Cómo anclar la práctica de ‘Un curso de milagros’: intereses compartidos   1 comment

Wapnick

Kenneth Wapnick (trabaja en "Un curso de milagros" desde sus inicios)

«Seth dice que el cuerpo físico y sus sentidos son equipo especializa­do que nos permite vivir en la realidad física. Para percibir otras reali­dades, tenemos que usar los Sentidos Internos: métodos de percepción que pertenecen al yo interior y operan tanto si tenemos una forma físi­ca, como si no. Seth califica el universo como lo conocemos, como un sistema de “camuflaje”, puesto que la materia física es simplemente la forma que la vitalidad (la acción) asume dentro de ella. Otras reali­dades son asimismo sistemas de camuflaje y, dentro de ellas, la conciencia también posee equipo especializado, diseñado para sus carac­terísticas peculiares. Pero los Sentidos Internos nos permiten ver abajo del camuflaje.» (El material de Seth)

Índice: 
1. Introducción: “trabajo espiritual”
2. Lo que te pone los pies en la tierra: “intereses compartidos”… y progresiva unificación de propósito
3. El principio que te pone un pie en el Cielo: «la separación nunca ocurrió»
4. La práctica
5. Los “casos”

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1. Introducción: “trabajo espiritual”

Las vías “espirituales”, como puede ser la de este Curso (“UCDM”) y otras… parece que muy en general tienen que ver con deshacer el ego, es decir, con deshacer nuestra inversión en toda sensación de ser especiales, y con motivo de lo que sea (cuerpo, hábitos, trabajos, etc.).

La inversión en “ser especiales” (inversión que es el infierno del ego) siempre se traduce en comparaciones, más o menos inconscientes, dentro de campos de miles y miles de “etiquetas”, por ejemplo:
— ser más/menos “inteligente”,
— ser más/menos “radical”,
—  ser más/menos “espiritual”
— ser más/menos “trabajador”…
…y un largo etc. de elementos que conforman lo que llamamos “ego”… y que si es a veces algo “bonito” es simplemente por el contenido de amor que vehiculan los trabajos, los encuentros, etc., que realizamos en torno a nuestra diferenciación en el infierno, en el campo del ego.

Una cosa es, por tanto, el tema de las etiquetas… y otra cosa es aprender —a través del trabajo disimulado dentro del mundo de las etiquetas del ego (ya que no se trata de destruir nada)—… otra cosa será aprender… en general… a estar o a ser —mejor dicho: a reconocer sobre todo interiormente que ya éramos…— “plenos”, “alegres”, “amorosos”, “bondadosos”… con nosotros mismos y con lo que nos salga hacia “los demás”, que están exactamente en el mismo “problema” que nosotros (pero sin sentir ninguna obligación en dicho sentido… ya que esto sale o no sale… y como sabemos por UCDM nosotros no debemos preocuparnos tanto por la forma sino por el contenido o actitud, pues esto “sale” recordando o reconociendo poco a poco la conexión compartida con la Fuente de todo amor, del “amor espiritual”, que no es de este mundo pero que todos tenemos dentro).

Así pues, el “trabajo espiritual” digamos que se trataría de un —por así decirlo— cierto tomar contacto aquí y ahora, expresamente, con —por así decirlo— nuestra realidad inmortal, y, cuanto más y mejor podamos hacer esto… mejor que mejor.

Tal reconexión es independiente de los resultados que el trabajo de reconexión vaya o no a dar en “el mundo material”, “afuera”. El resultado si acaso será un añadido, y no lo importante, pues, como se ha dicho en varios núcleos importantes de las tradiciones espirituales…: el mundo es nuestro propio sueño.

Es solo en nuestra realidad inmortal donde somos, por así decirlo… verdaderamente “especiales”, al serlo “todos por igual”…  es decir, al dejar de ser en el mundo del ego… un mundo que sería nuestra propia mentira-sueño.

