«El lenguaje del amor», por Seth (lenguaje que nada tiene que ver con palabras). La abstracción de la humanidad y la evolución técnico-corporal (?)   Leave a comment

«Love, Psychic: I guess sometimes you need to be psychic to stay in love.»
Dennis Mojado

(Atención:
El texto que es el principal “tema” de este artículo (el texto de Seth que va al final) lo he vuelto a traducir cinco años después, en 2017, pues estoy realizando la traducción o revisión completa de este y otros libros de Seth.
Ver el índice de Seth en esta web; en ese índice se podrá descargar el pdf del libro entero, y se pueden encontrar los enlaces a los audios con la lectura grabada de los capítulos de muchos libros de Seth, aparte de los de La naturaleza de la psique).

Añado esto, con perdón, al ya largo y pesado título de arriba:

«¿La “nueva era” como “nueva” etapa de concretización del sistema-Tierra?
Seth hablando de devenir…, y de las maravillas tentadoras de la imaginación y del ego, en el universo que proyectamos como sueño colectivo-individual (aunque en realidad, ¡”solo” somos uno! 🙂 )

Quizá este sea el libro más bonito, breve y variado de Seth, por lo que voy viendo: «La naturaleza de la psique» o “NP” (The Nature of the Psyche). Abajo traduciremos el capítulo llamado El lenguaje del amor.

Este texto va a ser de “esparcimiento”, de entretenimiento, pues, por ejemplo, mirad la inquietante cita que extraigo del texto abajo traducido, sobre «el lenguaje del amor»:

«Es fácil deciros que esta gente podía identificarse, por ejemplo, con los árboles, pero es una cosa completamente diferente intentar explicaros cómo podría ser, para una madre, devenir de tal modo parte del árbol bajo el cual sus niños jugaban, que ella podía seguirles la pista desde el punto de vista del árbol aunque estuviera muy lejos.»

Índice:

Una larga introducción:

1. De un esquema lineal útil sobre la consciencia
2. Sobre el esquema, usando el par de conceptos “concreto” y “abstracto”, “de” Gilbert Simondon
3. Repasar y repasar… para resonar con estos mini-egos 🙂 (Seth…) que serían quizá un poco menos “egos de este planeta” (pues no tienen ya tanto invertido aquí, tanto “apego” a esto (cuerpos, etc.))

– Traducción de Seth: El lenguaje del amor. Las imágenes y el nacimiento de las palabras.

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Introducción

1. De un esquema lineal útil sobre la consciencia

Entre otras cosas, lo que expone Seth en este capítulo, es un esquema digamos “evolucionista lineal”, todavía, o, diría más bien, eso podría parecernos. Sería un esquema de la consciencia humana, o de la humanidad en general (entendiendo que en todo “manda” la consciencia, la mente, que no hay nada no-consciente en el universo).

Esto es así porque Seth plantea una especie de arquetipo válido para pensarnos, o para pensar en cierto tipo de “humano” dentro de nuestros “ancestros” (al estilo quizá, a grandes rasgos, de la película “avatar”), uno que hubiera tenido una relación más directa, inmediata, con el resto de seres vivos (e “inertes”), y una percepción aún no tan “dura”, no tan fija (no tan “objetiva”). Seth mismo nos ha dicho que no pensemos en esquemas lineales, pues en varias otras partes de sus textos descarta que tenga validez cualquier tipo de linealidad temporal (de hecho, por UCDM, “sabemos” que estamos colapsando gozosamente el tiempo, en todas las dimensiones, reuniéndonos).

2. Sobre el esquema, usando el par de conceptos “concreto” y “abstracto”, según Simondon

Ahora explicamos algo sobre qué queremos decir quizás con ‘concreto’ y con ‘abstracto’, en una especie de “tecnología” cósmica de los ciclos del alma de la que vamos a hablar. Stiegler, aparte de Simondon, es otro “pensador” que actualmente, sin hablar del “alma” o la psique, tal y como aquí hablamos (pues todo “problema” es espiritual en el fondo), también habla parecido al modo global en que intentaremos hablar abajo: habla sobre el devenir de la humanidad sobre la Tierra respecto a la “relación tecnológica”, que de cierto modo —parcialmente— es una relación “constituyente” de nuestro “ser” como “ego”, nuestro ser como enfoque de la mente en lo físico).

Es como si el universo “madurara” separando, endureciendo, la percepción de los seres que lo están proyectando via los vehículos corporales (que son “máquinas”, en un sentido biológico-cósmico de “máquina”, máquinas de separación, focalización y refocalización (en ciclos), por así decirlo, de la consciencia).

Nuestra percepción se ha objetivizado, digamos, se ha hecho abstracta, se ha abstraído de su medio, siendo “antes” (arquetípicamente, pues no existe el antes ni el después, en realidad), siendo “antes” más concreta por estar más directamente involucrada en el medio que por otra parte es proyectado por ella misma —un medio, digamos, con “muchas sinergias”.

Así, puede parecer sencillo ver qué es lo que queremos decir con esto. Ahora, en el lenguaje de Simondon, esto se aplicaba a la evolución técnica. Sobre este “filósofo” genial y muy práctico, que en vida tuvo unas inspiraciones en parte algo “sethianas”, hablábamos brevemente hace poco.

La evolución de la técnica se daría de estados más abstractos a más concretos. El proceso es de concretización, donde “lo técnico” es como si también añadiera ciertos elementos del medio ambiente a su funcionamiento, “compactando” al mismo tiempo los aparatos, en el siguiente sentido.

Un estado más abstracto, de un motor por ejemplo, es uno donde las piezas actúan entre sí de forma menos cohesionada que en un estado más concreto. Es decir, diciéndolo muy rápido, solo para hacernos una idea: si se rompe una, pueden romperse todas las otras, que “no se enteran”, en vez de simplemente pararse el motor (en un motor perfectamente concreto). Así, en su funcionamiento es como si las piezas no tuvieran noticia “viva” de la relación superior a la que sirven; es decir, es como si casi no estuviera incorporada la relación global que es el motor (funcionar para arrastrar un carro-coche), en el funcionamiento de cada pieza respecto a las otras, digamos. No se ha dado, pues, y como por arte de magia (que es lo que ocurre en la evolución técnica, una especie de magia de la concretización), no se ha hecho aún, un medio envolvente para la función global, no hay una individuación envolvente para la función del motor, que sería en este caso abstracta.

