticiones aparentemente “lejanas” de lo que en realidad es el único conflicto, universal, nuestra separación de la Fuente.

Esto suena aberrante, pero…, si aceptamos aunque solo sea un poco que tenemos una tal “ventana” en la mente, ventana hacia una realidad que nada tiene que ver con lo que vemos delante… entonces podemos aceptar momentáneamente este otro marco más global…, al menos por un momento; reconocemos pues una mínima ventana hacia otra cosa que nada tiene que ver con “la materia”… y que sería lo que podríamos llamar la visión espiritual…, esa conexión que en realidad todos tenemos y que se puede alimentar…, y que sería aquello que da cuenta de la existencia de por ejemplo “curaciones milagrosas” (aunque insistamos en que no es esto “lo importante” —sino nuestra mente).

Así pues, y tal y como supongo que es lo que ya vendría a decirse con “las cosas de los sabios”, con alguno de sus dichos (incluyendo algún que otro “ser iluminado”): esta “vida” aquí es “falsa vida”, es la muerte de nuestra vida en lo llamado “el Cielo”; es nuestra muerte representada con respecto a nuestra auténtica realidad del Cielo. Vivir aquí es olvidarse de nuestra auténtica realidad porque aquí venimos a reproducir la muerte de la otra, de la del Cielo, es decir, de nuestra convivencia con la mente que nos creó (en tanto que “pura mente”). Venimos pues, aquí, a “morir” la vida del Cielo…, pero, eso sí, de forma ilusoria. En realidad, aquí, como muchos sabios habrán dicho a lo largo del tiempo, aquí estamos dormidos a nuestra auténtica vida.

Así pues, todo esto sucede porque la mente-consciencia-global de la cual formamos parte (el “Ego” o el “Ello” global), siente un miedo atroz, un miedo digamos tan “global” como global es esta mente…, y ello tras su primera división ilusoria con respecto a la mente que la creó, que nos creó…, con respecto a esa otra realidad de la que también formamos parte —esa que hemos llamado ya “espíritu”, y que es nuestra unión con la verdadera realidad, una realidad también llamada “Fuente” o “Dios”. Así pues, todo miedo vendría de ese miedo “global” a un posible castigo —inventado por nosotros mismos—, un castigo que vendría de la mente de la que depende.

Ese mismo esquema de castigo se refleja en cosas como las religiones, en las invenciones religiosas culpabilizadoras del Libro que se inventan dioses enfermizamente castigadores, “malos”, etc. Sin embargo, todo eso es un mero invento nuestro, y con un propósito obvio y dependiente del único propósito del Ego-Ello, el de la separación —pues veamos que cualquier “iluminado”, o despierto, habrá dicho siempre algo así: en realidad no hay nada que temer, jamás, y la Fuente es amor perfecto, etc.

“El Cielo”, por tanto, sería simplemente un hecho, el único hecho en realidad: nuestra convivencia con aquello que como mente venimos aquí a olvidar.

Aquí, por tanto, venimos a ser Ego-Ello-universo, y cuanto más fragmentariamente “mejor” para el Ego-Ello…, pues así más lejos tendremos la posibilidad de negar la realidad del universo como un todo (amorosamente), para reconocer en plenitud nuestra auténtica naturaleza…, para despertar a eso que nada tiene que ver con el universo, pues desde ahí se comprueba, y en vida, que nada de esto existe realmente.

Recordemos que según Grau hay un patrón de conflictos en el útero y no mucho tiempo tras el nacimiento; y luego todo esto se iría alimentando de cierta manera según los puntos más activos, los conflictos que se viven, etc. Así pues, el autor sugiere que esa malla es aquello sobre lo cual se superponen nuestros conflictos en edad adulta, donde residen cargas que son despertadas por eventos “exteriores” en la edad adulta dependiendo del mapa concreto de nuestros conflictos en el útero y en la infancia —y que se despiertan más o menos fácilmente dependiendo de tal “topografía”, como lo llama Grau (¿e igualmente quizá estaríamos hablando de todos los conflictos de las vidas pasadas, anteriores? ¿Es decir, que todos los conflictos de todas nuestras vidas pasadas y futuras simbolizarían entre sí? Puede ser. Eso parece por lo que llevamos visto con todo este material relacionado con Un Curso de milagros (Gary R. Renard, etc.)).

El descubrimiento de Hamer a partir de los años 1980

Ahora contemos lo que quizá ya sabéis, es decir, eso que Hamer, hablando aún digamos muy “biológicamente”…, detectó sobre el tema de conflictos y enfermedades…, y tras sufrir él mismo y su mujer un cáncer —después de que les asesinaran un hijo que tenían en común (anotamos entre comillas el anterior “biológicamente” porque debido al marco expuesto, como decimos, no existe nada “natural” en el universo; la naturalidad es un truco, obviamente genial, casi perfecto, pero en esencia un truco, un auto-engaño de nuestra mente dividida, del “gran” ego-ello universal).

