Las ilusiones y el ego. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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Brent A. Haskell; "autor" de “Viaje más allá de las palabras”

Brent A. Haskell; receptor de “Viaje más allá de las palabras” y “La otra voz”

[- Podéis mirar en el índice de Haskell en este blog para encontrar los enlaces a los libros completos, etc.
– Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión, maravillosa, aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– Esta parte del texto La otra voz sirve como acompañamiento para la siguiente parte de Un curso de milagros: T-4.I-II (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Las ilusiones y el ego [T-4.I-II]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Hoy he venido para comentar contigo
sobre las ilusiones y el ego.

En mucha de tu literatura,
y especialmente en Un curso de milagros,
has oído hablar del ego.
Los autores, e incluso yo, hablamos del ego
como si fuera una entidad, un ser,
que tiene una existencia propia.
Nada podría estar más alejado de la verdad.

Cuando aborde para ti las ilusiones del ego,
hablaré acerca de las ilusiones y hablaré sobre el ego.
Sin embargo, nunca pierdas de vista el hecho
de que el ego mismo es una de las mayores ilusiones.
El ego, eso que crees ser tú,
es una ilusión,
y por tanto no es real.
TÚ eres real, absolutamente.
TÚ eres el Hijo de Dios.
Tú eres poseedor del conocimiento, y la verdad, y la libertad,
y la alegría que los acompaña.
TÚ eres inmutable.

El “TÚ” del cual acabo de hablar es el “Tú” del Espíritu.
El “tú” del ego es lo opuesto a eso.
El ego no tiene capacidad creativa propia,
y de hecho no tiene siquiera existencia propia.
Y algo que no existe por sí mismo,
difícilmente puede ser real. ¿Lo ves?

¿Cómo es que el ego llega a existir en un principio?
Esta es una cuestión importante.
Sin embargo, no es importante y ni siquiera relevante
la cuestión de cómo llegó el ego en tu pasado, dentro de tu tiempo.
Solo importa el AHORA.
Sin embargo, eso que llamas “el ego”,
aun cuando sea una ilusión, todavía parece existir ahora,
para la mayoría de vosotros.

Entender la naturaleza del ego ayudará a aclarar
cómo llegó a existir el ego.
Para que el ego pueda parecer que existe
tuviste que expulsar el conocimiento.
Para que el ego haya existido en el pasado,
para que el ego haya siquiera llegado a existir,
tuviste que expulsar el conocimiento.

¿Por qué querrías hacer eso?
La respuesta está en la simple verdad de que no puedes.
Eres el Hijo de Dios, eres completo.
Estás en posesión del conocimiento.
Y el conocimiento es completo;
el conocimiento es inmutable; el conocimiento es seguro,
y no puedes cambiar eso.

La naturaleza de Dios, sin embargo, es libertad.
La libertad de Dios implica movimiento, éxtasis, gozo,
y la travesura de un niñito.
Y es natural que en tu travesura se te ocurriera
que podría existir un estado sin conocimiento.
Y, tal y como un niño jugando se cuestiona cosas,
tú podrías haberte preguntado, ¿cómo sería ese estado?

En realidad tú NO PUEDES separarte del conocimiento.
En realidad no puedes separarte a ti mismo
del hecho de que tú eres el Hijo de Dios.
Para el ego eso podría parecer una restricción;
podría parecer una falta de libertad.
Si yo soy totalmente libre, podrías decir,
¿por qué no soy libre para separarme de Dios?
En verdad, en tu nivel de entendimiento aquí,
podrías concebir que es lógico que esa clase de travesura
sucediera, y que suceda ahora en este momento, dentro de tu mente creativa.
Y así es como se dio el efímero deseo
de liberarse de la completitud y del conocimiento…
y en cierto sentido, de liberarse de Dios
–tan solo imaginar como sería eso.

