«Desarrollo de la confianza». Las 6 etapas del desarrollo de la confianza. Un Curso de milagros – UCDM (Wapnick y su comentario)   3 comments

Wapnick

Kenneth Wapnick (trabaja en Un curso de milagros desde sus inicios)
Foto tomada (enlazada) de la página web sobre el curso en inglés: http://www.therememberedsong.com

«No sólo creo que hay una vida después de la muerte, sino que lo sé, tenemos datos suficientes verificables y es importante compartir este conocimiento con la gente.» Elisabeth Kübler-Ross

«Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres……
»
San Juan de la Cruz (Juan de Yepes)

Índice:
– Introducción
– Primera etapa: deshacimiento
– Segunda etapa: selección
– Tercera etapa: renuncia
– Cuarta etapa: asentamiento
– Quinta etapa: inestabilidad
– Sexta etapa: realización

Introducción

Hablaremos sobre una parte del curso de milagros, a la que le doy mucha importancia. En particular me parecen claves las observaciones de Wapnick en la “quinta” etapa, la de inestabilidad, que pueden resultar liberadoras.

A mí me enseñó mucho este comentario de Wapnick, que traduzco aquí abajo. Así que estoy muy contento de poder publicar esto. Llevaba varios meses queriendo hacer esto, “por amor al arte” (aunque me pido desde ya perdón a mí mismo 🙂 por todas estas horas que estoy aquí “tirando” en vez de buscar solaz, concierto y desventuras, con Sancho mi escudero, por los despoblados andurriales de la Mancha :), por ejemplo).

Se trata de una pequeña parte del llamado Manual para el maestro, en Un Curso de milagros (UCDM), y comentado por Wapnick *.

Iré mezclando el comentario de Wapnick con algunas notas mías (más al principio, como “introducción” general, al principio del comentario, y para que el texto sea de cierto modo muy “auto-contenido”, es decir, para que contenga muchas explicaciones sobre posibles “disonancias” que nos puedan provocar esas palabras raras: como “pecado”, etc.).

Como esto es muy muy largo (poco más de 8000 palabras), entonces, para que se pueda simplemente ir a ver el comentario de Wapnick (lo que parafraseo o traduzco de su comentario), éste irá hacia la derecha (y también el texto de UCDM que copiaré), tal que así:

aquí.

Y los diferentes subrayados que haya ahí dentro, serán míos (excepto las cursivas, que son de Wapnick).

Cuando nos refiramos al Curso, diremos cosas como: “dice la Voz…”, o “dice el Curso…”, etc.

Recordemos que el “problema” es que aquí todo es y todos somos una sola “entidad”. Estamos proyectando todo esto que vemos, que creemos ver, por una parte para huir de esa “verdad” (y esta proyección, por otra parte, la usaremos para el regreso). Diríamos que tal “entidad”, dicho mal y rápido, está “fuera” de todo este lío de cuerpos separados, está “fuera” de estos bellos o feos “universos”… está “fuera” de toda necesidad, de toda necesidad de percibir, etc. (o está fuera de toda “dimensión”, etc.). Y, entonces, hay una observación importante: esta entidad es “simbolizada” con muchos nombres: Jesús (o Yeshua), Espíritu Santo, Buda, Cristo, la Voz, el Yo superior… Y todos ellos simbolizan lo mismo: el regreso, interior, inevitable y paradójicamente gozoso, a Dios —que es “algo” que también tiene muchos nombres, aunque esencialmente “no es simbolizable” —digamos también: la Fuente, etc.

Antes de nada, es necesaria la advertencia que hace Wapnick: esto de “las etapas” en el desarrollo de la confianza no hay que tomárselo “literalmente”. Tales etapas no se ajustan a un esquema lineal. Es decir, aunque vayamos a leer durante mucho tiempo todos estos bonitos pasajes del curso, no están hechos para que nos preguntemos, no demasiado, por ejemplo, en qué etapa estamos “nosotros” —ni dentro de nuestro propio proceso, supuesto “individual”, de ascensión “no-lineal”…, ni tampoco en comparación con otras personas. Esto no va de ninguna competición, ni es “contra” nosotros mismos, ni es “contra” otros. Por tanto, ni es algo lineal, ni podemos comparar, ni estamos luchando. Debemos cuidarnos de tener esa sensación de lucha. La lucha, entendida de la forma usual, refuerza el sistema del ego, es decir, refuerza el sufrimiento “global” y “eterno” que es o quiso ser el universo (cualquier “universo” (pues como sabemos, por ejemplo debido a bellas canalizaciones como la de Seth: ¡para colmo hay muchos “universos”!).

Empecemos. Las primeras tres etapas son de una aparente renuncia, dice Wapnick. ¡Y cuidado! Recordemos que la palabra ‘renuncia’ no significa lo que inmediatamente podríamos pensar. Recordemos que todo este trabajo se hace principalmente a nivel mental, en principio. Es en la mente donde está la causa —nuestros pensamientos— de lo que luego parecerá ser “el mundo externo”. Esto es justo al revés de lo que pensamos normalmente que es “la realidad”, en el “paradigma” oficial 🙂 . Y es que, como ya “sabréis”, el mundo es, o mejor dicho, se constituyó, precisamente como lo contrario a la verdad, como una especie de “infernal” reverso de la verdad.

Es decir, de entrada renunciamos a nuestro apego, a nivel mental: renunciamos a vernos como seres cuya valía depende de cosas que creímos que estaban fuera de nosotros (“tonterías” como el universo :), etc.).

Primera etapa: deshacimiento

La primera es un deshacer, una etapa de des-hacimiento [undoing], dice el Curso en su traducción, en el Manual.

El breve resumen que hace Wapnick, antes de comentarlo un poco más, es el siguiente:

Esto concierne a cómo experimentamos los cambios externos en el mundo. En este momento aún no sabemos que existe un estado interno —la mente— y, por ello, nos sentimos muy afectados por eventos externos, tal y como puedan ser la pérdida del trabajo, la guerra que se da en no sé dónde, la “crisis económica”, etc. Nuestra respuesta inmediata será, desde luego, experimentar estas situaciones como malas, dolorosas, y es esta percepción lo que requiere ser deshecho.

Recordemos la situación condenadamente idiota en la que estamos auto-educados: es esta una situación donde, según nos pasa “algo malo”, además, entonces, le añadimos automáticamente nuestro malestar emocional :): ¡como si eso solucionara algo! Hay una cantidad inmensa de energía corriendo en nuestras emociones; es literalmente “energía”, pero en el mejor de los sentidos, no en el sentido degradado de ‘energía’ en la física que hasta hace poco era “actual”: es energía “creadora”, “fabricadora”, “transductora”, “comunicadora” entre mundos, dimensiones… es pensamiento (aunque no se vea, es al parecer algo extraordinariamente poderoso, que lo tenemos delante de las narices y no queremos ver).

