Valores. Haskell: «Viaje más allá de las palabras»   Leave a comment

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Brent A. Haskell; "autor" de “Viaje más allá de las palabras”

Brent A. Haskell; autor de “Viaje más allá de las palabras”

[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– Esta parte del texto Viaje…, sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 127 a 133 del libro de ejercicios de Un curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).

Valores [lecciones 127-133]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua. Hoy he venido
para seguir, contigo, mi comentario sobre
Un curso de milagros.

Las lecciones de la semana pasada
pueden haber resultado muy difíciles para ti,
pues pueden parecerte extremadamente negativas
ya que parecen decirte
que niegues tus sentimientos acerca de este mundo.
“El mundo que veo no me ofrece nada que yo necesite” (L128).
“Libero al mundo de todo lo que jamás pensé que era” (L132).
Las otras lecciones mantienen un patrón similar.
Hoy conversaré contigo acerca de ellas.

El regalo de Dios para ti es el Amor.
El regalo de Dios para ti es la paz,
que es la meta de este Curso.
No hay nada en el diseño del universo que te dé otra cosa
que no sea esa paz y ese amor.
Y no hay nada en Un curso de milagros
que te vaya a quitar jamás
algo de valor, o cualquier cosa que sea real.

Cuando te sientes amenazado,
cuando sientes que las lecciones de este Curso
te sugieren que renuncies a algo de valor,
te aseguro que eso es tu percepción errada.
Es tu ego, tu pequeño yo, entrando en juego,
temiendo por su propia existencia.

Una de las lecciones decía,
“No le daré valor a lo que no lo tiene” (L133).
Luego insinuaba que
algo que no dure para siempre
no tiene ningún valor en absoluto.
Si eso es cierto, y te aseguro que lo es,
entonces lo que se deduce inmediatamente es que este mundo de forma,
este mundo de espacio y tiempo, no tiene ningún valor en absoluto.
Porque todo eso que percibes como tiempo y espacio,
tu mundo, tal y como tú lo percibes, pasará.
Se irá en la nada.
Las cosas de Dios nunca se van.
El Amor de Dios es inmutable.
La paz de Dios es inmutable.
La paz de Dios está siempre contigo,
aun estando más allá de tu entendimiento,
como sugiere la Biblia.

El cuerpo, al que muchos de vosotros habéis identificado con vosotros mismos,
se irá, y ya no volverá a ser.
Y cuando eso suceda,
tu Yo Real, la esencia de lo que tú eres,
existirá en toda su libertad y toda su gloria.

Verdaderamente, tal y como este Curso propone una y otra vez,
el cuerpo es un estorbo, un diseño de separación,
una ilusión que sirve para traerte miseria, tristeza, pena y la creencia en la muerte.
Y te pregunto ahora.
¿Qué valor tiene para ti,
algo que te brinda tus miedos,
tu muerte, tu separación y tu sufrimiento?

Su único valor sería el encontrado en tu muerte.
Pues la muerte del cuerpo significaría
que ya no existirías más,
y por tanto, que te liberarías del dolor, la miseria y el sufrimiento.
Pero, te aseguro, eso no es así.

En realidad, dudo de que cualquiera de vosotros haya llegado
tan lejos en Un curso de milagros sin creer, en alguna medida,
que su realidad va a seguir existiendo después de que su cuerpo muera.
En realidad, a través de las edades de la humanidad,
ha existido el callado e incesante reconocimiento interior
de que HAY una existencia más allá de la del cuerpo.
Y en eso estás en lo cierto, por supuesto.

Entonces, como este cuerpo te brinda miseria, miedo,
vejez y finalmente la muerte,
y como él pasará mientras que TÚ continuarás viviendo…
¿qué valor tiene para ti?
Su valor solamente radica, tal y como he establecido en este Curso,
en que es el vehículo para la comunicación,
que te ayudará a comprender, en este mundo de forma,
la Unicidad que compartes con tus hermanos,
y los lazos que te hacen ser el Único Ser, el Ser Uno o Yo Único.

Y entonces, la pregunta que siempre surge es,
“¿estás diciéndome acaso que odie al mundo?”.
La respuesta es que no.
¿Estoy diciéndote que no VALORES el mundo?
La respuesta es SÍ.

