«Un Curso de amor» y «Un Curso de milagros». Comentando las primeras líneas de Un Curso de amor: «el tomador de decisiones»   Leave a comment

Mari Perron (Un Curso de amor) y una amiga (supongo) :)

Mari Perron (a la derecha, según creo. Recibió el texto de Un Curso de amor) y a la izquierda una amiga —supongo 🙂

[Un Curso de milagros = UCDM]

Un Curso de amor empieza así:

«Este es un curso de amor. El momento para tomarlo es ahora. Ya estás listo y los milagros de amor son necesarios.»

Somos amor, y, por tanto, aquí siempre somos potencialmente un milagro: la capacidad (necesidad) de elegir expresar la unión que somos, y que compartimos perfectamente, en el Amor.

«Ora por quienes tienen necesidad de milagros. Orar es pedir. Pero ¿qué pedirás? Esta es la primera instrucción de este curso de amor. Todos necesitamos milagros. Y este es el primer paso en la preparación de los milagros: pedir que TODOS sean INCLUIDOS en lo que hacemos.»

Casi todos tenemos necesidad de milagros, de poder reconocer, en un cambio de perspectiva, que somos unidad invulnerable (que no hemos olvidado a nadie pues el centro de nuestro ser, el “corazón”, no puede olvidarse de nadie, pues es el mismo para todos, es de todos y uno en todos, es lo único real por estar conectado con lo único real: nuestro verdadero “creador”, en la eternidad de su Ser).

Este es el único ejercicio de Un Curso de amor (excepto quizá otras sugerencias que haya en este curso, en su parte llamada “Tratados”, que aún no hemos visto traducida): el ejercicio que de cierto modo invita a tener siempre en cuenta la unión, en lo que llamará “abrazo”, e incluso desde la imaginación de lo físico, de “círculos” físicos que rodean nuestro “punto” incluyendo a todos los seres en unidad con nosotros —tal y como veremos que sugiere más tarde el curso de amor.

Que todo lo que hagamos sea por y para todos, en contenido, en la mente —no en la forma, no en lo físico, pues eso es imposible, ya que no podemos tener el control de lo que en realidad es irreal por haber sido inventado por nuestra cuenta, por nosotros mismos, desde su causa en la mente: miedo (la nada del miedo). Y, como dice UCDM, no podemos controlar el miedo pues nosotros mismos lo inventamos, debemos “dejarlo ir”, entregándolo al amor, en nuestro interior, entregándolo a quien sí sabe qué hacer con todo lo que parece haber aquí, que se basa o está unido siempre a su causa irreal: miedo.

«Cuando oras por todos aquellos que tienen necesidad de milagros, oras para que todos aprendan a medida que tú aprendes, pides unir tu mente a todas las mentes. Pides poner fin a tu estado de separación y aprender en un estado de unidad. Es el reconocimiento de que esta es la única forma de aprender.
» El yo separado o ego no aprende. Aunque el ego haya tomado muchos cursos y recibido muchas enseñanzas, no ha aprendido sino que se ha sentido, meramente, amenazado.»

El ego no se separó de su causa: miedo, miedo debido a nuestra propia elección “mental”, pues, como dice UCDM, las ideas no abandonan su fuente. Es decir, que el ego no puede aprender, pues el ego no es nada: es solo nuestra decisión por él mismo, es decir, solo depende de que nosotros lo hemos elegido (como sistema de pensamiento) en la mente; el ego es solo el hecho de que hemos elegido eso:
— una interpretación en la mente (dimensión “vertical”),
— eligiendo creer en el pecado (el “concepto” de error “imperdonable”…, uno que no podemos olvidar… de lo que depende todo sentido de carencia, etc.)…,
— eligiendo esa interpretación de pecado para lo que fue la mera idea de la SEPARACIÓN —separación con respecto a nuestra verdadera Fuente, que no es el universo, ningún universo.

Para disimular (cara de inocencia) y para dificultarnos el poder regresar a nuestro verdadero hogar, intentamos que sea imposible ver la verdadera causa de todo “problema” que parecemos tener aquí. Para ello proyectamos una especie de “dimensión horizontal” (aparentemente separada del verdadero problema, en la “vertical”), la de lo “físico”, la del universo de cuerpos, donde “venimos” a creer principalmente solo en ellos, a creer que son nuestra causa, a creer sus problemas son reales y que se solucionan dentro de su marco, con sus coordenadas, a creer que tal universo nos creó realmente, que es nuestro verdadero creador (mientras que esto es falso, pues es nuestra propia proyección, y somos su causa, y lo fabricamos para huir de la consciencia de nuestro verdadero ser, unido a nuestro creador).

Así, en este universo, creemos tener nuestro principio y nuestro final, lo cual es falso.

Y nuestro principio (el errado, pero causante de los sueños de separación), como mente durmiente en sueños de separación y que luego proyectará en cuerpos y se proyectará en cuerpos, nuestro verdadero principio… en tanto mentes que “sueñan” todo esto al haber elegido el sueño en la mente… es la interpretación de pecado (que solo existe por nuestra elección).

Por tanto la “solución” para cualquier “problema” solo tiene que ver con su verdadera causa: haber elegido, en la mente, interpretación de “pecado”, con la consiguiente culpa… y con el consiguiente miedo al castigo.

«El espíritu no necesita tomar un curso de amor.»

Como dice UCDM: el espíritu es perfecto, no puede aprender nada —aprender supone estado de carencia.

«Si el ego no puede aprender y el espíritu no necesita hacerlo, ¿para quién es entonces este curso de amor y todo otro curso semejante?»

Kenneth Wapnick, el primer “alumno” de UCDM que ayudó en su edición oficial, lo llegó a llamar “tomador de decisiones”. Es lógico, pues UCDM está todo el rato insistiendo en desarrollar en nosotros la consciencia de que, básicamente, y para la cuestión fundamental de “salir” de este “incendio” que llamamos “mundo”, todos somos mentes que por igual y con igual “derecho” pueden elegir entre solo dos interpretaciones para todo lo que está aparentemente “fuera” y parece “sucedernos”:
— la interpretación ego, que hemos inventado nosotros mismos…
— y la interpretación “Dios” (la que nos lleva de vuelta a reconocer la conexión, la unión total de todos “en Dios”)…, la del Espíritu Santo: una interpretación que no inventamos nosotros, que es la respuesta que se dio de forma natural a nuestro sueño “loco” (pues de forma natural nosotros no somos dementes, como aquí sí lo parece)…, y que, como decimos, nos lleva de regreso a los “brazos” de nuestro verdadero creador.

«Aprender nuestra verdadera identidad es algo que toda persona debe hacer. ¿Puede acaso el ego aprenderlo? Nunca. ¿Acaso el espíritu lo necesita? No. ¿Para quién es, entonces, este curso?»

Para el tomador de decisiones.

«Esta pregunta es esencial. Puesto que un curso de amor carece de sentido para el ego y es innecesario para el espíritu, no tendría público si éstos fuesen los únicos dos estados que existiesen. Además, es imposible ser en parte espíritu y en parte ego, por lo que no tendría sentido presumir un estado semejante para que tenga lugar el aprendizaje.»

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