La relación (II): el acceso a la Unidad y los niños. Un poco más sobre valores. La diferencia entre Dios y nosotros.   Leave a comment

Foto humorística sobre el envío por correo de niños que se llegó a dar.

Foto humorística sobre el envío por correo de niños que se llegó a dar. Unidentified photographer. ≈1900

En Relación (I) hemos empezado a hablar de la relación y el “problema” de mirar adentro. Se puede leer en ese texto la breve introducción sobre “desequilibrio” que hicimos.

Índice

  • El acceso a la Unidad y los niños; una pequeña anécdota y comentarios
  • A. El acceso a la Unidad
  • B. Algo más sobre la “anécdota” y la Unidad
  • Más sobre esos valores (cualidades de relación) que destruimos. Propuestas del futuro en “Conversaciones con Dios”
  • Dos citas y esa Unidad que ya somos y que “hay que” alcanzar, crear de nuevo, en la experiencia (cambiando completamente la percepción)
  • ¿Nos “falta” algo? Podemos comenzar a hablar de la diferencia entre Dios y nosotros

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El acceso a la Unidad y los niños; una pequeña anécdota y comentarios

A. El acceso a la Unidad

Hace muy poco tiempo por fin se me resolvió un pequeño “enigma” sobre qué era eso que sentía de niño, cuando había gente que por sí sola era capaz de transportarte a una “sensación pacífica”.

Esa “sensación”, o más bien, “sentimiento”, parecía en mi caso darse “en la cabeza”, y era como una especie de hormigueo placentero, pacífico, muy simple.

En realidad era también “envolvente”, según podría quizá comenzar a “entenderlo” ahora.

Y ahora veo que se trata del acceso a la Unidad (de eso que nos sirve para poco a poco unirnos a lo que en general “nos llama” desde dentro en paz…, lo que nos sirve en paz desde dentro para hacer nuestra verdadera voluntad…, la de nuestro verdadero ser en unión con nuestro verdadero creador y con todos).

Este acceso, como comenta Un Curso de amor, no es algo que se pueda aprender ni enseñar. ¿Qué pasa con él?

Lo creamos y re-creamos a menudo:

  • pasando por crisis determinadas… para poder tener claro y conservar tal acceso, que por supuesto no suele hacer falta nombrar así…
  • o bien tenemos a menudo que poder estar en presencia de eso que se llaman maestros, o guías espirituales, y que poseen eso que solo se puede transmitir en un “más allá del aprendizaje”…
  • y/o bien tenemos que sanarnos antes, limpiarnos de ese bloqueo emocional que tan corrientemente nos impide ser realmente nosotros.

Debido a que todo esto es algo más allá del “aprendizaje”… tenemos problemas con ello, en esta época.

Esta época parece ser entonces la de una quizá larga transición entre:

  • “la era del aprendizaje y el esfuerzo”…
  • y la era donde el “paradigma base” será el de descubrir, “descubrir en unidad y relación” —el de “crearnos de nuevo” más bien.

Hacia ahí que vamos.

Un Curso de amor (UCDA) es un buen pistoletazo de salida en esta “carrera” sin competición y sin límites, cuyos obstáculos nos los ponemos, como sabemos, nosotros mismos.

Como decíamos, por todo ello, tenemos lógicamente una especie de “problema”, el de la “disonancia cognitiva” que provoca aún a mucha gente el hecho de la espiritualidad.

Este NO-problema se ve en que la gente puede a veces no “valorar” lo que sucede en el ámbito “espiritual”…, pues aparentemente puede que “no se vea nada”, o que se vea que “allí no está ocurriendo nada” —por ejemplo ante la presencia de un sanador o de un guía espiritual.

Y, además, ese “no sabemos qué es lo que está pasando” o no sabemos en base a qué va a suceder lo que dicen que tiene que suceder a partir de este momento…, si permitimos que suceda…, si nos permitimos “suceder por ello” —como le gusta decir a V. Truviano— se transforma a veces en discursos “en contra”: en contra de “lo espiritual”…, en contra de la “poca racionalidad” que parece haber en los ámbitos espirituales…, etc.

