El fondo de la existencia   2 comments

Colibrí.
Autor: “Vicki & Chuck Rogers”
Licencia CC
http://www.flickr.com

Era sencillo.

Obviamente todo se trata de soltar la individualidad, en la entrega al servicio de los demás y de lo demás… pero sin sentir culpa, y he aquí lo difícil.

Si sentimos culpa no estamos solucionando nada, por mucho que parezca que hemos conseguido “hacer un mundo mejor”, pues aquí, en este mundo, nada es lo que parece, y nuestra mente está en múltiples historias que desconocemos, y no podemos calcular de ninguna manera qué es lo que será mejor para todos, para todo. Nuestra mente fabrica mundos, literalmente, aunque aquí parezcamos ser tan pequeños y no estar haciendo nada.

La gente a veces se entrega, nos entregamos… pero quizá no es algo que se suela explicitar. Se da a menudo “por descontado”, en la inercia más o menos impuesta por la sociedad “x”, más o menos flexible, o más o menos locamente flexible.

La sociedad lo puede poner difícil, o puede parecer que hace tal cosa… cuando se organiza para meternos en dispositivos tecno-económicos y vorágines estresantes… con límites artificiales para recrear de mil maneras esa escasez artificial que llamamos ahora civilización. Pero… simplemente… la verdad es verdad (independientemente de lo que hagas y parezcan hacer con “nosotros”).

Estamos apegados a la individualidad, y ésta conlleva, refuerza, acompaña o alimenta la creencia en la muerte… pues tal individualidad depende de cuerpos que lógicamente mueren (en la caótica “lógica” del sistema de pensamiento del ego, ese que aprendemos a sustituir dulcemente por su contrario con la ayuda de ‘Un curso de milagros’).

Es curioso entonces que algo tan directamente asociado a la muerte como es la individualidad no nos dé tanto miedo como la eternidad, como la vida eterna, que a veces suena a “cosa poco seria”, cosa de engreídos… o como mucho a “cosa poética”.

El asunto es que nuestro apego a la individualidad es en su mayor parte inconsciente… y estará relacionado con ese auto-ataque constante (llamado “culpa”)… ese auto-ataque que es compartido profunda y más o menos caóticamente con todo un inconsciente familiar-social.

Es decir, nos vemos arrastrados siempre por un “algo más” que no nos permite soltar;de ahí que nos sea a veces de tanta ayuda ver algo sobre psicología transpersonal: biodescodificación, constelaciones familiares, etc.

Así pues, tenemos miedo a disolver nuestra individualidad, chantajeada como está por defecto por su inconsciente familiar-social-cósmico… hacia otro tipo de “individualidad” que deshace el ego al servicio de otra cosa; este sería “el problema del mundo”, o, más bien, el falso problema que es este mundo: el de entregar el último juicio: “yo existo”, que, como todo juicio, es falso, pues nosotros somos certeza, en la eternidad, y no somos juicio o creencia —en el tiempo.

Entregando el “yo existo” cada vez mejor, parece que nos vemos con la paradoja de encontrar otra “individuación” que es, en el fondo, una desindividuación, una “gloriosa” desindividuación aunque no tenga por qué ser gloriosa en los parámetros “normales” del mundo (ya que puedes parecer perfectamente normal… y estar “al servicio de Dios”, de todos… e “iluminarte”).

Es quizá como si los frutos o los resultados que creemos “dar” en las sociedades, cuando nos sometemos más o menos a sus coordenadas o cuando quizá a veces las revolucionamos… es como si tales frutos… en tanto que individuos… es como si fueran algo valiosísimo, como si fueran lo únicamente “a valorar”… y muy a menudo  con las miras puestas en “el futuro”.

Ese será el agobio existencial de la felicidad mal entendida… cuando ésta se intenta por ejemplo definir por sus frutos en el futuro, en vez de definirla por la paz interior que alcanzamos; y ese será el gran tema filosófico y verdaderamente religioso de cierta “fertilización” del presente por acciones “desinteresadas”, “eternas”, que no tienen por qué ser excesiva o espectacularmente útiles (pero, si realmente se “fertiliza” algo, no es por el resultado, sino por el aprendizaje global cuyo devenir no podemos controlar y que básicamente consiste en que nos estamos dando cuenta de que somos los soñadores de este sueño tan aparentemente externo que es el universo físico).

