Luz. Haskell: «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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Brent A. Haskell; "autor" de “Viaje más allá de las palabras”

Brent A. Haskell; autor de “Viaje más allá de las palabras”

[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte del texto Viaje…, sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 85 a 91 del libro de ejercicios de Un Curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Luz [lecciones 85-91]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua. Hoy he venido
para continuar contigo mi comentario sobre
Un curso de milagros.

Hoy deseo comentar un concepto:
la Luz.

Ten en mente, como hemos dicho, que los conceptos son producto de los pensamientos,
y que los pensamientos son una reacción, una interpretación,
basada en la noción de que tú eres un individuo separado.
Tus pensamientos no significan nada.
El propósito de tus pensamientos,
incluyendo tus pensamientos acerca del tiempo,
es el de que los uses para liberarte de ellos;
para eso es para lo que son.

Cuando te hablo acerca de la Luz,
comprende que no es una idea que debas aprender.
No es algo para estudiar,
no es un patrón de pensamiento que tengas que dominar.
Es algo para que lo EXPERIMENTES,
de manera que cuando tus pensamientos, cuando tus interpretaciones,
cuando tu separación imaginaria se vaya,
aún te quede la realidad de aquello que comparto contigo.
Esa realidad está más allá de los pensamientos e interpretaciones.

Estaré hablándote acerca de la Luz.
La Luz, tal y como me refiero a ella en Un curso de milagros,
no es la luz con la cual crees que ves.
La luz que estudias en los cursos de física y de ciencias
es una radiación electromagnética.
Esa luz es una de las principales formas de energía
que experimentas en tu mundo;
pero, cuando digo “Luz” en Un curso de milagros,
no me estoy refiriendo, en absoluto, a esa luz.

Es muy importante para ti comprender que la Luz,
la Luz a la que me refiero en Un curso de milagros,
la Luz a la que me referí hace dos mil años como Jesús,
no es la luz de tu espectro electromagnético.

La Luz está más allá de eso.
Tienes acceso a la Luz.
Tú eres la Luz,
puedes experimentarla.
Ella te traerá la visión.

Eso puede pasar, podría pasar, pasará,
tengas o no ojos físicos en tu cabeza.
Podríais ser un universo de seres que no tuvieran ojos en absoluto;
o bien, individualmente, podrías ser ciego,
y eso no cambiaría un ápice
lo que ahora te diré acerca de la Luz.

Todo es Uno. Dios es Uno.
El Hijo de Dios es también Uno con Dios.
El Hijo de Dios es Uno con sus propias creaciones.
En verdad, tus propias creaciones SON
cada aspecto de esta vida que tú experimentas.
Tus propias creaciones son todo este universo que percibes.
Porque, verdaderamente, tú lo has creado.
Y tú, en tu propia completitud, eres Uno con todo eso.

La Luz es, en cierto sentido,
el pegamento que crea esa Unicidad y la mantiene unida.
La Luz no es una cosa física que puedas medir
con cualquiera de tus instrumentos.

La Luz puede ser transformada
en eso que llamas “energía”,
y que entonces puedes usar, si lo deseas,
para alterar la energía física de tu mundo.
Como tal, la Luz, cuando está activa dentro de tu ser,
puede parecer que hace lo que llamarías “milagros”,
pues la Luz puede alterar
cualquiera de esas cosas que consideras tus leyes físicas.

No es esencial que aprendas a hacer esto.
Ni siquiera es importante que lo hagas.
De hecho, es asimismo probable
que se te olvide esa posibilidad.
Basta con que experimentes la Luz dentro de tu ser.
Escúchame bien.

Tu ser no es tu cuerpo. Tú no eres un cuerpo.
Tu ser no es tu cuerpo físico.
Aun cuando eso que percibes como cuerpo físico,
y tu mundo físico, esté compuesto de Luz,
se trata de la forma más densa que esta Luz puede tomar.
Como tal, no es nada más que verdadera Luz,
casi aprisionada, por así decirlo,
y que ansía romper los lazos
que la tienen atada a un mundo al cual no pertenece.

De nuevo, te lo aseguro, todo es Uno.
Y la Luz es el pegamento que mantiene esa Unicidad reunida.
Puedes incluso llamarla Amor, si así lo deseas.
Dios es Amor, y tú eres Amor.
Dios es Luz, y tú eres Luz.
Porque TÚ eres eso que mantiene al Universo unido.
La Luz es, ciertamente, tú.
Y como todo es Uno, tú ERES la Luz.