Cuando uno siente profundamente lo absurdo de la “situación” que acabamos de describir, tal y como creo que me pasó a mí en un momento dado, entonces el mundo deja de ser el mismo. Resulta absurdo, cuando uno lo siente claramente, ver hasta qué punto nos provocamos nosotros a nosotros mismos ese malestar emocional con las excusas de esas cosas tan “malas” que parecen suceder “fuera”. Esto nos ocurre porque no recordamos a cada instante que podemos elegir nuestros sentimientos, y nos hacemos daño aparente, día tras día (con ello, además, con tanta energía, en realidad estamos “invocando”, en el total ridículo de esta situación, invocamos, y con mucha fuerza, el mismo tipo de experiencia del cual nos quejamos, etc.).

Y sí, quizá esto ya lo habéis sentido como ridículo, pero así es el mundo. Y sin esta situación tan ridícula no habría mundo, sin esas reacciones-juicios.

Pensar sobre ello así, tal como lo hacemos, será algo que, como siempre, le resultaría demasiado simple al ego. Al “ego”, con su sistema de pensamiento, le gusta mucho emocionarse y re-emocionarse (hay muchísima “energía” ahí, de hecho, hay muchas dimensiones involucradas). Es decir, a ese sistema de pensamiento “ego” le gusta según parece ser alimentado por las emociones del miedo, que son en realidad y a la vez todas esas reacciones-juicios que nos desvalorizan de forma programada, según “nos ocurren” las cosas.

Pero nuestro verdadero ser no depende de nada de lo que parezca pasarnos. Nuestro “valor” está fuera de toda duda.

La Voz en esta parte del curso comienza así, en el apartado «A. Desarrollo de la confianza»:

«En primer lugar, tienen que pasar por lo que podría calificarse como un “período de des-hacimiento”. Ello no tiene por qué ser doloroso, aunque normalmente lo es. Durante ese período parece como si nos estuviesen quitando las cosas, y raramente se comprende en un principio que estamos simplemente reconociendo su falta de valor.»

Recordemos que “las cosas” están sujetas a nuestra forma usual de relacionarnos en el mundo, que incluye muchas relaciones especiales (con el mundo y en el mundo…, organizaciones, planeta, universo, instituciones, familias, gente, etc.), unas relaciones que nos hacen sentirnos especiales, diferentes (“peores”, “mejores”…). Todo ello ocurre en el marco del ego, cuyo sistema de pensamiento lo estamos alimentando con miedo —aunque no advirtamos este miedo. Por ejemplo, alimentamos con miedo el deseo de ser especiales, y con la excusa de todas esas cosas “tan buenas” o “malas” que hacemos en el mundo (o por ejemplo, en algunas de las ocasiones en que decimos con rotundidad: “obviamente nuestros hijos son lo primero”, etc.).

Por lo que vamos a traducir y citar ahora, de Wapnick, recordemos de nuevo que, en el marco del Curso, el “pecado” no existe, y ello por mucho que su consciencia, la consciencia de “pecado”, sea algo que cultivamos sin cesar por ejemplo con muchas de nuestras más simples “quejas”… o bien de forma digamos “más externa”, y muy importante, en sitios muy “laicos”: cárceles, etc. Y el mundo, “físicamente”, se basa en esta consciencia de “pecado” —ilusoria. El mundo se basa en ella en realidad, y de un modo muy profundo —como ya vamos dándonos cierta cuenta.

Sobre estas 3 frases de UCDM Wapnick dice más o menos esto (ya dije que, sobre todo al principio, voy a parafrasear y traducir, a la vez, sin distinguir, aparte de que pondré más notas con aclaraciones que para mucha gente, si se lee, sobrarían. Luego, iré traduciendo cada vez más literalmente, y sin tantas notas —quizá vaya  añadiendo más notas en sucesivas reediciones):

En el texto se explica que el Espíritu Santo [E.S.] no nos quita nuestras relaciones especiales, sino que las transforma cambiando su propósito. Las cosas del mundo siempre cambian: los cuerpos, el tiempo, los gobiernos… El ego interpreta frecuentemente estos cambios como pérdidas [deprivation]: como el justificado castigo por nuestros “pecados”. Seamos o no conscientes, esas percepciones están en nuestras mentes, y son ellas lo que necesita ser deshecho. Nuestra tarea, sin embargo, es simplemente la de mirar de forma diferente al mundo, y reconocer su inherente falta de valor.

El curso sigue:

«¿De qué otro modo se iba a poder percibir lo que no tiene valor, a no ser que el perceptor estuviese en una posición desde la que no puede sino ver las cosas de otra manera?»

Y Wapnick:

Se nos pide que miremos mediante los ojos del E.S. (o “Jesús”), en vez de mediante los ojos del ego. El E.S., nos conduce a la mente, donde observamos quién somos de una forma diferente, donde podemos replantearnos o volver a elegir quién verdaderamente somos. El ego nos ha hecho mirar fuera y hacer que lo que vemos sea real e importante. Por tanto, para el ego, algunas cosas se juzgan como valiosas, y otras como carentes de valor; y la felicidad se dará, para el ego, solo cuando tomemos lo valioso y lo sujetemos bien, cuando nos apeguemos bien a ello. El E.S. también nos ayuda a mirar fuera, pero solo como el medio de dirigir nuestra atención hacia dentro.

Así, reconocemos su falta de valor inherente pidiendo que se nos conduzca de nuevo a la mente, estando cada vez más dispuestos a entregar nuestra percepción, tal y como ella está siempre sometida, más o menos “inconscientemente”, a los apegos del ego, es decir, por ejemplo a esa maniobra emocional absurda de la que he hablado arriba.

Entregamos sin excepción nuestra percepción al E.S., para que se nos pueda mostrar de nuevo nuestra verdadera identidad, la cual hemos negado, y, finalmente, “huyendo”, hemos proyectando un mundo que ahora usaremos, con el E.S., para regresar a lo que somos.

El mundo, mente proyectada (mente dividida, separada, errada, etc.), es la fuente de nuestra falsa identidad, a la vez que el lugar donde podemos pedir, en una vida u otra, cada vez más consistentemente, más gozosamente, la disolución natural de esa falsa identidad.

Sigue el Curso:

«Aún no ha llegado al punto en el que puede efectuar el cambio interno totalmente. Por ello, el plan a veces requiere que se efectúen cambios en lo que parecen ser las circunstancias externas. Estos cambios son siempre beneficiosos [helpful].»

Y Wapnick:

Jesús dice: “lo que parecen ser las circunstancias externas” porque, en verdad, no hay circunstancias externas. De hecho, no hay nada externo porque:

«¡El mundo no existe! Este es el pensamiento básico que este curso se propone enseñar» (W.132.6:2-3).

Por tanto, lo que ha de cambiar es solo mi percepción, mis percepciones del mundo.

Aquellos cambios externos en las circunstancias son útiles o beneficiosos [helpful] solo en la medida en que sacan a la superficie aquello que antes yo no sabía que estaba ocurriendo en mi mente. De nuevo, esto no lo hace Dios, ni se supone que el E.S. está jugando con mi vida, configurando situaciones que sean difíciles, retadoras, dolorosas.