En concreto la vía del Curso de milagros es de esas que no necesariamente requieren “retirarse del mundo”… pues estas vías —y la del Curso— las puede realizar cualquiera muy disimuladamente “en” el mundo, puesto que todo este trabajo es básicamente “mental” (se trata de hallar la paz interior, sea lo que sea que parezca pasar “fuera”).

Entonces… con este texto creo que ya acabé lo que sería un conjunto de tres textos que hablaban rápidamente sobre varios puntos básicos para intentar animar(me) a la práctica de este Curso, sin concesiones… y a la hora de “conseguir” aquella eliminación de toda sensación de “ser de este mundo”: sí, “estamos” en el mundo… y no queda más remedio, obviamente, que reconocerlo una vez que sentimos que “estamos” aquí… soñando esta ilusión; pero no somos del mundo… porque este mundo «es la creencia de que el amor es imposible» (UCDM)).

Siguiendo entonces con la práctica del Curso… una vez nos vamos “limpiando” mediante la práctica de los principios fundamentales que nos permitirán ir encontrando cierta paz interior (algunos de tales principios los expresamos en los dos artículos anteriores —«Ley de la percepción…», «Dinámica del infierno…»—… dos artículos que animaban a practicar el Curso, y a ver que éste es algo muy práctico…), entonces, ahora, vamos a generalizar la simple tarea con respecto a la también simple “teoría” sobre qué es lo que está pasando aquí… una teoría de la que ya hemos hablado (como sabemos, la tarea siempre será principalmente en el nivel “mental”, pues es solamente ahí donde podremos realmente cambiar algo, cambiando nuestras interpretaciones de lo que parece que sucede “fuera”):

2. Lo que te pone los pies en la tierra: “intereses compartidos”… y progresiva unificación de propósito.

Este es, digamos, el ámbito de tu “ser”, con minúsculas; los intereses son intereses mundanos, son metas u objetivos mundanos: aprender… curar… simplemente “estar”… “educar”… en prácticamente lo que sea, pues casi da igual el tema, ámbito, proceso. ¿Por qué da igual? Porque lo que nos interesa es la parte de “compartidos” dentro de “intereses o propósitos compartidos”.

Al ser “compartidos” permiten que tu trabajo “espiritual” se refleje en “la tierra”. Ese trabajo (ver punto 2 abajo) es un cierto “deshacer el ego”, y el “ego” es, por así decirlo, un cierto apego a ver solamente “la forma”… es un apego a no despertar del mundo de la forma, a impedir el despertar (sacándonos siquiera de la posibilidad de ver que podríamos elegir otra cosa, sacándonos de la mente en tanto mecanismo de decisión).

Aclaremos que tal “reflejar espíritu” —y por decirlo así, rápidamente— es algo que ya se hace “inconscientemente” en la “vida”… y es algo que en alguna medida ya nos ha pasado, ya que con este texto, en parte, estamos describiendo —y animando a— aquello que en realidad ya se da… en relación a todo ese trabajo lento de Inspiración que vivifica el mundo.

Y que dicho reflejar, por cierto, sea algo que ya siempre ha sucedido, equivale a decir que en realidad nunca hemos estado “solos” y que nunca lo estaremos.

Entonces, en este punto 1 se trataría de no perder mucho de vista la importante cuestión del propósito, en general —algo que puede convertirse en tu posible “guía” para todo eso que parece que haces aquí, en la tierra.

Esto, sobre el propósito, lo propone explícitamente UCDM en la parte [T-17.6], cuando explica la muy miserable “dinámica” de nuestro aspecto-ego… en torno a los propósitos. ¿Miserable? Sí, con esa forma increíblemente caótica que tenemos de actuar, normalmente… evaluando a toro pasado las situaciones dependiendo del resultado que se da en las mismas… en vez de atender al propósito (antes y durante el desarrollo de los acontecimientos en dichas situaciones).

