El Amor de Dios. Haskell: «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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Brent A. Haskell; "autor" de “Viaje más allá de las palabras”

Brent A. Haskell; autor de “Viaje más allá de las palabras”

[– Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– Esta parte del texto Viaje…, sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 43 a 49 del libro de ejercicios de Un Curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

El Amor de Dios [lecciones 43-49]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua. Hoy he venido
para seguir comentando contigo acerca de
Un curso de milagros.

Esto es muy importante.
Esto que te diré hoy,
ya lo sabes.
Antes de empezar siquiera,
deja que ese sentimiento, ese pensamiento, penetre en tu ser.
Lo que te diré ya es tuyo.
Lo que te diré ES tu Ser, tu Yo.
Más allá de las palabras, más allá de las percepciones,
más allá de los pensamientos que generan las palabras,
ya sabes todo esto.

Tu lección decía,
“El Amor de Dios es mi sustento” (L50).
Querría comentar contigo
sobre el Amor de Dios.

El Amor de Dios ES REALMENTE Dios Mismo.
He dicho Dios “Mismo”,
aunque Dios no es ni hombre ni mujer,
así como tú eres hombre o mujer solo en tu imaginación,
mientras que, en tu realidad, no eres ninguno de los dos.

Cuando Dios te da amor,
Él da lo que es, lo que fue, y lo que por siempre será.
Pues Dios, cuando te da amor,
te da de Sí Mismo.
Cuando recibes ese Amor,
cuando recibes a Dios Mismo,
te conviertes en Dios.
Esto ya lo sabes.
Escúchame bien.

Permítete, si puedes, sentir esto dentro de tu ser,
más allá de tus pensamientos, más allá de las palabras.
Dios te ama.
Este Amor es el darse a Sí Mismo de Dios hacia ti, hacia tu ser.
Por eso es que el Amor de Dios te sustenta,
pues cuando Dios te da Su Amor,
Él te da de Sí Mismo,
y tú te CONVIERTES en Dios.

Si de hecho tú eres Dios,
lo cual, como Hijo de Dios, ciertamente eres,
entonces, por supuesto que
estás sostenido, protegido, y eres eterno.
La palabra que hemos usado es “invulnerable”.

Te aseguro de nuevo
que estás en constante recepción del Amor de Dios,
que es Dios Mismo.
Y no hay nada que puedas hacer al respecto.
Como Hijo de Dios,
tienes todo el poder de la Creación dentro de ti,
DENTRO DE TI.
No hay nada que puedas hacer para cambiar eso.
Tienes DENTRO DE TU SER la invulnerabilidad
y el poder del universo.

TIENES dentro de ti el poder del universo.
Pero hay una cosa que no puedes cambiar.
No tienes la libertad, o el poder,
de separarte del Amor de Dios,
que ES Dios Mismo,
o de separarte de la fortaleza de Dios que te sustenta,
o de los pensamientos de Dios que están profundamente dentro de tu mente,
o de la Luz de Dios con la cual VERÁS verdaderamente
cuando experimentes la visión.
No hay nada que puedas hacer para separarte a ti mismo
de todo eso, que es tu realidad.

Como el Hijo de Dios,
tienes la libertad de IMAGINAR lo que desees.
De hecho, eso es lo que representa esta vida,
esta tierra, el mundo por entero:
tus fantasías.
Dios te ha dado libertad,
libertad incluso para imaginarte separado de Él,
tal y como has hecho,
e incluso para imaginarte separado de los demás,
tal y como has hecho.
Tales fantasías son la esencia de este mundo.
Y es por eso que se trata de un mundo de ilusión.

No te engañes.
No tienes el poder de separarte de Dios,
te guste o no.
El Amor de Dios está dentro de ti, sosteniéndote en todo momento.
La Luz de Dios, con la cual verás, está siempre allí.
Los Pensamientos eternos de Dios, están siempre allí.
Eso no lo puedes cambiar.

Ah, sí, eres libre de fantasear.
Eres libre de imaginar que estás separado,
que estás aislado.
Eres libre de imaginar que no eres amado,
bajo la forma de la enfermedad, la pobreza, las malformaciones,
y la ira, el dolor, e incluso la muerte.
Eres libre de imaginarte todo esto,
y de creer que es real.
Pero no puedes cambiar el hecho
de que nada de ello es verdadero.

En este Curso, hablamos de la percepción, y de la percepción verdadera.
Entiende que la percepción es del pensamiento, y que se irá.
Todas tus percepciones, todos tus pensamientos
que te harían creer, o que fomentarían la creencia,
de que estás separado o aislado,
no son de la realidad,
son ilusiones.
Son sombras y neblina que se deshará.

