Silencio. Haskell: «Viaje más allá de las palabras»   Leave a comment

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Brent A. Haskell; "autor" de “Viaje más allá de las palabras”

Brent A. Haskell; autor de “Viaje más allá de las palabras”

[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte del texto Viaje…, serviría como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 71 a 77 del libro de ejercicios de Un Curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Silencio [lecciones 71-77]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua. Hoy he venido
para seguir contigo mi comentario de
Un curso de milagros.

Hoy te hablaré, por primera vez,
sobre cómo atender, y cómo escuchar,
la Voz que habla por Dios.

Has pasado por algunas lecciones
que te han sugerido que estés muy en calma,
que vayas a un lugar profundo dentro de ti,
donde se encuentra la verdad,
donde está tu Ser Real,
donde está la respuesta a todas las ilusiones del mundo,
a todo su conflicto, todo su miedo,
y toda su culpa.
Este lugar es francamente un lugar digno de ser encontrado,
y, como todo lo demás,
está dentro de ti.

Comprendo que dentro de tu ilusión, en este mundo,
te puede resultar difícil hallar ese lugar.
Sin embargo, hacerlo te llevaría tan solo un instante
si pudieras dejar ir todas las ilusiones,
todo eso que he llamado resentimientos o quejas.

En tanto que te aferras a ese resentimiento que llamas “tiempo”,
te puede llevar algo de tiempo que eso ocurra.
En esta conversación, dejaré margen para las dos opciones.
Ciertamente, si de pronto te liberaras lo suficiente,
podría suceder en un instante.
Trata entonces de mantener constantemente esta idea en tus pensamientos.
Porque desde allí es desde donde ella penetrará en tu discernimiento,
que está más allá de tu pensamiento.
Si eliges que esto te tome tiempo,
no sientas que estás equivocado.
Simplemente déjalo fluir a través
de los minutos, las horas, los días,
y aun los años, si eliges que te lleve tanto.

Es una promesa que te hago, que Dios te hace,
y que realmente ya te ha hecho,
y que nunca puede cambiar:
eres libre,
y, en tu sentido del tiempo, SERÁS libre.
No puede ocurrir de otra manera.
No tengas miedo; no dudes.
Si eliges que te lleve un tiempo llegar a reconocer que ERES libre,
eso no cambia el hecho de que lo SEAS
–o, en tus términos, de que lo SERÁS.

¿De qué manera te sugerimos que escuches,
que estés muy en calma, para así poder encontrar ese lugar adentro?
¿Realmente cómo hacer eso?
Hoy te daré algunas pautas.

Primero, Dios es Amor, y tú eres Amor.
El Amor es libertad. Y la libertad es perdón.
El perdón es tu única función aquí, en esta estancia en la tierra.
Tu función y tu felicidad son una.
Y tu felicidad es gozo, alegría.

Si pudieras experimentar dentro de tu ser lo que acabo de decir,
podrías dejar esta lectura en este mismo instante,
pues tú eres Dios.
Y Dios, en la expansión de Sí Mismo,
te creó a ti y a mí, y a todos los seres
en esta vasta Unicidad de LO QUE ES,
y QUE ES la creación de la vida.
Y la creación es absoluta libertad.

Tu existencia es tan plena, tan rica
y tan instantánea como tu imaginación.
Porque cualquier cosa que cruce por tu Mente, ES.
La has creado tú.
Esto sucede sin tiempo, fuera de él.
Y la única manera en que puedes concebirlo sin tiempo
es diciendo: por siempre jamás.

Esta es tu existencia:
libertad de creación,
libertad de imaginar cualquier cosa que desees, por siempre jamás,
siempre cambiando, creciendo siempre,
instantáneamente cambiando de un ser a otro,
de una forma a otra,
de un pensamiento a otro, de un compartir a otro,
hacia el reconocimiento de que todo es completo e instantáneo,
y pleno y rico, por siempre jamás.

Tú eres el Hijo de Dios.
Esa es tu felicidad; ese es tu gozo.
Y el propósito de Un curso de milagros
es solo el de apartar todos esos obstáculos
que te impiden reconocer que eso es verdad.

Así, cuando atiendas,
una de las primeras cosas que buscarás escuchar,
y una de las más fáciles de entender para ti,
es el gozo.
Simplemente atiende, escucha por el gozo,
y con él viene la paz.

