La verdad es el movimiento del detenerse (a escuchar)   Leave a comment

F. Rodrigo Mora entrevistado por Alish (foto y enlace al vídeo en vimeo)

Félix Rodrigo Mora entrevistado por Alish: «La sociedad de la verdad» (enlace al vídeo en vimeo.com)
Esta persona ha hecho el trabajo más difícil: mirar, reconocer lo obvio, y decirlo, decir algunas cosas obvias… y curiosamente Alish termina entrevistándole. La verdad es simple, solo necesita muchos corazones dispuestos a ver lo obvio.
Pese a que Félix tiene ramalazos de radicalote solitario en su página web…, como tantos teníamos… esta entrevista es un bonito ejemplo de cómo podemos reconciliar ese ámbito de la espiritualidad que Alish “entrevista” afanosamente… con los “discursos de siempre” que surgirán por miles cada día más desde cualquiera de nosotros, desde un cualquiera, como es Félix, una persona fuera de la universidad que simplemente observa lo que es.
Otro personaje genial, por cierto, del ámbito “solitario”, es Antonio García Trevijano.
Este es otro hombre que vio una simple verdad acerca de nuestra “no-democracia” (lógicamente), y simplemente sigue en ella tras muchísimos años, sin parar —desde que fue un agente digamos “técnico” (es abogado, creo) en el inicio de la Constitución española, en el inicio de la llamada “transición”, de la cual Antonio “desertó” enseguida tras ver la inmensa mentira del mundo (lógicamente aquí ocurre que todos, y puesto que albergamos nada más y nada menos que a Dios dentro… todos… corremos el riesgo de aislarnos demasiado del “Dios fuera”: nuestros hermanos).
Antonio es ahora un anciano, muy anciano para nuestros parámetros… genial; es célebre en el ámbito semi-alternativo de internet… con grandes ramalazos, a veces, de simple radicalote… pero con una verdad inmensa en el corazón que estalla y no para.
Somos belleza y bondad naturales; todos; aunque TODOS seamos también, y a nuestra manera, y en un mundo que es ya totalmente monstruoso, freak… todos seamos… unos friquis 🙂

Qué fácil era todo, qué fácil es comunicarse de verdad, utilizar las palabras “normales” —verdad, confianza, amistad, bondad, belleza, sinceridad, comunicación.

Verdad, confianza, bondad.

Belleza.

Ser.

Hay que gritárselas uno mismo a uno mismo en un susurro despiadadamente desapasionado que simplemente consiste en oír el eco siempre nuevo que dejan esas palabras en el Cristal Interior del ser…, con el siempre nuevo y simple susurro de la eternidad —ese que solo al “ego” gritón le parece algo aburrido o cansado.

Verdad, paz, alegría, confianza, bondad!

Naturaleza.

Ser.

YO SOY.

YO

     S
       O
           Y

Y no hay nadie más.

¡Qué “infantiles” éramos, en el mal sentido de “infantiles”… no pudiendo decir las simples palabras: “verdad”, ser verdadero, “comunicación”, autenticidad!

¡Qué infantiles seguíamos o seguiremos siendo, tanta gente, durante tantos años de pretendidamente “vida adulta”!

Con razón esa maravillosa transmisión de N. Donald Walsch que es “Conversaciones con Dios” dice que casi nadie realmente “madura” hasta que tiene como poco 50 años de edad (no madura en lo que importa, en “lo espiritual”).

¡Qué mundo más loco, que sitúa la muerte y la destrucción en su misma base… al situar la creencia en que básicamente somos cuerpos como fundamento de todo!

Qué fácil podría ser haberse reconocido mejor en los sentimientos… haber compartido desde siempre mejor los sentimientos… es decir, co-sentir, es decir, consentir…, con los demás…

…com-padecerse, para poder ver las necesidades reales… comunicarse mediante lo que importa… lo que realmente se siente… para poder abrigar ese sentimiento entre varios… para poder hacer realmente algo con lo que más importa, con el sentir.