¿Por qué no puedes separarte de Dios?
La respuesta es muy clara.
Todo existe en el nivel de la mente.
En el verdadero nivel de la mente solo hay pensamiento.
(Pero recuerda que los pensamientos de los que yo hablo
no son aquellos de los que eres consciente;
no son los de la consciencia.)
Todo existe en el nivel de la mente.
Y tú, yo y toda la Creación,
existimos solo como una idea en la Mente de Dios.
Y una verdad que he establecido para ti muchas veces
es que las ideas no pueden abandonar su fuente1.

En tu creencia en la separación,
te puede parecer que esto no es verdad.
Sin embargo, la verdad es que las ideas,
que es lo único que existe en el nivel de la mente,
en el nivel de la realidad,
no pueden abandonar su fuente.
Tú eres una idea en la Mente de Dios.
Yo soy una idea en la Mente de Dios.
Esa verdad es inmutable.
Pues esa idea que tú eres no puede abandonar su fuente.

Esto no es una falta de libertad. Es simplemente un hecho.
Tú eres el Hijo de Dios, creado por Dios,
una idea en la Mente de Dios.
Y eso es así.
Si en tu travesura quisieras preguntar
si sería posible estar separado
de la Mente de Dios,
entonces tendrías que, de alguna manera, expulsar el conocimiento.
Pero el conocimiento es completo, como he dicho.
Y siendo poseedor del conocimiento,
no te es posible hacer eso,
realmente no te es posible separarte de Dios.

Imaginar que PODRÍAS expulsar el conocimiento,
te permitiría, en tu gozo y exploración,
IMAGINARTE como si realmente estuvieras separado.
Y así, con el poder creativo de tu propio ser,
diseñaste una herramienta magnífica
que podrías usar para APARENTAR haber expulsado el conocimiento,
aun cuando solo sea en tu imaginación,
y no obstante sin cambiar, en ningún sentido,
la realidad de lo que tú eres.

Esta magnífica herramienta que creaste se llama “tiempo”.
Y el tiempo es la base de todo este mundo de ilusión.
El tiempo es lo que te permite tener una idea,
proyectarla fuera de tu mente,
y volverte inconsciente de ella.

Piensa sobre esto por un momento.
Si hay una idea, una parte del conocimiento,
de la cual no quieres ser consciente, ni tener acceso a ella,
entonces puedes llamarla “mañana”.
Si hay una idea
que te gustaría apartar de tu mente,
pero siendo posible tener acceso a ella si así lo deseas,
puedes llamarla “ayer”.
Y aquello que eliges para ser consciente de ello en este momento,
puedes llamarlo “ahora”.

Y tan pronto como, en tu creatividad,
pareciste haber abandonado el conocimiento,
entonces, pareciste estar incompleto e inseguro.
Y lo que surgió, en el primer momento, fue una pregunta.
Y la pregunta fue, “¿Qué soy?”.
Y ASÍ NACIÓ EL EGO.
El ego no es nada más que una colección de pensamientos
que has formado en respuesta a las preguntas
“¿Qué soy?” y “¿Quién soy?”.

Y tan pronto como cambias las respuestas a estas preguntas,
el ego cambia.
Lo que forma parte del conocimiento, no cambia.
Y por eso es que hablo de aprender.
Aprender siempre conlleva cambio.
El nivel del ego, el nivel de la percepción,
ambos aparecieron cuando
pareciste abandonar el conocimiento.
Y aprender involucra necesariamente cambios en tu sistema de respuestas
a la pregunta “¿Quién soy?”.
Por tanto, aprender NECESARIAMENTE conlleva cambio.
Aquellos que no quieren que las cosas cambien
simplemente están diciendo
“no quiero aprender”.
Y, cuando hablo de aprender y de enseñar,
simplemente hablo de un estado en el cual tu mente
está abierta a la posibilidad de cambio y está lista para cambiar.

Y el cambio que deseo para ti,
y que te traigo a través de estas notas,
es el cambio, el aprendizaje,
que te llevará de regreso al punto
en el cual tu ego se va,
en el cual tu creencia imaginaria en la separación se va,
y regresas al discernimiento del conocimiento.

