Confesiones de un idiota que creía en la realidad de la dualidad “izquierda/derecha”   Leave a comment

Mari Perron (Un Curso de amor) y una amiga (supongo) :)

Mari Perron y una amiga. Mari recibió el texto de Un Curso de amor.

Índice:

– El contexto de la tontería: nadie se aguanta a sí mismo
– Aceptación

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[De entrada aclaremos que las ideas (“lo importante”, pues desde las ideas creamos nuestra realidad)… las ideas de igualdad (de oportunidades)…, fraternidad…, etc., no son ni “de izquierdas” ni “de derechas”.]

Como mucha otra gente (“mal de muchos, consuelo de tontos”)… he sido idiota.

¿Por qué?

Algunos llegábamos a estar “en contra de los empresarios” [sic] (!).

Sí, hacíamos chorradas así.

El estado de “la empresa”, de la sociedad, de las relaciones que se pueden dar en general en la sociedad (lo “personal” o “impersonal” que nos moleste… la “justicia” o la “injusticia” de lo que vemos o hacemos)… ese estado… es solo reflejo de nuestro ser interno, como ya “sabemos”.

Y en realidad, dicho ser interno se está todo el rato “tirando a la basura” a sí mismo…, tal y como tiramos a la basura, por ejemplo, todo ese maravilloso “trabajo social” que hay plasmado en cualquiera de esos maravillosos botes, o preciosas botellas de cristal o de plástico… que tiramos todos los días a la basura o al “reciclaje” —en una sociedad de descuido-destrucción organizada, generalizada… en una sociedad que amaestra a “descuidadores profesionales”.

En realidad, casi nadie se aguanta a sí mismo, nadie aguanta lo que ha creado en su vida.

Recordemos que aquí hablamos “en lenguaje esotérico”…, es decir, en esa “verdad” de todos los tiempos…, en la de “El Secreto” de todos los tiempos… de ese secreto mil y una veces dicho… y que, debido a que es mil veces simple… es mil veces malentendido y malinterpretado.

Y es que no nos gusta lo simple…, es decir, no nos gusta el hacernos más naturales, porque (con razón) interpretamos muy profundamente, en nuestro sentir, que “eso supone mucha responsabilidad”.

Así que esa “verdad esotérica” de siempre —que hoy es pública quizá como nunca antes— es que somos creadores.

Y por cierto, para nuestra mente, crear es elegir.

Y nuestra mente (que engloba, abraza, nuestro cuerpo-cerebro)… y lo creamos o no… no ha parado de tomar decisiones, en general desde antes de nacer (!).

Es decir, la vida que hemos elegido, que he elegido…, es de mi creación.

¡Creo el contexto!

¿Qué contexto?

Ese en el que tomo las decisiones desde siempre… desde antes de tener “consciencia” tal y como llamamos a esto que creemos tener, “consciencia”… una vez que somos “adultos” —es decir, una vez que somos más o menos “normalizados” por el ambiente social…, una vez que nos llevamos a un estado “normalizado” en tanto que “adulto”… es decir, en tanto que nos convertimos en ese nuevo tipo de “niño” que somos “como adultos” (en esos “niños en lo espiritual”… niños que normalmente son, somos, desesperantemente idiotas).

Con esas elecciones constantes (que están desde el principio y también más tarde constantemente como un bajo de fondo de interpretaciones mentales…, interpretaciones que elegimos hacer ante lo que vemos y que se hacen inerciales… siempre presentes como percepción…)… con esas elecciones…:
— o bien crecemos,
— o no crecemos…
…espiritualmente hablando; o, se diría también hoy: “elevamos la vibración” o no la “elevamos” :).

Ese contexto es pues una sola cosa con todas las elecciones propias.

¿Por qué? Porque en realidad somos uno con el universo y con el verdadero creador de nuestra mente (de nuestro cuerpo-espíritu-mente).

Entonces, si vemos lo dificilísimo que se nos hace normalmente compartir, es decir, el simple convivir o la simple convivencia (precisamente a veces quizá todavía más difícil en grupos de gente que dicen compartir algún proyecto en común…, o incluso alguna pasión, “lucha” o “causa”…)… entonces… ¿qué estupidez mental nos hace creer que podemos juzgar algún aspecto de “la sociedad”?

Esa “estupidez”, como ya sabréis, es el artilugio llamado “ego”…, que es un sistema de creencias muy simple y que nos permite juzgar (es decir, no vernos como creadores, es decir, des-empoderarnos completamente).

