¿Gestionando las emociones?   1 comment

imagen corazón en círculo
Seguimos al hilo de lo que contábamos aquí, pues tratamos de cosas que se comentan en el mismo capítulo de The Way of the Heart…, y a veces parafraseamos o elaboramos algo de ese capítulo —sobre la proyección, negación, perdón, emoción…

En muchas cosas este texto es similar —o casi igual— al curso de milagros… pero, a su manera, es un material muy simpático, concreto…, y digamos que igualmente profundo.

¿Energías? Sí, tenemos una “energía”, digamos… es decir… una “emoción” (con imagen, sin ella… con sensaciones… todo vale).

Ella viene a, o está, en nuestra mente.

Ella parece estar ahí.

Pero, como “sabemos”, todo lo contaminamos con el pasado, así que podríamos decir que esa emoción o imagen-emoción es siempre pasado, recuerdo del pasado.

El presente “puro” es, digamos, sin emoción; la paz, la dicha de nuestro ser verdadero…, más allá del mundo de la percepción… no es algo “emocional” 🙂 .

Ya lo sabemos… claro: si no trajéramos todo el rato el pasado para teñir lo que simplemente es en el ahora… ya nos estaríamos recordando a nosotros mismos como esos seres ya “despiertos” que realmente somos (en esa cierta “expansión de consciencia” que tanto tememos… y siendo este un temor… por cierto… que según parece existe solamente debido a nosotros mismos: a lo que nosotros mismos nos hemos contado sobre nuestro verdadero ser).

Claro, esa emoción, o imagen-emoción, está quizá detonada (CREEMOS que lo está, o queremos creer que lo está)… es quizá detonada… por algo “afuera”…, por algo que hay “afuera”… algo que pasó en ese sitio que interpretamos como estando “fuera” de nosotros (el mundo, los otros… que no son como queremos que sean… y que, precisamente por eso, seguirán pareciéndonos así 🙂 y dándonos motivos para parecerlo… para con ello ofrecernos más y más motivos de proyectar…, de resistirnos).

Entonces, ¿cómo nos podemos dar cuenta de que no sabemos “gestionar” 🙂 esa emoción…, esa nube…, esa imagen-emoción?

Pues lo sabemos rápidamente porque enseguida nos veremos juzgando y juzgando más o menos “sutilmente”… o condenando… o simplemente comparando… lo que sea que tengamos delante nuestro en ese mismo momento (o la imagen interior que sea)… lo que sea que parezca existir “afuera” de “mí” en mi mente o en el mundo (reforzando así, una y otra vez, el sentido falso del “yo”, del “yo separado”).

“Echaremos los balones fuera”… culparemos al afuera —con esto tan célebre que se llama “proyección”… que, como “todos sabemos”… es un asunto mucho más “profundo” de lo que parece.

Y… no nos acordamos de que…, si estamos culpando al “afuera”, es porque, inconscientemente, inadvertidamente… hemos juzgado también, ahora mismo, esa energía que surgió en nuestra mente (es decir, nos hemos juzgado a nosotros mismos (!)).

Juzgando así… negamos nuestra realidad, nuestro verdadero ser.

Pero ese “verdadero” ser… que es, digamos, nuestro “Ser de Luz”… puede transformar toda energía…, puede acabar de inmediato con toda interpretación, “purificando” esa mezcla que tan rápidamente hace nuestra mente.

¿Mezcla? Sabemos que de forma automática y programada interpretamos (ayudándonos del pasado)… lo que experimentamos ahora, en el presente —esas “energías” o emociones que experimentamos en el presente.

Pero podemos “purificar” esas interpretaciones que tan rápidamente “añadimos” al cóctel junto con esa simple energía-emoción… esa que… en el fondo… siempre sería “solo Luz” (pero que, al estar llena de interpretaciones… teñidas de pasado… nos sirve —con nuestra confusa experiencia— para seguir y seguir en la no aceptación de nosotros mismos…, en la auto-condena, en la culpa como auto-ataque… es decir, en la culpa a secas —que es la base o fundamento de este universo de la proyección, como ya sabemos… en la teoría simple y clara del maravilloso Un curso de milagros).

Entonces, como vemos… no queremos aceptar lo que es…, no nos queremos aceptar…… no queremos aceptar esa simple energía que simplemente “viene”…, esa que tenemos ahora. No queremos que lo que ES sea lo que ES, simplemente…, tal cual.

