Enfermedad. Haskell: «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

Ir a descargar

Brent A. Haskell; "autor" de “Viaje más allá de las palabras”

Brent A. Haskell; autor de “Viaje más allá de las palabras”

[- Podéis mirar en la página de índices, de Haskell, para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc.
– Los PDF también están además en esta carpeta pública, que tengo en google.
– Sobre el uso del idioma en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– Esta parte del texto Viaje…, sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 134 a 140 del libro de ejercicios de Un curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

 

Enfermedad [lecciones 134-140]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua. Hoy he venido
para seguir, contigo, mi comentario sobre
Un curso de milagros.

La última vez hablábamos sobre valorar,
y sobre cómo es que cuando valoras algo,
lo ves como una parte necesaria de tu existencia.
Por tanto, definitivamente, lo ves como una parte de lo que tú eres,
y así, consideras su ausencia como tu propia muerte.
Entonces, tu valoración de CUALQUIER COSA de esta tierra,
o de cualquier cosa en cualquier universo,
conlleva el deseo de tu propia muerte,
porque todo espacio y tiempo pasarán, se irán,
y necesariamente considerarás ese pasaje como tu propia muerte.

Uno de los primeros ejemplos de valoración
que hallamos en este mundo de ilusión
es tu propia enfermedad.
La lección decía,
“La enfermedad es una defensa contra la verdad” (L136).
Y de hecho, es exactamente así.

Como te dije repetidas veces,
eres Espíritu,
eres libre,
eres exactamente como Dios te creó,
que es sin cargas, sin ataduras,
totalmente libre para ser cualquier cosa que puedas imaginar.

Siempre parece –¿no es así?–
que la enfermedad es una cosa que te sucede A ti.
Pero te he dicho que nada puede pasarte a ti
que no sea por tu propia elección,
sin que ello no sea una expresión de lo que deseas y quieres.
Puede parecer ciertamente frustrante,
que alguien te diga, con sospechosa facilidad,
que tu enfermedad, tu dolor, tu lucha,
es algo que tú has elegido
y que tú deseas.
Y parece especialmente frustrante cuando, dentro de tus pensamientos,
tu enfermedad es algo que desprecias y no quieres,
sobre todo cuando te produce dolor y limitación.

Entonces, ¿cómo es que surge la enfermedad?
Primero, cuando piensas pensamientos
distintos de la verdad de lo que tú eres,
generas conflicto.
Además, tú no puedes ver la ilusión
sin valorar aquello que crees que ves.
Cuando ves tu cuerpo y lo consideras real,
necesariamente DEBE SUCEDER que lo has valorado.
Como decía la lección, la percepción es absolutamente consistente.
La percepción refleja tu forma de pensar;
y tu pensamiento refleja lo que tú valoras.
Tú no puedes ver un mundo al cual no le hayas dado valor1.
Y eso es verdadero.

Comprende que es totalmente posible caminar por esta tierra,
aparentando tener la forma de un cuerpo,
pero sin valorarlo de ninguna manera, sea como fuere.
En ese estado, eres libre.
En ese estado, no experimentas enfermedad.

Porque tú, en ausencia de tu valorar,
no te defenderás a ti mismo.
Y sin defensa, no puede haber ataque.
No defenderse conlleva muchas cosas,
incluyendo, como dije en la lección,
la no planificación de lo que harás de aquí a una hora,
o de aquí a un minuto2.
Esto le parece un poco absolutista
a quienes están empapados de esta ilusión.
Ciertamente, parece muy difícil,
pero realmente no lo es tanto como crees,
una vez que ajustas tu percepción,
y la conduces en la dirección de la verdad misma.

Así, definitivamente, tu enfermedad NECESARIAMENTE CONSISTE
en la declaración, desde adentro, de que has valorado tu cuerpo.
Cuando percibes que tu cuerpo es,
totalmente o en alguna medida,
LO QUE TÚ ERES,
entonces has identificado al cuerpo contigo mismo.
Y si has hecho eso, DEBES haberlo valorado,
y DEBES ESTAR creando conflicto.

