Liberación de la culpa. Haskell: «La otra voz». Un Curso de milagros RELOADED   Leave a comment

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[Podéis mirar en la página de índices de este autor para encontrar los enlaces a estos textos traducidos, etc. —con por ejemplo la traducción completa de lo que estamos retocando aquí con ayuda del texto en inglés, etc.

 

Sobre el uso del castellano en las traducciones y el modo de traducir o de revisar las traducciones, ver las notas en esta entrada que progresivamente iré completando.

Esta transmisión, maravillosa (muy clarificadora y directa), aparenta haber sido dada claramente por la misma voz que dictó Un curso de milagros (UCDM), y que habló desde la personalidad de Jesús.

Esta parte del texto La otra voz sirve como acompañamiento para la siguiente parte de Un Curso de milagros: T-13.IX-XI (según las indicaciones del propio Haskell en su texto publicado).]

Liberación de la culpa [T-13.IX-XI]

Saludos de nuevo, soy Jeshua.
Últimamente he estado hablándote
del tema de la culpa.
Y lo único que necesitas entender,
que necesitas interiorizar,
que necesitas que se convierta en tu experiencia…
lo único que necesitas entender,
es que el Hijo de Dios es en verdad inocente.
Estás absolutamente libre de culpa.

¿Cómo puede ser eso?
Debido a que la culpa, tal y como piensas en ella,
lleva a tu mente a creer que has
HECHO algo, o has SIDO algo, o has PENSADO algo
que no es aceptable dentro de algún modelo.
Y en tanto que creas que Dios existe,
entonces Dios se convierte en el origen de ese modelo.
Y por tanto, crees que has hecho algo
que no es aceptable para Dios.
Y ese es el origen de tu creencia en la culpa.

¿Puedes imaginar que Dios, el invulnerable,
el sabio, omnisciente, todopoderoso,
hubiera diseñado un universo en el cual
Él pudiera ser presa de las acciones y los pensamientos de Sus hijos?
Si Dios es invulnerable, entonces Dios está literalmente más allá de cualquier ofensa.
Ser invulnerable es estar más allá de la ofensa, más allá del ataque,
incluso más allá del discernimiento de que pudiera siquiera presentarse un ataque.
Y esa es la naturaleza de Dios.

Si pudieras contemplar a Dios por un momento bajo esa luz,
¿aún creerías que TÚ puedes hacer o ser algo
que no fuera aceptable para Dios? Por supuesto que no.

Entonces, ¿de dónde procede este profundo sentimiento de culpa
que te he dicho que es el origen de tu miedo,
el origen de tu creencia en la separación,
y en último término la fuente de todo este mundo de ilusión?
¿De dónde procede?
¿Recuerdas que te he dicho
que el Hijo de Dios ES el Hijo de Dios?
No hay regalo que el Hijo de Dios pueda dar que no sea Amor.
No hay regalo que el Hijo de Dios pueda recibir
que no sea Amor.
Tal es la naturaleza de Dios, y la naturaleza de Su Hijo.
Sobre ello no tienes ninguna elección.
Regocíjate de que esto sea así.

En el instante que llevó imaginar todo el espacio y el tiempo,
esta falsa creencia en la separación,
y la comprensión de que solo merecía
ser descartada con una sonrisa —
en ese instante donde nació el tiempo,
el instante que el Hijo de Dios necesitó
para poder representar, en su mundo irreal,
esta insana noción de que podría estar siquiera separado—
en ese instante, sucedieron muchas cosas.
Y todo ello surgió, te lo aseguro,
a partir de la Unicidad de Todo Lo Que Es.

Date cuenta de que, cuando te hablo como si fueras un ego,
parece como si Dios estuviera separado de ti
y como si de alguna manera la Voluntad de Dios fuera diferente de la tuya.
Pero te he dicho muchas veces
que la Voluntad de Dios y la tuya son y deben ser la misma.
Tal es la naturaleza de Dios.
Y también te dije que, en ese instante,
Dios puso dentro de ti al Espíritu Santo,
quien serviría para traerte de nuevo a casa,
de regreso al discernimiento de lo que verdaderamente eres.
Para garantizar el retomo del Hijo de Dios a su hogar
y al discernimiento de lo que él verdaderamente es,
Dios puso dentro de ti,
EN CONJUNCIÓN CON TU PROPIA VOLUNTAD,
una callada, profunda y penetrante insatisfacción.

Una parte del diseño de este mundo de ilusión
consistió en la colocación dentro de ti de dicha insatisfacción,
la cual te impulsa a darte cuenta
de que algo no está bien dentro de ti.
¿Y qué hace esa insatisfacción?
Te impulsa, de un modo sutil,
pero de una manera que no puede ser negada,
a buscar, buscar y buscar,
hasta que te encamines,
en tu viaje de regreso,
dentro de tu estancia en el espacio y el tiempo,
hacia la verdad de lo que tú eres.
Te impulsa a salir en busca de Expiación.
Puedes retrasarte en la búsqueda
todo el tiempo que quieras,
pero la callada insatisfacción, colocada allí por ti
en unión con Dios,
no se irá hasta que tú no regreses a casa.

