Por qué la palabra “pecado” podría ser esencial para un “laico”, ateo, etc.… o para ese laico-ateo que todos llevamos dentro (UCDM y pequeño comentario sobre Seth)   Leave a comment

Deadly Sin: Pride por by Janine, en Flickr

«El mundo que ves es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido». (Un Curso de milagros; [T-13.in.2:2])

¿Cuáles son los fenómenos fundamentales que nos sirven para detectar a qué se refiere la palabra “pecado”?

¿Por qué nos haría falta a todo el mundo esta palabra en nuestro vocabulario… y ya sea que nos definamos como laicos, espirituales, ateos, agnósticos, religiosos…?

“Pecado” se refiere a cuando fundamos el sentimiento de estar separados de alguien debido a algo que creemos más o menos claramente que le caracteriza como una persona diferente; en nuestro mundo privado, ese tal “algo” nunca se guarda neutralmente, es decir, básicamente nunca pensamos de forma neutral de nada ni de nadie (aunque lo parezca).

¿Y cómo así? Resulta, desde el principio, que las diferencias tienen que ver con emociones, y en concreto, con la emoción que funda la creencia en la separación: miedo; así pues, todas las emociones que no son “amor”, son, en el fondo y por defecto, un ataque a nivel mental (y este es el nivel causal).

Antes de seguir, pues, vaya una advertencia que nos debemos hacer: cuidado, pues con esto no queremos decir que tengamos que forzarnos a estar corporalmente cerca de nadie en particular.

Por ejemplo cierta persona pudo hacer cosas que “nosotros nunca haríamos”, cosas que realmente sentimos reprochables… aunque solo sea un poco, muy poco… algo que ni siquiera vemos, algo que nos diferencia y que es “tan poco” que creemos que no tiene importancia… pero, por lo cual, por ello, nos separamos mentalmente de su supuesta identidad que fabricamos así (una identidad que construimos en nuestras mentes en tanto que una ilusión, una más…, una que nos acompañará en nuestro particular mundo privado, en nuestro particular “infierno” que consideramos natural, normal (nuestra mente enfocada en el sistema de pensamiento del ego, tal y como diría UCDM (Un Curso de milagros))).

En realidad, la verdadera identidad es, en todos, la de la inocencia, y es la misma Inocencia para todos. Así, entonces, cuando inercialmente vamos acumulando “historia del ego” en nuestras muy personales historias de vida y mundos privados mentales que terminan causando nuestra experiencia que creemos ver “fuera”… así… nos estamos cargando de cosas a deshacer, pues todas ellas son falsas en realidad —y por muy necesarias que las sintamos por ejemplo para “cambiar el mundo”.

Cuando creemos ver fuera de nuestras mentes aquello “reprochable” (en el mundo en general como sistema, en cualquiera de sus sistemas…, o, por ejemplo, en los actos de alguien), entonces, tenemos un problema nosotros con nosotros mismos, uno más. Es decir, ilusoriamente, siempre ilusoriamente, hemos añadido un problema más al pretendido problema “exterior”. Y bien, es muy difícil darse cuenta de esto o aceptar esta visión aparentemente simplista, pues en el mundo contamos con esta inercia (el proyectar, el juzgar), y de hecho vivimos de ella; debido a tal inercia vivimos una “vida” que en realidad, debido a que es un juzgar casi constante, es una vida de cierto deterioro en todos los niveles (pues de hecho hasta las “necesidades” más básicas: comer, envejecer, etc., se basan en creencias (!) que alimentamos día a día en cada momento del presente falso del ego… creyendo en este tiempo lineal repleto de percances supuestamente reales, y de, por ejemplo, un “progreso” que en realidad es ilusorio).

Sea una persona que actúa o actúo según nuestro juicio de forma “reprochable”. Ella, al igual que nosotros, estuvo metida en situaciones, en relaciones, aceptando ciertas creencias básicas a lo largo de toda su vida… unas creencias que le hicieron reaccionar más o menos “como un loco”… que le llevaron a elegir inercialmente “ser o hacer tal cosa o tal otra”… que le llevaron a tener una experiencia para confirmar tales creencias.