Siempre habrá gente que se podrá quejar de “falta de racionalidad” en casi cualquier ámbito, y ello por mucha “racionalidad” que se le quiera incorporar. Y hay que decir que todos los ámbitos están infestados de trucos y de engaños; por ejemplo así ocurre en el farmacéutico “oficial”, que vende por ejemplo muchos mejunjes para pequeños problemas de estética-salud… sin demostrar nada acerca de ellos —contra la calvicie, la obesidad, etc.— alimentándose así de la “inseguridad psicológica” de la gente (de la “a-espiritualidad” del sistema, de esta civilización primitiva).

Es así, el peligro está en todo, todo es ambiguo aquí en la dualidad.

No podemos hacer nada más que guiarnos por la intuición… y quizá, si nos lo piden, ayudarnos sobre cómo hacer algo que realmente nos “toque”, profundamente, que toque nuestros “núcleos” no sanados. O bien hacer algo que realmente “nos guíe” y nos haga progresar en esa espontaneidad que requerimos “reaprender” aceptando la suave guía interior —que es “el tema” en realidad a aceptar y re-descubrir en toda “espiritualidad”.

Claro, no podemos saber nunca nada “del todo”, no aquí, pues el paradigma del “saber” se basaba en que “nosotros NO creamos nuestra realidad”, sino que como mucho la analizamos “a toro pasado”…, mientras que sí, sí que la creamos, desde el interior —por eso el cambio de “paradigma” es total.

Se trata pues de “crear de nuevo”…, se trata de comunicación en otros niveles, cuando estamos realmente “conectados”, o cuando lo están quienes nos lo faciliten a nosotros, real y personalmente.

Si habéis asistido a algún encuentro con alguien “auténtico” o bien “conectado” (en mi caso estuve en un encuentro así, con Víctor Truviano, y tengo pocos ejemplo más sobre este tipo de encuentros existosos…, en esta breve vida “proto-espiritual” que llevo… tras darme cuenta por fin de qué es lo que realmente ocurre en general con nosotros aquí, con el planeta (desde el 2011))… ese “problema”… lo vemos en cómo los “maestros” tienen que afrontar más o menos explícitamente el hecho de que llevamos un tiempo entrando en esa “otra era” que comentábamos arriba: la del “no-esfuerzo”, la de dejar atrás el “paradigma del aprendizaje”.

Aunque “los maestros” puedan o no puedan comunicar ese sentir sobre ello muy explícitamente, con palabras, a sabiendas… sí que “conocen” básicamente el problema pues estarían fuera de él… y eso tiene que resonar con nosotros de cierto modo, si es que ellos realmente consiguen conservar su acceso a la Unidad (el estado sin condiciones, incondicional, de ya estar siempre en conexión con la guía interior que sirve a todos, para todo).

Truviano por ejemplo lo llama “conciencia pránica”, y Truviano intenta no afrontar nada esencialmente con palabras —quizá en parte debido a que es alguien que viene en gran parte de la esfera musical.

Así, de lo que se trataba era de más o menos tomar consciencia de qué es realmente lo que hace por ejemplo “un maestro”. ¿Qué es? simplemente ser en unidad, como posibilidad o canal “conectado” para que “otros” puedan:

  • acceder a tomar consciencia de su acceso a la Unidad (que es, como dijimos, como lo llama UCDA),
  • luego quizá a poder mantenerlo, si quieren (con un “querer” más o menos inconsciente mediando algún tipo de “técnica”),
  • y luego, quizá, a ni siquiera necesitar mantenerlo, sino a conservarlo, por estar ya siempre “conectados” con la Unidad.

B. Algo más sobre la “anécdota” y la Unidad

Yo a veces vendía tabaco de pequeño, en el estanco de mis abuelos (“estanco” es la tienda donde se vende tabaco en España).

Y claro, en un sitio así entra mucha gente. Pero con algunos de ellos se sentía algo “especial”, en el sentido quizá de facilitar ese sentimiento de paz del que hablábamos.

Cuando yo les vendía algo (sellos, tabaco…), o les rellenaba una “quiniela” (el boleto de “lotería” basado en los resultados de los partidos de fútbol, llamado así en España), o simplemente cuando entraban…… de repente era como si me “conectara” a algo.

Pasó pocas veces, y por fin ya “sé” lo que era, y veo qué simple es esta cuestión seguramente para todo niño. Quizá esto sea más fácil de recordar para cualquiera si de niño se ha vivido y se recuerda algo así, cuando se es todavía más pequeño de lo que yo lo sería en aquel entonces —no sé qué años tendría cuando viví eso, quizá 10 años como mucho, aunque desde siempre andaba rondando muchas tardes por el estanco.

