Curar: la negación y la Aceptación… el abrazo del yo espacioso. Un Curso de amor, Un Curso de milagros…   Leave a comment

Mari Perron (Un Curso de amor) y una amiga (supongo) :)

Mari Perron (a la derecha, según creo. Recibió el texto de Un Curso de amor) y a la izquierda una amiga —supongo 🙂

Si uno/a, verdaderamente, sólo creyera que la enfermedad es lo REAL…, digamos que no podríamos curar a nadie.

Por eso, podemos hablar de “negar la enfermedad”.

Diciéndolo así, si eres por ejemplo un sanador/a…, estás “negando” la enfermedad.

Curar es negar en este sentido, ya que aceptas el ALGO MÁS GRANDE, dentro de ti…, algo que consigue “negar”, en el buen sentido, el “hecho” de la enfermedad.

Ese es el regalo de ver la relación sagrada que realmente somos todos. Lo ves y lo vemos como regalo para quien tenemos delante, pero primero para nosotros.

Hay algo en nosotros, esa “chispa”…, que en ciertos momentos puede despuntar, muchas veces inadvertidamente.

Con tal chispa nos recordamos, rememoramos nuestro verdadero ser: es decir, el que seamos UNO… uno con eso que tenemos delante y con todo, a la vez.

Una vez que estamos “instalados” en esa visión… visión que engloba todos esos aspectos oscuros —la oscuridad, la ilusión, la enfermedad…— dichos aspectos se quedan casi “en nada” —en realidad pareciendo realmente nada.

Somos pues el color blanco, el que suma todos los colores —como aparece dicho en la voz que habla en N. D. Walsch (en Conversaciones con Dios).

Por tanto, la “luz” hace que la enfermedad sea una “nada”; la niega, pero “englobándola”… y ya no nos la creemos*.

Es como cuando a los pacientes, a veces, les llega un momento en que, según parece, realmente ya no sufren. Desde fuera a veces la gente sigue queriendo ver y creer que están sufriendo, pero ya no es así. El paciente está tan pancho, mientras los demás vibran con la creencia o “idea” falsa, la de la separación-miedo… la de la preocupación en vez de la preparación en el interior para poder responder “con luz” en la situación.

El paciente ya tiene la certeza de que él ES…, la certeza que en sí ÉL es… desde su yo espacioso (una “percepción” literal, un conocimiento práctico y vivo de su verdadero ser, espacioso). El paciente tiene la certeza de que él no es su cuerpo… de que su cuerpo era solo para jugar, y que por tanto “no era para tanto”.

Los pacientes, o la gente a veces en un campo de concentración, o nosotros en cualquier momento más o menos “bueno” o “malo”… podemos tener esa experiencia y unirnos con nuestro “yo espacioso”, con el “estado mariposa”, por así decirlo (no el estado de “orugas”, en el que normalmente estamos).

Desde “la mariposa”…, toda “sombra”, todo miedo, todo fantasma (todo cuerpo en general, pues los cuerpos al final son solo sombras-juegos, sombras chinescas de luz densa)… todo cuerpo… quedará abrazado…, de cierto modo incluido en el espacio…, si estamos dispuestos a seguir a ese yo espacioso que somos, en sus sentimientos-pensamientos… en ese espacio desde el cual en realidad “proyectamos” este espectáculo grandioso —espectáculo que queda como “englobado” dentro nuestro, en nuestro verdadero ser.

Todo cuerpo, y toda consecuencia reflejada en ese cuerpo (enfermedad, etc.) pasa a sentirse como “debe” sentirse… si es que hemos recordado quiénes somos. Es decir, se sentirá dentro del “contexto” más amplio de aquel yo espacioso, donde realmente la nada es “nada” porque NOSOTROS LO SOMOS TODO —no carecemos de nada, somos uno con Dios, con el “Amor cohesivo”…, en la plena realización, en la co-creación alegre, pacífica, eterna…, de todo lo que es real.