Es decir, poder unir nuestros “yoes espaciosos”, cuyos órganos son los sentimientos, como dice el curso de amor…, nuestros yoes del espacio… que ya están potencialmente unidos ahí fuera en el espacio vivo que nos rodea, siendo ese espacio, dando la proyección que llamamos “mundo”… capaces de sortear tal mundo rodeando obstáculos en él, abrigándolos si acaso… en una unión recordada que se da sola, “gratis”, con efectos eternos.

Así se cuenta esto más o menos en el maravilloso Un Curso de amor de Jesús: unir esos yoes que nos abrigan desde la verdad… esos yoes que vamos a poder, cada vez más, recordar, combinando… recordándolos con todo nuestro ser en la relación que somos: combinando y abrigando lo deseado, lo no deseado, cuerpo enfermo…, cuerpo saludable…, mente ídem)…

…los yoes espaciosos (“mariposa”) que nos rodean y que realmente somos, proyectando el cuerpo-oruga… para combinarse con él de mil formas sin despreciarlo, meramente abrigándolo como lo que es (mera proyección para jugar)… esas “mariposas” que parecen convivir en la cercanía de la verdad…, de esa verdad que es una para todos…, que es una en el Todo de todo… que es una “vibración” que actúa personalmente en cada uno para mayor felicidad de todos y del todo de todos.

Estamos en un solo Corazón, ahí centrados, aunque cada cual parezca ir “por su cuenta”

Un solo Corazón para todos el mismo corazón.

Este es “el mensaje” de todos los tiempos y de todos los “sabios”… de todos los que recordaron en vida que eran simplemente naturales: “escucha dentro, no hay nada más que lo que ves ahí”.

Sócrates oía una Voz, Sócrates decía —y lo diría, claro está, desde ese estado de ser que queda cuando uno escucha mucho la voz de la verdad— Sócrates decía… decía “simplezas”; simplezas para el ego como…: ¿pero por qué tenéis miedo de “la muerte” si no sabéis lo que hay después, si no sabéis, en definitiva, nada, como ya os he demostrado con mi método?

Jesús oía esa voz al parecer mucho mejor que Sócrates… y esa voz solo nos “dice” que somos ella, y ya está. Somos ella, somos el YO SOY eterno que se extiende desde nuestro interior para cambiar nuestra percepción y reflejar Cielo en todos lados, en todos los mundos más o menos “perdidos” en el regalo del “libre albedrío”.

Lo único que realmente somos es el reflejo del único Cristal Eterno, de “Cristo”… la querida creación de Dios/Diosa… un reflejo que se da a través de todos, pero de una diferente manera en cada cual; todos lo reflejamos de manera distinta, pues todos tenemos una “función especial”: mirar todo desde la paz del ser pero desde cada cual… del ser… de ese ser a re-descubrir aquí, en alguna de estas vidas.

Reflejamos distinto… pero, diciéndolo rápido… siendo “Dios dentro”… no somos realmente diferentes, no en esencia.

Pensar y ser eran lo mismo por eso mismo.

Somos el Cristal, el Niño amado de Dios/Diosa, un solo Cristal puro, Cristo, el Hijo pródigo volviendo al Hogar… dentro, en los reinos del espíritu, para reflejar cada vez más gloria y empoderarse cada vez más en —y de— la creación infinita que es Dios y nosotros en —y con— Él.

Reposamos realmente en el baño interior del Cristal eterno en eterna metamorfosis, en esas “atmósferas” donde brillan nuestros aspectos espirituales, nuestros “cristalitos” que aquí aún parecen “por despertar”.

Y somos un Niño tonto que se cree no amado… que se engaña “por compasión” de sí mismo, en su libre albedrío…, por compasión por eso que hemos “hecho” aquí, en el infierno… Niño que se engaña, nos engañamos… disponiendo “creencias mediadoras”, en la mente, para poder entrar al infierno de estas tierras…, creencias con las que nos juzgamos en una sola mente… una mente que así, de tal modo, se da y fabrica mundos ilusorios “infernales” como el que ahora proyectamos y vivimos —donde parece ser real el sufrimiento, y a modo de reflejo “exterior” de todas esas creencias interiores simplemente erradas.

