El lenguaje de la Vida (el lenguaje de “Dios”): funcionalidad, adaptabilidad y sostenibilidad. El mal. El ciclo de la creación. Principio y proceso   Leave a comment

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Portada del texto “Conversaciones con Dios”

Índice:

– El lenguaje de la Vida
– El ciclo de la creación
– ¿Qué hacer? Principio y proceso
– Parte de “la solución”

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El lenguaje de la Vida

Antes de seguir con el tema de la Relación, etc., vamos a reinventar de la manera más simple que podamos el modo en que hablamos (siempre extrayendo y digiriendo cosas de los textos de los que hablamos —ver columna izquierda).

Esto nos servirá para acompañar nuestra charla sobre las “cualidades de relación”, o podríamos decir “valores”…, que incubamos “bien” o “mal”, es decir, con continuidad-fidelidad…, con verdad-visibilidad…, desde la infancia (“valores” de consciencia-confianza, honestidad, responsabilidad).

Así vamos a ir teniendo un primer vocabulario guía muy básico con el que realizar por ejemplo la serie sobre la Relación, y en general para ayudarnos a eliminar las distorsiones de los conceptos en esta civilización primitiva —”primitiva” por estar basada en el principio de la separación, y sus principios derivados o compañeros (“no hay suficiente”, etc.).

Lo que vamos a hablar se comenta más o menos así en otro texto de la serie de Conversaciones con Dios (CcD), titulado “Las nuevas revelaciones”, que invitamos aquí a leer, junto con el resto (los cuatro disponibles en internet en varios idiomas).

Al parecer sería lógico imaginarse que viviremos colectivamente en la Tierra una progresiva ascensión, en cierto progreso integral, para todos los ámbitos “como uno solo” (y quien lo vaya eligiendo así). Algunos viviremos eso en el “futuro” (ilusorio) de este planeta, en alguna vida “futura”… pero siempre, parece, a partir de esta civilización actual tan primitiva.

El progreso real en unificación va a ser reflejado en “palabras”, en conceptos, que irán sustituyendo “la antigua forma de pensar” (esa que se está demoliendo hoy con ayuda de la espiritualidad en general y de lo que ésta impregna las vidas de cualquier ser, haga lo que haga).

Iremos creando “un mundo nuevo” a partir de nuestro “compartir en unidad”, en relación.

Y esto ya se va dando muy explícitamente por ejemplo a veces en la creación de pequeños grupos a nivel de cierta política alternativa, más allá de la familia o incluso de los amigos…, donde incluso, de forma graciosa, a veces tenemos que aprender la “dura lección” de “tener que” compartir con aquellos que “nos caen mal”… que no son “amigos”… o “de nuestra familia”, etc. 🙂 (aprendiendo pues a “perdonar” en contextos de fuerte exposición pública del ser).

En parte puede que estemos “destinados”, en ese futuro en paz, a organizarnos en pequeños grupos, que van subiendo de escala de forma sostenible y comunicada en lo esencial con todo y todos… hasta llegar a la escala del planeta y más allá, pasando por unas “naciones” completamente transformadas —sin ejército, etc.

La sustitución del vocabulario… sería algo así:

— lo “moral” será sustituida por la FUNCIONALIDAD (lo que nos sirve o no nos sirve, funciona o no, para poder expresar nuestra elección más “elevada”. Ahora comentamos más sobre ello)
— la justicia será sustituida progresivamente por la ADAPTABILIDAD,
— y la propiedad, por la SOSTENIBILIDAD.

El tema de lo “moral”, la visión “antigua” sobre lo moral, está siendo “disuelta” por todos los frentes.

Y esto no tiene por qué terminar con un retroceso generalizado, pues lo “moral” incluía un sentido de obligación, de deber, que…, si queremos realmente estar en paz y elevarnos…, es inútil. Nada nos sirve, a la larga, si lo realizamos obligados… con sensación de “realmente, no lo quería hacer” —o no lo quiero hacer del todo, no del todo.

“Lo moral” implica un modelo de aprendizaje para los individuos mediante unas relaciones donde, podríamos decir, no somos “auténticos”. De hecho el patrón de aprendizaje en sí, el hecho de aprender desde la creencia de que “nos falta algo”… ya contiene una importante inautenticidad de base.

Pero, la gente, podemos plenamente asimilar o asumir un sentido muy básico del “deber”, un “previo al deber”…, constatando y sintiendo durante toda la vida qué es “LO MEJOR PARA TODO/TODOS” —y esto desde la educación más temprana… en “valores” fundamentales (consciencia-confianza, honestidad, responsabilidad —sin “culpa”).

