El pecado y la culpa. Haskell en comunión con Jeshua. «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED   4 comments

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Brent A. Haskell;

Brent A. Haskell; autor de “Viaje más allá de las palabras”

[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.
– Esta transmisión aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló por la personalidad de Jesús.
– La siguiente parte del texto Viaje…, sirve como acompañamiento —más o menos— para las lecciones 246 a 252 del libro de ejercicios de Un curso de milagros (UCDM) (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

El pecado y la culpa [lecciones 246 a 252]

Saludos de nuevo. Soy Jeshua.
Vengo hoy a seguir con mi comentario
sobre Un curso de milagros.

Hoy deseo comentar contigo
sobre dos cosas que no existen:
el pecado y la culpa.
De ello se habla muy bien, y muy a menudo,
en Un curso de milagros:
no hay pecado; el Hijo de Dios está libre de pecado.
No hay culpa.
La culpa es simplemente algo que tú has imaginado,
y, como tal, no debe y no puede existir.

En el Reino de Dios
no solo el pecado y la culpa no existen,
sino que son inconcebibles.

En el Reino de Dios
el pecado y la culpa ni siquiera pueden caber en la consciencia.
Podrías decirle a un ser, en el Reino de Dios,
“¿y qué hay del pecado?”,
y su única respuesta sería:
“no entiendo”,
pues sería una cosa totalmente extraña para él.

Esto sucede en el mismo sentido en que Dios
solo te conoce en tu compleción y tu perfección.
Realmente, si uno le dijera a Dios,
“¿a qué se debe toda esta miseria, y muerte,
y cuerpos, y miedo, y pecado, y culpa,
y todo eso?”.
Dios diría,
“no entiendo. Mi Hijo es perfecto. Mi Hijo es libre”.

¿Qué pasa entonces con el pecado y la culpa?
Ambos son al final producto de tu pensamiento.
El pensamiento, como recuerdas, es lo que genera y crea
los conceptos que sostienes acerca de lo que tú eres
y de lo que esta tierra es.

El pensamiento inicial que se precisó
para poder crear este mundo imaginario
fue el pensamiento de la separación.
Tú, el Hijo de Dios, imaginaste, en un instante,
como sería estar separado.
En un instante, todo ello fue desarrollado,
con todo su tiempo, toda su lucha
—y en un instante, fue descartado.
Para honrar tu creación, te imaginas desarrollándolo en el tiempo.
Pero todo ello fue creado, vino, se fue y desapareció
en menos de un instante.
Y el pensamiento de separación
es lo que creó tu pensamiento de pecado y la propia culpa.

Primero te hablaré de la culpa,
pues en verdad fue la culpa la precursora del pensamiento de pecado.
Normalmente, podrías creer que sucede lo opuesto,
que uno primero peca,
y que después se siente culpable por ello.
Sin embargo la culpa fue primero.
¿Qué es la culpa, tal y como hablo de ello en Un curso de milagros,
y en tanto que se aplica a tu vida,
a tu existencia aquí, en esta tierra?
La culpa es el sentimiento que tienes
cuando intentas imaginar que eres un ser separado, aislado,
apartado de Dios,
apartado de tus hermanos,
y del resto del universo.

Eso es imposible.
Como te he dicho tan frecuentemente,
tú eres el Hijo de Dios.
Tú eres Espíritu.
Tú eres Uno.
Sobre eso no tienes elección.
Entonces, cuando tratas de imaginar
que tú ERES,
lo que NO ERES,
entonces, lo que se sigue es, sin remedio, un conflicto.
Intentar imaginar que estás separado
cuando no existe nada que puedas hacer —sea lo que sea—
para poder realmente ESTARLO,
es algo que DEBE necesariamente ocasionarte conflicto.
Y, en la medida en que trates de mantener esa ilusión,
la de que estás separado,
permanecerás en conflicto.

El conflicto no es paz,
el conflicto no es ni gozo ni felicidad.
En verdad, la paz, el gozo y la felicidad
no pueden existir dentro de tu ser
mientras estés y permanezcas
en conflicto.
Y la culpa, tal y como yo uso la palabra ‘culpa’,
simplemente se refiere al conflicto que necesariamente debes sentir
cuando tratas de imaginarte a ti mismo separado.