Yo soy el único que escribe mi guión, ya que soy yo quien cree en la ilusión. Todo lo que el E.S. “hace” es ser esa Presencia amorosa de la Expiación en mi mente, a través de la cual observo de una forma diferente mi vida. Si mi percepción es la de que se me están quitando cosas, puedo usarla como oportunidad para revisar la decisión mental que tomé: el haberme decidido en general por el ego. Lo que en realidad provoca la experiencia de pérdida y sacrificio es el haber tomado esta decisión. Reconociendo que tengo una mente, tengo una base para aprender que el mundo es:

«…la imagen externa de una condición interna». (T-21.in.1:5)

El cambio externo me ha permitido percatarme de la condición interna —la elección de mi mente, la de creer en el ego.

Sigue el Curso:

«Una vez que el maestro de Dios ha aprendido esto, pasa a la segunda fase.»

Cualquiera podría desanimarse con lo que acabamos de decir, pues ya solo la primera fase supone algo muy simple, y, como siempre, inaceptable para nosotros, aparentemente muy difícil. Pero… ¡recordad que esto no es un desarrollo lineal, que las fases se solapan, etc.! Esta es la advertencia que vuelve a hacer Wapnick.

Y sigue él:

El proceso, de una etapa a la siguiente, no es como atravesar una habitación, cerrar la puerta tras de ti, y encontrarse en un nuevo espacio. Jesús está describiendo el proceso de soltar el ego, de dejarlo ir, disolverse —el proceso de mirar al sistema de pensamiento del ego y decir: “yo ya no quiero esto más”. Con este objetivo, estamos comenzando a comprender que un cambio externo es útil —ya sea juzgado como positivo o como negativo. ¿Por qué útil? A causa de la oportunidad que nos ofrece para proyectar desde la mente, identificar la proyección, y ver así aquello de lo que previamente no nos percatábamos. Por tanto, no deberíamos pedir ayuda a Jesús con el propósito de arreglar una situación externa, sino solo para ayudarnos a mirarla de forma distinta.

Segunda etapa: selección

Pasamos ya a la siguiente etapa, el período de selección. El propio resumen sobre ello, el breve de Wapnick sobre lo que él mismo va a comentar ahora, es el siguiente:

La siguiente etapa acontece cuando empezamos a comprender que todo tiene la capacidad de ser útil, beneficioso, si lo miramos apropiadamente.
Esta etapa conlleva seleccionar:
— lo valioso de entre lo carente de valor (o insignificante, digamos),
— lo útil o beneficioso de entre lo inútil [unhelpful].
Aprendemos que:
lo carente de valor es todo aquello que nos mantenga aferrados al sueño,
y lo valioso es lo que ayude a terminar con nuestra identificación con el sueño; en particular, a acabar con nuestra identificación con la figura del sueño que llamamos “nosotros mismos”.

Empezamos pues a aceptar que soltar o dejar ir el especialismo del ego es algo beneficioso, y que aferrarse al mismo es algo dañino.

Y así comienza el siguiente párrafo del Curso:

«Ahora el maestro de Dios tiene que pasar por un “período de selección”. Este período es siempre bastante difícil, pues al haber aprendido que los cambios que se producen en su vida son siempre beneficiosos, tiene entonces que tomar todas sus decisiones sobre la base de si contribuyen a que el beneficio sea mayor o menor. Descubrirá que muchas cosas, si no la mayoría de las que antes valoraba, tan sólo obstruyen su capacidad para transferir lo que ha aprendido a las nuevas situaciones que se le presentan.»

Y dice Wapnick:

Este concepto de transferencia del entrenamiento es un tema clave en las primeras lecciones del libro de ejercicios, y el proceso se despliega como sigue: primero aplico lo que aprendí a una situación difícil y me doy cuenta de que ha tenido lugar algún cambio. Comienzo a comprender que lo que ocurrió resultó ser una auténtica bendición. Mientras que puede que no lo haya visto de ese modo al principio, ahora, reflexionando, siento que es una bendición porque me permite ver en mí mismo algo que yo antes no había notado que estaba ahí. Esto no quiere decir que haya que darle las gracias al E.S. por la forma de la situación, sino más bien estar agradecidos por la oportunidad de llevar la forma al contenido de la mente, y elegir ahora de forma distinta.

Hablemos un poco de la básica y simple distinción entre forma y contenido.

Todo instante es bueno para observarse juzgando, ya que siempre lo hacemos. Este observarse es en parte lo que se nos está pidiendo como “trabajo” en muchos “trabajos espirituales”: una vigilancia de nuestra mente —no una lucha, pues se nos está ayudando todo el rato en esta vigilancia.

Nos es muy fácil observar y enjuiciar, es decir, por ejemplo ver errores fuera. Pero, como estamos viendo, lo que habría que hacer es más bien, y más a menudo, observarse uno mismo —y, por tanto, pedir “otra percepción”— en aquellas situaciones donde por ejemplo “vemos claramente errores”.

Creemos estar a menudo “meramente observando” las situaciones, como observadores neutrales; pero no hay ni pensamientos neutrales ni por tanto cosas neutras, pues siempre estamos interpretando o bien con el ego, o bien con el E.S. Es decir, siempre estamos o bien juzgando, o bien perdonando, y no hay más; esto es lo que dice el Curso —lo que dice la Voz, Jesús, el E.S. o nuestro “Yo superior”… o como se quiera llamar.

Más bien, entonces, “hay que” observar cómo uno mismo siempre está introduciendo, por defecto, en el matraz del contenido-ego, la forma de la situación en cuestión (las circunstancias y los circunstantes…), para, con tal forma alimentar el contenido que hay en ese matraz, contenido que está deseoso de recibir formas para alimentar su fuego de odio (para seguir alimentando nuestra identidad especial, diferente, separada…).

Y, de la subsiguiente “reacción química” que fatídica y constantemente realiza nuestra mente apoyando al ego, resultan nuestros habituales humos y rayos proyectados, con sus correspondientes y electrificados juicios saliendo de los ojos del ego invidente.

Y por contra, en vez de toda esta operación que realizamos inconscientemente todo el rato, uno debe estar dispuesto a observarse en esta misma tarea, a observarse como mente apoyando al ego, al sistema de pensamiento del miedo. Esto vendría a ser prácticamente lo mismo que “entregarle al E.S. toda percepción” (llenar su matraz, el del amor), porque, si no eres tú-con-el-ego el que está observando, entonces quien observa ha de ser tú-con-el-E.S., con el E.S. y su matraz —y ello por tímidamente que lo parezca al principio.