El conflicto surge porque tú ERES el Ser Uno, un Único Ser.
Tu Ser Uno sabe que tú NO eres un cuerpo.
Esto sitúa a tu mente pensante en desacuerdo
con la verdad de lo que tú eres.
Y esto produce el conflicto,
que está contenido dentro de tu único problema,
y que, si recuerdas, es la separación.
Cuando percibes que tu cuerpo es en cualquier sentido real,
significa que lo estás valorando,
y temerás su ausencia o su cambio.

Cuando tienes miedo,
provocas toda clase de estragos en tu universo.
Pues cuando temes que tu cuerpo pueda abandonarte,
o que pueda cambiar,
o que ÉL pueda hacer algo diferente de lo que TÚ deseas que haga,
entonces, empiezas a sentir que eres una víctima de ese cuerpo.
Y, en esa valoración, con ese miedo,
CREAS TU PROPIA MUERTE.
Pues, de una u otra forma,
la muerte siempre es el resultado de tu separación,
y de tu miedo.

Así, a partir de tu propio poder creativo,
has diseñado un mundo en el cual
PARECE haber cuerpos, andando por ahí,
pero que son meramente sombras de la separación.
Pareces haber diseñado un mundo
en el cual estos cuerpos nacen, viven por un tiempo, envejecen, y luego mueren.
Y crees que el ciclo que atraviesa el cuerpo,
es el mismo ciclo por el que TÚ vas.

Eso no es cierto.
Pues tú eres el Hijo de Dios;
eres Espíritu.
Y tú, como Dios, eres inmutable, eres para siempre,
y eres invulnerable.

Quizás te parezca que todo esto es palabrería.
Estoy seguro de que te puede parecer una mera prédica,
y que te parezco demasiado ligero de palabras,
cuando te digo que todas tus enfermedades
son solo algo de tu propia elección,
y que todas tus enfermedades son, solamente, tu miedo,
y que renuncies a tu miedo, y estarás bien.
Sé cuán frustrante puede resultar
querer abandonar tu miedo,
pero que, por alguna razón, este no se vaya.

Así, he venido, con amor, a hablar contigo este día.
He venido a compartir contigo
sobre cómo podrías enfocar tu propia enfermedad de una forma más pacífica,
y también tu propio cuerpo y aun su muerte,
si es que eliges que esto suceda
–y muy probablemente quieras que pase;
muy pocos de vosotros elegís no morir físicamente.

Recuerda, el mundo que ves es un reflejo, solo un reflejo,
de lo que está adentro.
Los mundos externo e interno no están en completa correlación.
Más aún, la correlación no funciona
en ambas direcciones.
Es cierto que lo que tú ves en tu mundo externo,
incluyendo tu cuerpo,
es un reflejo de tu mundo interno.
Pero es solo un reflejo,
pues el mundo físico no puede siquiera representar
eso que tú eres en Espíritu, que es el Hijo de Dios.

En cualquier momento en que parezcas experimentar sufrimiento, dolor,
o pérdida, cansancio, enfermedad o muerte,
eso solo refleja lo que está adentro,
y que realmente es solo tu pensamiento.

Sin embargo, de eso no se sigue que,
si no pareces estar enfermo,
tu mente esté libre de conflictos.
Algunos de vosotros habéis elegido venir aquí
y no experimentar enfermedades,
y simplemente vivir una vida libre de dolores físicos, hasta que morís.
Y aun esa muerte puede darse sin dolor;
y esa es simplemente vuestra elección.

Algunos han venido aquí y han elegido una vida de enfermedades,
y una lucha contra el dolor aparentemente persistente.
Eso es también nada más que vuestra elección.
Ni es buena, ni es mala;
ni es mejor o peor que la otra.
Así que, si estás enfermo, no te consideres malo, equivocado.
Comprende que eso es lo que has elegido.

Tu enfermedad normalmente refleja un veneno adentro.
Pero tu salud no refleja una bondad.
Y tu salud no refleja
la ausencia de ese veneno adentro.

Escúchame bien.
Cuando tú, en tu deseo de no estar enfermo,
valoras tu cuerpo y su ausencia de síntomas
como algo bueno, como una meta deseable,
no te estás enfocando en lo que realmente ERES.
Pues tu enfoque está todavía en el cuerpo,
y ese cuerpo sigue siendo la fuente de tu conflicto,
de tu separación y tu dolor.