¿Para qué contar esto? Pues ya sabemos: porque existe una especie de “matemática” de los conflictos, muy precisa.

Hamer hizo un descubrimiento muy relevante, y obviamente reprimido por “la ciencia oficial”.

Y no se trata de decir…:

«y bien, sí…, todo es psicosomático…»,

como quizá podrían decir ya bastantes personas en ciertas partes más o menos marginales de la medicina convencional, partes que están también más o menos fuera de tono con respecto a la corriente “química” imperial. No, no se trata de decir eso y de entonces decir:

«mmm, vaya pues…, entonces vayamos estudiando a ver qué pasa».

No se trataría de eso.

Se trata de que Hamer descubre de golpe una correlación exacta o completa, y al parecer jamás refutada en los miles de casos que ya fueron comprobados y se van comprobando por una serie de personas en todo el mundo, con una correlación perfecta entre:

– enfermedades (incluyendo una explicación para “alergias”, etc.),
– órgano/s afectado/s,
– tipo de conflicto,
– capa embriológica a la que pertenece el órgano afectado.

y esto lo comprueba Hamer —y se sigue haciendo— caso por caso…, en la mayor parte de enfermedades —si no en todas— y…, por supuesto…, en todas las más célebres: por ejemplo en todos los cánceres.

Si queréis, y empezando a hablar del “marco esotérico explicador”…: toda esta increíble correlación supone dos cosas:

1.- nos acerca a la verdad respecto a la realidad mental del universo

Llamamos “la verdad” al anterior marco “muy esotérico” que hemos expuesto ya.

Y nos acerca ahí, obviamente, al ver que, en este asunto de “conflictos-programas”, la consigna es o puede ser la siguiente: en realidad todo nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos, aunque, diríamos…: “inconscientemente”. Así pues, habría una especie de “voluntad” generalizada…, y que desarrollaría estos programas; tal voluntad en realidad estaría siendo aceptada debido en parte a nuestro común y lógico “estado de inconsciencia espiritual” (nuestro, quizá…: “no cultivar la dimensión espiritual”, que es por defecto lo que hacemos, al querer identificarnos solo con los cuerpos, por defecto; esa visón o dimensión sería lo que puede compensar de cierto modo, aunque no totalmente quizá, aquello que en nuestro cuerpo hay ya semi-programado —quizá la malla intrauterina).

Pero cuidado, esto es nuestro propio castigo a nosotros mismos, pues no hay ninguna otra entidad esotérica que nos haga esto; es un castigo auto-infligido por nosotros mismos —aunque digamos que “inconscientemente”.

2.- pero esto también potencialmente nos puede engañar (como todo potencialmente lo hace en el universo)

Es posible entender este descubrimiento alucinante también como una especie de trampa del universo-Ego-Ello…, pues todo esto puede entorpecernos en nuestro “despertar individual”; pero tal cosa depende de cada cual, y de la guía que recibimos cada cual, o que estamos dispuestos a aceptar y que ya llevamos dentro; y es que el “despertar” es por una parte solo “individual”, pues no hay nada ahí fuera, en realidad, y “lo de fuera” solo está para reflejar dos cosas incompatibles:
– el Ego-Ello en tanto mente separada-dividida…,
– y nuestra unión real en el Cielo, y no en el Ego-Ello-universo…, esa unión que alimentamos aquí compartiendo intereses desde un amor cuanto más perfecto mejor.

Así pues, cualquier cosa, lo de Hamer también, podría servirnos de engaño-trampa en nuestra condición individual “x”…, ya que este despertar es por una parte aquello que siempre podemos “elegir”, siempre…, y ello sea lo que sea que hagamos aquí, en la tierra…, para nuestra verdadera felicidad. ¿Y esto por qué? Porque lo que en realidad nos está pidiendo “la Fuente” que hagamos, desde nuestro interior, siempre…, es simplemente dejar de soñar todo esto, dejar de soñar el universo, felizmente (“dejándonos en sus manos”).

Entonces, decimos que también esto nos puede embaucar demasiado, al caer excesivamente en glorificar el universo en tanto que “cosmos”, que orden…, es decir, por idolatrar al universo con la común “piedad cósmica” que solemos ostentar…, cultivando la en realidad engañosa idea del “universo inteligente” y demás ideas. Así pues, también este pensamiento, y como todo pensamiento, es utilizable o es transmisible tanto para ser realmente felices como también para cegarnos demasiado egoicamente en aquella compleja y “divina” “inteligencia de un universo”, que terminaría en el caso más exagerado como una especie de completa sustitución de nuestra verdadera “luz”, aquella que “tenemos” en nuestro interior, perfectamente compartida.