Sigue Wapnick comentando sobre la transferencia:

Quiero ahora transferir lo que he aprendido a toda situación que afecte adversamente a mi paz: aquella que me excite y llene de júbilo, o aquella que me deprima y cause intranquilidad. Nada de esto es la paz de Dios. Mi meta es darme cuenta de que este proceso de generalización incluye todo: lo “bueno”, y lo “malo”; o cuando consigo lo que quiero, y cuando no lo consigo. Aprendo también que lo que no es beneficioso es la interpretación del ego de una situación o relación, mientras que la interpretación de Jesús definitivamente sí lo es. Ahora reconozco que puedo elegir entre las dos —lo valioso y lo carente de valor, pues leemos en lo que sigue (del párrafo de UCDM que ya hemos empezado):

«Puesto que ha valorado lo que en verdad no vale nada…»

Esta es una referencia a la lección del libro de ejercicios nº 133 —”no le daré valor a lo que no lo tiene”— en la que Jesús enseña que uno de los criterios más importantes para decidir de algo su valor o su falta de valor es si es eterno. Cualquier cosa que no perdure carece de valor, mientras que lo que sí lo hace, o lo que sea un reflejo de lo que sí perdura, es algo valioso. Esto elimina todo en el mundo, porque aquí nada perdura —el placer es fugaz, y el dolor solo cesa temporalmente, ya que siempre retorna de una forma u otra. No obstante, nos esforzamos continuamente en ir tras los regalos del mundo. Lo único que perdura aquí, y lo único que es por tanto valioso, es el perdón, que refleja el amor eterno y que lleva hacia él —esta es la base para lo que nos pide Jesús, el dedicarnos a lo eterno (T-19.I.16:1). En la segunda etapa, por tanto, comenzamos con el proceso de selección de lo valioso de entre lo carente de valor, reconociendo que toda situación en nuestras vidas es relevante para este proceder.

Sigue el curso:

«Puesto que ha valorado lo que en verdad no vale nada, no generalizará la lección por temor a lo que cree pueda perder o deba sacrificar.»

Y Wapnick:

Lo que más tememos es que perderemos nuestro yo [self]; tememos que este proceso de “seis etapas” de perdón suponga el sacrificio de nuestra identidad. Es imperativo comprender que esta pérdida del yo sucede solo al final de la escalera que estamos subiendo, cuando ya hemos decidido renunciar al ego. Lo que “perdemos” según subimos por los peldaños hacia “arriba” es: la culpa, el miedo, la ira, la depresión y el dolor. En el verdadero final, el yo por entero se disuelve, ya que la culpa que lo mantenía en su lugar se ha ido.
El ego tiene tanto miedo de nuestro ascenso por la escalera, que continuamente intenta mantenernos abajo, o, aún mejor, en su escalera. Esto nos indica por qué tan fácilmente caemos en guardar rencores, o en aferrarnos a las quejas, en consentir el amar u odiar de forma especial, o en desear nuestros miedos y preocupaciones, o en apreciar nuestra culpa. El ego nos alerta de que, si nos mantenemos en esta vía y subimos por la escalera con Jesús, no terminaremos en ningún lado, desapareciendo en el olvido. El miedo real del ego es, desde luego, que él es quien desaparecerá, puesto que, cuando tomamos la mano de Jesús, acabamos en “todo lugar”, en Todas-partes [Everywhere], gozosamente haciéndonos eco de esta encantadora línea en el libro de ejercicios (W.358.1:7):

«No dejes que olvide que mi ser no es nada, pero que mi Ser lo es todo.»

Y sigue el Curso:

«Se necesita haber aprendido mucho para poder llegar a entender que todas las cosas, acontecimientos, encuentros y circunstancias son provechosos [helpful]. Sólo en la medida en que son provechosos, deberá concedérseles algún grado de realidad en este mundo de ilusiones. La palabra “valor” no puede aplicarse a nada más.»

Y Wapnick:

A menudo en el texto Jesús habla sobre una “pequeña dosis de voluntad”, pero aquí dice que se requiere “haber aprendido mucho” para devenir un maestro avanzado y comprender que “todas las cosas, acontecimientos, encuentros y circunstancias” tienen el potencial de ayudarnos en nuestro viaje. De hecho, tienen valor solo en la medida en que nos hagan progresar en este proceso de dejar atrás nuestra creencia en intereses separados, avanzando así en el proceso de identificarnos más y más con el principio de intereses compartidos. Este tema es vital, y nuestra pequeña dosis de voluntad para reconocer su verdad es lo que señala el comienzo del viaje, permitiéndonos comenzar el proceso de generalizar nuestro aprendizaje a todas las situaciones y relaciones según vamos progresando. No obstante, solo estamos todavía en la segunda etapa, lo que significa que aún no somos capaces de evaluar correctamente todas las situaciones en términos de su potencial para ayudar o entorpecer nuestro progreso en el ascenso por la escalera —o incluso para sacarnos de ella. Lo que se hace evidente es sin embargo que no es el mundo lo que importa, sino la manera en que lo miramos.

Tercera etapa: renuncia

Así que vamos a por la tercera etapa, que el curso llamará de renuncia; y como siempre antes un muy breve resumen de Wapnick:

Este es el proceso real de soltar lo que no es beneficioso, y debido a nuestra necesidad de especialismo, se experimenta usualmente como doloroso y dificultoso.

El Curso:

«La tercera fase por la que el maestro de Dios tiene que pasar podría llamarse “un período de renuncia”. Si se interpreta esto como una renuncia a lo que es deseable, se generará un enorme conflicto.»

Wapnick:

Este es un punto crítico. En el cap. 2 del texto, Jesús habla de nuestra incomodidad cuando lo que hacemos está en conflicto con lo que queremos o deseamos (T-2.VI.5-6). Con otras palabras, haremos lo que creemos que es espiritualmente correcto —perdonar— pero realmente no queremos. Haremos lo correcto, sea lo que sea lo “correcto”, porque pensamos que es la voluntad de Jesús, cuando realmente nos oponemos a hacerlo. Seguiremos el libro de ejercicios porque, después de todo, es una parte integral del curso, y queremos demostrarnos a nosotros mismos y a los demás que somos buenos estudiantes, aunque en realidad no queremos abandonar al ego. En vez de eso, deseamos comernos el pastel del ego, el de la separación, y disfrutarlo, lo que significa que queremos ser espirituales, pero sin abandonar nuestros yoes especiales e individuales —queremos a Jesús en nuestros términos, no en los suyos. Ciertamente comprendemos en un nivel que nuestro especialismo es inherentemente no valioso, y queremos lo que sí es verdaderamente valioso; pero no obstante deseamos de corazón tener ambos. Ya que esto no es posible, el conflicto reina soberano.
Nuestro viaje consiste en día tras día practicar el pedir a Jesús ayuda para mirar al ego en todas las situaciones. Específicamente, esto suponge examinar cómo el ego quiere que nos sintamos injustamente tratados, o justificar nuestro estado de estar a la defensiva, o el ataque… o el ver intereses separados; con todo esto impide que nos demos cuenta de que somos parte de una sola familia. La familia puede estar loca, ciertamente, pero, no obstante, es una unidad, y cada miembro es tan importante como cualquier otro. Si no vemos esto de esta manera, no hacemos más que llevar culpa y conflicto a nuestra vía espiritual. Habremos hecho de este curso algo difícil, y le acusaremos de fallarnos, cuando en verdad no hemos hecho lo que se ha dicho. Jesús le dijo lo siguiente a Helen sobre esto mismo, cuando ella reclamaba que el curso no funcionaba:

«Te quejas de que este curso no es lo suficientemente específico para que puedas comprenderlo y usarlo. No obstante, ha sido muy específico, y tú no has hecho lo que especificamente se recomendaba. Este no es un curso para jugar con ideas, sino para su aplicación práctica. Nada puede haber más específico que decir, muy claramente, que si pides, recibirás.» (Absence from Felicity, p. 297)

Sigue el Curso:

«Son pocos los maestros de Dios que se escapan completamente de esta zozobra [distress

Y Wapnick:

Basado en las palabras que usa Jesús —algo difícil doloroso, zozobra o angustia— sabemos que esta no es una vía fácil. Mirar al propio ego es doloroso. No necesita serlo, pero nuestra tenacidad en aferrarnos a él, resistiéndonos a soltarlo, lo hace difícil, doloroso y angustioso. Y en estas tres primeras etapas Jesús nos informa de que él sabe que esto será difícil. No obstante, nos urge a continuar con él a través de la oscuridad, ya que su vía nos llevará a la luz.