La percepción verdadera también se irá.
Sin embargo, tu percepción verdadera surgirá en base a
aquello que he venido diciéndote hoy:
en el hecho de que Dios está dentro de ti y te sustenta;
de que Dios piensa contigo, y a través de ti;
de que la Mente de Dios está, de hecho, dentro de tu mente;
de que la Luz de la verdadera Visión está dentro de ti;
de que este mundo, todo él, todas sus percepciones y pensamientos,
es solo una gran ilusión, y no tiene significado
salvo en tus fantasías.
Con tu percepción verdadera,
llegarás a ver este mundo
como la ilusión que es, como fantasías.
Cuando lo hagas, simplemente lo dejarás ir,
y serás libre.
No puede suceder de otra manera.
Sobre esto no tienes elección.

Si lo deseas,
puedes aferrarte durante más tiempo a la fantasía, a la percepción falsa.
En tanto que estés disfrutando de tu actuación
con todas estas percepciones,
Dios te ha dado libertad para hacer precisamente eso.
Te has imaginado incluso el tiempo
para poder darte “tiempo” para hacer eso,
pero el tiempo también se irá.
Sobre esto, tampoco tienes elección.

Esta es tu invulnerabilidad,
tuya porque eres el receptor del Amor de Dios,
que convierte esto en verdad.
Pues al recibir el Amor de Dios,
eres el receptor de Dios Mismo.
Y tu meta en este Curso
es sentir esa verdad dentro de tu ser.
Pues eso te conducirá
a entender el amor y el perdón.

Una lección decía,
“Dios es el Amor en el que perdono” (L46).
Tu meta, según llegas a entender el amor y el perdón,
es saber que, cuando amas como Dios ama,
no estás enviando energía,
no estás enviando buenos pensamientos,
no estás enviando buenos deseos.
Estás de hecho, dando tu Ser.
Y, cuando amas, eso que tú ERES,
la esencia de tu Ser, esa que es parte de Dios,
penetra adentro de y SE CONVIERTE EN aquello que éstas amando.

En definitiva, reconocerás, sin esfuerzo ni lucha,
que TODO es el receptor de ese amor,
y por tanto, el receptor de tu Ser.
Y esto lo reconocerás como UNICIDAD.
Imagina a alguna persona, o algún ser,
a quien sientes que amas inmensamente.
Trata de imaginar lo que sería
entregar tanto de ti mismo, y de tal manera,
que te CONVIRTIERAS en ese otro ser.
Esto no sería ENVIARLE algo AL otro,
porque eso solo concibe más separación.
Cuando te CONVIERTES en el otro ser, en tu amor,
estás experimentando lo que es ser UNO.

Por otra parte, al final te darás cuenta
de que dentro de esta Unicidad, existe individualidad.
Todos vosotros (nosotros) sois UNO.
Pero dentro de la infinitud de la Creación existe eso que es TÚ,
que es tu Ser, tu Yo, y que no obstante no está de ninguna manera separado
de ningún otro aspecto de la Creación.

Cuando amas a alguien y te CONVIERTES en ese ser,
te estás meramente abriendo a lo que ha sido siempre verdadero,
y a aquello que tú eres.

En el dar, en el convertirte en alguien, en el devenir alguien, no disminuyes.
Y no es posible que pierdas nada.
Más aún, cuando das de tu Ser
te expandes y magnificas lo que tú eres.
Así es la naturaleza de Dios.
Así es la naturaleza de tu Ser.
Ese es el propósito de la Creación.

Trata, si puedes, de permitir que la verdad de estas palabras
penetre en tu ser.
Si puedes conseguir un destello, un vislumbre de esa verdad,
te habrás ahorrado años.
Pero, si no puedes,
no te desalientes.
Pues no hay nada que puedas hacer
para separarte del Amor de Dios,
salvo, por un momento,
imaginar que estás separado de Él.
Pero eso no puede, en realidad, dañarte.
Así que no temas.

Una de tus lecciones decía “No hay nada que temer” (L48).
Y otra que “Dios es la fortaleza en la que confío” (L47).
Dios te ama.
Dios se ha convertido en ti.
En Su amor, Dios está dentro de ti.
El Amor de Dios no es un pensamiento que Él te envía,
sino que es ÉL MISMO que se ha dado a ti.
Eso siempre será así,
y estás absolutamente a salvo.

Si fueras el padre de un niño y este tiene una pesadilla,
donde él cree (como tú crees)
que está separado, solo y con miedo,
sabrías, como padre,
que tu hijo está a salvo,
que la pesadilla no tiene el poder de apartar de él tu presencia,
tu protección y tu amor.
Con Dios sucede exactamente igual.

Trata de imaginar que la Creación es, de hecho, precisamente así.
Y puede que entonces te des cuenta de que Dios ES la fortaleza dentro de ti,
y que PUEDES ciertamente confiar
en que ESTÁS totalmente a salvo,
y que eres un ser totalmente libre.

