¿Qué es la amistad? Obviamente no puedes querer si no te quieres o no cuidas por ti mismo, y los demás no pueden hacer eso por ti, no normalmente, sino que solo reflejarán tu situación interior   1 comment

[Este texto está escrito para “trabajar” la aceptación y el agradecemiento de experiencias que podríamos tildar de “malas”, pues en la vida podemos haber tenido a menudo “amigos” que hablaron “mal” de nosotros a nuestras espaldas (o podemos haber hecho eso nosotros mismos). Entonces, podríamos definir en realidad un “amigo” como alguien que precisamente no hace eso, y que sin embargo sí que se puede comunicar más o menos sinceramente, para con ello quizá poder “crecer todos” en la vida.
Así que nada, aquí va una tontería más: me di cuenta de que en realidad no solemos tener “amigos” si definimos tal cosa por lo que no son los amigos: no sería gente a la que le gustara hablar mal a tus espaldas. Y es que como veremos, normalmente las relaciones son lo que llamamos, con el curso de milagros, “especiales”, es decir, son usadas para proyectar, para enjuiciar desde la separación, para realizar un juego de espejos en parte “infernal”)
]

[Sobre este tema ver también este perfil de presentación, que coloco también abajo en comentarios]

Tus “amistades” y experiencias relacionales con el mundo reflejarán siempre, automáticamente, tu “no-cuidar de ti” (y lo contrario).

Si no te quieres, eso se basa en tus creencias y juicios sobre ti, los que guardas “contra” ti. Te has sentenciado, de alguna manera, y lo has hecho tal y como la mayor parte de nosotros —en algunos aspectos o en todos— ya lo hemos hecho, desde siempre.

Y esas sentencias, a nivel de la mente, los juicios, producen tu experiencia.

Esa es la dirección en que se produce el universo, el mundo, y las vidas individuales: desde la mente, con sus creencias y su carga emocional… hacia afuera.

Todo lo demás en nuestra civilización, ciencia, religiones, etc., está en gran parte para despistarnos sobre ello. Así, nosotros mismos nos dificultamos la felicidad con instituciones. Mientras, parece que nos juntamos en ellas con la excusa de pequeñas especializaciones, de parcelitas de supuestos cuidados en común… de pequeñitas mezclas cerradas… cerrazones varias… terribles pequeños compartimentos de un cierto compartir… y pequeños grandes y más terribles “competires”…

Aquí, nada de lo que vemos es en sí absolutamente nada, es sin sustancia, está basado en miedo, miedo que no es nada.

Además, todo es relación; y esta relación por defecto está basada en miedo (aunque siempre es “salvable”, al menos a nivel mental, cuando vamos eligiendo cierto “dejarnos hacer” por “lo otro”).

Además, toda relación refleja de cierto modo relaciones más profundas… relaciones que, en último término, fabrican realmente todo lo que vemos. Estas relaciones las tenemos y somos todos… a la vez e individualmente… con y en nuestros interiores —con nuestro interior colectivo e individual… en nuestras mentes, en la “mente una”, falsamente separada.

De ahí “dentro” sacamos por tanto lo que llamamos “realidad”. La realidad sale de lo que creemos: “creamos” con la energía emocional puesta sobre lo que creemos.

Como vemos, por lo último dicho en el blog sobre los libros de Seth y UCDM: todo lo que parece existir tiene raíces en realidades subjetivas de creencia y sentimiento, unas creencias y unos sentimientos-emociones que van a la par —aunque, en último término las creencias rijen, dirigen. Por ejemplo todo el mundo se piensa separado, y eso es una creencia (!) —aunque el miedo va parejo, muy muy cerquita, alimentando “energéticamente” tal aparentemente básica e “inmensa” creencia.

Nuestra experiencia refleja el odio interior que nos tenemos a nosotros mismos —o el amor. Pero, normalmente, la base de miedo(odio) es enorme, ya que si no, todo el mundo estaríamos “iluminados”.

Y es que, visto lo visto, a nadie le gusta reconocerlo… pero nos odiamos profundamente.