Se trata de la relación de unidad, de esa relación que somos, la única real, lo único real, de la que hablaremos abajo (que es el tema de Un Curso de milagros y Un Curso de amor, que son propuestas para alcanzar la conexión perfecta con esa relación que somos).

Es esa relación que alguna gente nos facilita más poder recordarla…, y quizá digamos que debido a que “son más ellos mismos”… o a que “están más consigo mismos”… integrados… abiertos y espontáneamente fieles a su “verdadero ser”… a ese que es uno con todo y en todo (que es mucho más que “un cuerpo”). Entonces, hay gente que es capaz de “facilitar” mejor a los demás esa Relación que realmente somos en unidad, y sin la cual no somos nada.

Simplemente ser.

Luego la acción, los cambios, vienen de ahí…, con espontaneidad —y podemos “mover montañas” :), aunque ahora eso no hace falta normalmente 🙂 .

Pero primero Ser…, compartir en relación y unidad…, pero de verdad, desde el amor al Sí Mismo, es decir, con verdadera confianza, honestidad… de las que hablaremos un poco abajo.

Quizá la mayoría de niños conservan bastante tiempo una buena sensibilidad ante ese acceso…, y, así, al revés de lo que hacemos de adultos, de niños la mayoría no cerramos “los canales” constantemente contra esta especie de pre-comunicación esencial que es esta Comunicación universal.

Abajo, para hablar de la relación de unidad, vamos a comentar algo en torno una frase maravillosa que se encuentra en UCDA. Os puede servir esta cita —así como todo este curso u otros— para “guerrear” en esa no-batalla que no hay que “luchar”… y que quizá ya alberguéis…, en esa “no-batalla” contra el falso sentido de “ser especiales” que es el EGO.

Este ego, como sabréis, “vive” de las comparaciones…, vive de juzgarlo todo por su cuenta… y de por tanto no ACEPTAR nada, no aceptando nada como “primer gesto básico”, ante cualquier cosa; vive del tiempo lineal, del conflicto no reconocido que todo el mundo alberga dentro entre su “ser ego” y su “verdadero ser”… (conflicto llamado “culpa”), o vive también de otorgarle realidad a las formas por encima de todo… etc.

Dicha frase es ahora nuestra preferida 🙂 , nuestro “mantra” preferido. Está al final del texto de UCDA (en 32.2), y la copio junto con otra un poco más abajo, aquí.

Pero antes vamos a comentar cosas un poco más sobre “valores”, continuando el primer texto; vamos prácticamente solo a invitar a leer el texto Conversaciones con Dios (CcD).

Si no habéis leído Relación I, hojead ahora un poco si podéis el tema “valores” ahí, en ese primer texto sobre “relación”.

Más sobre esos valores (cualidades de relación) que destruimos. Propuestas del futuro en “Conversaciones con Dios”

Gran parte de todas esas obviedades que en realidad queremos conseguir en nuestra civilización… conseguir “cambiarlas”… ya se nos habían ocurrido a los humanos (pues nunca estamos solos, sino muy inspirados)…, y vienen también contadas o resumidas en el célebre texto de CcD.

Son por ejemplo la obviedad acerca de “lo divinamente inspirada” que estuvo la Constitución política de los Estados Unidos, al crear un ambiente de paz más global con una federación de todos los estados, y que provocó que:

  • se pudieran eliminar los ejércitos locales,
  • hubiera más prosperidad y paz entre los miembros confederados; una vez unidos en algo más global, sus relaciones se basaron más en el comercio que en antiguas suspicacias interterritoriales de todo tipo… y que solo podían ser resueltas “por su cuenta”, es decir, por medio de las armas (a tiros).

En el mundo siempre se trata de en realidad sacar a la luz lo obvio… animarnos de mil y un modos a sacar a la luz “lo que es obvio”.

¿Qué más cosas son obvias aparte de este modelo de federación tan inspirado y que se exportará tarde o temprano al planeta, para todo el planeta…, en un gobierno mundial que consiga más paz local basada en el comercio, eliminando los ejércitos y los conflictos absurdos locales?

Por ejemplo, otra perspectiva de lo obvio (aparte de esta primera “perspectiva política” que mucha gente ya habrá subrayado pero que la voz interior en Neale Donald Walsch “reveló” como inspirada…)…, como hay tantas otras… es esta respecto a la figura de “los padres”:

  • que, tal y como están hoy las cosas, normalmente las personas menos indicadas y menos preparadas para criar o educar a un niño son precisamente sus PADRES.