En un estado muy concreto, pues, las piezas pararían el motor, no habría tanto desperfecto.

La evolución técnica, entonces, mágicamente, va hacia estados más concretos, aunque nosotros no hagamos por ello más que mirar con imaginación y no entorpecer ésta en su aplicación, en el proceso de plasmación de la inventiva técnica. El propio devenir individuante de la relación jerárquica entre las funciones, en relación con la consciencia humana despierta que las mira y somete a propósitos unificadores… provoca tal proceso técnico de concretización.

Pero, normalmente, los imperativos económico-sociales (de “control, “succión” y proliferación de las masas humanas”) impiden una verdadera y rápida materialización de la creatividad que ya existe, infinitamente, en relación a todo el mundo tecnológico: hay muchas patentes elementales, básicas, paradas, controladas y “olvidadas” a propósito en el terreno de la “energía libre”…, o hay al parecer bicicletas con sistemas muchísimo más efectivos de palancas, y un larguísimo etc. de recursos.

Entonces, volviendo a lo del motor, es como si la función superior del motor (actuar como un todo hacia la consecución de un fin único y claro) llamara a la reorganización (concretización) de las piezas, y quizás a sumar algún elemento del medio (aire, etc.), de forma sinergética, virtuosa, para actuar en pro de la función del todo global, en un proceso de cohesión funcional sinergética que llamamos “concretización técnica”.

Entonces, en el caso de nuestros cuerpos, es como si los cuerpos humanos en tanto esos “instrumentos proyectores” que son (focalizadores, individualizadores y divisores de la consciencia), hubieran pasado de cierto modo por una especie de proceso inverso al que es “natural” en la “evolución” tecnológica: de concretos a abstractos, en vez de al revés. Estos dos caminos inversos obviamente son complementarios.

Es decir, esto habría permitido y permite ahora la evolución técnica que se dio y se da, donde nuestra consciencia “abstracta” provoca la concretización de lo de “fuera”, y donde se abriría un nuevo ciclo de concretización que llamaría al involucramiento de otros medios, cósmicos en este caso, en una evolución “hacia el cosmos”, una de, en cierto sentido, potencial salida o escapada de la Tierra.

En realidad recordemos que parte de nuestra semilla fue “extraterrestre” (no hablando ahora arquetípicamente como Seth, sino quizá como “homo sapiens”), y, también, recordemos que según Seth la capacidad de viajar por el universo es algo en realidad “mental”, aunque en ello nos llevemos diversos “aparatos” protectores, etc. Y por cierto, ese estilo de viaje, más efectivo, por el universo, ya ha sido efectuado, según Seth, por diversas civilizaciones “anteriores”, en este planeta, que, suponemos, tuvieron ciertas evoluciones de su consciencia de tal modo que pudieron alcanzar la comprensión básica de cómo de simple es todo esto :), es decir, de que el y los universos son “mentales”. Y de todos modos, esa misma “tecnología” puede que esté aún muy cerquita de nosotros, y que haya estado en el siglo XX sin ir más lejos, fuera de las instituciones militares, etc., en esas sorprendentes experiencias del simpático de Ralph Ring.

Así que el devenir de la consciencia humana de cierto modo habría hecho que los cuerpos, vistos como máquinas cósmicas de focalización, hubieran pasado de un estado más concreto a uno más abstracto, para ahora, vete tú a saber… poder insertarse como piezas nuevas en un nuevo ciclo de «concretización-abstracción».

Insistamos: de cierto modo todo ocurre “a la vez”. Y en este planeta al parecer “han convivido” desde siempre civilizaciones “muy avanzadas” con todo tipo de seres, también “homínidos”, como aquellos que se supone, en la versión oficial, que serían “nuestros antepasados”.

Las cosas no son como parecen, nunca. Todo en realidad es “mito”, y el mito es más importante que “lo de fuera”, que lo objetivo, pues la creación o fabricación de la realidad, como ya vimos —también la material, toda la “realidad”—, depende de creencias y emociones en nuestros niveles más poderosamente proyectores y selectores de nuestra mente compartida (en ese estado de pre-sueño del que hablábamos, etc.).

La certeza no es algo del universo, el universo en realidad es esencialmente caos, pues si no no podría moverse, todo es esencialmente impredecibilidad, como Seth mismo nos contaba. Y, también, como cuenta UCDM: es mente colapsándose a sí misma gozosamente, “perdonándose”.

Seth nos lleva por este camino, que puede parecernos por momentos “lineal”, pero recordemos que el tema o “problema” es el de la consciencia. Así pues, nos dará un bonito ejemplo en este capítulo a modo de “línea de evolución de consciencia” (lo que llamaríamos, por lo dicho arriba, “proceso de abstracción”) en la cual vamos perdiendo “amor”, un “amor” visto en tanto que capacidad de identificación con todas las consciencias que conforman el planeta (seres vivos, minerales, etc.).

3. Repasar y repasar… para resonar con estos mini-egos (Seth, etc.) que serían quizá un poco menos “egos de este planeta” (ya no tienen tanto invertido aquí, tanto apego aquí)

En general, lo práctico con estos textos es repasarlos y repasarlos… sus libros, y a veces intentar practicarlos, ya que están llenos de ejercicios de consciencia (son inspiración para otros muchos trabajos célebres, según parece, como el de Louise L. Hay, etc.).

Así que lo dicho: repasar y repasar, como ocurre con Un curso de milagros (UCDM), que, tras mucho intentar ir practicando y leyéndolos, uno al final parece estar incluso resonando con estas cosas, más o menos de lejos… resonando con las experiencias que podrían conformar esa “vida más allá de la vida” en que consistiría “ser un Seth”… o un Jesús a la hora de realizar el dictado que realizó (de UCDM). O digamos: resonando con esa “otra esfera de realización”, la de un Seth, que sería una de esas personalidades que, se supone, estaría “a cargo”, entre muchas comillas (pues todos somos uno), de acompañarnos, entre vida ilusoria y vida ilusoria —aparte de otras muchas tareas que no podemos comprender desde aquí.