Entonces, ¿qué pasa con el pecado?
El pecado no surge hasta que después, en tu tiempo,
empiezas a imaginar que estás separado.
Para poder actuar tu fantasía de la separación
has elegido los cuerpos,
esas grandes ilusiones que parecen, en el espacio y el tiempo,
estar separados unos de otros.
Pero, por supuesto, y como has escuchado muchas veces,
eso es todo lo que esto es:
una gran fantasía,
que no es algo a ser valorado, sino algo a ser disfrutado;
que no está nada más que para jugar con ello, con una sonrisa.
Nada más.
Cuando representas tu fantasía
de que estás separado y de que puedes estar separado,
entonces, luego, en ausencia de paz,
en ausencia de tu gozo,
en ausencia de tu felicidad,
tiendes a imaginarte… o, más bien, te encuentras obligado
a tratar de imaginar las causas de su ausencia.

Al final, todo el conflicto,
toda infelicidad,
toda ausencia de paz
y toda ausencia de alegría,
son solo un reflejo del conflicto que te acabo de describir.
Sin embargo, si vivieras en esta tierra, en este cuerpo,
y no obstante siendo plenamente consciente del hecho
de que toda la miseria y todo tu conflicto
se debieron a haber elegido imaginar la separación,
entonces, dirías, muy probablemente, en un instante,
“elijo no hacerlo”,
y dejarías esto.

Así nace el ego.
El ego es un producto de tu culpa.
El ego es la colección de pensamientos y conceptos
que te formas, acerca de qué y de quién eres.
Y para poder imaginar esta separación
de una forma tal que puedas tolerar estar aquí,
debes esconder de ti mismo el conflicto
que originó todo esto en primer lugar.
Tu ego es, en cierta medida,
lo opuesto de lo que realmente eres.

Hablo del ego casi como si fuera tu enemigo,
y digo: el ego te hace esto o aquello;
el ego querría ocultarte esto y aquello;
el ego piensa de tal modo, y de tal y de tal.
Mas el ego siempre es la colección de pensamientos
que tú has formado acerca de quién eres.

Y lo que se necesita es que el ego te engañe lo suficiente
como para que no te enteres
de que el conflicto en que se basa toda tu miseria
es realmente la fuente de tu estancia aquí.
Así, el engaño que el ego crea,
que debe apartarte de la verdad de que tú eres Dios,
de que eres libre y de que has creado esto, todo ello…
tu ego, para tratar de apartarte de ese secreto,
ego debe hacerte entender de dónde viene tu miseria, tu sufrimiento,
tu tristeza y tu miedo.

Has imaginado la separación.
Y qué mejor lugar para sustanciar la separación
que incorporar, dentro de tu propio concepto sobre quien tú eres,
la creencia de que los seres separados de ti
son la causa de tu conflicto y de tu miseria.
¡Qué ingenioso has sido en tu pensar!
¡Qué ingenioso es el ego!
¡Y cuán fuerte puede ser en su genio!
¿Lo ves?
Así, para que no te des cuenta de que
TÚ eres la fuente de tu propio conflicto,
eliges mirar fuera de ti
y culpar a los demás.

Así, lo que otros parecen hacerte,
lo cual parece crear lo que tú eres,
y lo cual sustancia tu auto-concepto,
eso, eso es a lo que llamas pecado.
Pues siempre, cuando tratas de imaginarte a ti mismo separado,
te robas a ti mismo tu felicidad,
tu paz y tu alegría.
Y en tanto que puedas llegas a creer que
ha sido ALGÚN OTRO quien te ha quitado tu paz,
tu alegría y tu felicidad,
¿qué mejor cosa que llamar a eso pecado?
Y así el pecado se convierte en esa cosa que algún otro hace,
para ocasionar miseria y sufrimiento a otro.

En la medida en que puedas imaginar
que otro puede pecar contra ti,
entonces, se deduce que tú puedes pecar contra otro.
Y al creer que puedes dañar a otro,
entonces, puedes sentir culpa y creer en la culpa.
En tu ingenio,
incluso has desplazado el sentimiento de culpa,
pues ahora ves la culpa como el sentimiento que tienes
cuando le has hecho algo inapropiado a otro,
como por ejemplo hacerle infeliz.
Tú crees que eso es tu culpa,
el producto de tu pecado.
Mas, al final, la culpa misma que creó este mundo
es tu imaginación de que puedes estar separado, de la manera que sea.

