La energía libre y Un Curso de milagros (y seres pránicos…)   Leave a comment

Tesla lee “tranquilamente”, en su mar de electricidad fría

«Tesla lee “tranquilamente”, en su mar de electricidad fría». Visto en http://artursala.wordpress.com

(Dedicado a Artur Sala y su blog, aunque seguramente ya “sepa” todo esto 🙂 )

Índice:
A. Vamos al grano: ¿Un Curso de milagros?
– Cambiar
– Proyección
B. …al grano II…: energía libre

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A. Vamos al grano: ¿Un Curso de milagros?

– Cambiar

Un Curso de milagros nos anima ante todo a cambiar de mentalidad, pues en la mente está la causa de todo, ya que literalmente estamos proyectando todos estos cuerpos desde la mente, y un día seremos completamente libres al respecto*.

En general, cuando cambiamos las cosas “fuera”, con el fin de “mejorar” algo, normalmente también estamos protegiéndonos de nuestra propia sanación, evitando nuestra propia sanación.

¿Por qué? Cuando nos sentimos molestos porque algo vaya mal “fuera”, nos estamos auto-atacando, es decir, estamos sintiendo en realidad culpa (auto-ataque). Esta molestia en realidad parte de nosotros mismos, que nos auto-atacamos, ya que solo nosotros podemos provocarnos dichas molestias a cuento de lo que parece suceder fuera (nuestro cuerpo físico está en realidad “fuera” de nuestra verdadera realidad, como ahora veremos, ya que no tiene nada que ver con ésta —pese a que el cuerpo refleje a menudo los cambios y “sanaciones” en el nivel de la mente que proyecta estos cuerpos).

Lo que va “mal” fuera puede ser algo muy global: el estado civilizatorio respecto al uso de la energía…, la ecología…, y también pueden ser cosas cotidianas vividas con familias, etc.

Dicho escape, que rápidamente intenta atribuir la responsabilidad a “lo de fuera”, lo que consigue hacer es en realidad lo contrario de lo que quiere hacer, pues lo que hace es multiplicar la causa de que las cosas vayan mal “fuera”. La causa de ver “mal” fuera es interior, y es muy simple: no queremos reconocer nuestra decisión interior por la culpa, por el auto-ataque (hemos elegido “mal” dentro, hemos elegido contra nuestra verdadera naturaleza de paz y dicha, y eso se ha de reflejar fuera necesariamente mientras no cambiemos la causa: nuestra elección en la mente; así de simple y de difícil de aceptar).

– Proyección

La proyección de nuestros cuerpos es literal, y sería tan sencillo como ese flash de luz que “fabrica” en una pantalla el cuerpo de nuestro actor o atriz favorito al apretar el botón del proyector.

Así de sencillamente estamos proyectando el universo dentro de nuestra mente, aunque vengamos aquí desesperados a hacernos los tontos (dicho sea sin acritud), y aunque nos duela tanto el universo por esa misma “tontería”, por la “tontería ambiente” que tan a gusto adoptamos aquí (que es lo que el curso llama “la cara de inocencia”, que defendemos enrolándonos a menudo en mil “causas” y “trabajos”).

El truco de esa proyección no lo podemos conocer hasta que no limpiamos nuestra mente del auto-ataque que inevitablemente contiene si creemos estar vivos aquí (esta “limpieza” es lo que se llama “purificación”). La “buena nueva” es que la limpieza no la hacemos nosotros ni la podemos hacer nosotros. Tal limpieza se hace estando meramente dispuestos a “dejarnos hacer”, aunque esto, ya por sí solo, nos cuesta horrores, porque todos los obstáculos los hemos puesto nosotros mismos y no queremos reconocer que es así.

Pero, aunque todo dependa de nuestra decisión interior, de la decisión de no seguir interpretando todo con el ego y “dejarnos hacer” por la otra interpretación (para de tal modo poder reunirnos con nuestra “verdad interior”, esa que no depende de nada de lo que parece pasar fuera, sea “bueno” o “malo”)… aunque suceda eso, a veces “necesitamos” fabricar testigos de ese reconocimiento interno, del novedoso reconocimiento  de nuestra vieja verdad interior (“amor”). Es decir, lógicamente muy a menudo en el “camino” necesitamos no maltratarnos, mimarnos, cambiar cosas, etc., y así, parece que surgen naturalmente ciertos cambios.

