La dinámica del infierno para seres extrauniversales   1 comment

Wapnick

Kenneth Wapnick (trabaja en "Un curso de milagros" desde sus inicios)

«Como he dicho antes, ahora sois un espíritu, y este espíritu posee consciencia. Por tanto, la consciencia pertenece al espíritu, pero ambos no son lo mismo. El espíritu puede apagar y encender la consciencia. La consciencia puede parpadear y fluctuar por naturaleza, pero el espíritu no lo hace.» (Habla Seth I)

Sobre cómo leer y practicar lo mejor y más rápidamente posible Un curso de milagros.

¿Extrauniversales?

Sí. Como sabemos… y por todo lo dicho hasta ahora… para nuestra sorpresa no solamente en cierto modo hay muchas cosas que indican que siempre habríamos estado en contacto con “lo extraterrestre”… sino que somos “seres extra-universales”.

No pertenecemos —no en realidad— a este universo… y por raro que esto suene.

Este universo es lo que sería, entre comillas…: “el infierno”.

Así, a partir de lo que voy viendo en los materiales que tiene Wapnick para el estudio y práctica de este Curso… y a partir de la búsqueda en parte reflejada en este blog… sugiero lo que sigue.

Si uno quiere entrar en este Curso, podría servir, o sería quizá bueno… y cuanto antes mejor… el hacerse rápida y mentalmente algo así como este esquema de “lo que somos”. Es un esquema a repetirse uno mismo… a comprobar si es que sirve para vuestra experiencia.

Cuanto antes tengamos la mente abierta como para aceptar esto y comprobar o no “su verdad”… mejor que mejor.

La imagen en busca de choques

Somos una especie de imagen, una que se vende a sí misma que es una víctima… y que habría venido a chocarse y a encontrarse con imágenes que lo confirmen (lo que nos sucede en el universo, empezando por el hecho de creer que no hemos nacido por nuestra voluntad… y todo el resto de por ejemplo ataques, ataques que se dan por ejemplo en el contexto familiar, y que ocurren irremediablemente… o bien en el contexto social (sentirse atacados por las circunstancias, etc.)).

Nuestra imagen de partida (el “ego”, que quiere ser separado y que se ve como separado) lleva implícito el choque y la necesidad de buscar un lugar (universo) donde proyectarse (pues no aguanta dentro de su mente el terror que le da haber atacado (según cree él) su propia naturaleza (Ser))… así pues, el choque que el ego encuentra en este universo no hace más que confirmar, completar, la imagen que el ego tiene de sí mismo… dándole —en aparentes sucesivas reencarnaciones— más y más historias complejas y muy diferentes… historias que son luego, entre las distintas vidas…, olvidadas… en este cansancio absurdo que llamamos “universo”.

Así, por un lado seríamos un cacho de “mente” engañado… y auto-engañado, pues el universo, contra todo pronóstico, sería nuestro propio sueño… como ya han dicho otras tradiciones “espirituales”.

Ese “pedazo” lo llamaremos “ser”, para distinguirlo de lo que llamaremos Ser, con mayúsculas.

Este ser es un ego (cree ser solamente ego, individuo, separado), pero no ha perdido la oportunidad de volver a elegir su Ser y no su ser (de “despertar”).

El “problema” es que el Ser y el ser pertenecen a “lugares” por completo diferentes, pues en el Ser no se concibe la separación, aunque en el ser sí (pues es su propio sueño). Entonces, aquí todos partimos del engaño, del “ser” con minúsculas… todos partimos de este lugar de separación, con sus herramientas… unas herramientas por completo destinadas a separar y a ser separación (cuerpos separados, cerebros duales, etc.). Pero esto es un “problema” solamente “entre comillas” porque hay un puente que une paradójicamente tales dos mundos (que nos permite despertar del ser al Ser).

Cada vez que nacemos (cada vez que “parece” que nacemos) elegimos lanzarnos aquí… al universo de la separación. Y lo elegimos, no es algo que se nos haga involuntariamente. Así, cada vez que tal cosa ocurre nos lanzamos a creernos todo este lío de cuerpos, ataques, etc.… a creernos por tanto que el universo es lo real… y que es lo único real… pues tal universo está precisamente para ello… y para recibir a tales “pedazos” de mente —auto-engañada sobre su verdadera naturaleza (Ser).

Así que repitamos…

Hipótesis:

“Imagina” pues por un momento que nosotros no fuéramos de este universo, y que el auténtico ser (como dijimos: el “Ser”) que parece habitar este cuerpo no lo fuera —que no fuera de este universo sino que solo pareciera estar aquí.

Dicho “Ser” estaría simplemente soñando todo esto, pero lo hace aposta, a propósito (en un nivel, al que todos despertaremos, donde se comprueba que todo nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos).

Tal Ser estaría por tanto soñando todo este sueño de cuerpos que llamamos “universo”.

Dichos cuerpos, y no por casualidad, son cuerpos que nacen “indefensos” e “ignorantes”… y que “viven” más o menos “exitosamente”. Y luego, tras un tiempo mayor o menor, terminarán desapareciendo en lo que llamamos aquí “la muerte”.

Pero todo es un truco: es el truco de lo “natural”… de la evolución, etc., etc.

Imaginemos por tanto que este ser, el ser identificado con los cuerpos (el ilusorio, en minúscula; o, llamémosle también, “el ego”) fuera no otra cosa en realidad que una invención… y que, en realidad, este ser —ego— viniera aquí a demostrarse lo que sería una mentira: el “hecho” de que existe separado en este universo… en tanto que cuerpo separado de su verdadera realidad, de su Ser.

Es decir, que viniera a auto-engañarse, pues en esta hipótesis el Ser sería lo único real… lo único que tiene “poder” real y no de ensoñación (ensoñación que recrea, reproduce, todo este sueño de muerte y destrucción hechas posibles… en la dualidad (“infierno auto-infligido”)).

Ahora bien, si vosotros quisiérais hacer todo esto… ¿cómo lo haríais? ¿Cómo pensarías en lograr este objetivo de autoengaño?

Tengamos en cuenta que necesitaríamos demostrarnos (y complejamente, pues si no la cosa sería demasiado sospechosa)… demostrar y demostrarnos “aquí” (en este aquí que ya conocemos, con esas herramientas para la separación…)… demostrarnos que no somos lo que somos.

Y bien, lo tenemos muy fácil para imaginarnos cómo hacer esto, pues ya está hecho, es lo que creemos ser a cada segundo: somos egos que nos creemos realmente aquí…, que creemos en la realidad de este universo; ya tenemos pues… nada más y nada menos… que todo este universo para poder identificarnos… para que nuestras mentes se identifiquen con cuerpos indefensos y terminen creyendo que mueren, como vemos tan claramente “aquí”: para que nuestras mentes sigan no eligiendo Ser.

El universo sería, pues, la oportunidad —una grandiosa o colosal oportunidad (aunque infernal, por el hecho de hacer posible la muerte, de hacer palpable el miedo…, etc.)—… la oportunidad de ver que “existimos” separados… para poder ver que este invento de la existencia es algo “real” fuera de nuestro verdadero Ser (aunque sea durante una más o menos breve y sufrida existencia que acaba siempre en la ilusoria “muerte”… es decir, con ese final “seguro” para el mundo del ego y los cuerpos).

Imágenes en busca de imágenes: la importancia de los primeros contextos para esta violenta ortopedia del Ser que llamamos “universo”: la familia.

Así pues, en esta hipótesis, si ocurre que venimos al universo… tenemos que reforzar en él la imagen que ya traemos y de la que ya hemos hablado.

Esta imagen es una imagen de nosotros mismos con la cual llegaríamos aquí todos sin excepción; y llegamos aquí con ella intacta.

Esta imagen dice que:

yo existo, pero es “la culpa” de otro (de los padres por ejemplo… de la genética…, etc.). Dice por tanto que yo voy a ser una posible víctima de unas circunstancias que se escaparán “naturalmente” de mi control. En definitiva: dice que soy o que en todo momento puedo ser —verme— como víctima; siempre puedo elegir verme así; y ello —acordaréis conmigo— es muy fácil de hacer aquí, pues las circunstancias, en este universo, son a menudo tan aparentemente salvajes, brutales… que muy a menudo no nos parece tener otro remedio que decirnos…: está claro que soy víctima… o bien que tales seres sin duda lo son… o lo serán… o que tal gente lo es.

Con todo ello lo que estaríamos enseñándonos es victimización (a nivel mental… que es lo que vinimos a buscar, pues trajimos el ego intacto…, y este ego es un dispositivo mental de tal victimización esencial…), y ello, cómo no, para mayor gloria del ego… de nuestro ego y del de todos —un “ego” que luego se convertirá en una especie de sistema de identificación con los cuerpos separados.

Así que aquí, siempre, en esta vida… y si os dais cuenta… echaremos más o menos mano de las mil y una imágenes que van a conseguir difractar esa primera “posibilidad-víctima”, esa que reside en la imagen inicial.

Es decir, la imagen del ego, con la que venimos aquí, es la siguiente: soy un ser no responsable de mi existencia, lo cual quiere decir que no me inventé cosas como la muerte, el sufrimiento, el ataque, etc.

Mis interpretaciones (p.ej. cuando otros me ataquen en el mundo de cuerpos…, cuando un padre o una madre, por ejemplo, no hagan “lo que yo quiera”… o se comporten “mal”… o no hayan sido suficientes… o hayan sido “determinantes” para esto o lo otro… y cuando yo me interprete a mí mismo… por tanto… y como a consecuencia de ese acto externo… cuando me interprete entonces como alguien a quien se le puede atacar… alguien que puede sufrir… etc.)… mis interpretaciones de tal “exterior” son aquí válidas siempre por defecto… pues esto que vemos ahí afuera es para nosotros “real” (pero no: se trataría de meramente imágenes, y más imágenes… que sirven solo para confirmar la demente imagen inicial del ego, que intenta cambiar la naturaleza del Ser a la de ser… y que solo lo consigue en sueños de muerte y destrucción).

Esta es la hipótesis, por tanto, formulada de nuevo:

— venimos a buscar imágenes que nos confirmen una imagen inicial: ego.

Para ello, la mente dividida global (que todos compartimos) habría fabricado este universo… en el que tal imagen inicial buscará su “efectuación”, y de una forma muy compleja y muy variada… en este mundo hecho por y para el ego (por y para que esa imagen se vea de mil y un maneras distintas en el universo… para que se vea como “real”, para que engañe a quien realmente la porta (el Ser)… para que crea que Él, el Ser… es eso otro: es ser, es decir, es ser separado…: ser que cree que la separación puede ser real.

Este mundo recibe pues a nuestro ego con “los brazos abiertos” —el ego es esta imagen “falsamente inocente”— proponiéndole así imágenes tras imágenes; estas imágenes casarán con la primera atribución de “soy una posible víctima”. Así es como el universo nos demostrará (más bien: parecerá que nos demuestra) que estamos “aquí”… y que por tanto somos esencialmente víctimas (o que alguien lo será por ejemplo “por nuestra culpa”).

Tenemos pues por ejemplo las importantes imágenes del contexto familiar; esas son las imágenes que parecemos incorporar como “desde la nada”… desde que nacemos… y a las que nos aferraremos mucho para darnos nuestras coordenadas-víctima —aunque ello lo haremos selectivamente; nos aferramos mucho a ellas… y casi siempre durante toda la vida; en realidad, además, estas imágenes parecen algo compartido en eso que podríamos llamar “constelaciones proyectivas”.

No queremos para nada decirnos lo siguiente… pero sería la verdad a comprobar si tenemos la mentalidad abierta suficientemente como para intentar hacerlo y poder así “sanar”:

cuando algo lo interpretamos repetidamente como indeseable (una anécdota familiar, de por ejemplo cómo es nuestra familia…)… y cuando por tanto nos aferramos a “eso que nos han hecho”… en el pasado (consciente o inconscientemente)… esto va a querer decir que, en verdad, lo que nos pasa es que inconscientemente deseábamos que ocurriera; y lo deseábamos por muy brutal que en el mundo de los cuerpos (la forma) nos parezca o le parezca a todo el mundo… por muy brutal que pueda parecer lo que pasó… por imperdonable que parezca ser lo que ocurrió en nuestro contexto familiar y con nosotros… y en la edad que sea —incluso cuando éramos fetos.

Estas imágenes familiares son también las percepciones que los familiares o allegados puedan tener (erradas siempre) del niño; en ellas el niño también participa (con su aceptación, interpretándolas como reales y aceptando su interpretación como víctima de ellas…), y lo hacemos así desde el principio y de una manera que no podemos realmente controlar; y esto lo digo porque la percepción es siempre compartida ya que todas las mentes en realidad están unidas.

A esas imágenes nosotros desde niños nos vamos lógica y entusiastamente como “sumando”… o las vamos adoptando sin cesar y con ese esfuerzo cansino que termina forjando esas nuestras identidades… nuestras identidades más o menos miserables —por separadas.

A veces nos resulta extraordinariamente difícil “superar” esas primeras “percepciones comunes” compartidas; esta superación supone separar en nuestra mente lo que es nuestra interpretación de los hechos con respecto a los hechos; una cosa es lo sucedido y otra el que eligiéramos vernos como víctimas a partir de ello (siendo que en realidad vinimos al universo a buscarlo pues este y no otro sería “el problema del universo”: un gigantesco patrón de amor negativo, de intento de negar el amor o Ser que ya somos, como ya subrayábamos en el breve artículo sobre amor negativo).

Así pues, podemos auto-confirmarnos… y en muy diversas vidas… este “núcleo intacto del ego”… de ese ego que nos “constituye” a todos —aunque falsamente—… de ese núcleo que conforma esa primera imagen inicial…: la de “no tengo la culpa de nada de lo que me pasa, pues yo no me creé”.

Hemos fabricado la posibilidad de este universo, y por tanto nos hemos fabricado el ego simplemente por haber creído en su interpretación de la separación y por luego haber creído el universo de cuerpos físicos que el ego inventó para que nos proyectáramos… pero que sería solamente un sueño de esta mente dividida entre ser y Ser.

Pero, como Seres… no nos hemos fabricado… pertenecemos de forma pura a la Fuente… así que tenemos “salvación” de este sueño de muerte y destrucción ilusorias.

La propuesta, entonces, la de “ir rápido”… tiene que ver, como ya hemos hablado por aquí… con ir a ver nuestros patrones de amor negativo (reproches que nos ligan muy profundamente con los seres que supuestamente “queremos”… por definición… aunque no puede ser así de entrada…)… ir a ver pues las cosas que no perdonáis y no perdonamos de entre todo lo que pasó en la familia… ir a por ello (no hace falta más que a nivel mental… dejándose en manos de nuestro maestro interior, con o sin la ayuda de terapias como regresiones… constelaciones familiares… o el Curso de milagros al que invitamos aquí que nos pretende dejar completa y felizmente en manos de nuestro maestro interior… ese que sabe que todo esto no es más que nuestro propio sueño de destrucción y muerte ilusorias).

La sugerencia tiene que ver pues con machacar el tema de lo que realmente somos, cosa que se hace mucho en este libro del Curso de milagros… pero recordando bien el tema práctico de qué importante es el ser honestos con los sentimientos en torno a lo familiar… el tema de que en realidad lo que queremos es “autoengañarnos” al respecto. Así que la sugerencia es para ir lo más directo posible a “perdonar” vuestras imágenes… es decir, a recordar los sentires de esos contextos familiares… a perdonarlos y mirarlos sin miedo… a mirar de frente todas las anécdotas (si es que se llegan a recordar también en el nivel de los hechos, de la forma…)… esas que “no se olvidan”… sobre cosas que creemos que nos han hecho, en la familia o fuera… y de las que nos creemos víctimas… etc.

La culpa: el contenido de los choques en los choques de imágenes

Ahora bien, la hipótesis tiene una parte fundamental en la que hay que incidir mucho ahora.

¿A qué viene toda esta locura?

Ha de haber un “para qué”.

Hay un propósito básico, uno que este ser con minúsculas tiene para así venir aquí a esconderse de su Ser.

Lo dijimos ya: tiene terror de este Ser con mayúsculas (que es su propia naturaleza).

¿Por qué?

Este Ser, el auténtico, pareció dividirse en dos. Luego se lo creyó, pero resulta que lo interpretó mal pues la división no es realmente posible (él sigue siendo Ser, compartiendo esas cualidades: amor perfecto, por así decirlo… etc.)… él interpretó que eso constituía un verdadero ataque, en toda regla, contra esta su verdadera naturaleza.

Es decir, el Ser se hizo ser falso (minúsculas), un ser falso que luego iba a poder existir falsamente en su propio sueño de separación para esconderse de la culpa que le dio interpretar la separación así (un universo existente aquí para con él intentar “materializar” la muerte…, el miedo…, etc.)… y se hizo ser falso al creer una interpretación seria de la idea de la separación.

Solo hay una religión: el ego

Aquella “seriedad” de la que hablábamos, se diría (digamos que por ejemplo en nuestro lenguaje más tradicionalmente rancio se nombraría…):

“pecado”.