¿Qué harías entonces si no estuviera claro
que lo que alguien te hizo a ti
es lo que provocó tu miseria?
¿A qué o a quién culparías?
¡Ah! sí, estoy seguro de que ya lo ves.
ACUSAS A DIOS.
En tu miseria, en tu falta de felicidad,
en tu falta de paz y de alegría,
cuando no puedes ver claramente la manera
de acusar a otro,
le asignas personalidad a Dios, y le acusas.
Y así te conviertes en la víctima de Dios.
¿Y cómo lo expresas esto normalmente
aquí, en tu tierra?
Con estas palabras:
“ES LA VOLUNTAD DE DIOS”.
No es verdad.
Cuando te enfermas, cuando la tragedia golpea,
cuando alguien muere,
comúnmente se dice,
“es la voluntad de Dios”,
como si Dios le hiciese tales cosas a algún ser,
mucho menos a su propio Hijo.

¿Y cuánto tiempo haría falta —
después de empezar a creer
que Dios le haría esas cosas a ALGÚN ser—
para que uno le tuviera miedo a Dios,
y para realmente, al final, llegar a odiar a Dios?

Todo ello se sigue fácil y claramente.
Más aún, se sigue necesariamente,
puesto que tan pronto viniste aquí,
en la vana fantasía que llamas separación,
y no pudiendo seguir en ello a menos que escondieses de ti mismo
la separación que fue la causa de todo,
entonces, tú simplemente ampliaste tus fantasías,
para poder incluir la noción de pecado,
lo cual te permite acusar a otro
por la ausencia de tu propia paz.

Entonces, el pecado y la culpa
no son reales;
no existen.
Es absolutamente cierto que el Hijo de Dios está libre de pecado.
Y, en ausencia de pecado,
no hay culpa.

¿Cómo vas a manejarte, entonces,
al caminar por esta tierra,
con lo que te acabo de decir hoy?
Estás libre de pecado; eres libre.
Verdaderamente, cualquier cosa que puedas imaginar
es tu herencia por derecho,
dada a ti por Dios,
pues Él te ha creado libre.
Mas, en esa libertad, en esa herencia,
que te permite imaginar lo que quieras,
NADA DE LO QUE IMAGINES
LE PUEDE HACER NUNCA NADA A OTRO.

En tu libertad, como te he dicho,
el universo entero celebra contigo
cualquier cosa que puedas imaginar.
El Espíritu de Dios encuentra gozo en tus fantasías,
y te impulsa para que imagines cualquier cosa
que puedas elegir experimentar.
Pues el fluir de la creación,
y la ilimitada experiencia que ella brinda
es el sentimiento
que llamas amor.

Entonces primero date cuenta, a medida que caminas por esta tierra,
de que tú no puedes JAMÁS hacerle nada a otro.
En tus interacciones,
aun en tus interacciones entre cuerpos que PARECEN estar separados,
no estás separado.
Y nada que tú puedas imaginar sucederá
a menos que exista una parte de la Creación,
que no es sino Tú Mismo, tu Ser,
y que acuerda, a partir del amor,
imaginar contigo precisamente esa misma experiencia.
Y, debido a que siempre se trata simplemente de experiencia,
sin ninguna consecuencia, y ni siendo siquiera real,
entonces, siempre hay alguien dispuesto a entrar en escena —
si lo deseas pensar así—
para ayudarte a experimentar lo que sea que imagines.

Y sin importar lo que elijas imaginar,
no es pecado.
Pues no le has hecho nada a otro,
nada que él, en la Unicidad, contigo,
no eligiera compartir.
Y, más importante,
NUNCA nadie te hace algo a ti
que tú no hayas elegido experimentar.
No puede ser de otra manera,
pues así es la naturaleza de Dios.

No puedes pecar contra otro.
Y nunca nadie puede, bajo ninguna circunstancia,
pecar contra ti.
Entonces la culpa,
en el sentido de lo que llamas “pecado”,
no existe.
No hay razón para sentir culpa jamás
por lo que crees que le has hecho a otro.
Y no hay razón para que otro
sienta culpa por lo que tú crees,
o él cree,
que te ha hecho a ti.