Aunque, para tal resonancia, para dicha apertura a esas experiencias que no parecen ser las nuestras ahora, pero hacia las cuales sería “necesario” abrirnos por la propia naturaleza de la consciencia que ya de hecho se expande… para una tal resonancia con esas experiencias, realmente parece que lo más práctico sería que la novela de Jane, la médium de Seth, estuviera traducida. Las novelas nos llaman más a devenir los personajes, quizás.

Y esta novela (de estrambótico nombre: La educación de la superalma Siete) recrea, siempre caricaturescamente —pues con el lenguaje que tenemos y la imaginación que tenemos hoy, en todo esto, no podemos hacer más que “caricaturas”, diciéndolo mal y pronto—, recrea, decíamos, cómo sería “la vida educativa de las almas” en el “eterno” proceso de “deshacer el miedo” en la mente (de ayudarnos, de “perdonar(nos)” (este matiz es de mi cosecha, cosecha de UCDM))….

Este es el proceso en el que parece que nos vemos ya metidos todos, y donde nos veremos más y más metidos, tarde o temprano, “a tiempo completo” :). En realidad, aquí y ahora ya lo estamos haciendo todos todo el rato, y ello pese a que refunfuñemos, pese a que “perdonemos” de tapadillo…, sin querer y sin decirlo… y sin saber que es para eso para lo que hemos venido. Y también parece que nos perdonamos en sueños… o “en” otros sistemas de realidad, etc. (y todo esto lo haremos, se supone, cada vez más conscientemente).

Y es que… nos creemos ante todo “individuos”, aquí, pero esto es fundamentalmente una “mentira”… pues la verdadera existencia no tendría que ver con “individuos”.

Como hemos dicho por ahí otras veces, vamos a usar Seth para hacer “el trabajo de UCDM”, este simple y vital trabajo que parece necesario: soltar y negar al ego (el ego —y el universo que sirvió para implementar tal sistema del ego— es solo la negación de la verdad, que nada tiene que ver con “individuos”).

Hay que tener en cuenta, pues, que, de cierto modo, “el ego” nos tienta en el material de Seth con un cuento muy bello sobre una individualidad más hecha al universo: más confabulada con la Tierra, más conectada con otras consciencias.

Si bien esto puede ser que nos despierte en determinadas épocas de la vida (a una vida más feliz por ejemplo “en la naturaleza”)… y si bien puede ser uno de los ideales hacia los cuales quizá “vayamos de nuevo” en parte, como colectivo habiendo aprendido de cierto modo a salir de la Tierra pero reacogiéndola en su corazón… sin embargo… en todo caso… y con todo esto… y como mucho… quizá lo más importante de todo lo que cuenta Seth vaya a ser el cómo luego lo podamos o no “usar”, cuando individualmente nos “iluminemos”, es decir, cuando estemos al servicio de la Fuente, en el despertar global de la mente, con algún fin que ahora desconocemos. Pero antes aún, de hecho, la mera lectura de sus materiales, tal y como el mismo Seth nos recuerda, ya despierta un “diálogo” que ahora estaría más enmohecido que otra cosa, un diálogo con —o en— nuestro ser interior, permitiéndonos a veces deshacer ciertos miedos más y mejor (o al menos permitir que salgan y podamos mirarlos de otra manera).

UCDM, por contra, nos dice básicamente que no hay grados de dificultad en los milagros, es decir, que nosotros podemos recordar la paz que ya somos, independientemente de las condiciones donde nuestra consciencia esté ensayando esos repetitivos ciclos de muerte y destrucción que llamamos “universo”. En realidad, esto sobre la paz es en parte paralelo a lo que Seth vendría a sugerirnos cuando tanto habla de que siempre recordemos que “el punto de poder está en el presente”.

Así, los dos, UCDM y Seth, están de acuerdo en algunas cosas esenciales, como por ejemplo la de que todas las cosas actúan de forma conjunta para el bien (cosa muy difícil de tragar para el “sentido común” actual, o tal cosa parece).

Seth, en este texto, nos ejemplifica y amplifica las formas de pensar y ser en tanto “individuos”, una vez más, y de formas muy bellas aquí.

Pero, en UCDM, sabemos que todo sentido de la individualidad es para entregarlo interiormente, mentalmente, aunque se trate de una individualidad aparentemente muy conectada con “el universo” (hay muchos universos, en realidad, como también cuenta Seth en otros lugares). Es decir: lo primero es nuestra paz interior.

Entonces, por lo dicho sobre Seth y UCDM, el lema sería de cierto modo que, lo que “ganemos”, lo que ganemos “ampliando nuestra consciencia-percepción”, no provoque “ganancias” también por parte de nuestro “individualismo”, en el sentido de nuestro apego a ser diferentes, a ser especiales (y ese apego no tiene que ver necesariamente con que vayamos a tener que ser más iguales, menos diferentes (pues ya véis qué pasa con los “santos”, los que sanan su percepción completamente, como Teresa de Calcuta y demás: devienen bichos raros justo cuando ellos diríamos que se sienten los más iguales a todos)).

Es decir, usaremos Seth para comentarlo teniendo en mente la necesidad de perdonar el deseo de ser especiales (como dice UCDM).

Así pues, de este libro de Seth, NP, ya hemos hablado por ejemplo aquí, pero para hacerle verdadera justicia, hacemos este artículo, donde como dijimos intentaré traducir y comentar el cap. 6 titulado: El lenguaje del amor. Las imágenes y el nacimiento de las palabras. (The Language of Love. Images and the Birth of Words).

Este NP, si no el más bonito, como dije, —en la lectura torpe que puedo hacer de él—, sí es, cuando menos, con el que más inspiración o “amor” he sentido. Ha sido como encontrar un viejo conocido, y más cuando, para mi sorpresa mayúscula, los temas de otro viejo querido libro aunque ya felizmente abandonado, por ahora, un libro que es libro de cabecera para una buena parte de “la posmodernidad” desenfadada (titulado: Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia 2) coinciden calcadamente con los de Seth: devenir…, estratos…, molecularidad y lenguaje…, un concepto de “deseo” inmerso de cierta manera en redes de una cierta “causalidad rizomática”…, etc. (sobre todo esto, más en la nota abajo del todo*).

