Si las pirámides fueron “instrumento espiritual”, el equivalente actual sería en parte la Literatura (reconectando con el “plan del alma” :) )   Leave a comment

¿Cuál sería el equivalente hoy del instrumento chamánico que fueron las grandes pirámides “a nivel civilizatorio”? Lo sería la literatura, en parte —y a un nivel digamos “lento”, o “terrestre” (para todas las “almas” humanas 🙂 ).

¿Por qué? Por su monumentalidad, a su modo de ser monumento…, y por ese servicio potencial de reconexión con nosotros mismos —en “nuestras otras vidas”.

Hablemos de esto un poco.

Introducción: consciencia

Al final todo se trata de “la vida del espíritu”, pero esta “vida” es más literal, o más real de lo que podríamos pensar cuando nuestras mentes entran de nuevo a revivir la cultura de este mundo, de la Tierra, tan “letrista” ella hoy en día (en varios lugares).

Necesitamos varios ingredientes para contar lo que en realidad será muy simple, como siempre.

Por un lado ya “sabemos” que nuestra consciencia, nuestra “mente” es algo muy viejo, más que el universo, ya que en realidad, y en un movimiento natural, va tendiendo a “trascender” el tiempo, la linealidad temporal, auto-trascendiéndose —y ello para ir satisfaciendo “el otro plan”…, el “contrario” al tiempo…, el plan que es en realidad un anti-plan: el de la eternidad que tan real y felizmente somos.

Para nuestra consciencia, el nacimiento no es el principio, y la muerte del cuerpo no es el final, obviamente, literalmente, aunque tales nacimiento y muerte son cosas que todos hemos vivido y que muchos reviviremos una y otra vez, en la ilusión: nacimientos y muertes de ese no-ser que llamamos “yo”, nacimientos y muertes por tanto “propios”, “de uno/a”.

Pero, por otro lado, está claro que la liberación está en el presente, y no en otro lugar; y está claro que la hallamos cuando, de cierto modo, “eternizamos” el presente, lo dejamos hacerse naturalmente “cristalino” para “todos los tiempos” y para ningún tiempo (cuando nos ponemos de cierto modo al servicio del amor incondicional…, del amor…, del perdón a nosotros mismos, del perdón a la felicidad que realmente somos… y así como “yendo” hacia esa felicidad que no depende de ninguna separación).

Es decir, el punto de poder (como lo dice Seth) está en el presente, donde, literalmente, o donde potencialmente podríamos tomar la eternidad y, gozosamente, ya no ver nunca más ese invento que fabricamos entre todos y que llamamos “tiempo”, separación —es decir, el invento del conflicto “eterno” de las necesidades… incluyendo la tan básica necesidad de percibir un afuera —la necesidad de un “afuera”, cuando, sin embargo, “todo” está “adentro” de tu mente (incluyendo cualquier universo).

Por otro lado, como “consciencias” que realmente no pueden morir, ya que es absurdo pensar en su muerte, pues todas son al final lo mismo, y como consciencias que se entregan solo porque y cuando ellas quieren… entregándose a una labor de purificación o deshacimiento del miedo-cuerpos…, como tales consciencias tenemos la posibilidad de recordar el “propio” pasado de nuestra mente —en, digamos “otras reencarnaciones”—, así como de recordar el futuro (en cierto sentido), y en unas “mezclas” que ni podemos imaginar, y, todo ello, siempre sujetos al propósito del común despertar, es decir, todo ello para satisfacer una especie de “plan” del que no podemos ni siquiera imaginar su control (es plan hacia la libertad, por tanto incompatible con el pensamiento que da crédito al “control”)…, la posibilidad de controlarlo…, pues se trata de la orquestación natural, la más natural, la espontánea orquestación en ese canto de reunión que vamos realizando de forma natural —en la reunión u “oración” con nuestro verdadero ser, nuestra Fuente, en la Unidad, en “Dios”.

Tras la muerte del cuerpo, de este gran protagonista que es a todas luces el cuerpo, protagonizando estas caóticas aventuras terrestres, generalmente siniestras, tras la “muerte”…, todos nos veremos, en tanto que “consciencia”, acompañados por “otras” consciencias que nos ayudarán en esa “transición”: en la transición que hallamos elegido.