Así, por eso, normalmente nos metemos con la gente, en nuestro interior, mucho o poco… fabricamos un mundo privado poblado de fantasmas, de percepciones de situaciones, de percepciones de las relaciones con el mundo y con otros en él; fantasmas de lo que el mundo “nos hace”, o de lo que otros “nos hacen”… o nos dejarán de hacer en el futuro, o dejaron de hacer en el pasado… de lo que el mundo cambiará, dejó de cambiar, fue y será… para nosotros, es decir, para el ego, para la construcción privada —que en realidad no existe, es pura ilusión.

Es decir, proyectamos sobre símbolos que creemos encontrar fuera. Incluso más: fabricamos estos símbolos, que en realidad no existen, a base de otros cuerpos que parecen representar, para nosotros, y porque así lo queremos, unos seres separados de nosotros, unos seres que parecen diferentes de nosotros, sobre los cuales podemos proyectar a gusto nuestro miedo-odio, ya sea mucho, sea poco, da igual: es siempre odio, que tiene que ver con el cuidado de nuestra sensación de “diferencia” (el falso cuidado, el falso quererse del ego: el sentirse especial, el “especialismo”).

Por eso habla Seth de forma tan graciosamente irónica sobre la frase “de Jesús”: «ama a tu prójimo como a ti mismo». Con ella Jesús mostraba, al parecer, una cierta ironía, ya que —dice Seth— su época era muy distinta a la nuestra: la desconfianza entre la gente era mucho mayor que ahora (!).

Es decir, la “energía” (pensamiento) habría cambiado muchísimo de un tiempo a esta parte, pues vemos, en esta época, pese a cosas como la “superpoblación” loca dependiente del sangrado terrestre en ciclos del tan de moda “capitalismo del shock”…, pese al estrés…, etc., etc… vemos que somos mucho más “crísticos” (nos dan alergia “general”, a mucha gente, cosas como el simple castigo…, las cárceles…, etc.).

Ya lo dice Seth, ya lo decía Leibniz: el mundo en que vivimos siempre es el mejor de los mundos posibles, absolutamente 🙂 .

Entonces, en la experiencia, puede que nunca hayáis tenido realmente “amigos” (ni vosotros casi hayáis podido serlo, consistemente).

Un ejemplo de por qué esto podría haber sido así: lo que se suele llamar “amigo” es alguien que está dispuesto a decir las cosas a la cara, y no por ejemplo a juzgar por detrás, a hablar mal por detrás… a hacer manejos o manipulaciones por detrás. Si encontrásteis manejos así, juicios así, eso solo reflejaría lo que vosotros a vosotros mismos no os decís, lo que no os queréis… es decir: lo que no queréis “sanar” en vuestra mente.
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Felicidad

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    ÍNDICE:
    – presentación
    – sobre la amistad
    – sobre los grupos
    – sobre los “giros”
    – paz interior

    PRESENTACIÓN

    Soy Iván, 38 años. He conocido algunos proyectos colectivos.

    Los proyectos son muy divertidos, aunque son como sabréis altamente cambiantes, variables (y ahora quizá son para mucha gente —y cada día más— “necesarios” para “sobrevivir”).

    Es divertido esto sobre todo para ver hasta qué punto no queremos “mirar adentro” y sí queremos proyectar sobre los demás, enjuiciar, comparar, seleccionar… en un movimiento sin fin… para así poder reciclar nuestro conflicto interior —y así podemos comprobar hasta qué punto no queremos “crecer”.

    El mundo de los gustos y el encaje de las personalidades parece algo terrible; sorprende ver que casi todo el mundo era en lo básico igual de “niño mimado” que uno mismo 🙂

    Es muy difícil ceder, compartir, comunicar.

    Entonces…, ¡hay que hablar sobre amistad y grupos 🙂 !

    SOBRE AMISTAD

    Podríamos definir por ejemplo a un amigo/a como alguien que no “habla mal” de ti a tus espaldas —que te lo dice “a la cara” lo más que pueda… para que todos los interesados puedan de cierto modo crecer.