Esta “percepción” o “viaje” repentino hacia el yo espacioso… el de cada cual…, que, en último término, estaría “en Unidad con todo”… esta experiencia se me dio fugazmente hace dos años y pico más o menos…, pero ya digo que de una forma muy breve, sorpresiva…, y solo estando un poco parado, en un momento que no sé si se podría contextualizar diciendo que “los guardianes” que nos cuidan más o menos personalmente tuvieron a bien decidir mostrarme “la mariposa”.

Guardo en la memoria esa experiencia como una “clave”, junto a alguna cosa más. Y luego, con el tiempo, ha sido maravilloso ver que realmente las cosas me dirigían a empezar a entender de cierto modo “lo que pasa”… a empezar siquiera a “comprender” tal experiencia…, a empezar tímidamente a comprender el posible “papel”, por así decirlo, de ésta u otras.

Y es que en Un Curso de amor tenemos la descripción o el viaje explícito hacia estas cosas (yo espacioso, etc.), en alguna medida… al final.

Por tanto, el viaje es hacia la aceptación de “todo”… para poder aceptar nuestro yo en la Unidad… desde donde seguiremos siendo personales… yoes personales… pero en la “elevación” de la forma —y ya no perdiendo nunca más la consciencia de nuestra eternidad, de Dios.

Así que allá que vamos.

En esa metáfora… la separación de los colores no era nada…, y, lo que disfrutábamos, viéndolos,… y jugando con ellos y con todo el resto en el mundo de las formas… todo ese disfrute… apuntaba al TODO… dependía de que en realidad nosotros SOMOS el TODO, el Blanco —somos de cierto modo “la eternidad jugando”.

Así, la separación sentida con respecto a nuestros cuerpos y los de los demás…, o nuestras enfermedades… todo eso… no era nada… era como el juego de distinción de colores que o bien disfrutábamos o bien “penábamos”… pero solo porque ya éramos Dios.

Por tanto es la separación lo que NEGAMOS, en principio, solo si queremos recordar realmente nuestro verdadero ser.

Y finalmente, la negaremos tarde o temprano…, pues la experiencia se va ampliando para re-conectar con nuestro ser…, y la separación no dura por siempre.

Lo que sí dura por siempre es nuestra gloria… la expansión eterna y gloriosa de nuestra consciencia…, que iremos experimentando con tipos de experiencias que estamos muy lejos de poder imaginar.

Esta “ascensión” parece que es la ley verdaderamente natural: ascensión eterna en gloria… más más más, siempre más y más… siempre ganancias —contra todo pronóstico egoico… contra todo lo que quizá puede habernos parecido, cuando aún estamos mayormente en estado oruga o incluso agusanados 🙂 .

Lo queramos o no, somos Dios…, Amor… somos TODO…, somos el Blanco.

Sí que “parecemos” los colores…, pero más bien, los colores nos los dábamos como un juego en el que en realidad no teníamos por qué identificarnos en tan gran medida con las diferencias… pues no somos los creadores de la “esencia de luz” que da pie a jugar, siendo tantos y tantos tipos de seres trinos (de espíritus “con” cuerpo y mente).

Entonces no soy yo (mi mini-yo, el ego)… quien puede “negar” la sombra, la enfermedad, la oscuridad…, sino la luz en mí es quien lo hace de forma natural —sacando “oro” de donde parecía que no había nada.

Quien “actúa” es pues ese Todo que somos. Lo que en realidad siempre actúa sería el “Cristo”, como dice UCDM, el Cristo en ti… en nosotros… que es quien ve “lo real”, cuando dejamos que eso suceda.

Y, si somos un humano catalogado de sanador/a… se supone que “haremos” ya, muchas veces, y lo queramos o no…, lo siguiente que ahora describimos así…, y que “hacemos” cuando nos guían hacia pedir/co-observar/co-pedir/co-recibir/realizar… esos milagros que “nos toque” ver, en ese momento.

Solo es cuestión de cómo queramos hablarlo, describirlo.

Es pues “negación”, en el sentido del curso de milagros. Es Aceptación, con mayúsculas, de nuestro ser.

No podemos aceptar que la oscuridad sea real. La oscuridad queda englobada, en su “nada”, dentro de la luz que somos.

Y esto no conlleva ningunear nada ni a nadie…, sino lo contrario; supone abrazar todo al ser, o recordar, esa “sustancia” creadora que somos; es recordar que somos “Hijos de Dios”, es decir, creadores como él, creados a su imagen y semejanza, es decir, como creadores en plena libertad.

Abrazamos todo lo que aparece, sí, pero no somos nosotros “con el ego” quien lo hace, sino que tenemos que primero negarnos como egos, purificarnos, negarnos como seres separado)… viendo así que el juego de la separación en realidad “no era nada”, o que era una “nada” que, al ser “negada” —en el buen sentido de “negar”—, accedemos a nuestro ser.

El hecho de “negar” esa nada es lo que nos permite aceptar “el todo”…, aceptar la esencia común entre lo que creemos ver delante… y nosotros.

Por eso, paradójicamente, esa negación es la antesala o casi “lo mismo” que la Aceptación, con mayúsculas.

Solo nuestro “ser de luz” es real.

El cuerpo va y viene… sombras chinescas.

Y nuestro yo espacioso es la conexión…, es la relación que une todo; está conectado a “lo eterno”, co-creando desde ahí.

Parece que tarde o temprano todos “depuraremos” nuestra percepción… para poder ir creando un mundo nuevo, de forma digamos que cada vez más “globalmente sintonizada” con nuestro “ser eterno” —con lo verdaderamente real, con la RELACIÓN única que tenemos en todo y con TODO.

Por eso nuestra sanación —esa digamos… “global”— será una Aceptación de todo lo que tenemos “delante”…, pero solo de LO QUE ES; es decir, negamos por ejemplo “la enfermedad”.

Por ejemplo, en un hospital ante enfermos graves: no estamos tan “locos” como sí que lo está quizá todo el resto de acompañantes o familiares del enfermo —que sí que creen a pies juntillas en la enfermedad.

Nosotros (u otros familiares y amigos… o incluso a veces algún médico/a y enfermeros/as)… nosotros… podemos a veces encender “la chispa”, en algún instante… y entonces, aunque desde fuera sigamos pareciendo igual de dementes y “macabros” que el resto de personas… y también siga pareciendo que “nos creemos la película” (pues casi siempre seguiremos mostrándonos bondadosos, normales, amables)… sin embargo, POR DENTRO, nosotros sí lo NEGAMOS, pues hemos “aprendido”, quizá mucho antes, a negar la oscuridad con nuestra luz, disimuladamente… por el bien del Todo que todos somos en Unidad, en la verdadera relación, en la relación sagrada o santa —que realmente somos y nos da “la vida”.

Esta “negación” es pues lo mismo, paradójicamente, que la Aceptación de la enfermedad…, que Aceptar la situación pero EN SU VERDAD…, Aceptando LO QUE ES, solo lo que es…, aceptando la Consciencia que somos… el abrazo invisible creador… abrazando la enfermedad dentro de ese abrazo… y al enfermo con ello y en su verdadero ser… que es el mismo SER que el nuestro…, que así en ese momento podemos recordar para todos… ese ser que es el único ser real…, la relación, la relación santa o sagrada… el ser que no sabe de “oscuridad” si no es para “verla” como una parte abrazada, sin importancia, y que solo sirve para jugar a estar separados (lo cual es realmente imposible y no lo estuvimos nunca).

____
* en el espacio de la certeza no hay creencias, y la enfermedad es resultado de una idea falsa, la de “separación”; solo somos una mente, una sola mente… unida en Dios-Diosa-Amor… y las ideas no abandonan su fuente…, es decir, las consecuencias son falsas… todas… sin remedio…, y no abandonaron su “causa falsa”… por muy real que parezca cualquier cosa.

Al estar unidos con la mente de nuestro hermano delante podemos elegir para nosotros no ver oscuridad, negarla en el buen sentido… llevando pues a una situación de sanación posible, que puede o no dar resultado en el momento, si está en el “plan”.

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