¿Qué harás tú, en tus pensamientos,
con todas estas lecciones sobre la Luz,
cuando todo lo que te he ofrecido hasta ahora
es un concepto abstracto que dice
que tú eres la Luz?

Te he dicho que tú eres la Luz del mundo.
También dije que la Luz del mundo
le brinda paz a todas las mentes a través de tu perdón (L63).
Y he dicho que “La Luz ha llegado” (L75).
Quizás en tu lección de hoy hayas leído que
“Los milagros se ven en la Luz” (L91).
Y te diré,
la Luz y la Fortaleza son de Dios, y son Una sola cosa.

He dicho, como recuerdas,
que la Luz no es eso que ves con tus ojos.
Así, si no la ves, tal y como tú consideras el “ver”,
¿cómo entonces percibes esta Luz?
¿Puedes oírla? ¿Puedes tocarla?
No.
La Luz está más allá de tus sentidos físicos.
Está más allá de eso que llamas “mundo físico”,
aunque tu mundo físico esté en realidad
compuesto por esa misma Luz.

La Luz es entonces algo
que VAS A EXPERIMENTAR en lo más profundo de tu ser.
Cuando te digo que eres la Luz del mundo,
y cuando digo que eres eso
que mantiene unido al mundo entero,
la Luz a la cual me refiero es algo
que está profundamente dentro de tu ser,
más allá de tu consciencia, más allá de tus conceptos,
y más allá de tus pensamientos.

Hay un nivel dentro de ti
en el cual EXPERIMENTAS, con SENTIMIENTOS.
Los sentimientos, hasta ahora, no los entiendes completamente,
pues la mayoría de tus sentimientos los interpretas con tus pensamientos,
y así, distorsionas lo que son.

Así, más allá de tus interpretaciones, de tus pensamientos,
tiene que ser encontrado eso que llamamos SENTIMIENTOS,
o EXPERIENCIA.
Y cuando SIENTES algo, sin definirlo,
sin tratar de interpretarlo
en los términos de los parámetros de tu mundo,
que son el espacio, el tiempo, el pasado y la memoria,
y todos los pensamientos que tienes acerca de lo que tú eres,
y de lo que otros seres son…
cuando experimentas algo, cualquier cosa,
sin el estorbo de todos esos conceptos…
entonces estás experimentando la Luz.

En tu eternidad,
tras haber pasado a través de la barrera del tiempo,
y fuera de este mundo,
lo que tú eres, y lo que experimentarás,
será Luz.

Cuando experimentas la vida en una verdadera libertad,
estás experimentando Luz.
Te lo aseguro, tú ERES la Luz del mundo.
En tu libertad, en tu gozo,
en tu gozo que hace eco a través del universo
con un desenfrenado entusiasmo infantil,
te conviertes en la Luz del mundo.

De hecho, tú ya eres la Luz del mundo,
te guste o no.
Sobre esto, escúchame bien, no tienes elección.
Incluso en esta prisión de pensamientos que estás imaginando,
incluso en esta prisión de ilusión física,
eres aun así la Luz del mundo.

Nada de eso podría existir
sin que hayas SENTIDO ya su presencia dentro de la existencia.
Porque hay un cierto nivel en el cual SIENTES, Y EXPERIMENTAS,
este mundo.
Y ese nivel está más allá de tus conceptos,
y de tus interpretaciones.
Este es el nivel de los milagros.
Este es el nivel de tu realidad.

Te he dicho
que la Luz del mundo le brinda paz a todas las mentes (L63).
Y cuando te conviertes en la Luz del mundo,
viviendo aparte de este mundo…
cuando te conviertes en la Luz del mundo,
viviendo en este mundo
pero liberado de sus conceptos, y de su prisión de pensamientos,
entonces tu ilimitada libertad afectará a todas las demás mentes.

En tu libertad desenfrenada
reconocerás que estás perfectamente a salvo,
que no hay nada que temer.
Tus hermanos sentirán tu libertad y tu alegría.
Y ellos automáticamente recibirán
las bendiciones y la paz que reconoces.

Entonces, la Luz a la cual nos referimos
es el estado de ser que es tu realidad.
Es un estado de ser sin trabas, totalmente libre, sin límites.
Cuando vivas en ese estado –y PUEDES hacerlo en esta tierra–
extenderás la libertad, el gozo,
la paz y la seguridad absoluta
a todos los seres.