Cuando estás tratando de calmarte
–y trata de hacerlo ahora si lo deseas–,
cuando estás en calma,
vas más allá de tus atareados pensamientos.
Vas más allá de todas las restricciones
formadas por tus pensamientos y tus conceptos
(que, recuerda, no significan nada).
En tu quietud,
vas incluso más allá del concepto de lo que tú eres,
porque incluso ESE concepto, como hemos dicho, no significa nada.

Al ir hacia un espacio de quietud
te abres completamente a cualquier cosa que puedas imaginar.
Cuando intentes escuchar a esa Voz,
que es mi voz, que es tu propia voz,
y que en este Curso llamamos Espíritu Santo,
cuando atiendas…
hazlo por el sentimiento de alegría, de gozo.

Cuando sientas gozo, verás que brota de dentro de ti.
Parecerá, como hemos dicho,
como si el sol estuviera brillando dentro de tu ser
con tal fulgor, que necesita estallar libremente.
En realidad, ESTALLARÁ libremente.
Y en eso consistirá tu gozo,
pues este no puede ser contenido.
En tu gozo, te convertirás en un sol,
pues, como un sol, eres verdaderamente un Hijo de Dios.

Así, cuando escuches,
al fluir en ti la imaginación,
al sentir una liviandad, una libertad, una paz
y una iluminación dentro de ti,
entonces, date cuenta de que realmente estás
escuchando la Voz que habla por Dios.

Todo lo que te aleja de poder escuchar esa Voz
es tu deseo de llevar contigo
tus pensamientos, tus conceptos y tus vanos caprichos
que solo te limitan
y te apartan de ver lo que realmente eres.

Si crees que estás sintiendo gozo,
y puedes imaginar algo que pudiera amenazarlo,
entonces tu gozo no es pleno.
Si puede ser amenazado, es que todavía contiene dentro
una gran medida de lo que llamamos “ego”,
que está compuesto por tus pensamientos y tus conceptos.
Así, si te parece que estás verdaderamente gozoso,
y te preguntas si estás escuchando la Voz de Dios,
simplemente trata de imaginar si algo, o alguien,
o cualquier circunstancia, podría alterar tu gozo.
Si puede hacerlo, entonces no estás escuchando por completo, verdaderamente,
la Voz que habla por Dios.

Cuando sientes el gozo y la paz que es de Dios,
nada puede amenazarlos.
Si empiezas a sentir ese gozo,
y te das cuenta de que puede ser alterado,
sabes que estás albergando dentro de ti mismo
esos resentimientos, esas quejas, de las cuales hemos hablado.
Porque los resentimientos son ataques
contra tu propia invulnerabilidad;
son tus vanos deseos
de no ser el Hijo de Dios.
Tus resentimientos son tus vanos deseos
de que algo podría estar afuera de ti mismo,
que algo podría sucederte a ti.
Son tus deseos
de poner una pantalla frente a los milagros
a los que tienes derecho como Hijo de Dios.
Son tu deseo de vivir en la oscuridad,
y ninguno de tus resentimientos podría estar ahí si no lo amaras.

Entonces, cuando te pongas a escuchar el gozo, la alegría,
cuando empieces a sentirla brotando de dentro de ti,
comprueba si hay algo fuera de ti que pudiera amenazarla.
Si una persona actuara de manera distinta,
si alguien eligiera morir, como tú lo llamas,
o si una circunstancia cambiara,
¿tu alegría se vería alterada?
Si la respuesta es que sí, entonces no es verdadera alegría, no es verdadero gozo,
sino solo otro conjunto de pensamientos y de conceptos que has fabricado.
Es solo un ladrillo más en la prisión
que has creado para ti mismo
al desear ser diferente de lo que eres.

Así, en tu quietud,
escucha por la claridad y la libertad brotando dentro de ti.
Trata de entender que, en la claridad y la libertad,
estás perfectamente a salvo,
y que nada puede cambiar esa misma claridad,
esa libertad o esa paz,
excepto tú mismo.

