Aceptar la necesidad y la dependencia: ¿para qué necesitamos necesitar?   Leave a comment

imagen corazón en círculo[Este texto sigue en una breve segunda parte aquí]

Aferrarse

Hacemos este texto a modo de invitación para leer el Curso de amor, cuando habla de necesidades, dependencia y de aferrarse/apego, etc.

Dice, en el Tratado sobre la Unidad (cap. 9) :

«Cuando tu vida va sin complicaciones y las necesidades se satisfacen continuamente, comienzas a querer aferrarte a las relaciones que sientes que satisfacen estas necesidades debido a su capacidad de satisfacerlas.»

¿Para qué nos aferramos? Es decir, ¿por qué “valoramos”, en el sentido de “valor” y de “valoración” que tiene el ego?*

Lo hacemos para permitir que, precisamente, al darse las “pérdidas” que posteriormente casi siempre suceden (aunque solo sea por la muerte física), podamos reforzar al ego, es decir, reforzar la idea de la separación que es interpretada constantemente así: como pérdida (desde el miedo).

Inconscientemente usamos el mundo para realizar una operación mental muy concreta: reforzar el ego, reforzar la creencia de que somos seres susceptibles de perder, de carecer.

No fluimos con nuestro estado actual de “satisfacción”, de “abundancia”. Es decir, no aceptamos la abundancia de nuestro ser, estamos de cierto modo siempre riñendo con nuestro verdadero creador: con el “amor-cohesión” que está tras todo, dándonos siquiera la posibilidad de esta experiencia.

La mente, en vez de aceptar, está todo el rato en el “estado ego”, reforzando el sistema de pensamiento del ego, previniéndose ante las cosas: “en el futuro careceré, yo puedo perder esto o lo otro”… o “qué desgraciado fui en aquel entonces…”.

Así, como ya sabréis, estamos literalmente creando esa realidad.

Por tanto, nos relacionamos con todo desde esa misma actitud, y en vez de vivir nos aferramos a las relaciones con las cosas y las personas que son capaces de “satisfacer nuestras necesidades”.

En vez de simplemente ser en la relación, nos aferramos, le añadimos un plus, algo de más.

Aferrarse invoca la pérdida, permite que la pérdida nos haga daño, que la idea de pérdida nos haga daño, que los hechos nos dañen al haberlos estado viviendo como plenamente reales, al haberlos sentido y fabricado en nuestra percepción como plenamente reales.

Sin embargo, un “vivir fluido”, y espontáneo, en la brillantez del ahora, no permitiría eso.

Valoramos pues las cosas de este mundo para ello: para invocar lo que reforzará nuestro propio auto-sacrificio en los altares mentales del ego (y provocando así sucesivos ciclos de pérdida, ganancia, vivido todo desde un miedo más o menos aparente pero que está siempre ahí).

Nos estamos en realidad aferrando a una idea, a la idea de la separación interpretada con miedo y proyectada en el exterior; si sentimos muy “seriamente real” lo que se ve como exterior a nosotros…, es para eso… pero el exterior sería, en última instancia, “solo” un sueño con el que jugar, nada más.

Aceptar la necesidad y la dependencia: ¿para qué necesitamos necesitar?
(Las necesidades como medio para también liberar a nuestra mente de ser “esclavizada” por el ego)

«La primera cosa que te pido que olvides es tu necesidad de encontrar un lugar en el que situar la culpa.» (tUCDA)

[Reunimos ahora más cosas sobre lo que podemos empezar a comentar sobre “las necesidades” —entre otras cosas más generales— en base a lo que se dice en Un Curso de amor (UCDA), para seguir invitando a leerlo-aplicarlo…, sobre todo en el segundo tratado de: Los Tratados de Un curso de amor (que abreviaremos así tUCDA).]

El ejemplo de la crucifixión llegó —dice en estos tratados— para poner fin a la necesidad de aprender mediante el sufrimiento y la muerte.

Y ahora, en estos tratados y en general en UCDA, se insiste en que estamos adentrándonos en la época donde pondremos fin a la necesidad de aprender —meramente de aprender.