En realidad, en ese camino, lo importante es, como veremos, el hecho de que adoptamos interiormente el propósito del amor y la unión, cosa que nos permite “realizarnos” en el mundo en el sentido de que, en la unión con otras personas (y puede ser solo una mirada), nos permitimos verificar, para nosotros mismos, que somos una unidad, que estamos ya unidos —pero, lógicamente en otro universo (“el del amor”, nada que ver con cuerpos separados).

Los testigos de nuestro caminar en ese propósito pueden ser nuevos “inventos”, nuevas obras en cualquier campo, nuevas sonrisas, nuevos tipos de mimos o de bienestar. Pero, así como ocurre con todo lo que vemos aquí, todos esos testigos han de ser valorados por el hecho o la certeza de que nos ayuden realmente a despertar de este sueño, y no porque en sí vayan a “salvar a toda la humanidad” y cosas por el estilo (los cuerpos son neutros, podemos tener acceso a energía infinita, que viene parcialmente filtrada desde ese “amor que realmente somos”… y, aún así, dar paso a civilizaciones altamente destructivas para con el resto de mentes en estos universos).

¿Por qué? Porque, si nos damos cuenta, todo es muy simple, ya que lo que realmente nos gusta es poder “subirnos” al carro del “propósito verdadero” —y no tanto los resultados en sí y de por sí, ya que éstos siguen siendo cuerpos separados, “tecnológicos” o no, y, por tanto, manipulables en diversos tipos de configuraciones sociales.

Nuestra ansiedad presente, la ansiedad relativa a “no estar bien” en el presente, y a desear por tanto “un futuro mejor”, un futuro que así automáticamente separamos de nosotros (separando aquel “estar mejor” de nosotros mismos en nuestro estado actual)… esta ansiedad… será siempre la semilla de nuevos sufrimientos, pues todo pensamiento en el presente, que sea de disconformidad, de separación…, que contenga el más mínimo indicio de malestar en el presente… todo pensamiento está fabricando, en ese presente —y en todos los niveles de la mente— de acuerdo a su naturaleza. ¿Cuál es dicha naturaleza? La de la separación, una separación que siempre tiene una base de odio, tal y como aprendemos por ejemplo en el curso de milagros. Es decir, todo pensamiento que contenga malestar en el presente (normalmente todos) está multiplicando odio (miedo).

Es decir, fabricamos constantemente desde las condiciones del ataque, desde el auto-ataque que necesariamente se ve reflejado en todas las dimensiones universales y de diferentes formas, pues todo pensamiento fabrica forma en algún nivel, como nos cuentan el curso y quizá otras tradiciones.

Esta sería una enseñanza fundamental del curso, la cual nos invita a no engañarnos con la separación en este universo, pues la base de toda separación es una interpretación de ataque: interpretamos con ataque lo que realmente somos, y de ahí surgió la necesidad de esconderse en mundos de percepción donde podemos estar bien/mal, en dualidad, en ciclos de dualidad.

Nosotros no podemos planear nada respecto a nuestro proceso de “estar mejor” colectivamente, porque normalmente lo hacemos con el ego, dando crédito a lo que ocurrió en el pasado (haciéndolo real en nuestras mentes, lo cual prolonga el sufrimiento)…, o pensando que estamos alejados de “lo mejor”, que vendrá en el futuro, etc.

Es imposible, por otra parte, que podamos controlar todas las variables; solo podemos “fluir”. Por ejemplo, no sabemos lo que hay esperando “ahí fuera”, en el universo. Si ni siquiera cada uno conocemos el inmenso auto-ataque que contenemos como mentes aparentemente “individuales”… no podemos tener ni la menor idea de la inmensa cantidad de odio que existe “ahí fuera”, y, por tanto, de lo que planean y contienen las múltiples mentes que aparentemente separadas de nosotros están también soñando este universo de separación —aunque no les veamos, ya sean humanoides o no. En realidad el odio es el mismo odio en todos nosotros y en todo lo que vemos, aunque parezca ser, desde fuera, un odio mayor, menor, más agradable…, o con mayores o menores consecuencias.