Ahora quiero mencionar algo más acerca del ego mismo.
Hay una analogía que puede ayudarte a entender el ego,
y la tenemos en el mundo actual de las computadoras.
Las computadoras no funcionan por sí solas, sino solo con programas.
Alguna consciencia externa, el programador,
debe darle las instrucciones a la computadora,
debe decirle qué hacer.
(Y, en el caso del ego, decirle qué es lo que él ES).
Y la computadora sigue su programa explícitamente,
y siempre hace lo que le dicen.

Cuando los programas se hacen más sofisticados,
da la impresión a menudo de que la computadora tiene vida propia.
Una forma usual de hablar en tu mundo dice así:
“La computadora no puede encontrar esto”;
“La computadora dice que eso no es así”;
“La computadora dice que ni siquiera existes”;
“La computadora cometió un error”;
“La computadora va a decirnos”.
Todo ello suena como si la computadora fuera un ser
con existencia propia,
pero tú sabes, seas o no un novato en computadoras,
que eso no es así.

Con el ego pasa lo mismo.
En el instante en el cual aparentaste expulsar el conocimiento,
dejaste un vacío,
un espacio creado por la ausencia de la completitud.
Y lo que fue a ocupar ese espacio
es todo un sistema de creencias acerca de lo que tú eres.

Y la lista es enormemente extensa.
Muchas de ellas se relacionan con tu creencia en cuerpos.
Crees que tú ERES un cuerpo,
que tienes tal altura y tal peso, tal color de pelo, este otro color de ojos,
una forma particular, ciertas particulares características operativas,
tales procesos biológicos particulares.

Las creencias sobre quién eres también conllevan inclinaciones:
“Este es mi favorito. Me gusta eso. No me gusta lo otro.
No disfruto de esto. No puedo estar con él. No puedo estar con ella.
Amo a este. No amo a aquel”.
Todo eso, lo sepas o no,
es parte del programa que TÚ has escrito
para poder definir quién eres.
Y el ego, como una computadora, opera en base a sus programas.
Opera exactamente, fielmente, sin errores,
hasta el momento en que el programa sea cambiado.

Y cuando digo que este es un Curso de entrenamiento mental,
estamos hablando realmente de un Curso
que te ayudará a aprender,
y aprender significa cambiar.
Es un Curso que te ayudará a aprender a cambiar el programa
que tú llamas –y crees ser– “tú mismo”,
pero que no es nada más que tu ego.

Y finalmente el programa se irá, por completo.
Pues cuando te abres de nuevo al conocimiento,
el ego ya no es necesario,
y de hecho necesariamente deja de existir.

Y así es que este ego del cual te hablo,
que en tus devaneos por el espacio y el tiempo
creíste que eras tú,
este ego, no tiene existencia propia;
es solo un programa, si quieres decirlo así,
que llena el vacío creado por la ausencia del conocimiento.

Todas las cosas son de la mente. Todas las cosas son solo ideas.
Todo existe necesariamente SOLO en el nivel de las ideas.
Y así, tu ego, es solo una colección de ideas
que parece tomar la forma de espacio y tiempo,
de densidad y de cuerpos.
Pero todo ello es una colección de ideas.
Y aquí, en el nivel del espacio-tiempo, según cambien las ideas,
así cambiarán las formas inmediatamente para seguir a las ideas.

A eso se debe que te diga que cosas como la sanación
pueden suceder en un instante.
Aquellos que hayáis pensado
o leído sobre la iluminación,
usualmente habéis encontrado historias sobre personas
que parecen iluminarse en un momento:
iluminación instantánea.
A algunas personas, a la mayoría de vosotros, les lleva décadas, años o vidas.
Pero para algunos parece ocurrir como en un cataclismo.
Esto es totalmente posible.