Todo lo que sea “perdonar” a este universo —en parte: “ampliar nuestra percepción”— puede ser útil, aunque estemos aprendiendo en general, con UCDM, a renunciar a todo pero sin sentir ningún sacrificio (pues nada en el mundo sería al final nada).

Mientras tanto, “la poesía” de un Seth, de cualquier canalización, de cualquier actividad que realicemos (más o menos poética, útil, “enriquecedora”, o banal…), nos ayudará… pues en general no importa tanto lo que hagamos, sino cómo lo hagamos, es decir: con quién lo veamos, a quién pidamos que sea nuestra guía en la percepción, una percepción que es siempre irreal (UCDM enseña que, al final, solo hay dos guías, y que solamente uno es quien nos dirige, y tiernamente, a la realidad, a una realidad que final y realmente no está “aquí”, que no es de este mundo).

Así, tras pedirnos permiso, a nosotros mismos, al ser también “estudiantes” de UCDM…, :)… allá que vamos con Seth, que realmente no podemos comparar con UCDM, pero que es una canalización como decimos “perdona-egos” en el sentido “amplificación de la percepción”, de la consciencia, que es, digamos, “perdonadora” del mundo a más no poder, en este sentido, y que es extraordinaria y simplemente “vitalista”. Así que este Seth, al final, contra todo pronóstico, parece fundamental —para bien y para mal— a la hora de intentar comprender “nuestro tiempo”, nuestro mundo: sus influencias parecen ser muy grandes para mucha gente.

El texto de la traducción irá algo hacia la derecha, y los comentarios en posición normal —si los hago en el futuro.
(Y como dijimos al principio, cinco años después, en 2017, he hecho otra versión de la traducción, ya que estoy realizando la traducción o revisión completa de este y otros libros de Seth.
Ver el índice de Seth en esta web; en ese índice se puede descargar el pdf que estará completo en el año 2017, y se pueden encontrar los enlaces a los audios con la lectura grabada de los capítulos).

Traducción de Seth, canalizado por Jane Roberts del 28 julio de 1975, al 4 abril de 1977:
La naturaleza de la psique (publicado en 1979)
Capítulo 6

El lenguaje del amor.
Las imágenes y el nacimiento de las palabras.

 «Es casi un lugar común decir que los que están enamorados pueden hablar sin palabras. Hay historias y dramas de todo tipo escritos sobre la clase de comunicación interior que parece tener lugar entre madre e hijo, hermana y hermano, o amante y amado.

El amor en sí mismo parece acelerar los sentidos físicos de forma tal que incluso el más diminuto de los gestos adquiere relevancia y significado adicionales [attain additional significance and meaning]. Se han formado mitos y cuentos en los cuales aquellos que se aman pueden comunicarse aunque uno esté muerto y el otro en vida. La experiencia del amor también intensifica el gozo del momento, incluso si parece también enfatizar la brevedad de lo mortal. Aunque la expresión del amor ilumina con brillantez su momento, al mismo tiempo, este momentáneo fulgor contiene una intensidad que desafía al tiempo, que es de cierto modo eterna.

En vuestro mundo solo os identificáis como vosotros mismos, y, no obstante, el amor puede expandir dicha identificación hasta tal punto que la consciencia [awareness] íntima de otro individuo es a menudo una porción significativa de vuestra propia consciencia [consciousness]. Miráis hacia afuera, al mundo, no solo a través de vuestros ojos, sino también a través de los ojos del otro —al menos hasta cierto punto. Entonces, es correcto decir que en sentido figurado una porción vuestra camina con esta otra persona según ella o él va por el espacio, separado de vosotros.

Todo esto se aplica en diversos grados a los animales. Incluso en los grupos de animales, los individuos no cuidan solamente de su supervivencia personal, sino también de la de los miembros de la “familia”. Cada individuo, en un grupo animal, es consciente [aware] de las situaciones de los demás. La expresión del amor no se ve confinada solo a tu propia especie, por tanto, ni tampoco lo hacen la ternura, la lealtad, el cuidado [concern]. El amor realmente tiene su propio lenguaje —uno básicamente no verbal, con profundas connotaciones biológicas. Este es el lenguaje básico, inicial, desde el cual todos los demás aparecen, ya que todos los fines [purposes] de los lenguajes surgen de aquellas cualidades que naturalmente son las de la expresión del amor —el deseo de comunicar, crear, explorar, y unirse con el amado o lo amado.

Hablando históricamente, en vuestros términos, primero el hombre se identificó con la naturaleza, y la amó, ya que la contempló como una extensión de sí mismo, incluso cuando se sintió como parte de su expresión. Explorándola, se exploraba también a sí mismo. No se identificaba a sí mismo como solo, sino que, debido a su amor, se identificaba con todas aquellas partes de la naturaleza con las cuales tenía contacto. Este amor estaba biológicamente arraigado en él, y es incluso ahora biológicamente pertinente.

Física y psíquicamente, la especie está conectada con toda la naturaleza. El hombre no vivió con miedo, tal y como ahora se supone, ni tampoco en una suerte de cielo natural idealizado. Vivió en una intensa cumbre de experiencia psíquica y biológica, y disfrutó de un sentido de entusiasmo creativo que, en dichos términos, solo existió cuando la especie fue nueva.

Esto es difícil de explicar, porque estos conceptos existen en sí mismos más allá de la verbalización. De forma obligada vamos a incurrir aquí en algunas aparentes contradicciones. En comparación con aquellos tiempos, sin embargo, los niños ahora nacen ancianos, porque incluso portan biológicamente consigo las memorias de sus ancestros. En aquellas eras prístinas, sin embargo, la propia especie surgió en el tiempo, en dichos términos, como un nuevo nacimiento desde el útero de lo atemporal [newly from the womb of timelessness into time].

