Inocencia. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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Brent A. Haskell; "autor" de “Viaje más allá de las palabras”

Brent A. Haskell; “autor” de “Viaje más allá de las palabras”

[- Podéis mirar en el índice de Haskell en este blog para encontrar los enlaces a los libros completos, etc.
– Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión, maravillosa, aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– Esta parte del texto La otra voz sirve como acompañamiento para la siguiente parte de Un curso de milagros: T-3.I-II (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Inocencia [T-3.I-II]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
He venido como siempre
para hablar contigo sobre tu Ser.

TÚ eres un milagro.
Verdaderamente, Un curso de milagros, este camino hacia los milagros,
trata acerca de ti.
Tú ERES el Hijo de Dios.
Todos sois el único Hijo de Dios.
Todos sois Uno, un solo Ser, Uno Mismo, una Mente
–y no obstante, con atributos que permiten la creación.

No te preocupes si quizá
te parece que no puedes entender, académicamente hablando, esto que digo.
La verdad está siempre en lo que experimentas,
más allá del nivel de tus palabras
y más allá del nivel de tu entendimiento consciente.
Cuando dejas de preocuparte por si entiendes o no,
de tal modo que te permites ser libre
para simplemente regocijarte en el ser,
entonces te acercas más
al reconocimiento de tu realidad como Hijo de Dios.

Hablaré contigo hoy sobre la inocencia,
que es un atributo de Dios,
de lo que se sigue que es un atributo tuyo.

En los términos más simples, ser inocente significa NO SABER.
Bien, si ser inocente es no saber,
entonces, ¿cómo puede Dios, que lo sabe todo
y que es todo,
ser inocente?
¿Cómo puedes tú tener todo, y ser todo,
y aun así, ser inocente?
¿Eres inocente sencillamente porque
existe aquello que tú no sabes?
Escúchame bien:
LA INOCENCIA DE DIOS
ALUDE A AQUELLO QUE NO EXISTE.
Verdaderamente, Dios ES todo.
Y siendo todo, Dios lo TIENE todo.
Y lo mismo es verdad de ti,
así como del Espíritu que tú eres.

Todo y nada no pueden coexistir.
Así como la luz y la oscuridad no pueden coexistir.
Una vez que te das cuenta de que eres todo,
ya no es posible que percibas la carencia,
o la ausencia, o la nada,
bajo ninguna forma.

Y este mundo, al que tan a menudo nos referimos como “ilusión”,
está compuesto por nada.
Está compuesto por, y formado a partir de,
pensamientos imaginarios, basados en la proyección,
que a su vez se basa en la creencia en la escasez y en la carencia,
en la creencia en la nada.
Y Dios, en su inocencia, no puede saber de la nada.

Dios te ha creado tan libre,
que puedes imaginarte ser algo que no eres.
Y, como ya te he dicho, aparentemente en innumerables ocasiones,
este mundo es solo un ejercicio para imaginar
que eres lo que no eres.
Y dentro de la inocencia, no es posible SER algo
y NO SER algo, simultáneamente
–si hago referencia a tu tiempo.
E incluso fuera de tu tiempo,
no es posible ser algo y no ser algo.

Así, dentro de la inocencia de Dios, dentro de la fortaleza que es Dios,
se encuentra el simple discernimiento de que Dios, Espíritu, ES todo.
Y ninguna cosa, aunque sea imaginada,
que sugiera que puede haber algo menos que todo,
que pueda haber carencia, que pueda haber escasez,
que pueda hacer existir, bajo alguna forma, la nada…
todo lo que sugiera que esas cosas puedan existir,
es solo ilusión.

Las ilusiones de este mundo son los obstáculos
que te apartan de tu propia inocencia.
Te dije que puedo ser identificado correctamente como un cordero.
Pero debes entender que mi mansedumbre y ternura
no condenan la fortaleza.
La inocencia en ningún sentido implica debilidad o carencia.
La inocencia implica y representa una fortaleza tan grande,
que nada puede amenazar el discernimiento de su propio ser.

Ser inocente, como Dios es inocente,
es saber que lo tienes y lo eres todo.
Y entonces, en tu inocencia, lo que no puedes conocer
es ninguna falta, ninguna escasez
–nada que puedas considerar como malo
o como la ausencia de lo bueno.

En mi resurrección, verifiqué para todos vosotros
que nada puede cambiar de ninguna manera
la realidad de lo que soy como Hijo de Dios, como Espíritu.
Y esa es la lección para ti:
que nada puede alterar, de ninguna forma,
eso que tú eres como Hijo de Dios.
Ninguna circunstancia que pueda surgir
aparentemente dentro de tu espacio y tiempo,
aun cuando sea por tu propia elección,
puede modificar de ninguna manera lo que verdaderamente eres como Espíritu.

Los clavos y una espada no pudieron modificar, de ninguna forma,
eso que yo era, y permanezco siendo.
Y ese es el mensaje de la resurrección.
Con solo que reconocieras ese mensaje dentro de tu ser, sin dudas,
entonces, ya te harías dentro de ti una gran, gran idea,
de la inocencia de Dios.

En tu inocencia sabrías que tú,
siempre estás, segundo a segundo,
ABSOLUTAMENTE A SALVO.
Sabrías que no existen circunstancias
que puedan afectar o cambiar eso que tú eres,
aun si tu cuerpo pareciera morir, como lo hizo el mío.
Ninguna circunstancia cambia de ninguna forma
lo que tú verdaderamente eres.
La inocencia de Dios te pertenece.
Es tu herencia.
Y cuando aprendes a percibir desde tu inocencia,
contemplas a todos tus hermanos con confianza.
Y en verdad, tu confianza, tu lealtad,
es lo que cada hermano merece de ti.

Porque verdaderamente eres Espíritu.
Y verdaderamente todos nosotros somos Uno.
Y en la fortaleza de tu inocencia
no hay nada que puedas experimentar
que no esté a tu cargo
y no sea de tu elección.

Así, según intentas crecer, dentro de tu tiempo,
en la comprensión de lo que tú eres,
trata tan a menudo como puedas de enfocarte en el discernimiento
de que cada hermano con quien interaccionas de cualquiera manera,
está honrando para ti la confianza que has puesto en él.
Si no fuera por vuestra Unicidad,
si no fuera por el amor que sois y que compartís,
el mundo SERÍA como tan a menudo te PARECE a ti que es:
un mundo de separación y competición,
un mundo de escasez,
un mundo en el cual, cuando tú das,
te ves disminuido.

Y entonces, de veras,
la realidad de lo que tú eres
niega totalmente esa visión de este mundo.
Tu fortaleza es tan grande,
tu libertad es tan grande,
que nada excepto lo que pides, y creas,
puede convertirse en tu experiencia.

Y en tu inocencia,
a medida que llegas a entenderla y experimentarla,
confiarás en cada hermano.
Porque con lo que cada hermano está haciendo, en interacción contigo,
está cumpliendo el papel que le has pedido que desempeñe.
NO HAY EXCEPCIONES DE NINGUNA CLASE
PARA ESTO QUE TE ACABO DE DECIR.
Y lo que hace que eso sea cierto
es tu inocencia, es tu completitud,
es el hecho de que tú eres todo.

En tu inocencia, que compartes con nuestro Creador Dios,
TIENES todo y ERES todo.
En tu inocencia radica la fortaleza.
En tu fortaleza radica el poder para superar
lo que llamarías “mal”.
Esto sucede de la misma manera que la luz disipa la oscuridad,
sin resistencia de ninguna clase por parte de la oscuridad,
que ni siquiera existe.

Tu inocencia, y el discernimiento adentro
de que eres solo verdad, y solo amor,
borra eso que tú llamas “mal”,
de la misma manera en que la luz disipa la oscuridad.
Y sucede en un instante.

Y tu inocencia, cuando vaya aumentando en ti,
te brindará la certeza de que estás a salvo, siempre;
de que siempre eres amado,
y siempre eres libre.
Y de que nada puede apartar de ti
el hecho de que lo eres todo;
y que nada puede cambiar,
de ninguna manera,
el hecho que tú eres, has sido, y siempre serás
el Hijo de Dios.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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