    Aunque —y más usualmente de lo que parece— usamos las relaciones como escenarios para la proyección, donde ver “cosas malas” fuera de nosotros, y donde luego quizá usar esas mismas cosas malas para hablar de ellas con otros “amigos”.

    Así, parece que reforzamos relaciones basadas en odio, usando “monigotes” fuera, chivos expiatorios, para reafirmar nuestra identidad (y tal reafirmación en realidad nos hace daño). Así que mucha gente “comparte” o “comunica” desde un cierto “hablar mal de la gente” como ingrediente importante (mostrando así que necesita ver esos chivos expiatorios, necesita tenerlos en su experiencia para nutrir su consciencia de víctima, para poder juzgar, tener la razón, etc.).

    ¡El “patio de colegio” dura más de lo que yo creía! Y, en realidad, quizá vivimos vidas infantilizadas durante más tiempo del que pensábamos, y debido a estos “problemas”: los de la necesidad de juzgar a los demás…, de alimentar la víctima que todos llevamos dentro…, o el acusador poco compasivo y sobre todo insincero que llevamos dentro… etc.

    En realidad, lo que parece que hacemos con todo esto es ver fuerae nuestro odio interior, el que tenemos contra nosotros mismos: el odio con que nos odiamos todos individualmente, nosotros a nosotros mismos, que es un odio que necesitamos ver “fuera”: en la pareja o en el compañero que no hace lo que yo quiero…, en los políticos, empresas, etc.

    Ese “ver fuera” creemos que es algo que nos alivia; creemos que ver las faltas o los errores “fuera” —los errores de “los demás”— y compartir los juicios al respecto… es algo que alivia.

    Es lo contrario, esto alimenta la separación, las diferencias (reforzando los egos). Es la historia del mundo y de ello se nutre la demente convivencia usual.

    Así que aquí hay un gran aprendizaje posible, maravilloso, y que todo el mundo puede tener, compartiendo vidas cooperativas, colectivas…, y que en parte un poco ya experimenté.

    Quizá os haya pasado como a mí, aunque en otras etapas de vuestra vida, quizá hace mucho más tiempo: me di cuenta, hace no mucho tiempo, que yo era una especie de “pardillo”, pues no me había dado cuenta de que es más difícil de lo que parece tener amigos y “ser amigo”.

    ¿Por qué? Por lo dicho: porque no hay que caer fácilmente en hablar mal de nadie (sobre todo si es un amigo, alguien que tratas a menudo), pues entonces, hablando mal de él o de ella es fácil caer en hablar mal de unos y no de otros…, haciendo diferencias, poniendo unos contra otros, etc.… y así vivimos miles de juegos que vuelven locas las relaciones, que las falsean cada vez más… entre los propios que se dicen “amigos”.

    Así, para “tener amigos” es entonces preciso que se dé quizá una buena mezcla entre estas tres posibilidades:

    — o bien no das muchas opciones para que “se hable mal” de ti nunca. Esto es extremadamente difícil… claro está, pues sobre gustos… no hay nada escrito, y sobre todo la gente necesita chivos expiatorios, hablar mal, juzgar fuera de lo que no quieren ver dentro, etc.
    A ello se deberá el que nos juntemos en “pandillas”, en grupos, más o menos explícitamente “enfrentados” unos con otros… en las tragicomedias del ego, con sus terribles agrupaciones: los más o menos “listos”…, los más o menos “enterados”, la gente más “útil”, etc…
    Por ejemplo, una batallita de las “de cómic” podría ser esa que a veces tienen los “políticos del pueblo”, de la aldea (si tiene “alcalde” y esas cosas) frente a por ejemplo los “neorrurales”,

    — o bien tus amigos tienen cuidado sobre cómo tratan acerca de “tus errores” con otra gente que no eres tú…, para ser verdaderamente tus amigos (y no simplemente tenerte como monigote para proyectar sus juicios y reforzar su ego hablando mal de ti con otras personas)…

    — o bien lo que ya hemos dicho antes:
    que para poder progresar todos (amigos y enemigos)… los amigos siempre nos decimos las cosas que molestan, que nos hacen perder la paz… nos las decimos “a la cara”…, al menos las que realmente molestan… y para que haya siquiera un poco de comunicación y se dé la posibilidad de crecer en coherencia, en integridad.
    También podemos “aguantar”, en el buen sentido de aguantar, perdonando realmente, “aguantando” nuestra percepción de los errores en “los demás”…, porque existe un buen sentido del “no dar importancia” a estos errores…, del “aguantar”, sin que por ello dichos errores nos quiten la paz —y ya luego verá cada cual qué hace con la vida.