Pero también sucede que mucha gente no puede limitarse a juzgar y ya está.

Mucha gente empieza a simplemente observar lo que es.

Y observar lo que es, es meramente observar… por ejemplo admitiendo que estamos viendo un reflejo de nuestra “basura interior”.

Y esta basura interior reflejada requiere, en realidad, cada vez de menos “insultos”, “juicios”… y más aceptación —para que pueda ser “borrada”.

Por eso a veces los los medios de comunicación alientan en gran medida las actitudes victimistas, etc., ya que, como nosotros, suelen “trabajar para el ego”.

Normalmente, al ver nuestra basura interior reflejada ahí fuera, nos sentíamos ajenos a ella.

Y este digamos que sería el estado de “idiotez infra-estructural”… el estado que nos hacía proyectar contra algún agente particular de la tragicomedia del ego —por ejemplo los empresarios, políticos, banqueros…

Así que nos separamos automáticamente de casi todo lo que vemos “fuera”, pero lo hacemos vibrando en miedo, declarando con miedo, interiormente, que eso “no somos nosotros” —lo afirmamos de una manera muy profunda con miedo, multiplicando así en realidad el malestar para todos y para todo.

¿Por qué con ello multiplicamos malestar?

Porque las creencias crean.

Si reafirmamos nuestra separación de lo de “fuera” (cosa que como decíamos normalmente lo hacemos con miedo, “vibrando” en el miedo, en el rechazo de lo que en realidad hemos elegido en vez de abarcarlo)… entonces… estamos reafirmando precisamente la idea de la separación, normalmente interpretada con miedo.

Todas las ideas crean, todas son “poderosas”. Por tanto, rechazar superficialmente lo que en realidad hemos elegido… da pie a que nos vuelva a ocurrir lo mismo —como especie, como individuos.

¿Qué nos ocurrirá? Pues lo mismo, ciclos, crisis… es decir, todo eso que decimos que “no nos gusta”… poniendo una mayor o menor “carita de inocentes”…, una carita superficial de “inocencia falsa”, en vez de decirlo desde una verdadera Inocencia…

…pues… no hay nada separado de nada ni nadie.

Hitler, por ejemplo… Hitler es tú…, es yo… es…

Hitler, como Jesús, es un “maestro”…, aunque lo sería justo en el polo opuesto de lo que realmente somos (somos Unidad, a la vez creada y creadora) —Hitler diríamos entonces que fue maestro de separación-miedo, un maestro de la interpretación “miedosa” de la idea de la separación.

Y por contra Jesús fue maestro de unión… —y lo es ahora como nunca, por cierto—… un maestro de la unión-Amor… es decir, de la posibilidad de volver a Casa, a la consciencia de estar siempre en el Hogar… pero a la vez experimentando (y así re-creando) todo esto que hemos creado al creer en la separación… pero ahora desde nuestra consciencia de Unidad (para deshacerlo creando de nuevo).

Esa consciencia de Unidad o “crística” de hecho puede combinarse perfectamente con todo esto “separado” a lo que estamos tan acostumbrados… en la experiencia usual de ello. Así que podemos y “debemos” “englobar”…, “abrazar”…, toda esta experiencia”dual” que vivimos en y para la separación.

Y ¿esto para qué? Bueno, de entrada simplemente para SER… para recordar que somos Dios… pero… entre tanto… se creará un mundo nuevo.

Decíamos que Jesús está ahora presente en la tierra como “maestro” como nunca antes lo estuvo porque tenemos tres impresionantes obras, o textos, transmitidos mediante diferentes seres humanos con el “canal” más abierto que otros. Son los llamados Un Curso de milagros, Un Curso de Amor y The Way of Mastery.

Aceptación

No solemos por tanto aceptar (en el siguiente sentido de “aceptar”) lo que vemos ahí fuera: a un asesino…, a un maestro de horror…, o simplemente a alguien que no hace lo que querríamos que hiciera… o bien a un banquero “egoísta”…, o a un empresario que vela por sus intereses en una sociedad de por sí ya monstruosa —es decir, con sus “intereses” muy deformados.

¿Qué es “aceptar”, entonces?

Podemos ver todo eso que creemos “fuera” como UNA UNIDAD con NOSOTROS (dejándolo de sentir “fuera”). Podemos “verlo” literalmente con nuestro Yo en la Unidad… ese Yo que todos tenemos…, ese Yo que es más grande.

Digamos que tal cosa sería un estado de ser-percepción de cierto modo complementario, muy diferente al normal…, aunque compatible o combinable, como decíamos… y del cual dependerá cada vez más nuestra “supervivencia”, al parecer.

Ese Yo es capaz de “abrazar” interiormente todo.

Si no nos gustan los “trabajos” o la falta de trabajo…, o la actitud de la gente, o de “los trabajadores” compitiendo en el trabajo (creyéndoselo demasiado)… o bien la actitud de los empresarios… entonces en realidad no nos gustamos a nosotros mismos, literalmente… pues hemos creado esto desde la Unidad que somos —aunque insuflando en ésta durante eones la creencia falsa de la separación interpretada con miedo.

Así que si vemos algo e interpretamos que eso realmente está “afuera”, entonces automáticamente estamos viendo un reflejo de nuestra “basura” dentro.

Y tengamos en cuenta que casi siempre estamos en un estado de “juicio”, es decir, de interpretar que lo que vemos está fuera de nosotros.

Vemos pues, con casi todo, el reflejo de la imposibilidad de relacionarnos primero con nosotros mismos. Es decir, la mayor parte del tiempo en que vemos, en que meramente percibimos… estamos interpretando/sintiendo la imposibilidad de relacionarnos primero con nosotros mismos, la imposibilidad de prepararnos interiormente para lo que es.

Esto se refleja en el usual automatismo de no poder “abrazar” cualquier cosa. Pero este abrazo sería sin embargo más natural, pues nuestra naturaleza es la de ser creadores, la de compartir con Dios esa “cualidad”.

De hecho, hoy en día, parece que “la mayoría” no somos en realidad “individualistas”, sino “idiotas estructurales” que en realidad odian el hecho sagrado de “la personalidad”… de la individualidad como individuación eterna en una expansión de consciencia que recuerda la Unidad.

Así, nos dedicamos a alimentar el sistema de pensamiento del ego y la “creación” que viene de hacer tal cosa. ¿Cómo? proyectando el conflicto que sentimos, interiormente…, haciéndonos por tanto, y por lo normal… más daño a nosotros mismos que a cualquier otro, con esta maniobra.

Así, en los sucesivos ciclos de “creación”, seguimos creyendo que el daño viene “de fuera”.

En realidad hoy odiamos al “yo” tanto como odiamos la relación, pues la relación tiene la capacidad de individuarnos, y no queremos verdadera individuación, sino una adaptación más o menos miserable.

En realidad en realidad… lo odiamos todo… pues el Todo que somos es ese Amor desde el que tenemos la capacidad de crear… aunque sea “basura” lo que creamos —por ejemplo estas sociedades que envenenan los cuerpos de todos pero simplemente miramos para otro lado ante este simple hecho… etc.

Si nos relacionamos “de verdad”, a veces con una cierta continuidad o profundidad… creemos “perder el yo”. Pero lo que perdemos en general es nuestra creencia en que realmente estamos separados de “lo de fuera”.

Al no tener “consciencia de nuestra eternidad”, es decir, “consciencia de Dios” (cosa contra la cual por ejemplo la propia Iglesia católica en gran medida luchó como el que más)…, entonces creemos que podemos perder algo cuando nos relacionamos —cuando nos “entregamos” o rendimos.

Sentimos esa urgencia, ese verdadero anhelo de realización… pero por la costumbre y nuestras interpretaciones usuales de un ambiente de por sí “degenerado”… nuestros anhelos se hacen a menudo auto-destructivos.

Las “prisas por realizarnos” o por “ser alguien”… acaban a menudo yendo en contra nuestra en esos casos en que querríamos hacer “algo más” en la vida… algo más que por ejemplo cuidar a un niño…, o que “trabajar en esta mierda de trabajo” con este “imbécil de jefe”, etc.

Pero esto nos sirve… así…, y con todo…, para creer que nuestra identidad viene de fuera. Es decir, creemos interiormente en la realidad de la separación… la realidad de que no somos creadores.

Y así, por ello, y estemos donde estemos…, si no cambiamos tal “creencia basura”, veremos la misma basura “fuera” (experimentaremos la misma “mierda” allá donde estemos).