En términos más profundos, su existencia aún continúa con ramificaciones en todas direcciones. El mundo que conocéis es un desarrollo en el tiempo, el único que admitís, pero la especie realmente tomó muchas otras rutas desconocidas para vosotros, no registradas en vuestra historia. Y desde aquel “punto” todavía emerge una nueva creatividad. En los cálculos que aceptáis, la especie en su infancia obviamente experimentaba la yo-idad [selfhood] en términos diferentes a los vuestros. Y esta experiencia es muy difícil de describir, pues está muy alejada de vuestros conceptos actuales, y precede en el tiempo al lenguaje tal y como concebís este último.

Generalmente experimentáis el yo como algo aislado de la naturaleza, y fundamentalmente como encerrado en vuestra piel. El hombre primitivo no se sentía como una cáscara vacía, y no obstante la yoidad existió para él como algo tanto fuera del cuerpo, como dentro de él. Hubo una constante interacción. Es fácil deciros que esta gente podía identificarse, por ejemplo, con los árboles, pero es una cosa completamente diferente intentar explicaros cómo podría ser, para una madre, devenir de tal modo parte del árbol bajo el cual sus niños jugaban, que ella podía seguirles la pista desde el punto de vista del árbol aunque estuviera muy lejos.

La consciencia es algo mucho más móvil de lo que os dáis cuenta. Operativamente, habéis focalizado la vuestra principalmente con el cuerpo. No podéis experimentar el comportamiento subjetivo “desde fuera”, así que esta movilidad natural de la consciencia, que por ejemplo los animales han mantenido, es algo psicológicamente invisible para vosotros.

Os gusta pensar en términos de unidades y definiciones, así que incluso cuando consideráis vuestra propia consciencia pensáis en ella como “una cosa”, o una unidad —un algo invisible que puede ser tomado quizás por manos invisibles. En vez de ello, la consciencia es una cualidad particular del ser. Cada parte de “ella” contiene al todo, así que, teóricamente, en lo que a vosotros os concierne, podéis abandonar vuestro cuerpo y estar en él, simultáneamente. Raramente sois conscientes de tales experiencias porque no las creéis posibles, y parece que incluso la consciencia, particularmente cuando está individualizada, debe encontrarse en uno u otro lugar.

Expresándolo ciertamente de la manera más simple posible, un pájaro puede tener un nido, y, aunque lo abandone frecuentemente, nunca se confundiría a sí mismo con su lugar de anidamiento. En cierta forma esto es lo que vosotros habéis hecho, aunque el cuerpo sea más estimulante que un nido.

En aquellos tiempos primeros, entonces, la consciencia fue algo más móvil. La identidad fue más igualitaria [democratic]. De una forma extraña, esto no significa que la individualidad fuera más débil. En vez de eso, fue lo suficientemente fuerte como para aceptar dentro de sus confines muchos tipos divergentes de experiencia. Una persona, entonces, mirando afuera al mundo de árboles, agua y rocas, vida salvaje y vegetación, sentía que literalmente él o ella estaba mirando a las áreas subjetivas de yoidad personal más amplias, materializadas.

Explorar dicho mundo exterior suponía explorar el interior. Tal persona, sin embargo, caminando a través del bosque, también sentía que era una parte de la vida interior de cada roca o árbol, materializada. No obstante, no había contradicción entre las identidades.

Un hombre podía fusionar su propia consciencia con un arroyo que corre, viajando así kilómetros para explorar la disposición de la tierra. Para hacerlo, devenía parte del agua con un tipo de identificación que vosotros difícilmente comprendéis —pero también de este modo el agua devenía parte del hombre.

Podéis imaginar con poca dificultad que los átomos y las moléculas conformen objetos. Del mismo modo, sin embargo, partes de la consciencia identificada pueden también mezclarse y fundirse, formando alianzas.

Hay canales de interrelación que conectan toda la materia física —canales a través de los cuales fluye la consciencia [consciousness].

En esos términos en los que digo que estoy hablando, la identificación del hombre con la naturaleza le permitió utilizar esos canales internos. Podía enviar su propia consciencia nadando, por así decirlo, a través de muchas corrientes, en las cuales otros tipos de consciencia se fusionaban. Dije que el lenguaje del amor fue el único lenguaje, básico, y quería decir eso muy literalmente. El hombre amaba la naturaleza, se identificaba con sus diversas partes, y la añadió a su propia percepción del ser, uniéndose con su poder, e identificándose con su fuerza.

No es tanto que personificara a los elementos de la naturaleza sino que esparció su personalidad en sus elementos y se montó sobre ellos, por así decirlo [he threw his personality into its elements and rode them, so to speak]. Según dijimos, el amor incita el deseo de conocer, explorar y comunicar con lo amado; de tal modo, el lenguaje comenzó con el intento del hombre de expresar su amor por el mundo natural.

Inicialmente, el lenguaje no tenía nada que ver con palabras, y realmente el lenguaje verbal emergió solo cuando el hombre había perdido una parte de su amor, olvidando parte de su identificación con la naturaleza, de modo tal que ya no concebía que la voz de ésta fuera también la suya. En esos tempranos días, el hombre poseía un ruedo colosal para la expresión de sus emociones. No se enfurecía simbólicamente con las tormentas, por ejemplo, sino que se identificaba muy conscientemente con ellas hasta el punto de que él y sus tribus se fusionaban con el viento y los relámpagos, y devenían parte de las fuerzas de la tormenta. Sentían, e igualmente sabían, que las tormentas vivificarían la tierra, fuera cual fuera su furor.

Debido a esa identificación con la naturaleza, la experiencia de la muerte, según vosotros la comprendéis, no se consideraba un final en absoluto. La movilidad de la consciencia era un hecho de la experiencia. Al yo no se le consideraba encerrado en la piel. El cuerpo era más o menos considerado como una casa o una cueva amistosa, que amablemente servía como refugio para el yo, pero que no lo restringía.

El lenguaje del amor en principio no suponía imágenes. Las imágenes en la mente, según lo entendéis ahora, emergieron en su forma presente solo cuando el hombre había perdido —como antes dijimos— una parte de su amor e identificación, y había olvidado cómo identificarse con una imagen desde sus adentros, y así, había comenzado a verla desde el exterior.

