«La otra voz: Introducción». Haskell en comunión con Jeshua. Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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Brent A. Haskell; "autor" de “Viaje más allá de las palabras”

Brent A. Haskell; “autor” de “Viaje más allá de las palabras” y “La otra voz”

[- Podéis mirar en la página de índices de Haskell para encontrar los enlaces a los textos de Haskell completos revisados, etc.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló desde la personalidad de Jesús.
– Esta parte del texto La otra voz sirve como acompañamiento para el capítulo 1 en general, de Un curso de milagros (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado en inglés).]

 

Introducción [T-1]

Saludos. Soy Jeshua.
He venido a conversar contigo acerca de Un curso de milagros,
pero, más importante aún,
he venido para que puedas liberarte
gracias al conocimiento de lo que tú eres.

Soy Jeshua. Aun cuando nombres como este no importen,
en verdad, soy Jeshua.
Soy aquel que tú llamas “Jesús”.
Pero, escúchame bien, yo soy tú.
Soy cada uno de vosotros,
lo que significa que soy tu hermano.
Soy, como tú, el Hijo de Dios,
y nada más.

Te hablaré de muchas cosas.
De cosas que son reales,
y de muchas que no lo son,
incluyendo este mundo de espacio y tiempo.
Y esas cosas, las que no son reales,
solo son los obstáculos que tú mismo has creado
para impedirte el reconocimiento
de la realidad de lo que tú eres.

Este mundo que ves, todo él, no es real.
Has escuchado a menudo estas palabras
que te decían que esta vida, tu cuerpo, este mundo,
son una ilusión.
Eso es exactamente así, en este sentido:
una ilusión es algo que percibes
y que por tanto tu mente cree que es real,
mientras que, en realidad solo estás ejerciendo
el poder creativo que Dios te dio
para que pueda parecer que ves algo que no está allí en absoluto.
Debido a que dentro de tu ser albergas
el poder creativo del universo,
eres capaz de ver, de percibir, tu mundo,
exactamente tal y como tú desees hacerlo.

Y, como es percepción,
lo que parece ser la realidad
puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.
Lo que es real, lo que es de Dios, no cambia;
no está sujeto a tu percepción y a tus creencias;
no está sujeto a tu espacio y a tu tiempo,
porque está mucho más allá de todo eso.

Te hablo como tu hermano,
porque eso es lo que soy.
En realidad, en esencia, no soy diferente de ti de ninguna manera.
Soy el Hijo de Dios así como tú lo eres,
así como cada amigo y cada enemigo que percibes
es también el Hijo de Dios.
Vengo a ti como un hermano que,
en tu sentido del tiempo,
podrías percibir quizá como más viejo
y definitivamente más sabio.
Y vengo a ti con la perspectiva aventajada
de estar liberado de la ilusión que es este mundo.

Puede parecerte que aquellos que están liberados
de la ilusión que es este mundo,
hacen milagros.
Pero lo que tú experimentas, más que milagros,
es el contraste que existe entre estar libre de la ilusión y,
por otra parte, seguir atado a la creencia de que,
en alguna medida, el mundo es real.

Es apropiado para ti respetarme.
Es apropiado para ti admirarme.
En verdad, vine para que pudieras hacer eso.
Cuando caminé por esta tierra les dije a tus hermanos,
y por tanto a ti también,
que no habría nada entre las cosas que me veríais hacer
que no pudierais hacer también vosotros.
En verdad tienes dentro de ti,
tal y como yo tengo dentro de mí,
el poder de hacer obras mucho más grandes
que las que has visto,
cosas que no podrías comprender
si tratara de explicártelas.

Lo importante es esto,
escúchame bien:
NO HAY DIFERENCIA,
EN REALIDAD, EN ESENCIA,
ENTRE TÚ Y YO.

Soy absolutamente libre,
tal y como tú lo eres.
Tengo la capacidad de hacer lo que tu mundo llama “milagros”.
Y esa misma capacidad la posees tú,
aun cuando esté bloqueada por tu miedo.
No tengo ningún talento que no resida en ti,
aun cuando quizá para ti esté oculto en este momento.
Estoy liberado del espacio y del tiempo.
Soy libre de ir y venir adonde quiera,
dentro de cualquier aspecto del espacio y de cualquier aspecto del tiempo.
Y, en verdad, lo mismo eres tú,
aun cuando esa habilidad esté escondida
bajo la máscara de tu miedo.

No te asustes por estas declaraciones.
Antes bien, piensa, si así lo deseas, que la vida es como un gran aprendizaje, como una escuela.
Piensa en mí como un hermano mayor
que ha avanzado a través de todo el plan de estudios
y que tiene una completa maestría de todo el material
que tú también aprenderás.
Y, el hecho de que aparentemente estés
en un nivel de aprendizaje menos avanzado,
no significa nada más que eso;
esto no te convierte en bueno o malo;
no te hace ser inferior a mí,
ni me convierte a mí en alguien mejor que tú,
puesto que, en verdad, somos lo mismo.
Simplemente significa que tú estás donde estás,
y nada más.

Existe algo acerca de ti y de mí
que nos hace ser el Hijo de Dios.
Y eso verdaderamente no puede cambiar.
Somos libres.
Y esa libertad incluye nuestra capacidad
de imaginar y de percibir cualquier cosa que elijamos.
Este mundo es precisamente, y por entero, un ejemplo de ello.
Pero ninguno de nosotros, ni tú ni yo,
puede cambiar lo que es real,
lo que fue creado por Dios y nos fue dado por Él.

