¿Cuál es el sentido de «atraemos nuestra realidad»? Un Curso de milagros y el perdón de los accidentes   1 comment

Cristal roto, por racatumba, en Flickr

Escribo esta nota sobre “atraer la realidad” y los accidentes, pensando, entre varias cosas, en:

— este vídeo o explicación de Nick Arandes (explicaciones que recomiendo, que a veces también están en su blog o facebook),
— y en cómo Enric Corbera hablaba de “accidentes” en sus vídeos aplicándolo a la gente, etc.…

Por defecto atraemos todo en este parque de atracciones universal.

Atrajimos la realidad del universo como parque para reciclar y visualizar el conflicto interno en nuestras mentes. Este conflicto fue inventado por la mente (una sola “en principio”) al interpretar la idea de la separación.

Tenemos pues este conflicto en el fondo de nuestras mentes, pero éstas son al final una sola mente, y una que nada tiene que ver con percepciones de ningún tipo, en estos tragicómicos ciclos de muerte-vida y destrucción que incubamos en nuestras mentes para poder regresar al Amor.

Es decir, en cierto sentido, el del aclarador curso de milagros y su verdad puramente no-dualista: atrajimos todo el universo, en sí, que es donde en realidad nos estamos viendo a nosotros mismos, en todo él, como una gigantesca tragicomedia de cuerpos separados.

Por tanto, y puesto que tenemos tal conflicto interior, aún venimos aquí, al parque universal que es nuestra “creación”, deseando ver la “realidad” que resulta de dicho conflicto interior, una realidad de desastres, muerte, etc., en alternancia con los aspectos opuestos, en la falsa dualidad. Así, conscientemente nos podemos decir a nosotros mismos que «no, que tenemos claro que no deseamos ver “desastres”», pero, inconscientemente, en realidad sucede lo contrario: sí que lo queremos. Es decir, cuando algo sucede “fuera”, y, además, lo interpretamos con cierta falta de paz, con miedo, atacándonos a nosotros mismos de este modo… entonces eso nos indica que quisimos que ocurriera así —tal y como podemos leer por ejemplo en los textos sobre el mensaje a Bill I, [y II].

Es decir, necesitamos proyectar, “ver fuera” cosas (desigualdad, desastres, muerte…) para seguir eligiendo la interpretación incorrecta de la separación.

¿Cómo, pero qué dices?

Sí, parece que casi nadie podemos aguantar fácilmente el ataque interior que tenemos en el “fondo” de nuestras mentes; por tanto “necesitamos” gente o cosas “fuera” para arreglarlas, o para culparlas, o sobre las que enjuiciar, proyectar (por ejemplo con: “es un mundo injusto”, “es poco ecológico”, etc.). El mundo solo está fabricado por nuestra propia mente y precisamente para esto; a la vez también nos permitirá un día darnos la oportunidad de elegir de forma consistente y global otra interpretación para todo eso que parecía ocurrir “fuera” (“malo” y “bueno”).

Estas imágenes “fuera” no son en realidad tan diferentes de las interiores, de los llamados ‘pensamientos’: del desfile caótico de pensamientos internos, con, por ejemplo, ese tan usual “conflicto de baja intensidad” que albergamos, con un constante e inútil flujo de pensamientos.

Y la necesidad de “ver conflicto afuera” es algo que puede ser demostrado en nuestra experiencia, o que nos lo representamos a veces con un accidente cualquiera (!) —lo cual no quiere decir que seamos “culpables” de nada ni que estemos así siendo castigados por alguien o algo externo a nosotros (no habría en realidad nada externo, como dice el curso).

Pongamos que tienes un accidente, uno “banal” (en casa, en un bar, donde sea), porque algo se cae al suelo —un vaso por ejemplo, cuando estás usándolo.

Podríamos pensar que el problema es simplemente algo así como “nuestra dejadez”, esa dejadez en el “cómo” nos encontramos en la situación en particular, quizá haciendo “varias cosas a la vez”. Pero ese no sea el problema.