En general, cuando planeamos algo para “los demás”, automáticamente también nos estamos separando de ellos, por muy buenas que sean nuestras intenciones. “Deberíamos” actuar desde cierta certeza, que nos cuesta mucho conservar, y no desde la simple consciencia de “tener una buena intención”. Y así, en parte, planeando, estaremos casi siempre multiplicando la causa del sufrimiento: la idea de la separación en nuestra mente, la de que es posible separarse (la de que el estado de bienestar está “lejos”, en el futuro, en una humanidad reunida, etc.).

Por ejemplo, veamos lo que puede sucedernos con los hijos, tal y como comentamos hace poco aquí . Al llegar a la madurez, no podemos ni debemos planear nada para el hijo, no realmente. Si se sigue haciendo cuando el hijo puede plenamente decidir por sí mismo, se le está diciendo literalmente que no tiene mente, que es un imbécil, que no puede decidir por sí mismo.

Es decir: es esencial poder equivocarse, como ya sabe muchísima gente.

Si negamos constantemente la capacidad de decisión en los demás, estamos, pues, usando en este caso al hijo y en general a los otros para, en ese preciso instante, multiplicar separación en la mente compartida por todos, diciendo de nuevo:

«yo, que soy padre (en este caso), veo un ser diferente de mí: mi hijo. Y este ser se quedará siempre siendo “un hijo” (o el rol que hayamos adjudicado a quien en este caso separemos de nosotros con estos juicios sobre lo que tienen o no que “ser”: enfermos, etc.)».
Es decir, que “mi hijo” no quiero que pueda elegir por sí mismo, y él es un ser que, en cuanto a mí, se va a quedar siempre así: apegado a uno de los roles que tiene este mundo, a uno de los “roles egoicos”.

Es decir, yo puedo dictaminar lo que “mi” hijo puede elegir o no (negando así que él tenga plena libertad de decisión), y, con ello, estoy diciendo, me dé cuenta o no de ello, que, lo que es por mí, no quiero que esa persona sea capaz de elegir en general. Y así, una elección posible que estamos con ello queriendo impedir implícitamente es una fundamental y que nos da miedo: “elegir espíritu” (es decir, elegir nuestra guía interior o “luz”, para que nos guíe; esto algo que no depende de ninguno de los “roles egoicos” de este mundo, que no depende de ninguna forma ni cuerpo de este mundo).

En el mundo lógicamente necesitamos cuidar de forma responsable a los pequeños. Pero una actitud-ego, cultivada durante mucho tiempo, puede llevarnos hasta finalmente no desear igualdad con respecto a ellos. Y es precisamente para eso (para no desear la igualdad que realmente somos, en un “sitio” que no es este mundo), para lo que sirven los roles de este mundo: para idolatrar las formas (padres-hijos, jefes-subordinados) y no sentir nunca el contenido de amor-unión que realmente somos y que apunta a la luna de nuestra realidad.

Esta fue por cierto la buena y gran contribución de Freud en “psicología”, dentro de que, como sabemos, tuvo contribuciones peores o directamente contraproducentes; dicha contribución la podríamos relatar así: es esencial la liberación a nivel mental con respecto a los familiares.

Aunque verdaderamente en los ciclos de dualidad pueda haber fases que lógicamente endiosamos, ya que las civilizaciones quizá funcionen un tiempo extendiendo amor por todo el universo y aparentando ser felices o más felices que lo que ahora vemos en el mundo…, aunque suceda eso…, nosotros no somos el universo, ni tampoco somos por tanto el dedo que apunta a la luna en cualquier ilusión de despertar, ya sea individual (la primera y fundamental), o ya sea aparentemente más “colectiva”.

Somos la luna de nuestra realidad, somos paz y dicha, no estamos aquí, solo lo parece (!).

El estado de sufrimiento, la dualidad, vive y funciona en parte a costa de que es un dedo que apunta a la luna de nuestra realidad, y funciona en modo sufrimiento también porque nos quedamos siempre mirando al dedo en vez de a la luna: nos quedamos mirando los resultados que se dan, en el mundo, los resultados de “haber elegido unión, verdad, inocencia” en nuestro interior.