Aprenderemos a sentirnos muy directamente en conexión con “lo que es mejor para todos”, y así, no hará falta que nadie nos diga desde fuera qué es lo que “debemos” hacer, pues siempre nos resultará tan obvio como por ejemplo en el caso del burdo asesinato, ya que en este normalmente todo el mundo entiende que no es precisamente “lo mejor para todos” andar por ahí matando por matar.

Y es que no hace falta pasarlo mal, pues no hay escasez real de nada, no estamos separados de la Fuente de todo…, desde la cual y con la cual creamos y crearemos todo esto que estamos viendo “elevarse”.

Así, tenemos este cambio de “moralidad” a “funcionalidad”.

Simplemente nosotros sentiremos y elegiremos a cada paso la que sea la versión más grandiosa de la idea más elevada sobre nosotros mismos.

Y sabremos (sentiremos) cada vez mejor, y juntos, qué cosas funcionan o no para expresar o ser esa versión.

Luego, la justicia se sustituye por tanto por la adaptabilidad, es decir, por la consideración de los ajustes necesarios para conseguir unas mejores condiciones donde expresarnos en función de lo que hemos elegido ser: paz, amor, alegría, realización.

Lo “justo” es nada más y nada menos que lo que nos sirve o no nos sirve a la hora de poder expresar nuestro “ser más elevado”.

Entonces, la propiedad, la idea de tener en propiedad, se sustituirá por la de administrar, cuidar… sosteniblemente, es decir, por:
— la administración de la sostenibilidad
— de los ajustes de adaptabilidad con que habíamos sustituido la “justicia”,
— en el marco de aquella “funcionalidad” que sustituía lo “moral”.

Digamos que el trío antiguo, el de “moral-justicia-propiedad”, aunque todavía vaya a parecer que lo seguimos utilizando… rimaba con el contexto primitivo, es decir, con el actual.

Hoy parece reinar, soberana, esa culpabilidad inconsciente que se expresa constantemente en la necesidad de “culpar a lo de fuera”… proyectando… antes que abrazando y haciéndonos cargo de nuestros propios sentimientos.

Así, este contexto primitivo está cargado de esa “violencia interior”, por decirlo rápido… esa violencia que supone mantener, dentro nuestro, en nuestra mente individual y colectiva, todos esos principios-guía de la separación, de la escasez… que derivan de aquel conflicto interior inconsciente generalizado que se llama “culpabilidad” —por ejemplo en Un Curso de milagros.

Se trata, por tanto, de todas esas cargas de “lo viejo”, de las cargas con las cuales “disparamos” o proyectamos este mundo (la distorsión que llamamos Ego) que fluye desde nosotros para representarnos ahí “fuera”, enfrente…, nuestra miserable “verdad”, es decir, la miserable verdad “interior”, la que queremos albergar en nuestras mentes (estamos separados, no hay suficiente…).

En general, se podría decir que tenemos lo que realmente queremos.

Un “criminal” que por ejemplo asesina no es alguien o algo “malo” en sí.

Ocurre, simplemente, que él tiene en su mente un “modelo de mundo” y lo elige más o menos conscientemente (de lo que es correcto o incorrecto), un modelo… que no se ajusta nada bien a lo que la mayoría de nosotros, como sociedad e individuos, ya hemos declarado que “funciona”, que es “funcional”, es decir: que nos sirve para expresar en parte “nuestra mejor esencia” (la versión más grandiosa de la idea más elevada sobre nosotros mismos).

El acto del criminal expresa, pues, un “modelo de mundo” o de “ser” que no se ajusta para nada a lo que ya hemos decidido Ser.

El criminal, en ese digamos “momento equivocado”, expresa una elección interior, y lo hace de una manera que es incluso inferior a muchas de esas maneras también a menudo atroces que contiene esta sociedad y sus instituciones.

Hemos decidido ser seres que “respetan la vida”. Con esto vemos, por tanto, que nuestra sociedad planta tímidas “semillas” que intentan reflejar nuestra progresiva y potencial “salida del primitivismo”… ya que, aun siendo este contexto social algo tan increíblemente primitivo y atroz… existen innumerables cosas y cuidados que quieren reflejar cierto crecimiento ético evolutivo (siempre hay que ver sobre todo “lo bueno” 🙂 , ya que hay mucho, por cierto 🙂 ).

Y la clave es la elección, como veremos, pues la pregunta sobre “lo moral” hemos visto que se irá transformando en la pregunta sobre la funcionalidad de algo: si eso que hacemos nos sirve o no nos sirve para representar o implementar eso que hemos DECIDIDO SER.

Y todo esto no implica cuestiones de “culpa”, por tanto, ya que si desechamos algo no es porque lo condenemos interiormente…, no es por ese ingrediente “de más” que es el juicio, la opinión sobrante del juicio condenatorio.

Si desechamos algo, si lo desechamos “personalmente” (con el Yo personal), de una forma “sentida por uno mismo” o pensada por uno mismo en libertad… es porque simplemente vemos “lo que es”, y vemos al mismo tiempo si con ello estamos o no expresando nuestro Ser —nuestra elección respecto a “qué queremos ser”.

Así que como siempre está la clave de la decisión: del poder invocar y cultivar la elección personal, y desde el principio de la vida…, la elección sobre quiénes hemos decidido ser, para poder cultivar y ahondar bien la consciencia de ese ser desde la infancia (en la sociedad “futura” evolucionada).

La decisión es el… “¿y tú que piensas, cómo eliges definirte respecto a esto o aquello?” “¿Qué eliges?”

Es decir, la clave es cultivar la esfera de la elección desde muy temprano, en todas las situaciones en que se pueda, empezando por los niños; ellos, como se dice en CcD, aprenderán, aprenderemos, muchos menos “hechos”.

Con nuestro actual aprendizaje fatalmente centrado en hechos “objetivos”, en realidad nos programamos para no aprender a “pensar por nosotros mismos”, a que sean otros quienes manufacturen “cómo vemos” el mundo, los supuestos “hechos”.

De esto hablábamos ya cuando empezamos a sugerir que todo se puede estructurar en torno a conceptos o “valores” como consciencia-confianza, honestidad y responsabilidad.

Para realmente progresar como sociedad debemos establecer claramente ese “proceso de la Consciencia” del que hablábamos y del que habla CcD, cultivando la motivación, desde la infancia, para:
— tomar consciencia confiadamente…, observando lo que tenemos delante, “lo que es”…, cultivando así la visibilidad de “lo que es”, tal y como es (cultivando pues la verdad como visibilidad…, transparencia),
— para así poder asumir con honestidad nuestra participación en ello,
— y asumir la responsabilidad de las consecuencias, efectos, etc.… y la necesidad de tomar o no medidas —paliativas, preventivas o curativas.

Es lo mismo tanto a nivel social como individual (si somos “bien educados” desde una temprana edad progresivamente no hará prácticamente falta un “Gobierno”; aunque nos queda mucho, a nivel colectivo, para ver esto manifestado en este planeta).

Volviendo al criminal…

Así que todo depende de la desintegración personal que se muestre ahí “fuera”, en las tan aparentemente inmensas e intransformables instituciones, actividades y acontecimientos en general.

Así, el criminal es uno de tantos que están reflejando ahí “fuera” algo, y para todos nosotros: el que todos aún elegimos interiormente el principio mental de la separación.

Mientras no nos curemos “dentro”, todos, siempre habrá actos que nos tentarán para que los condenemos… y, por tanto, para seguir en la rueda que paradójicamente fabrica lo que dice que no quiere.

Pues recordemos que todo se fabrica desde la mente, y si reforzamos el pensamiento de separación (de estar separados de ese criminal, por ejemplo), seguimos reforzando lo que permite y alienta la existencia de tales criminales: nuestros pensamientos de separación y escasez: MIEDO.

Así, terminaremos no condenando casi ninguna cosa, no interiormente. En vez de ello tendremos una actitud esencial de “perdón” —expresada aquí en el “trío operativo”: funcionalidad, adaptabilidad y sostenibilidad.

Pero, mientras tanto, mientras que llegamos a alojar un verdadero perdón interior de todo dentro de todas nuestras mentes… siempre habrá algún tipo de regulación o gobierno social, más o menos similar al actual. Éste aún no sería el ideal, el futuro “gobierno mínimo”, aquel que existirá en una sociedad mundial única y muy evolucionada… una vez la establezcamos en el planeta dentro de eso que podemos llamar etapa de “luz y vida” (como es llamada en la revelación monumental del libro de Urantia).

A su modo, entonces, el criminal digamos que le hace una especie de “servicio” a la sociedad, a esta sociedad tan “criminal” y primitiva.

El criminal nos muestra (y estos textos que comentamos de CcD lo ejemplifican respecto al “criminal Hitler”)… nos muestra… un parámetro, un criterio de medida “contra” el cual medimos nuestra elección, o el marco de nuestras elecciones.

El criminal muestra “fuera” lo que en general aún tenemos dentro, en la mente. Es un “maestro” digamos “realista” que muestra qué es lo que realmente tiene la mente humana.

Muestra el principio de la separación, el de: “o bien gana uno, o bien gana el otro”. Este principio le permitía pensar, y nos permite pensar aún, que por ejemplo, en su caso, matando judíos y otras personas (en general, luchando contra el bien de otro para hacer triunfar el bien de uno mismo)…, él y Alemania GANABAN algo frente al asesinado, que, a su vez, PERDÍA algo.

En realidad, si no ganamos todos, perdemos todos… cosa que tenemos que aprender desde pequeñitos para que nos sea más y más fácil.

Estamos rodeados de “gestos egoicos” que dicen, con más o menos disimule, más o menos “institucionalizados”…: “si YO gano, alguien pierde…, y por tanto debo pisar a los demás para ser YO mismo”.

Así que todo es lo mismo porque lo que en realidad ocurre siempre es que o bien ganamos todos, o bien perdemos todos —con cualquier acto o pensamiento.

Y ahora volvemos un poco atrás.

Entonces, esa adaptabilidad que sustituye a la justicia decíamos que es una cuestión de los ajustes que “tenemos que” hacer en nuestro mundo para facilitar la expresión de nuestra elección sobre nuestro ser.

¿Qué es lo que nos sirve o no nos sirve según vamos decidiendo “ser otras cosas”…, o, más bien, según decidimos ahondar en el ser de paz, amor, alegría que ya somos y que hemos venido simplemente a recordar?

Y en el caso del último concepto…, sostenibilidad…, vemos que atañe a la cuestión de lo que llamamos propiedad (como cuando decimos “propiedad privada”)…:
— en el sustentar continuo, en la adquisición de una sostenibilidad del contexto,
— adquirido tras los ajustes de adaptabilidad, que ajustan o no esas condiciones que serán o no
— funcionales, es decir, que nos servirá o no más o menos bien para poder expresar y crear de nuevo “quienes somos”.

Distorsionábamos la funcionalidad natural (la cuestión de nuestro Ser y la elección de nuestro Ser)… con la cuestión de “lo moral”, que sería “la pregunta equivocada”: ¿esto está “mal” o está “bien”?

Es la pregunta equivocada relativa a la “consciencia del pecado”, la cual tendría que ver con el principio cultural de que los humanos son malos en esencia, que somos “malos por naturaleza”.

Así, las preguntas “útiles” a la hora de ser más pacíficos y de poder evolucionar son: ¿qué elegimos?

O, entonces… ¿esto que tenemos… nos sirve o no nos sirve para ser quienes hemos elegido ser? ¿Y qué ajustes necesitamos hacer para tener sosteniblemente algo diferente, más “profundo”?

Con los ajustes de “adaptabilidad”, que sustituyen a la “justicia” (justicia de la que vemos que sus coordenadas están hoy en “lo moral”, como problema primitivo, ilusorio y fatídico del “mal”)… con tales ajustes…, ajustamos o no, o implementamos, mejor o peor…, aquello “que nos sirve” para Ser “más nosotros”…, para ser más verdaderos y crearnos de nuevo… para expresar mejor nuestra elección sobre quiénes queremos ser… en esa “tendencia divina” que tenemos: la de reflejar nuestro ser verdadero de paz, amor y alegría.

La adaptabilidad es la dinámica de nuestra elección sobre qué es lo que nos sirve para “ser mejores”… para configurar algo sostenible, propio de la condición elegida como “nuestro ser” (paz, amor, alegría).

Por tanto, no hay “mal”…, el problema del mal es improductivo, dañino. Y ya lo vamos sustituyendo por la mera observación de “lo que es”…, en tanto que con ello observamos si algo sirve o no sirve —si es funcional o disfuncional— con respecto a lo que hemos ELEGIDO ser.

Por tanto vemos cómo esta esfera de la observación podríamos enlazarla con el SER, para enlazar con lo siguiente que comentaremos brevemente, sobre el ciclo de la creación (SER-HACER-TENER).

Cuando algo no es funcional, podemos HACER los ajustes que se precisen.

Así, volvemos a TENER otras condiciones, administrándolas sosteniblemente, de nuevo implementando… por así decirlo… las condiciones que permitan expresar nuestra natural confianza.