De cierta manera, muy en general, también quizá en cierto nivel práctico, es la interpretación de conflicto interior muy localizada en nuestra situación, lo que atrae la “realidad” del accidente.

Este “accidente” es una de dos:

— o bien se trata de una invitación a seguir juzgando (“soy tonto”, etc.), es decir, a seguir interpretando la separación con ataque… reciclando éste (culpa) en la mente…,

— o bien de una invitación a volver a la mente, y así poder “perdonarnos” por estar aquí haciendo el tonto… pero, haciendo el tonto de una forma digamos “más en general”: al estar aquí haciéndonos las cosas más difíciles todavía de lo que ya son… juzgando, alimentando el conflicto en la mente, y, por tanto, dando pie a descuidos sentidos así, como tales, interpretados con sufrimiento, con miedo, en nuestra experiencia —es decir, interpretando con el ego: decidiéndonos, como siempre, por el conflicto a nivel “interior”.

Así, insistamos: el accidente lo podemos usar para una de dos cosas: o para juzgar, o bien para “perdonar” (eso mismo ocurre con todo lo que creemos que es la realidad, “los hechos”).

Y perdonar es sencillamente: 1) reconocer que tenemos una mente (que por ejemplo había elegido interpretar conflictivamente aquello que se le estaba pasando “por la cabeza”, poco antes o mucho antes de ocurrir “el accidente”), es decir, que podemos decidir; 2) soltar la causa mental: soltar el habernos decidido por el conflicto, aunque no creamos que nos hemos decidido por ello; y 3) esperar la nueva interpretación una vez hemos entregado esa causa mental, esa decisión de conflicto; esperamos pues una nueva interpretación para los hechos externos o los pensamientos internos que nos intranquilizan. Esta interpretación es una de paz, y que no tardará en llegar si la pedimos honesta y pacientemente, si la deseamos.

Desarrollando lo anterior:

Paso 1: volver a la mente, viendo que la causa de todo lo que pasa está en mi mente.
La mente es básicamente un mecanismo de decisión. Aunque en lo fundamental en realidad no sé lo que es, sino que solo puedo experimentar las consecuencias de tal elegir, de tales decisiones. Solo puedo tomar consciencia cada vez mejor de con quién elijo (si con el ego o con la “voz susurrante”), de con quién estoy decidiendo ver o interpretar mi vida —lo que parece ocurrir “fuera”.
Es decir, la causa está en que, en mi mente, he elegido conflicto (mi trocito de mente aparentemente separada sigue como siempre eligiendo conflicto —de hecho esa decisión repite la que dio origen al universo, a toda percepción, física o no).
Y en gran medida, es después de haberme decidido por el conflicto (aunque normalmente no sea consciente de tal decisión), cuando tengo el accidente.
Este accidente es una situación más donde nos permitimos a nosotros mismos tomar consciencia de que la causa de todo es “interior”.

Paso 2: Entonces soltamos esa elección. Es decir, más bien: soltamos o abandonamos el apego al hecho de que nuestra mente haya elegido conflicto, soltando los juicios sobre qué significa la situación.
Podemos decir, con falsa cara de inocencia, que no tenemos tal apego al conflicto, pero sí lo tenemos y sí hemos elegido conflicto —separación interpretada con conflicto— de una forma muy profunda, en nuestra mente.
Esta elección de conflicto, como acabamos de ver en el paso 1, sería la “causa” del accidente y de que ahora en vez de seguir el paso 2 podamos seguir condenándonos, quizá, interpretando esto de nuevo desde el conflicto.
Pero, insistamos, ahora nos toca soltar el apego a albergar conflicto en la mente (de hecho ese apego se muestra diciendo: «no, si no es conflicto… no lo es, por ejemplo, ese constante fluir de pensamientos “inútiles”, con su alimento emocional de miedo, que normalmente es miedo»).
Por ejemplo, podría ser que nos juzgáramos como “descuidados”, etc.
Es decir, en vez de soltar la elección de conflicto, ahora perpetuamos tal conflicto por ejemplo “martirizándonos” con juicios.
Este “soltar” en el paso 2 supone estar dispuestos a no tener razón con nuestros juicios e interpretaciones “de siempre”, con esos juicios que nos hacen tener una experiencia de conflicto con aquello que hayamos traído a la mente, con eso que quizá “nos pone tan nerviosos” como para “ser unos descuidados”.

Paso 3: al anterior soltar le sigue uno que ya no nos toca hacer a nosotros, pues simplemente esperamos con confianza otra interpretación para la situación… una desde la paz.
Esperamos también quizá resultados, pero no invertimos en las preferencias sobre qué resultado queremos si no es el de sentir paz y no miedo, dentro; esperamos pues quizá algunas consecuencias que se seguirán de que hayamos dejado que esa otra interpretación tome o vaya tomando nuestra mente.
Esta otra interpretación vendrá de esa paz que podremos ir convirtiendo —cada vez mejor y cada vez más consistentemente— en nuestra elección, en nuestro sentimiento elegido.
Esta interpretación de paz es la natural, aunque es muy difícil de aceptar, es “muy susurrante”, por así decirlo.
Esta interpretación en realidad es algo que siempre está ya ahí, de fondo, en nuestra mente, esperando y susurrando otra versión para todo, pero normalmente no son palabras.
Esta otra interpretación puede cambiar o borrar las consecuencias de nuestra decisión equivocada tomada en el nivel interior, mental, donde, como vimos, nos decidimos por el conflicto “antes” del accidente. A veces el cambio será patente en lo físico, otras veces no. Siempre es lo que llamamos ‘milagro’, resultado de nuestra unión con esa inocencia de fondo.
Y tal cambio o borrado puede ser que lo experimentemos como un momento de llegada de cierta paz… cuando antes esperaríamos conflicto.
Y esta paz permitirá que todo se resuelva de la forma que resulte “la mejor para todos”, y “tras” el accidente —pues si algo tiene que resolverse, desde la paz siempre será mejor.

Los juicios y sentimientos con los que tenemos las experiencias de conflicto “antes de los accidentes” puede que sean o que vengan de cosas del pasado —o que sean relativos a inquietudes ante el futuro. Por ejemplo puede que estuviéramos tan distraídos —dando pie al tonto accidente— porque en ese mismo momento estábamos “pensando”, o, más bien, interpretando con el ego, de una forma conflictiva, cualquier otra situación del “pasado” —de por ejemplo alguna historia de nuestra familia.

Si estamos pendientes de lo que estábamos pensando (más bien, de “cómo” estábamos pensando o siendo inconscientes ahí) cuando teníamos el vaso entre las manos, o cuando quizá lo hemos dejado en “una mala posición” (de modo que se pueda caer), veremos que a menudo nuestra mente estaba “en otro lado”, que no estábamos de cierto modo “presentes”.

Así pues, como el vaso no se sujeta por sí solo en el aire, se puede caer, y se cayó, en este ejemplo, y no sabemos por qué “misterioso” motivo nuestros dedos o manos no estaban haciendo lo que se supone que deben hacer.

Quizá estábamos hablando con otra persona, o, simplemente, estábamos en el usual y loco diálogo constante en que está la mente. Pero este no es el problema. Es decir, podemos estar “con la mente ida”, pensando en “problemas” o en diversiones posibles, etc. Da igual. El problema no es que estemos haciendo varias cosas a la vez, sino cómo hacemos las cosas, a quién pedimos consejo (paz o conflicto) para interpretar lo que nos pasa por la mente o por el “exterior”.

El problema sería de cierto modo el del conflicto que tiene que ver en general con “apegos”, con el apego con el que estamos en las diversas cosas en que solemos estar en la vida, en general (apegos que son en el fondo apego al conflicto, a cierto “ataque interior”, auto-ataque (que, muy en general, llamamos “culpa”, en el curso)).

O, mejor dicho quizás —y más pedantescamente—: tendría que ver con “el cuidado de la estructura de la situación”, aunque esto último quizá no resulte tan pedante si recordamos que hablar de dicho cuidado es algo que nos puede invitar a pensar en la importante cuestión de “a quién le entregamos toda situación” (ego, o voz susurrante de paz). Lo digo porque ya “sabemos” que, según el curso, toda situación solo puede entregarse a dos propósitos, en realidad (y se entrega de hecho constantemente a uno u otro (conflicto-miedo, o paz-amor)).

Así que no estamos en lo que estamos cuando tenemos este “accidente banal”.

¿En qué sentido pasa esto? Pues en el sentido de que en tal situación nos ha podido o nos ha “ganado la partida” ese “algo más”, ese cierto “algo más” de “invertir en el conflicto”, ese apego a esa inversión “de más” que es algo que hacemos siempre—digamos, jocosamente— “con toda el alma” 🙂 : con “la mente” invertida en el ego, en el programa de conflicto. Es decir, con toda el alma puesta en algo que nos saca de nuestras casillas (poco o mucho), en algo a lo que damos o dimos mucha importancia.

Son estas cosas, o “inversiones”, aquello que en general es el programa-ego —ese programa de conflicto que tenemos y que activamos por defecto. El programa digamos que es nuestra situación mental “global”: el hecho de estar por defecto siempre enfocados en ese identificarnos con aquello que en realidad es conflictivo para nosotros (ya digo: poco o mucho, sea o no sutil, como expresábamos arriba en el ejemplo del constante “devaneo” mental).

La identificación en general es con el llamado “sistema de pensamiento del ego”, pero en particular esas “inversiones” son cosas que nos entran en la mente, que forman su inconsistente naturaleza de “enfocada en el ego”, escondiendo el apego al conflicto de base. Es decir, son la “mente separada” o dividida, una mente de la cual habla el curso mucho no para que la analicemos, sino para que la miremos de otra manera, sin miedo… para que con esa mirada, inocente, la mente que cree en la separación y el miedo que la alimenta se pueda disolver, por sí sola, ante la luz interior que también tenemos como “herramienta” a nuestro alcance —una “luz” que tiende a nuestro ser real. Así, traemos paz a nuestra experiencia del mundo, un mundo que solo está para ello: para reconvertirse en lo que el curso llama ‘mundo real’, desde el cual poder romper el ciclo de reencarnaciones y poder si acaso servir más globalmente a nuestra naturaleza de amor, a Dios.
Las “cosas del ego” tienen pues, como propósito —y todas ellas por igual— un cierto “disuadirnos de la paz interior”.

A veces, entonces, estaremos haciendo varias cosas a la vez (bueno, eso es siempre así), pero, los accidentes, si nos fijamos bien, no tendrían que ver con esto (ya que siempre estamos haciendo varias cosas a la vez).

Ya dijimos que hay como una especie de “algo más” en cuanto a lo que “invertimos”, y que es algo así como un “estar poseídos”… poseídos por el conflicto, apegados a él —o “proyectados” por, en y con “el ego” (conflicto que puede no parecerlo).

Hay pues un cierto dejarse llevar por la mente en su “siempre estar enfocada en el ego”… hay un dejarse llevar que es, a veces, diríamos, “exagerado”, que es muy impulsivo, que es algo “muy apegado”, poco o nada “espontáneo”, etc.

Podemos ver, entonces, cómo, al elegir conflicto “dentro”, hemos atraído el accidente, hemos atraído una “realidad” ahí fuera (el accidente) que, de cierto modo, representa “fuera” el conflicto interior. Recordemos que es justo para esto para lo que en general se habría fabricado un mundo aparentemente “ahí fuera”: para simbolizar tal conflicto, proyectando la separación —y proyectando en un mundo de separación— en tanto que tal separación es en el fondo ese conflicto (nuestro apego al mismo) —un conflicto que se quiso eterno, en nuestra mente, en el “interior”.

Si somos honestos, entonces, veremos claramente que si no nos hubiéramos dejado llevar… interiormente, por nuestros locos pensamientos con mayor o menor intensidad (pensamientos conflictivos sobre el pasado, etc.)… o que si no hubiéramos invertido tanto apego dentro una situación con cierta “estructura” (o “caos”, más bien)… una estructura que se salía de madre o que se nos iba de las manos… veremos, entonces —si somos honestos—, que seguramente no se hubiera dado tal accidente.

Normalmente nosotros en el mundo no queremos pensar que elegimos todo el rato, con todo y en todo, en un nivel profundo, el mental —incluso ya desde las elecciones aparentemente primeras: los padres de los que hemos nacido, etc.

Pero así es: elegimos todo, pues como dice el curso: todo nos lo hacemos nosotros a nosotros mismos.

De hecho, tal y como “sabemos” por el curso, el mundo está precisamente para permitirnos ser “sin mente”: para hacernos de-mentes, para que nos pensemos como insensatos, sin mente, sin capacidad de elección, viéndonos sujetos a condiciones fuera de nuestro control… para que así podamos huir ilusoriamente del hecho de que nosotros individual y colectivamente somos quienes convocamos en todo momento los testigos de nuestra “realidad interior” (tanto la falsa como la que tiende a la verdad —la verdad en tanto sinuoso proceso de despertar del sueño).

Convocamos pues esos testigos en un ambiente ciertamente loco, múltiple: en el guión que es el universo, un guión de cierta forma ya predeterminado pero que parece tener “múltiples opciones” (que es en lo esencial una película que repasamos y repasamos, diciéndolo con Gary Renard, creo recordar).

Recordemos que la mente, como dice el curso, es aquí básicamente un “mecanismo de decisión” con el que, interiormente, podemos elegir y re-elegir con quién interpretaremos todo lo que parezca pasar “fuera” (y dentro). Y recordemos que tales elecciones pueden tener consecuencias en este sentido: sobre el camino o caminos que parecerá que seguimos, dentro de uno u otro tipo de “probabilidad” o “mundo probable”.

Insistamos en que es así (‘mecanismo de decisión’) tal y como dice el curso que podemos definir eso llamado ‘mente’, en todo caso —y ello es así una vez que estamos aquí, tan “perdidos”. Y, por cierto, sobre las múltiples opciones, es decir, sobre mundos o “universos” probables, tenéis las maravillosas explicaciones de Seth (o experiencias narradas creo que no con mucho detalle por Inelia Benz en sus vídeos…).

Así que, como vemos, en general no se trata de decir “no debería haber accidentes”, sino de decir lo que éstos “son”, por una parte (y lo hacemos como podemos, en este texto, con el lenguaje que podemos)…, para que así nuestra experiencia de tales cosas pueda servirnos (como dice el curso: todo está para nuestro beneficio).

Nada es lo que parece, no sabemos el significado de nada. Así que este hablar sobre los accidentes es un “paso” quizá hacia sentir cada vez mejor este “no sabemos nada”… y poder retirarnos cada vez mejor de enmedio, para que el E.S. haga lo que sea mejor para todos mediante “nosotros” (aparentemente “nosotros”) —y para mayor felicidad de todo y todos (la felicidad “de verdad”, la “seria”).

Y aquel “servirnos para algo” dicha experiencia —tal y como vimos en la cuestión de la confianza—, aquel servir, aquella utilidad, tiene que ver con si las cosas o las situaciones son o no son útiles para despertar, para “desapegarnos” del sueño, del universo (sin por ello tener necesariamente que parecer, a la gente, que estamos muy “volados” 🙂 ).

La experiencia es algo que en general podemos “entregar”, por tanto, a lo que el curso llama ‘Espíritu Santo’ (nuestro ser interior, a la Voz, a Buda, a Cristo, como lo llaméis…).

Podemos entregar nuestro apego a tener razón sobre qué significa por ejemplo el accidente en cuestión, y pedir entonces otra interpretación que nos dé una experiencia de paz en vez de la “guerra” que quizá se siga de juzgarla con por ejemplo: “somos tontos descuidados”. Podemos, pues, hacer esto en vez de juzgarnos cada vez más y más a raíz de posibles “accidentes” (también podríamos juzgar diciendo, por ejemplo: “es que los vasos deberían ser de plástico, en el mundo”… o… “el agua no debería mojar”…, etc. 🙂 ).

Podemos, entonces, decirnos con honestidad qué es lo que estábamos pensando cuando tuvimos el accidente…, y ver las razones por lo que eso que pensábamos nos sacaba tanto del mundo…, tanto como para llegar a “tener un accidente” que, conscientemente, creemos no querer, no desear, en esta realidad que pensamos “la única real”. Podemos, honestamente, ver las razones de por qué esos pensamientos o ese “cómo estamos en la situación” provoca que aquí todo en general se convierta en algo más difícil todavía —con este accidente banal, con otros no tan banales, etc. Pero como ya dijimos: nos interesa el hecho de que globalmente hemos elegido una interpretación (miedo) que provoca que experimentemos, con una experiencia externa, una condición que es interna, mental. Y entonces el interés no es tanto el de “arreglarnos” la vida, pues tal arreglo no viene de expectativas sobre lo exterior, sino que, para que sea duradero y verdaderamente un “arreglo” de paz, tiene que venir como consecuencia de elegir paz interior… de cobrar consciencia de ella, de tal posibilidad de elección, cada vez más consistentemente. Esto tiene que llevarnos tarde o temprano a acciones y vidas coherentes (aunque puedan ser raras, fuera de la media, como la de Teresa de Calcuta, sin ir más lejos 🙂 (pero no hace falta)).

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Una respuesta a “¿Cuál es el sentido de «atraemos nuestra realidad»? Un Curso de milagros y el perdón de los accidentes

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  1. archivando un comentario que hice por ahí sobre este tema:

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    Lo que decías del ejemplo de la caída:

    > Si tu te caes al suelo, primero viene el ahhhhhhh, esa es la emocion

    Para llegar a estar aquí, aparentemente, en el universo (es decir, para tener la mente tan distorsionada y limitada a creerse solo un cuerpo (aunque este foco de atención tan especializado, como dices, no es malo ni bueno en el fondo, es otra jugarreta más que hay que, a nuestra manera, habrá que en el fondo “cuidar”))… para venir aquí a “poblar” cuerpos… en el universo…, nuestra esencia se tuvo que “dormir”.

    Esto ocurrió mediante una creencia “mal” interpretada…, y por eso las creencias serían “a la vez” que las emociones.

    ¿Por qué? Porque a la vez que se interpretó “mal” la separación (con miedo) vinimos aquí a poblar esto… y entonces se dio TODO EL TIEMPO A LA VEZ, todas las posibilidades… sobre las cuales ahora navegamos vacilando entre el ego y el espíritu, dándonos de golpes contra la muerte, que fue nuestro propio invento… etc.

    El tiempo lineal, como decíamos, en el fondo no tiene más sentido que el de permitir despertar a nuestra mente dormida, dormida en esa interpretación MENTAL que es la interpretación que el ego hizo de la idea de separarse de Dios (interpretada con pecado-culpa-miedo).

    Nunca te caerías si tu mente no creyera que está separada de Dios, pues no habrías venido aquí a habitar lo que nos iba a dar la opción de pensar que este universo es nuestro creador.

    No habríamos venido a necesitar “culpar” a otros…, a necesitar atribuir a lo “fuera” casi todo lo que nos pasa: al universo le “culpamos” —le atribuimos— sobre nuestros sentimientos…, de nuestro ser (nuestras alegrías y nuestras desdichas).

    Todo es mentira, es una película, no existe…, todo el universo fue hecho para que “tardáramos”, para darnos nuestro tiempo para cambiar de idea en la mente, para cambiar de interpretación sobre la idea de la separación.

    Nada más. No existimos aquí, el “aquí” no es real… el ego no existe…, el ego no es real; eso no quiere decir que no tengas razón, y que sea a veces de vital importancia “cuidarse” —no maltratar simplemente lo egos… no morir en el desinterés del que luego tanto se aprovechan “sectas” y demás… no maltratar los cuerpos, la gente, etc.

    Nunca te hubieras podido caer “por accidente” si no creyeras que estás en el universo, que estás poblando este cuerpo. Y ese “poblar” vino por una creencia mal interpretada en la única mente que existe, unificada, durmiendo, la de todos, que está despertando cuando uno a uno despertamos de creer en la separación de Dios que se refleja aquí en la separación con respecto al resto de seres.

    Aparte de esto, que es más general… también podemos decir sobre los accidentes, más en concreto… podemos decir… que en genera lno existen los accidentes.

    Para caernos, muchas veces hemos tenido que estar distraídos.

    Luego, con los accidentes, en los que parezca a todas luces que “se nos ataca” (carretera, etc.)… también de cierto modo hemos “acordado inconscientemente” que eso suceda entre todos, de alguna manera; no habría prácticamente casi azar.

    Esa distracción normalmente tiene que ver con “cosas mentales”, con tener la mente enfocada en el caos del ego…, caos que nosotros mismos dimos existencia solo para “hacernos difícil” regresar a nuestra Fuente…, para poner un velo de olvido entre ella y nosotros, con todo el universo y otros universo ayudando en ello.

    sí, si no creyeras/creyéramos que es posible separarnos de Dios…, no estarías ni estaríamos aquí nadie, y no podríamos por ejemplo “caernos al suelo”.

    Solo Dios es real…, la separación nunca existió…, la posibilidad de sufrir por una caída es el tipo de cosa que nos hemos “regalado” nosotros mismos por imaginar, en la mente, la interpretación que el ego dio a la idea de la separación: pecado-culpa-miedo.

    > por mucho pensamiento que tengas de algo

    la mente-consciencia de la que hablamos no son los pensamientos usuales… sería el nivel de la experiencia, como lo llama esta voz de la transmisión de Haskell en otro texto.

    El hecho de ser mentes, por decirlo otra vez, sería eso que nos permite elegir a quién seguir dentro nuestro…, pues tenemos “otra voz” que podemos reconocer, que no es el ego.

    Cuando seguimos interiormente “al miedo”, entonces el mundo exterior (empezando por la degeneración de nuestros cuerpos)… nos va a dar pistas sobre lo que tenemos en el interior, cosa que a menudo serían los accidentes.

    > sentimiento o sensacion

    Sí que tendría que ver, esa emoción, con “sentimiento y sensación”… y creo que con “emoción” estamos hablando de mixtos entre sentimientos y emociones.

    Los sentimientos son en realidad siempre “puros”… y están distorsionados por nuestro corazón, pues éste normalmente no está integrado, se cree que está viviendo en la separación; es decir, están distorsionados con esas gafas del ego…, al no estar integrado, nuestro corazón, con nuestra mente…, pues la mente cree estar habitando la separación…, la separación con respecto al Amor, a Dios (que fue y es una idea…: todo partiría de la mente en el sentido amplio que te digo, de la consciencia…, todo está contenido en ella… pero remarcando que el uso que podemos y debemos hacer aquí de mente-consciencia sería en principio el de capacidad de “elección” hacia conseguir el discernimiento de lo que realmente somos: espíritu, que es capaz de ver la Luz tras todo lo que vemos).

    > No van a la vez, pensamiento y emocion.

    Sí, porque el tiempo lineal no existe…, es un camelo, una trampa que nos pusimos para “darnos tiempo”… para despertar de la creencia en el tiempo y la separación (esta sería la paradoja que es este mundo… mundo que realmente no existe… que solo existe para perdonar a Dios por habernos hecho perfectamente libres, como decíamos).
    _______

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