Perdón (II). Haskell: «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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Brent A. Haskell; "autor" de “Viaje más allá de las palabras”

Brent A. Haskell; autor de “Viaje más allá de las palabras”

[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte del texto Viaje…, sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 113 a 119 del libro de ejercicios de Un curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Perdón (II) [lecciones 113-119]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua. Hoy he venido
para seguir, contigo, mi comentario sobre
Un curso de milagros.

Ya hemos hablado antes del perdón.
Hoy hablaremos más sobre lo mismo.
Recordarás que te hablé enfáticamente,
acerca de algo que el perdón NO es.
Nunca se trata de perdonar a alguien, o a algo,
por lo que él, o eso, “te hizo”.

Una gran parte de tu libertad llega a ti
cuando te das cuenta de que tal cosa no puede suceder.
Tú eres invulnerable.
Tú, en verdad, creas tu propia existencia,
hasta el más mínimo aspecto de ella.
Nada puede sucederte sin que sea
con tu permiso y tu elección.
Así que NUNCA pienses que el perdón
se da cuando perdonas a otro lo que él o ella te hizo.

Ahora, para ahondar más en ello,
el perdón es tu única función aquí.
Definitivamente el perdón es la fuente
de tu felicidad y de tu alegría.

Es común, en este mundo del ego, que cuando a alguien
se le presentan este tipo de ideas, diga,
“¿cómo me puede beneficiar esto?”.
Pues aún tiendes a pensar como si estuvieras separado,
como si tuvieras intereses especiales.
Sin embargo, eso no importa.
Porque, así como el perdón bendice a tu Ser Uno, a tu Único Ser,
también le brinda grandes bendiciones a tu pequeño yo.
Así que cuando hablamos del perdón,
date cuenta de que hay una diferencia entre
la manera en que tu Ser Uno experimenta el perdón,
y la manera como tu pequeño yo hace lo mismo.
Pero ambos reciben solo bendiciones.

De nuevo te recuerdo que,
cuando leas estas palabras, trata de no pensar, trata de no analizar,
como si esta fuera cierta enseñanza didáctica.
Solo trata de experimentar,
y de permitir que eso que sientes
se convierta en ti mismo.

Supón que fuera verdadero, solo imagínalo, si puedes,
supón que tú REALMENTE FUERAS invulnerable.
Trata de imaginar que sabes, en el nivel más profundo de tu ser,
que nunca nadie te puede hacer nada a ti.
Entonces, encontrarás que gran parte de tu perdón ya se daría allí.
Nunca culparías a otro;
nunca acusarías a otro ser,
nunca culparías a ninguna circunstancia
por NADA.
Escúchame bien.
Nunca culparías a Dios
por ser la causa de cualquier cosa que entre a tu vida.

Ahora bien, al imaginar que A TI NO puede PASARTE NADA,
¿dónde queda tu ira?
He dicho en este Curso
que la ira nunca esta justificada1. Y eso es verdadero.
Cada regalo que das, te lo das a ti mismo.
Cada vez que expresas ira hacia tu mundo,
sea hacia una persona o una circunstancia,
solo la diriges hacia ti mismo.
Y en el reconocimiento de que, como el Hijo de Dios,
tú eres verdaderamente invulnerable,
tu perdón te libera
de todos los efectos de tu ira.

Trata de sentir, trata de imaginar,
cómo sería no sentirse nunca con ira.
Trata de sentir, imaginar, cómo sería nunca estar enfadado,
pero ya no por el hecho de que estés reprimiendo la ira,
sino en virtud del hecho de que la ira
sea algo inconcebible para tu Espíritu.
Piensa por un momento en las veces que, en tu vida,
has estado enfadado, enfadada.
Piensa cómo hizo que te sintieras casi enfermo,
que no te sintieras bien por dentro,
que no hubiera paz,
que no hubiera amor en esos momentos.
Tu perdón te liberará de todos esos efectos.