Me gustaría enfatizar la dificultad de explicar verbalmente dicho lenguaje. De cierto modo el lenguaje del amor siguió rutas moleculares —una suerte de alfabeto biológico, aunque “alfabeto” es un término muy limitado.

Cada elemento natural tiene su propio sistema clave que lo entreteje con otros, formando canales a través de los cuales la consciencia puede fluir de una clase de vida a otra. El hombre se comprendió a sí mismo como una entidad separada, pero una que estaba conectada con toda la naturaleza. Las repercusiones emocionales de su vida subjetiva, entonces, saltaban hasta mucho más allá de lo que vosotros entendéis como experiencia privada. Cada persona, al participar completamente en una tormenta, por ejemplo participaba con su propia manera individual. No obstante, se dejaba un ancho campo de expresión al esplendor de la emoción [the grandeur of the emotions was allowed full sway], y se sentían conjuntamente las estaciones de la tierra y el mundo.

Este lenguaje o método de comunicación puede ser quizá mejor descrito como cognición directa. La cognición directa está en función de una cierta clase de identificación, la del amante, donde lo que es conocido es conocido [dependent upon a lover’s kind of identification, where what is known is known]. En esa fase no se necesitaban palabras ni incluso imágenes. El viento de fuera y el aliento se sentían como una sola y la misma cosa, tal que el viento era la tierra espirando el aliento que ascendía de las bocas de lo viviente, extendiéndose a través del cuerpo de la tierra. Parte de un hombre salía con su aliento —por tanto, la consciencia del hombre podía ir allá donde el viento viajara. La consciencia de un hombre, viajando con el viento, devenía parte de todos los lugares.

La identidad de la persona era privada, en tanto que el hombre siempre sabía quién era. Estaba tan seguro de su identidad que no sentía la necesidad de protegerla, y podía expandir su consciencia [awareness] en un modo ahora bastante extraño para vosotros.

Veamos la frase: “yo observo el árbol”. Si este lenguaje original tuviera palabras, el equivalente sería: “como árbol, me observo a mí mismo”.

O: “asumiendo mi naturaleza árbol, descanso en mi sombra”. O incluso: “desde mi naturaleza hombre, descanso en la sombra de mi naturaleza árbol”. Un hombre no se estaba mucho rato en la orilla mirando al agua, ya que sumergía su consciencia en ella. La curiosidad inicial del hombre no implicaba tanto el ver, el sentir, o el tocar la naturaleza del objeto; no suponía tanto eso como una exploración psíquica gozosa en la cual zambullía su consciencia, antes que, por así decir, meter su pie en la corriente —aunque hiciera ambas cosas.

Si ese lenguaje del que hablo hubiera sido verbal, el hombre nunca hubiera dicho: “el agua fluye a través del valle”. En vez de eso la frase hubiera rezado algo así: “corriendo sobre las rocas, mi yo de agua fluye junto con otros en unión deslizante”. Esa traducción no es la mejor, no obstante. El hombre de ningún modo se tenía a sí mismo por el único tipo de consciencia. Agradecía gentilmente al árbol que le daba su sombra, por ejemplo, y entendía que éste retenía su propia identidad incluso cuando le permitía unirse a su consciencia.

En vuestros términos, el uso del lenguaje comenzó cuando el hombre perdió este tipo de identificación. Debo insistir de nuevo en que la identificación no era simbólica sino práctica, de expresión cotidiana. La naturaleza hablaba en nombre del hombre y viceversa.

En cierta manera, el nombre y el verbo eran uno. El nombre no desaparecía sino que se expresaba a sí mismo en tanto que verbo.

Las emociones privadas de cada persona tenían un cauce de expresión y de liberación por medio de los cambios de la naturaleza, con una clase de amplitud desconocida para vosotros. Esta liberación era comprendida y se daba por hecho. En el más profundo de los sentidos, las condiciones atmosféricas y las emociones estaban muy relacionadas. Las condiciones interiores causaban los cambios climáticos exteriores, aunque desde luego que ahora os parece que ocurre al revés.

Habéis sido robados, entonces, o vosotros mismos os habéis robado, uno de los tipos más básicos de expresión, puesto que ya no podéis identificaros con las fuerzas de la naturaleza. El hombre, sin embargo, quiso ir en pos de cierto tipo de consciencia. En tus términos, durante un período de tiempo, por así decirlo, estacionó su consciencia; ya no se identificaba como antes, y comenzó a ver objetos mediante el objeto de su propio cuerpo. Ya no fusionaba su consciencia, de modo que aprendió a mirar al árbol en tanto que objeto, donde antes se había unido con él y quizás visto su propio cuerpo de pie, parado, desde el privilegiado punto de vista del árbol. Fue entonces cuando las imágenes mentales se convirtieron en algo importante en los términos usuales —pues las había entendido antes, pero de una manera diferente, desde el interior hacia afuera.

Ahora comenzó a dibujar y esbozar, y a aprender cómo construir imágenes en la mente que estuvieran conectadas con objetos reales exteriores del modo aceptado actualmente. Ahora caminaba no ya simplemente por placer, sino para conseguir la información que deseaba, atravesando distancias por las que antes su consciencia había viajado libremente. Así que necesitó mapas y signos primitivos. Para representar objetos naturales, en vez de usar imágenes completas usó imágenes parciales, con fragmentos de círculos o de líneas.

Él siempre había fabricado sonidos que comunicaban emociones, intenciones y pura exuberancia. Cuando se involucró con imágenes, en dibujo o esbozo, comenzó a imitar su forma con la de sus labios. La “O” era perfecta, y representaba uno de sus sonidos iniciales deliberados de lenguaje verbalizado.

Independientemente del lenguaje que habléis, los sonidos que podéis hacer dependen de vuestra estructura física, de modo que el lenguaje humano está compuesto por una cierta cantidad limitada de sonidos. Vuestra construcción física es el resultado de las configuraciones moleculares internas, y los sonidos que hacéis están relacionados con ellas.