Así, luego nos convertimos muy a menudo una especie de queja constante, de reproche constante… cuando, sin embargo, nosotros seríamos más responsables ante nosotros mismos —más de lo que nos gusta creer— por no haber pensado más sobre el propósito que teníamos al entrar en dichas situaciones o bien al iniciarlas… o por no haber pensado algo acerca de la incompatibilidad entre los diversos propósitos que quizá teníamos o que estaban ya involucrados en la situación “x”… o por no haber pensado algo acerca de los diversos intereses o propósitos que creíamos posible compartir con los demás… o que ya veíamos que existían en dichas situaciones —pues lo normal es que haya varios intereses —compartidos o no— que son incompatibles entre sí.

Es decir, evaluamos todo a toro pasado, en vez de estar pendientes del cumplimiento, compatibilidad…, etc., entre los propósitos… en vez de estar pendientes de quién los fija o de cuándo y cómo se fijan dichos propósitos en el gobierno del caos, en el usual gobierno por el caos.

Si tuviéramos la costumbre de atender más a esta cuestión, veríamos que el mundo se basa literalmente en locura, relacionada con un ataque fundamental; esa locura es la de la separación, traducida en la inevitable incompatibilidad entre los diversos propósitos… y traducida en el subsiguiente caos… un caos con más o menos apariencia de ser “caos llevadero”… es decir, con más o menos apariencia de ser algo “controlable”.

Este mundo se basaría simplemente en eso, y, por ello, el único propósito que verdaderamente nos puede unificar es el de despertar. Para ello aplicaríamos la citada sección T-17.VI teniendo en mente que debemos aprender a juzgar las cosas con el único juicio que nos podría sacar de la locura (los demás juicios son ingredientes fundamentales de la propia locura, de esta tragicomedia sin espectadores, y a su vez también a ellos deberemos aplicarles el “único juicio” que nos saca de aquí).

Dicho ‘único juicio’ derivará a su vez, en parte, de aplicar la ley de la percepción, de la que hablábamos en «Ley de la percepción…». Esta ley nos dice que todo lo que veamos “fuera”, lo que por ejemplo nos moleste (en nuestro cuerpo, en el “cuerpo social”… en las acciones de los cuerpos de otros…), es simplemente un testigo aparentemente externo que estaría proyectando un ataque interno que la mente realiza contra sí misma, un ataque que nos realizamos siempre nosotros a nosotros mismos tomando las cosas “afuera” como excusa para ello (promoviendo nuestra interpretación de nosotros mismos, nuestra auto-imagen, como seres vulnerables, débiles, etc.). Así, la única “solución” es responsabilizarnos de eso (no culpabilizarnos, sino responsabilizarnos mirándolo de frente) entregando así la percepción a esa nuestra “luz interior”… mirando todo de frente ya sea que parezca “bueno” o que parezca “malo”… mirándolo con nuestro Niño interior —que sabe desde siempre que todo esto fue simplemente nuestro propio sueño de locura, miedo y destrucción.

Así pues, en general no se tratará ahora de “cambiar de propósito” rápidamente… así como así… en la vida.

Tampoco se tratará de ponerse de repente a pensar muchísimo sobre este asunto del propósito (no quedándose, quiero decir, meramente con los propósitos del mundo del ego: por ejemplo con los típicamente “necesarios” para “vivir”…: hacer más y más dinero… etc.).

No se trata de alterarse más todavía, de estresarse más… no… pues normalmente todo el mundo ya vivimos una cierta inercia, más o menos fatídica, en nuestras vidas: la del campo del ego. Esta inercia obviamente parece sobrepasarnos… como buen programa o guión que es. Por ejemplo, ahí tenemos esas categorías sociales del programa, esas categorías temporales que podemos estar viviendo de forma ya muy “cansina”… relativas a una época, a una “condición”, etc.: trabajadores precarios de todo tipo…, profesores…, empresarios…, alumnos…, padres, amigos, maridos, activistas, etc. Entonces, se trataría más bien de ver o no ver la relevancia del tema del propósito pero sobre todo por el aspecto “compartir”… y para conectar con el trabajo del siguiente punto —el 2º— y en general para la práctica (3º).