    De todas maneras, este es un tema muy general, el de los “juicios” sobre los demás, el enjuiciar; este es el deporte nacional, universal, cósmico.

    Así que hablemos entonces:

    SOBRE GRUPOS

    En los grupos también parece que debe haber esa cierta “base” de “amor incondicional” extendida…, de la que se pueda quizá hablar alguna vez… donde la gente no use rápidamente o inercialmente a los “extraños” —de fuera del grupo o de dentro— para enjuiciar y así reafirmar un “ego terrible” de grupo (y mientras los egos individuales).

    A veces no queremos que se nos digan las cosas, está claro. Pero si éstas ya se están contando por ahí, de todas maneras, a nuestras espaldas, entonces tenemos un problema (por lo que hablábamos de qué es lo que significa “amistad”).

    “Recomiendo” entonces mucho (por ponerme “recomendador” 🙂 ) el iniciar proyectos y cooperativas…, pues no hay mejor modo de ver lo absolutamente locos que estamos todos (y todos por igual), incluyendo uno mismo… al ver que necesitamos tanto juzgar a la gente…, tanto proyectar sobre ellos, etc.

    Pasa como con las familias, que uno no admite para sí mismo las cosas que siente, así que se viven unas vidas de cierta “inercia”, con la excusa de lo “bonito” que es “lo de fuera”, “el proyecto”, etc.…, con la excusa de que “no hay otra”. Pero esto no es ni bueno ni malo: simplemente es.

    SOBRE GIROS

    Soy otro más —supongo— de los que está o creía estar completando su giro de 180º grados: lo cual es una locura vaya, pues aquí no hay giros reales !

    Pero… aunque suene totalitario :)… y si es que existen tales giros… ya acabé de realizarlo, y mentalmente (por lo que acabo de decir sobre la tarea de mirar al interior).

    Así que este no-giro no tardó tanto tiempo… y al final no llegué a donde me esperaba.

    Por cierto, pasé una etapa de “impacto” al ver hasta qué punto “se nos han” contado tantas “mentiras” —y nos las seguimos contando— para “fundamentar nuestra civilización” (energía, historia, etc.).

    Ahí, en esa etapa, como todos, lo he pasado en parte “haciéndome la víctima”, en este movimiento universal de ver que las soluciones están “fuera”, en el mundo, en “que cambie el mundo”, en definitiva.

    Esto parece que es lo que hacemos casi todo el mundo, en algún aspecto o en casi todos…, y de forma más o menos arrogante (la arrogancia de: “si cambiara el mundo en esto entonces podría ser feliz, etc.”).

    Más pistas del porqué de todo esto aquí y en otros lados de mi blog:

    https://qadistu.wordpress.com/2011/10/08/de-lo-terrible-en-el-unirse-en-contra-de-sobre-ciudades-ego-universo

    PAZ INTERIOR

    Es bonito también “construir” lugares y gentes…, pero sobre todo primero desde la “paz interior” —hacia ella más bien.

    Así que…, pensaba… —y ahora ya no tanto tras completar “el giro” inesperadamente— pensaba… que necesitaba entrar o hacer algo bastante “fuerte” en el nivel de “grupos”…, cooperativas…, etc., a la hora de montar “círculos virtuosos”…, que no “viciosos” (como los que parece proponer en parte tan imponentemente esta sociedad, con todos esos círculos que conforman esa especie de “destino” que construye “nuestra” sociedad para supuestamente “albergarnos” (“trabajo”, “hipotecas”, mecanismos de control con el tema energético, económico, etc.)).