Entonces, dije en esa lección,
“La salvación es lo único que cura” (L140).
Si has elegido algún síntoma, por poca importancia que tenga,
y si eliges usar el poder de tu pensamiento
(que ciertamente es poderoso)
para hacer que el SÍNTOMA se vaya,
todavía estás viviendo en, y valorando, este mundo de ilusión,
y no te has liberado de tu conflicto.
Si igualas (incorrectamente, aunque no lo creas así)
la ausencia de enfermedad a la presencia de la verdad dentro de ti,
solo serás libre en apariencia, falsamente.
Así que ten cuidado al tratar con tus enfermedades:
no intentes liberarte solo de los SÍNTOMAS,
porque eso solo te mantiene en este mundo de ilusión.

La única cura real para tu enfermedad,
la única cura real para los problemas de este mundo,
es tu perdón.
Y tu perdón, al final, significa constatar
que nada de este mundo tiene ningún valor, sea lo que fuere.
Y en esa constatación, te haces libre.

Debería estar claro ya,
que si valoras algo, entonces lo que valores, lo verás,
y lo que valoras, automáticamente lo igualas a ti.
Porque eso es simplemente lo que significa valorar.
Y el miedo a que ello desaparezca,
que es el miedo a que TÚ desaparezcas,
es la creencia en tu propia muerte,
y a la vez el deseo de tu muerte.
Todo esto pasará.
Incluso tú, con tu manera de pensar, lo sabes;
cuando valoras algo de todo eso
que siempre has sabido que va a irse,
estás creando tu propia muerte,
y el miedo a esa misma muerte.

De nuevo, tu perdón no es nada más que
la constatación de que aquí no hay nada que valorar.
Entonces, cuando te percibes enfermo,
cuando te ves a ti mismo con algún dolor,
reconoce, adentro de ti, que tu enfermedad es solo un reflejo,
una comprobación de que estás valorando algo aquí,
dentro de este mundo.

Cuando transciendas el valorar este mundo,
verdaderamente, ya no habrá más enfermedad.
Ya no necesitarás la experiencia del dolor,
pues el dolor es solo un reflejo de tu miedo.

Entonces, os digo, a aquellos que hayáis elegido enfermedad, bajo cualquier forma,
desde un severo dolor crónico hasta una molestia ocasional,
o la más leve alergia…
os digo que habéis elegido una manera sencilla,
porque, en vuestra sabiduría, os estáis presentando a vosotros mismos
la evidencia de que estáis valorando este mundo,
y vuestros síntomas son meramente el recordatorio de vuestra valoración.

Cuando te des cuenta de que esto es así,
trata como mejor puedas, una y otra vez,
de regresar a la comprensión de que tú eres Espíritu,
que eres libre,
que no eres un cuerpo.
Trata de constatar que tu mente, en su realidad,
solo alberga los pensamientos que piensas con Dios.

Cuando te quedes en silencio adentro, e intentes soltar tu miedo
–lo cual es logrado cuando te enfocas en los pensamientos que piensas con Dios–,
entonces, el miedo pasará.

Y no pasará porque hayas peleado con él,
o luchado contra él.
Pasará simplemente porque LO HAS SOLTADO.
No vas a soltar tu miedo mediante la lucha.
Sino que si lo sueltas es
porque has elegido algo más preciado,
ciertamente, algo que ES digno de valorar.

Lo que habrás elegido
son los pensamientos que piensas con Dios.
Y tu perdón te libera de la creencia
en que cualquiera de los pensamientos que piensas con Dios
sea algo centrado aquí en la tierra.
Pues ciertamente que nada aquí es digno de ser valorado.

Para que tu mente no se extravíe en el conflicto,
comprende que puedes andar por esta tierra en paz,
en amor y en gozo,
sin valorar nada aquí.
En ausencia de tu valoración
TE ENCONTRARÁS sin miedo,
en total seguridad, sin enfermedad,
y sin tu propia muerte,
hasta el momento en que puede que elijas continuar,
y cambiar de forma.
Andar por esta tierra de tal modo será tu meta.
Y esa será una forma de tu salvación.