Así, al constatar que tú, como el Hijo de Dios,
eres el amo de tu vida,
te liberas del profundo desasosiego que sientes
cuando parece que alguien te ha herido.
Te liberarás del profundo desasosiego
que necesariamente penetra en tu ser
cuando estás enfadado con alguien.
Te liberas del miedo
a que alguien pueda hacerte algo a ti.

Imagina, aún más, si puedes, aquel aspecto de tu perdón.
En tus relaciones, aquí en la tierra,
piensa en lo común que es reprimir, retener,
retener tu amor,
retener tu alegría,
retener tu espontaneidad,
por temor a que alguien
TE HAGA ALGO A TI
SI DETECTA TU ALEGRÍA Y TU AMOR.
Podría ser tan simple como que frunciera el ceño,
o bien que dijera “no apruebo eso”.
O bien podría suceder que literalmente
te atacara y quisiera quitarte algo
que valoras en tu vida.

Tu perdón,
que estará basado en el reconocimiento
de que todos los regalos que das te los das a ti mismo,
y del reconocimiento de tu invulnerabilidad,
te liberará de esos miedos.

Entonces, trata de nuevo de imaginar, por así decirlo,
que tu miedo SE HA IDO,
pero no porque hayas avanzado con el pecho por delante
decidiéndote a ser bravo,
y a enfrentar con coraje lo que pudiera ocurrirte.
No, solo trata de imaginar que tu miedo SE HA IDO,
se ha ido totalmente, como la niebla ante el sol de la mañana.
Trata de imaginar que tu miedo no está allí
porque tu ser no puede concebirlo.
Imagina que no te cuesta liberarte de tu miedo,
simplemente porque NO ESTÁ ALLÍ.

Ya sea que estés viviendo como tu Ser Uno,
o que aparentes vivir como tu pequeño yo,
el perdón te ofrece simplemente esa liberación de tu miedo.
¿Y, quién de entre vosotros, pudiendo elegir,
no elegiría liberarse totalmente del miedo?

Recuerda, esa liberación empieza con una calma,
con una cierta paz y una certeza.
Empieza con el reconocimiento de que tú, como el Hijo de Dios,
eres el creador de cada aspecto de tu vida.
Escúchame bien.

No importa, en este momento,
si eres consciente de las razones por las cuales hiciste tus elecciones.
De hecho, irás más allá
de haberlas necesitado conocer jamás.
Entonces, si en tu existencia,
pareces estar eligiendo
cosas que crees que no has elegido,
cosas que activamente NO disfrutas,
entonces, la clave para tu perdón y para tu felicidad,
será mantener la comprensión de que,
aun cuando parezcas frustrado,
en realidad tú, en algún nivel,
has elegido lo que estás experimentando.
Verdaderamente, eres invulnerable.
Verdaderamente, ERES el Hijo de Dios.

Así es como la constatación de que tú ERES tal y como Dios te creó,
es la clave para tu perdón,
y la clave para tu libertad.
Trata de imaginar, de sentir estas cosas,
tan a menudo como puedas.
Pues cuanto más lo sientas,
más cerca estarás del día en que se convierta en ti,
más allá de tu pensamiento, más allá de tu análisis,
incluso más allá del concepto sobre quien tú eres.

Hablo del “concepto de quien tú eres”.
He hablado muchas veces antes
acerca del hecho de que tu creencia en ti mismo
como un individuo separado
es la causa de todos tus problemas.
Esa creencia es la base de la separación,
que es el único problema de este mundo.
Y así es como tu perdón te liberará
del dolor, del miedo, de la duda y la miseria
que tu creencia en la separación te brinda.

Trata de nuevo, por un momento, de imaginar
que tú ERES, como he dicho, el SER UNO.
Trata de imaginar que no hay separación
entre tú y cualquier otro ser,
ninguna separación entre tú y cualquier circunstancia.
Hay solo el SER UNO,
moviéndose en una espléndida existencia armónica,
reflejando toda ella el hecho de que tú eres el Hijo de Dios.
Existe ciertamente confusión en este mundo.
Pero la armonía de la existencia siempre está ahí.
No puedes destruir el hecho de que tú únicamente eres el Ser Uno.
Entonces, intenta de nuevo imaginar que solo existe el Ser Uno,
y que el mundo ES, por entero, tú.

Este es el paso que va más allá de la creencia
en que tú, un INDIVIDUO, estás en armonía con tu mundo.
Este es el discernimiento de que tu mundo, ES tú.
Trata, si puedes, de imaginar eso.
Imagina que SUPIERAS que no hay nada en la existencia
salvo la completitud, la plenitud,
y la Unicidad de lo que TÚ ERES.
Pues entonces tu perdón te conduce a una nueva libertad,
donde el conflicto y el miedo se hacen inconcebibles.

En tu verdadero perdón, serás capaz de renunciar
a esa idea de que existen aspectos separados en tu experiencia,
que necesitan ser reconciliados o llevados a la armonía.
Tu verdadero perdón te conduce al punto
donde constatas que todo es Uno.
Eso es meramente una manera diferente de expresar el hecho
de que tú ERES invulnerable.

Entonces, trata de imaginar que SABES, en cualquier circunstancia,
que TODO ELLO –incluyendo los seres en esa circunstancia–
ES LITERALMENTE tu Ser Uno, completo y total.
Pues entonces, cuando contemplas una experiencia,
que es realmente solo tu Ser, Tú Mismo,
tu perdón te liberará para poder experimentar
todo eso que esté allí
con total apertura y libertad.
Tu perdón te permitirá ESTAR
sin consideraciones sobre el pasado o el futuro,
sin preocupación ante cualquier circunstancia que pudiera llegarte.
Intenta, dentro de tu ser,
EXPERIMENTAR tu Ser Uno.

Si has sentido eso, aunque sea escasamente,
luego trata de imaginar que te sientes separado
de cualquier parte de tu experiencia.
Pues las dos creencias son absolutamente incompatibles.
Si te sientes separado, entonces regresa,
y trata de nuevo de experimentar tu Ser Uno.
Primero esto supondrá para ti nada más que una idea;
luego llegarás a lo que podrías llamar “un sentimiento de certeza”.
Y entonces, se convertirá en la realidad de lo que tú eres.

De nuevo, el perdón te libera de creer
que cualquier parte de tu existencia está separada de ti.
Y si ninguna parte de tu existencia está separada de ti,
entonces estás absolutamente a salvo.
Así que, ya sea en el nivel de tu Ser Uno,
o en el nivel de tu pequeño yo,
tu perdón te brindará la seguridad, la paz,
y la libertad para poder experimentar sin miedo.

Hay más, y podríamos seguir.
Pero por ahora es suficiente si, por un momento,
puedes sentir dentro de tu ser la seguridad,
la libertad, el gozo y la paz
que tu perdón te brindará.
Nunca te olvides de que la meta es ir más allá de las palabras,
más allá de los pensamientos,
hacia tu experiencia.

Si, cuando tratas de imaginarlo,
no experimentas eso que te he dicho,
no desfallezcas.
Simplemente regresa a las ideas.
Juega con ellas como un niñito, como una niñita.
Piensa en ellas tan a menudo como puedas,
y permite que crezcan dentro de tu ser.
Pues, en tu mundo del tiempo,
esta es una manera simple
de poder convertirte en lo que tú eres.

Siempre recuerda que el tiempo no es necesario.
Podrías liberarte en un instante.
Solo en la medida en que creas en las limitaciones de tu tiempo,
elegirás que liberarte te lleve tiempo.

Pero, en cualquier evento,
estás absolutamente a salvo, y eres absolutamente amado, amada.
Y llegarás a conocer el perdón
y las bendiciones que él te brinda –te lo prometo.
Pues cuando concedes el perdón sobre tu propia vida,
automáticamente lo recibes.
Y todas esas bendiciones de las que he hablado,
son tuyas.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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