Perdonar la intención. El propósito y la emoción   Leave a comment

Fotograma de "Los pájaros"; Hitchcock

Pero si sólo queríamos unas miguitas de pan… (¿Has visto…? Un lindo pajarito…)

«El experimento que transformaría vuestro mundo se basaría en la idea fundamental de que vosotros creáis vuestra realidad de acuerdo con la naturaleza de vuestras creencias, de que toda existencia ha sido bendecida y de que en ella no existe el mal. Si estas ideas se siguieran individual y colectivamente, la evidencia que perciben vuestros sentidos físicos no encontraría contradicción, pues ellos percibirían el mundo y la existencia como algo bueno.» (Habla Seth I)

Veo ahora tras los meses que llevo con Un Curso de milagros (UCDM) que con este material estamos también “perdonando” este tema fundamental del propósito, la intención.

En realidad podríamos decir que todo trabajo sobre uno mismo significa en definitiva un cierto “perdonarse los propósitos”, es decir, el cuidar las intenciones: ir conectando con ese cierto “centro” emocional profundamente herido del cual arrastramos absurdamente su no-ser, ese no-ser que influye en nuestras reacciones —que dejamos que influya inconscientemente—, en nuestras reacciones automáticas, esas que decimos “emocionales” —en esta nuestra realmente absurda, tarada, demente “edad adulta”.

Así que el Curso también nos vale para perdonar no solo todas las palabrotas de gran parte de la “infame” tradición occidental en “lo religioso”, sino también palabras más “laicas” como: propósito, intención.

A veces —quizá en general— nos sentimos como algo egoístas o incluso maquiavélicos por meramente hablar, en ciertas situaciones, de “propósito” o de “intención”.

Eso es lo que quizá estaríamos perdonando… pues estamos muy equivocados si lo vemos así, si lo vemos en general así .

En UCDM se nos insta a que nos demostremos a nosotros mismos —en la lección 24— que todos normalmente estamos repletos de propósitos más o menos “inconscientes” que nos enloquecen en la vida corriente (vida que normalmente es pura locura, puro sinsentido).

Con Michael Brown de forma individual, y también a veces menos “individualmente” en otros muchos materiales relativos a las terapias en lo “transpersonal”: sobre la sombra al estilo Jung… constelaciones familiares… etc., que también indican claramente que somos “nosotros” quienes nos “curamos” a nosotros mismos…, con Brown de forma individual se nos invita a ¡darnos respiro!, es decir,  a un trabajo individual para que explícitamente veamos ese asidero de nuestras reacciones emocionales, asidero que está en la infancia. Enfrentándolo (“poniéndolo enfrente”), nos abrimos a la sanación o al perdón —más o menos explícito y vivencial, con personajes que pueden salir en nuestra mente, por ejemplo— de todas esas reacciones y relaciones…es decir, de nuestra percepción global (desintegrada y desintegrante, convertida en absurdo e infeliz destino) perdonando en un sentido “vivencial” por ejemplo a esos niños que también fueron nuestros familiares (así se hace también en el proceso Hoffman (ver Amor negativo) o al parecer en varios tipos de terapia regresiva).

Digamos que tales reacciones automáticas se fundan en esos mil y un propósitos del mundo del ego (la relación constituyente de nuestro niño roto, al interiorizar el dislate del mundo adulto), propósitos que actúan “a nuestra espalda”, y relativos a “emociones” por tanto fragmentantes, que configuran nuestro centro emocional, partido (que luego conceptualizamos en “miedo”, “tristeza-pesar”, “ira”, como dice Brown), y que compensan o hacen componendas físico-mentales para no ver nuestro núcleo emocional —centro al que en realidad podemos acceder cuidando el fundamental tema de la intención, del propósito.

Así que la polaridad evolutiva:

– mente / emoción,

…se correspondería con la de:

– atención / intención, como dice Brown.

“Atendemos”, pero siempre hay propósitos detrás, y más o menos explícitamente compartidos con otros en tal “atender”, y más o menos fragmentantes (imaginemos la dislocación de la atención/intención que sufrió por ejemplo cualquier niño muy a menudo en su “primer día de colegio”, pues la locura está vergonzosamente institucionalizada, es institución… y el mundo está francamente tarado —aunque cuidado, es solo un sueño, el nuestro, y por tanto es un cebo que tenemos que aprender a “perdonar” (perdonando toda percepción), y nada más).

Cuando nos atendemos a nosotros mismos, es decir, cuando “atendemos hacia dentro”… podemos ir abriéndonos a que trabaje la presencia, nuestro sí-mismo; esa tal “presencia” que tiene mil nombres, como por ejemplo el poco perdonado y tan “mal” usado nombre de Espíritu Santo (E.S.). Nos abrimos pues a que la presencia haga el trabajo natural de integración.