En realidad el “placer del cambio”, en los resultados hallados, señala a la luna de nuestro interior, a nuestra parte interior sanada, que no está aquí, que solo se refleja.

Dichos resultados pueden ser hallazgos que “renovarán” el mundo en cuanto a la “energía libre” o la “comunicación interdimensional”, por ejemplo…, o bien pueden ser las cualidades de los seres “pránicos”, como Víctor Truviano en occidente**.

Truviano, anecdóticamente, no necesita comer nada ni beber ningún líquido, en su estado de “consciencia” o conexión con la mente-una que sueña el universo, con la que soñamos esto. A Truviano a veces lo intentamos hacer un gurú o un “ejemplo” de algo, pero él mismo indicaba y demostró en su maravilloso proceso de 11 días (al que asistí en el 2012), que no busca nada, que no busca obviamente ser ejemplo de nada ni gurú de nadie.

El curso nos habla de que toda necesidad es inventada por nosotros mismos, pues todo está en nuestra mente. Por tanto, asuntos tan excitantes como el de la energía libre o el del pranismo —el de por ejemplo Truviano— apuntan a eso mismo: a que la causa está en la mente, y si el universo parecía hostil en cuanto al asunto energético y la escasez (si no nos “da” lo que “necesitamos” con la facilidad que verificó Tesla)… y, si nosotros parecemos necesitar cosas aquí, es solo porque así lo queremos (esencialmente todos por igual queremos sufrir, no queremos ser felices, pues si no no estaríamos aquí).

Entonces, cierta expresión física, material, de ese “amor” que somos, es algo inevitable en tanto que proceso, proceso que podríamos llamar de “despertar” o simplemente de “verdad”, en tanto que “la verdad” es el proceso que “rehace mundos”, y que en realidad nos importa no tanto por el resultado, sino por el proceso de colapso gozoso de la mente que se da en todas sus dimensiones cuando alguien elige de nuevo (y tales dimensiones parecen ser muchas).

Así, las épocas parecen cambiar. Pero sucede también que los cambios están “guionados”, que todas las probabilidades están contempladas en el guión universal, como movimiento cíclico que es este universo. Por defecto, como civilización y como individuos, utilizamos ese “amor” que somos para pintar el mundo de formas diferentes y entretenernos en la dualidad (es decir, por defecto, como dice el curso, traemos la luz a bendecir la oscuridad que creemos ser aquí, sin haber limpiado nuestra oscuridad interior).

Pero, lo que somos, no tiene nada que ver con esto, con cuerpos separados, aunque, como estamos conectados a nuestra realidad inmortal, sí puede parecer que estamos usando nuestra verdadera realidad (amor) para transformar más o menos cíclicamente la falsa realidad (la de estos cuerpos separados en este tipo de sistema de realidad, de “percepción” en general).

El asunto está en que los “inventos” que “renuevan” aparentemente nuestra relación con el universo y nuestra unión como mentes que sueñan separación…, esos inventos —y las nuevas civilizaciones en torno a ellos— pueden ser y serán manipulados mientras quede una sola gota de auto-ataque (es decir, culpabilidad) en cualquier mente que no quiera mirarse a sí misma y siga trayendo la luz a bendecir la oscuridad (no permitiendo que la luz disuelva simplemente la oscuridad de su mente).

Es decir, que nuestra actividad creativa y los inventos nos han de servir ante todo para dirigir nuestro dedo señalador hacia nuestras mentes, pues ahí es donde está la causa, ya que, como decíamos, no habría ningún aparato ni ningún cuerpo aquí si, en un clic, nuestra mente no lo quisiera así (tal y como un día no lo querrá, individual y globalmente).

B. …al grano II…: energía libre

Lo que implica quizá ahora la llamada ‘energía libre’, en este estado tecnológico, es un nuevo-viejo modo de usar los ingredientes de nuestros aparatos electrónicos-eléctricos.

