¿Qué estamos haciendo realmente cuando “trabajamos”? Una producción que es un consumo. El universo no es “ecológico” :)   Leave a comment

Puesta de sol de Roberto Carbonara, en Flickr

Puesta de sol de Roberto Carbonara, en Flickr

«Siéntate sosegadamente, y según contemplas el mundo que ves, repite para tus adentros: “El mundo real no es así. En él no hay edificios ni calles por donde todo el mundo camina solo y separado. En él no hay tiendas donde la gente compra una infinidad de cosas innecesarias. No está iluminado por luces artificiales, ni la noche desciende sobre él. No tiene días radiantes que luego se nublan. En el mundo real nadie sufre pérdidas de ninguna clase. En él todo resplandece, y resplandece eternamente”. 
» Tienes que negar el mundo que ves, pues verlo te impide tener otro tipo de visión. No puedes ver ambos mundos, pues cada uno de ellos representa una manera de ver diferente, y depende de lo que tienes en gran estima. La negación de uno de ellos hace posible la visión del otro. Los dos no pueden ser verdad; no obstante, cualquiera de ellos te parecerá tan real como el valor que le atribuyas. Su poder, sin embargo, no es idéntico porque la verdadera atracción que ejercen sobre ti no es igual.
» Tú no deseas realmente el mundo que ves, pues no ha hecho más que decepcionarte desde los orígenes del tiempo […].»
[Un Curso de milagros; T-13.VII.1…]

Índice:

– Introducción: la trampa de la ecología; un párrafo fundamental de Wapnick, y la posible necesidad de “honrar” a nuestros semi-fabricadores como cuerpos en esta Tierra que devastamos desde hace un tiempo
– Reciclar auto-ataque en ciclos de muerte y destrucción (dualidad) es nuestro principal y casi único “trabajo” en la Tierra
– ¿Devorando la Tierra? La expansión de la boca humana: ciudades
– ¿2012?

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Introducción: la trampa de la ecología; un párrafo fundamental de Wapnick, y la posible necesidad de “honrar” a nuestros semi-fabricadores como cuerpos en esta Tierra que devastamos desde hace un tiempo

Hemos tratado ya de casi todos los “grandes temas” 🙂 de forma simple, pues todo se reduce siempre a un mismo tema: lo que hacemos por defecto enfocados en el ego, que es reciclar auto-ataque reforzando el deseo de ser especiales (por ejemplo apegándonos a los roles terrestres, como padres, madres, familiares, trabajadores, etc. (creyéndonos todo esto demasiado)).

La aceptación del curso de milagros permite una visión simple unificadora, que nos facilita las cosas para comenzar nuestra “integración” mediante la aceptación del sistema de pensamiento del perdón —el perdón de toda percepción, de todo eso que hacemos por defecto inadvertidamente, y que es por tanto el perdón de toda relación, facilitando así nuestro “regreso” a la Fuente.

Tratábamos del sexo y el dinero, de las relaciones especiales con padres e hijos (terrenos de juego para el ego y sus proyecciones que podríamos ver como “los más importantes”). Y ahora apuntamos un poco de forma muy simple hacia el trabajo y “la ecología”, donde se asomará aún la tentación de ver a la Tierra como víctima real, cosa esta que la separaría de nosotros, mientras que, en realidad, no estamos separados de ella (recordando que todo es nuestro propio sueño, en esta co-fabricación compartida entre todos y con la Tierra misma —siendo la aparente “destrucción” terrestre una representación de nuestro conflicto interior).

La polarización artificial/natural es quizá también una de las trampas mayores del ego. Nos hemos creado un escenario natural, el universo físico, de donde los cuerpos parecieron salir, biológicamente hablando, de forma “natural”.

Ahora bien, recordamos que el curso invita a ver todo lo fabricado por el ego (nuestra mente alimentando ese sistema de la separación) como igual entre sí.  Así que si nos unimos bien con el Amor, en nuestro centro, percibiremos que lo natural y lo artificial son en realidad lo mismo, polos falsos de una dualidad con la que nos quisimos engañar sobre lo que realmente somos (nada que ver con este universo).

Al mismo tiempo que vemos todo lo del ego como “igual entre sí”, alcanzaremos a verlo como nada, como nada en comparación con lo que somos: Amor, en un “universo” (el de “Dios”) que nada tiene que ver con el nuestro, el de la percepción.

Y esta disyuntiva no es “teórica”, como sabemos, sino que se nos va “enseñando” o recordando en nuestro sentir —si nos dejamos—, homogeneizando de este modo nuestra percepción para poder llevarnos dulcemente a la paz y la dicha que realmente somos (todos por igual).

Es decir, debemos entregar toda percepción por igual a quien sí sabe qué es lo real, es decir, a esa instancia, en nuestro interior, que nos guía, y que nos da maneras distintas de ver todo ese miedo que muy a menudo vemos “fuera”, proyectamos.

Lo real no tiene nada que ver con ningún campo de dualidad, con ningún universo de percepción donde vemos que estamos estableciendo estas dualidades tan tensas —entre por ejemplo aquella artificialidad del humano moderno y la biología “natural” de los cuerpos, “biología” que a veces se ve aparentemente sobrepasada por el devenir artificial humano y la devastación del medio ambiente que ahora le acompaña.

Podríamos jugar también a verlo así, al hilo de otros temas que hemos hablado por aquí (ver Constelados cósmicamente): en el nivel de los cuerpos— y sus historias (aunque todo sea proyección de una sola mente)— es como si en el universo se contemplara también la posibilidad “biológica” (en un nivel más amplio, de “biología universal”), la posibilidad de la existencia de seres “predadores de planetas”, de todo un planeta.

Quizá llevemos un tiempo “sirviendo” a gente así, en parte, durante milenios. “Ellos” (que recordemos, son nosotros mismos, son un espejo)… ellos… serían nuestro “padre” no visto, un padre no honrado (y quizá parcialmente ellos tuvieron que ver con la última modificación genética de este tipo de cuerpo humano que creemos “ser”, pues en realidad al parecer no tenemos ni idea de nuestra historia en las diversas líneas probables en esta parte del universo).

Entonces, por eso mismo, por no ser visto u honrado dicho “padre y/o madre” (como diríamos en constelaciones familiares), quizá estemos haciéndolo todo aquí bastante peor de lo que podríamos hacerlo :), en cuanto al “trato amoroso de la Tierra”, de nuestra consciencia, etc.

Además, quizá existan varias élites “humanas” que se creen a cargo del guión de esta parte del universo, durante milenios. Quizá ellas en parte sirven para impedir que nos enteremos de nuestra “verdadera filiación” como cuerpos (que la gran masa humana se entere). Así, no podemos ver, honrar, “perdonar”, o “reconciliarnos” con nuestros “semi-padres”, en lo que toca a este gran cuento universal, que es, por otra parte, recordemos, falso de cabo a rabo (y que es solo algo a perdonar, a disolver suavemente en nuestra percepción).

Citaremos ahora, para terminar esta introducción, unos párrafos fantásticos donde Wapnick habla de la relación especial que vemos ahí “fuera”, de forma “natural”, entre los organismos individuales y el medio ambiente, en este tipo de universo (por ejemplo, nuestra relación con las plantas y el papel, ahí, de nuestros excrementos). Esto nos servirá para “hablar” de ecología —de la trampa de la ecología.

El contexto es el de las relaciones especiales, donde nosotros nos relacionamos por defecto con algo (que en nuestra percepción y por medio de esta relación convertimos en algo separado, o más separado aún), nos relacionamos creyendo que podemos completarnos con aquello que el otro posee y nosotros no —por ejemplo porque la otra persona es “más especial” (en lo que sea).

Así intercambiamos nuestro “ser especiales” —cosa esta que en realidad es nuestra “falta”, sentimos que nos falta… y por tanto no lo valoramos tanto, porque en realidad sabemos a la vez que no es nada, que no lo tenemos realmente—, lo intercambiamos… por lo mismo, pero ahora “visto” en la otra persona (o cosa). A esa otra persona la consideraremos “más especial” —o bien la veremos como alguien que simplemente tiene “lo que nos falta” (aunque, como no hay pensamientos neutros, una “falta” percibida en nosotros no la percibiremos normalmente de forma neutra).

Esta relación especial puede ser por tanto de amor especial, pero de un “amor” que por tanto encubre en el fondo odio, odio a nosotros mismos por nuestra sentida falta, por nuestra invalidez profundamente sentida —ya que aquí todos por igual creímos haberle robado a Dios nuestra vida, y con violencia —creímos habérsela usurpado:

«En una escala mayor, este demente y perverso esquema de intercambio, de canibalizar lo que se percibe como valioso en el exterior [lo que “nos falta”], a cambio del “regalo” de lo que se ha juzgado como algo sin ningún valor [nuestro ser especiales, lo que tenemos que ofrecer y que nos diferencia del otro, de lo otro], se puede ver en la estructura básica del cuerpo y su intrínseca interacción con el mundo. No podemos sobrevivir sin oxígeno, el cual solo puede tomarse de la atmósfera externa, y a cambio al ambiente le damos dióxido de carbono, el cual no tiene valor para nosotros. En cambio, nuestros compañeros de amor especial en este proceso son a su vez las plantas, las cuales necesitan el dióxido de carbono para su existencia, mientras que ellas excretan el oxígeno que es necesario para nuestra superviviencia. De igual modo, requerimos alimento para obtener una energía que es de valor incalculable para nosotros, y una porción substanciosa de esta procede de la tierra —como sabemos. Luego, nosotros excretamos los productos de nuestro sistema digestivo, los cuales no tienen valor para nosotros pero sí son de gran valor para el terreno que da vida a nuestro alimento. Es más, el excremento es generalmente abominable para nuestros sentidos, y en este nivel podemos entender que esta aversión a nuestros desperdicios humanos —la forma— refleja el horror subyacente de nuestra culpa —el contenido— por el canibalismo que es el cimiento de nuestra supervivencia como organismos individuales. Y más allá de esta culpa, por supuesto, está el horror por el canibalismo ontológico que nos “ganó” nuestra libertad justo al principio, a expensas, así lo creemos, de la destrucción de Dios y Su creación. Y después de obtener la vida y el poder que codiciábamos de nuestro Creador, lo descartamos como un desperdicio irrelevante e indeseado.
» Para continuar y ampliar esta discusión, es interesante ver cómo desde el punto de vista del medio ambiente, nuestros desperdicios proveen la nutrición para mantener intacta la relación especial entre los organismos individuales y el mundo; verdaderamente, desde la perspectiva del ego presentada por Un curso de milagros, este es un “matrimonio hecho en el cielo”. El reverso de esta relación de amor especial entre individuo y medio ambiente, se puede ver ahora, sin embargo, por los efectos destructivos externos de este trueque, desde la revolución industrial, donde los desperdicios de nuestras plantas industriales y nucleares han contaminado y casi han ocasionado la devastación del aire, el agua, y la tierra del mundo. Así pues, la simbiosis del amor especial que ha existido durante milenios súbitamente se ha tornado en lo que de verdad siempre fue: la relación de odio especial que está continuamente presente dondequiera que dos individuos aparentemente separados requieren del mutuo especialismo para la compleción que creen que les falta en sí mismos.
» Nuestro mundo, pues, refleja la locura asesina del sistema de pensamiento del ego, que permanece oculta para siempre de nuestra vista mediante la relación especial. Los ojos de nuestras mentes, cegados por el fulgor del especialismo, jamás nos permiten mirar más allá de su destello empapado en sangre y ver su verdadera fealdad oculta en la mente, y más allá de eso contemplar la gloriosa verdad de nuestra realidad.» (Wapnick en El mensaje de Un curso de milagros; pág. 129 (traducción parcialmente modificada))

Reciclar auto-ataque en ciclos de muerte y destrucción (dualidad) es nuestro principal y casi único “trabajo” en la Tierra

Siempre se trata de lo mismo, como ya sabemos: lo que hacemos en “el trabajo”, empresas, cooperativas, etc., es por defecto reciclar o incubar culpa —auto-ataque— hasta que nos vamos uniendo con la percepción de paz, en el interior nuestro, y así permitimos que esta transforme nuestras interpretaciones del guión de cuerpos que vemos “fuera” —ya sea o no que la espontaneidad nos lleve a no hacer ningún cambio en nuestras vidas… o bien en algunos casos a “cambiar de trabajo”…, o bien en otros quizá a dejarlo por otras actividades que no se le parezcan mucho (si es que tenemos “la suerte” de “trabajar” :), tal y como se diría hoy, en este contexto).

Quizá esa “unión con la paz” podamos realizarla en la llamada “jubilación” —o quizá ni nos dé tiempo a eso, tan ocupados como estamos en juzgar el mundo como “real”.

Así que nos juntamos en empresas que normalmente tienen por ejemplo figuras como “los jefes”, jefes más o menos informales. Y en ellas todo (y todo en el mundo en general) está implícitamente lleno de jerarquías, de comparaciones, de “órdenes” o de sistemas de ordenación en general…, de órdenes que vibran, que atraen o repelen, que se “quejan”… aunque a menudo sea casi imposible hablar o describir tales sistemas de ordenación.

En ese marco, el de una cierta “demencia” compartida con todo el universo, vamos a lograr “nuestro” sustento, el propio, de forma extremadamente individualizada, cada uno en su jaula predeterminada de lo que va a compartir y comunicar con otros egos que “se buscan la vida” en el contexto convencional del trabajo, un contexto que es digamos parcialmente “incomunicativo”, y que por defecto es “competitivo” (hacia fuera de la empresa, lógicamente, y hacia dentro, entre los empleados, a menudo —sea la empresa “grande” o pequeña…, o bien incluso aunque sea una “cooperativa”).

Esta es la trampa ¡pero cuidado, poder trabajar es a menudo y a la vez condición para la máxima liberación!, en una especie de honra al tiempo lineal que realizamos en esta liturgia parcialmente “satánica” que llamamos ‘sociedad’ —esta “matrix” dentro de otra matrix.

El tiempo del mundo es en gran parte nuestro “padre”, ya que su linealidad en realidad se basa en algo mucho más general y menos neutro que la mera secuencia lineal temporal: se basa en la muy emocional secuencia de la trinidad del ego: pecado, culpa y miedo.

Al tiempo del mundo le tenemos que “honrar” con cosas como estas: “no teniendo tiempo“…, quejándonos a veces por ello (sacrificio) con…: “eh, que salimos tarde de “trabajar””, y “eh, que queremos tener más tiempo”… etc.

¡La trampa funcionó una vez más 🙂 ! El tiempo se hace “amar” por nosotros.

Así que ahí tenemos de nuevo a la sociedad y al universo incubando y cultivando otra vez culpa (auto-ataque), queja…, escasez…, y vuelven a triunfar en tanto que simplemente implementan el sistema de pensamiento del ego.

Así que esta es nuestra forma de apreciar el tiempo: lo creemos “malgastar” en trabajos que muchas veces consumen enormemente. Y es que eso es lo que se dice hoy que “mueve la economía”: gastar.

Es misterioso 🙂 que no nos riamos más del hecho de que llamemos ‘producir’ a lo que hacemos “trabajando” —a este inmenso y “festivo” (aunque un poco macabramente festivo) despiporre.

Lo llamamos ‘producir’ cuando, sin embargo, lo que “producimos” es más bien “consumo”, con más o menos queja: en las oficinas…, con los coches o con los medios para llegar al “trabajo”, despilfarros varios…, atascos… etc. La producción es en realidad gasto de calefacción, combustible, luz…, en este paradigma explosivo actual, con el cual conceptualizamos, corporeizamos en todo un “mundo”, nuestra relación especial con el universo, una relación que se muestra ahora en su fundamento: odio… y en parte todos al servicio de las grandes estructuras multinacionales privadas en expansión que nos dicen (a través de las cuales nos dijimos a nosotros mismos, engañosamente) por ejemplo lo que significa esta palabrita: ‘energía’.

Todo esto es algo tremendamente gracioso. En realidad, trabajando, producimos y amplificamos una relación: la relación de consumo, un consumo ciertamente algo “atroz”… algo devastador… pero que es en realidad el mundo (una relación de consumo explosivo).

Mientras, y realmente, el tiempo no existe —así como tampoco el mundo (ellos solo insisten, en estos nuestros sueños donde creemos tener que venir a sanar culpas a estas tierras…, etc.).

Así, sucede como si nuestras vidas fueran hipotecadas pero a la vez liberadas, pues el hecho de tener el sustento propio “asegurado” con los “trabajos”, de forma más o menos individual —cosa que puede facilitar “liberarse” de los chantajes emocionales familiares que a menudo parecen venir de ancestros muy lejanos—, es algo que nos puede facilitar la elección libre dentro del contexto de nuestros particulares “lazos psicológicos” (y poder sentir que elegimos libremente dentro de estos lazos, y sin tener que romper o deshacer nada necesariamente en ellos).

Por ejemplo se trata de nuestras dependencias familiares, que son tan potencialmente peligrosas cuando hemos pasado una cierta edad, y que son tan potencialmente dañinas si no integramos esas relaciones, psicológicamente hablando. Debemos “tratar” o repercibir todas estas relaciones que nos sirvieron para formar nuestras primeras corazas. Podemos hacerlo con nuestras decisiones libres, a lo largo de la vida normal, para ir limando esa especie de chantaje psicológico-físico que se arrastra desde la familia y sus “constelaciones” (chantaje que simplemente debemos aceptar, integrar, “perdonar”, pero que no es nosotros).

Así, mucha gente aún parece que debe incubar en sí misma un cierto espíritu de estar “sacrificando” su tiempo, para así “pagar al universo” por el hecho de que parezcamos ser individuos con libre albedrío. Estas inercias a veces pueden mantenernos alejados de la verdadera y más simple elección que “hay que” realizar en el nivel mental, donde un día todos elegiremos no creer ya más en la realidad de nada de lo que proyectamos en estos universos —sin negar simplemente los cuerpos, pero sí utilizándolos para la felicidad de no tener que creer más en la separación, “negándolo” por tanto con la mente enfocada en el “espíritu”.

Poco a poco nos daremos cuenta de que la elección es muy importante, en el mero “aspecto mental”: podemos elegir qué pensar del mundo, de nuestros padres, etc.; podemos, si así lo elegimos, sentirnos libres en el mundo, no chantajeados por esas dependencias que se crean por ejemplo en el contexto familiar.

Podemos, sí, aceptar las intrincaciones familiares… reconocer tales intrincaciones con el inconsciente colectivo familiar o grupal. Así, podemos entonces empezar a integrarnos, a abrirnos un hueco “real” en el mundo de la mente, de esa mente libre que toma sus decisiones sobre “qué pensar” de las cosas. Entonces no necesariamente debemos estar “sometidos” a esos lazos inconscientes, a las intrincaciones con nuestros ancestros o compañeros de fatigas en por ejemplo guerras lejanas en el tiempo, etc.

Pasamos entonces de esa especie de “chantaje familiar”, al chantaje social del contexto laboral, más potencialmente “cósmico”, digamos.

Al “familiar” lo aceptamos, y somos ese familiar nuestro casi de forma “programada”, pero más libremente de lo que creemos…, y para con ello ser “niños buenos”, dentro de ese contexto que principalmente creemos que sirve para “satisfacer nuestras necesidades” en esa época de tanta vulnerabilidad infantil.

Y de nuestra cierta “sanación” natural, la de esos lazos primeros, dependerá cuánto de “inercia sufridora” arrastremos a otros contextos: pareja, trabajos… etc.

¿Devorando la Tierra? La expansión de la boca humana: ciudades

El ego, es decir, nuestra mente al alimentar “inadvertidamente” ese sistema de pensamiento del infierno que llamamos “ego”, y que está alimentando en casi en todo momento…, tiene un grave problema con el asunto de la autoría —como ya sabemos por el curso de milagros.

La Tierra parece ser nuestra autora, quien nos permite jugar a la ilusión de la reproducción física, es decir, a creernos que en gran parte somos autores de los cuerpos humanos mediante la reproducción que creemos “natural”, la sexual en el contexto de los materiales terrestres. Así que… como vemos, debido a eso allá que vamos ¡a por la Tierra! ¡A por nuestra autora! A jugar a destruirla poco a poco —o al menos a intentarlo.

Y en realidad sí que somos los autores de los cuerpos, pero principalmente de forma mental, y no mediante la reproducción física —que por extraño que parezca sería solo una ilusión, y que sirve, entre otras cosas, para escondernos la verdadera causa de la proyección, que es mental, de todos estos cuerpos y planetas.

Y el hecho de volver a la mente recordando que nuestra causa es mental, sería algo que nos acercaría demasiado a tener que recordar que nosotros no hemos creado nuestra mente, que no somos nuestros creadores (sino que nuestra mente fue creada por esa instancia que ahora llamamos “Dios” —que es un “estado”, el único real, el “verdadero”, de felicidad creativa eterna, con nuestro creador/a).

Recordemos que habiendo fabricado un universo, hemos creído que éramos nuestros propios creadores, aunque esta creencia sea ahora inconsciente, por así decirlo, pues está “escondida” en la supuesta grandiosidad del universo, ya que este parece estar fuera de nosotros.

Tenemos mucho miedo a ser nuestros propios autores, pues, como dijimos, esto es lo que creímos para dar comienzo a todo esto, aunque sea una creencia falsa. Por tanto, es lógico -en la lógica demente e inconsciente del ego- que queramos “matar” a la Tierra, a quien nos da  aparentemente “de comer” en esta ilusión del universo.

¿Matarla? Sí, porque esperamos un ataque por el “pecado” que creemos haber cometido al haber supuestamente “usurpado” la capacidad creadora de Dios. Y, como por defecto no conocemos otra cosa que lo que fabricamos, y como tenemos un conflicto interior enorme dentro, necesariamente creemos que lo fabricado nos va a atacar, o nos puede atacar (como se ve, todo aquí, en el sistema del ego, depende en el fondo del ataque).

Así, nos “matamos” a nosotros mismos (aparte de hacerlo con la muerte física de los cuerpos), en ciclos de muerte y destrucción, pues nosotros estamos fabricando a nivel mental la película del universo. Nos matamos, por tanto, muy simbólica y tragicómicamente —en esta obra tan demente del universo de la dualidad.

Y cuidado, obviamente no estamos haciendo “ecologismo”, sino que se trata de observarlo todo y mirarlo sin juzgar, en un primer momento. Luego ya se verá, pero todo debe ser usado para nuestro beneficio si estamos haciendo cosas como seguir más o menos este libro del curso de milagros o similares, o si simplemente estamos intentando ser felices, etc. (perdonando así toda percepción para integrarnos con nuestro verdadero ser de paz), porque nos habremos dado cuenta ya que otorgarle realidad a algo “fuera” es una locura (todo está dentro nuestro, la separación es una ilusión, grandiosa, pero ilusión).

Nada debe afectar a nuestra paz mental, pues desde el conflicto seremos todavía menos útiles en el plan de disolver la dualidad, que es lo único que realmente traerá dicha a todos.

En realidad, como sabemos, nuestro verdadero “autor” es algo que está a nivel mental, y que no tiene nada que ver con la percepción ni con nada cambiante.

Como este hecho, nuestra verdadera naturaleza eterna, lo interpretamos en el nivel mental con mucho miedo —una vez plantada en nuestras mentes la idea de la posibilidad de la separación de Dios—, y como entonces nos creímos realmente separados de Dios, entonces, tal cosa, nos dio tanto miedo —dicha mera creencia— que elegimos cada vez más el sistema del ego: pecado-culpa-miedo, y luego necesitamos una proyección de cuerpos y diversas dimensiones para poder representar la tragicomedia del sistema de pensamiento del ego (donde necesitamos ver la culpa “fuera” de nosotros, etc.).

Entonces, proyectamos estos universos en los que, como vemos ahora, literalmente “nos comemos” todo lo que podemos (es decir, no tanto lo cuidamos, sino que lo “consumimos” en una especie de orgía sin aparente “sentido”). Y lo hacemos sin tapujos: nos comemos a quien nos da de comer, la Tierra.

Por ejemplo: las ciudades son máquinas o grandes bocas de “comer acero” o por ejemplo petróleo para los automóviles y otros muchos elementos terrestres cuyo consumo no sabemos bien cómo afectará en esta ilusión universal a la dinámica del planeta. Y lo hacemos con la industrialización del medio —y de las consciencias mediante la publicidad, etc.— y en un cierto devenir cósmico, o en una cierta “robotización” del humano —mediante el enganche a todos los gadgets, o mediante nuestra inmersión en la jaula electromagnética y química (pero en realidad nada puede afectarnos, cuidado con pensar que sí nos afecta realmente, pues nuestra realidad no está en el mundo de cuerpos).

Este contexto tan artificial, el de la jaula electromagnética y química, es, como todo aquí, algo ambiguo. Nos fabricamos una ilusión, una gran matrix social dentro de la matrix que es este universo. Y, hasta cierto punto, “volver a la naturaleza” o hacer amagos en ese sentido, es algo que nos puede servir por ejemplo como “gesto místico” y con el cual nos diríamos…: “nosotros no nos creamos a nosotros mismos”…, y también puede servirnos en parte para “lo contrario”: para sentirnos más especiales aún en la matrix universal (cosa esta, el especialismo, que es nuestro único no-problema).

Es como si las ciudades representaran una expansión de la boca humana, de esa boca nuestra que solo podía principalmente comer plantas, animales… pero que ahora —aparte de los faquires 🙂 — parece comer sobre todo hierro y otros materiales metálicos y minerales en cantidades industriales —quizá mayores que las cantidades consumidas de alimentos.

Los materiales de los coches parecen ser tirados a “la basura” a veces a los 10 años de uso o poco más. ¿Y qué culpa tendrá la carrocería 🙂 de que se estropeen otras cosas quizá vitales para el funcionamiento del motor, qué culpa tendrán todas las demás piezas?

Pero, como sabemos, no se puede pensar así, no podemos entender nada en el universo, en la sociedad, pues en realidad aquí no está pasando nada. Esto es lo que ahora llamamos nuestro sistema de “producción” (producción de consumo, en gran parte de destrucción calculada…), y así, es como parece que representamos escasez “fuera” (ciclos de escasez con los que reforzamos el sentimiento de escasez dentro… tirando las cosas para luego tener que volver a fabricarlas más o menos esforzadamente, etc.).

Se trataría pues de un agenciamiento con el que de una forma particularmente rápida “consumimos” elementos minerales como si fuéramos gigantescas piezas de una especie de robot o máquina social que amplifica nuestras necesidades (esa idea de la necesidad, tan esencial para nuestro ego)…, amplificando así de cierta forma nuestros cuerpos físicos. Con ello conseguimos por tanto fabricarnos una especie de monumento a nosotros mismos, de forma monumentalmente egoica… :), manifestando el hecho de que le hemos otorgado realidad intensamente al hecho de ver una realidad “externa”, al hecho de otorgar realidad a todo lo de “fuera” —a los cuerpos, etc.—, y, por tanto, no queriendo ver dentro las cualidades de la mente —respecto al cambio y la comunicación hacia dentro de nosotros mismos, donde todos somos uno.

Recordemos que si se recicla dicho acero (que no sé si se puede), de todas maneras estamos consumiendo combustibles, etc., para el reciclaje, y a lo bruto —aunque en este ejemplo quizá haya cada vez menos metal en su fabricación.

Así, todo es una especie de honra al consumo, honra a la polarizante destrucción cíclica que conllevó desde siempre el universo. Y sí, solo debemos aceptar en primera instancia lo que hay, por aberrante que sea, pues si no estaremos en resistencia interna, nos agotaremos en una actitud improductiva.

Así que “el sistema” —esta especie de Matrix— se reproduce a sí misma a través de usarnos en parte como piezas, como piezas de carne y hueso, para los proyectos cósmicos probables que habremos “ideado” en y desde otros niveles… en este drama de los planetas, en las particulares formas que tengan tales planetas de “hacer el amor” y la “guerra”.

Pero, como vemos, todo esto lo estamos observando. Y entonces… ¿quién es la consciencia que puede mirar “desde fuera” todo esto, y empezar a contárselo? Parece que es una “consciencia” que puede depender cada vez menos de cualquier universo perceptivo, y que cada vez podrá elegir, más consistentemente, “regresar a la Fuente”, para ayudar desde dimensiones mucho más creativas…, y, con ello, podrá no atender a ninguno de esos conflictos falsos que un día ella misma se quiso representar “afuera”, en cualquiera de los falsos “afueras”, en los múltiples universos que “existen”.

¿2012?

Sí: en realidad todo es reconciliable: gente que haya seguido el “2012” y las diversas sincronizaciones posibles… y quienes no crean en estas fechas y reinicios de ciclos.

Parece que el mundo es “esotérico” en sí, que no es solo un “sistema físico”, sino que contiene unos ciclos muy esotéricos 🙂

El “hecho” de que el universo no sea solo un sistema físico quizá lo sabemos ya más conscientemente cada vez más gente aquí, “fuera” —aparentemente “fuera” de la mente que proyecta todo esto, aunque paradójicamente seamos a la vez dicha mente.

De eso trataba quizá “la expansión de la consciencia”: de darse cuenta aquí y ahora de nuestro “ser multidimensional”. Este percatarse no es ni “malo” ni “bueno”, simplemente es. Aparentemente se trata de ciclos, en este universo que es consciencia de cabo a rabo (y tanto los ciclos como la consciencia serían cosas que podremos llegar a ver de forma neutral, para poder tenerlas como simples instrumentos para el Amor).

Que esto sea un “sistema físico”, esa “verdad”, sería nada más que una interpretación de miedo (y nada menos), aunque digamos que de un miedo que nos constituye en gran medida a nosotros, los “humanos del paradigma moderno” (o los que recién parecemos salir de ahí, en otro ciclo más).

Dicha interpretación miedosa tendría miedo de nuestras “otras dimensiones” -entre otras cosas-, y esa interpretación nos constituye en el sentido “moderno”: éramos “humanos modernos”, en ese paradigma.

Pero esos humanos se dice que éramos en realidad una especie de excepción cultural, aunque todo este énfasis puesto en el exterior, tan agudamente, con la industrialización, nos habría llevado por ciertos derroteros —a una gran parte de la humanidad— donde vemos, fabricamos o presenciamos muy directamente muchas “cosas tecnológicas”, para luego así quizá poder terminar huyendo de este planeta donde estamos escenificando este devenir devoradores de “la Madre Tierra”… de ese “Padre/Madre” que creemos que “nos tiene”, nos reproduce.

