Indignados con el Amor (es el universo lo que no es “democrático”)   Leave a comment

manifestación indignada

Fuente: Wikipedia (origen: http://www.nacionred.com)

«Cuando maldicen a otro se maldicen a si mismos y la maldición retorna a ustedes. Cuando se muestran violentos, la violencia les regresa como un boomerang. Les hablo a ustedes porque la oportuni­dad es suya (de mejorar las condiciones del mundo) y de ustedes es el momento. No caigan en las viejas formas que los llevan precisamente al mundo que temen» (El material de Seth)

«La esencia interior del yo posee aptitudes telepáticas y clarividentes que afectan considerablemente las relaciones y tu civilización. Ahora no las estás usando efectivamente. Éstas son precisa­mente aquellas facultades que se necesitan ahora. Si existe alguna es­peranza de comunicación mundial, entonces cada uno de ustedes debe entender dónde se encuentran sus potenciales como criatura subjeti­va individual.» (El material de Seth)

«Una generación que odie la guerra no traerá la paz.» (Habla Seth II)

¿Indignados?

Ser capaz de indignarse con lo que ocurre “fuera” supone caer en la trampa que nos propone el universo desde el principio del mismo; supone caer en la trampa que nos pusimos soñando este universo: que nos veamos como víctimas, en tanto que privados de algo, capaces de morir, de desaparecer…, presas del sufrimiento, del odio, del conflicto, del ataque, de la injusticia…

Pero somos el soñador de este sueño sin consecuencias.

El universo está precisamente para que podamos meternos fácilmente, nosotros a nosotros mismos, en esa trampa. Es una trampa grandiosa, pero meramente una trampa.

Todo nos lo hacemos desde siempre nosotros a nosotros mismos.

Nuestras vidas son un sucederse de tales trampas… trampas que reflejan y recrean en modelos aparentemente más pequeños aquella colosal trampa: la del universo. La vida sería un transcurrir de trampas con las que, en diversas situaciones en que nos metemos nosotros por nosotros mismos… de una manera u otra… vamos eligiendo:

— tener la razón (es decir, vamos eligiendo ego, miedo, separación…)…

— en vez de elegir “ser felices”.

Es decir, elegimos miedo en vez de elegir el amor perfecto que ya somos… la eternidad que ya somos. Este “ya somos” es algo difícil de reconocer aquí… pues para eso está precisamente la colosal trampa de cuerpos y más cuerpos necesitados… en este universo que nos hemos puesto a soñar para poder “idolatrar” todo esto deshaciéndonos al identificarnos con “lo de fuera”. Y la trampa que llamamos “universo” no tiene final, no aparentemente, pero su final simplemente ya está aquí: es el sencillo “hecho” (el único hecho real) de que no existe.

No hay salida desde el sentimiento del miedo. Y solo hay dos emociones, dos sentimientos…: el miedo y el amor.

Del miedo surgió este mundo que vemos, para escondernos ese otro mundo que aquí solo se puede reflejar, pues su Amor no es de este mundo.

Todo lo que vemos aquí son componendas por definición imposibles entre miedo (ataque, escasez-carencia, sufrimiento, conflicto…) y amor (eternidad, unión, igualdad…), y hasta que nos damos cuenta de que ya somos Amor (un amor que aquí realmente no podemos comprender pues como decíamos, no es de este mundo).

Tales componendas son lo que podemos llamar magia.

Todo lo que vemos es magia, pues normalmente percibimos eligiendo rápida e inconscientemente un cierto maestro interior para nuestra percepción: el ego.

Y aunque hay otra posibilidad, por defecto parecemos tener  solamente a este último maestro, al ego, a nuestra disposición. Pero el ego es un “maestro falso” por el hecho de vendernos la moto: la moto de este universo falso, el que tenemos delante aparentemente y que parecemos recrear con todo nuestro ser (sin querer saber que la única parte real de nuestro ser no está aquí). El propósito de este universo es el de que nos olvidemos de que tenemos mente; y así, sin mente, dementes, no podemos elegir precisamente al otro maestro, al que no es el ego, para poder reinterpretar con él todo este universo que realmente no está ahí… y poder así escapar felizmente de aquí, despertando en vida, satisfaciendo el plan de deshacer alegremente este sueño de universo que nunca existió (en un “despertar”).