Dije antes que el hombre primitivo sintió una cierta amplitud emocional, por ejemplo, al sentir la voz del viento como la suya propia. En cierta forma vuestros lenguajes, a la vez que expresan vuestras intenciones individuales y mensajes, también representan un cierto tipo de amplificación que surge de vuestras configuraciones moleculares. El viento hace ciertos sonidos que dependen de las características de la tierra. La respiración los hace que dependen de las características del cuerpo. Existe una conexión entre los alfabetos y la estructura molecular que compone vuestro tejido. Los alfabetos son entonces también claves naturales. Tales claves naturales tienen una historia molecular. Vosotros transformáis esas claves en ciertos patrones de sonido que tienen significados particulares.

Esto os provee de un cierto tipo de comunicación, pero también permite una expresión molecular que es natural en ese nivel, y que es entonces usada por vosotros para vuestros propios propósitos. No estoy diciendo que las moléculas hablen. Sin embargo sí digo que son expresadas a través de vuestro hablar —y que vuestro hablar representa una amplificación de su existencia. A través de vuestras palabras su realidad es amplificada, del mismo modo en que las emociones del hombre encontraron una vez amplificación mediante los elementos físicos.

Ciertos sonidos son réplicas verbales de construcciones moleculares, reunidas por vosotros para formar frases del mismo modo como las moléculas se reúnen por ejemplo para formar células y tejidos.

Existen “sonidos interiores” que actúan como capas entre tejidos, que “abrigan” moléculas. Tales sonidos sirven de base a los principios de sonido exterior [exterior sound principles], y están también conectados a ritmos del propio cuerpo.

Hasta un cierto nivel, la puntuación es sonido que vosotros no oís, una pausa que conlleva la presencia de sonido oculto. Hasta cierto punto, entonces, el lenguaje depende de lo no dicho tanto como de lo dicho, y del ritmo de silencio tanto como del del sonido. En este contexto, sin embargo, el silencio conlleva meramente una pausa de sonido en la cual éste es implicado pero queda oculto. El sonido interior trata fundamentalmente con este tipo de relación. El lenguaje solo es significativo debido a los ritmos de silencio sobre los que cabalga.

Su significado viene de las pausas entre sonidos tanto como viene de estos mismos. El flujo de la respiración es importante, obviamente, al regular el ritmo y el espaciamiento de las palabras. La integridad de la respiración surge directamente del apropiado dar y tomar de las células, del funcionamiento de los tejidos; y todo esto es la expresión de la capacidad molecular.

Tal capacidad es responsable obviamente del lenguaje, pero más allá de esto está íntimamente conectada con los propios patrones de los lenguajes, con la construcción de la sintaxis, e incluso con las figuras de discurso usadas.

De nuevo digamos que habláis por vosotros mismos; no obstante, haciéndolo, habláis un lenguaje que no es solo vuestro, sino el resultado de comunicaciones interiores demasiado veloces para que las podáis seguir, involucrando realidades tanto corporales como subjetivas. Por esta razón, vuestros lenguajes tienen significado en varios niveles. Los sonidos que hacéis tienen efectos físicos en vuestro propio cuerpo y en el de los demás. Existe un valor de sonido [sound value], entonces, aparte del valor de significado.

Las palabras que dices a alguien son en cierto modo desglosadas por el oyente en sus componentes básicos, y entendidas en diferentes niveles. Se dan entonces tanto interpretaciones psicológicas como moleculares. Los sonidos y sus pausas expresarán estados emocionales, reacciones a éstos que alterarán la condición del cuerpo en el grado que sea.

El oyente, entonces, desglosa el lenguaje. Construye su propia respuesta. Habéis conectado tanto entre sí las palabras y las imágenes que el lenguaje parece consistir en sonido que sugiere una imagen. No obstante, algunos lenguajes tenían sonidos que equivalían a sentimientos y estados subjetivos, y no había sujetos o predicados ni tampoco una estructura de frases que pudiérais reconocer.

Vuestro lenguaje debe seguir vuestra percepción, aunque la estructura de sonido que le subyace no lo necesita. Decís: “yo soy hoy, yo fui ayer, yo seré mañana”, pero algunos lenguajes encontrarían tales aseveraciones incomprensibles, y las palabras “yo soy” serían usadas en todos los casos.

Inicialmente, sin embargo, antes del nacimiento de imágenes y palabras —según vuestra comprensión— el mundo existió en diferentes términos de los que conocéis ahora. Las imágenes, tal y como las consideráis, no habían tomado la forma que reconcéis. Os parece que, visualmente, el mundo natural debe ser reunido o percibido de una cierta manera.

Cualquiera que sea vuestro lenguaje, percibís los árboles y las montañas, la gente y los océanos, pero nunca véis a un hombre fusionarse con un árbol, por ejemplo. Esta imagen podría ser considerada una alucinación. Vuestros datos visuales son aprendidos e interpretados de tal modo que aparenten ser los únicos resultados posibles con tales datos. La visión interior os puede confundir, porque en vuestra mente a menudo véis bastante claramente imágenes que desestimaríais al abrir los ojos. En los términos de los que hablo, sin embargo, la especie en su estado “inicial” utilizó lo que he llamado “sentidos internos” hasta un grado mayor del que vosotros lo hacéis. Visualmente, el “hombre primitivo” no percibió el mundo físico del modo en que os parece ahora natural.

Cuando una consciencia de un hombre, por ejemplo, se fusionaba con la de un árbol, estos datos se hacían “visuales” para otros, de modo que se podían percibir. Cuando su consciencia se fusionaba con la de un animal, tal fusión también se convertía en dato visual.

De cierto modo, el cerebro reunía información visual de modo que los contenidos visuales del mundo no fueran tan estacionarios como lo son ahora. Habéis aprendido a ser altamente específicos en vuestra visión e interpretación físicas. Vuestra visión mental da pistas sobre cómo podrían ser los datos, pero no son percibidas visual o físicamente. Os habéis entrenado a vosotros mismos para reaccionar a ciertas indicaciones visuales que desatan vuestras interpretaciones mentales, y a ignorar otras variantes.

Estas últimas podrían describirse como demasiado sutiles. No obstante no son más sutiles que aquellas indicaciones que si´ reconocéis.