    En realidad es un guión, un sueño, y todo lo vamos programando así; son pues alternativas programadas, probabilidades que consensuamos en nuestra mente, en niveles muy poderosos donde co-soñamos todo esto. Son probabilidades, mundos probables, etc. Un juego para perdonar, nada más.

    He estado algunas veces visitando/ayudando en algún proyecto (casas de paja, etc.) y he vivido alguna experiencia en colectivo unos meses.

    Y antes estaba algo más por la labor —hace muy poco tiempo— de “alucinar” un poco con temas de “reconexión con la tierra” y esas cosas…, pero ya no me gusta ese estilo de consigna…, ya no me parece importante tanto “la tierra” como la paz interior…, y, para esto último, no importa tanto al final el lugar, pues SI UNO QUIERE ESTAR MAL lo va a estar donde sea.

    En cualquier lugar vamos a poder enfrentarnos y sufrir con las cosas así porque sí (culpando al mundo…, etc.) por muy idílicos que se planteen el lugar, las tareas, etc.

    Aunque claro está que para que se dé la opción —ya quizá necesaria y posible para mucha gente (el intentar montárselo en ambientes fuera de la ciudad)— es necesario “encontrarse”.

    Pero……… para mi “trayectoria” fulminante hacia darme cuenta de la realidad final del “espíritu” :), para eso, fue importante como dije vivir unos meses en un colectivo en el campo. Y más debido a las relaciones que a otra cosa, es decir: al hecho de haber visto esos “interiores” nuestros, ahí: fabricando las cosas, los pleitos, la incomunicación (con “la película” de cada cual, la pedrada de cada cual…)… y no queriendo en absoluto ser mirados o expuestos en común, obviamente (pues nuestras emociones, en gran parte basadas en miedo están para eso, para separar).

    Y también fue importante quizá vivir y revivir un poco del “goce” del trabajo en común, que como tantas cosas puede usarse como posible tránsito hacia la “paz interior”…, vivir un poco la vida con gente que no es “la familia”, las parejas, pero que andan ahí incluso en “la misma casa” 🙂

    Podría ser entonces una buena idea montarse algunas casas con tierra, quizá como “campo base”… en alguna finca medio grande…, o bien incluso reconstruir poco a poco algunas casas grandes en algún solar de algún pueblo amable…, con gente que se dedique a cuidar algo “el interior”…, que quiera hablar de la tragicomedia del ego… la inevitable proyección-culpabilización hacia fuera…, etc. etc.…, y con los quizá impepinables huertos y campos de cereal correspondientes…, ya que ¡hay mucho campo “abandonado”!

    Pero bueno, lo importante sería eso: no perder el norte de la paz interior, intentar alimentar paz interior aunque “lo de fuera” no parezca que pueda hacer tal cosa.

    Así que no sé si podría caber la posibilidad de montar estas cosas, si acaso desde cero, y a poder ser sin “nerviosismos” de los que dije antes:
    — «vamos a salvar la Tierra con ello», nada más y nada menos que “la Tierra”…,
    — «vamos a hacer la revolución o la (r)evolución… con todo esto»…, etc. etc.

    Esas consignas son muy a menudo usadas de forma “terrible”: para mantener en realidad a los egos enredados en lo de siempre, en ciertas inercias interiores, auto-ataque, y más o menos enfermizamente (siempre los humanos necesitamos ver el problema “fuera” de nosotros, y las excusas que nos buscamos para ello son, como decíamos, muy “rimbombantes”).

    Así pues… un sitio, un campo base…, muy tranquilo…, con la onda de lo que acabo de expresar, de “apertura infinita”…, y de su correspondiente “viaje al interior” no menos “infinito” (pues no hay exterior en realidad, en definitiva, por muy variado que nos parezca eso de fuera y por muy pequeñitos que nos creamos)…, para centrarse en estos cambios…, cultivando el sitio “que toque”…, moviéndose por ahí en lo que tenga cada cual de actividad si la tiene y si resulta “necesario” o más bien “divertido”……, etc.

    Y yo qué sé.

    ivan . domingo (arroba)
    gmail . com

    Paz y amor»

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