Este trabajo sería el relativo al perdón de nosotros mismos (no hay nadie más en realidad, pues somos UNO), perdonando todos esos meros símbolos que creemos ver “fuera” (pues no hay un “fuera”, es nuestro invento, es nuestra categoría inventada, no hay “espacio” ni “tiempo”):

– “banqueros”…

– “empresas” y empresarios…

– parejas…

– familiares…

– amigos…

– jefes…

– compañeros…

– relaciones de producción que “nos envenenan” estómagos, pulmones, etc…

…y el largo etc. de colosales chivos expiatorios y de cebos que el guión o programa nos propone como trampa para distraernos del único trabajo que realmente puede liberarnos a todos.

Y ese trabajo es pues la integración de nuestras dimensiones, desde la energía inmensa que tiene nuestro centro vibracional, nuestro polo emocional-intencional (relativo al propósito).

Así pues, tenemos estos tres asuntos importantes imbricados en UCDM:

1. Tu simplificación: aceptar un propósito unificado.

Cierta simplificación de la vida; esto conlleva nuestra unificación en la aceptación de —a ser posible— un objetivo-intención-interés-propósito cada vez más unificado —es decir, cada vez más UNO, uno solo.

Con eso digamos que estamos invitando a placer a que la presencia —es decir, lo real en nosotros, la conexión con el amor perfecto— nos enseñe que el ego no es nada.

Así que tal unificación nos facilitaría el llevar todo eso que no es nada (la oscuridad de los juicios del ego) a la luz de los juicios de “la luz”, del amor… que simplemente deshacen los juicios de la oscuridad, ya que el amor realmente no tiene opuestos. Pero de esta cuestión acerca del amor nos tendríamos que dar cuenta “interiormente”, y solo nos podemos dar cuenta por ahí, pasando por ahí alguna vez, pasando por ese cierto “compromiso” con nuestro interior… por ese mirar adentro que se va dando cuenta del “truco”: que no hay nada fuera, pues somos UNO y esto es solo nuestro propio sueño…, es decir, que el mal-oscuridad-etc.-… no existen.

¿Por qué de tal modo invitaríamos entonces “mejor” a la presencia? Porque vamos dejando de tener mil y un objetivos en mente (con lo que ello afecta a nuestra integración desde lo emocional (sentir, “percepción sentida” en Brown)), con sus correspondientes tiras y aflojas, con los juicios del ego, esos que tanto contribuyen a caotizar nuestras vidas, tirándonos en direcciones incompatibles con la más mínima y simple felicidad (se nos aproxima pues de este modo a la auténtica felicidad, pues ésta no es de este mundo).

Si inconscientemente estamos partidos en diversas intencionalidades,  en esos mil y un intereses, objetivos… entonces lógicamente ello hace que todas las situaciones sean potencialmente siempre un chasco por un motivo u otro —como aprendemos en la lección 24 del libro de ejercicios de UCDM.

2. Elegir, o la emoción como dirección

El hecho de que con todo ello trabajamos la mente en lo que más importa: la capacidad de elegir-decisión (advertencia sobre “la mente”: para perdonar esta palabra o concepto, ver sus dos “significados” en el artículo Sentir…).

Tenemos pues ya todos unas “gafas emocionales” para ver el mundo.

Pero con la unificación del punto 1 nos vamos haciendo conscientes de que en realidad siempre hemos tenido algo así; sin embargo ahora vamos pudiendo elegir la lente emocional cuando ésta trabaja para nuestra integración; y nos vamos dando cuenta quizá de que tal lente no es otra que la que tiene que ver muy directamente con el tema del propósito, de la intención.

Así que para empezar a poder siquiera ver algo desde nuestro centro emocional (que siempre tiene “el corazón roto”, como dice fascinantemente Michael Brown en sus digamos que imprescindibles textos)…  para poder ver, “cribamos”, seleccionamos, entonces, el mundo, las cosas (aunque a veces creamos que es “cruel”)… en las situaciones… en función de la intención-propósito-meta-interés elegido (nos damos cuenta de cómo lo hacemos ya inconscientemente…, y vamos depurando propósitos y abriendo en nuestra unificación (punto 1) a que actúe la verdad desde nuestro interior (verdad que nada tiene que ver con este universo, pues es amor perfecto)).

Pero claro, no olvidemos hacia dónde nos dirigimos… y de una forma más amplia: marchamos con el paradójico objetivo de irse abandonando a que en realidad pronto no vamos a ser ya “nosotros” quienes elijamos… pues más bien “algo” elige, claramente, por nosotros, en todas las situaciones.