Por ejemplo, “magia” es una roca…, es la superficie rocosa de la Tierra…, la cual digamos que nos intenta plantar delante nuestro la idea de que en el universo es posible una cierta duración digamos “casi eterna”. La magia es el envoltorio de la idea de la separación, de la idea de que es posible separarse de nuestra naturaleza, una naturaleza que aquí no podemos vivir más que instante a instante… y que es la de ser aquel amor perfecto, por así decirlo.

Pero como dijimos… hay otro maestro interior; con él podemos re-percibir el mundo y comprobar que es nuestro propio sueño, al poder despertar del mismo; así, escapamos de aquí, “perdonando” toda percepción; a este otro maestro llamémosle por ejemplo “amor perfecto” (“AP”).

Entonces, si con algo estamos indignados es con el Amor. Esto consigue que nos sea difícil poder siquiera plantearnos el elegir que nos guíe AP en nuestra percepción… pues siempre por defecto estaríamos autoprogramados para seguir los dictados del otro maestro interior, el del caótico ego… ese que nos dice que nos identifiquemos con cuerpos… con apariencias… con “nuestras circunstancias”… historias… etc., para así no poder ver más adentro, en “la mente”… para no ver precisamente la identificación de todas nuestras mentes aparentemente separadas con el sistema de pensamiento del ego, el que sustenta este mundo: ataque, conflicto, sufrimiento, dolor, enfermedad, miedo, etc.: en general: la dualidad.

En realidad nosotros no soportamos el Amor. Esto lo habréis visto, una y otra vez, en vuestras vidas, y lo recordaréis si las contempláis con honestidad, pues normalmente rehuimos ciertas uniones intensas… de esas que no nos restarían amor (las relaciones normales nos lo restarían… al estar compartiendo normalmente carencia…, al compartir nuestra sensación de ser especiales, lo cual es algo irreal…, etc.)… ciertas uniones intensas… y desde las cuales digamos que podemos abarcar más y más, al extender el amor sin “pérdidas”… instante a instante… al extender unión, igualdad, etc. (aunque el universo tiene límites y lo importante aquí es el logro en nuestra percepción… lo que avanzamos nosotros en unión con alguna gente a la hora de repercibir el sueño de miedo para poder escapar de él en vida).

El Jefe

Así pues, hay digamos que una especie de “Jefe de todo esto”, uno solo, e indirecto (pues nada tiene que ver con este sueño de destrucción y miedo ilusorios); tal jefe resulta ser, sencillamente, y desafortunadamente para nuestros egos: el Amor; tal jefe es “la Fuente” de amor perfecto en la que en realidad todos estamos desde siempre, es nuestra verdadera naturaleza, una a la que vamos a despertar, tarde o temprano, pues realmente no estamos aquí soñando miedo, muerte, destrucción.

Aunque, también afortunadamente para nuestros egos, si tal Jefe es “jefe” lo es solo porque elegimos escuchar la susurrante voz del amor, en nuestro interior, que nos dice que esto es solo nuestro sueño, y por tanto el Jefe no está y nunca estuvo en el universo, pues no lo creó. Solo parece estar “ahí fuera”, en ese “afuera que no existe”… cuando vamos proyectando eligiendo AP en vez de elegir ego.

Por muchos gritos (interiores o “exteriores”) que se peguen… y por mucha razón que se tenga o se quiera tener a la hora de cambiar esto o aquello en este sueño de universo… en resumen… aquí… y aunque parezca mentira… solo estamos y estábamos indignados con el Amor. Y todos lo estamos, aunque a veces parezcamos “felices”, “alegres”…, todos estamos indignados con el Amor… pues el hecho de poder librarse de lo que realmente fundamenta nuestras alegrías aquí (miedo, ataque, culpa, condena, acusación, venganza, juicios sin fin…) nos resulta algo muy trabajoso, en realidad —para el común de los mortales.

Esto no parece ser así, pero es así “interiormente”… es así muy en el fondo. Y este es el único “problema” que tenemos; además, este problema es un problema sin consecuencias, un “problema imposible”… tan imposible como este universo de la separación, que es una mera creencia, nuestra mera creencia… sin consecuencias para nuestra realidad eterna.