Recordemos esa sensación que tenemos al ver la realidad descubierta por Hamer: sentirnos “tontos del bote”…, ya que nosotros desarrollamos programas con sentido biológico que de nada nos sirve a nosotros (y las enfermedades se sitúan en tales programas); así pues, como de nada nos sirven los programas, aparentemente entonces dicho “sentido” es más bien un absurdo sinsentido, ya que nada conseguimos arreglar para nosotros con esos programas, aparentemente…, y tal sentido biológico no es en absoluto “salud”…, si es que queremos “salud”.

Pero…, y ahora viene algo muy importante (que resultará obvio si conocéis en cierta medida tanto el marco “esotérico” como Hamer). Resulta que, por los motivos que vemos expuestos en aquel marco “esotérico”, resulta que este sentido biológico, como generalidad, tiene un sentido que sobredetermina a todos los sentidos particulares; es decir, tiene un propósito, pues aquí, al universo, venimos en realidad a recrear y “difractar” el conflicto universal. Así pues, inconscientemente nosotros no queremos la salud, pues aquí en cierto modo vendríamos “programados por el conflicto universal” y para reproducir engañosamente mil y un conflictos que nos despisten de la realidad; esta realidad tiene que ver con que de existir un conflicto solo existe uno; además, para colmo, ese único conflicto es también una ilusión, la ilusión global del Ego-Ello “global”, es decir, del universo, y que está en el origen del universo material en tanto que es mero sueño (nuestro propio sueño).

Entonces, como decíamos, nos sentimos idiotas, ya que nada nos arreglamos a nosotros mismos con proyectar(nos) toda esa cantidad de conflictos en nuestra pizarra biológica, todas estas catástrofes —percibidas así, como catástrofes—, una tras otra, “biológicas”, cuando, sin embargo, el conflicto tras el que nosotros desatamos el programa biológico, el que da pie a tal proyección, normalmente nada tiene que ver con asuntos “biológicos” (y no digamos ya lo poco que tiene que ver aparentemente con lo biológico nuestro “conflicto universal” único).

Un ejemplo concreto sobre los conflictos particulares…
(esos conflictos que estaríamos diciendo que “analogizan” el conflicto universal…; un ejemplo concreto sería el siguiente, si recuerdo bien:)

cuando hay conflicto de tipo “carencia”…, de miedo a que uno o de que alguien cercano carezca totalmente o disminuya a un nivel muy básico el nivel de “subsistencia en la vida”…, en sentido muy básico…, ya digo…, entonces quizás puede que se dé, en la persona, un cáncer de hígado (en ese “quizás puede” entraría aquel asunto que comentamos: si esto es o no más fácil que suceda así, o bien si solo es posible cuando uno tiene ya bastante activado o sobresaliente un cierto “punto” de la malla de posibles conflictos intrauterinos personal).

El hígado crecería pues, en fase activa del conflicto, creo recordar (“cáncer”), como respuesta estúpido-biológica que nos mandamos o nos dejamos mandar desde el gran Ello (recordemos que aquí vinimos a ser víctimas e inocentes en el sentido-ego de inocente, sin asumir que somos responsables y así no poder ser verdaderamente felices (pues eso supone deshacer el Ello-Ego)…).

Todo esto es además visible digamos “focalizadamente” en el cerebro, ese órgano que parece foco o el “ayudante fundamental de proyección/producción” en un humano adulto.

De nuevo el marco

Y ahora recordemos el marco, y ya dije, por si os sirve —a mí me sirve:

– todo esto es ilusorio…, nosotros no estamos aquí,
– es decir, por un lado “estamos” falsamente aquí (por eso las comillas), en la mente dividida, en la conciencia global-Ego…, en el Ello universal…,
– y por otro lado estamos realmente en la realidad-espíritu, esa que al parecer se alcanza totalmente cuando conseguimos negar amorosamente el Ello-universo como un todo, por completo, con toda nuestra mente (al irnos dando cuenta de que todo esto realmente no existe). (Advertir que en esa negación ya no estamos solos, que no la hacemos “con el ego”.)

La conexión aceptada por nosotros mismos (y apoyada a veces por la percepción de alguien que nos ama y no nos ve “enfermos”), la conexión con la realidad espíritu sería lo que siempre nos habría “curado” de todo (a veces la sanación es de la mente, y el cuerpo sigue su curso, pero estando la mente más en paz o totalmente en paz (y ello sin entrar lo que sucede en otras “vidas pasadas”, que vistas desde la eternidad sería algo que ocurriría simultáneamente)).