Ese sería el estado de “negación” —de no aceptación de nuestro Ser.

Ese estado nos hace proyectar, todo el rato (y en general… parece que nos hace estar vibrando aquí en esta “dimensión de dualidad”…)…, pues ya nos hemos juzgado dentro… y creemos que nos libramos del juicio acusando a lo de afuera…, o simplemente dando realidad a lo de afuera en tanto que está afuera… en tanto que parece ser realmente separable de nosotros.

Como vemos, nos hemos juzgado antes a nosotros mismos… antes… de juzgar hacia fuera. Con este juzgar hacia fuera, reforzamos la idea de separación.

Debido a que hemos juzgado esa energía en nosotros…, entonces, acto seguido… juzgamos al mundo, pues para eso mismo nos hemos puesto o proyectado todo un mundo —este sueño de mundo.

Como sabemos… los diversos materiales de Yeshua vienen para facilitarnos y para acelerar el proceso de deshacer este círculo vicioso de proyección y negación…, esta confusa mente en la que la emoción y la interpretación siguen haciendo presa en nosotros debido a esa “necesidad cósmica infernal”: la “necesidad” de seguir creyendo en la realidad de la separación.

Aprendiendo a dejar de juzgar (de proyectar) podemos IR ADENTRO, mirar adentro…, e invertir nuestra negación (es decir, como lo dice el curso de milagros: negar la negación —de nuestro Ser).

Si lo queremos decir así……: no sabemos “gestionar” esas emociones fuertes, tan dependientes todas ellas del miedo… tan sin “purificar” todas ellas…, tan llenas de interpretaciones, de pasado.

Pero, para “gestionarlas”, la paradoja es que “no hay que hacer nada”… no hay que esforzarse… hay que saber “detenerse” (cosa bien sutil esta… pues podemos necesitar parar mientras al mismo tiempo seguimos “haciendo” lo que hacíamos)… hay que saber “detenerse”… y decirse, de todo corazón, que existe “otra interpretación”.

Y ni siquiera hace falta “pedir” esa “otra interpretación”…, aunque se puede pedir si no estamos muy estresados. Basta con decirse con confianza que realmente “hay otra interpretación” (“hay otro camino”, “otro modo de hacer”… “otro método”, etc. etc.).

Existe siempre otra interpretación que nos puede ser dada por ese “maestro interior” universal que todos tenemos —aunque éste se manifieste de mil formas… con mil vericuetos y particularidades… quizá… pero sirviendo siempre en un mismo plan divino.

Y es que… ¡ah! ¡Terror terror…! ¡Nunca estuvimos solos!
(pobre del ego 🙂 )

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Una respuesta a “¿Gestionando las emociones?

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  1. Ay, qué difícil, la “gestión emocional” 🙂

    Decían que todos nuestros “problemas” también tienen que ver con cómo de niños hemos aprendido a tenerle miedo a nuestras emociones.

    Podríamos haber aprendido poco a poco a sentir… sin mayor necesidad de juzgarnos y de juzgar, en el mal sentido de “juzgar”.

    Aprender a dejar que algo se manifieste… y ya está —si es que ha de manifestarse en por ejemplo pequeñas rabietas, cuando estas más se nos permiten y más sanas serían, de niños.

    Así, parece que podríamos haber aprendido a soltar, poco a poco, sin acarrear tanto pasado… tanto lastre.

    Aunque parece que, con las familias y otras gentes, estamos así como enroscados en juicios mutuos bien antiguos, en historias a actualizar.

    Así que no “sentimos inocentemente”, y no actuamos desde ahí. Y entonces empezamos a sentirnos culpables por los sentimientos… por lo que hemos pensado… y por ese tipo de engaños y chantajes que empezamos a interiorizar en “la educación”… —unas veces los engaños parecen necesarios… pero la mayoría deben ser pura inercia y dejadez… es decir, puro “vicio”… por parte de parientes, de educadores.

    Aunque nadie tiene la culpa. Es la locura generalizada que llamamos sociedad. Es lo que venimos a buscar en primer lugar, para reforzar nuestra creencia en la realidad de la separación.

    Así que, en vez de “ser sanos”… en un momento dado nos “hacemos adultos”, lo cual hoy parece que supone inmediatamente aprender incoherencia, a fondo —en nuestra insana concepción de “adulto”, la de una civilización “espiritualmente” tan primitiva como esta (artificial y artificiosamente “primitivizada”).