Y entonces, y por ello, si aquí hacemos tanto espectáculo… si montamos tanto jaleo indignado (alegre o tristemente indignado, en parte da igual)… lo hacemos para precisamente no afrontar esto tan simple: que nos da miedo el simple hecho de que tenemos una mente, es decir, el hecho de que podemos elegir, y a niveles cada vez más profundos. Todos podemos elegir en cada momento con qué o con quién percibir este nuestro sueño, el que llamamos “universo”…:

— o con el ego,

— o con AP.

No hay más elecciones, solo hay dos maestros interiores; éstos cobran un aspecto a veces muy particular, según cada “individuo”…, pero son solo dos “entidades”, no más… pues este sueño es un sueño, y solo existe una “realidad real”: la de la Fuente de amor perfecto que nos creó como mente perfectamente inocente, libre, etc.

De lo que tenemos miedo es pues del Amor… y en todos sus múltiples reflejos —reflejos que aquí parecen ayudar a deshacer el miedo… aquí en la ilusión… aprendiendo a re-percibirla, cambiando nuestra percepción (y aquí el Amor solamente se refleja… pues no hay nada “intrínsecamente Amor” en este sueño…: solamente gracias a nuestro aprendizaje es como podemos ir acumulando —o no—, más conscientemente, una cierta unión real…, una cierta percepción verdadera de lo que aquí parecemos ver… con esos “milagros” que nos esperan, que ya están ahí, y que básicamente nos enseñan que esto es nuestro propio sueño.

El Amor es pues la única autoridad real, pero no es de este mundo; las demás “autoridades” son ilusorias, son juguetes en este patio de colegio o “universo”.

Las “autoridades terrenales” 🙂 las hemos inventado nosotros, y con mucho gusto… pues hubo un tiempo en que inventamos este sueño al completo, colectivamente, con ese gran “poder mental”, el inmenso poder de nuestra creencia colectiva como mente unida pero que por un momento interpreta con miedo la separación con respecto a su Fuente… con un poder mental, por tanto, que en realidad nos caracterizaría… y que aquí venimos a olvidar al vernos como muy fragmentadas y fragmentantes víctimas, indefensas, muy personales o especiales… individuales… y dentro de un débil cuerpo con sus propias necesidades…, etc., etc.

Tales autoridades las inventamos para jugar a este sangriento juego del ego… es decir… para jugar por ejemplo precisamente a indignarnos… y muy justificadamente, y cada vez más y más justificadamente… con respecto a lo que sea que veamos injusto “ahí fuera”. Con ello podemos entonces desahogarnos de (y reciclar) nuestra gran estupidez monumental “inicial”: la del “hecho” de que, en realidad, en nuestro interior, estamos indignados con el Amor (!); la del hecho de que estamos en conflicto con lo que no tiene opuestos, con aquello con lo que en realidad no se puede estar en conflicto nunca; y sería precisamente esta “tontería” lo que estaría “fundamentando”  este universo… y ello minuto a minuto, en el ilusorio tiempo lineal… y tal y como sugeríamos ya rápidamente en noviembre donde por ejemplo enlazábamos algo sobre el “amor negativo“… o en otros muchos artículos —que resumen o hablan de UCDM (Un Curso de milagros; lo de siempre).

Todo esto suena bien raro, pero… aún más “raro” es lo que estamos haciendo en esta “vida”… desde que nacemos… desde que elegimos universo para manifestar ese engendro surgido del miedo que llamamos rimbombantemente “conciencia”* (pues un corazón no-dual, que es lo que realmente somos, no tiene nada ajeno o fuera que percibir… no tiene ni necesita nada de lo que ser “consciente”… pues no hay nada fuera de él).

Dijimos… “desafortunadamente”: pues a nuestro Jefe no se le ve… y, entonces, no podemos atacarle, y ni siquiera podemos pensar mal de él: no está en este mundo, aunque nosotros sí estemos en el suyo, en el del amor perfecto (y aunque sí que parece que quisiéramos realmente poder atacar hasta a eso, al “Jefe”… para así poder indignarnos a gusto con todo… y hasta quedarnos en una isla con unos cuantos egos reforzados).