Y deberemos, a este “problema de los resultados”, el que por otra parte nos hayamos escondido tan bien, a nosotros mismos, el hecho de que en este planeta —aparte de que haya habido y haya al parecer muchos tipos de humanoides…— haya habido ya bastantes civilizaciones tecnológicamente avanzadas pero “desconocidas” para esa ficción llamada “el gran público”. Son desconocidas, hasta hace poco, por lo general… pero fueron muy avanzadas tecnológicamente, a su manera.

De tales civilizaciones no queremos tener ni noticia… como egos orgullosos que somos, ya que estamos al parecer inconsciente y profundamente “aterrorizados” por varias catástrofes globales sucedidas en la superficie del planeta.

La Historia al parecer tiene muy poco que ver, a grandes rasgos, con lo que nos hemos contado a nosotros mismos. Algunas civilizaciones, que tuvieron quizá una extensión mundial… desaparecieron a veces debido a enormes catástrofes (nada lejanas de nosotros en el tiempo) —unas catástrofes que en algunas ocasiones debieron depender en gran medida de la tecnología y de ciertos manejos o “conspiraciones”.

Recordemos que el ego es en general una conspiración ridícula que hacemos nosotros contra nosotros mismos en todos los niveles… y que, con tales conspiraciones más “pequeñas”, en estos planetas (dentro de este tipo de universo “físico”), veríamos ahí “fuera” aquello que está “dentro” de nuestra mente global.

Esas enormes conspiraciones serían, entonces, en este aparente “exterior” físico (como por ejemplo la “conspiración” relativa al 11-S en nuestra época, una que es mero índice de la gigantesca manipulación a la que se ve sometida en el siglo XX la democracia en América y en el mundo)… esas conspiraciones… serían el modo de ver “fuera” ese interior mental (aunque la mente es una, no tiene interior-exterior…)…, ese “interior” de nuestra mente global en constante auto-ataque —pues la mente está por defecto focalizada en el ego y en su sistema de pensamiento dual (basado en el esquema o ecuación de pasado-presente-futuro = pecado-culpa-miedo… etc.)… ella misma triunfando sobre sí misma, una y otra vez, dementemente, en ciclos y ciclos de muerte y destrucción… en el consabido “eterno” retorno de la nada que es el ego.

Lo que parece que no tenemos tan claro —ni queremos tener claro— es que sea posible percatarse en vida, y vivir en vida… el “hecho”, el único hecho… de que en esencia todos somos eternos —sencillamente. Y parece que no lo tenemos claro (y ese no tenerlo claro es en esencia la confusión que es este universo, que es el ego…)… no lo tenemos claro… porque dan miedo la dicha perfecta, el gozo perfecto, el amor perfecto…, dan miedo, curiosamente… frente a la muerte segura que suponen esta individualidad y estos cuerpos… una muerte que por tanto en realidad deseamos (una muerte y una individualidad unidas que en realidad ahora según nos vemos deseamos profundamente): esa individualidad de nuestros cerrados cuerpos destinados a desaparecer con plena seguridad… o la de esas cerradas civilizaciones… en lucha consigo mismas —como en parte lo están los cuerpos-mentes individuales—, unas civilizaciones que tienen también esas sus historias tan “personales”… prestas a disolverse tarde o temprano en la idiota grandiosidad del (oh) “cosmos”… etc.

Pero quizá esté claro: el “problema” estará en que somos eternos pero de forma unificada: todos por igual. Todos somos igual de especiales para nuestra Fuente real, que no es de este mundo… para Dios. Somos iguales en él, en nuestra verdadera naturaleza, en la Fuente que es ese no-lugar llamado Dios… un Dios, una Unidad, que no pudo ver este sueño irrisorio… sino solo permitirnos que nos diéramos nosotros a nosotros mismos esos pequeños o grandes toquecitos de despertar que llamamos “Espíritu Santo”… toques de despertar del sueño de muerte y destrucción, cuando nos abrimos a la Respuesta natural a nuestro sueño de separación.

Los diversos tipos de sociedad, o de civilización, en este tipo de universo de conciencia… digamos que postulan unos ciertos campos de individuación donde el significado de la formación y la posterior entrega de “la individualidad” parece variar. Pero eso sería ilusorio, pues al final la entrega (que en definitiva es “lo importante” en los procesos de individuación) es lo mismo siempre, pues el significado de tal entrega es el Amor… ese amor que en último término no es de este mundo, que no se puede comprender realmente en nuestro mundo, en el sueño de mundo que es este universo de la separación.