Es decir, este ser es ser y no Ser porque creyó que había cometido un terrible pecado… una falta terrible contra su verdadera naturaleza como Ser.

Mentira.

En realidad todos como egos alimentamos esa seriedad interpretativa. ¿Cómo? Siempre hay cosas y gentes más perdonables que otras cosas o gentes. Es decir, hay gente que hizo algo más “horrendo” y que, por tanto, es más imperdonable que otros. Es decir, nos tomamos en serio el mundo… y por tanto nos tomamos en serio las faltas que la gente comete… al menos por el hecho de compararlas entre sí (y hacer además grupos, piña, al respecto…)… y las convertimos pues literalmente en “pecados”, es decir: en errores que, al ser reales, al concebirse como terriblemente reales… no son en realidad muy perdonables… o lo son por grados, dependiendo de escalas caóticas (y de ahí la existencia de cárceles, de una generalizada “falta de perdón” en nuestras mentes…, etc., etc.).

Y es que resulta que la única “religión” es la del ego (religión entre comillas, porque también podríamos llamar “religión” a una “verdadera espiritualidad interior” que no puede ser institucionalizada). Así, las religiones formales, si acaso lo que hacen es ponerle nombre al asunto… y exagerar algunos rasgos; pero todo el mundo “cree en el pecado”… es decir, en la realidad del error; todo el mundo otorga realidad al error y hace que los errores sean o parezcan muy reales.

Pero el mundo es nuestro sueño… es un mero error de percepción, un mal sueño (a reconvertir en sueño feliz, pero principalmente en la mente de cada cual).

Así pues, ninguna falta o “pecado” es real, y nuestro Ser no puede ser atacado —sino solo en sueños.

Todo aquí, en este universo surgido del miedo… es una especie de auto-ataque (“culpa” = auto-ataque)… es un ataque auto-infligido; y este ataque es lo que venimos a buscar aquí al universo; lo deseamos aunque creamos ser “las víctimas”; lo deseamos precisamente para poder ser víctimas… es decir, para confirmar nuestra imagen como egos (separación); lo deseamos para aferrarnos a nuestro tan querido “papel de víctimas” y a la sensación de ser únicos, especiales, que conlleva el tener una identidad, identidad para cuya conformación es esencial ese papel de víctima, muy en general. Así que aquí venimos a ser esas tan justificadamente “víctimas”… como lo somos todos, aparentemente, en el caso de la edad infantil… ya que en tales momentos todo en este universo favorecería la interpretación de “víctimas”.

Esta interpretación —la interpretación seria de la idea de separarse de la Fuente, del Ser en la Fuente…— es lo que en realidad es el ego, nuestra querida identidad, el “especialismo”, la envenenada sensación de ser especiales que esconde un inmenso ataque por debajo. Y todo esto es algo mental aunque luego se fabricó —nos fabricáramos— literalmente todo un universo para así poder proyectar en él la culpa (auto-ataque) que provocó haberse creído la anterior interpretación.

Todo es un gran truco a nivel mental. Pero nuestra verdadera grandeza no está aquí, en el aparente universo de cuerpos (pues solo es un sueño).

Así pues, es muy importante que, si queremos, cuanto antes… podamos tener claro todo esto… para poder así mirar sin miedo, de frente, todos esos reproches absurdos que almacenamos, de un pasado que no existe… y relativos a por ejemplo nuestros contextos familiares; son reproches que sobre todo nos hacemos inconscientemente —o que nos constituyen de forma inconsciente.

Estamos constituidos inconscientemente ahí, por ellos, en tales reproches y/o contextos; así, actuamos como autómatas del ego, siguiendo unos patrones de ego co-fabricados y seleccionados en esos contextos… unos patrones con los que nos oprimimos nosotros a nosotros mismos, a nuestro Ser.

Y esos contextos no son en realidad “culpables” de nada… pues nosotros —aunque parezca mentira por nuestra creencia infantil en la falsa inocencia del ego… de cuando éramos pequeños…, etc.—… nosotros… seleccionamos de ahí los rasgos y elegimos interpretarnos como víctimas a partir de esas cosas que aparentemente suceden, muy realmente… y que son vistas como más o menos “graves” o muy graves —las de “cuando éramos pequeños”.

___

paz y amor

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: