Dirección y encantamiento. La rueda del Tarot y Un Curso de milagros   Leave a comment

Mandala del Tarot; se puede colocar tridimensionalmente, pues los arcanos mayores son la verticalidad frente al movimiento horizontal giratorio del aspa de cuatro brazos que configuran los arcanos menores. Este mandala aparece en el “best-seller” de Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa: La vía del Tarot.
(Enlazado desde howlingfalcon.wordpress.com)

Otro descubrimiento y proceso de “perdón” lo podemos tener con el Tarot.

¿Cómo? Primero entendiendo qué es el “pensamiento simbólico” —de lo que hablaremos un poco ahora— en contraste con los usos más “materialistas” o “banales” que tienen normalmente las cartas de la baraja (de unas barajas que derivan de la del Tarot), o que tienen los símbolos en general (símbolos como los de la astrología, etc.).

Y también entendiendo en segundo lugar qué es lo que supone, simbólicamente hablando, que un sistema como el del Tarot estuviera casi siempre en parte “pervertido” por todo el “uso corriente”, el cual nos provocaba una cierta reacción de inmediato rechazo, a mucha gente, hasta hace poco.

Este uso, digamos más “vulgar”, es uno en el que, fácilmente, los que echaban las cartas, se han podido “aprovechar” del miedo de las personas y de necesidades egoicas como la de conocer “el futuro” —en vez de tomar decisiones bajo la guía de por ejemplo esa alegría y paz que naturalmente somos.

Pero las “víctimas” de ese negocio sabrán, son libres, y tampoco estamos para condenar nada, pues las víctimas y los “perpetradores” en cualquier cuestión están relacionados —en el fondo todos somos libres y actuamos mucho más a sabiendas de lo que nos creemos (como ya hemos hablado mucho por aquí a cuento del curso de milagros y del material de Seth en torno a las creencias).

Cualquier cosa es en realidad usada por defecto por todos nosotros como un engaño; el Tarot no iba a ser una excepción.

Por ejemplo nos engañamos con los cuerpos, creyéndonos inconscientemente “solo cuerpos”, cuando en realidad lo fundamental sería que no somos cuerpos.

Así que no podemos juzgar nada.

El Tarot, simbólicamente hablando, es una imagen en mandala de todo nuestro devenir en el mundo. Es la imagen del “devenir espiritual” que atraviesa el mundo, trascendiendo en vertical la rueda horizontal de cuatro aspas que contiene los cuatro elementos (espadas, copas, oros y bastos —aire, agua, tierra y fuego).

Nos puede acompañar en la vida como sistema ordenado para la intuición, en los momentos de vigilia, para que nos sirva de recordatorio de nuestra realidad más profunda, “simbólica”.

¿Simbólica? Sí, haciendo contraste con la realidad que usualmente ahora asociamos al periodo de vigilia, la más necesariamente “racional”, pero que también está ordenada en realidad como una “realidad” emocional-simbólica. Al “actuar” lo simbólico invocamos las diferentes e infinitas maneras en que los símbolos se llaman entre sí y tienen la capacidad de despertar “capas profundas” de nuestra psique, y en definitiva quizá de ayudar a la unificación o re-mezcla entre nuestros yoes: los yoes de los sueños… los de la vigilia —calmando o renovando así la separación ilusoria entre “oscuridad” y “luz”, esa separación que tanto exacerbamos en el devenir “objetivista” y disociado de nuestro mundo.

El Tarot se puede colocar como vemos en la fotografía y también tridimensionalmente (leer el pie de foto).

El Tarot nos sirve de espejo para nosotros mismos, pues no somos cuerpos, solo lo parece (en un grandioso truco con el que defendemos al ego sin prácticamente darnos cuenta hasta que despertamos). No somos cuerpos, y nuestra mente en realidad contiene todo el universo. Es decir, nuestra consciencia es anterior al universo, es más vieja que este “lugar” donde principalmente ahora nuestra “alma” parece venir a despertar del sueño de separación con respecto a Dios, descargando lastre.

Jodorowsky es un lector de Tarot, entre otras cosas. Él lo usa por ejemplo para empezar consultas “genealógicas”, para romper el hielo, es decir —quizá, creo— para facilitar el “trance” a veces necesario, o simplemente para entablar un pequeño o gran “diálogo” que dirija al consultante hacia sí mismo, hacia las respuestas que la persona que pide ayuda contiene en sí misma.

Como dice Jodorowsky, el Tarot es fundamentalmente una herramienta que le facilita la misma tarea que en general tiene el Tarot como símbolo global: la de hacer de espejo de nosotros mismos, ya que como dijimos, aquí todos por igual contenemos el universo por entero. En este caso es como si el lector (Jodorowsky), y el Tarot, sirvieran de espejo para las proyecciones del consultante, de la persona en busca de algo.

Buscamos pantallas y medios para verificar la unión de las consciencias en sentido amplio, es decir, de los inconscientes involucrados. En esa unión pueden aparecer cambios útiles en las mentes de “médico” y “paciente”, de lector y consultante, etc. Da igual el medio, da casi igual el tipo de práctica, de pareja o grupo sanador (no hay grados de dificultad en los milagros, como posibles cambios de percepción). Y esta búsqueda de la compenetración a un nivel profundo verificando nuestra unión mental y usándola con buen propósito ocurre en toda terapia, aunque obviamente no se diga así.

Entonces el Tarot supongo que podríamos decir que es un medio para llamar a la “descarga” de “utilidad” por parte de una mente que quiere integrarse, es decir, “sanar” en general… “uniéndose” con otra mente para ello.

Dice Camoin que el Tarot pudo ser obra de María Magdalena y su círculo; María, al parecer, tal y como “sabemos” por los materiales en torno a Un Curso de milagros, alcanzó el mismo nivel de iluminación que Jesús. Quizá podríamos decir entonces que María Magdalena se estaría “reencarnando” fuertemente en la humanidad con nuestro actual redescubrimiento del Tarot, con la bella popularización y restauración realizada por Camoin-Jodorowsky-Costa-etc., en este principio de la “nueva era”.

Del mismo modo, paralelamente a esa “reencarnación metafórica” de María en su obra, podríamos decir que Un Curso de milagros “reencarna” a Jesús. Lo hace de forma digamos “popular”, ya que populariza un mensaje simple y muy completo pero muy difícil de aceptar, y que nos pretende unir con nuestra parte inocente, interior, hacia el despertar. El mensaje es puramente no-dualista, y, así, está parcialmente en armonía con las diversas tradiciones mundiales que ya contienen desde hace mucho tiempo mensajes no-dualistas —en los núcleos profundos de las principales corrientes místico-religiosas.

El mensaje del curso es el que podríamos decir que Jesús hubiera querido transmitir idealmente en su tiempo, hace 2000 años, donde todos estábamos todavía menos habituados a hablar de “proyecciones de la mente”, de abstracción y demás (ahora, en el cine por ejemplo, y tras la canalización de Seth, se habla mucho de universos probables, o tenemos películas como Matrix…, etc.…, y en “ciencia” y filosofía se lleva hablando mucho tiempo de por ejemplo la relación observador-observado… etc.).

Es decir, Jesús popularizó este dictado interno que realizó gracias a Helen Schucman y su compañero Bill Thetford en una universidad de Nueva York, un dictado que contiene una serie de conceptos “realistas” para deshacer todo nuestro “realismo” :), es decir, toda nuestra “necesidad de concepto”, y así poder volver al “corazón”.

Este dictado del curso contiene una especie de no-teología (de anti-filosofía y en parte “anti”-teología) y es un discurso que anima a una práctica esencial: a practicar el simple regreso a Dios, al Amor que somos, que sería lo único real, en la mente, pidiendo siempre otra percepción para todo, o al menos estando dispuestos a decirnos que “hay otra percepción para esto”, en cada situación.

De ahí la importancia del “realismo” anti-mágico que es el medio en el que nos bañamos aún. Este “realismo” puede revertirse rápidamente y ser usado por completo en contra de sí mismo, para así poder ser “elevado” —puesto que si solo Dios es real, como algún día todos sentiremos, entonces resulta que todo nuestro uso del “concepto de realidad” queda movido en su misma base (como por otra parte siempre sucede parcialmente en los procesos donde nos inspiramos y conectamos con “algo más”, algo que nos arrebata más o menos).

De vuelta en vuelta

Haciendo un poco una primera mezcla entre nuestras intuiciones del curso y cosas similares… y lo que leemos en Jodorowsky… el ciclo del mandala del Tarot podríamos verlo como dirección —de dirigir o guiar— en el sentido levógiro. En el dextrógiro sería así como de encantamiento (en ese movimiento mágico-masturbatorio que es el universo, para nuestras mentes que, para seguir nutriendo la ficción de la individualidad, están siempre ansiosas por hacer real la separación).

El intelecto “es” las espadas. Y un ejemplo en este ámbito de las espadas es la creencia o “juicio” de que es posible separarse de Dios, una creencia que ahora está difractada en los universos, en todas las aparentes separaciones que vemos entre nuestros cuerpos y todos los demás que parecen poblar “el universo”.

El intelecto “dirige” lo emocional (copas/agua, el siguiente “palo” en la rueda del Tarot, en sentido levógiro). Es decir, en este ejemplo tan general que hemos puesto ahora mismo: el intelecto (creencia en la separación) dirige la fabricación de miedo —de miedo inventado por nosotros mismos, miedo a Dios, que fue el motor de este y otros “universos”.

La creencia, como cajita directora, se llena (se “encanta”) de miedo que, dentro, se difracta en millones de emociones que disimulan el hecho de tener en realidad una única causa (haber elegido la separación con respecto a la Fuente en la mente, y creer que era posible).

Quedamos pues encantados con tanto despiste, queremos quedar “eternamente” despistados en la magia de tanto encantamiento masturbatorio (pues el universo nunca salió de nuestra mente). Y así, nos “masturbamos” constantemente por ejemplo con la idea de que es posible combinar eternidad con tiempo, conservar las dos (véanse las ideas de la inmortalidad del cuerpo, etc.). Esto es lo que el curso llama “magia”. Queremos hacer eterno el miedo, mirando para otro lado ante el “hecho” demente de que no le tengamos miedo al miedo.

El círculo con dos infinitos de la mandorla que rodea una María que podría ser María Magdalena es la carta final de los arcanos, coincidente con el siglo XXI

El círculo de la mandorla “azul espiritual” contiene en sus extremos dos infinitos (bandas amarillas) y rodea a una mujer que sería, según Camoin, María Magdalena. Esta es la carta 21, la carta final de los arcanos mayores, coincidente con el siglo XXI (algo más que una coincidencia, al parecer)

Podríamos decir que el “encantamiento dextrógiro”, ese proceso de rellenado masturbatorio hacia atrás (copas > espadas > bastos > oros), por una parte no permite que nos demos cuenta de que todo viene levógiramente :), de que todo procede de una idea falsa interpretada erróneamente (la idea de la separación de Dios). Por otra parte nos da juego, y quizá es lo que en parte permite que aquí nada permanezca.

Seguimos con la rueda

Probemos a seguir con esta tentativa de ponerle nombres a los dos movimientos, de dirección y encantamiento, de esos dos movimientos en el aspa de los cuatro elementos.

Las copas —el agua, “lo emocional”— debe dirigir de cierta manera a los oros —la tierra, la corporalidad o materialidad.

¡Claro que sí!

Y la materia a su vez “encanta”, despista y vuelve a “despertar”, mundanamente hablando, con mil colores y matices, a lo emocional de las copas “rojo pasión”.

Los oros amarillos materiales de la tierra deben dirigir lo creativo-sexual de la verde exuberancia de los bastos-fuego. Y sí, lógicamente, dicha creatividad debe encajar en una materialidad limitada, ya hecha, que pueda dirigirla en sus límites. Como primer ejemplo obvio de ello: no somos creativo-sexuales de forma coherente hasta que pasa un tiempo en nuestra crianza como cuerpos físicos o bien cuerpos entrenados culturalmente, “cuerpos culturales”…, y, así, podemos sentirnos “enamorados”, inspirados, de forma más o menos “útil”, en el infierno o “prisión” que por defecto quiso ser esta rueda universal, la de los cuatro elementos de nuestra psique.

¿Y cómo a su vez los bastos-fuego —lo creativo-sexual— “encantan” a lo material-corporal? Es obvio.

Finalmente, los bastos de esa inspiración creativo-sexual dirigen o guían las más intelectuales espadas, guían una intelectualidad, un movimiento de clasificación, de comprensión (lo vemos en el movimiento hacia la belleza, las formas bellas, los gestos armoniosos, las ideas claras expresadas en vibración armónica interior…)… de determinación en lo “solo mental”… que queda “encantado” y posibilitado por la cajita ya abierta por los bastos creativo-sexuales. Una intelectualidad seca a veces no puede progresar, una intelectualidad necesita fuego para desbastar el movimiento intelectual y que poco a poco, al girar la rueda, se depure, y permita ver a niveles cada vez más profundos integrando consciente e inconsciente, haciendo luz en el presente trayendo dos oscuridades al presente:
— la oscuridad del pasado, de los ancestros, etc.,
— y la oscuridad de nuestras expectativas (deseos, futuro)…
…ambas serán disueltas por la luz interior de nuestra esencia crística, en el único tiempo que se le parece un poco a nuestra real eternidad, el del ahora.

La visión parte del manejo de las ideas, aunque no lo parezca ahora, cuando venimos a olvidarnos de lo que somos. Somos una idea en la Mente de Dios y nunca hemos dejado de ser eso y solo eso, afortunadamente.