3. El principio que te pone un pie en el Cielo: «la separación nunca ocurrió»

Este va a ser el ámbito de tu Ser, con mayúsculas. Este principio es lo que el Curso llama “principio de Expiación” (queriendo significar con “expiación” sencillamente: “deshacer el miedo”). ¿Cómo así? Es que resulta que, en realidad, nosotros no estamos aquí, en este sueño, soñando separación, soñando muerte y destrucción… soñando una supuesta “vida” en dualidad… “vida” que depende de tales muerte y destrucción; nosotros solo parece que estamos aquí. Nunca nos hemos separado de nuestra Fuente, seguimos conectados a ella, y la terminaremos recordando con todo nuestro ser: amor perfecto.

4. La práctica

La práctica podríamos decir que consiste en la aplicación progresiva de cierta “conexión” entre 1 y 2. Esta es en general una tarea al principio digamos que ardua… aunque ya dijimos que en realidad siempre se está dando un poco, o ya se dio algo en tu vida… pues tu realidad es que no estás realmente separado de nadie y, la “garante” de eso es, en último término, la conexión que nunca perdimos con la Fuente.

La “forma” que estés viviendo, la de tu ser físico-social (que ya está concretamente “gobernada” por varios intereses caóticamente compartidos, bajo la forma que sea)… será trabajada en la práctica como un terreno para poder reflejar tu Ser (inmortal y perfectamente compartido) en tu ser (mundano, e “imperfectamente” compartido mediante momentos de “compartir intereses”… momentos en los cuales puede darse o no la entrada a ese Ser que todos compartimos y que compartimos “a la perfección”).

Esta conexión, cuando se da (y no podemos controlar del todo, con el ego, cuándo se dará)… siempre supone cierta sanación… pues tu Ser (inmortal) es compartido con todos… tu Ser es la misma realidad inmortal y sanadora para todos y para todas las situaciones (de aprendizaje, de curación, de simple “estar”…, etc.).

Y el ser con minúsculas, el de —pongamos por ejemplo— tus alumnos y tú como profesor… se une entre sí por momentos de “intereses compartidos”, en la tierra, en el mundo material de la forma… se une… permitiendo con ello el que a veces ese otro “único interés realmente compartido” (el de recordar el Ser) se refleje en algunos instantes de unión más mundana (bajo intereses mundanos compartidos que actúan como de “colchón” para un compartir más real, menos mundano pero más real, más fuerte, más verdadero).

Y el efecto de ese reflejo va a ser otro cantar… eso será “otra historia”… pues no se trata de hablar aquí sobre resultados… sobre efectos… pues no podemos estar a cargo ni estamos a cargo del “resultado” a nivel de la forma; y en realidad, en general, deberíamos retirar de las expectativas a nivel material o de “la forma”, ya que, si os disteis cuenta, ocurre que —y más aún en “el capitalismo”— “lo material”, la forma, van a toda velocidad y por derroteros que ni siquiera queremos mirar de frente.

Así pues, diciéndolo rápidamente, tú eres un transmutador (siempre lo hemos sido): transmutador entre —diciéndolo rápidamente— punto 1 y punto 2.

Es decir, tú ya “vives” o “eras” el punto 3º arriba comentado.

Lo eres y lo somos gracias a que el punto 2 ya se está trabajando, pues estás, digamos, realizando cierta “limpieza”, al estar “llevando la oscuridad a la luz” (la oscuridad de tus juicios a la luz de tu Ser, que no sabe de juicios, de diferencias, etc.).