La llama “la época de Cristo”, acentuada quizá hoy, en eso que podemos llamar “la segunda venida de Cristo”… y frente a los años anteriores a “nuestra era”… que podríamos llamar “la época del Espíritu Santo”.

“Aprender” está “pasando de moda” frente a “descubrir”, frente a “aceptar la revelación” que somos. Y finalmente frente a simplemente crear de nuevo quien somos, desde nuestro verdadero ser, desde quienes realmente somos (como podéis ver también muy bien narrado en Conversaciones con Dios, de Neale Donald Walsch).

Entramos en nuestro nuevo estado-mariposa “perceptivo”, el estado de compartir en la unidad y la relación… frente al estado-oruga anterior del esfuerzo y la lucha por conquistar nuevos terrenos donde “auto-demostrarnos” la valía.

Somos eternamente valiosos, no hace falta nada, no hace falta ningún “espíritu de tener que demostrar”, y nada ni nadie puede demostrar nuestra perfecta y común valía —ahí está en parte “el problema”: es de cierto modo “común”, se siente en la relación, al “aceptar sentimientos”, co-creando desde ahí.

Dice en tUCDA:

«Todas las necesidades son compartidas. Esto es lo que diferencia las necesidades de los deseos.».

También dice:

«Hasta que no hayas integrado completamente la verdad de que dar y recibir son uno solo, no creerás completamente que las necesidades no son carencias.».

Dar-y-recibir son un bloque, una sola idea, una idea. Es la que debemos ir “aprendiendo” a alojar dentro, en esa sustitución que se va dando naturalmente al irse sustituyendo el sistema del ego (quien da “pierde”, quien recibe “gana”)… por el sistema del amor.

Esta sustitución se dará en cuanto vayamos albergando siquiera la disposición a aceptar las nuevas creencias (“dar y recibir como uno solo”, etc.)… unas nuevas creencias expuestas de nuevo en Los Tratados y que también se disolverán en esa certeza que somos, pues sentiremos que ya no necesitamos creer en nada.

Entonces, vemos que uno de los grandes temas del curso de amor en estos tratados y en Los Diálogos posteriores será el hacernos ver la necesidad de dejar de tener la necesidad de “aprender”.

Dice:

«El aprendizaje ha tenido que ver con satisfacer una necesidad. El no tener que seguir aprendiendo tiene que ver con la comprensión de que no existe la necesidad.»

En el estado que se persigue que habitemos, “practicando” por ejemplo estos cursos, no sentiremos las necesidades como carencias, es decir, abreviadamente: no sentiremos necesidad.

Esta consigna es aparentemente contradictoria con lo anterior (“no hay necesidad”), pero así va a ser nuestro “estado real”, donde no habrá sino el recuerdo de nuestro estado natural, en una constante y positiva “creación” eterna.

En tUCDA esto se expresa así en un pasaje:

«Los pensamientos que confluyen en la unidad crean sin necesidad de objetivos ni planes, sin necesidad de esfuerzo o de lucha.»

Cuando normalmente hablamos de “necesidades”, podemos sacar la lupa y ver al ego en acción, en su inercia, pues seguramente veamos que, en realidad, de lo que se está hablando es de carencia, conflicto.

Para ilustrar o ampliar esto, tenemos esta cita de los tratados (notar donde habla de “relación”, y notar que cuando habla de “Yo” es el Ser…, es nuestro ser-en-unidad, nuestra “conexión eterna” en la individuación de la eternidad):

«Como ya hemos mostrado, haber elegido expresar el Yo en la forma física fue una elección de acuerdo con las leyes del amor. No había necesidad de que el yo estuviese separado para que esto ocurriese, pero había necesidad de que el yo tuviese una forma observable y existiese en relación con los otros que tenían una forma observable.»

La relación es quizá el tema más importante en el curso, descrita incluso como una cierta relación de “intersección”, “intersección de apertura”, de “abrirse” al sentido de las cosas, un sentido que ya es por sí mismo; abrirse a “lo que es”, a que las cosas den por sí mismas su sentido.