Los “sabios” simplemente descubren que todas las creencias sobran, que no hacía falta hacer nada, que todo fluye… que el mundo tal y como lo vemos ahora solo refleja la mentira que supone albergar creencias dentro, cuando sin embargo somos certeza en eterna metamorfosis de Amor.

Y esto es además excitantemente divertido, pues “dentro” todos somos uno, somos uno con la verdad… sin dejar de ser personales (que no “egoicos”) aquí “fuera” —en este afuera donde precisamente vamos reflejando el Cielo gracias a Dios.

Qué fácil es todo, y también, por eso mismo, que fácil lo tenemos para “lo contrario”, para hacernos daño ilusorio, para hacerlo todo complicado…, y durante eones… era tras era.

Esta es la “maravilla” de la creación: somos libres, y, en estas primeras etapas evolutivas de nuestro cuerpo-mente-espíritu estamos en el jardín de infancia del sufrimiento, ese que nos otorgamos con nuestras interpretaciones desde nuestra infancia espiritual…, interpretaciones de lo que parece suceder “fuera”… en ese afuera de sufrimiento que nos hemos dado a nosotros mismos aposta, vida tras vida… para poder jugar a no ser Nosotros.

Todo en este mundo parece “conspirar” para rechazar la simplicidad, para dificultar el que la gente nos podamos callar más y mejor, para poder llegar real y profundamente “lejos”.

Este mundo parece no querer dejar actuar, aposta, el simple poder de ser, de callarse, de detenerse y mirar adentro para poder responder desde el corazón —una vez nos hemos “conectado”, y hemos pedido un instante sagrado, santo… y nos lo damos sin remilgos, sin dudas, sin culpa, sin concesiones… un instante de unión con Dios/Diosa.

Esto es lo que parece “difícil”: tener el coraje de cultivar esa disposición, de pararse a mirar adentro muy a menudo, aunque la gente nos mire raro porque no somos “inmediatos”, porque “no respondemos” inmediatamente, porque nos retiramos.

El loco mundo de la velocidad capitalista pide cada vez más lo contrario, no pararse… o lo pide esa corrupta, loca y vieja política siempre nuevamente trasnochada del “espectáculo” en que vivimos… cada vez más acosada, aparentemente, por las benditas “calles” que nunca quisimos realmente aceptar la corrupción, la “no-democracia”, la muerte.

Este es el entrenamiento que intenta que sigamos el magistral curso de milagros —aunque este curso sea bien “peligroso” a la hora de interpretarlo “mal”, en una época donde se odia tanto al yo…, y donde podemos por tanto “despersonalizarnos” en el mal sentido de esa palabra al “trabajar” el curso de milagros.

Un Curso de milagros —UCDM— fue luego extendido y prolongado de cierta forma, a finales de los 1990, magistralmente, por la misma Voz en Un Curso de amor (Mari Perron) y The Way of Mastery (Jayem), que son dos transmisiones con una historia hermosa a su alrededor, posterior y previamente a ser dadas.

Se trata pues de textos transmitidos, así como lo es el de Haskell, por cierto, que también es de grandísima ayuda a la hora de leer UCDM.

Las transmisiones, los “textos revelados”, son mensajes que nos damos desde el Cristal interior en comunión eterna con el Todo en metamorfosis práctica y “técnica” para la elevación de los mundos. Son lo que nos damos, pues, “en estado de Unidad” para recordar tal estado… y parece ser que estas cuatro grandes transmisiones fueron hechas por “mediación” del mismo espíritu que encarnó en Jesús hace 2000 años.

Pretenden ayudarnos a pararnos más, a parar cada vez mejor para poder escuchar mejor a nuestro verdadero Sí Mismo en el interior.