“Sabemos” desde Tesla que hace falta muy poca cosa para disponer de energía en cantidades industriales una vez que tenemos este tipo de industria y de componentes, pues podemos aprovechar su descubrimiento de la electricidad fría, o bien la polarización que hay entre la tierra y ciertas capas atmosféricas, aparte de mil cosas relativas al magnetismo, el sonido, la materia y el “viaje” de cuerpos —en nuestro tipo de realidad o incluso hacia otros.

En realidad la energía es pensamiento, pues todo lo es.

Hablábamos del dedo y la luna…: estamos inspirados cuando nos conectamos con nuestro ser. Entonces, tal inspiración, que en el fondo nos conecta con algo “fuera” de este mundo, tal inspiración, nos mueve a hacer algo. Y si persistimos, a veces las obras son “rompedoras” (en lo simplemente cotidiano, en lo intelectual…, o bien en lo físico-tecnológico —en el fondo da igual).

Los cuerpos, y toda la materia, solo están ahí porque así lo queremos, pero el propósito “inicial”, por el cual quisimos todo esto, no es en realidad nuestro propósito, sino que solo lo parece. Todo lo que vemos “fuera” es consecuencia de una batalla inventada en nuestra verdadera realidad, batalla que nos puso a dormir en este estado dual que ahora parecemos habitar, y desde el cual vamos despertando a nuestra verdadera realidad, una vez que nos quisimos separados y que nos creímos aquí, separados de ella —de nuestro ser eterno.

Pensar en nuestro despertar, en un primer momento, es algo que nos aterroriza. Pero esto no se debe a que nuestra verdadera realidad sea aterrorizante de por sí, sino que se debe a que hemos asociado tal cambio, nuestro despertar (un cambio profundo en la mente) con nuestra primera experiencia de cambio en ese nivel profundo: la decisión de separarnos de nuestra verdadera Fuente (que no es el universo). Es esta decisión, que no queremos revisar, lo que nos aterroriza muchísimo, ya que esta decisión fue nuestra primera experiencia de cambio en ese poderoso y colosal nivel que es el de nuestra mente-una.

En realidad nada de lo que vemos aquí nos gusta de verdad ni nos ha gustado nunca del todo. Solo parece gustarnos a ratos, a ratos más o menos inspirados, en la dualidad —y nunca es lo de fuera lo que nos gusta, aunque así lo parezca.

Y normalmente, si parece gustarnos “lo de fuera”, es porque estamos inspirados desde dentro por algo que no tiene nada que ver con este juego; y si nos gusta es porque nos ayuda a vernos como iguales a los demás, en el mismo barco… y, en el fondo, iguales al universo; o bien, solo nos gusta porque nos ayuda a salir del paradigma donde el universo era en esencia algo hostil, etc.

Entonces, lo que en realidad nos gusta es el cambio —que se da en nuestras mentes— pero cuando este cambio sirve al propósito interno con el que nos unimos cuando estamos “inspirados”.

Es decir, más bien lo que realmente nos gusta es el propósito, como dijimos. Nos gusta poder subir al carro del “buen propósito”, del propósito del “bien”.

La hostilidad está en nuestra mente, pues el universo está ahí. Aunque el universo lo inventamos para representar separación y cierta hostilidad de base, contra nosotros mismos, somos nosotros quienes en el fondo fabricamos nuestra propia realidad —el universo—, pues somos quienes lo contenemos en una sola mente. No solamente parece que fabricamos los aparatos mediante las instituciones sociales o los cuerpos mediante la biología; todos esos cuerpos físicos están literalmente solo en nuestra mente, y no están separados de nosotros. Todo aquí tiene consciencia, y podemos conectar con todo sin mediación. No hay límites, solo lo parece porque así lo queremos, masivamente.

Al mismo tiempo, es fundamental darnos cuenta de que aquí nuestra “libertad” en primera instancia es la libertad de hacernos daño, por mucho que la recubramos de estados duales (alegría dependiente de tristeza, etc.).

Una vez “claro” todo lo anterior… ¡qué bonito el tema de la energía libre!, entendiendo “bonito” en el sentido de ver hacia lo que apuntan los cambios (hacia un interior sanándose). Vemos entonces cómo el cambio, en contraste con otros aparatos, se reflejaría ya desde la misma forma o composición que tienen los aparatos de energía libre.