Bien, ¿qué pasa con esta insatisfacción, con este disgusto?
Te deja con el sentimiento
de que algo no va bien en tu vida.
Y ese sentimiento de que algo anda mal,
ese sentimiento profundo dentro de ti,
y que es lo único que te guiará de vuelta a casa,
es la esencia de la culpa que ha permitido
y que ha conducido a todo este mundo de ilusión.
¿Lo ves?

¡Ah! Pero, ¿cómo contemplaría Dios esta insatisfacción?
¿Cómo contemplaría el Espíritu Santo esta profunda insatisfacción
que vive dentro de ti y que implica, como te he dicho,
que este Curso SEA obligatorio?
Si todo lo que el Hijo de Dios puede dar y recibir es Amor,
entonces ¿por qué esa insatisfacción?
¿Qué pasa cuando interiormente el Hijo de Dios
sabe que algo que él ha hecho no es correcto?
Ah, ¿qué pasaría si pudieras mirar con los ojos del Espíritu Santo
hacia esa misma insatisfacción? ¿Qué verías?
Verías un faro,
una luz que brilla
dentro de la mente, dentro del corazón del Hijo de Dios,
que sirve para conducirlo de regreso a casa. ¿Lo ves?

Y así, portas una creencia en tu propia culpa,
una percepción de que has hecho algo mal.
Y de allí se deduce el resto.
No puedes soportar mirar adentro
y darte cuenta de que tu insatisfacción es tu propia elección.
Y por tanto miras hacia fuera.
Y así, procuras culpar a otros por lo que eres y por quién eres.
Y por ello surge la separación.
Y entonces, al culpar a tu hermano por haberte convertido
en lo que tú te has convertido,
se hace posible que tú lo hayas convertido a él
en lo que él es.
De ello se deduce que tú le has hecho algo a él.
Y, finalmente, culpas a Dios por todo esto.
Todo ello se produce porque, para honrar el espacio y el tiempo,
eres incapaz de mirar adentro y reconocer
que eres libre,
reconocer que eres tú mismo
quien crea y elige su propia existencia.

Pero el Espíritu Santo contempla todo eso
solo como un faro que te guía a casa.
Y, ¡qué regalo de amor se ha dado a sí mismo el Hijo de Dios!
¿Lo ves?
¿Qué pasaría si hubieras venido aquí, al espacio y el tiempo,
con la posibilidad de quedarte enredado
y atrapado aquí para siempre?
Entonces, Dios no sería Dios.
Y tú no podrías ser el Hijo de Dios.
Lo que te devuelve a casa DEBE ESTAR dentro de ti.
Y eso que llamas “culpa”,
y que algunas veces maldices en la oscuridad de tus noches,
es solo una luz que canta al amor
y te guía al hogar.
Y así, como ves, esa nube de culpa
que parece adueñarse de tu existencia aquí
es realmente el susurro del Amor.

¿Y qué hacer si quieres ser liberado de la culpa?
¿Qué hacer si quieres liberarte de la insatisfacción
que te conduce al hogar?
¿Qué sucede si decides liberarte de ellas?
¿Cómo puedes hacerlo?
LO CONSIGUES EN LA RELACIÓN CON EL HIJO DIOS.
¿Qué pasaría si fueras capaz de abrirte a
la Visión del Espíritu Santo, la Visión de Cristo?
¿Qué pasaría si fueses capaz de entender que, sin importar
qué es lo que ocurre
—sin importar la elección, la acción…
sin importar el pensamiento o la palabra… sin importar nada, sin excepciones—
fueras capaz de darte cuenta de que
cualquier cosa que aparentemente experimentaras
en la presencia del Hijo de Dios,
fue siempre, siempre, algo impulsado por la señal de luz,
por la presencia del Amor,
que lenta e incesantemente te conduce al hogar?

Recuerda, si quieres encontrar el presente,
si quieres liberar el pasado, si quieres liberar el futuro
de la creencia de que ha sido causado por el pasado,
debes elegir elegir la contemplación del Amor en lugar del miedo.
¿Y qué pasaría si contemplaras tu propia vida
y fueras capaz de interpretar cada pensamiento, cada acción,
cada palabra, solamente como algo que has hecho
con el único fin de ayudarte a ti mismo a encontrar tu hogar dentro?
Entonces, ¿acaso no puedes contemplar a la criatura de Dios con amor,
ya sea a tu hermano, o a ti mismo?
Y, te lo aseguro, por supuesto que puedes.