En el punto 2, por tanto, tú ya te estás uniendo con tu realidad inmortal; eres, pues, un transmutador potencial de toda “situación mundana”, donde siempre hay intereses compartidos en los que, como dijimos, potencialmente puede entrar el único propósito universal real (despertar).

Es decir, allá donde haya gente que admita, mundanamente hablando, que está “unida contigo” (en su ser con minúsculas)… puede darse entonces esa otra Unión más abarcadora, por momentos, en el Ser que ya somos (resultando en mayores sentimientos de paz… es decir, “sanación” en el nivel de la mente… y también resultando en posibles efectos relativos a la sanación a nivel físico… aunque esto no necesariamente tiene por qué ocurrir en el preciso instante de Unión).

Aunque recordemos lo siguiente: normalmente, en tu ser, en “1”, hay varios intereses y sin explicitar… y, además, están entrelazados de forma caótica (provocando a veces agudos y patentes conflictos).

Por ejemplo, algunos propósitos compartidos… admitidos en una clase de colegio por los niños… pueden ser:

— “aprender”…

— pero también “demostrar que el profesor es tonto”…, etc.

Tú, por tanto, en el mundo de la forma, ese mundo que parece el real y que sin embargo es solo tu sueño… tú… en el mundo material de este sueño de universo… en el de “la sociedad” al uso… etc… tú… puedes estar manteniendo o teniendo que mantener claras relaciones de “jerarquía” aparente (es decir, relaciones donde parece que debes realizar un cierto trabajo sobre el encauzamiento de las situaciones… el encauzamiento relativo a los propósitos… a la “convivencia” de propósitos incompatibles en una misma situación, etc.)… es decir, vives situaciones donde ciertamente existe algún tipo de nivel de “autorización” (“autoridad”)… un nivel que presupone que la gente que participa va a admitir ciertos papeles en su actuación… aunque, a veces, tales roles están —o se quiere que estén— muy difuminados (por ejemplo si se es más o menos “libertario”… etc.):

— padres-niños,

— profes-alumnos,

— terapeuta-paciente.

En el punto 1, como vimos, se puede dar por tanto un cierto juego o un pensar sobre los propósitos en relación a los roles; en este momento podríamos entonces intentar pensar algo más el tema. Pero tampoco esto hace mucha falta, ya que si el punto 2 es trabajado ya en y por ti… no hará falta pensar nada… pues progresivamente lo que actuará será esa cierta “igualdad subyacente” a todos (tu Ser).

Pero esta “igualdad”, volviendo atrás, parece tener dos partes que se contradicen ilusoriamente. Por una parte está el “hecho” engañoso de que todos parecemos compartir el mismo universo-sueño de separación, en la “igualdad” ilusoria de nuestro ser con minúsculas, del ego… de ese ego fragmentante y fragmentado… del cual “compartimos” solo su diferencia, la separación (ser).

Y este universo, en bloque, por un lado… tiene y tenía un propósito inicial e imposible: el de “confirmar la separación” (el confirmar que somos egos, que somos “especiales” (que uno es mejor profesor que otro… mejor alumno, hijo, padre, trabajador, etc.)…).

Pero, por otro lado, el universo también tiene otro “gran propósito”, el único “interés” realmente compartido: el propósito “derivado” de nuestra realidad inmortal… de esa realidad que hace que, en realidad, todos tengamos solamente un mismo propósito (el relativo a nuestro Ser compartido, que nada tiene que ver con las diferencias entre nuestros seres o “egos”… y que sana tales diferencias así como desde otro plano).

Este otro “gran propósito” en general nos une en un proceso que podríamos llamar algo así: “recordar o regresar a la Fuente”… aunque no lo “sepamos” y aunque esto aparente ser algo que nos daría bastante miedo (se trata, por cierto, del mismo miedo del cual surgió este universo). Este propósito, por tanto, nos une en ese cierto “despertar del sueño”.