Sigo. Toda esta correlación de Hamer (que incluye por cierto también a día de hoy al parecer una gran parte de lo catalogado como “enfermedad mental”) es visible como sabéis en esos focos detectados en simples TAC’s sin contraste…, unos focos por tanto visualizables en el cerebro…, y correspondientes a tales procesos de enfermedad —que se ajustan a los programas y las capas embriológicas con digamos total perfección.

Recordemos lo de las regresiones de Joaquín Grau: se podría decir que —por lo que llevo leído— a su vez detecta que los patrones de conflicto son creados en el útero y cerca del nacimiento —o bien digamos que son manifestados por “primera vez ilusoria” en nuestra nueva enésima vida.

Entonces, supongo, repitamos, que esos conflictos de adulto se desarrollarían más fácilmente o bien se desarrollarían solamente sobre los puntos “programados” en el útero y cercanías…, es decir, que los conflictos de adulto alimentan tales puntos, a veces de forma brusca, y, por tanto, usando de forma privilegiada tales puntos de la malla (eso “explicaría” por qué una gente proyecta un programa biológico más fácilmente que otra ante el mismo percance de la “vida exterior”).

Así pues, como adultos podemos ser, normalmente, humanos desprevenidos, y, por tanto, no muy “espirituales”…, es decir, no suficientemente pasotas en el sentido sano de pasotas; es decir, normalmente no hemos alcanzado cierta paz, una lógica y muy sanamente “pasota” paz —y digo “sanamente”, pues esta paz parece que tiene la capacidad de “transmutar” también la percepción de los que rodeen al ser que está en paz, tal y como quizá habréis experimentado cerca de algunas personas y/o situaciones.

Así que en este estado de “estrés”, tan aparentemente favorecido hoy por varias instituciones…, digamos…, o a su manera favorecido por el campo del Ego, tan megalómano occidentalista como es…, en este estado de la situación en general…, decíamos, terminamos por alimentar, o bien, nos suceden…, en la edad adulta…, conflictos que alimentarían los puntos creados en el útero o cercanías.

Podríamos entonces ver quizá lo que supone aquello que podríamos llamar “patrón de sincronicidad”; es decir, quizá, un patrón de “no-hay-casualidad”, como relación entre la malla de conflictos intrauterinos/infantiles y los de adultos…, y todo para con ello conseguir una especie de “astrología” uterino/infantil (obviamente), con posibles predicciones del “futuro”, etc.

En realidad podríamos imaginarnos el campo de las “almas” en ese otro estrato de “consciencia global” del Ego-Ello global (perdonad la representación) como un patrón de conflictos, una malla, por el que “descendemos” ilusoriamente (en el pasado-presente-futuro que es el mismo visto desde la eternidad de nuestra realidad como espíritu)… hacia el sueño de la “materia”…, repitiendo así de infinitos modos vidas “sujetas” en parte por esa malla de puntos de conflicto.

Así pues, el conflicto universal de haber creído que atacábamos a nuestra Fuente, es decir, a nuestra propia realidad como espíritu en paz, a nuestra verdadera naturaleza, estaría pues —tal conflicto universal— así como sub-programado en tal malla…, y esa malla la efectuaríamos repetidamente una y otra vez de mil maneras —y nunca se activaría por casualidad, o se activaría con poca casualidad dentro del útero (y recordemos que desde el “plano espíritu-eternidad” toda la historia de tales efectuaciones ya habría ocurrido por entero, por esotérico que nos parezca).

No sé si se ve, es simple por supuesto: estaríamos intentado dar unas líneas fáciles para un posible enlace entre dos observaciones o ámbitos…:
– “hay pocas casualidades…”, o no hay muchas…,
– y todo el “problema” de los conflictos…, desde el útero.

Otra especie de forma de plantear la “hipótesis” u “otra” hipótesis, sería:

– veamos tal malla, pero ahora en tanto que más sujeta a cierto “azar”…, como más casual.

Veámosla así. Entonces quizá tal malla fuera quien “concretizara” —o quien “llamara”— a una determinada “alma” dentro de las posibilidades universales… en tanto que ilusoria historia de vidas pasadas.

Es decir, el patrón conflictual sería como un campo de “sintonización” entre el Ello-conciencia-global y las historias de la tierra…, la de las líneas temporales aquí.

Y esa sintonización nos permitiría conectarnos con las vidas que han tenido patrones similares, que casualmente seríamos precisamente “nosotros”, el nosotros ilusorio, en cierto sentido de cada cual, en sus ilusorias vidas pasadas (tan ilusorias como esta del aquí y ahora del ego-ello de cada cual), y que quizá estén en una línea muy bien definida.

Bueno, sería un modo de verlo.

paz y amor

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