Los seres humanos nos entregamos fácilmente en ciertas pasiones, pero en general el ser o los efectos de un tal tipo de “entrega” no dependen de tales pasiones; y no podemos calcular por nosotros mismos qué es mejor para todo y para todos, qué tipo de entrega, etc., aunque sí podremos decir, y bien dicho intuitivamente… como Leibniz… que el mundo siempre es el mejor de los mundos posibles 🙂 —ya que el mundo en realidad no podemos compararlo con el Bien real, con lo Mejor: Dios… y, por cierto: solo disolviendo el mundo sería como nos daremos cuenta de ello… de que no son comparables… y de que nosotros ya estamos en “lo Mejor”, en Dios, que no es “mejor” que nada, porque el mundo sencillamente no existe, no es eterno, no es real, y solo lo eterno es real… solo la verdad es verdad.

Es decir, no hace falta estar en una profesión explícitamente “de servicio”…, ni tampoco ser escritor o artista… —o ciber-tecno-artista—… ni es necesario ser científico —o ciber-tecno-científico revolucionario—, etc.

No hace falta cumplir ningún requisito de la forma en la sociedad de turno en que te “haya tocado” vivir (en realidad, como sabéis: lo hemos elegido, en otro nivel)…, ya sea ésta una sociedad más o menos virtuosa… o bien sea más o menos “espiritual”… o esté o no esté muy conectada del cosmos (pues en realidad todos somos antenas, con un potencial increíble para despistarnos por el (oh!) “cosmos”). Lo importante es, no tanto la forma, sino, como siempre, la conexión con ese contenido de Amor… al que todos tenemos acceso por igual.

Ese contenido no conoce límites de “actuación” —dicho en el lenguaje de ‘Un curso de milagros’: no hay grados de dificultad en los milagros (y más que una tal “actuación” es un deshacer).

Todo el mundo puede entregar todas sus percepciones y sentir la misma dicha que “un creador”, en cualquier circunstancia, más o menos forzada: ya se sea un/a prostituta/o… ya se esté en un campo de concentración… ya se sea artista o madre… vendedor o quizá matarife… siempre siempre podremos soltar la individualidad de verdad… podremos soltar esa necesidad mortalmente irrisoria, pero conformadora de este caos…: la necesidad de ser especiales… soltar todo eso… y dirigirnos y dirigir tales engendros egoicos a la entrega total, incondicional, en otro sentimiento de ser especiales que nada tiene que ver con lo que el mundo valora, aunque sí pueda reflejarse a veces en éstos (y sin destruir nada necesariamente, nada de lo “adquirido”… sino entregando todo en nuestras mentes a la Luz que en realidad somos).

El ser humano es en esencia no-dramático, es no-sufrimiento… es decir, es inocente, está absuelto, está en lo ab-soluto, en Dios.

Dicho en el lenguaje que suena a “formal-religioso”… pero que no lo es tanto si sabemos leerlo con el Curso de milagros en la mano, por ejemplo diríamos…: el Hijo de Dios es inocente, y, en definitiva, no podemos sufrir.
___

Así que otra vez…, de Un curso de milagros…:
«Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
En esto radica la paz de Dios» (p. 1)

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2 Respuestas a “El fondo de la existencia

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  1. Sí, el hijo de Dios es inocente pero está el aprendizaje, venimos a este mundo para esto: aprender, crecer y no es ningún caramelo. Venimos como humanos, o sea como seres imperfectos hasta cumplir con el ciclo, cosa harta complicada…cada día tendría que servirnos para subir un peldaño. La individualidad no tendría porque existir, somos todos un átomo de Dios, pertenecemos al cosmos y como tal tendríamos que vivir en comunión estrechachemente unidos por el amor universal y el respeto desde el más poderoso hasta la última brisa de aire para ser sólo un todo.
    Creo que cualquier cosa que haga hacia mi entorno por ínfima que sea me la hago también a mí misma por eso me perdono si quiero perdoner a lo demás y vice versa, mirar atrás es esteril lo mismo que los remordimientos, hay que vivir lo presente lo mejor que sabemos desde el corazón.
    Abrazos

    • Tú lo has dicho 🙂
      …pero el toque “mágico” es esto de que todo al final está en una sola mente… que también negaremos alegremente…, mente que se creyó separada; y de ahí estas mini-separaciones que vemos.

      El o los universo/s en definitiva no existen; todo es solo, como dices, para aprender esa “lección” que en realidad ya sabemos.

      abrazos

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