Pero, en general, no podemos indignarnos en absoluto, porque somos Amor. Por mucho que gritemos o que justifiquemos interiormente “lo mal que está el mundo” (por “h” o por “b”)… y por mucha razón que tengamos… es completamente imposible indignarse en la realidad… pues somos Amor… somos perfectos… y nunca ha ocurrido nada aquí —solo lo parece, pues solo lo creemos (al elegir “desde siempre” el maestro equivocado para la percepción: el ego).

No hay nada de lo que indignarse, no es posible proyectar aquí, pues todo es solo una ilusión; no es posible y nunca será posible “perder la inocencia”: todo nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos; pero, afortunadamente, todo esto no tiene consecuencias, pues el Jefe de todo esto es quien es: el Amor.

Así que vivimos aparentemente en un inmenso patio de colegio… o bien en aquella obra infernal que concebimos para nuestra auto-destrucción ilusoria, para nuestro sucesivo enterramiento ilusorio… y que comentábamos en ‘Representamos la obra teatral de un autor loco, sin espectadores, y que podríamos titular ‘infierno‘.

El universo es literalmente una enfermedad que hemos elegido para defendernos del Amor (!)… es pues un mero error de percepción que tiene solución… y que debe tenerla, pues es la única forma de limpiar nuestra mente o corazón… una mente o corazón que sigue siendo parte del Amor perfecto. El universo es, pues, aquí y ahora, y de todos modos… la única forma que tenemos para “limpiar” la mente del ataque que ella misma se inventó —contra sí misma—, del ataque que nos inventamos, y que es un ataque ilusorio que, como resultado, dio este engendro surgido del miedo que llamamos ‘universo’.

Y la solución está en nuestras mentes cuando elegimos dejarnos limpiar… pero llevando por nosotros mismos toda la oscuridad que podamos, la oscuridad de juicios, de ataque, miedo, conflicto, etc.…, a esa luz que ya somos…  a esa luz que tenemos en nuestro interior y que nos conecta con lo que somos (amor perfecto) para que así, desde ahí, se nos cuente y se nos muestre que todo nuestro sueño de dualidad (dolor/placer), sufrimiento…, guerra…, muerte…, miedo…, ataque…, son pamplinas, es una tontería sin consecuencia: un sueño.

Así, este universo es una ilusión irrisoria a modo de destino elegido, aunque en él venimos a olvidarnos de nuestra elección (y por eso es tan complejo, con tanto atrezzo); lo hemos elegido para así poder dar vueltas y más vueltas, reciclando aquel invento fundamental (a nivel mental) que realizamos como mente colectiva: el del auto-ataque, es decir, el de la “culpa”, la de nuestra mente colectiva; esta fue una “culpa” inventada al creernos (al creerse esa “mente” que somos… en otro nivel… en ese nivel al que despertaremos para poder negarlo también)… al creernos y creerse la versión que el ego dio para la idea de la separación con respecto a nuestra Fuente: el “hecho” de que habíamos atacado al Amor… y que esto tenía unas “consecuencias”, las que luego terminaron siendo estas características que, como dijimos arriba, tendría nuestro sueño de dualidad.

Nuestra individualidad no existe. El ego no existe. Nosotros somos nosotros, tú eres tú, pero no aquí… y ello por mucho que el ego quiera enseñarnos que nosotros somos él, que somos ego… alentándonos a identificarnos con la cascada de identificaciones y creencias que dependen del cuerpo y del mundo.

Nosotros somos nuestra verdadera Identidad en la Fuente: amor perfecto. Tal Identidad tiene y es un plan: un plan para ir deshaciendo este sueño, para ir “despertando” del sueño, deshaciendo el miedo. Tal plan nos susurra desde nuestro interior cuando elegimos escuchar al otro maestro. Y tal plan nos espera a todos ahí, desde ahí, en esa otra voz, la que no es el ego; y todo el mundo conoce a ese otro maestro, aunque la labor de purificar la distinción no nos es algo fácil de hacer, no normalmente para nosotros.

“Democracia”

El universo es demencia…, nada puede funcionar en él; y aquí, de entrada, por pura definición, nada es ni puede ser algo “democrático”; el universo es un intento demente de separarnos de lo que realmente somos; por ello nada aquí, en tanto que está en el universo, nada puede ser “democrático”…, no en tanto que está aquí; solo puede —digamos— ser tal cosa (por llamarla de algún modo) quizá “al final” (un final ilusorio de algo que tuvo un comienzo ilusorio por ser meramente ilusorio respecto a nuestra verdadera naturaleza)… cuando parezca que acabe el universo… disolviéndose entre risas (pues solo fue un mal sueño por haber interpretado seriamente una idea, la de la separación con respecto a la Fuente… una idea de la que se nos olvidó reír).

¿Y esto por qué? Porque aquí, y si aceptamos con cierta mentalidad abierta la “hipótesis” que acabamos de expresar aquí arriba una vez más…, aquí, en el universo, no tenemos en mente (lógicamente, pues el universo no estaba para eso, sino para hacernos dementes, para que nos identifiquemos con cuerpos débiles, historias de fracaso, éxito…, etc.)… aquí… no tenemos accesibles todas las posibilidades como para plantearnos “democráticamente” nuestra escapada; por eso, el universo no es “democrático” (y dichas posibilidades serían digamos incluso “técnicas”… pues el sueño seguro que las tiene, y por miles (los “milagros”, de todo tipo, ya están ahí… esperando… unos milagros cuyo origen es el Amor… y que deshacen el miedo enseñándonos a repercibir esto como nuestro propio sueño…)… ya que un sueño puede llegar a ser, básicamente, lo que quiera soñar quien lo está soñando: nosotros, es decir, la irrisoria y sufrida “conciencia” que cree estar “ahí fuera”… y que no lo está por mucho que se empecine.

Parecería entonces que dichas posibilidades son algo que naturalmente tenemos que ir soñando y que vamos a ir soñando aquí… feliz y progresivamente (contribuyendo a deshacer el miedo); y, en el futuro de cada “civilización” aparente, tales posibilidades se abrirán en cada mundo o cada línea temporal —en este sueño de sueños.

Tenemos pues unas “religiones”, ciencias, creencias… “instituciones sociales”… que sirven, en gran medida, para engañarnos acerca de nuestra naturaleza (“amor perfecto”, que no es de este mundo). Tenemos unos cuerpos, unas instituciones, etc., que sirven en gran medida y a menudo para no otra cosa que para reforzar el miedo y la culpa (auto-ataque)dicho miedo, recordemos, sería lo que dio pie al escondrijo que es este universo demente, junto con la culpa que fue la interpretación que dio el ego para la idea de la separación; y tenemos pues tales cuerpos, instituciones… para con ellos crear más y más drama (jerarquías, grados, separación…)… y todo ello desde esa nada impotente del ego… en su drama… surgido de esa su loca nada… en su muy egoico drama (pensemos en el paradigma de “la salud” actual, sin ir más lejos).

Para acabar, una cita:

«Por lo tanto, no es el mundo el que necesita redención, preservación o ingeniosos y dedicados planes para la paz. Es la mente que cree en un mundo así, tan necesitado, lo que necesita redención. Esta es, entonces, la nueva moralidad de Un Curso de milagros: actuar no debido a una preocupación o a una empatía erróneamente ubicada, sino motivados por el amor que no sabe de dolor y sufrimiento. Y desde ese lugar de amor en el interior de nuestras mentes, el amor actuará de por sí, y dirigirá nuestros cuerpos dulcemente a una interacción con el mundo, percibido ahora libre de ego, y, por lo tanto, libre de problemas. Es una interacción como la que demostró la figura de Jesús cuando apareció en la Tierra; una interacción con los demás y con el mundo que se apegaba sólo al Amor de su Padre, un Amor que literalmente no hace nada, sino que simplemente es.» (Kenneth Wapnick en El mensaje de Un Curso de milagros; pág. 302)

Paz y amor
_____

* Aunque la conciencia ahora la usaremos para regresar al Amor (y a eso nos referimos cuando se habla de ascenso en conciencia…), qué duda cabe… pues una vez aquí no podemos tirar nada a la basura, sino emplearlo para el fin de limpiar nuestras mentes de lo que nunca ocurrió y no tuvo consecuencias… para así poder aceptar lo que ya somos.

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