Sigue el curso:

«No tiene ningún sentido, no obstante, separar lo que tiene valor, de lo que no lo tiene, a menos que se dé el paso que sigue naturalmente. Por lo tanto, el período de transición tiende a ser un período en el que el maestro de Dios se siente obligado a sacrificar sus propios intereses [his own best interests] en aras de la verdad. [nota de traducción: el sintagma ‘own best interests’, en concreto usado así: “my own best interests”, es traducido por la traductora del curso como “lo que más me conviene”, en la lección 24. Podemos “traducir”, entonces, el final de esta parte que acabamos de citar del manual, como: «el maestro de Dios se siente obligado a sacrificar en favor de la verdad lo que cree que más le conviene»]»

Y Wapnick:

En este período de transición [overlap] —indicando que estas etapas no están discretamente separadas, no son “lineales”— tendemos a creer que Jesús nos pide abandonar lo que necesitamos, lo que queremos y lo que somos. Ni que decir tiene que esto supone invertir completamente su mensaje para nosotros, no obstante, ya que creemos que nos pide sacrificar nuestros intereses en aras de la verdad, y estamos dispuestos a hacerlo. Así, sentimos el deber de dedicar nuestras vidas a ayudar a la gente, a estudiar este curso, o nos vemos abandonando nuestros trabajos, etc.  —y todo porque pensamos que esto es lo que Jesús quiere que hagamos. Y la verdad, sin embargo, es que Jesús no quiere que hagamos o que sacrifiquemos nada. No le importa lo que hacemos, sino solo lo que pensamos.

Siempre es necesario recordar que este es un curso sobre causas, no sobre efectos, y por ello enseña que sea lo que sea que hagamos a nivel de la conducta, ello debe venir del amor, en vez de la culpa. Solo cuida lo que está en nuestras mentes porque, viendo a través de la visión de Cristo, no ve nada más. ¿Cómo puede Jesús ver un mundo que no existe? El sí “ve” los pensamientos que hicieron el mundo, y es eso lo que nos pide que cambiemos, con su ayuda. No puede cambiar nuestra mente por nosotros, aunque no obstante espera pacientemente a que hagamos la elección correcta, y su paciencia es infinita.

Sigue el curso:

«Todavía no se ha dado cuenta de cuán absolutamente imposible sería una exigencia así»

Y Wapnick:

El sacrificio es algo totalmente desconocido en el Cielo, puesto que es una noción conocida solo para el dios del ego y su versión de la verdad. Hace de la pérdida algo real, puesto que declara que hay un problema real de pecado, por el que se debe expiar. La verdad, sin embargo, es que no hay ningún problema que se deba expiar puesto que no ha ocurrido nada —”no se perdió ni una sola nota del himno celestial” (T-26.V.5:4). Nada cambió —Dios permanece siendo Dios; la Unidad permanece Una. Aunque podemos pensar que el ego tiene el poder de hacer del pensamiento perfecto algo imperfecto, el significado de la Expiación es que no puede. Dios y Su Hijo son uno, y ninguno ha de ser sacrificado por el Otro:

«Sólo un instante ha transcurrido entre la eternidad y lo intemporal. Y fue tan fugaz, que no hubo interrupción alguna en la continuidad o en los pensamientos que están eternamente unidos cual uno solo. Jamás ocurrió nada que perturbase la paz de Dios el Padre ni la del Hijo.» (W.234.1:2-4)

Puesto que no exigimos sacrificio de nada, pues no había nada de lo que se pudiera pedir eso, es imposible que se nos exija a nosotros.

Y sigue el Curso:

«Esto sólo lo puede aprender a medida que renuncia realmente a lo que no tiene valor.»

Y Wapnick:

A medida que continúas con tu práctica, llegas a reconocer que, las cosas que ves que estás abandonando, no son realmente nada, pues aquí nada tiene ningún valor. Según dice Jesús, al describir el mundo real, despertarás una mañana y te darás cuenta “con feliz asombro, que a cambio de todo esto renunciaste a lo que no era nada” (T-16.VI.11:4). Al final de la escalera realmente nos damos cuenta de esto, y de que no hubo pérdida. Para alcanzar este estado, Jesús nos pide mirar a lo que valoramos en el mundo, cuestionando si esto es lo que realmente queremos. Somos los únicos que podemos quitar los regalos de sacrificio del ego, porque los pusimos nosotros en nuestras manos en primer lugar. Jesús nos pide que veamos estos regalos como lo que son: las ofertas miserables del ego que nunca nos darán paz.

Sigue el curso:

«Mediante esa renuncia [abandonando lo que carece de valor], aprende que donde esperaba aflicción, encuentra en su lugar una feliz despreocupación [happy lightheartedness]; donde pensaba que se le pedía algo, se encuentra agraciado con un regalo.»

Sigue Wapnick:

Con esto nos deslizamos a la cuarta etapa. Estamos aprendiendo que no se nos pide abandonar nada de valor —solo lo que nos hace daño. La situación es análoga a cuando un padre quita las tijeras de las manos de un bebé (T-4.II.5:2), quien, atraído por sus brillos y movimientos, llora porque quiere su “juguete”, y siente que se le pide sacrificar su felicidad. Solo cuando el niño sea mayor es cuando se dará cuenta de que se le pedía abandonar lo que le dañaba. De forma similar, todos somos los hermanitos y hermanitas consentidos de Jesús, exigiendo lo que queremos y cuándo lo queremos. Por tanto, experimentamos que nos está arrebatando nuestra felicidad. No obstante, en verdad, no nos quita nada, sino que pacientemente espera a que nos demos cuenta por nosotros mismos de que lo que queremos no es beneficioso [helpful]. Cuando somos capaces —¡voluntariamente!— de soltar lo que nos hiere —nuestra culpa y proyecciones— hemos alcanzado la cuarta etapa.

Cuarta etapa: asentamiento

El pequeño resumen previo de Wapnick:

Una vez renunciamos a lo que no es beneficioso, entramos en la cuarta etapa; un estado de paz razonable, un periodo de asentamiento. Esto conlleva darnos cuenta de que nos sentimos mejor cuando dejamos ir o soltamos al ego, lo que significa soltar nuestra historia de victimización y la actitud de encontrar faltas con todo y en todos. La tentación, en este estado, es dormirse en los propios laureles y pensar que el viaje ya está hecho, y que hemos alcanzado la meta de UCDM.

El curso dice:

«Ahora llega “un período de asentamiento”. Es éste un período de reposo, en el que el maestro de Dios descansa razonablemente en paz por un tiempo. Ahora consolida su aprendizaje. Ahora comienza a ver el valor de transferir lo que ha aprendido de unas situaciones a otras.»

Y dice Wapnick:

Notemos el adjetivo: ‘razonable’. Al final —en la etapa final— Jesús habla sobre paz real. En esta etapa, solo es una paz razonable. No obstante, esto no significa que nuestra paz no sea auténtica; simplemente no es lo que pensábamos que era. Anteriormente, hubo un período de confusión y lucha. Ahora, todo está tranquilo porque nos damos cuenta de que nos aferrábamos a nada. Hay todavía una sensación de “ser uno mismo” [self] —un “yo” [“I”]— pero hemos aprendido el valor de soltar la culpa, el juicio y el especialismo. Nos damos cuenta de cuánto mejor nos sentimos cuando perdonamos, y comprendemos que nos sentiremos incluso mejor cuando perdonemos no solo a individuos seleccionados, sino a todo el mundo. Es más, ya no consideraremos que la gente tiene el poder de atraparnos, aprisionarnos o victimizarnos, ya que nadie tiene el poder de provocarnos dolor o de quitarnos la paz. Por tanto, podemos ir a cualquier sitio con cualquiera y estar en paz. Mientras que aún no hemos alcanzado el estado de darnos cuenta de que somos uno, estamos ya lo suficientemente avanzados como para darnos cuenta de que todos tenemos la misma mente errada, la misma mente correcta y tomador de decisiones, reconociendo el “valor de transferencia” de nuestro aprendizaje. Aunque nuestra creencia en el yo [self] permanece, ahora, sin embargo, y agradecidamente, ya no somos por más tiempo el niño ignorante [unknowing child] que comenzó el viaje.

Sigue la Voz:

«El potencial de lo que ha aprendido es literalmente asombroso, y el maestro de Dios ha llegado a un punto en su progreso desde el que puede ver que en dicho aprendizaje radica su escape. “Renuncia a lo que no quieres y quédate con lo que sí quieres.” ¡Qué simple es lo obvio! ¡Y qué fácil!»

Y Wapnick:

No queremos nuestras quejas y juicios, y sí el perdón. Esto no es ya conflictivo una vez que reconocemos que mantener las quejas es doloroso. No obstante, mientras nos definamos por el especialismo, creeremos que se nos pide sacrificar el yo [self].

Sigue Jesús:

«El maestro de Dios necesita este período de respiro. Todavía no ha llegado tan lejos como cree.»

Y Wapnick:

Este es uno de los factores que distingue UCDM de muchas vías espirituales. Esto no consiste en vivir más feliz en el sueño, sino en despertar del sueño por completo; no consiste en permanecer confortablemente en el medio de la escalera, sino de alcanzar el final, y más allá.

El curso:

«Mas cuando esté listo para seguir adelante, marcharán a su lado compañeros poderosos. Ahora descansa por un rato, y los convoca antes de proseguir. A partir de ahí ya no seguirá adelante solo.»

Wapnick:

Los “compañeros poderosos” de los que habla Jesús son símbolos o pensamientos. En el texto, él habla de la importancia de tomar su mano en el viaje, y de caminar con él. Él es, pues, un compañero poderoso, así como lo son todos los pensamientos y recuerdos de nuestras experiencias positivas, cuando abandonamos el ego. Son como monedas en el banco que nunca retiramos; siempre ahí cuando las necesitamos. Cuando nos tienta quejarnos de algo, o juzgar, seguros de tener razón, necesitamos volver a pensar en esos “compañeros poderosos” —en los recuerdos de lo bien que nos sentimos cuando soltamos los pensamientos de ataque. Este es el asunto, en esta parte.

Quinta etapa: inestabilidad

El breve resumen previo de Wapnick dice:

Comenzamos a darnos cuenta, sin embargo, de que no hemos acabado, pues estamos en algún lado antes del final de la escalera. No obstante, ya no estamos tampoco abajo del todo, porque hemos caído en la cuenta de que nunca supimos realmente la diferencia entre lo que es valioso y lo que no lo es. Aprender esto es “la cruz” de este período de inestabilidad, el quinto. Nunca hasta ahora habíamos visto tan bien cuánto apreciamos esta auto-identidad, pensando que nosotros perdonamos, que nosotros pedimos ayuda al E.S., nosotros somos este cuerpo, y nosotros somos aquellos a través de los cuales el amor de Jesús actúa. Repentinamente, comenzamos a darnos cuenta de que UCDM no va de reforzar nuestro sentido del sí-mismo [self], o de convertirse en una persona más feliz. Reconocemos, en vez de eso, que este es un curso sobre percatarse de que no somos realmente un yo [self], en absoluto, y de que la persona que pensábamos que éramos es algo que inherentemente carece de valor. Aprendemos que lo realmente valioso es continuar con el proceso que nos ayuda a soltar nuestros egos individuales, lo cual conlleva soltar todo juicio.

El curso:

«La siguiente fase es ciertamente un “período de inestabilidad”. El maestro de Dios debe entender ahora que en realidad no sabía distinguir entre lo que tiene valor y lo que no lo tiene.»

Wapnick:

Ya no estás en el peldaño inferior de la escalera, sino bien adelante en el camino. No obstante, en esta fase del viaje al Cielo, parece caer sobre ti todo el peso del infierno. Esto es lo que los místicos cristianos llamaron “noche oscura del alma”, que, en el proceso del Curso, sucede cuando repentinamente te das cuenta de lo que realmente está diciendo Jesús. El “tú” al que se dirige no es el “tú” que ves cada mañana en tu espejo del baño, no es el tú que lee y practica sus palabras, no es el “yo” que se pensó como ya perdonado y pacífico. El objeto de la enseñanza de Jesús no es pues un individuo específico, sino la parte de la mente que decide y que eligió erróneamente, y que ahora puede elegir al Espíritu Santo.
Los maestros de Dios que aprendieron el valor del perdón reconocen ahora que lo que Jesús quería decir es algo mucho más profundo de lo que originalmente pensaban. El proceso no termina simplemente perdonando a otro. Lo que nos despierta del sueño y nos devuelve a casa es el darnos cuenta de que la razón de que no hubiera nada que perdonar, puesto que no se nos hizo nada, es que no hay ningún “nosotros”. Este es el paso final en nuestro aprendizaje. Integramos nuestra comprensión de la diferencia entre lo valioso y lo carente de valor dándonos cuenta de que nuestro yo es algo inherentemente sin valor. Incluso cuando es pacífico, perdonador, amable, manso, aún es un “yo”, y, por tanto, no tiene verdadero valor.
Esta etapa, esencial en el viaje, da cuenta en gran medida de la extrema dificultad que tienen los estudiantes con este curso. Tenemos presentimientos de que la ausencia de “sentimiento de yo” [selflessness] es su meta, incluso aunque aún pueda quedarnos un largo camino por recorrer. Es por tanto importante que nos recordemos repetidamente que no perdemos nuestro yo según viajamos, sino que simplemente nos sentimos más felices y pacíficos, menos ansiosos, enfadados y temerosos. En un cierto punto, sin embargo, llegamos a darnos cuenta de que el proceso de diferenciar lo valioso de lo no valioso nos conduce a esta etapa, la del reconocimiento de que no hay un “nosotros”.

El curso:

«Lo único que ha aprendido hasta ahora es que no desea lo que no tiene valor y que sí desea lo que lo tiene. Su propio proceso de selección, no obstante, no le sirvió para enseñarle la diferencia. La idea de sacrificio, tan fundamental en su sistema de pensamiento, imposibilitó el que pudiese discernir. Pensó que había aprendido a estar dispuesto, pero ahora se da cuenta de que no sabe para qué sirve estar dispuesto.»

Wapnick:

Todo esto consiste pues en retornar al punto de elección original en nuestras mentes y en decirle ahí, al E.S.: “Tú tienes razón y yo no. Elegí al maestro que hizo real la separación con respecto a mi Creador y Fuente, y, así, que hizo real mi yo individual y especial”. Nuestra práctica de perdón, dándonos cuenta de que compartimos el mismo interés y meta, nos ha llevado al punto donde comenzamos a mirar al primer —y único— error, y nos percatamos de que al final no existe un “yo”. Así, aprendemos que la disposición o voluntad que se nos pide no está limitada a abandonar las quejas, las reclamaciones, y el especialismo, sino que incluye soltar lo que habíamos creído que era nuestro “yo”:

«Lo que piensas que eres es una creencia que debe ser erradicada.» (W-91.6:7)

En este sentido, yo y el Curso somos uno; yo y la fuente del Curso somos uno. No obstante, a mi ego todavía le tienta ver mi viaje con Jesús como un sacrificio —”voy a perder mi identidad”.

Y sigue el curso:

«Ahora tiene que alcanzar un estado que puede permanecer fuera de su alcance por mucho, mucho tiempo.»

Wapnick:

Cuidado con aquellos que te digan que este curso es fácil y que están en el mundo real. Mientras que Jesús dice que el perdón lleva solo un instante, también dice que puede tomar “mucho, mucho tiempo”. No tendría por qué ser así —recordemos que el tiempo es una ilusión— pero nuestra resistencia a perder este yo nos impide avanzar rápidamente.

El Curso:

«Tiene que aprender a dejar de lado todo juicio, y a preguntarse en toda circunstancia qué es lo que realmente quiere.»

Wapnick:

Nuestro juicio más importante llega dejando de lado la creencia de que existimos. Realmente todos queremos volver a casa, aunque esto es imposible hacerlo sobre los hombros de nuestra individualidad. Mientras dicho yo separado nos lleve con él en el viaje, no nos permitirá pasar a través de las puertas del Cielo. De acuerdo con esto, en cierto punto, debemos darnos cuenta de que precisamente este yo es el obstáculo. Así, mientras que es esencial cambiar desde un yo con una mente errada, a un yo con una mente corregida, la meta última —lo único que nos da verdadera felicidad— es recordar que somos un Yo no-físico, no especial.

El curso:

«De no ser porque cada uno de los pasos en esta dirección está tan fuertemente reforzado, ¡cuán difícil
sería darlos»

Wapnick:

Cada momento en que avanzamos por la escalera nos sentimos mejor —el refuerzo positivo que nos ayuda a continuar— puesto que nos identificamos menos con la meta del ego de especialismo, y más con la de Jesús de unidad.

Sexta etapa: realización

El breve resumen de Wapnick:

Cuando finalmente soltamos nuestra identificación con el ego, estamos al final de la escalera —alcanzamos el mundo real y la última etapa, un período de logro [pero aquí, en vez de logro, mejor diremos “realización”, así que aquí va una nota de traducción: achievement, es la palabra en inglés, que además va en singular, y en la bonita traducción oficial al español se tradujo por “logros”, en plural, no sé por qué. Así que tanto en el manual como en el comentario de Wapnick achievement [realización, logro] va en singular, y parece más lógico decir eso: “realización”, por resonancia, creo, con un uso supongo que viejo, de esta palabra, cuando se dice por ejemplo que un “sabio” está “realizado”, ha logrado “realizarse”. Ahora sigue Wapnick]. En este punto, las restantes nueve características de los maestros de Dios son nuestras, y la confianza es segura.

El curso:

«Finalmente llega un “período de realización”. Ahora es cuando se consolida su aprendizaje. Lo que antes se consideraban simples sombras, se han convertido ahora en ganancias sustanciales, con las que puede contar en cualquier “emergencia”, así como también en los períodos de calma.»

Wapnick:

Hemos llegado al final de la escalera, habiendo aprendido las lecciones que dicen que no solo todos compartimos los mismos intereses, sino que todos compartimos el mismo Yo [Self]. En La Canción de la oración, Jesús dice que la escalera de la oración termina cuando nos damos cuenta, no solo de que nosotros y nuestros hermanos caminamos juntos, sino de que nosotros y nuestros hermanos somos uno. Este paso final consolida nuestro aprendizaje y la resolución definitiva del tema de los intereses compartidos —el interés que cada uno de nosotros comparte en recordar que:

«Soy un solo Ser, unido a mi Creador, uno con cada aspecto de la creación, dotado de una paz y un poder infinitos.» (W-95.11:2)

Debido a que ya no percibimos diferencias en la Filiación, estamos fuera del sueño del ego de separación y en el mundo real. Desde ahí, todas las cosas mundanas se ven como la misma —lo bueno y lo malo, el amor especial y el odio especial, el éxito o el fracaso— puesto que comparten el solo propósito de reforzar la creencia en el yo y glorificar su realidad. Y así, todas las situaciones están relacionadas de la misma manera, ya que reconocemos o admitimos que, inherentemente, ninguna ilusión puede afectar nada.

Sigue el curso:

«En efecto, el resultado de esas ganancias no es otro que la tranquilidad: el fruto de un aprendizaje honesto, de un pensamiento congruente y de una transferencia plena.»

Wapnick:

Comprender que compartimos el mismo Yo [Self], es lo que Jesús quiere decir con “aprendizaje honesto”, que es el proceso de cristalización de dicha comprensión. Todo pensamiento deviene consistente, ya que todo, en el sistema de pensamiento del E.S., es aceptado como uno. Si la separación nunca ocurrió, todos tenemos una sola y la misma necesidad: recordar nuestra unidad como Cristo. Esta es la “transferencia plena” donde hemos aprendido que nunca está justificado percibir diferencias. El resultado feliz de la paz perfecta nos permite ser vistos en el mundo como un cuerpo, mientras que al mismo tiempo sabemos que no estamos aquí —como a Jesús ocurrió cuando su cuerpo apareció, aunque su yo permanecía fuera del sueño.

Sigue el curso:

Ésta es la fase de la verdadera paz, pues aquí se refleja  plenamente el estado celestial.

Wapnick:

Este estado de verdadera paz contrasta con el de la paz razonable de la cuarta etapa. No está más que supeditado a sí mismo. El yo separado —el hogar y fuente del conflicto— ya no está, puesto que nos hemos convertido en la reflexión plena de la Unidad y el Amor del Cielo. Somos aún conscientes del sueño, pero nuestra identidad ya no está en el yo físico o psicológico que el mundo ve, puesto que somos un Yo.

Curso:

«A partir de ahí, el camino al Cielo está libre y despejado y no presenta ninguna dificultad. En realidad, ya está aquí. ¿Quién iba a querer ir a ninguna otra parte, si ya goza de absoluta paz? ¿Y quién querría cambiar su tranquilidad por algo más deseable? ¿Qué podría ser más deseable?»

Wapnick:

Cuando alcanzamos el final, la escalera desaparece y estamos en casa. Como parte de la Unidad de Dios, dijimos, en nuestro estado ilusorio, que Su paz y su Amor no eran suficientes —quisimos algo más que todo, estar más que en todas partes, ser un yo mayor que el Yo de Cristo. Así, retornamos al comienzo cuando hicimos tales declaraciones locas, mirando lo que elegimos y percatándonos de nuestro error. La decisión por la individualidad fue el origen del error, y el yo separado viajó rápido en el descenso de la escalera hacia un mundo de especialismo. Fue este mismo yo, sin embargo, quien eligió la corrección, permitiéndose así ascender por la escalera y desaparecer en el Corazón que nunca abandonó. Jesús nos pide pues que consideremos por qué quisimos nada que no fuera ser con nuestro Creador y Fuente, parte de Su viviente y amorosa Unidad.

Paz y amor

___
* Es el comentario de Wapnick en uno de sus textos publicados a raíz de sus múltiples “conferencias”, y titulado Journey Through the Manual of A Course in Miracles

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3 Respuestas a “«Desarrollo de la confianza». Las 6 etapas del desarrollo de la confianza. Un Curso de milagros – UCDM (Wapnick y su comentario)

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  1. gracias..Me encanto…. (quinto ultimo fragmanto) Comprender que compartimos el mismo Yo [Self], es lo que Jesús quiere decir con “aprendizaje honesto”, que es el proceso de cristalización de dicha comprensión. Todo pensamiento deviene consistente, ya que todo, en el sistema de pensamiento del E.S., es aceptado como uno. Si la separación nunca ocurrió, todos tenemos una sola y la misma necesidad: recordar nuestra unidad como Cristo. Esta es la “transferencia plena” donde hemos aprendido que nunca está justificado percibir diferencias. El resultado feliz de la paz perfecta nos permite ser vistos en el mundo como un cuerpo, mientras que al mismo tiempo sabemos que no estamos aquí ………………………………………(—como a Jesús ocurrió cuando su cuerpo apareció, aunque su yo permanecía fuera del sueño.) esta parte….la podrias aclarar un poco mas…….por favor????

    • gracias;
      vale, hablemos de ella, pero podrías decir algo más(?); es decir, si puedes, comenta qué es lo que no se entiende o molesta en concreto en esa parte… y ya mañana comento, que ahora me tengo que ir.

  2. Archivo aquí:

    — una cita de Wapnick sobre los altibajos y el proceso doloroso de deshacer el ego (deshacer la batalla ficticia entre el ego y el perdón tiene una de cal y otra de arena, como dice por aquí Wapnick)

    — también sobre ver conflicto en los deportes

    — una precisión que de nuevo me hago a mí mismo, sobre “culpa” y “pecado”, y que archivo aquí

    «Recuerda que este no es un camino de luz y dulzura, ya que la ansiedad respecto a perder nuestra individualidad hace que en el proceso del perdón haya muchos altibajos. Cuatro de las seis etapas en el desarrollo de la confianza que se discuten en el manual para maestros son descritas como dolorosas (M-4.I-A.3,4,5,7), mientras que en una de las secciones principales sobre relaciones especiales en el texto leemos que “cuando se examina la relación especial, es necesario antes que nada, darse cuenta de que comporta mucho dolor (T-16.V.1:1).»
    (Wapnick, The Journey Home, 57)

    «Remember, this is not a path of sweetness and light, for our anxiety over losing our individuality causes the process of forgiveness to have many ups and downs. Four of the six stages in the development of trust discussed in the manual for teachers are described as being painful (M-4.I-A.3,4,5,7), while in one of the central sections on special relationships in the text, we are told that “In looking at the special relationship, it is necessary first to realize that it involves a great amount of pain” (T-16.V.1:1).»

    ___
    Ver conflicto en los deportes (fútbol, etc.) para con ello “alimentar separación”; otra cita de Wapnick:

    «Desde la perspectiva del ego, la paz es aburrida, pero el conflicto es excitante, y una parte de nosotros se ve enormemente atraída por el conflicto. Basta con ver qué son los partidos de fútbol, de baloncesto o de cualquier otro deporte que nos atraiga de forma similar, pues ahí todo es competición y conflicto.
    » Cuanto mayor es el conflicto, la batalla y la lucha, más intenso será el punto álgido en la experiencia del ego.
    » A los participantes y a nosotros, los millones y millones de espectadores, nos gusta esto, porque alimenta la idea de que la separación es real, y de que el conflicto con los demás es real y deseable. Esto se convierte entonces en un disfraz para el conflicto real y para esa separación en que consiste en realidad nuestra oposición interior a Dios.
    » Manteniendo este conflicto afuera, en el mundo, ya no tenemos que tratar con él en nuestras mentes, donde permanece enterrado. Así, la paz nos trae al recuerdo algo que en realidad intentamos olvidar de forma desesperada, mientras que el conflicto, visto afuera, nos protege de mirar el conflicto interior con Dios, del cual el ego nos dijo y nos dice que nos destruiría.»
    Wapnick, The Journey Home, 57-58

    _____
    Comentario:

    una precisión que de nuevo me hago a mí mismo y archivo aquí :

    la culpa es simplemente la experiencia PSICOLÓGICA del “pecado”.

    El pecado es pues el asunto clave y “psicológico” también. Nos sirve para pensar y deshacer todos estos “problemas” que creemos tener en el mundo, relativos en realidad a la consciencia de pecado.

    Al experimentar culpa, hacemos real el pecado. Como estos cuerpos surgieron como defensa ante la experiencia de culpa, creer en la realidad de los cuerpos y de lo que éstos hacen consigue hacer real el pecado en nuestra mente.

    Y recordemos que el pecado, todo pecado, es simplemente una CREENCIA, la creencia en la separación.

    Lo importante es que la culpa es INDIRECTAMENTE sentida en el cuerpo. Es una proyección que la mente se hace a sí misma en su diálogo absurdo, mediante estos universos y vehículos corporales, como siempre.

    Así que la culpa es una experiencia en la mente, proyectada si acaso en los cuerpos del mundo, donde podemos “verla”, y decirnos frases que nos “terapeutizan” :
    como la de “la enfermedad como camino”…
    …y así someternos a terapias varias para tener con nosotros mismos gestos de amor… o bien en general simplemente podemos “perdonar toda percepción” (ho’oponopono, Un Curso de milagros……).

    Así que la culpa es “psicológica”, claro está, y la podemos sencillamente evitar eligiendo “la otra cosa” en la mente (cosa demasiado simple para el ego).

    La culpa no tiene que ver con cuerpos, así como tampoco la enfermedad tiene que ver con cuerpos. Los cuerpos son el dedo que apunta a la luna de la culpa, en la mente, claro.

    Y por eso los posibles efectos “curativos”, automáticos y a veces rápidos, que son también posibles con los milagros que rápidamente tengan consecuencias visibles, claro.

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