Todo lo que hagamos será “insatisfactorio” hasta que no cambiemos esa creencia y re-adquiramos o recordemos la certeza que somos, la certeza de que creamos nuestra propia realidad desde la Unidad y la relación que realmente somos… de esa relación llamada “sagrada” o “santa” simplemente porque es “irrompible”, es decir, “inocente”… ya que está ahí desde siempre, dispuesta para nutrir pero ahora con “milagros”… toda esta realidad… cuando nos dispongamos a verdaderamente sustituir la creencia básica actual —en la separación— por la de la unión con todo y todos.

Así que, muchas veces, abandonamos apresuradamente relaciones…, trabajos…, etc., simplemente para no tener que mirar adentro, y así poder vagar por el mundo sosteniendo la ilusión de la separación interpretada con miedo —el ego.

Algunos incluso se seguirán quejando: «jo, si es que me “dejé la piel” en tantos trabajos… estos “cabrones de empresarios”… mírame ahora…»…

O también muchos empresarios se quejarán de sus “vagos trabajadores”…, esos que no tienen suficiente “coeficiente de inteligencia” o que son seres atrasados e indolentes… etc.

Y es que llevamos mucho tiempo creando nuestra propia realidad, pero precisamente en la modalidad de ser inconscientes de que justo eso es lo que estamos haciendo, crear —es decir, estamos en la modalidad de creación llamada “la separación”, dando todo un espectáculo ridículo en el cosmos (no tenemos sentido del ridículo 🙂 cuando sin embargo todo esto ¡se está viendo por todos lados! 🙂 ).

Siendo inconscientes, en este sentido, le damos la bienvenida una y otra vez al pretendido “sufrimiento”: por ejemplo en ese papel, estelar ahora, de víctimas.

Todo esto parece que empezó hace tiempo a ser demasiado “ridículo”, para mucha gente.

Yo al menos espero ya no ser tan “idiota”, pues lo dicho: ya vimos, mucha gente, que todo problema es espiritual…, es decir, que tiene que ver con “no querer mirar adentro”… con estar interpretando el “afuera” de nuevo con miedo, en vez de mirar adentro y pedir otra interpretación de la realidad “externa” que refleja ese principio interior —”elegido interiormente”— de separación-miedo.

Entonces, al ver esto, podemos siquiera empezar a trascender —y tampoco hace tanto tiempo de este comienzo para muchos de nosotros—… “trascender”… por ejemplo la en gran parte ridícula separación entre “ser de izquierdas”, “ser de derechas” —cosa esta que en realidad ya es algo obvio para empezar para los mismos que a veces aún se pretenden definir así o que pretenden definir alguna categoría similar.

Llegó en realidad la era de no auto-definirse tanto… de dejar de “hacer las cosas por nuestra cuenta”… llegó la era… de crear en Unidad y relación… dejándose llevar por los sentimientos… esos órganos de nuestros yoes espaciosos desde la Unidad que somos.

Llegó la era de empezar a reconocer que “somos Dios”… y, para los individuos, de empezar y de terminar a reconocerlo…, porque individualmente “no hay límites” en lo que podemos experimentar como milagros —en nuestro estado de unión recordada.

Los polos de cualquier oposición (como izda-dcha, etc.) son parte de un mismo continuo…, un continuo que solo “borraremos” como experiencia del infierno que realmente parece… eligiendo experimentarlo desde nuestra Unidad…, y para crear literalmente un mundo nuevo —sin las creencias que “gobiernan” ahora: la de la escasez… etc.

Si ahora parece que no estamos creando “un mundo nuevo”, es sólo porque no nos experimentamos como lo que somos: creadores. Y esta experiencia parece que durará aún mucho tiempo para mucha gente.

Yo espero bajarme de este juego de sufrimiento.

El gran pistoletazo de salida, de poder salir y alejarse de estar viviendo en estos “olímpicos” juegos de sufrimiento en que nos vimos metidos por inercia, fue el evento cósmico de la crucifixión de Jesús. Este sería el inicio de una gran declaración, la declaración de una elección mas profunda…: contra el sufrimiento.

La crucifixión vino a decir…: «eh, chicos, chicas…, me llevo eso tan raro del “sufrimiento”…, aunque no me llevo tanto “vuestros pecados”… puesto que en realidad tales “pecados” nunca existieron…, ya que en realidad sois uno conmigo y con Dios, y nunca podéis ser realmente dañados en esa eterna Inocencia creadora de nuestra Unidad siempre creciente en gloria… en una gloria de Amor perfecto».

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