Todos los seres que lleguen a tu presencia
sabrán que en ella son libres.
Son libres para ser
cualquier cosa que ellos puedan ser, pensar o sentir,
sin juicios, sin ataque y sin desprecio.
Ellos sabrán, en ausencia de todo ataque por tu parte,
que pueden estar en paz con todo lo que sientan.
Y entonces reconocerán que están a salvo.

En la Luz que les extiendes,
recibirás necesariamente esa misma Luz de vuelta.
También recibirás esa misma paz,
esa misma bendición, esa misma libertad,
y ese mismo conocimiento, el de que estás absolutamente a salvo.

Los milagros se ven en la Luz.
Y la Luz y la Fortaleza son Una sola cosa.
La fortaleza es lo que te mantiene completamente a salvo.
La fortaleza es eso que siempre te mantiene sin motivos para atacar.
Pues, con una fortaleza infinita,
¿cómo ibas a tener miedo ante cualquier ataque
que pudiera ser dirigido hacia ti?
¿Y cómo ibas a necesitar devolver otro ataque como respuesta?
En la comprensión de que tú eres la fortaleza de Dios,
de que eres invulnerable, de que estás más allá del ataque,
reconocerás que estás perfectamente a salvo.

Tu seguridad te permitirá ser perfectamente libre.
Tu libertad te permitirá ser feliz.
Sin libertad no puedes ser feliz.
Sin seguridad no puedes ser libre.
Sin ser invulnerable, no puedes estar a salvo.
Sin ser la fortaleza de Dios, no puedes ser invulnerable.
Una cosa sigue a la siguiente, en cualquier dirección.
Y todo lo que ello te dice es que tú eres Uno,
que tú eres la Luz del mundo.

¿Cómo, entonces, experimentas la Luz del mundo?
Antes hemos hablado sobre cómo escuchar la Voz interior.
Te dije que atendieras por gozo, por la alegría,
y que estuvieses siempre atento, atenta, para ver si algo que puedas imaginar
podría amenazar ese gozo.
Pues si puedes percibirlo como amenazado,
entonces tu gozo es del ego, y no de Dios.
Así, cuando buscas el gozo,
el camino te lleva de vuelta por esa serie que te acabo de mencionar,
de vuelta a la Unicidad.
Y tu gozo, el gozo sin trabas,
que está a salvo, que es totalmente libre,
que no puede ser afectado
por ninguna de las fantasías de este mundo físico,
ese gozo brillará dentro de ti,
y radiará desde ti.
Y todos aquellos que se acerquen lo sentirán, lo experimentarán,
hables o no sobre ello.

Así, al escuchar por gozo,
estás escuchando esa misma Luz
que es tu verdadero ser.

Hoy te he hablado de un concepto.
Y si te limitas solo a PENSAR acerca de él,
entonces las palabras caerán en oídos sordos.
Pues, con tu manera de pensar bloqueas, les pones obstáculos,
a tu gozo, a tu libertad y a tu paz.

Busca tu gozo.
Busca tu libertad.
Escucha dentro de ti a eso que te brinde gozo, un invulnerable gozo.
Entonces, reconocerás que estás empezando
a experimentar la Luz.

Como te he dicho, eres el Hijo de Dios.
Nada puede pasarte que no sea por tu propia elección.
Tienes dominio sobre toda tu existencia.
Tú ERES el Hijo de Dios.
Y como el Hijo de Dios,
tú eres la Luz del mundo.

De cualquier manera que elijas,
siente esa Luz dentro de ti, ahora.
Siente la Luz,
pues ella brillará, florecerá dentro de ti.
Llenará tu ser.
Y con ella vendrá la felicidad que no puede ser dañada,
que no puede ser alterada.
Si acaso no viniera de inmediato,
no te desalientes.
La felicidad está allí, y ESTARÁ allí.
Nunca pierdas de vista el hecho de que estará allí
y de que no puede fallar.

El plan de Dios para la salvación no puede fracasar.
No hay nada que puedas hacer para cambiar el hecho de que
tú eres la Luz del mundo,
y de que tú eres lo que mantiene unido al mundo por entero
en su Unicidad.

Regocíjate,
pues tú eres Luz. Tú eres AMOR.
Tú eres fortaleza. Tú eres libertad…
Y tú, eres… felicidad.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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