Así que si quieres ser liberado de la culpa,
debes liberar a tu hermano de su culpa.
Y haces eso cuando contemplas todo lo que te ofrece
como un regalo de amor.
E incluso cuando se te haga difícil hacer esto,
simplemente date cuenta de que cada acción que el Hijo de Dios lleva a cabo
es realizada con el propósito de guiarlo a casa.
Algunas veces —de hecho, a menudo— los caminos que puede que elijas
están ahí simplemente con el propósito de ayudarte a comprender que
ese camino en particular NO es el camino de la paz.
Y, a su tiempo, lo creas o no,
cada uno de vosotros aprenderá que, si no es de paz,
no es digno de ser repetido.

Y así, es también el Amor quien te guía
cuando representas tu creencia en la separación,
cuando eliges algunos callejones sin salida
con el propósito de aprender lo que no es Amor.
Y así aprenderás que la insatisfacción que sientes
no es sino lo que te guía de vuelta a casa
y de vuelta a la paz.

Es muy importante que constates
que debes estar dispuesto a contemplar a cada uno de tus hermanos,
SIN EXCEPCIONES,
para poder liberarte tú mismo de la culpa.
No puedes seleccionar a ALGUNOS DE tus hermanos.
No puedes seleccionar aquellos que parecen formar parte del Hijo de Dios,
contemplar sus acciones, palabras y pensamientos como siendo amor,
y decir de los otros que no es lo mismo.
Porque si haces eso estás haciendo especial al amor.
Estás seleccionando.
Y estás fortaleciendo tu creencia en la separación.

Si verdaderamente quieres ser liberado de tu propia culpa,
si quieres ser liberado
de la insatisfacción que te conduce a casa,
si quieres descubrir la paz del Cielo,
entonces, hazlo así:
constata que no hay pasado, sino solo este momento.
Y en este momento, el regalo
que el Hijo de Dios te hace,
y que te haces tú a ti mismo,
es y debe ser un regalo de Amor.
Porque no hay nada más que ofrecer.
Constata que todo, en el espacio y el tiempo,
y no importa lo torpe o lo insensato que parezca,
es impulsado por la luz interior
que constantemente susurra en la mente del Hijo de Dios:
“en este mundo no estás en tu hogar;
y el camino hacia tu alegría, el camino del Amor,
el camino a la paz,
es distinto del que sigues en este momento”.
Constata que siempre se trata de un regalo de Amor
colocado dentro de la mente del Hijo de Dios por Él Mismo,
junto con la voluntad de Dios.
Y, sobre todo, constata que es el regalo de Amor
que se le hace a la Unicidad que ES el Hijo de Dios.

Y, cuando haces eso, cuando te liberas de la culpa
al simplemente constatar que la culpa imaginaria que lo impulsaba todo
es solo la presencia del Amor
susurrando en lo más profundo de tu mente…
cuando puedes contemplar a cada hermano, cada acción, como Amor,
y te abres a esa presencia…
entonces, eso es lo que verás y lo que apreciarás.
Y eso es lo que descubrirás que llega a tu propia vida.
Porque tú aprecias aquello en lo que tienes fe,
aquello que crees y que experimentas,
pues esa es la ley de la mente.

Entonces lo que vendrá a ti, sin esfuerzo,
es la disposición a simplemente aceptar, con amor, al Hijo de Dios.
Lo que vendrá a ti, sin esfuerzo, es la disposición
a confiar en tus hermanos que en realidad son Uno contigo.
Lo que vendrá a ti, sin esfuerzo, es la disposición a
abrir tu ser, en cada circunstancia,
a la presencia del Amor, a la presencia del Espíritu Santo,
y al discernimiento de Dios.
Pues no hay otra cosa que se pueda discernir,
ya que Dios es Todo Lo Que Es.

Y en esos momentos en los que esa visión se convierte en tu elección,
te darás cuenta de que la íntima insatisfacción se ha ido.
En esos instantes te encontrarás en paz contigo mismo.
Cuando te abres al Amor,
cuando honras al Hijo de Dios que es Amor,
cuando abres tu corazón y tu ser a él,
te abres verdaderamente a la paz de Dios,
a la paz del Cielo.

Y en ese instante constatarás que la culpa realmente se ha ido,
pues ya no necesitarás
aquello que te llevaba a la insatisfacción,
pero que era en realidad amor disfrazado.
Ya no necesitarás eso, ni ninguna de las historias que has fabricado
sobre seres separados de ti mismo
que te han hecho ser lo que tú eres.

Serás consciente simplemente de tu libertad.
Profundamente adentro discernirás
una dulce voz que te habla de paz,
que te canta una canción de Unicidad y de unión,
y que no sabe de separación
ni de la locura que esta trata de imaginar.
En esos momentos de paz, silencio y amor,
simplemente reconocerás
lo que verdaderamente eres
—el Hijo de Dios.

Y entonces, habrás adelantado, literalmente,
miles de años en el trayecto
que NECESARIAMENTE va a llevarte al hogar.

Bendiciones para todos. Eso es todo.

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