Individuamos a Dios   Leave a comment

Mari Perron (Un Curso de amor) y una amiga (supongo) :)

Mari Perron, que recibió el texto de Un Curso de amor y una amiga

Es muy interesante cómo Un Curso de amor (UCDA), tras Un Curso de milagros (UCDM), nos lleva suavemente a empezar a comprender que en realidad de cierto modo estamos individuando a Dios.

A la hora de hablar de esta individuación, tres de las palabras o conceptos esenciales son “relación”, “experiencia”, “creación”.

Esto, además, nos comunica con las distinciones básicas que hace El libro de Urantia (ELU), la gran revelación del siglo XX en cuanto a datos (y mucho más).

Aquí, en ELU, se nos cuenta esto mismo (esto con lo que acaba UCDA). Se nos cuenta cómo, a través de la experiencia (una experiencia de eterna gloria creciente, por cierto), nosotros de cierto modo individuamos a Dios.

En ELU de hecho se nos introduce a las sutiles diferencias en y entre los aspectos de Dios. Por ello podríamos decir que ELU es algo “muy avanzado”, y, por tanto, en mi experiencia y en general, diría que ELU es poco recomendable para empezar —si no se ha adquirido bastante “consciencia de Dios” (aunque normalmente nadie necesitaría estas “recomendaciones, por cierto, ya que cuando estamos buscando somos guiados hacia los textos, personas, etc., que puedan venirnos más o menos bien).

¿Y… adquiriendo cómo esa “consciencia de Dios”? Por ejemplo animados por la guía y las palabras o pequeñas prácticas que contienen Un Curso de milagros y/o su bella continuación y colofón, Un Curso de amor —que podemos llegar a “necesitar”, aunque esto depende de nuestro “punto de felicidad”.

También, al final de UCDA, en los maravillosos “Diálogos”, se nos habla muy claramente de la Trinidad, e incluyendo esto en la “practicidad” del curso. Además, la Trinidad es también uno de los grandes temas de ELU, y para hablar del cual es lógicamente esencial el concepto de relación.

Todo esto es en realidad algo muy “pragmático”, aunque lo hayamos ensuciado en nuestras mentes por interpretaciones que poseemos, digamos, en el inconsciente colectivo… y que podríamos pensar que vienen de cierto modo con toda esa historia amarga que nos traemos a propósito de…:
— los conceptos y la increíble “miseria filosófica” en que estamos…, y siempre de acuerdo o en “armonía” con el hecho de que vivimos en una sociedad primitiva, que se rige individualmente (y colectivamente por tanto) por el principio de la separación,
— la escuela obligatoria, que no enseñaba a pensar por uno mismo… enseñando demasiados hechos “ya hechos”… conceptos “ya hechos”…
— la historia de las religiones, con el consabido aspecto de “qué mal” se usan los conceptos, etc.

Dios tiene aspectos digamos incognoscibles; siempre hay un “plus”, siempre hay algo inagotable, como aprendemos por ejemplo en ELU. Pero, para nosotros y para todos los efectos… ya estamos relacionados con —lo queramos o no—… ya tenemos una posición en… el marco de “la Trinidad”: Padre, Hijo, Espíritu Santo.

La Trinidad, como se sabe, es una simple metáfora, es un concepto que elige otros conceptos vitales para hablar de forma sencilla sobre las relaciones “de creación”, o las relaciones en la creación, para que entendamos nuestras dependencias y co-dependencias a la hora de acercarnos al “hecho último”: ser como Dios, ser Dios (un modo de empezar a hablar y entender por qué y cómo es que no podemos “hacer cualquier cosa” aunque, a la vez, en cierto modo “seamos Dios”).

Todo poder es de Dios, como sabemos desde por ejemplo UCDM… así que, de entrada, cuando recobramos y/o ejercitamos cada vez más el hecho de que a un nivel profundo e insospechado “somos creadores”… es decir, esa “consciencia práctica” de ser creadores de nuestra experiencia (esa “consciencia de Dios” que es consciencia “aplicada”)… entonces, por cierto, sentimos cada vez mejor que no estábamos nunca sujetos a condiciones fuera de nuestro control…, y entonces nos dirigimos más o menos directamente hacia la experiencia comentada arriba: individuar a Dios.

Este proceso de individuación de Dios creo que en ELU se llama así —o tendría que ver con esto: “suprematización”. Y por tanto ese aspecto individuado de Dios tiene que ver al menos con tres conceptos que aparecen en ELU: el de Dios Supremo, el del Ser Supremo, y el del Todopoderoso Supremo.

Es decir, la eternidad:
— es individuada en el tiempo
— es individuada para el tiempo en el eterno co-servicio de Dios y en Dios que somos,
— es individuada por nosotros, por ejemplo, es decir, por unas consciencias desarrolladas aquí, en estos marcos físicos temporales, y con la ayuda más o menos inadvertida de toda la “esfera espiritual”,
— estas consciencias son capaces de alcanzar la consciencia de Dios…
— y así re-descubrimos cómo “elegir de nuevo”, reinventando, diríamos, la esfera de la elección (creando literalmente un mundo nuevo).

Como ya decíamos por ahí: nos individuamos (y no simplemente individualizamos un ego), cuando individuamos la eternidad, es decir, cuando ésta se individúa a través nuestro.

Y, en ese entonces, nuestra experiencia es esta:

— la experiencia de literalmente ser “como Dios”, de ser Dios (que es, para nosotros, la relación de Todo con todo… reflejada aquí en la Relación llamada Sagrada, o Santa).
Esto, como se comprenderá es algo, por así decirlo… “muy avanzado”; por eso en el curso de amor es al final cuando se incide en ello de forma más directa hablando de la Trinidad.
— es decir, para nosotros, nuestra experiencia es la experiencia de ser un cierto Ser en Unidad, un Yo en la Unidad de la Relación Sagrada…
— lo cual consigue elevar nuestro Yo personal, que, lógicamente, no es ya “el ego” o “del ego”… sino que es cada vez mejor un reflejo de la creación, un reflejo de la Unidad creadora (de “Cristo”)…, un reflejo de la certeza de nuestro verdadero ser, en nuestro verdadero “ámbito relacional”…
— lo cual a su vez tiene lógicamente consecuencias en todos los niveles (físicos, etc.).

En UCDA esto se dice también simplemente así: si estamos “aquí” es para ser a la vez los conocedores y los conocidos.

Sabemos que solo Dios “conoce”, solo ahí está, por así decirlo, “la esfera del conocimiento”.

Así que, cuando recordamos a Dios aquí, cuando recordamos nuestro Ser, entonces somos conocedores aquí…: ¡AQUÍ!, es decir, sin dejar lo que ya “teníamos”, sin dejar “la percepción” (“englobándola”).

El hecho de que “traigamos a Dios” aquí para que con Él podamos crear su “auto-experiencia” (y nuestra propia auto-experiencia, la de nosotros siendo Dios)… el hecho de que así no abandonemos sino abracemos la percepción o todo sentir… hace que eso que “ya teníamos” sea elevado.

Lo que “ya teníamos” es, si se quiere ver así, el hecho de que somos “los conocidos”, pues siempre hemos estado en unión con Dios, aunque perdiéramos aposta la consciencia de estar en esa esfera, es decir, en la esfera de ser en unión con Dios, en la de ser co-creadores con Dios/Diosa —siempre hay un aspecto divino que comparte nuestra experiencia aquí.

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