    Parece que a todo el mundo que venimos aquí nos llega nuestro un momento quizá muy claro, nuestro San Martín… donde nosotros nos permitimos, a nosotros mismos… donde uno a sí mismo se permite verse “bajo otras luces”…: bajo las luces de creencias más o menos dementes…, “compartidas” en nuestra mente con esos adultos con los cuales “nos hacemos adultos”.

    Así parece que se va reforzando ese nuestro demente “inconsciente” culpable…, con una culpabilidad de bajo de fondo alimentado con emociones no integradas, pues, como dicen por ahí:

    — tenemos la emoción “miedo” mal reprimida desde pequeños… no expresada… o “mal integrada”… que así se convierte quizá en pánico…
    — o la emoción de la aflicción, la tristeza…, que sin ser bien expresada o “tratada”… iría carcomiendo y posiblemente convirtiéndose en depresión…
    — y esa emoción de “amor”, no expresada sanamente, convertida quizá en posesividad…
    — o la envidia que, al no ser comprendida, abrazada o expresada…, con esas pequeñas “envidias” no admitidas… culpabilizadas… termina en posibles celos…
    — o ira, que al no ser sentida y expresada sin culpa, sin juicios… terminaría no sé si en cólera, en la pura violencia de la cólera…
    (así se habla en “Conversaciones con Dios” de las emociones; y comentan que Kübler-Ross las comentaba igual)

    Así que eso es lo que nos quisimos hacer: “adultos”, en el mal sentido de la palabra, y no podemos “ser sanos” con nuestras emociones. Hay que disimularlas con mucho auto-engaño en el profundo y creador nivel del sentimiento (creador de nuestra experiencia, de cómo experimentamos todo).

    Así que luego, olvidadizos de nosotros… con esta falsedad, con este disimular falseante… prolongamos innecesariamente todo… y nos olvidamos de que tenemos esas emociones dentro, esperando, reprimidas… pero que pudieron y pueden ser tratadas de muchas maneras.

    Entonces todo el “problema” del mundo se puede ver desde esta perspectiva, claro: la de que no hay “educación emocional temprana”…, según parece…, porque los adultos somos “niños rotos”… y por ello, con actos y actitudes repetidos, facilitamos otra vez lo mismo: que las generaciones vuelvan a “repetir”, por miedo.

    Esto es por otra parte lo que venimos a hacer aquí, ya que de niños, en la mente, no en “el cerebro”… tenemos ese “auto-ataque”, esa culpa… derivada de la conciencia de “pecado”, es decir, de haber hecho real, o convertido en real, el error original.

    Así que todos nos servimos el plato, en frío o en caliente, de ayudarnos a manifestar las dementes consecuencias de un solo “error mental”, de un solo error en el nivel de las “creencias profundas”: ese tan célebre de que podemos estar separados del amor perfecto, cosa esta que parece que vamos re-esculpiendo en la mente, a cada momento.

    En el caso de los niños… quizá diríamos que lo vamos haciendo poco a poco, cuando aceptamos “inconscientemente” el juicio de fondo que hay bajo las actitudes o las creencias “adultas”.

    Ahí lo tenemos… aquello de la transmisión de “los pecados”, de generación en generación: transmitiendo un comportamiento aberrante por estar transmitiendo creencias y sentimientos aberrantes… y hacemos normal sentir culpabilidad ante el sentir… y así re-alimentamos los juicios, la condena, la indignidad de fondo… el “pecado original”.

    La culpa parece que vuelve y vuelve a enterrar las emociones… y con estas nos vamos haciendo nudos… vamos recreando “malos entendidos” que quizá tuvieron nuestros padres de forma ligeramente diferente, o muy diferente… y recreando su “mala aceptación”… la que ellos tuvieron a su vez que realizar en su mente… pues también aceptaron la demente confusión que quiso ser este mundo… mundo donde venimos a mirarnos a nosotros mismos de una manerae imposible: a la luz de la oscuridad… bajo la luz de lo falso, del ego… es decir, a la luz de otros egos… de “otros”… de “otros seres”, entendidos estos como realmente separados de nosotros… es decir, bajo la luz de creencias (todas falsas por serlo, por ser creencias)…, y no bajo la luz de la certeza… de la Unidad, de la Inocencia de Cristo.

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