Los datos, decís, son almacenados en los cromosomas, ensartados juntos, de cierta manera. Ahora, biológicamente, eso es cognición directa. Los sentidos internos perciben directamente de la misma manera. Para ti, el lenguaje significa palabras. Las palabras son siempre símbolos de emociones o sentimientos, intenciones o deseos. La cognición directa no necesita de símbolos. El primer lenguaje, el inicial, no involucraba imágenes o palabras, sino que se las veía con un libre fluido de material directamente cognitivo.

Un hombre, preguntándose qué podría ser un árbol, devenía uno de ellos, y dejaba que su propia consciencia fluyera en el árbol. La consciencia del hombre se mezclaba y fusionaba con otros tipos de consciencia con esa gran curiosidad del amor. Un niño no simplemente miraba a un animal, sino que dejaba que su consciencia se fusionara con la de éste, y, hasta cierto punto, el animal también veía mediante los ojos del niño.

En modos muy difíciles de explicar hoy, el hombre “absorbía” el espíritu del animal antes de matarlo, de modo que ambos espíritus se mezclaban. Usando la carne de los animales, entonces, el cazador creyó que estaba dándole un nuevo foco de existencia. Podía recurrir a la fuerza del animal, y a su vez el animal podía unirse a la consciencia humana. La naturaleza y el espíritu eran uno.

Tu propio tipo de foco emergió de ese trafondo, y tal que en vosotros mismos contenéis miríadas de consciencias de las que sois inconscientes. A través de vuestro propio foco particular, las consciencias del mundo natural se mezclaron para formar una síntesis en la cual, por ejemplo, pueden surgir sinfonías. Actuáis no solo para vosotros mismos, sino también para otras clases de consciencia que habéis olvidado a propósito. Siguiendo vuestros propios propósitos, que son los vuestros, también servís a los de otros, otros que habéis olvidado.

Pensando en vuestros pensamiento privado, también os sumáis a una realidad psíquica y mental más amplia de la cual sois parte. Vuestros penguajes programan vuestras percepciones, y limitan vuestras comunicaciones en ciertos términos, tanto como las facilitan.

Un músico, escribiendo una sinfonía, sin embargo, no usa todas las notas que están a su disposición. Elige y discrimina. Su discriminación está sin embarg basada en su conocimiento de la información disponible. Del mismo modo, vuestros lenguajes están basados en un conocimiento interior de las comunicaciones más ampliamente disponibles. Los “secretos” de los lenguajes no se van a encontrar, entonces, en los sonidos disponibles, en los acentos, las palabras raíz o las sílabas, sino en los ritmos entre las palabras, en las pausas y en las vacilaciones, en el flujo con el cual las palabras se reúnen, y en las inferencias no expresadas, que conectan los datos verbales con los visuales.

Como especie “vosotros” buscásteis ciertos tipos de experiencia. Individualmente, y como tribus o naciones, seguís ciertas “progresiones” —y no obstante, haciéndolo, actuáis también de parte de toda la naturaleza. Tomáis en vuestros cuerpos de forma transmutada las consciencias de todas las cosas que consumís.

Esas consciencias entones se fusionan para percibir el mundo de una manera que llamáis la vuestra propia. Mediante vuestros ojos, las bestias, los vegetales, pájaros y el polvo perciben el amanecer y la luz del sol como vosotros lo hacéis —en tanto que vosotros, y, no obstante, por otra parte, vuestra experiencia es la vuestra propia.

Hasta cierto punto es correcto decir que los lenguajes emergieron según empezábais a perder comunicación directa con vuestra propia experiencia y con la de otros. El lenguaje sustituye por tanto a la comunicación directa. Los símbolos de las palabras sustituyen vuestra propia experiencia o la de otro, mientras que al mismo tiempo os protegen a vosotros o a ellos de dicha experiencia.

Los datos visuales, según los percibís, equivalen a lenguaje visual; las imágenes percibidas son como palabras visuales. Un objeto se os presenta, en vuestra percepción visual, de un modo tal que podéis percibirlo a salvo, desde fuera. Los objetos, tal como los véis, también son símbolos.

[el capítulo termina con una anotación breve sobre cómo se sentía de extraña Jane Roberts al recibir este material]

_____
* Digamos que, respecto a Mil Mesetas y Seth… “todo” está tal cual pero de cierto modo “mejor” en Seth.
El “psicólogo” y el “filósofo” que redactaron Mil mesetas no tienen, obviamente, el toque arrasadoramente simple y práctico de Seth, pues con Seth ya venimos de saber que todo es de cierto modo “sueño”, que todo es proyección de la mente, que todo nos lo hacemos a nosotros mismos

Sin embargo, Deleuze y Guattari, como aún “hombres de bien” en esta sociedad (menos “de bien” Guattari, quizá, que Deleuze)… no podían decir semejante barbaridad, no podrían decir algo tan simple —”la filosofía” en general, dicho sin acritud, es un monumento a la complejidad del ego y sus diferenciaciones, pese a que la filosofía de la que aquí hablamos se postula y sus buenas razones como esencialmente emancipatoria; pero, aún así, algo siempre tiene que quedar del “busca pero no halles”, el lema del ego.

Así, teniendo en cuenta a Seth, “todo” se “reconstruye” bastante bien, por lo que intuyo (aunque no hace falta realizar esa tarea).

Debió ser quizá, entonces, el psicólogo Félix Guattari quien sirviera de vector de introducción —solapada y distorsionadamente— de la canalización de Seth (si es que pudiéramos decir que tal cosa ocurrió de forma más o menos consciente), en el mundo “académico filosófico”, pues Guattari era menos “académico” que Deleuze, Guattari era más “cosmopolita en acción”, y en los EEUU Seth fue célebre en los años 70.

Esta segunda parte de “Capitalismo y esquizofrenia” difiere sustancialmente de la primera, llamada “el Anti-Edipo”, y difiere precisamente en conceptos que resuenan fantásticamente con Seth, y fue redactada precisamente en el intervalo de tiempo en que Seth dicta muchos de sus libros (entre las dos partes tiene lugar la publicación de los más importantes de entre los libros que Seth estaba dictando a Jane, en norteamérica (y como colofón, en concreto por ejemplo el de NP de Seth se publica un año antes (1979) de publicarse Mil mesetas (1980)).

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