Y es que aquí elegimos todo: tanto “aquí” como “más allá”, dentro de este nuestro devenir mentes que proyectan o perciben, que se auto-engañan con necesidades, mentes, por tanto, ilusoriamente “carentes” y puestas en ese estado por ellas mismas (que no quieren recordar su plena libertad).

Estos mecanismos de “acompañamiento”, esas situaciones en el “más allá”, parece que casi todos las hemos olvidado y a eso parece que en parte venimos “aquí”: para poder también “eternizar lo físico”, y “disolverlo” en el gozo de reconocer nuestro ser eterno también aquí, en la máxima “fisicidad” (viendo el “mundo real”, el reflejo de nuestra verdadera realidad también en este mundo falso).

Ese estado de “más allá” parece sin duda ser uno muy diferente del usual, al menos del estado de “vigilia”, ya que ahora, donde prepondera tal estado de vigilia, estamos muy exquisitamente y muy macabramente centrados en “ser cuerpos”… estamos enormemente centrados en encarnar o “impregnar” un cuerpo físico —de forma, digamos, “monomaníaca”. Esto no es ni bueno ni malo (en realidad es imposible juzgar, como sabréis), y simplemente “es lo que hay” y, en el fondo, ni siquiera “es”, pues la percepción es un estado que poco a poco y alegremente todos veremos que no existe, aunque, paradójicamente, también eso se verá y se realizará en vidas de “humanos” que, superficial o aparentemente, se dediquen casi en exclusiva a “los cuerpos” y sus cuidados (no hay fronteras para la “iluminación” 🙂 ).

Pirámides

Las pirámides, entre otras muchas cosas, debieron ser un instrumento quizá algo “elitista”, es decir, quizá usado plenamente solo por ciertas “élites”, unas élites (no necesariamente opresivas) que puede que durante mucho tiempo fueran muy conscientes de nuestra y su “herencia extraterrestre” (de ciertas conexiones naturales, que siempre habrían “estado” vigentes y que lo seguirán).

Decimos “chamánico” pues seguramente facilitarían un tipo de viaje “cósmico”, aunque quizá muy “ordenado”, o de cierta manera “orquestado” en algún tipo de plan o de conexión, de “autopista”… de autopista usual para los “viajes” de dichas élites y compañía.

Sobre estos viajes, por cierto, podríamos decir que al parecer les ha pasado como a todo aquí: se han democratizado. Todo el mundo podemos experimentar con apariencia más o menos azarosa viajes y curaciones en nuestro nivel abarcador, el mental, simplemente meditando, haciendo regresiones, constelaciones familiares, etc.

La mente tiene la capacidad natural de “viajar”, de comunicarse plenamente, deshaciendo esas artificiales fronteras que normalmente imponemos (todo es un acuerdo).

Es decir, la mente “viaja” de hecho, aunque no seamos conscientes de ello por ejemplo por la noche (aunque también por el día)… por “mundos” completamente insospechados y que no podemos entender (como nos cuenta Seth); “viaja”, pues, por todas sus dimensiones naturales, y siempre de una forma acompañada (ya que nunca estamos solos)…, acompañada de —aparte de nuestras propias proyecciones más o menos desagradables, o “demoníacas”— siempre acompañada del propósito de reunificar, de reflejar el amor que somos (es decir, de “perdonar”, perdonar como ese “acto” de reflejar lo que somos)…, satisfaciendo más o menos ciertos planes, unos planes más o menos egoicos o más o menos “locos”, unos “planes del alma”, alma que en parte puede soñar con eternizar la separación, en esa ambigua y también quizá necesaria “labor”, aparentemente “eterna”, de mecer acunar todo este mundo o locura de la separación… en unos planes de quizá una loca estabilidad buscada, una más o menos loca interconexión entre mundos, con esas conexiones ahora supuestamente perdidas en nuestra consciencia o en la de antiguas élites que siguen mirando —pero que nunca habrán estado perdidas en realidad, pues todo está en todo (las célebres conexiones con el devenir de Sirio, Pléyades, etc.).