Esto no quiere decir que vayamos a “quitar los hijos” a los padres…, sino que, tarde o temprano, haremos algo que “¡era obvio!” con todo esto… tomaremos medidas lógicas, vistas como de sentido común… ante algo tan obvio —recordar lo que decíamos de los valores, y cómo serían centrales para todo en el anterior artículo sobre el tema.

Es decir, haremos algo respecto a la administración de tiempos, lugares y recursos…, ya que “los padres” no dejan der ser unos “niños”, unos críos, hasta que como poco cumplen sus 50 años —e incluso la mayoría de personas nos quedamos sin “encontrarnos a nosotros mismos” toda la vida (o casi toda).

Esto nos lo cuenta así esa voz que habla en CcD, que es nuestra voz en Unidad, esa voz que, visto desde nuestra dimensión, viene a ser Dios o a representar a Dios, a todos los efectos… siendo Dios ese fragmento del absoluto, ese Dios interior, que todos tenemos dentro, “hablándonos”, guiándonos, continua y personalmente (por debajo de la voz cochambrosilla del ego).

Es decir, los padres, y hasta muy tarde en su vida, todavía están buscando su verdad…, y normalmente no pueden realmente enseñar lo que es verdaderamente importante a los hijos (los valores, por ósmosis), a nadie.

¿Buscar la verdad o su verdad? Sí, y esto sería lo más importante en nuestra historia personal y global… ya que esa sería la “necesidad” o el impulso universal, cósmico…, y sin el cual el universo ni siquiera existiría.

Es decir, sin el anhelo de Dios dentro y sin la aceptación progresiva de su guía en este mundo —su guía de bien, amor, verdad, bondad y belleza—, que todos tenemos dentro…, no habría ningún universo, no existiríamos, porque en realidad “somos Dios” —y Dios es.

Así que muy a menudo los padres o los acompañantes, en hogares de todo tipo, no están en absoluto por la labor de “educar”, es decir, no están sintonizados con el verdadero valor de lo que se traen entre manos —no como para poder enseñar nada “con el ejemplo”.

Pero claro, dicho esto… ¡que no nos sirva todo ello para “culpar” a nadie de nada… de nada “que haya hecho” o “no haya hecho”! ¡O que no nos sirva para seguir vibrando más y más en ese conflicto de baja o alta intensidad que es la experiencia constante de culpabilidad interior, y que por ejemplo nos hace constantemente proyectar esa culpa hacia el mundo, y en concreto a menudo hacia los padres y por casi todo lo ocurrido! ¡Claro!

Se trataría obviamente de por ejemplo apoyar la re-organización cuidadosa de los abuelos, los jubilados, las personas mayores desocupadas en general (viéndose así re-valorizados, queridos, en la sociedad). Ello provocaría obviamente una mayor dicha en todas esas personas y en los niños. Se organizarían en una educación basada con mucha precisión —y a la vez mucha alegría— en las cualidades de relación, los tan liberadores “valores”…, y en un proceso de institucionalización “progresivo” —es decir, cuidadoso y consciente de las condiciones de su propia evolución.

Pero… vivimos en la paradoja de que “el hogar” es de las “mejores” cosas que, de todos modos, “tiene” una civilización, pues… de hecho él es prácticamente “la civilización”… “es lo que hay”… es “la madre” de la civilización. El primitivismo de nuestra civilización depende obviamente en gran medida de cómo son los “hogares”.

Pero… de esto ya hablaremos más quizá aquí en posteriores textos sobre “la relación”… y gracias también a la inspiración que nos da esa gran revelación que por suerte tuvimos en el siglo XX… la del libro de Urantia. Con ella conseguiréis solucionar casi todas vuestras curiosidades más o menos “obvias” sobre casi todo lo esencial: sobre lo más importante, que es la gozosa carrera de ascensión espiritual en la que todos nos vemos metidos…, sobre el curioso papel del tipo de espíritu que encarnó en Jesús…, sobre los en general “mal” llamados “extraterrestres”…, sobre el “control superior” (super-control) de la evolución en los planetas…, etc.

Así que todo esto lo decíamos solo para contextualizar y para prepararnos para otros comentarios donde intentaremos decir más obviedades sobre el hogar… la civilización… la comprensión, el significado y los valores… las obviedades más obvias del mundo… esas que, una vez comenzamos a aceptar a Dios dentro nuestro… surgen sin problemas y para “alivio” y beneficio de todos, de ese “todo de todos” del que ahora hablaremos.

Recordamos que todos los textos con los que estamos “dialogando”… todas estas “transmisiones desde la unidad”, desde esa Unidad que somos —como los textos de Un Curso de milagros, Un Curso de amor, El libro de Urantia, Conversaciones con Dios, Seth, etc.— son textos que en gran parte simplemente nos sirven para dejar de negar lo obvio, para dejar de negar lo que vemos delante nuestro… y así poder pasar a “negarlo de verdad”, y, por tanto, a que se pueda disolver el miedo por sí solo, tras haberlo nosotros meramente sacado a la luz de nuestra “consciencia” que es realmente “solo” luz, solo amor.

Aunque… ya vale; no nos vamos a salir más del tema de la relación, tal y como lo íbamos a tratar en principio en esta segunda entrega.

Ahora lo hablamos de una forma digamos “abstracta”, pues, como decíamos, en el fondo somos como Dios (Dios nos hizo para crear con plena consciencia de ser creados y creadores eternos).

Dos citas, y esa Unidad que ya somos y que “hay que” alcanzar o crear de nuevo en la experiencia (cambiando completamente la percepción)

Las siguientes son las dos citas que nos llevan completamente hacia algo menos concreto, pues como decíamos arriba, en realidad, de cierta manera… cada uno SOMOS TODO:

«La forma en que vives la relación con cada aspecto de la creación es diferente no obstante la unidad de la creación. Es en la diferente relación de un aspecto de la creación con TODO el resto donde existe esa diferencia que aprecias como tu condición única. Y sólo allí. Sólo en la relación eres únicamente tú. La relación es lo único que existe. Pues el Amor es relación.» (las mayúsculas en “TODO” son añadidas para esta cita, no aparecen en la versión original ni en la traducción)

Para hacer más vivo el contexto en el que estamos hablando, tenemos esta otra cita del mismo curso:

«27.11 […] Así como puedes mirar a tu alrededor y ver que no hay dos cuerpos iguales en esta tierra, el Ser que tú eres es un Ser único. Un Ser de relación no implica que ese Ser sea igual a todos los demás. Pero sí implica un Ser que es integral a todos los demás. Tú importas, e importas como parte interactiva de la relación que es la vida. Ya estás completo como quien eres. Todo se completa en unidad. En la separación meramente luchas por todo lo que ya es tuyo en unidad. Relación es unidad, y la relación es tu estado natural; es quien eres.»

Es decir, lo que nos hace “especiales” no es que con cierta cosa o con cierta persona mantengamos una “relación única”… sino que lo que es “único” en nosotros es la capacidad de reflejar nuestra relación con TODO, con la Unidad…, en cada situación, pues lo único que hay “especial” o “único” es nuestra propia y PARTICULAR relación, pero CON TODO otro aspecto de la creación.

Lo “especial” en nosotros es que nos relacionamos de una manera única, pero con TODO.

De nosotros depende por tanto que las relaciones no sean “especiales en el sentido ego”, es decir, que las relaciones puedan reflejar nuestro Ser: esa relación única con TODO que YA somos y que venimos aquí para “ir recordando”.

Normalmente las relaciones son “especiales en el sentido ego”, pues ahí ponemos en juego nuestros pensamientos, pensamos en el sentido ego… en vez de reflejar o “dejar ser” ese Pensamiento de Dios que ya somos…, en vez de dejar ser la relación única con TODO que cada uno somos… para que así ésta se pueda reflejar en la situación o relación en cuestión —con otra persona, etc.

Como sabemos, nuestros pensamientos no significan nada, vienen del pasado ficticio del ego, de las meras creencias, que en realidad son todas falsas.

Somos un aspecto de la creación. Nuestra vida realmente se sustenta en el hecho de “depender” de TODO el resto… de que ya SOMOS en y con todo el resto de la creación.

Pero cada cual se relaciona a su manera con TODO el resto —”en” todo el resto.

Traigamos ahora una cita de Los Tratados (II.7.5):

«El que existas en una relación con todos es una creencia que ahora debes incorporar a tu vida.»

Somos pues una “manera”, somos un modo de esa relación única que paradójicamente es a la vez una y múltiple —la relación llamada “sagrada”, “santa”, en Un Curso de milagros y también en Un Curso de amor.

Así, la “unidad de la creación” está de cierto modo “conociéndose a sí misma” —o “experimentándose a sí misma” al re-crearse.

Mientras tanto, y mediante de las relaciones, nosotros re-conocemos nuestro “ser único”.

Este “ser único” es la relación sagrada que somos cada cual a su modo, pero todos igualmente relacionados con todos.

Por eso parece que nos descubrimos “a nosotros mismos” (en realidad, como dijimos: nos re-creamos) cuando alguien delante nos descubre la relación de Unidad… cuando alguien hace de “maestro”.

Todo esto podríamos decir que es “el truco” de eso que llamamos “personalidad”, como dispositivo experiencial de la unidad; ejercemos como “personas”, como “personalidades”, por el universo y los universos en sus diferentes etapas, grados —en la ascensión eterna, universal, ascendiendo con la experiencia personal.

Entonces, como decíamos, es lógico que aquí tengamos la experiencia de que nos “conocemos” a nosotros mismos (de que nos sentimos más paradójicamente “plenos” o “en nosotros mismos”) cuando somos seres activamente relacionales, mediante las relaciones…, a través de la relación…, que es el gran tema de este curso de amor (explícitamente tratado en el capítulo de “La relación” y en el de “La intersección”, así como en muchos otros lugares, y también en Los Tratados y Los Diálogos del curso).

Y en realidad, insistamos: más que “auto-conocernos”, o “descubrirnos”, lo que hacemos es “crearnos de nuevo” (como tanto insiste en decir el texto de “Conversaciones con Dios” o también este “Un Curso de amor”): creamos de nuevo el mundo/nosotros. Es decir, nos creamos y recreamos constantemente de nuevo, así como “extrayendo” de ese aparente potencial que sería ese nuestro “ser paradójico”, ese ser paradójicamente “compartido” del…: “ya estamos relacionados con TODOS los demás aspectos de la creación”, y realmente SOMOS esa relación “global”, cada uno de una manera única.

Así, nuestra “singularidad” no proviene de NUESTROS pensamientos, de nuestras propias imaginaciones sobre lo que hicimos, haremos, somos, fuimos, seremos… o de lo que son los demás o lo demás… sino que proviene del “ser real”, es decir, de la relación en y con la unidad.

Aquí venimos a aceptar nuestra singularidad en este sentido amplio.

Esa relación solo puede expresarse en las relaciones mundanas… y por eso éstas son también todas “sagradas”. Por tanto, las “relaciones especiales” son una ilusión, en cierto sentido no existen; solo son algo a englobar en nuestro yo espacioso y para simplemente albergar su “nada”, reforzando alegremente solamente ese “todo” que cada uno ya es… en verdadero beneficio de todos.

Entonces, repasemos:

  • se está en relación con TODOS los demás aspectos de la creación;
  • y lógicamente también “los demás” seres están igualmente relacionados con TODOS los aspectos de la creación. Todo es Uno y todo está interrelacionado así, en la “paradoja divina” que consiste en que,
  • y TODOS somos “únicos” pero “solamente” por el hecho (el único hecho) de estar relacionados con TODO de una forma única, para cada uno.

Dicho de otra manera, ¿qué nos “distingue” —pero sin realmente diferenciarnos? ¿Qué nos “singulariza” o “individúa”, pero sin “individualizarnos”? :

  • el hecho de que esta relación tan “global” sea una relación diferente para cada cual
  • y el de que solo en la relación única con TODO somos verdaderamente nosotros, y no en nuestra relación aparentemente “única” con un aspecto o una persona (que sería “individualizador”, no “individuante”).

¿Nos “falta” algo? Podemos comenzar a hablar de la diferencia entre Dios y nosotros

Obviamente, aquí falta algo.

Leamos el comienzo de la primera cita:

«La forma en que vives la relación con cada aspecto de la creación es diferente no obstante la unidad de la creación».

Tal diferencia tendría que ver con la diferencia entre nosotros y Dios.

Dicha diferencia es en realidad “motora”, vital, y es nuestro camino espiritual, el de nuestra personalidad… con diversos tipos de cuerpos… con miles de tipos de cuerpos y de formas que albergaremos en el futuro dentro de nuestra mente, de nuestro yo espacioso… en el proceso de ampliación de la experiencia, dentro de los procesos de evolución que llamamos “alma”.

Y de lo que se trataría es de en cierto modo precisamente “solventar” esa diferencia… llevar a cabo todo el rato ese “viaje sin distancia” o “a ninguna parte” que es el regreso al Ser, a Dios —que siempre conlleva crecimiento, incluso más allá de “cumplir” con tal “regreso”, y teniendo en cuenta que el “tiempo lineal” no es lo real.

Así que estamos en parte solventando tal diferencia mientras…:

  • crecemos espiritualmente” ,
  • y así, al mismo tiempo, re-creamos ¡al propio Dios!

Dios, de cierto modo, “goza” (si queréis verlo así: más o menos “indirectamente”) con la gloria ascendente experimentada por sus creaciones. Y de hecho a su vez ese es el propósito de Dios para nosotros: experimentar cada vez más gloria.

Así, a la vez, una “parte” de Dios de cierto modo “cambia”. Y esa es nuestra “creación final gloriosa”, la cual parece ser que realmente también en un momento dado nos “servirá” para cosas que no conocemos, en una historia sin fin, pues realmente no existe ningún final y siempre hay nuevos principios en sorprendentes transformaciones.

Pues bien, insistamos, en los textos con los que dialogamos —o los libros de Eckhart Tolle, Michael Brown y otros superventas— se nos está invitando siempre a lo mismo: “entrenarnos” para la experiencia sensible de la Unidad, para irnos desbloqueando y ser en unidad y relación…, y, por tanto, para re-crearnos constantemente “de nuevo” y sentir y actuar desde el YA SOMOS.

¿Ya somos qué? Ya somos abundancia, alegría, paz… cosas que ya “éramos” por toda la eternidad.

Esa relación global que ya somos no se puede “usar”, sino que podemos ponernos digamos que “a su servicio”, y ella nos “sirve” (nos sirve nuestro verdadero ser).

Lo que somos es, por ahora, básicamente “servicio”: el “servicio de Dios”, “de Dios” y “a Dios”.

Pero, poco a poco, en nuestra carrera de ascensión por el multiverso, todo esto se transforma desde el “servicio” hacia el simple SER… en el proceso de ir incorporando más y más experiencia siempre conservando sin ningún problema esa particular “relación de Unidad” que ya somos.

En UCDA se habla mucho de servicio, y para cerrar por ahora puede servirnos esta cita:

  • « 29.16. […] La vida existe al servicio de sí misma. Lo cual también podría decirse de esta manera: la vida existe en relación. La relación es la interacción dentro de la cual tiene lugar el servicio. El reemplazo de la idea de servicio por la idea de uso condujo a la existencia de relaciones especiales. La idea de uso creó toda idea de esfuerzo y fatiga como único medio de satisfacer las necesidades. La idea de uso creó toda noción de desconfianza, comenzando por tus ideas acerca de usar el mismo cuerpo que llamas hogar, en vez de dejar que esté a tu servicio.»

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«…la relación es el mayor regalo que Dios se hizo a sí mismo. Y, de igual modo, es el mayor regalo que Dios os ha hecho.»
Conversaciones con Dios I.35:

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* aunque ¡cuidado!, ¡no nos apresuremos ahora necesariamente fundando “nuevos hogares”… teniendo nuevos hijos! :)… que nadie es “culpable” de nada… nadie es culpable “si no hace nada” 🙂 … si por ejemplo no establece, inmediatamente, un hogar “como Dios manda”! 🙂 .

Y es que…, como bien sabemos, no hay en el fondo “deberes”… no hay que hacer nada “desde la culpa”, siendo este sentimiento tan sutil y universalmente compartido un mero conflicto interior, que no nos deja ser nosotros mismos. Por eso decimos que “no hay que hacer nada”, como sabéis: porque normalmente actuamos desde el conflicto interior no reconocido.

Ese sentimiento es el normalmente está detrás de casi todos nuestros deseos de complacer: siendo buenos…, teniendo hijos…, “haciendo el amor” (relaciones sexuales), trabajando para “ganarse la vida”… etc.

No hay obligaciones morales, “imperativos morales”… sino es el de cuidar de nuestra propia esencia, esa que nos permite “buenas relaciones” con nosotros mismos primero, y con los demás y lo demás; ese cuidado que nos permite alimentar la propia experiencia de la Presencia, para poder actuar desde la pacífica alegría de ese “lugar”.

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