Entonces, todo es sencillo… y ya lo habréis visto o pensado seguramente: ¿cómo enlazan el primer y segundo punto…, para permitir la práctica (“3”)… para permitir esa aplicación progresiva… y a veces “natural”?

Como dijimos, por un lado, en el primer punto te puedes llegar a decir, a ti mismo, que la cuestión del propósito es fundamental, y puedes pensar algo sobre ello [para cuestiones prácticas generales, y no tanto para pensar tu situación concreta “social”… ver por ejemplo lo que dice el texto de UCDM en el cap. 17 sobre “cómo fijar la meta”; y ver también el cap. 2 acerca de la importancia del alineamiento entre el “querer” y el “hacer”… con las respectivas alusiones al propósito en dicho cap. 2].

Pero… según la conexión entre 1 y 2… ¿por qué es fundamental el propósito compartido, el “interés compartido”? Porque tú, como estás trabajando el punto 2 (de “reconexión”), sabes que lo que importa no es tanto…:

— la forma del ámbito de tu “ser” (con por ejemplo la comodidad (afirmación de tu identidad)… o incomodidad… que te puedan provocar las jerarquías… las obligaciones sociales más o menos absurdas… las burocracias… etc.)…

— sabes que lo que importa no es tanto la forma de lo que haces… es decir, el tipo de interés compartido, mundano, (dentro de un orden y según te vaya llevando tu inspiración…)…

……sino que sabes que lo que importa es que ese compartir es lo único en el mundo que te puede abrir la puerta a un —digamos— “Compartir” con mayúsculas.

Así pues, a ti te importa ahora la parte del “compartir” en aquello de “compartir intereses”… pues el hecho de compartir intereses con otro “ser” o ego os permite a ambos (normalmente de forma inconsciente) recordar que ambos sois Ser (y que por tanto ya estábais unidos, que sois “iguales” en otro plano… que sois Ser y no ser).

Esto tendrá efectos sanadores a nivel mental sí o sí, aunque a nivel físico puede no pasar nada (y muy a menudo lo mejor para todos es que no parezca pasar absolutamente nada).

Esto permite, pues, que tú puedas reflejar “tu” Ser —el único realmente compartido por todos— en esas ocasiones de “intereses compartidos mundanos”… permite pues el que puedas reflejar ese trabajo: el de “no creerte esta película de miedo”… ese trabajo “espiritual” (“sanándose” así… inevitablemente… las situaciones… y como “a través de ti”).

Así pues, este trabajo se reflejará en el mundo, inevitablemente. ¿Por qué? Porque todos estamos unidos en nuestro Ser… y éste hará que todo sea mejor para todos al deshacer el miedo, en este sueño, un sueño de universo que simplemente fue fabricado para intentar demostrarnos todos a nosotros mismos que nuestro Ser podía “morir”.

Uno de los “axiomas” del Curso es pues el de que, cuando elegimos el milagro que ya somos (Ser), cuando aprendemos a trabajar —mentalmente— dicha elección de lo que ya somos… el mundo entonces solo puede parecer que cambia “para mejor” y para todos (si es que cambia algo en el nivel de la forma inmediatamente… pues, como dijimos… muy a menudo es incluso mejor que parezca que no cambia nada en ese nivel).

Y tal cambio sería el cambio que reflejaría, progresivamente —y en instantes liberados de toda separación o “ataque”—, la verdad de nuestra naturaleza en la Fuente, deshaciendo a nivel mental y en todas las dimensiones temporales el mero sueño de separación en que consiste este universo.

5. Los “casos”

Por ejemplo, en el caso un sanador que conoce lo que acabamos de decir… éste pensaría digamos que tal que así:

Como no importa la forma de lo que ocurre, sino el contenido que sé expresar al conectarme con mi Ser (el contenido de amor perfecto que ya sabe y actúa según lo que es “mejor para todos”… al estar reflejando la Fuente)… a mí, lo que me importa como sanador, es adaptarme a las expectativas o miedos del paciente… para que él acepte, conmigo, un interés compartido: en este caso, el de sanar (y quizá cuanto más y mejor lo acepte… pues mejor que mejor… si es que, por ejemplo, “el “paciente” en estos momentos dice que “se siente muy mal”).