Así, toma la lección que dice “No hay nada que temer” (L48).
Y cuando te encuentres todavía encerrado en
tus pensamientos y en tus fantasías,
dite a ti mismo,
“Dios está dentro de mí; Dios Mismo está dentro de mi ser;
la fortaleza de Dios, el Amor de Dios,
y la Luz con la cual yo veré,
están profundamente dentro de mí.
Y nunca me abandonarán.
Y yo, con todo el poder de mis fantasías,
no puedo deshacerme de ellos.
Verdaderamente, no hay nada que temer”.

Otra de las lecciones decía,
“La voz de Dios me habla durante todo el día” (L49).
Si entendieras esto hoy,
habrías acabado el curso de milagros.
Dios está, de hecho, profundamente dentro de tu ser,
separado de tu reconocimiento solo por tus fantasías
y por los juegos que llevas a cabo con tus pensamientos.
La presencia de Dios está dentro de ti, siempre,
en tanto que sensación, o como un apremio, un discernimiento,
algunas veces como inquietud, otras veces como cierta plenitud,
a veces como pensamiento,
a veces como una voz que dice palabras.
PERO ESTÁ ALLÍ, SIEMPRE.
Y tú no puedes separar tu Ser de ella.

Podrías imaginar que esta Voz es solamente tus propios pensamientos,
y tratar de aislarte de ella.
Pero todo lo que podrás hacer es solo “tratar”.
Pues la separación entre tú y la Voz de Dios no puede darse.

De esta Voz he dicho que es el Espíritu Santo.
Es, en verdad, la presencia de Dios dentro de ti.
Y aprenderás a sentir su presencia,
a reconocer que se trata de la Voz de Dios,
a entender la diferencia entre esa Voz
y la voz de tu ego.
Llegarás a saber todo esto.

En ese día, te convertirás, incluso en tus fantasías,
en alguien que se siente perfectamente a salvo y perfectamente en calma.
Percibirás verdaderamente que estás sostenido por el Amor de Dios,
que no hay nada que temer,
que la fortaleza de Dios conoce cada detalle de cada situación.
Entenderás que, cuando vives, piensas y actúas
de acuerdo con la presencia de Dios dentro de ti,
entonces la expresión de tu individualidad, como un Hijo de Dios,
estará completa, estará a salvo,
y será totalmente armoniosa con Todo Lo Que Es,
igual que Dios Mismo está en perfecta armonía con Todo Lo Que Es.

Por ahora no te preocupes
sobre cómo vas a reconocer la diferencia
entre esa Voz y la del ego.
Simplemente trata de sentir dentro que “No hay nada que temer”.
Siente adentro que la Voz de Dios está ahí,
y que no te abandonará ni puede abandonarte.
Siente, si puedes, con gran confianza,
que estás sostenido por el Amor de Dios,
protegido por la fortaleza de Dios,
y que VERÁS con la Luz que es Dios.
Siente, si puedes, que sabrás, en cada circunstancia,
con total certeza y calma,
exactamente qué experimentar,
qué sentir, qué decir y qué hacer.

Te lo aseguro: tu vida estará completamente libre de duda.
Te acompañará la certeza
en cada instante de tu vida sobre esta tierra.
Y entonces, ya no necesitarás más esta tierra.
Pues serás libre.

Así pues, permítete imaginar que esta ES la manera en que sucederá.
Te aseguro, verdaderamente,
que tienes el poder de hacerlo así en este mismo instante.
Mas, en la medida en que todavía crees en el tiempo,
te VALE con decir,
“eso SUCEDERÁ de esa manera para mí”.
Permítete a ti mismo creer que esto SERÁ así,
mientras que, al mismo tiempo, trata de creer
que podría ser ya así en este mismo instante, si así lo eligieras.

E imagínate, lo mejor que puedas, en un escenario
en el cual Dios está, ciertamente, dentro de ti.
Esa fuerza, ese Amor, ese poder,
ese conocimiento ESTÁ allí, llegando a ti,
atravesando tus pensamientos y vanas fantasías
hacia una calma, una paz y un gozo
que aún no puedes ni imaginar.

Cuando empieces a imaginar
que tu vida PUEDE ser tal y como la he descrito,
empezará a convertirse en eso.
De hecho, te lo aseguro:
ya es exactamente así.
Tú, simplemente, no lo sabes.
Cuando empieces a constatar que mis palabras, estas, son ciertas,
entonces, las demás fantasías,
la separación, el miedo, el sufrimiento,
la enfermedad y la deformidad
empezarán por fin a irse.

Cuando el cambio llegue,
te puede parecer instantáneo.
Entonces, no desfallezcas si, ahora mismo,
no sientes que tus miedos se estén yendo.
Simplemente permítete imaginar la presencia de Dios,
y todo lo que te he dicho sucederá.
Entonces reconoce que con imaginarlo de esa manera
ya estás dando un paso de gigante
hacia el amor y la libertad.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

 

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