Aquí reside la belleza que ha de ser encontrada,
en ausencia del pecado y de la culpa, dentro de tu consciencia.
Tan pronto como dejes de mirar fuera de ti mismo
para culparle a otros por la ausencia de tu paz,
tan pronto como comprendas que la culpa, en ese sentido, no existe,
volverás adentro.
Y entonces tú, a tu ritmo, pero muy, muy pronto,
te enfrentarás cara a cara con la verdadera culpa
que causa la ausencia de tu paz,
y que es tu deseo de estar separado.
Y cuando no mires hacia ninguna otra parte sino adentro de ti,
y puedas entender que tu deseo por la separación
es la causa de todo lo que llamas infelicidad,
entonces, tú, por tu propia voluntad,
unida a la Voluntad de Dios,
lo dejarás ir.

Entonces, el mundo adquirirá un nuevo significado.
Verás a tus hermanos, y a toda la Creación,
como Uno contigo.
Y la alegría que surgirá desde adentro de tu ser
será mayor de lo que puedas comprender,
casi mayor que lo que puedas soportar.
Será una felicidad y una alegría
que trascienden todo lo que jamás pudieras haber imaginado.

Escucha mis palabras hoy.
Y recuerda que no estamos tratando con palabras,
sino con experiencias y sentimientos.
Así que cuando las leas, quizás una y otra vez,
permítete sentirte libre de pecado.
Permítete, entonces, que tu propia culpa se desvanezca.
Permite entonces que cualquier culpa que podrías haber exigido que otro llevara,
se desvanezca.
Y entonces, mira hacia dentro,
y allí verás, brillando, al Hijo de Dios.
Y entonces, caminarás por esta tierra,
por tanto tiempo como lo elijas hacer,
en unicidad,
en armonía,
y con alegría.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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4 Respuestas a “El pecado y la culpa. Haskell en comunión con Jeshua. «Viaje más allá de las palabras». Un Curso de milagros RELOADED

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  1. Archivo comentarios que hice por ahí:
    “El ego es de hecho la lucha contra el HECHO de la RELACIÓN.

    La relación es en realidad una sola. Y entonces…, ¿cómo es que podemos seguir siendo “especiales” existiendo en realidad UNA SOLA relación?

    Es muy sencillo: porque todos estamos relacionados con TODO EL RESTO de aspectos de la creación, pero… DE UNA FORMA ÚNICA.

    Todos con todo, pero cada uno se relaciona de forma única con el todo, en ese “todos con todo”.

    Cada uno tenemos ya una relación única con TODOS y todo.

    Es eterna, es nuestro ser, y que solo nos queda aceptar, y por toda la eternidad… en el juego infinito de la creación que un día aceptaremos cuando ya habitemos constantemente en la consciencia de Dios; se trata de la “evolución” o expansión de la consciencia, la de nuestro verdadero ser… la consciencia “de Dios”.

    Si rechazamos un solo aspecto de cualquier relación (en contenido (como decía UCDM), en actitud…)…, entonces… estamos rechazando la única relación real que SOMOS… y que es lo que nos hace SER nosotros, realmente…, que es la que realmente nos hace ser “únicos”.

    ¡ Todos somos igual de “especiales” porque tenemos una relación ÚNICA, pero con TODO el resto de aspectos de la creación!

    Aquí venimos pues a realizar un “juego de experiencia”, de ampliación de la experiencia… de aceptación de nuestro SER de RELACIÓN… y que consiste en ACEPTAR la relación real que SOMOS…, mediante los instrumentos de las relaciones particulares con nuestras gentes, circunstancias, etc.”

    “Claro, en realidad es cuestión de poder sentir otro principio, de poderlo reforzar en nuestra mente de acuerdo a tal sentir o experiencia…: el principio en realidad más realista o verdadero, el de la no separación, de que somos uno;
    pero como el garante de eso no se ve, Dios, y tenemos una cultura que por ejemplo reflejó su rechazo a lo que no se ve reaccionando “lógicamente” a lo bestia contra el pasado totalitarismo de la iglesia… pues entonces nada, ahí estamos en los vaivenes que reflejan nuestro rechazo a nuestro Ser… poco a poco evolucionando en el sentido de abrirle paso a la consciencia de la eternidad… abriendo las condiciones que la hacen posible… y pasando pues por otra fase anti-natural pero como siempre con potenciales “x” pero ahora con potenciales “auto-destructivos” enormes (destructivos de condiciones evolutivas ya ganadas sobre este planeta que si se destruyen podrían retrasar aún más nuestra próxima era de luz y vida en este planeta).

    … claro, a Dios, a ese muy personal creador de nuestro ser “trino” (cuerpo, mente, alma)… no se lo ve… y entonces parecemos tener un problema con lo que hemos dicho, con nosotros mismos y con esta cultura anti-natural que refleja nuestra locura interior…, que no ve lo que tiene delante de los ojos (no es capaz de sintonizarse globalmente en un agradecer lo simple, lo simple de la garantía de nuestra existencia, esa nuestra vida…, que nos es regalada, y en realidad no para nunca; en vez de eso damos vida “inconscientemente” al principio de la separación, a la supervivencia del más apto como principio, y esas cosas, aunque éste no es principio ni nada (sino proceso)…, como explica bien Donald Walsch).

    Si no lo conocéis, y queréis haceros más humanos… es muy muy alentador el testimonio de Kübler-Ross sobre su vida (“La rueda de la vida”), donde ella acabó bastante convencida y convencida en la práctica de cómo es que la muerte no existe; es un libro iniciático muy bonito; ella era “normal”, pero abierta, y terminó más abierta aún.
    El famoso libro de Yogananda contiene también un testimonio de vida loca… de lo que realmente somos…, al servicio eterno de Dios y nuestros hermanos…. por toda la eternidad… en la unidad y la relación…. aunque este libro es más exótico; Kübler-Ross es igual de impresionante.

    Normalmente no lo queremos aceptar, que somos uno en esencia, que las diferencias son solo para representar esa Verdad en la casa de la ilusión, para experimentar lo que realmente somos (Dios, el creador y el creado); no queremos saber que podemos habitar la casa de la verdad y reflejar nuestro verdadero ser, siendo realmente “especiales”, y no falsamente especiales, como nos dice nuestro pensamiento que “deberíamos” ser (con el “tengo que esto y lo otro”).

    Incluso si alguien nos comenta que “somos uno”, lo cual puede dar pie a una conversación de “comunicación sobre sentimientos”, por ejemplo… y para quizá intentar compartir ese “ser uno”…, entonces ni siquiera nos abrimos y muchas veces saltamos contra esa persona porque “él no lo ejemplifica” o cosas así.

    Así, parece que no tenemos remedio, pues claro, ese es justo el principio -el de no separación- que no parece que nos estemos enseñando mucho en esta “cultura” con el ejemplo, ni con la vida en la escuela, la familia…

    Entonces solo “hay vida”, una sola vida; “uno con Dios y con tu hermano”, con una conexión personal con Dios que debemos aceptar (ya no hay posibilidad de por ejemplo “ser poseídos”, como se explica en el libro de Urantia, donde se cuenta el intríngulis de cómo eso sí que era posible en el pasado, a cuento de “las criaturas intermedias”, pero que una vez desarticulado (a partir de Pentecostés) el proceso que dio pie a que la mente humana pudiera ser completamente manipulable, ya no hay verdaderas posesiones) y que nos permite servir a éste a la vez que a nosotros y a todos, pues solo hay Uno.

    Solo hay una vida, somos en el fondo una sola alma con todo el resto; entonces lo que nos hace especiales es nuestra relación con TODO…, que estamos en relación con todo… y por tanto lo que nos hace especiales es reconocer eso mismo; con Dios estamos proyectando un aprendizaje experiencial…, que por diversificado que parezca estar, es Uno;
    se trata pues de estar dispuesto a “simplificarse”, casi de nada más.”

  2. Otro comentario que hice:

    confundimos muchas veces “lo mental” con verdadera comprensión; dice la voz por ahí en un sitio, que la comprensión es luz… y conduce al conocimiento (como experiencia de la unidad con Dios).
    Así que hablar de las emociones serviría para prepararse para “salir de lo mental”;
    para poder salir de lo mental a veces hay que poder exponer a la luz qué es esto de “lo mental”.

    De eso va la nueva “religión” revelada, es decir, la espiritualidad (UCDM, UCDA, Conversaciones con Dios…, libro de urantia), de sacar a la luz las creencias inconscientes… y que es para todos…, que depende cada vez menos de instituciones, etc., aunque claro no hay que abandonar necesariamente nada, sino ser quien realmente somos en cada relación, claro.