Así, vemos que en el mundo privado de juicios, el de cada uno de nosotros cuando alimentamos “ego”…, ahí, el hacer y el cuerpo son “lo fundamental” (es el infierno del ego, la incomunicación por defecto que promueve, pues los cuerpos no fueron nunca causa de nada).

Es inevitable, por tanto, vernos o sentirnos como “deshermanados” de aquel a quien separamos así…, aunque solo parezca ser muy sutil y casi inapreciable…, es inevitable entonces guardar esa consciencia a menudo como sólido cimiento para futuras identificaciones, creaciones de nuestra propia identidad privada fundamentada en la proyección-juicio (y esto nos va en gran parte diferenciando a todos, aparentemente, en esto que aquí llamamos “vida”).

Este constante alimentar y este usar la consciencia de “pecado”… esa creencia… es algo que le ha ocurrido a todo el mundo, por mil y un motivos, desde pequeñitos (ya sea para culparnos (atacar mentalmente) a nosotros mismos o a los demás). Y de hecho, el mundo, para UCDM, en principio no es más que un terreno de proyección (“juicios”) de ese sentimiento de “pecado” (que en realidad fundamenta la separación, el sistema de pensamiento de la separación que este mundo sirve para “escenificar”).

Y ese ataque a nivel mental no tiene sentido, es literalmente una locura, pues solo está en nuestras mentes separadas, ilusoriamente separadas precisamente por este tipo de juegos absurdos (como dice UCDM: las mentes no pueden atacar, están unidas lo queramos o no).

Ese sentimiento de pecado, en realidad, es algo que traemos todos en nuestras mentes cuando “venimos” aquí a creernos “solo cuerpos”. Venimos precisamente por ello y a ello, y venimos a un mundo que en realidad es algo proyectado desde nuestras creencias básicas colosales en el nivel de nuestra muy poderosa mente, más globalmente unificada —pero que es un “mundo” proyectado de forma “inconsciente” (cuerpos, etc.).

Por ejemplo “pecado” son esos “perdono pero no olvido”… cuando sentimos que hay cosas que nos separan claramente de alguien, y le otorgamos realidad férreamente a esa separación que creemos en el fondo lo único verdadero (siendo en realidad otra ilusión privada más). O cuando sentimos que hay cosas imperdonables, aunque no lo expresemos así ya que podrían muy sutiles, inapreciables (y tal y como podemos suponer, tampoco estaría bien entendido el concepto de “perdón”, pues aquí nos referimos a nuestro querido y amplio “concepto de perdón”).

Son, entonces, esas ocasiones en que sentimos que ese error de “otro” no nos incumbe… o que claramente es todo un error… etc. Y no, pues aunque en general todo es un simple error… ¡en último término ni siquiera es un error!*, ya que si queremos la paz, debemos sentir cada vez más profundamente que no existe el pasado sino solo el eterno presente… ese eterno presente al que pedimos paz y que nos contesta con ella para así dar un respiro milagroso a esas aulas de tarados que componen los pomposamente llamados “mundos”… en cualquier “sistema de realidad”.

Esto sería así de general. Es muy difícil por tanto no sostener la creencia en el pecado, pues el escenario que está montado para representarla no es ni más ni menos que todo este mundo-universo grandioso de cuerpos separados, y que contiene muchas aventuras…, diferenciaciones mil…, y al cual venimos lógicamente indefensos, abiertos a todo tipo de tropiezos y aventuras, para así, en él, formarnos nuestro propio auto-concepto… un concepto que nos constituye y que, en realidad, dentro de este mundo, se fundamenta a su vez, en último término, solamente en dicha creencia en el pecado (en algo ilusorio)… pues nosotros aquí no podemos formarnos en realidad nada, ni conceptos ni nada —no si lo hacemos por nuestra cuenta (pues como vemos, todo ello desaparece… y es que, en realidad, somos eternos).

La disyuntiva clarificadora, sería, pues, entre:

— un simple error, un error que, cuando estamos en nuestra mente que “perdona” automáticamente casi ni siquiera veríamos como un error… ¡ni siquiera!… pues directamente lo veremos, lo proyectaremos o percibiremos con la corrección ya en nuestras mentes… una corrección que no ponemos nosotros “con el ego”, con ese diablillo interior que nos cuenta a todos que somos seres separados… sino que viene de otro lado. Ni que decir tiene que esto es o parece algo muy difícil de hacer, de forma consistente, en la vida… pero es lo que todo el mundo conseguirá tarde o temprano, pues todo el mundo en el fondo desea la paz, y solo la paz interior le llevará a eso; es decir, solo nos llevará a eso la disolución de todo auto-ataque (“culpa”) a nivel mental… ese auto-ataque que realizamos todos nosotros contra nosotros mismos por motivos “externos”… para siquiera casi “existir” en la locura que llamamos “mundo”.

— y pecado.

Si nos falta la palabra “pecado” tenemos un mayor caos… caos que es justo de lo que vive este mundo, cuyo “gobierno”, visto desde el lado ego —que cree en la separación— es caos y por el caos.

Y las palabras “error”, “falta”, etc., no incidirían en el hecho de que existe una importantísima diferencia a nivel mental. Y esta es la de si fundamentamos o no nuestra identidad en una de dos:

— o bien en el perdón real, uno que siente profundamente que todo el mundo es como nosotros…, y que todos podemos cometer y cometimos prácticamente los mismos errores (en una u otra vida ilusoria de nuestra mente ilusoriamente separada de su Fuente)…, pero que no sirve de nada hacer tales errores reales en la mente…, que no sirve de nada otorgarles realidad y sentir, ahí, en la mente, que realmente tienen consecuencias fatales, imborrables… pues eso solo prolonga tales errores (los hace “pecado”: la sustancia del asunto de locos que llamamos “tiempo”, el tiempo lineal), eso alimenta tales errores…, multiplica sus pretendidas consecuencias imborrables en dimensiones que ni imaginamos. Así, el castigo, entonces, en ese nivel mental, sería lo mismo que el castigo “físico”: alimenta por igual, o más… y multiplica por igual… la culpa, es decir, el auto-ataque con el que bajamos todos por igual a creernos cuerpos, en este mundo, en el infierno de los que nos creemos separados.

— o bien en el ataque.

Fundamentar nuestra identidad en el perdón real (del mundo, de los demás, de nosotros mismos…), una vez que nos damos cuenta de la trampa de este mundo, es lo que nos lleva a nuestra Identidad, a esa absuelta Identidad, absoluta…, que llamamos a veces Dios (que es el único poder real en este mundo demente, un poder que lo disuelve feliz y dulcemente en los brazos del Amor a través de nuestra aceptación de lo que en realidad somos).

Así que nuestra identidad, en gran parte, se ha estructurado sobre esos núcleos (de enfermedad, que son por cierto semillas posibles de enfermedad y en las que en el fondo “reposa” toda enfermedad) donde todos sentimos que esa cierta falta, ese tal error que aquella persona o nosotros mismos cometimos (por ejemplo no querer “como es debido” a un familiar, padres, madres… o a amigos… etc.)… esa falta o error no es algo que podamos olvidar, es decir, no es algo que “podamos o nos podamos perdonar”… que no podemos permitir sentir que nos perdonamos a nosotros mismos.

Así, la situación de este mundo-trampa es muy curiosa, pues dentro de las cosas que en el fondo más nos perturban (nuestras creencias en nuestra propia “mente”) no tenemos a menudo una serie de nombres diferenciados o un sistema de palabras simple, y preciso, con el cual guiarnos para salir del malestar…, para así poder “delimitar estratégicamente” nuestra experiencia y su relación con las creencias que albergamos individualmente (nuestros terribles tesoros de creencias limitantes, negativas, etc.). Es decir, que por defecto no nos gusta aclararnos sobre ellas. De ahí esa llamada de atención de la Voz que dictó UCDM, cuando habla de las “leyes” del caos.