Estamos ahora por tanto en:
— “la esfera del TENER”, del sos-tener…, del hacer nuestras y sostenibles las condiciones ajustables por el HACER…
— condiciones que permiten la nueva expresión de lo que hemos elegido SER.

La cosa es… sosteniblemente apropiada, por el momento 🙂

El ciclo de la creación

Ya casi hemos visto, por tanto, el ciclo del SER-HACER-TENER.

Todo el “problema de la vida” lo podemos visualizar ahí, con este ciclo. Nosotros, y puesto que tenemos dentro y estamos “rodeados” o imbuidos a la vez por una conciencia inferior colectiva —de la separación y la escasez—… nosotros… solemos escoger “mal”, inconscientemente “mal”, con respecto a lo que realmente queremos ser (paz, amor, alegría).

No elegimos de acuerdo a lo que realmente nos sirve para expresar y poder experimentar lo que hemos elegido como nuestro Ser (paz…).

Así, nuestras elecciones y sus consecuencias simplemente reflejan que hemos elegido “mal” dentro, nuestro ser.

Así es pues como creamos, en este caso “mal”:
— elegimos, “inconscientemente”, “mal”, nuestro SER (aunque nuestra responsabilidad es hacernos conscientes de tal supuesta “inconsciencia”).
Por ejemplo, actuamos desde el pensamiento de que carecemos de algo, pero de una forma que nos hace alimentar el principio del “no hay suficiente en el mundo”,
— así, por tanto, HACEMOS cosas a partir de esas ideas equivocadas que seguimos alojando dentro, y que nunca dejaron de estar ahí en nosotros. Serán pues expresadas una y otra vez en nuestras acciones una vez que hemos elegido ser, en el fondo, MIEDO (actuando desde el miedo a carecer…, con actitudes de protección exagerada, de planificación no espontánea, de simple defensa atemorizada…, o de mero auto-boicot).
— así, por tanto, TENEMOS las experiencias que se derivan de lo elegido y expresado desde dentro.
Es decir, interpretamos “mal” lo que tenemos delante (percepción = interpretación).
Pero siempre podemos pedir “otra interpretación” para todo lo que vemos delante…, o dentro…, en la mente (ese es el “trabajo espiritual” al que nos llama Un Curso de milagros, Un Curso de amor, etc.).

Podemos elegir empezar a aprender… ¡ a elegir nuestros sentimientos, ante todo! A elegirlos ante todas las cosas (dentro y fuera), para así poder ir eligiendo nuestro Ser (paz), y “conseguir” que el ciclo de creación pase a ser virtuoso —desde dentro, independientemente de lo que ocurre fuera y de los estándares sociales sobre qué es “estar bien”.

Las consecuencias de nuestras elecciones, entonces, muestran ahí “fuera” ese “ser” que elegimos, y vivimos por ejemplo vidas de relaciones y separaciones dramáticas…, con experiencias que serán interpretadas inercialmente, es decir, que serán “malinterpretadas”…, y que por ello seguirán provocando sufrimiento al no querer ver que nosotros hemos creado las condiciones que permiten esa interpretación de esa experiencia.

Yasí, siendo insconcientes ante nuestra cualidad de CREADORES, así, es como empieza una y otra vez el ciclo repetitivo de la creación…, en el caso que estamos viendo, donde lo que ocurre termina sirviendo de nuevo al miedo, al miedo que hemos elegido ser más o menos inercial o inconscientemente.

Así ¿tenemos un cierto paralelismo entre estos dos tríos?:

— Ser-hacer-tener
— Funcionalidad-adaptabilidad-sostenibilidad

¿Qué hacer? Principio y proceso

Cambiar nuestros principios a nivel individual invertirá el proceso de la evolución en todos los niveles, pues un verdadero cambio interior siempre va teniendo expresión hacia “fuera”, en la creación de lo nuevo, dentro de situaciones de relación y de compartir.

“Viajaremos” como sociedad y como individuos, por tanto, desde el principio de separación y escasez, hacia el de unión y abundancia… llevando así la “nave” Tierra a su implantación en la etapa de luz y vida…, dentro de quizá cientos de miles de años (y por cierto, como decíamos, no estamos “condenados” a repetir vidas, “encarnaciones”, en este planeta, si no lo queremos (las posibilidades para cada mente, para cada “yo espacioso” son muy variadas y no hay ninguna condena si alguien realmente no necesita volver aquí o realmente no le gusta la experiencia física tal y como está aquí).