Las necesidades se comparten por igual por casi todos; es decir, de cierta manera nos obligan a relacionarnos. Y estar en relación no es carecer, sino, digamos “la condición” de la creación, la condición de ese acto que constantemente estamos realizando, ahora mismo, aunque no lo creamos: crear literalmente nuestra realidad.

Pero, en tanto que egos —nuestro estado inercial irreal y demente, estúpidamente calamitoso— “necesitamos” usar el mundo para reforzar el sistema del ego, como hablábamos al principio en “Aferrarse”. Ese sistema es el que cree en la escasez, en la separación, en la carencia… que en definitiva cree en la realidad del miedo, en la posibilidad de un conflicto real.

Como lo creemos y somos creadores desde nuestra mente y sus creencias, entonces “se nos da” esa experiencia.

Entonces, todo lo que vemos “fuera” y que interpretamos como siendo por ejemplo una carencia real, automáticamente, como egos… todo lo usaremos para eso mismo: para reforzar, en la mente (que en realidad es una sola, es compartida), todas esas ideas que son en el fondo una sola (separación), y que son la causa de eso mismo que vemos (este el círculo vicioso que ya conocemos).

Ya hablábamos de ello arriba, invitando a leer ese pasaje sobre las necesidades en Un Tratado sobre la Unidad y su reconocimiento.

Y, como sabréis, en realidad “no somos egos”; somos seres personales, sí, pero que de hecho están “entregando” su personalidad a la eternidad, pues la esencia de la personalidad es esa entrega o servicio, es la actividad de creación con Dios, es la individuación que individúa la eternidad en la individualización consciente de la personalidad (descenso y ascenso —no “caída” y penoso regreso).

Entregamos la personalidad, pues, en un co-aprendizaje gozoso tanto por parte de “lo personal” como por parte del “Dios-eterno” que a la vez “somos”, y que se personaliza o “crece” gracias a nuestras aventuras (hay muchos aspectos de la Deidad, como podemos empezar a vislumbrar o entender leyendo la magistral revelación de El libro de Urantia).

Esto es lo que realmente somos, y todo ello se da para expandir dicha personalidad, y nunca para “perderla”. El concepto “perder” es nuestro propio invento, algo inventado “por nuestra cuenta” (sin Dios), algo del sistema del ego. “Pensar en pérdidas” es algo que ya no nos servirá en nuestra posterior y larga carrera de experiencias de recuerdo cada vez más pleno de la Unidad, de ese Dios interior… un recuerdo que se dará no solo en esta forma humana, sino al parecer en múltiples y maravillosas formas y relaciones que nos esperan, con unas formas que nuestra mente “poblará” en múltiples mundos de relación que a veces serán cada vez más independientes de este tipo de “forma humana” a la que ahora somos adictos.

Entonces, no somos egos, pero seguimos necesitando las necesidades. ¿Para qué? Siempre en general todo está para lo mismo: para “expresar amor”; el universo es siempre para lo mismo aunque nosotros la mayor parte del tiempo no lo queramos ver así, entregados como estamos al sistema de pensamiento llamado “ego”.

Así que normalmente necesitamos las necesidades, en nuestro camino personal hacia adentro… para:

  • ser invitados más o menos fuertemente al “momento presente” (el amor nos espera como nuestro verdadero ser, dentro, por duras que parezcan las pruebas intermedias)
  • y para relacionarnos (el amor nos espera en la sorpresa del “entre”, del “entre” de la relación sin interpretaciones, sin expectativas, pues el amor es la sustancia de la que está hecha la realidad, que es relación).

La relación es sagrada, o “santa”. La relación es.

___

*  (ver el texto que fue dado a Brent A. Haskell por la voz, como acompañamiento al curso de milagros (titulado: Viaje más allá de las palabras); ahí se insistió mucho en la valoración; en un cierto momento se acompaña el libro de ejercicios del curso de milagros en torno al tema de “valorar” las cosas de este mundo).

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Publicado 6 julio, 2013 por qadistu en amor, discernimiento, ego, verdad

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