Si puedes aunque solo sea imaginar tal estado,
entonces ya has escuchado los primeros verdaderos susurros
de la Voz de Dios.
Y puedes aplicar ese filtro siempre.
Si alguna vez tu gozo puede ser alterado,
sabes que estás albergando resentimientos, quejas.
Reconoce que en algún nivel, en tu tiempo,
no estás todavía preparado, preparada, para ser libre.
Reconoce que no estás preparado, en tu tiempo,
para soltar los pensamientos y los conceptos
que te ocultan la luz interior.

¿Qué hacer si escuchas, si procuras estar en calma,
y no logras tener un sentimiento de gozo?
Por ahora te sugiero que hagas esto:
intenta imaginarte, todo lo que mejor que puedas, dentro de tu pensamiento,
que eso ESTÁ ahí.
Haz todo lo que puedas para RECONOCER dentro de tu ser que eso está ahí.
Míralo como una meta.
Míralo como la cima de una montaña que sabes que puedes alcanzar.
Quizás la meta parezca estar muy lejos en la distancia como para poder verla.
Quizá la cima de la montaña esté tapada con nubes.
Simplemente sabes que ESTÁ allí.
Y, en tu imaginación, en tu reconocimiento de que está allí,
empiezas a abrir tu ser a su presencia.
Y, finalmente, vendrá.
No dudes de esto,
la alegría LLEGARÁ.
Sobre esto no tienes elección.

Te prometo que la alegría ya está allí.
No hay nada que puedas hacer para retirarla.
Puedes poner pantallas de manera que no puedas verla o sentirla.
Pero no es posible modificar su presencia, o eliminarla.
Tal es la naturaleza de Dios.
Tal es la naturaleza del Hijo de Dios, que tú eres.

Así, en tu imaginación, haz realmente todo lo que puedas
para reconocer que la alegría está allí.
Después, vendrá el susurro,
vendrán algunos pequeños destellos,
que podrían ser como pequeños destellos de luz,
y que serán tus primeros pasos hacia la visión,
hacia VER el gozo que, en verdad, está allí.
Puede ser que brote dentro de ti solo por un momento,
para luego desaparecer en seguida en el instante siguiente.
No te desesperes, más bien regocíjate.
Pues con eso sabrás
que por un breve momento lo hiciste,
en verdad soltaste los obstáculos contra tu gozo.
Y, si puedes hacerlo por un momento,
entonces, por supuesto, puedes hacerlo por siempre.
Porque un momento no es menos que por siempre.

Es muy importante que no te desalientes
cuando intentes una y otra vez alcanzar este lugar de silencio.
No te desesperes cuando te des cuenta de que tu experiencia
ES vulnerable a las circunstancias, y no es la plena alegría o gozo de Dios.
Es importante que no te desalientes en esos momentos.
Es importante que insistas más y más en ir hacia ese lugar.

Pues en ese lugar te darás más y más cuenta de tus resentimientos, tus quejas.
Y, como decía la lección,
cada elección que haces
es entre un resentimiento y un milagro1.
Al irte dando cuenta de cada resentimiento, de cada queja,
estás cada vez en una mejor posición para poder dejarlos ir.
Y según vas liberando cada resentimiento
te acercas cada vez más al milagro que hay tras él.

No desfallezcas hoy
si te parece que lo que he dicho es muy elevado,
si te parece que hay que hacer mucho esfuerzo,
si te parece que nunca has estado en ese lugar de silencio,
y que nunca podrías conseguirlo,
no desfallezcas.
No te desalientes.
Solo reconoce que estás absolutamente a salvo,
y que eres amado absolutamente,
pues yo estoy contigo, y nunca te abandonaré.
Sobre eso tampoco tienes elección.
No hay nada que pueda dañarte,
a pesar de todas tus vanas fantasías.

Así que empieza a darte cuenta, lo mejor que puedas,
de que la alegría ESTÁ allí.
Cuando la encuentres, en ese primer instante,
entonces empezará a destacar y a crecer.
Y cuando encuentres el gozo real de Dios,
entonces, todo este mundo de ilusiones,
el que solo en apariencia te da gozo,
pasará a la nada,
como las sombras ante el sol de la mañana.
Regocíjate porque eres absolutamente amado, amada;
estás absolutamente a salvo.
Y, verdaderamente, tú ERES el Hijo de Dios.

Bendiciones para todos. Eso es todo.
____

1L-78.1:1

 

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