Tus valores son sinónimo de
aquello que tú crees que NECESITAS.
Y lo que necesitas lo estimarás;
y lo que estimes, lo protegerás DE…
¿de qué?
De algo, eso no importa.
Lo que sea que valores tratarás de protegerlo,
para que no se vaya.

Ahora, si valoras algo del cuerpo,
o algo de este mundo de forma,
todo lo cual NECESARIAMENTE VA a marcharse,
entonces, con tus míseros intentos de prevenir que precisamente eso suceda,
te proporcionas a ti mismo dolor, miedo,
miseria y separación,
y todo aquello que no es de Dios.

De nuevo, cuando valoras algo,
sientes que es necesario que ELLO sea para que TÚ puedas ser.
Cuando te DEFINES a ti mismo en términos DE algo,
ese algo es siempre de la FORMA.
Y cuando te defines a ti mismo de alguna forma,
entonces la pérdida de esa forma significa, al menos en parte,
tu propia muerte.
Y la pérdida total de esa forma,
significa tu muerte total.

¡Qué tremenda fuente de miedo y de dolor!
Y, lo sepas o no,
eso es lo que representa tu cuerpo para ti,
cuando lo equiparas contigo mismo.

Cuando te hagas libre,
constatarás que tu cuerpo no es tú, en ningún sentido.
Entonces, ya no lo valorarás,
ya no temerás su pérdida,
la pérdida de cualquier parte de él o la pérdida de cualquiera de sus funciones.
Entonces, serás capaz de usar tu cuerpo
solo como un medio de comunicación,
lo cual es su propósito real, para ti, sobre esta tierra.

Incluso entonces no lo VALORARÁS como un medio de comunicación.
Pues tu comunicación está siempre más allá de tus pensamientos,
más allá de la forma, más allá de eso que el cuerpo representa.
Entonces, puedes USARLO como un medio de comunicación,
mas nunca estimarlo o temer su pérdida.
Pues la comunicación que surge de tu Ser Uno
no puede ser dañada si hay cambios en tu cuerpo,
ni incluso si este está totalmente ausente.

Así, te he dicho que
el mundo que ves no contiene nada que tú necesites.
La palabra “necesitar” es la clave.
Porque lo que necesitas, lo estimas,
y lo desearás conservar y proteger.
Y solo “necesitas” algo
si ello te sirve para crear eso que llamas “tú mismo”,
tu auto-concepto.

Mas el mundo que ves, te lo aseguro,
no puede hacer nada para crear o alterar de alguna forma
eso que tú REALMENTE eres.
Pues, como hemos dicho y diremos de nuevo,
eres como Dios te creó,
eres Espíritu,
eres el Ser Uno.

El mundo que tú ves no puede ser parte de tu Ser Uno,
pues su problema es la separación.
Así, él niega el Ser Uno.
El mundo que ves no es, en ningún sentido, lo que tú eres,
pues el mundo no es del Espíritu.
Y esto ya lo sabes de forma intuitiva.
Entonces, este mundo, del que te aseguro que no te ofrece nada que tú necesites,
en realidad no te ofrece nada para poderte formarte como tú Mismo, como tu Ser Uno,
para poder ayudarte a convertirte en tu Ser,
o para hacerte, de alguna manera,
ser más de lo que ya eres.

La única cosa que este mundo puede hacer es
–cuando crees que es real,
cuando lo estimas y lo valoras–
distraerte de la verdad de lo que tú eres.
Entonces, este mundo, en el peor de los casos, te separa totalmente
de cualquier discernimiento de lo que eres como el Hijo de Dios.
Y, este mundo, en el mejor de los casos, es algo que puedes perdonar
cuando ves a través y más allá de él, hacia tu verdadero Ser Uno,
que es solo Espíritu, y que es solo de Dios.

Has decidido venir aquí a explorar, buscar,
y definitivamente a encontrar lo que supone SER el Hijo de Dios.
Y realmente lo encontrarás.
Pero, te lo aseguro, no lo encontrarás en este mundo.
El conocimiento de que tú eres el Hijo de Dios
es tu paz, y tu felicidad, y tu gozo.
Y este mundo no te dará ese conocimiento.

Cuando sientas que este mundo, con su forma,
está dándote gozo,
comprende que ese gozo no durará, que pasará.
Las risas que resuenan en tu gozo
serán algún día las lágrimas que resonarán a través de todo tu ser.
Tal es el mundo en su fragilidad, en su veleidad,
pues PASARÁ.

La paz de Dios, te lo aseguro, no cambia.
Dura, brilla y brilla… crece y deviene, para siempre.
Tú eres libre.
Has venido aquí en tu libertad,
para explorar tu creatividad como el Hijo de Dios.
Y todos los seres aquí están explorándola contigo,
dentro de vuestro Ser Uno.

En verdad, cuando contemplas este mundo,
puedes ver esa creatividad.
Puedes contemplar aquello que es la descendencia del Hijo de Dios.
Puedes ver, en las idas y venidas de vuestras vidas,
el intrincado diseño que vosotros, en vuestra Unicidad,
habéis creado aquí.
Puedes ver esa creatividad en ti mismo y en otros,
en las plantas, en los animales y en los cielos.
Y, verdaderamente, cuando contemplas eso SIN VALORARLO,
puedes ver a Dios.

Escúchame bien de nuevo.
Si –y cuando– confundes algo de lo que hay en este mundo con lo que tú eres,
solo deseas tu propia muerte.
Y la ENCONTRARÁS bajo la forma de miedo,
o bien como un ligero cansancio,
o bien como ese pánico que puedes sentir cuando miras con miedo
a tu propia muerte, a tu enfermedad o a tu dolor.
Pero ES el deseo de tu propia muerte,
y la ENCONTRARÁS.

Pero, si dejas de valorar este mundo, entonces serás libre.
En tu libertad, puedes crear cualquier cosa que desees
en esta estancia en el espacio y el tiempo.
Entonces, no te digo, “odia al mundo”,
pues no hay odio;
solo hay amor.
Y no te digo, “rechaza al mundo”,
pues solo existe la Unicidad que es Dios,
y nada de Dios puede ser rechazado.
Y no te digo, “desprecia al mundo”.
Solo te digo,
ama, sé feliz,
y sé libre.

Si eliges, en tu creatividad, ser libre,
entonces encontrarás el gozo aquí, en esta tierra.
Pero te aseguro que todo lo que valores
te traerá dolor.
Y todo lo que tú valoras conlleva un deseo de tu propia muerte.
Y te aseguro que,
si puedes ver que este mundo no te ofrece nada que tú necesites,
pues no tiene nada que ver con lo que tú verdaderamente eres…
y si puedes entender que la realidad de lo que tú eres
está más allá de este mundo,
entonces, serás libre.

En tu libertad, puedes jugar sobre esta tierra
como aquel niñito del que una vez dije
que debe heredar el Reino de los Cielos.
Tu libertad para ser como ese niño,
tu libertad para ser como Dios te creó,
tu libertad para vivir aquí como un auténtico Hijo de Dios,
radica en liberarte de tener que valorar cualquier cosa aquí.

Verdaderamente, este mundo no te ofrece nada que tú necesites,
pues tú eres Espíritu, eres como Dios te creó.
Y nada aquí puede cambiar eso.
Estás absolutamente a salvo,
y eres absolutamente libre.

Te dije que no hay nada en este mundo digno de valorar,
pues en tu valorar solo tratas de cambiar,
dentro de tu propia creencia,
lo que tú eres como el Hijo de Dios.
Así, al mirar más allá del mundo,
y al liberarte de tu valoración,
entonces, tú mismo serás libre.
Esa libertad te brindará gozo,
y esta tierra se convertirá para ti en un lugar de gozo,
y por tanto tiempo como elijas andar por ella,
ya sea en esta vida o en otras por venir.

Tu libertad y tu salvación radican en saber
que tú, verdaderamente, eres Espíritu,
que tú, verdaderamente, eres como Dios te creó,
y que eso nada puede cambiarlo.
Tu seguridad y tu paz, aquí en esta tierra,
radican en ese mismo conocimiento.
Y según dejes ir tu valoración de este mundo,
serás libre para amarlo,
y encontrar dentro de él el gozo que has buscado.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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