¿Por qué? Los aparatos incluyen mezclas que integran de otro modo los componentes básicos del mundo de la electricidad y la electrónica (imanes, baterías, transistores, diodos, cable, resistencias, capacitores…), así como de lo simplemente físico (del movimiento mecánico, circular) y del tiempo (cierta sincronización rítmica, buscada entre los componentes para aprovechar ese fluir infinito de la electricidad fría).

Por ejemplo tenemos este aparato básico que serviría para comprobar el uso de un “pulso de electricidad fría”, dentro de una configuración “integral” como la que hemos empezado a describir —que integra tiempo, movimiento circular y “electromagnetismo ampliado”.

Es como si los aparatos de energía libre “hicieran geometría” incluyendo el movimiento y el tiempo. Son configuraciones ciertamente elegantes de geometría, movimiento y electricidad (incluyendo la electricidad fría, ese fundamental descubrimiento de Tesla que fue tapado). Son pequeños “molinos” de cierto viento cósmico, viento que puede convertirse en solo un mar de “posible bien” si así lo queremos (cuidando mucho el propósito)…, en un bien que en realidad potencialmente nos acuna desde siempre.

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* seremos libres cuando seamos conscientes del odio que contiene cualquier mente “dentro” y por defecto. Y dicha “consciencia” automáticamente lo borrará, pues nosotros no somos ataque, odio (sino que solo lo parecemos, aquí). Borramos el odio siempre que nos sometemos a los gozosos designios de “abandonarnos” en el “plan del amor”, habiendo cambiado realmente de plan al someternos plácidamente a nuestra guía interna, a esa guía que abre paso a nuestra verdadera felicidad y a veces ya mismo a dimensiones más amplias de nuestro ser compartido —en tanto que somos una sola mente o consciencia dormida aquí, soñando este mundo de separación.

El curso de milagros nos cuenta que no somos el ego, y que no vemos para nada qué es lo que realmente somos, que aquí solo puede sentirse “en reflejo”, en ciertas experiencias… y, si acaso, en revelaciones que nada tienen que ver con experiencias físicas —lo cual en primera instancia es algo que literalmente nos aterroriza.

Pero, si se dio el curso de milagros fue para explicar que el terror no viene de lo que realmente somos, sino que viene de haber elegido lo que no somos, de haberlo elegido nosotros, en la mente.

Así, en el curso se dice claramente que debemos hacernos conscientes de que cualquier “reacción” es una señal de: “eh, aquí hay ego a mirar”… para, entonces, poder pacificar la mirada —si uno puede y quiere.

Cualquier miedo en general sería una reacción a nuestra decisión equivocada de identificarnos con lo que no somos: con cuerpos que implementan a la vez el sistema de pensamiento del ego: de “no valemos”, “tenemos necesidades”, “límites”, “podemos atacar” y ser atacados con consecuencias reales, etc.Es bien difícil aplicar esto a todo lo que sucede en la vida, pero no habría excepciones.

Las “cosas intelectuales” serían como las “más banales”, pues, como sabemos, todas por igual son oportunidades para que la mente reconsidere su decisión por interpretar el miedo (es decir, cualquier malestar) con el ego, en vez de hacerlo con la guía interna de la que habla el curso, con esa guía que enseña que cualquier conflicto es solo miedo, y que el miedo es solo “falta de amor”.
Esta “reinterpretación” se nos da desde dentro de la mente en tanto que interpretación alternativa que nada tiene que ver con la del ego. Esa reinterpretación está como “sacada del amor” que somos, y nos pacifica la mente, la hace dichoso-pacífica.

Lo que veo es que hay que estar dispuestos durante muchos años, meramente dispuestos, para luego ver que realmente todos estábamos decidiéndonos constantemente a cada segundo por la interpretación-ego para todo, es decir, decidiéndonos a favor de nuestro propio sufrimiento —a la larga o “a la corta” 🙂 .

** Truviano inspiraba mucha paz; creo que fue el primer encuentro que yo haya podido tener más o menos conscientemente con alguien que realmente está en otro nivel de paz y dicha, muy diferente a “mi nivel” (si es que yo tengo de eso, paz y dicha 🙂 ).

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