En cierto momento de la práctica de UCDM se para cada hora de reloj —en cierto momento de las simples lecciones prácticas se nos pide eso… parar así…, intentando no dejarlo para más tarde…

…mantener por tanto constantemente una disposición a escuchar y mirar adentro… y por tanto a “actuar” aquello que nos pida el cuerpo desde ese estado… desde ese estado de ser que es uno con la verdad de nuestro interior…, con nuestros más íntimos anhelos, con nuestros deseos más tontos… con nuestra verdadera “personalidad” que crece hacia la gloria… que está en unión con el Todo, con el todo relacional-creativo… y con todos… —en esa unión interna que no se ve y que sin embargo CREA…

Facilidad de nuestro ser natural, de la confianza…, de esa “confianza infantil” que todos entregamos tonta e ilusoriamente de niños, entregando nuestro altar interior en el cual introducimos todas las creencias falsas, ilusorias, de “los adultos”…, como niños también ilusos, atemorizados, auto-chantajeados, en dependencia de adultos generalmente frustrados y sobrepasados por todo lo que viven, por el “sinsentido” tan cultivado hoy en una sociedad establecida en gran parte de sus instituciones sobre el “axioma” de no recordar a Dios/Diosa (cosa que también ocurre o que a veces principalmente ocurre en las religiones)

Entregamos nuestra mente, pues, y la convertimos en un caótico amasijo de creencias falsas, “dañinas”, que terminan por bloquear muchos aspectos. Las alojamos ahí dentro como tontos, cuando en realidad somos certeza, no creencia.

Detenerse a escuchar… a escucharse a Uno Mismo, para aceptar todos los pensamientos y sentimientos, y abandonar la interpretación de miedo… escucharse a Uno Mismo porque no hay nadie más, porque somos todos UNO ahí dentro… donde de cierto modo “co-creamos” con Dios.

Por eso se habla del “Hijo de Dios”, de “uno solo”, pero ahí, con eso, no quiere decir que perdamos nuestra verdadera personalidad, cada uno…, sino todo lo contrario: ganamos “el cielo” de la verdadera personalidad…, donde realmente ella está en evolución creciente en gloria, co-creando junto a todos.

Así, deteniéndose y escuchando, es como “uno mismo” crea de nuevo y se crea de nuevo… recordando el Uno Mismo con mayúsculas… es decir, por el momento borrando patrones de lo viejo, borrando todo lo que estorba para la creación natural de lo nuevo desde “lo siempre nuevo” que es Dios… convirtiéndose así uno en el único río del único Yo, convirtiéndose cada vez más en auténtico Ser personal co-fluyente, co-influyente…, un Yo personal limpiado de “ego”, de creencias, para que brille lo simple dentro…, la verdad, la única verdad.

La certeza de ser YO, de ser único… el valor de la personalidad pero en eterna Comunión… eso… sería de cierta manera el “objetivo” que Dios compartió cuando nos creó como seres trinos (cuerpo-mente/espíritu)… para de cierto modo experimentarse a Sí Mismo…

…en ese Yo infinitamente diverso —pero no a la manera egoica, sino con la certeza del YO SOY.

Qué fácil era todo, y cuánto tiempo parece que aún necesitamos “practicar”… mientras muchos seguimos aprendiendo, con el ego, a rechazarnos a Nosotros Mismos.

Cuánta práctica nos queda a la hora de practicar “ser personas” que se buscan dentro como personas reales y no como egos…, es decir, que encuentran su Yo personal y dejan la máscara… elevando su forma —y hagan lo que hagan, sean quienes sean, y hayan hecho “bien”, “mal”… hayan hecho lo que hayan hecho.

¿”Qué es” Dios, de entrada?

Solo digamos esto para empezar a entendernos: si estamos débiles, tristes, debemos recordar que es justo el momento, sintiendo eso… momento como otro cualquiera…, de recordar lo que hemos dicho y se ha dicho muchas veces, infinitas veces: que Dios/Diosa nos da algo muy simple, personalmente, desde adentro…, desde donde nada se pierde.

Nos da INFINITAS GRACIAS, infinito reconocimiento y aceptación por simplemente SER…, por el hecho de haber nacido y ya está.

Infinitas gracias por hacer o por haber hecho y por haber sido lo que fuimos o somos… lo que haces, lo que fuiste o hiciste…, y sea lo que sea que hicieras… y seas quien seas ahora.

Tienes infinito mérito, mereces infinitas gracias por respirar…, por haber nacido aquí para “ejercitar” la compasión de Cristo.

Dios tiene infinito amor, infinita paciencia contigo.

Dios te ama con un amor infinito y personal, desde adentro, muy calladamente… poderoso, con el único poder real.

Amor.

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