    Todo el mundo está en lo mental “demasiado”… todo el mundo cree que sus propios pensamientos son algo, que “podemos tener la razón” sobre lo que somos y hacemos… y todo eso es para tapar el bloqueo emocional, para no ser realmente espontáneos, para ser falsamente espontáneos con el ego.

    Los niveles de engaño a los que podemos llegar con esto son increíbles. El ego es astuto (a ver, claro, es nuestra creación, que no queremos ni oír hablar de soltarla).

    Tú quizá ya estés plenamente feliz, y en paz y alegre, con satisfacción constante (¿sí?), pero la mayoría de la gente tenemos un bloqueo inconsciente legado desde el chantaje emocional que nos hicimos de pequeñitos.

    De pequeños nuestra supervivencia estaba en juego, así que nos programamos “de más”, añadimos un plus, en base a las creencias culturales y familiares que en realidad no nos sirven para” ser perfectos como Dios”, que es lo que en realidad queremos (!);
    nos auto-programamos en base a los miedos a no complacer, a no ser como querían que fuéramos; programamos nuestra mente para “complacer”, por miedo; y ahora la estamos desprogramando para ser nosotros mismos…. y servir a Dios y a nuestros hermanos a la vez (y no servir solamente a esa fantasía imaginada por nosotros mismos de lo que somos, de lo que son nuestros hermanos, o de lo que es Dios)).

    Así estamos casi siempre – la mayoría de los mortales – comportándonos sin autenticidad, viendo el reflejo de nuestros padres, etc., en los demás… proyectando pues los temores y bloqueos que aprendimos para “sobrevivir”, porque fue “lo que funcionaba” a la hora de afrontar esas situaciones infantiles, que nos pillaban por sorpresa, etc

    🙂

    Así que no se trata de “lo mental”, sino de comprensión-luz.

    • Hay momentos de una especie de felicidad desconocida que se ve interrumpida constantemente por la sensación de no encajar, de ir quedándose sólo en un mundo asestado de falsedad e hipocresía. El miedo heredado está tan en sangre que resurge cada vez que me creo estar iluminado, sintiendo el amor, Dios, en cada respiración. Y vuelve la fantasía suicida, porque el dolor no se quiere ir y siento que me va a acompañar toda la vida. Me pregunto si es posible superar el fuerte condicionamiento mental que me impide sostener la felicidad de saberme el hijo de Dios a salvo, junto a todos mis hermanos.
      Es difícil sentir la Unidad al estar alternando constantemente entre el Cielo y el infierno.
      Gracias por éste espacio maravilloso.
      Saludos.

      • muchas gracias, y gracias muchas por comentar;

        ya ves, poco a poco tenemos que ir alimentando en nosotros la intención, actitud, de no separarnos;

        al principio, durante muchos años quizá, como sabes, el ego al verse atacado agudizará las condiciones que lo refuerzan.

        Todo el truco está o se puede ver en “la aceptación”.

        Te recomendaría el curso de amor, UCDA, como hago por aquí, pues habla muy bien de aceptación. También “conversaciones con Dios”.

        Tenemos que aceptar no lo de “fuera” en sí, sino nuestros sentimientos… en el presente… aceptar cómo nos sentimos en el presente… como ya sabes…

        Pero aquí parece que también hay que tener muchísimo cuidado al principio. ¿Por qué? Porque los sentimientos que vienen del miedo se tienen que “transmutar”… y si nos apresuramos a una aceptación plana de lo que en realidad proviene del miedo (en gran parte las identificaciones bastas con lo corporal)…, podemos estar tapando la EXPRESIÓN del YO, del verdadero yo-ser.

        Si no vemos esto claro con por ejemplo el curso de milagros, entonces, una de dos, o bien lo practicamos más, dejándonos de verdad en manos del espíritu… o bien vamos a aclararnos con el curso de amor, por ejemplo (que para eso fue dado, al parecer, entre otras cosas); hay que tener mucho cuidado con el “odio al yo” que está tan generalizado hoy. Yo lo he visto mucho, empezando por mí, y en otros que leían el curso de milagros.

        Una aceptación digamos “neutra”…, entonces, taparía los sentimientos que vienen de nuestro verdadero Yo en la unión, en la Unidad. Puede que no estemos dejando que vengan los de nuestro Yo para ser vistos, aceptados.

        Esto es parte del discurso prácticamente final en los diálogos del curso de amor.

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