Regresando a la analogía de la computadora:
tienes un sistema completo de creencias sobre lo que eres.
Es como un programa de computadora.
El programa puede ser cambiado lentamente, una instrucción por vez.
El programa puede ser eliminado en su totalidad
y ser reemplazado por otro.
O bien el programa, simplemente, puede ser borrado
y sacado de la máquina.
Si esto último le pasara a tu ego, entonces serías libre
y el conocimiento regresaría.
Habría certeza, paz, libertad y gozo.
La mayoría de vosotros elige cambiar sus programas
una instrucción por vez.
Y eso está bien, vale.
No te sientas mal.
Pero date cuenta, siempre, que puede cambiar o ser cambiado
en un instante.

Un último punto: ¿quién es el programador?
A menudo he dicho:
“dite esto a ti mismo”.
Parece –¿no es cierto?– que te estoy diciendo, a TI,
que tú te hables a TI MISMO,
como si TÚ y TU SER fuerais, de alguna manera, seres diferentes.
Definitivamente estoy sugiriendo que “tú”, que el aspecto creativo de tu mente,
se dirija hacia “ti mismo”, hacia tu ego,
y escriba una nueva instrucción en ese programa
que es tu ego.
Así, cuando digo: “dite a ti mismo”,
eso es lo que quiero decir.

El “tú” del cual hablo te da una idea del aspecto creativo
que tú ERES como Hijo de Dios.
Ese “tú”, en un nivel, es consciente del Espíritu,
del Espíritu Santo, de tu Unicidad con toda la vida.
Pero, por vuestro diseño, no puedes ser completamente consciente de todo ello
hasta que el ego se haya ido,
hasta que dejes de apartar de ti el conocimiento.

En un breve resumen,
tú, creativo hijo de Dios, en tu carácter juguetón,
has elegido explorar, abandonando tu conocimiento.
En la aparente ausencia de conocimiento,
rellenaste el espacio con un sistema de creencias sobre quién eres.
Ese es tu ego, tu hijo, tu creación;
no es real;
no existe por sí mismo;
y es siempre producto de lo que has elegido.

Eres libre, en tanto que Hijo de Dios,
pero regocíjate de no ser libre
para ser algo que no eres.
REGRESARÁS al conocimiento, a tu mente correcta,
al reconocimiento de tu Unicidad con Dios
y con Todo Lo Que Es,
pues eso es algo predestinado por ti mismo,
que tú ya has elegido previamente y que, en verdad, ya ha sucedido.

Para acabar, te recuerdo que todo esto:
la expulsión del conocimiento,
la creación del ego,
todo lo que el ego parece hacer bajo tus propias instrucciones,
todos los “ayeres”, todos los “mañanas”,
todo el mundo de espacio y tiempo,
fue algo que se concibió, se experimentó y se liberó
en menos de un instante.
Ya ha terminado, y fue consumado.
Y en honor a la capacidad creativa
que tienes como Hijo de Dios,
ahora solo parece que lo representas en tu mente.
Pero aquel era en verdad todo su propósito:
el simple sorprenderse en la experiencia de todo ello,
y su liberación.

Tú eres completo. Eres pleno.
Eres el Hijo de Dios, inmutable,
poseedor del conocimiento.
Eres una idea en la Mente de Dios, y que nunca la abandonó.
Estás absolutamente a salvo.
Y nada que hagas aquí puede alterar esa verdad,
de ninguna manera.

Ten paz y regocíjate.
Y mientras representes tus fantasías en el espacio y el tiempo,
represéntalas con el mayor gozo que puedas reunir.
Y si el programa de tu ego no suscita alegría,
entonces escríbelo de nuevo.
Porque el gozo PUEDE ser tuyo.
Nada de eso puede cambiar lo que tú realmente eres.
¿No preferirías representar más bien alegría antes que tristeza?
Y, cuando en tus fantasías
se haya ido esta ilusión de tiempo,
entonces, verás que todo lo has representado
sencillamente en honor a tu capacidad creativa.
Y todo aquello que duró menos de un instante,
y que ahora tan solo te parece llevar más tiempo,
se habrá ido.

Entonces constatarás, desde adentro de este diminuto aspecto
del infinito que sois,
constatarás que sois solo Uno,
que sois Espíritu,
y que sois, ahora, y para siempre,
absolutamente libres.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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