Es decir, nos damos cuenta de que en realidad nosotros nunca hemos elegido nada “por nosotros mismos”. Esto equivale a darse cuenta, obviamente, que el ego no es nada, es una ilusión óptica creada por la distorsión de la lente emocional-intencional partida en los mil y un propósitos fragmentantes obtenidos del absurdo mundo adulto y por parte de ese niño roto que siempre hemos tenido que ser… y que tuvo que hacer las componendas “desintegrativas”, lógicas, para siquiera poder seguir “adelante”… en el falso progreso que de todas maneras tenemos que llevar a cabo para siquiera poder entrar en el infierno adulto, y para así luego poder volver “atrás” —perdonando toda percepción—, y poder escaparnos del infierno.

Entonces, en el trabajo consciente con —a ser posible— un objetivo mundano, siempre todavía estamos eligiendo “falsamente”.

Y nos damos cuenta de que es justo eso “lo normal” en este universo…, lo falso (pues el universo está fundado en una idea falsa)…, es justo en eso donde los propósitos estarían enfrascados: en consideraciones sobre los resultados y objetivos del mundo “de ahí fuera”, “material”, “cuerpos”… cuando más bien la única realidad que realmente “existe” (solo insiste, no existe “ahí fuera”) sería nuestro momento presente… ese momento que se anuncia realmente solo instante a instante (“mágico”), y que nos une con otras mentes reflejando aquello de lo que vamos a hablar en el siguiente punto.

Es decir, volviendo al tema del punto 2: empezamos a practicar nuestra “mirada emocional” que advierte que el tema de un cierto “filtrado con propósito” es muy importante, emocionalmente…, pero aun así notaremos que vivimos aún muy “falsamente”, pues aún no somos tan fuertes como para realmente dejarnos todo el rato elegir.

Por ejemplo tal propósito puede ser —a veces por fuerza lo es— el tener que cuidar a alguien, un hijo o una pareja…, pero… el irlo haciendo “de la mano del E.S.”, y en parte gracias a habernos unificado (punto 1): es decir, de la mano del E.S. en tanto que somos UNO con nuestro hermano en la realidad esotéricamente llamada “Cielo” (será el tema del punto siguiente).

Ese Cielo es nuestra unión real como mentes, la única real, compartiendo la realidad que a su vez nos une con el Creador —”Creador” o “Creadora”, pues ahí no hay sexo, sino “disfrute” puro, ya que no tiene nada que ver con este universo, aunque sea tal “Cielo” en realidad el único “lugar” donde realmente estamos (solo queda recordarlo, como sabemos).

Así que todo esto si acaso nos lo enseña el E.S. con sus inspiraciones o milagros, y ello porque así ya no estamos “cuidando” o relacionándonos con las personas en tanto que esas personas son algo a poseer (hijos o parejas por ejemplo); ya no son “una posesión” sino que “son” para nosotros un medio de escaparnos felizmente TODOS (solo hay UNO) del infierno, de ese infierno que nosotros mismos hemos construido soñando el universo en tanto mente unida que pareció separarse.

Entonces, todas estas cosas relativas al “cuidado” son como vemos algo que siempre se ha hecho, que siempre se ha vivido así…; es lo natural, y supongo que serán “maneras corrientes” en las que muchas personas habrán experimentado anónimamente una cierta “ascensión”, o habrán vivido así, más o menos inconscientemente, el “propósito de la ascensión”.

3. Compartir intereses

Ya lo hemos comentado casi totalmente en el anterior punto: luego estaría la seguramente la relación —del todo obvia— que todo esto tendría con el hecho de que el Curso clama a gritos porque nos fijemos en el tema del compartir intereses (objetivos-metas-intenciones) pero obviamente en tanto que reflejamos la única realidad:

que somos UNO en el Cielo, en esa realidad tan esotérica llamada Cielo, en unión con lo único real que es nuestro Creador (esa unidad inefable es lo que en realidad es llamado —o más bien, se le quiso llamar al parecer, y antes de que el batiburrillo de la religión deshiciera el sentido…: “Cristo”).

Pero claro, por defecto solemos a menudo estar todo el rato auto-sumergidos emocionalmente (esquizofrenia natural del mundo adulto) en un mundo caótico de propósitos que nos fragmentan.