Una delimitación estratégica, “salvífica”, es esta de “pecado” (muy manipulada, obviamente, por las religiones establecidas). ¿Y esto por qué? Porque, siendo un fenómeno tan básico, una creencia estructurante de nuestro mundo…, siendo esto, entonces…, si al menos la nombramos, la diferenciamos… la podremos afrontar, mirar de frente…, y atravesar sin miedo, pues jamás hubo ningún “pecado”, y en el fondo, como dijimos, ni siquiera errores —el mundo es una ilusión demente de sufrimiento, muerte y destrucción a las que otorgamos realidad y que por ello multiplicamos inconscientemente.

El “mundo”, sin embargo, también evoluciona paralelamente a lo anterior en un movimiento de toma de consciencia acerca de que somos nosotros quienes nos lo hacemos todo a nosotros mismos.

Pero, aquí, por defecto, en tanto mentes-ego, no venimos a salvarnos de nada, pues venimos por defecto a hundirnos, a separarnos, de mil y un modos más o menos contemporizadores… con más o menos componendas, toquecitos de placer, salvaciones al estilo del ego… u otros toques de cierta unión… etc.… pues aquí todos venimos habiéndonos olvidado de lo que realmente somos: un Amor que no tiene nada que ver con las experiencias del mundo, pues aquí solo se refleja, y un Amor, pues, que cuando lo seamos de nuevo, no lo volveremos a soltar (cosa esta que nos ocurrirá a todos, cuando nos reunamos realmente… y al parecer  ocurrirá de forma natural).

Como lo diría Seth: estructuramos nuestra experiencia nosotros mismos a través de aceptar, de la vida, solo lo que encaje con las creencias que mantenemos, con el marco de creencias; este marco estructura nuestra experiencia aunque no queramos verlo. Tales creencias siempre, alguna vez, han sido conscientes y pueden serlo siempre de nuevo, aunque ahora a veces no lo parezcan (y aunque no queramos que vuelvan a ser conscientes… para poder así seguir y seguir entretenidos con nuestros juguetitos de individualidad especial).

Y… la creencia elemental, la de todo el que viene a este mundo, de todo el mundo por igual… esa creencia que venimos a llenar de, y alimentar con, experiencias confirmadoras (desde la infancia, y por eso a veces tan inadvertidamente)… la creencia elemental es, como “sabemos” —y como cada día sentimos más que es así, gracias a UCDM—… es la del pecado, que fundamenta la idea de la mera separación (ya se sea o no una persona religiosa, espiritual, laica, atea, etc.… —cuando uno es adulto).

UCDM nos enseña, como muchas tradiciones espirituales, que la causa está en la mente, una mente que obviamente no está “en el cerebro” —contra todo pronóstico para estos mundos tan diversos y grandiosos que configura el “ego”.

Pero UCDM clarifica fuertemente que, la “causa falsa”, por la cual fabricamos este mundo ilusorio…, es “la creencia en el pecado”.

Pero… como sabemos, podemos escapar de aquí, de este lío mental (¡hay alternativa, y no se trata de la muerte!). ¿Cómo? Dejando de usar lo exterior para alimentar la aparentemente omnipotente “creencia en el pecado” en nuestras mentes… y haciéndonos así cada vez más conscientes de nuestro Amigo interno, quien es capaz de convertir toda percepción en una de Inocencia, en nuestra inocencia absoluta-absuelta… y llevarnos de la mano a nuestro verdadero hogar. Ese Amigo es, por cierto, el que UCDM llama “Espíritu Santo”, y son todas esas intuiciones naturales, susurrantes, todas esas suaves inspiraciones o guías que, en general, son difíciles de “oír” en nuestro estado usual de conflicto, el cual caracteriza el mundo del ego con esa guerra interior que todo el mundo carga por defecto cuando cree que viene al mundo, cuando se cree “vivo” aquí. Por eso el Curso insiste en, primero de todo, buscar la paz interior, a lo cual conduce la ardua práctica correcta de sus ejercicios de “yoga mental”, a combinar con una “vida normal” (si es que eso sigue existiendo para vosotros).

__
* «El pecado no es ni siquiera un error, pues va más allá de lo que se puede corregir al ámbito de lo imposible.» [T-26.VII.7:1]

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Publicado 30 septiembre, 2012 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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