Los seres de quizá esas “élites” que usaran las pirámides en dicho sentido —en el de servir a “planes del alma”, en la reconexión con la propia vida de “uno mismo” (de esas élites), en esos otros períodos vividos (proyectados) por “la” mente de esas élites que vivían, como nosotros, en este tipo de mundo de olvido que es el universo, que es el mundo físico de las “(re)encarnaciones” en la Tierra y en general en este universo—… esos seres “privilegiados”… ellos… quizá se reservaban, por el motivo que fuera, tal acceso “privilegiado”… y estarían visitando o necesitarían quizá ir visitando esos puntos importantes —emocionalmente hablando—, vividos en “todas” sus vidas…, y así como queriendo de cierta forma “unir”… y/o quizá de cierto modo “preservar”…, quizá…, muchas de las vidas proyectadas en otros sistemas solares… uniendo todas las historias con las historias vividas en la Tierra (y quizá, como decíamos, en un cierto plan de “estabilidad”, de reaseguro cósmico, mostrando ese amor que al parecer desarrollaron, inmensamente, esos seres, esas almas, amor hacia la vida y los recuerdos en la Tierra).

Por mucho que las historias sean más etéreas, “mentales”, no deja de poder ser un recorrido egoico…, aunque a la vez, y como todo, también es uno con potencial de “liberación del alma”, liberación de todo enfoque en el ego, pues, en un momento dado, como sabemos, todo puede servir para ello —y todo puede servir a esos dos únicos propósitos.

Literatura

La literatura es en parte un “monumento”, similar a las pirámides entendidas “chamánicamente”, si tenemos en cuenta la potencial reconexión con otros aspectos de nuestra mente que ha proyectado otras vidas, ella misma, “anteriores”, en la Tierra. Así, en el caso de los libros, de los textos, la similitud se daría digamos que solo a nivel “terrestre” —de hecho, anecdóticamente, podríamos construir inmensas pirámides amontonando esos libros 🙂 donde registramos “mapas” de altibajos emocionales con lindas historias “vividas” por la gente en la Tierra… y que luego dicha gente podrá re-visitar cuando “vuelvan a encarnar” (y da igual si son historias de ficción o “reales”).

Así, quizá releyendo lo que en otras vidas hemos leído, o incluso, tras morir, releyendo lo que hemos escrito nosotros mismos, podríamos de cierto modo “reconectar” en el caso extremo con nosotros mismos, con un: «¡eureka, yo era este “escritor”!».

Aunque esto es la mitad de la película, pues nos reducimos a lo terrestre (de forma similar a como las pirámides era una máquina de interconexión chamánica “desde la Tierra”)…, y, en realidad, nuestras almas, como todo en todos los universos…, nuestras almas están conectadas con todo —aunque eso normalmente parezca solo “potencial”.

Seguramente algunas de las “vocaciones” de escritores, de diversos tipos de “artista” o de “filósofos”, de “magos”, etc., vienen de —aparte de por la repetición de las lecturas oficiales o clásicas en varias de las vidas, de forma repetida, y aparte de los “susurros espirituales” que nos animan el presente vivido en el infierno terrestre—… vienen de… la lectura de textos que en realidad habría escrito “uno mismo” —aunque en otra vida “pasada” (siempre recordemos que en realidad el tiempo no es lineal, como tanto insiste en recordar Seth; y recordemos también la base, más aparentemente radical, pero digamos, una base desde la que partir pues es “más verdadera”: el tiempo simplemente no existe).

La resonancia emocional es, como sabemos, “lo importante” (vimos en Seth, sobre las coincidencias, rimbombantontamente llamadas “sincronicidades”)…, y, encima, si las cosas resuenan tanto como para ser un mapa calcado de algo que está en realidad férreamente archivado en los registros de nuestra “alma” por haberlo proyectado intensamente como “vida pasada” (en esa nuestra mente tan acostumbrada a enfocarse como “ego físico” pero que va despertando)… entonces… el “eureka” puede ser digamos “mayúsculo”.

Ay, la vida del espíritu, ilusiones, vanidad…

El auto-panfleto de nuestro despertar.

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