¿Cómo a su vez lo intelectual de las espadas-aire deja “encantado” a lo creativo-sexual de los bastos-fuego? Pensadlo en vuestras vidas, quizás.

Ayuda a nuestra integración

El mandala tridimensional; visto en http://toloache.blogspot.com.es

Así que la existencia de todas estas “herramientas milenarias”, como los mandalas (de todo tipo)…, o bien como las “terapias” de corte “espiritual” (chamánicas, transpersonales, etc.), basadas en general en conceptos y símbolos también “mandálicos” (eneagrama…) o en general en el movimiento de nuestros cuerpos o de nuestros cuerpos-sociales, etc.… todo ello… lo que hace es servir de potencial ayuda o muletas para nuestra integración, para nuestro “trascender” la rueda de los cuatro elementos:
— “intelecto” (espadas-aire), emociones (copas-agua), corporalidad-materialidad (oros-tierra), creatividad-sexualidad (bastos-fuego),
…que también se estructura en la dualidad:
— de los polos receptivo-activo: “yin-yang”:
– copas-oros vs bastos-espadas,
– agua-tierra vs fuego-aire.

En la primera fotografía, entre las aspas de los cuatro elementos (con los 40 arcanos menores de espadas, copas, oros y bastos) están por un lado las 16 figuras del tarot (también arcanos menores: pajes, reinas, reyes, caballeros) y, por otro lado, hay dos aspas con 20 de los 22 arcanos mayores.

La chispa fundamental que puede encender para nosotros, los estudiantes o aficionados a “un curso de milagros”, una conexión o un gran amor hacia el Tarot, es el hecho de que el centro de este mandala es la carta de “El Loco”, una carta sin número, y sobre la cual se coloca la carta del arcano de “El Mundo”. Es genial, aunque Camoin tiene algo que decir para cambiar la traducción del original “Le Mat”, que ahora es usualmente “El Loco”.

El mundo se basa en demencia, como “bien” sabe y empezaron a sentir hace mucho algunas personas, y sin hacer falta que nos lo dijera un libro, el curso de milagros. Por ejemplo, el escritor de origen noble, “Shakespeare”, parecía saberlo, parecía estar “iluminado”, etc.

Con el curso “sabemos” (o empezamos a “sentir” mejor ahora) que el origen de la necesidad de tener mundos y “tiempo” fue el querer huir locamente de nuestra eternidad, al meramente haber imaginado o creer que ésta se podía destruir, al creer que ésta nos podría atacar, y un sinfín de tonterías (debidas a creer que podíamos separarnos realmente de Dios).

Este mundo de separación fabricó leyes por completo inversas con respecto a las de nuestra verdadera naturaleza eterna, pues así lo quisimos: quisimos que el mundo fuera realmente lo contrario al Cielo, quisimos que este mundo fuera real, y desde entonces, la nostalgia asesina que mueve este mundo existe por el hecho de que eso es imposible (solo lo eterno, el Amor, es verdaderamente real).

Y el movimiento de no-separación que incitan quizá a hacer estos “mandalas” no sería solo para contarnos que nada el mundo está separado, sino para, en el fondo, despertar de la idea errónea que albergamos en nuestras mentes, la de que el mundo es real, y la de que está fuera de nosotros.

No. El mundo está dentro nuestro, y el trabajo con símbolos puede entonces facilitarnos la tarea de comprender que nuestra mente puede albergar esta certeza: la de que nosotros podemos hacer un viaje sin distancia identificándonos de forma cada vez más consistente con esa esencia interior, “crística”, “búdica”, en nuestra mente, una esencia que nos enseña otra percepción para todo y desde la cual, en nuestra entrega, podemos poner orden en el caos de nuestras vidas para percatarnos de que “somos todo” —si aceptamos el único propósito real, el que se explica en el curso (no justificar el ver diferencias en nada ni nadie).

Nosotros podemos por tanto hacer eso en cualquier momento, y podemos hacer solo eso para guiar nuestras decisiones, no identificándonos finalmente con nada en este mundo de la forma, sino solo con la instancia ordenadora que nos saca del mundo de la forma, enseñándonos otra percepción para todo, en nuestro más profundo sentir, y mostrándonos así finalmente que nada de esto era real —sino solo los pensamientos amorosos (y, como advertencia ante esto, advertencia sacada rápidamente del curso de milagros, cuando vemos a los demás como cuerpos o como “historias personales” (que es casi siempre) estamos proyectando “asesinato”, un asesinato que es la base de este mundo de locura —y no estamos proyectando desde lo que somos, amor).

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