En realidad yo, como sanador, sé que todos somos iguales, que todos estamos enfermos por el hecho de creer que estamos en este universo que quiso demostrarnos que la separación era real.

Pero yo como sanador no sé si se dará tal sanación rápidamente o de forma muy palpable… y ello pese a que conecte y conectemos —como decíamos— “con el Ser”, por instantes.

Todo dependerá de ese cierto juego con el miedo que se realiza a nuestra espalda, a la espalda de nuestros egos… y a través de nuestra re-conexión admitida con el Ser (tengamos en cuenta que a veces a la gente nos puede dar mucho miedo sanar, o sanar más o menos “rápidamente” —en cualquier aspecto en nuestras vidas (ver “ley de la percepción”)).

Ahí, entonces, como yo en tanto sanador ya estoy trabajando “el punto 2″… por mi cuenta… y como yo ya sé de todo esto… entonces… con ello abro la posibilidad de que se dé la auténtica “sanación” (a nivel mental) que viene de forma natural debido a nuestra conexión compartida en nuestro Ser, por estar compartiendo realmente nuestro Ser (lo único real)… ese Ser que tiene un propósito universal perfectamente compartido (que se refleja en general desvaneciendo más o menos globalmente el miedo).

Entonces, “el paciente” habrá aceptado esos momentos de compartir el interés mundano de “sanar”, conmigo “el sanador”; y ello con los medios que sea, con unos medios que son más o menos “mágicos”; y recordemos que lo que importa no son los medios sino que la unión sea aceptada mediante ellos… que sean aceptados en tanto que medios para que dos mentes acepten su unión… y no importa tanto entonces su calidad “alternativa”… “oficial”… “transpersonal”… si bien la mentalidad abierta, es decir, el hecho de estar abiertos a cosas como regresiones o constelaciones familiares…, etc., consigue a veces muy rápidos “milagros”. Entonces estos medios son, por ejemplo…:

— la simple presencia,
— pastillas tradicionales en medicina (si soy médico “oficial”),
— radiaciones de algún tipo,
— masajes,
— o prácticas que digamos que por un lado podríamos decir que casan más con nuestro esquema transpersonal de las cosas (esquema que habla claramente de que nunca nos curamos solos, pues no estamos solos…, de que la curación es a nivel mental… pero a la vez nos habla de que nunca nos cura nadie desde “ahí fuera”… sino siempre nosotros mismos aceptando la unión con nuestro Ser… unión compartida y que todos ya somos en la Mente): regresiones, constelaciones familiares…

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Publicado 9 febrero, 2012 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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Una respuesta a “Cómo anclar la práctica de ‘Un curso de milagros’: intereses compartidos

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  1. Hola,

    soy Nacel y me gustaría compartir con todos vosotros el evento de Rosa María Wynn, ella ha hecho un aporte espiritual muy importante a nivel internacional. Es la “madre” de un curso de milagros porque gracias a ella podemos tener el libro traducido al castellano.
    Yo me he pasado la vida de turismo espiritual buscando mi camino creyendo firmemente que este mundo tenía que tener otra manera de verlo y que todos nos merecíamos ser felices. Bien pues desde que el libro ha caído en mis manos mi vida ha dado un giro de 360 º y ya no necesito más turismo he encontrado mi camino.

    Quiero pedirte el favor si puedes y lo sientes mandes esta publicidad a tus contactos, para que muchos tengan esta hermosa oportunidad. Estar en un seminario con Rosa, es subir al cielo y quedar impregnado del Amor Divino.

    Un abrazo fraternal.

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