Así que en absoluto estamos haciendo “teología”. Esta es es la mínima “no-teología” de UCDM. Parecen ser digamos unas mínimas herramientas para invitarnos a ese modo de no-pensar en la escapada, a esa experiencia del despertar del sueño, en resumen:
– reflejar el Cielo (que no existe aquí en la tierra, solo insiste en “instantes santos” vía los milagros (cambios de percepción) que aprendemos a aceptar del E.S.)…,
– aceptando simplificar/unificar la vida…
– al compartir por el ejemplo el interés de liberarse de “los apegos” (pero con la advertencia fundamental, como bien sabemos, de que vale cualquier interés a compartir en la tierra-que-no-existe, pues no queremos vivir en las gradaciones o evaluaciones del ego que evalúan los intereses y creen que pueden legislar ahí hacia su “liberación” estructurada desde el ego…, y por eso los sabios no-dualistas más despiertos o simplemente despiertos hacen o pueden hacer absolutamente cualquier cosa “en la vida” para “disimular”, para vivir, y ser realmente felices escapándose de el lío del ego que nos ata a la irrealidad del universo de la separación que vemos delante).

En resumen

Tu simplificación está en el unificarte, compartiendo intereses, pero dirigiendo el dedo que apunta a los “resultados”, dirigiendo ese dedo, hacia la propia relación.

Todo el mundo está de una manera u otra haciendo esto. Lo que pasa es que no se enseña en las escuelas (si se enseñara no habría universo pues no vendríamos aquí a sufrir, como venimos, y ya estaría todo perdonado…, es decir, todas las sombras integradas debido a la “curación” de nuestra absurda institucionalización como seres “maduros”).

Insistamos pues en una de las aparentes claves de todo esto: un aprendizaje fundamental al que podemos por ejemplo acceder a través de Michael Brown y su fascinante texto “El proceso de la presencia”:

— La atención es relativo a lo mental (en el “sentido 1” de lo mental, del que hablábamos en Sentir…).

— La intención es relativa a la emoción.

La intención tiene que ver con el propósito que asignamos, conscientemente o no, a las situaciones, los eventos; tiene que ver pues con las metas, los intereses: los significados.

El Curso es complementario con las enseñanzas de Brown; pero digamos que el Curso es más “completo” en el sentido de que no da ni un momento pie a que nos veamos separados: separados de cosas como “el origen del universo” (¡hasta eso!). Pero obviamente tenemos muchas maravillas a lo largo de la historia y en tanto experiencias de liberación que sugieren un programa para deshacer el ego: la experiencia actual de Brown es una de ellas, muy anti-ritual, muy centrada en nuestro cuerpo mental-emocional…, y por ello creo que muy importante y que resuena muy bien con las intuiciones fundamentales de UCDM —hay muchas experiencias fantásticas, relativas a veces a otras (auto)terapias, y sirven quizá a mucha gente de buenísimos “preparatorios” para trabajar el Curso “a todo gas”, como creo que sirve Brown.

Vivimos una época fascinante. ¡Gracias, plan de salvación (= plan de deshacer el sueño de universo)!

El propósito real del universo (sobre aquella completitud del Curso, y como recordatorio)

El hecho de nuestra unificación (punto 1) nos hace resonar con un tema fundamental: que solo hay un propósito real, verdadero, en el universo.

Solo hay dos propósitos-ideas, y una es falsa, luego la otra obviamente está auto-condenada, fue de hecho una auto-condena sin pies ni cabeza.

Propósito es significado, y como la idea falsa de la separación no tiene ningún significado, en realidad no podemos hablar como lo haremos ahora, diciendo que “el propósito del universo es su desaparición”; digamos que eso solo nos aproxima a su no-significado real, pues cuando despertamos del sueño somos nosotros los que nos hacemos amorosamente “símbolos de la desaparición” del universo, o de su des-separación. Como sabemos, el Amor no tiene opuestos, y el universo es un intento irrisorio de demostrar lo contrario.

Así que tal “desaparición” solo puede darse amorosamente…, en el plan de “salvación”, que —visto desde la eternidad— ya se ha ejecutado.

Desaparecer… pues… en la nada de donde vino y mediante el reflejo de nuestra unión en el Cielo —reflejando el Amor.

La nada de donde vino es simplemente la idea de la separación, en el autoataque que cometimos nosotros contra nosotros mismos… es decir, que cometió la mente que se creyó separada… contra sí misma… inventando fantasías “contra” Dios, inventando un creador castigador, culpable, asesino…, etc., para así poder “aquí” proyectar nuestras creencias que reflejan en el falso “ahora” del mundo la idea falsa de la separación.

El universo desaparecerá porque (y sería el único “porqué” que “conocemos”)… desaparecerá porque los seres que estamos aquí nos vamos dando cuenta (como “a cuenta gotas”, parece, a veces), de que es solo un sueño, y nuestro propio sueño… y, por tanto… al dejarlo simplemente de creer (reflejando el Amor)… dejamos pues de nutrir y reciclar el sustento del universo falso:

la culpa (= auto-ataque) que dio pie a este sueño de separación.

Paz y luego… Amor

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