En general no sabemos cuál es nuestra “misión global” en este universo que contiene, al parecer, un gran plan de “aprendizaje” (de descubrimiento) para esos seres de triple naturaleza que somos:
— Cuerpo (forma-materia o “energía”)//Mente//Espíritu

La actual “evolución”… con visos de poder llegar a ser muy regresiva… se encuentra en una confusión, pues hemos admitido que:
— un PRINCIPIO, el de “supervivencia del más apto”,
— es lo mismo que un PROCESO, el de la evolución.

Pero principio no es igual a proceso.

Tal principio —encumbrado por el pensamiento evolucionista de la vida— es observable parcialmente en aspectos de lo biológico, aunque, hasta incluso en el ámbito biológico lo más importante es la cooperación, visto globalmente —así como sucede en el ámbito social-humano.

Hemos confundido, pues, y como se cuenta también en CcD, un principio con un proceso.

Así, no podemos pensar bien en elegir otro principio para nuestro proceso de evolución.

Nos hemos “animalizado” (si consideramos la importancia de la elección y por el momento permitimos la comparación, aunque toda comparación es odiosa).

¿”Animalizado”? Sí, pues la cuestión decisiva de lo humano es la de la elección, la decisión, que, en nosotros, diríamos que es algo “muy profundo”…, ya que podemos elegir nuestro ser de forma radicalmente transformadora —incluso dentro de una breve vida mortal podemos elegir “qué seremos”, de una forma muy amplia: podemos elegir o nos puede tocar la libertad de elegir cómo proyectar nuestro cuerpo, o incluso si lo proyectamos o no en un solo instante…, o si nos proyectamos en varios lugares… o varios cuerpos, etc., etc. Todo eso desde nuestra mente-una, pues todo se proyecta desde una sola mente —en esencia somos uno.

Nos hemos “animalizado”, artificialmente, habiendo escogido un rasgo arbitrario de nuestra naturaleza animal, parcial…, de entre los rasgos observables de la evolución biológica. Hemos escogido el principio de “supervivencia del más apto” para guiar el proceso de evolución.

Poco a poco escogeremos el principio de cooperación, más realista por “global”.

Esta “animalización de la sociedad” se puede ver en la increíble confusión que existe por ejemplo a nivel académico universitario, cuando se intenta igualar a toda costa lo animal con lo humano (y en general la mente con el cerebro)… en una confusión que deriva de la lógica reacción anti-eclesiástica, y que nos ha llevado a veces a una reacción contra lo espiritual (el laicismo tiene sus más y sus menos, y tiene muchas cosas buenas).

¿Qué hacemos entonces? Facilitarnos, primero individualmente, el poder tomar consciencia del ciclo de creación, en nuestras vidas. Toda la experiencia molesta ha de ser integrada en nuestro yo espacioso, nuestro yo real en la Unidad.

No podemos echar balones fuera todo el rato proyectando y reprimiendo nuestros sentimientos…, sino que “debemos” abrazarlo todo interiormente…, aceptarlo…, para así poder ser conscientes de qué es lo que estamos eligiendo “dentro” —en tanto que elegimos todas esas creencias-pensamientos que ponen en marcha un ciclo de creación que en realidad “no queremos” (creencias de miedo-separación… las que comentábamos).

Parte de “la solución”

Este ciclo, como propone CcD, se puede abordar desde el HACER.

Podemos realizar sinceramente acciones que nos parezcan “buenas” (es decir, funcionales)… acciones que nuestra mente (nuestro Yo personal en proceso de ser re-contactado, en el proceso de elevación del yo de la forma)… nuestra mente… puede que aún no se crea del todo.

Eso transformaría progresivamente la mente, el ser, el pensamiento…, dando paso a cambiar el ciclo.

Es decir, podemos realizar acciones que responden a nuestra elección de qué hemos elegido ser (paz, amor, alegría, compasión verdadera)… y podemos invertir el ciclo de la creación.

¿Por qué? Porque lo que vamos haciendo con sinceridad puede conseguir que nuestra mente cambie su pensamiento acerca del mundo, acerca de sí misma (en general desde el miedo-separación-escasez… hacia lo contrario).

Y, si cambiamos el ser-pensamiento, si nos estamos convenciendo de “los otros principios” (unión…) mediante elecciones sinceras en el HACER… iremos teniendo otras experiencias.

Es decir, podemos elegir cómo sentirnos (pero sinceramente) cuando expresamos acciones de paz, compasión —o también cuando aceptamos situaciones “exteriores” que antes interpretábamos reaccionando “mal”, con los “antiguos” patrones de miedo-separación.

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