Hay, más allá, mucho más que contar, pero aún no puedo hablar de ello,
pues no podrías entenderlo.
Que te satisfaga el saberte bendecido,
y libre, como el Hijo de Dios.

Existen aquellos que no han elegido
vérselas mucho con la enfermedad,
quienes no han elegido vérselas mucho con el dolor.
No confundáis eso con la ausencia de vuestra valoración.
Más aún, si es así, vuestro trabajo es quizá más difícil.
Si tienes lo que llamas un “buen” cuerpo,
que se porta bien contigo,
y que te deja hacer las cosas que quieres hacer,
entonces se te hace muy fácil valorar esas cosas,
y querer conservarlas.
Pero, como hemos dicho,
en tu valorar creas miedo,
y la creencia en tu propia muerte.

Por tanto, en ese caso, has elegido una variante en el camino a la salvación.
Y lo que puedes hacer entonces, pues raramente elegirás el dolor,
es ser diligente y observar cuidadosamente aquello que te brinda gozo.
Y si eso que parece darte gozo
depende de algo de esta tierra,
de modo que tu gozo se iría
si la tierra tuviera que irse…
entonces, permítete verlo como equivalente a tu enfermedad.
Constata que cuando encuentras gozo en lo que esta tierra te ofrece,
entonces, en el grado en que tú valores eso,
ello se convertirá en tu enfermedad,
porque eso, finalmente, te CONDUCIRÁ al dolor,
ya que también pasará.

Puedes aprender esto siendo consciente de tu pensamiento.
Si encuentras gozo en algo de la tierra,
y si te encuentras a ti mismo, dentro de ese gozo,
capaz de experimentarlo EN ESE MOMENTO, en ese instante,
entonces, eres libre.
Pero si tienes el más mínimo miedo,
la más ligera preocupación,
sobre si te vas a encontrar bien
cuando la fuente de ese gozo se vaya,
entonces, sabes que estás valorando,
y que te estás proporcionando
–al igual que en el caso de tu enfermedad–,
tu propia muerte.
Por encima de todo, no te dejes engañar pensando que,
porque no estés enfermo, estás liberado de la valoración.

Es muy importante estar pendiente de este asunto,
que ES un asunto, una cuestión del pensamiento.
E incluso el pensamiento pasará,
y, en el momento en que ya no pienses,
tu valoración ya ni siquiera constituirá un problema,
y SERÁS totalmente libre.

No tienes ni siquiera que luchar contra tu valorar,
pues se IRÁ, de la misma forma
en que todo lo de esta tierra pasará.
Sé consciente de que simplemente te he dado conceptos
para que los apliques a tu pensamiento.
Aplicarlos sobre él
te ayudará a ir más allá de él.
Y tanto si eliges seguir estas sugerencias como si no,
estás a absolutamente salvo, y eres absolutamente amado.

De modo que la cuestión no es la de tu enfermedad.
El asunto tampoco es el de la ausencia de enfermedad.
La cuestión está en que tu libertad procede
de no valorar lo que no tiene valor.
Tu libertad procede de constatar
que no hay nada en este mundo
que tú puedas necesitar lo suficiente como para valorarlo,
como para desear que ello SEA tú mismo.

Y sin tu valorar,
te harás completamente libre para caminar por esta tierra,
por el tiempo que desees,
con gozo y amor.
Y todos tus hermanos verán esa alegría brillando en tu cara,
y en tus ojos.
Ellos quizá parezcan confundirse en algún momento por ello,
pero, en el más profundo nivel de lo que sois,
solo hay Unicidad,
solo hay Ser Uno,
y ellos reconocerán tu experiencia.

Cuando verdaderamente dejes de valorar cualquier cosa en esta tierra,
cuando alcances la alegría que conlleva saber
que eres totalmente libre de todo aquí,
porque ERES Espíritu,
porque ERES el Hijo de Dios,
porque ERES co-creador con Dios…
entonces, serás verdaderamente libre.
Tus hermanos sentirán en ti esa libertad,
y realmente serás uno de los salvadores del mundo.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: