El tiempo como arte en «Un Curso de amor» (Un Curso de milagros y Un Curso de amor)   Leave a comment

Mari Perron (Un Curso de amor) y una amiga (supongo) :)

Mari Perron (a la derecha, según creo; recibió el texto de Un Curso de amor) y a la izquierda una amiga —supongo 🙂

[Como siempre ver enlaces a los textos en esta anterior entrada]

Índice:
— Introducción
— Arte

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En comparación con Un Curso de milagros (UCDM), el curso de amor (UCDA) habla de una forma que podríamos decir “más explícita”.

Quizá esto ocurre por el vocabulario elegido y por el esfuerzo de ser “objetivo” a la hora de nombrar las cosas que nos suceden, o nos sucederán, cuando vivamos más en la aceptación, cuando accedamos cada vez más a integrarnos con nuestro verdadero ser, en el recuerdo de nuestra unidad.

Este recuerdo provocará nuestra verdadera realización y no una mera destrucción de lo que antes amábamos como “solo egos”.

Un curso de amor habla por ejemplo de “punto de acceso”… de intersección… y de sensaciones sobre ello, etc., en un intento de nombrar lo que pasa.

Quizá el curso de amor, transmitido a Margaret Perron, es entonces “menos universal”, al hablar como hemos dicho.

Dentro de él hay una comparación con la creación artística —en la parte del curso llamada “los diálogos”— que voy a intentar comentar.

Arte

«Te encuentras en y dentro del MOVIMIENTO del proceso creativo en el que no existe distinción entre el creador y lo creado. Estás SIENDO quien eres ahora mismo y provocando la EXPRESIÓN que te llevará a la etapa final de ser quien serás en la unidad.» (UCDA, Los diálogos, Día seis)

“El tiempo como arte” es una expresión usada por muchos otros, que traemos aquí, pues en un curso de amor creo que solo está implícita.

El movimiento de un artista (y en realidad de cualquier persona “en presencia”) es digamos que integración entre él, el creador, y lo creado, en un proceso de “ser” o fabricar un “mixto”, una mezcla, donde uno mismo se hace uno con “la obra” y la obra uno con uno mismo (una mirada, la colocación de un ladrillo, el plato cocinado, el escrito, etc.).

Así, hablamos de una especie de devenir, de devenir “conjunto” (es redundancia decir “devenir conjunto”), donde parece expresarse algo que “trasciende” y que es más “sabio” que las “dos” partes involucradas.

Ese “algo” —que no se ve— sabe abrazar tales “partes” para así demostrar, por instantes, un cierto sentir de unión, un cierto sentido de la unión.

Ese algo, que es lo que nos inspira, tiene un nombre global, un nombre que como sabemos es también algo que aprendemos a “perdonar” con UCDM: el nombre de “Espíritu Santo”, el “canal” de reconexión con la Fuente, con Dios.

Ahora bien, si recordáis, ¡todos estamos co-fabricando el mundo! 🙂

El mundo es proyección, literal, de la mente que realmente somos, en unidad.

Por tanto, el movimiento de integración, es decir, el de reconocer nuestro Yo con mayúsculas, re-uniéndonos con él en esa unidad que está despertando y que llamamos “Cristo” (o “Buda”, etc.)… ese movimiento… es de hacerse uno con lo fabricado, de reconocerse uno con la propia “fabricación”, no echando “balones fuera”… dándonos cuenta gozosamente que todo (el universo, etc.) lo hemos fabricado y elegido, aunque fuese y sea “doloroso”.

Siempre se trató de nuestra libertad (la aquí imaginada), libertad que quisimos poner “orgullosamente” a prueba alimentando el sistema de pensamiento de la separación, que, como sabemos, es una interpretación muy “tonta” (pecado-culpa-miedo) para la mera idea de estar separado de la Fuente.

Así, “hacer arte” con el tiempo es despertar de este sueño de olvido, del olvido de nuestra condición de unión y de “dioses” de nuestro propio mundo, con sus calamidades y desdichas… y sus “dichas”. El “arte” en este sentido amplio es pues el movimiento “global” de deshacer la separación; es decir, se trata de lo que estos cursos llaman Reconciliación o Expiación (Atonement: At – One – Ment : en – una – mente).

En el “Día seis” (el tiempo intermedio), dentro de los diálogos de un curso de amor, se comenta que podemos hacer un paralelo entre los siguientes grupos:
— Movimiento – Ser – Expresión
— Convergencia – Intersección – Paso a través

La frase que citamos al principio de este apartado “Arte” —que está dentro de la sección dedicada al “Día seis”— contiene el primer grupo de tres: movimiento-ser-expresión.

En el curso de amor se habla explícitamente de cómo literalmente abrimos una especie de punto de acceso a la unidad, donde, de cierto modo, hacemos de canal para la expresión de nuestro Yo, aquí, elevando así de forma natural nuestro “pequeño yo”, el de la forma.

Hay un momento en UCDA (apartado 22) donde se usa la metáfora de la Tierra y su eje de rotación, para poder visualizar o imaginar algo cuando hablamos de “intersección”. Nuestra vida, por entero, sería esa Tierra que gira, que hacemos girar alrededor de nuestro presente, del eje: con los recuerdos, con toda esa memoria que, como los cuerpos, es en realidad algo neutro, neutral. Esa memoria, esos patrones, los debemos “purificar”, entregándolos, haciendo “pasar eternidad” por nuestro eje, en nuestro aquí y ahora, en un presente que así liberamos de auto-ataque (culpa) —en lo que UCDM llamaba “instantes santos”.

¿Por qué decimos esto? En 22.11 UCDA dice:

«Durante un momento puedes pensar en el eje como un canal por donde se derrama la eternidad, y en el corazón [el centro del ser, no el órgano] como aquel que permite el libre paso de todo aquello de lo que se te provee.»

Unirnos con el centro del ser, nuestro centro, es unirnos a la abundancia, a la libertad…, pues en tal recuerdo, reunión y reconocimiento hemos elegido lo único real, la verdad de la unión, la eternidad —lo único que realmente “sabe”.

Nos abrimos a ser intersección, a ser compañeros, en “compañerismo” (esta palabra UCDA la usa mucho, en esta traducción), de todo lo que converge ahora en nuestra vida, de lo que traemos ahora aquí, de toda cosa y de todo el mundo, para dejar pasar todo a través nuestro, y que así el sentido pueda darse, tras esta apertura a reconocer la unión eterna —pues el sentido es lo dado, ya fue dado, y solo tiene sentido nuestro ser-uno en la Fuente, lo eterno.

Por eso no tenemos que hacer nada, no tenemos que ir asignando por nuestra cuenta “sentidos”.

El sentido tiene que ver con la unión, con recordar que somos uno, con recordar aquí y ahora el espíritu.

El espíritu es, recordemos, invulnerable, ya “perfecto” desde siempre. El “espíritu” que podemos siempre “pedir ver” en los demás (como “aconseja” UCDA 🙂 )… “desea” “fertilizar” esta vida, y de hecho la fertiliza todo el rato con esos “milagros” como cambios de percepción, como cambios “reunificadores” o reconciliadores.

[Recordemos lógicamente que ni podemos ni “debemos” “esperar a la muerte” para recordar esto, para recordar la “vida verdadera”; es absurdo pensarlo, pues ya está sucediendo, y solo hay que irlo reconociendo (los milagros ya están ahí, solo hay que desear ver la luz en todos).]

Así, nuestro movimiento natural de apertura es de cierto modo ser en intersección, reconocer esa intersección para poder dejar que el movimiento de convergencia —que naturalmente se da en la vida al ser nosotros una Tierra-memoria…— nos traspase…, pase a través…, para que pueda ver la eternidad que se derrama por nuestro canal ahora reconocido… “expresando” así “unidad” aquí, en la forma, al integrarnos siendo tales “canales”, al integrarnos “elevando” la percepción o “yo de la forma”.

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