Hay muchas cosas que se aclararán
cuando vayamos a través de este Texto, y estas páginas.
Entre ellas hay cosas que no son reales
y que, como no lo son,
no existen.
Entre estas cosas están el pecado y la culpa,
pues no hay causa para el pecado.
Y sin pecado, no hay causa para la culpa.
Ellos pertenecen a la imaginación,
nada más.

Otra cosa que no existe es tu cuerpo.
Con ello simplemente quiero decir esto:
tu cuerpo no es lo que tú eres; eso es todo.
Eres espíritu. Eres libre.
Has sido creado por Dios.
Y nada puede cambiar eso.
Tus fantasías sobre ser un cuerpo,
sobre encontrarte en el tiempo confinado a un cuerpo
que envejecerá, se debilitará y morirá…
todas esas fantasías por muy reales que parezcan
no cambian en ningún sentido lo que tú eres.
Y así es como el cuerpo no es real;
es un traje que has fabricado;
es un juguete que has elegido.
Su propósito es el del aprendizaje, el de la experiencia,
y su meta final es, cuando el aprendizaje se haya logrado,
ser dejado de lado sin más miramientos,
puesto que tu cuerpo no es tú
y no tiene efecto alguno en la realidad de lo que tú eres.

Mi resurrección fue la expresión, en este mundo,
de esa verdad.
Lo que YO SOY, en tanto que Hijo de Dios, no se vio afectado
por los clavos, por una cruz, o por la muerte.
Y así, también lo que tú eres en tanto que Hijo de Dios
no se ve afectado por la ilusión de tu cuerpo,
o por cualquier cosa que pudiera parecer sucederle a este,
incluyendo su muerte.

Por tanto, la verdad es que este mundo no es real.
Eso no quiere decir que este mundo
deba ser desdeñado o despreciado.
Llegarás a entender que este mundo es, en su realidad,
una creación del Hijo de Dios.
No es sino una expresión de su poder creativo.
Todos los que camináis por aquí,
en vuestra Unicidad, habéis creado este mundo.
Y como tal, este es y debe ser hermoso,
porque de hecho tú, en tu realidad, eres hermoso.
Es tu percepción de este mundo
lo que parece haber convertido tu vida en un auténtico disparate.
Y lo que te ayudaremos a cambiar es solo eso:
tu percepción de este mundo.

Hablaremos de percepción y de percepción verdadera.
Lo que conseguirá cambiar totalmente
tu experiencia de este mundo
es tu percepción verdadera,
que es lo más cerca que puedes llegar aquí, en esta tierra,
a la experiencia de Dios.
Aprenderás a regocijarte en tu libertad,
lo cual te permitirá experimentar este mundo
por el tiempo que tú quieras,
y, cuando estés preparado,
dejarlo marchar en esa misma libertad
y continuar.
Pues, en tanto que Hijo de Dios, lo que se te ha dado para experimentar
es la infinita creación misma.

No vengo a traerte miedo,
sino a traerte paz.
No vengo a pedirte que renuncies a algo
que aprecies, que valores.
Solo vengo a mostrarte un camino mejor.

No vengo a pedirte que pelees.
No vengo a pedirte que luches contra ti mismo.
Porque la expresión verdadera de tu libertad
se logra sin esfuerzo.
Vengo, simplemente, a mostrarte lo que tú eres.
Y cuando te des cuenta, cuando experimentes,
más allá de tus pensamientos, más allá de tus miedos,
lo que verdaderamente eres…
entonces, eso que ahora valoras
simplemente se irá
para ser remplazado por algo más rico, más pleno
y más bello que nada que puedas imaginar.

Pues cuando intercambias un juguete, por así decirlo,
por otro que es mucho más bello y que disfrutas mucho más que el anterior,
eso no representa una pérdida en absoluto
sino solamente una transición.
Y así, he venido con el mayor amor del mundo
a apoyarte y a guiarte
en esa transición que puedes realizar,
de un mundo a otro.

De aquello DE lo que partirás
es de la percepción que usualmente tienes de este mundo,
que puede implicar la creencia en que tu cuerpo es real,
en que él puede hacer cosas sobre las cuales no tienes control;
y que puede incluir la creencia
en que cosas tales como el pecado, la culpa, la enfermedad,
la miseria y la muerte realmente existen.
Y HACIA lo que te desplazarás
es hacia la percepción verdadera de ese mismo mundo,
en la cual entenderás que tú eres, de hecho,
como yo, el Hijo de Dios,
y con la cual comprenderás que eres absolutamente libre
y que nada en tu vida te puede suceder a ti
si no es por tu propia elección.

Vengo a guiarte hacia ese reconocimiento;
y cuando lo alcances,
cuando vayas más allá de las creencias
que te atan a este mundo,
ello no conllevará en absoluto ninguna pérdida.
Será tu crecimiento hacia una nueva libertad,
en la cual parecerás desplegar tus alas
y elevarte sobre todo lo que fue,
hacia una nueva vida, y hacia una alegría
que nunca antes habías imaginado.

Vengo como tu amigo.
Vengo a decirte que eres absolutamente amado.
Vengo a decirte que no hay nada que puedas hacer
que pueda cambiar lo mucho que eres amado,
que nada de lo que puedas hacer
te puede separar realmente de Dios,
y tampoco de los demás.

Vengo a decirte que eres libre.
Vengo a decirte que eres Uno conmigo
y Uno con todos tus hermanos.

He venido a traerte paz y alegría,
porque este es tu derecho y tu herencia
en tanto que Hijo de Dios.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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