En realidad no nos reproduce lo físico. Lo que nos reproduce es la mente. Nosotros fabricamos la realidad desde la mente, en niveles digamos más compartidos, aunque “inconscientes”, y muy poderosos.

Por tanto, a este grandioso drama que parece tan natural venimos en parte a olvidarnos de que nosotros fabricamos la realidad, desde la mente (cosa esta que es demasiado “poderosa” para nuestro miedo, para el terror que tenemos del Amor que es nuestra verdadera fuente, y de cuya experiencia venimos aquí a dormirnos).

Fabricamos la realidad desde nuestras emociones-creencias, en niveles profundos de la mente compartida. Así que venimos luego a olvidar que somos mente “proyectante” :), y “colectiva”, que además se encuentra viviendo una cierta reunificación, a la larga —tal y como parece que lo hace toda mente que proyecte cuerpos, en cualquier sistema de realidad, con cualquier tipo de percepción de separación.

Entonces, aquí “fuera”, en esta “dimensión”, que es quizá la menos relevante en cierto sentido (y la más relevante en otros sentidos), todo esto del “cambio del 2012” quizá simplemente significa una manifestación o celebración “fuera” de los movimientos quizá periódicos que ocurren en torno a la fabricación mental “subyacente” del universo —y en concreto ahora, en este movimiento de “complementar” o modificar el paradigma moderno del “solo cuerpos” y mecánica, tras los todos los milenios vividos con cierto tipo de “dualidad” (de la que ahora vendría quizá “otro tipo”, pero siguiendo obviamente en la dualidad).

Es de suponer por tanto que esto del 2012 supone una cierta “celebración” —o un punto central simbólico— de lo que ya nos lleva sucediendo durante años (ya sea “malo”, ya sea “bueno”) en cuanto al “despertar generalizado” desde ese paradigma hacia otros —hacia otras dimensiones de nuestras vidas— con todo lo que ya hemos hablado, y con todo lo que ya ha surgido “públicamente” en occidente (desde por ejemplo esos maravillosos años 70, con la canalización de Seth, con el curso de milagros, con tantos “terapeutas” o similares que fueron geniales, etc.) —y con todo lo que se sabe y se hablará, de aquí a poco tiempo, cuando lo siguiente vaya consolidándose y creciendo más:

— por un lado el capitalismo (que crecerá un poco a lo bestia, como siempre, en su búsqueda “eterna” o en su provocación de catástrofes, para reconstruir y rehacerse a sí mismo),

— así como creciendo la certeza dentro del “humano moderno” :): la de que somos mentes con “varias vidas”, con vidas probables, etc. etc. (cosa esta que como se sabe ya apareció en muchas canalizaciones y en películas muy caras de cine —cosas estas que parece que andan “por delante”, siempre).

Y todo resulta también un poco de risa.

¡En el metro de Madrid te encuentras gente “vestida normal” 🙂 —que no van vestidos con plumas y trajes de chamanes— leyendo por ejemplo a Brian Weiss! ¡Esto será lo que significa el 2012!

¡Aunque “siempre ha sido 2012”!, pues parece que siempre han existido estas “cosas raras” en esta civilización que tanto esfuerzo hizo, hicimos, para centrarnos “solo en lo físico”.

Así que aquí estamos, ciclo tras ciclo, auto-engaño tras auto-engaño, en ciclos de muerte y destrucción, que nos dan tiempo para darnos cuenta de que el tiempo lineal es locura 🙂

Al parecer, decía Seth, en la historia, aparte de estar todo el rato surgiendo civilizaciones tecnológicas, en la Tierra (y desapareciendo aparentemente en el olvido), ya se han ido fuera del planeta varias civilizaciones, en comandita, a “poblar” otros lugares, al parecer (y quizá también lo hicieron inter-dimensionalmente).

Pero nuestro despertar individual parece que es siempre lo fundamental: perdonando todas las percepciones en el buen y amplio sentido de ‘perdón’, y deshaciendo todo miedo, ya que el hecho de que en realidad el universo “no exista” (afortunadamente) nos iguala a todos perfectamente y nos dispone a “servir” lo más perfectamente posible quizás en el plan de reunificación de nuestra “tonta” mente (en un plan de quizás sucesivas reproyecciones, ayudadas por los que vayan despertando de la triste creencia de que todo esto es real, de que la muerte podía ser real, yendo así despertando más y más a nuestra dimensión fabricadora, y siempre sujetos al propósito del amor).

Así que nos toca “reunificar” nuestra “tonta mente”, la que no quiso saber que todo se lo estaba haciendo a sí misma.

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